Pucca se despertó ante los leves pero desesperados toquidos en su ventana.

Se enderezo medio dormida, y se quedó mirando a la silueta en esta unos segundos. ¿Quién sería?

Otra ronda de toquidos esta vez más elevados la sacaron de su estupor. Se levantó de la cama y comenzó a caminar de forma perezosa hacia la ventana.

Garu desde afuera escucho sus adormilados pasos acercarse. "Debo estar demente" pensó.

Pero bueno, una situación desesperada requería medidas desesperadas.

Pucca abrió la ventana, y se sorprendió bastante al encontrarse con un Garu en pijamas, ligeramente despeinado por la carrera desde su casa en el bosque hasta el restaurante. Garu le regalo una sonrisa incomoda, moviendo sus mano en forma de saludo.

Ella parpadeo confundida. ¿Qué hacia Garu a tales horas en pijama en su ventana? No es que no le agradara verlo, pero…

Ambos se sobresaltaron al escuchar el ruido de la multitud acercarse gritando el nombre del ninja, bastante enfurecida y visiblemente agresiva. Garu le dio a Pucca una mirada suplicante, rogándole con los ojos que lo dejara entrar y ocultarse en su cuarto. Ella sin pensarlo dos veces se hizo a un lado para dejarlo pasar, y una vez que lo hizo cerro la ventana tras de sí.

Una vez adentro, Pucca con una seña le dijo que guardara silencio, y después sin ninguna explicación abandono la habitación.

Garu comenzó a ponerse nervioso. ¿A dónde había ido? ¿Debía seguirla o no? ¿Y si lo delataba como venganza por todos esos años huyendo de su afecto?

No, Pucca no era así. ¿Pero entonces a donde había ido?

De forma silenciosa se acercó a la puerta de la habitación, atento a cualquier sonido que pudiera indicarle el paradero de la chica.

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Mientras tanto, Pucca en el primer piso fue hasta las puertas del Goh Rong y se asomó por estas. En ese momento, la multitud enfurecida que buscaba a su chico estaba pasando por ahí, dándole caza.

― Oh Pucca, buenas noches, cambio― la saludo el oficial Bruce, quien logro divisarla entre tanto alboroto― Disculpa si te despertamos, ¿de casualidad no has visto a Garu por aquí, cambio?

Pucca observo a la multitud. Entre esta pudo divisar al panadero Ling, y supuso que tenía algo que ver con el incidente de la tarde. Ella negó con la cabeza.

― Ya veo. Si lo miras, tienes que decírmelo, cambio. Es un fugitivo…

― ¡Es un delincuente!― interrumpió el panadero― ¡Yo se los dije, pero nadie me hizo caso en su momento! Si me hubieran escuchado, ¡nada de esto hubiera pasado!

Pucca frunció el ceño, fulminando con la mirada al bocudo panadero. ¿Cómo se atrevía a decir eso de su honorable chico?

― ¿Pero qué está pasando aquí?― intervino Dumpling, asomándose también por la puerta seguido de los otros dos chefs, pues el escandalo los había despertado― ¿Por qué tanto alboroto?

― ¡Buscamos a ese ninja desvergonzado!― dijo uno.

― ¡Él nos atacó!― agrego otra.

― ¡Exigimos justicia! ― gritaban varios.

― ¡Calma, calma, cambio! Al parecer, Garu ha estado cometiendo graves delitos en la aldea, y ahora huye de su castigo, cambio― explico Bruce.

Los tres chefs se sobresaltaron.

― ¿Garu?― pregunto Linguini, desencajado.

― ¿Delitos?― agrego Ho, sin poder creérselo.

― Debe de haber un error, Garu sería incapaz de hacer algo así― intento defender Dumpling.

― Jo, Jo, Jo, ¡no hay error! ¡Yo lo vi con mis propios ojos! ―dijo Santa.

― ¡Y yo!― dijo Ling.

― ¡Yo también!

― ¡Igual yo!

― Como ven, con tantos testigos no hay mucho que objetar, cambio. Ahora, ¿seguros que no saben dónde está, cambio?

Todos miraron a Pucca, quien tragando saliva volvió a negar con la cabeza.

― Bien, seguiremos buscando. Buenas noches y perdón por el ruido, cambio― se despidió Bruce, y con eso él y la muchedumbre se alejaron del restaurante.

En cuanto se fueron, Linguini cerró las puertas con llave, llevándose una mano a la cabeza.

― Parece que este es un asunto serio― comento Dumpling.

― Pucca, ¿segura que no sabes donde esta Garu? ― pregunto Ho directamente.

Ella lo miro a los ojos… ¿debería mentirle a sus tíos?

― Si lo cubres, podrían acusarte de cómplice, y eso sería perjudicial para ti― le advirtió Linguini.

― ¿Pucca?― insistió Ho.

Después de unos cuantos segundos, ella negó lentamente con la cabeza, de nuevo. Ho se le quedo viendo un momento inquisidoramente, pero después se relajó y lo dejo ir.

― Sera mejor que volvamos a dormir― sugirió Dumpling.

Pucca asintió, y comenzó a subir las escaleras para dirigirse a su habitación.

― Pucca, espera― la llamo Linguini. Ella se detuvo y los encaro desde arriba― Sera mejor que…― el chef dudo, volteando a ver a sus hermanos, quienes asintieron en conformidad―… que no busques a Garu por un tiempo― sentencio regresando su mirada a la chica.

― Solo hasta que las cosas se calmen, y todo este asunto se resuelva― agrego Dumpling.

