Derek decidió dejar las presentaciones de sus amigos para más tarde, incluso con las exasperantes quejas de Lydia y los enormes ojos de cachorro de Scott. A Stiles le daba exactamente igual lo que hicieran, él solo estaba interesado en la historia que sus nuevos compañeros tenían que contarle, y la verdad, no quería perder más tiempo. Se acomodó más en el mullido asiento, rozando por un par de segundos a Alec el cual se tensó como la cuerda de una guitarra y miró fijamente a Jace, quien estaba demasiado entretenido alborotando los cabellos de la pelirroja de ojos verdes.
-Nefilim, ¿nos explicas lo que sabes sobre el ataque de los demonios?- La seriedad de la voz del alfa puso en alerta al rubio, quien lentamente dejó las hebras anaranjadas colgar y balancearse como un columpio sobre los hombros de Clary.
-No sé mucho sobre los ataques, lo único que sé es quién los está causando. Y déjame decirte, mundano,-dijo dirigiendo su agria mirada hacia Stiles.- que no te resultará tan fascinante todo cuando oigas la historia.- De nuevo vio como los brillantes ojos dorados del cazador eran opacados con sentimientos de suma negatividad. Sintió un mínima parte de su cerebro llenarse de simpatía, pero, la rechazo tras unos segundos. La simpatía te lleva a la derrota, se repetía mientras cerraba los ojos intentando apartar recuerdos molestos que llegaban a sus ojos como cientos de borrosas fotografías.
-Da igual lo que le digas a Stiles, el todo lo encuentra fascinante, sobre todo si tiene que ver con seres sobrenaturales que no conocía.-El aludido fulminó a Lydia con la mirada, sintiendo la vergüenza incrementarse con cada par de ojos que se posaban en su persona. Nunca le había gustado que se le quedaran observando, prefería pasar desapercibido.
-Bueno, os lo contare todo. ¿Preferís la historia corta o la larga llena de detalles y acciones increíbles realizadas por mí?- Magnus, en frente suya, rodo su extravagantes ojos y cruzó, lo que debajo de la tela púrpura de su camisa, parecían unos brazos musculosos. Podía percibir el ambiente tenso entre Jace y él. Sabía que trabajaban juntos y que deberían llevarse bien, pero por lo que veía, era todo lo contrario. Suponía que no se habían agarrado a golpes por la intervención de alguien, y ese alguien tenía que importarle mucho a los dos.
-Creo que preferirían la corta y, contra menos detalles sobre ti des, rubio teñido, mejor.- La mandíbula del de ojos dorados se tensó considerablemente. Clary colocó su pequeña mano sobre la de mayor tamaño del otro y le dio un fuerte apretón, relajando a su pareja y dirigiendo unos hermosos ojos verdes suplicantes en su dirección. No, iban dirigidos al alto nefilim junto a él.
-Jace, Magnus… parad por favor. No estamos aquí para pelear, sino para derrotar a los demonios de Valentine. Abstenerse de insultarse por lo que queda de día…- Como si sus palabras fueran la kryptonita de los nombrados, las frases atoradas en las gargantas de estos se desvanecieron. El brujo bajó la cabeza después de echarle un último vistazo al de ojos azules, quien volvía a mirarse las manos maravillado.
-De acuerdo. La historia corta es que los demonios están siendo enviados a vuestro pueblo por el padre de Clary, el cual es un lunático que quiere destruir a todos los seres sobrenaturales que no sean cazadores de sombras porque cree que son una abominación. Valentine se ha enterado de que Beacon Hills es como un imán para los subterráneos y quiere eliminarlos a todos. Eso os incluye a vosotros, bueno, menos a Stiles que es un mundano.- Jace finalizó su verdaderamente corto relato con un suspiro cansado, como si hubiera estado horas relatando una gran historia, que en realidad duró menos de cinco minutos.- Por el Ángel, esas fueron muchas palabras. ¿Me daríais algo de agua?-Viendo que todos le ignoraban, bufó como un infante al que le acaban de castigar y se acomodó más en el sillón, con los brazos fuertemente cruzados sobre el pecho.
-Cuando dijiste que contarías la historia resumida, no pensé que fuera a ser taaaaan corta.- Comentó Simon desde el suelo mostrándole una mueca divertida al aún enfurruñado adolescente.
-Brillitos quería la historia corta y sin detalles sobre lo increíble que soy y ahí la tiene. Ni cinco minutos duré.-Stiles soltó una risita junto con Alec y Simon. Estaba demasiado tentado a bromear sobre una posible eyaculación precoz, pero algo le decía que a muchos de los presentes no le haría gracia.
