Nuevas Esperanzas
(Milk la Leona)
Versión H.S
El viento alborotaba sus cabellos, la brisa en su rostro era muy agradable, reconfortante, la hacía sentirse viva de nuevo, con energía. Su viaje hasta el momento no había tenido dificultad alguna, en la mochila que llevaba a un lado de ella, se encontraban dentro ya cuatro esferas del dragón. El radar, que le había prestado Bulma cuando le entregó la esfera de cuatro estrellas, descansaba a un lado de la mochila, emitiendo el leve pitido al indicar la posición de las esferas que tenía en su poder y la más cercana a ellas.
Milk, manejaba un pequeño aerodeslizador que la llevaba hacía el oeste a una velocidad alta y constante. Las ganas de aumentar la velocidad la habían invadido en varias ocasiones, pero logró contenerse, no quería sufrir ninguna clase de accidente por ningún motivo o sus hijos, quienes se habían ofrecido a acompañarla, se preocuparían demasiado. Todos lo harían.
La mayoría de sus amigos, sabían el estado de depresión en el que se encontraba y ninguno de ellos estaba muy de acuerdo en dejarla ir sola en ese viaje tan peligroso, pero ella, estaba convencida de que ya no había peligro alguno en el mundo, después de la ausencia de Gokú.
Gohan y Goten, fueron los primeros en alcanzarla en su viaje, aun no conseguía la segunda esfera, pero ellos ya estaban a su lado pidiéndole que regresara a casa, que no valía la pena que siguiera con esa búsqueda ridícula, o que al menos, les permitiera a ellos buscarlas para ella. En todo caso, Milk se negó rotundamente, alegando que eso debía de hacerlo ella y que dejaran de complicarle el camino, después de todo, era ella quien pediría el deseo y no deseaba compartirlo con nadie más.
Obtuvo la segunda esfera y fue entonces cuando Yamcha, Puar, Ulong y hasta el maestro Roshi (quien cargaba a la tortuga de mar), le pidieron que los dejara acompañarla. Milk siguió firme en su decisión de hacer el viaje sola y sin la ayuda de nadie más. Encontró la esfera de tres estrellas, con la cual ya tenía tres esferas en su poder sin ninguna complicación seria. Sólo que en una ocasión tuvo que bajar por un precipicio al que no se le veía el fondo. Salió de este con algunos raspones, pero con una nueva esfera.
Al término del primer día, encontró la cuarta esfera: la de siete estrellas. Prefirió dormir un poco y continuar con su búsqueda al día siguiente, afortunadamente, Bulma, además de haberle entregado una esfera y el radar del dragón, le prestó un pequeño estuche lleno de capsulas Hoi-Poi, en las que cargaba diferentes transportes y una casa pequeña.
Por la mañana, despertó y tomó un buen baño para seguir con su largo viaje, sacó del estuche de capsulas el aerodeslizador que ahora conducía y se acercaba rápidamente a la localización de la siguiente esfera.
"Tres más", se repetía mentalmente, "tres más y podré hacer que regreses, Gokú". La emoción recorría sus venas transportada por su sangre, sus ojos desprendían destellos maravillosos de luz, era feliz de nuevo, tanto como en el día de su boda, cuando se vistió de blanco al igual que Gokú. ¡Qué guapo se veía ese día!
Detuvo el aerodeslizador, el radar indicaba que la esfera se encontraba muy cerca, debía de bajarse para comenzar a buscarla entre la hierba que crecía en el lugar. Sujetando el radar con las dos manos, caminaba de un lado a otro para dar por fin con la esfera. Se imaginó que lo mismo debió de haber hecho Gokú cuando era todavía un niño¿sería ese el mismo radar que él utilizaba? Seguramente no, por lo que sabía, el radar se había descompuesto tantas veces, que quizá en algunas ocasiones recurrieron a la elaboración de otro.
Levantó con un poco de dificultad una piedra de tamaño mediano y debajo de ésta estaba, un poco manchada por el lodo, la quinta esfera, la de una estrella. La levantó después de arrojar la piedra a otro lado, la limpió un poco y la miró con ojos soñadores. "Sólo dos más" susurró con ilusión.
Subió al pequeño aerodeslizador y colocó la nueva esfera junto con las otras, las miró un momento, al mismo tiempo, las cinco brillaron místicamente. Eran tan hermosas y traían consigo una promesa infinitamente maravillosa, quizá era por eso que brillaban de aquel modo tan espectacular.
Tomó el radar y lo accionó para ver donde se encontraban las otras dos esferas y para su sorpresa, ambas se movían juntas hacía el norte, a una velocidad que parecía ser bastante rápida¿a qué se debía eso?, sería mucha coincidencia que un animal se las hubiera tragado por accidente, así que sólo podía significar que alguien más las estaba reuniendo. Si era cierto esto, entonces ese otro alguien, vendría a buscar las que Milk tenía y eso, podría presentar un pequeño problema porque de ninguna manera, Milk entregaría las esferas que tenía en su poder. Sólo si se las arrancara por la fuerza de sus manos muertas.
Eso sólo dejaba una única cuestión a la mujer¿esperar a que esa otra persona fuera hacia ella o ir a buscarla¿Ir o esperar? Esa era la cuestión.