-Vale, primero nos vais a tener que explicar esas palabras raras que usáis, porque no entiendo nada. ¿Qué se supone que significa mundano? ¿Y subterráneo?- Isabelle, la cual se había mantenido fuera de la conversación, abrió sus finos labios llenos de carmín rojo.
-Mundano es la palabra que nosotros utilizamos para referirnos a los humanos, y los subterráneos son aquellos seres sobrenaturales que no pertenecen al linaje de cazadores de sombras. Ejemplo, hombres lobos, banshees, kitsunes, etc.- La curiosidad invadió de nuevo al hiperactivo adolescente, quién miró las hermosas y peligrosas armas que sus aliados portaban con ojos brillantes.
-Y… ¿De qué están hechas vuestras espadas? ¿Qué significan esos raros símbolos que adornan vuestra piel? ¿Todos los cazadores de sombras son igual de narcisistas que Jace?- Hubiera seguido lanzando preguntas de no ser por la mirada amenazante que Derek le mandó. Supuso que de nuevo estaba siendo molesto, así que se encogió en su parte del sofá esperando que alguien tuviera la suficiente paciencia para responderle sin elevarle la voz o bajar más su ya casi inexistente autoestima. Se sorprendió ante la desbordante simpatía en los mares del nefilim de cabellos azabaches y deseó llegar a conocerlo mejor, incluso hacerse su amigo.
-Nuestras espadas, en realidad llamadas cuchillos serafín, están hechas de un material nombrado adama, que es un metal celestial. Es más o menos como el cristal, pero más pesado. Su verdadero poder reside cuando son nombrados por un Cazador de Sombras con el nombre de un ángel. Al nombrarlo brilla con un fuego celestial que es muy útil para matar demonios. Sobre las marcas en la piel; se llaman runas, y nos dan poder. Cada una tiene un significado diferente, y normalmente, al usarlas, desaparecen de la piel. Solo algunas se quedan, pero aún así no duran mucho. Nos las dibujamos con una especie de "varita" de plata llamado estela y que, quema al contacto con la piel. Un mundano o un subterráneo no pueden llevar runas, pues el dolor sería insoportable y podrían morir inmediatamente. Por último, no todos los cazadores de sombras son igual de narcisistas que Jace, esto le viene de familia y no puede evitarlo. Sé que es molesto a veces, pero con el tiempo acabas acostumbrándote o, como en el caso de Magnus, responderle con la misma cantidad de narcicismo.- La sala había quedado en silencio después de la espectacular explicación de Alec. El brujo, sonrió. Una pequeña y orgullosa sonrisa que no pasó desapercibida por el alto cazador, haciendo que sus mejillas se colorearan de un encantador color escarlata.
-Bueno, Alec, creo que tú necesitas más agua que yo. Por el Ángel, eso ha sido muy largo. No sabía que echabas cuenta en las clases, pensaba que te quedabas dormido.-Isabelle rio despacio, una elegante y femenina risa que cautivó los oídos de todas las figuras masculinas de la sala. Casi todas. Magnus y Alec parecían absortos en su propio mundo como para importarle la risa de la chica.
-Verás Jace, si Alec se quedaba dormido en clase era porque ya se lo sabía. ¿No ves que después sacaba dieces? Deberías ser tú el que te avergonzaras, que por poco podías aprobar la materia.- El rubio nefilim le sacó la lengua a su hermana adoptiva mientras apoyaba su barbilla en la cabeza de Clary, la cual estaba muy divertida ante la situación. El brujo soltó una estridente risotada, seguramente para poner de mal humor a su enemigo.
- Yo sabía que eras teñido. El tinte te afectaba la cabeza y por eso suspendías las materias. Tienes que usar uno de mejor calidad, no ese tan barato que compras seguro en el supermercado.-Esta vez todos se rieron, incluso Derek esbozó una pequeña sonrisa que se caló en lo más profundo de su alma. Magnus tenía una personalidad extravagante, al igual que sus ojos y su forma de vestir. Le gustaba, siempre pensaba en que les hacía falta un poco de color en sus vidas.
-Brujo estúpido.- Murmuró el nefilim sin ningún contrataque. Simon levantó los dedos en señal de contador. Magnus uno, Jace cero. Volvió a reír con ganas, sintiendo uno de sus grandes pesos salir de su cuerpo. Pensó en la pregunta que hace una o dos horas la pelirroja de su grupo le había dicho. ¿Confiaría en los cazadores de sombras? Se dijo que tal vez no estaría mal hacerlo. Quizás se sorprendía y acababa haciendo preciados amigos. Sin ninguna duda quería hacerse amigo del de penetrantes y extraordinarios ojos azules. Algo le decía que era parecido a él.