Y la decisión no era sencilla, podría ir hasta donde las esferas se encontraban, pero el viaje era largo y sus recursos se agotaban lentamente. Por el contrario, si esperaba, las otras esferas podrían tardar muchísimo tiempo en llegar a ella, quizá la otra persona no tenía un radar como el que ella poseía y sobre todo, se aburriría mucho de esperar en ese lugar desolado.
Así que teniendo en claro que no deseaba quedar de brazos cruzados y sentada sin hacer nada, se puso en marcha para acortar la distancia entre las últimas dos esferas y ella. La brisa volvía a golpearle suavemente la cara, le obligaba a entrecerrar los ojos, pero aún así no resultaba desagradable.
En ese pequeño viaje, había visto lugares que no conocía, eso le agradó, pasó en una ocasión por un lugar al pie de una montaña rodeada de flores de muchos colores que brillaban bajo los rayos del sol, no pudo evitar detener el aerodeslizador y echarse un momento en medio de ese pequeño paraíso.
Continuó su camino hasta el anochecer, cuando se vio obligada a detenerse y sacar la capsula de la casa para descansar, era de noche y no convenía continuar viajando a oscuras, además de que ya estaba muy cansada.
Se preparó una deliciosa cena con lo que le restaba de víveres y se echo a dormir. Soñó que corría por el campo de flores, de un lado a otro, donde se encontraba Gokú esperándola con los brazos abiertos, cuando llegó hasta él, éste la abrazó y giró con ella en el aire, estaba radiante, muy feliz, se lo decían sus ojos. Dos giros después, la bajó frente a él y la perforó con la mirada, la acercó a ella y sus labios se unieron en un apasionado beso que despertó a Milk.
Tomó un desayuno ligero (pues no le restaba más comida y tenía que hacer algo al respecto), se cepilló los dientes y se dio una breve ducha, el agua la refrescó al tiempo que la despertó por completo. Era hora de continuar con el viaje. Tomó las cosas que necesitaría a lo largo del día, el radar y la mochila, salió de la casa y la convirtió en capsula, la guardó cuidadosamente en el estuche y sacó el aerodeslizador. Presionó la capsula y la arrojó lejos de ella. Después de la explosión de humo, ahí estaba el vehículo esperando paciente por ella.
Sujetó el radar para verificar si andaba en la dirección correcta. De la impresión, dio un leve brinquito, el día anterior, las dos esferas se encontraban a más de 20 kilómetros de distancia de ella, y hoy, estaban a unos cuantos metros, de hecho, debería ser capas de ver a quien las trajera consigo.
Se bajó del auto, miró el radar y levantó la vista hacia el lugar por donde venían las esferas. Nada. Seguramente venían por aire, no podría haber un medio de transporte que fuera a esa velocidad que no fuera aéreo. Levantó la vista al cielo y lo único que había entre el fondo azul y ella, eran grandes nubes blancas, moviéndose perezosamente en dirección del viento.
Volvió a mirar el radar, las esferas se movían muy rápido y estaban cada vez más y más cerca. Levantó la vista hacía el horizonte y entonces pudo ver algo.
Una inmensa nube de polvo crecía más y más a medida que se acercaba, Milk la miró pasmada, estaba lejos y aun así se veía enorme, lo que provocaba esa cortina de polvo, debería de ser algo muy grande, pesado y veloz. El miedo comenzó a invadirla, seguramente era un ejercito, equipado con tanques y miles de soldados con armas peligrosas, todos ellos sedientos de la sangre del portador de las otras cinco esferas. Y ella era la que traía las otras cinco esferas, por lo que tenía que huir inmediatamente de ese lugar, regresar a la corporación capsula (que estaba más cerca que su casa) y pedirle ayuda a Gohan.
Rápidamente subió al aerodeslizador, accionó el encendido y se alejó a toda velocidad de la cosa que traía las esferas. Su huída no duró lo suficiente. A pesar de que iba a máxima velocidad, la cosa que la seguía era mucho más rápida y a los cinco minutos de pisar el acelerador hasta el fondo, el vehículo se quedó sin gasolina.
Se había olvidado de ese pequeño detalle, el último pueblo que pasó donde pudo haber comprado gasolina, estaba a dos días de distancia y cuando pasó por ahí, tenía el tanque lleno, así que no tuvo la necesidad de comprar combustible, ya habría otro pueblo, se dijo.
Pero no lo hubo. La gasolina estaba toda consumida y la cosa estaba ya demasiado cerca. Bajó del auto y miró hacía atrás, ya no podía escapar. La cosa que la perseguía, era un inmenso auto-tanque de color azul, esperaba con mucho temor ver por alguna parte el logo de "la patrulla roja", pero no había ninguno así, eso la tranquilizó un poco. El inmenso carro se detuvo con un resoplido de sus frenos frente a ella y pronto la nube de polvo la rodeo por completo, provocándole un acceso de tos.
Cuando el aire se dispersó, una de las escotillas estaba abierta y por ella salían tres personas que la miraban cansinamente y con miradas llenas de interés. Milk no sabía que hacer en ese momento, podría huir de nuevo y ser alcanzada por ellos o podía esperar una oportunidad para pelear, no lo sabía, de lo único que estaba segura, era que no le quitarían sus esferas sin que ella diera batalla.
Continuará...