― Es por tu bien, ¿comprendes? ― concluyo Ho.

Pucca se les quedo viendo unos segundos sin ningún tipo de expresión o emoción. Después asintió levemente, y continúo avanzando hacia su habitación.

Los tres chefs compartieron una última mirada preocupada, y luego cada quien se fue a dormir a su cuarto.

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Pucca entro a la recamara, y se encontró con un deprimido y desanimado Garu sentado en su cama, acariciando distraídamente a Yani que estaba en sus piernas.

Había escuchado todo. Como lo llamaron "delincuente", "fugitivo" y "desvergonzado"; y también como los tíos de Pucca, quienes solían apreciarlo y considerarlo como un hijo, le prohibían a su sobrina acercarse a él.

Su honor estaba manchado.

Su reputación estaba por los suelos.

Su familia estaría muy decepcionada de él, por ser un fracaso como ninja…

…como hijo.

A Pucca se le rompió el corazón de verlo tan devastado. ¡No era justo! Su Garu era inocente. Era el hombre más honorable y honesto que conocía, ¿Cómo podían acusarlo tan vilmente después de todo lo que él había hecho por la aldea? Conmovida se acercó a él y lo envolvió en un tierno y reconfortante abrazo. Quería hacerle saber que no estaba solo, que la tenía a ella. Y ella estaba de su lado. Siempre estaría de su lado.

Garu se tensó un poco con el abrazo de ella, pero no la quito ni se alejó. En realidad, se sentía bien. Como si… como si lo necesitara. Cosa que lo sorprendió, pues no sabía que tenía ese tipo de necesidades.

Pucca se alejó un poco para verlo a los ojos y regalarle una pequeña pero radiante sonrisa.

Garu se le quedo viendo un momento. Su cabello estaba suelto y despeinado, y tenía marcas de dormir en su cara. Pero aun así, se miraba adorable. Le sonrió de vuelta, con algo de incomodidad y timidez al no estar acostumbrado a darle ese tipo de gestos a ella. Pucca sonrió más y volvió a envolverlo en otro abrazo esta vez más efusivo, causando que Yani se bajara del regazo de él.

Se sentía un poco culpable por arrastrarla en su problema. El honor de ella también estaba en fuego, pues si descubrían que lo estaba ayudando la tacharían de cómplice, y sufriría las mismas consecuencias que él. Pero eso era algo que Garu no estaba dispuesto a permitir. Tal vez era tarde para salvar su honor propio, pero de ninguna manera dejaría que por su culpa se manchara también el de la chica. Pucca era la única que tenía una fe absoluta en él, y estaba dispuesta a poner las manos al fuego por su seguridad. Cosa que era halagadora, pero esta vez le resultaba especialmente conmovedor.

Con su ayuda, saldría de ese problema. Salvaría el honor de ambos, y todo volvería a la normalidad.

Y después, ¿Quién sabe? Tal vez la invitaría a salir por ahí…

Solo por agradecimiento, claro está.

Por fin, Pucca se separó de él, y comenzó a bostezar. Garu enrojeció de la pena, pues era ya muy tarde y por su culpa ella se estaba desvelando, y tenía que trabajar en la mañana. Se levantó de la cama, y observo como la chica se acomodaba en esta, metiéndose cómodamente entre las cobijas. Garu se quedó parado sin saber qué hacer. ¿Dónde dormiría él?

Pucca le sonrió y con una mano palpo el lado libre de la cama, invitándolo a que se acostara a su lado. El ninja abrió los ojos como platos, enrojeciendo como nunca y negando con la cabeza tan rudamente que parecía que casi se le despegaba del cuello. ¡¿Estaba loca?! ¡¿Cómo se le ocurría?! El ahí tratando de proteger el honor de ella, y le salía con esas cosas. ¡Tenía que ser Pucca!

La chica se quedó algo desconcertada por la reacción de Garu. Ella inocentemente solo lo invitaba a dormir en la cama para que descansara mejor, pero él lo tomo de forma muy negativa. Ingenuamente se encogió de hombros, sin percatarse del trauma emocional y mental que su pequeño y gentil ofrecimiento tuvo en el joven ninja.

Después de todo, por mucho que este meditara y entrenara ejerciendo control sobre su cuerpo, no era de piedra…

Pucca se levantó y se dirigió a su armario, poniéndose de puntillas para tomar un futon que tenía para cuando se iba de camping, y se lo extendió. Era rosado con estampados de florecitas, bastante femenino e infantil. En cuanto lo vio Garu hizo una mueca, pero no le quedaba de otra. Exhalando ruidosamente, lo acepto y lo extendió en el suelo a un lado de la cama. Pucca dio un salto sobre el para llegar a esta, y le presto una de sus almohadas.

Girándose para quedar de espaldas a ella, Garu cerró los ojos intentando dormir, sintiendo los de Pucca clavados en él, y escuchando su risilla.

Gruño ligeramente. Ella no tenía remedio.

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Al día siguiente unos toquidos se escucharon en la puerta.

― ¿Pucca? ¿Te has quedado dormida? ― pregunto su Tio Dumpling desde el otro lado de la puerta.

La joven perezosamente giro sobre su cama, abriendo un poco los ojos. Miro a Garu boca abajo en el piso, roncando a sus anchas, con un pequeño hilito de baba cayendo de su boca. Sonrió medio dormida.

Tan lindo su Garu…

Garu

…¿Garu?

…¡Garu!

Despertando por completo alarmada, aventó las cobijas hacia arriba y se paró de un salto de la cama, pisando la espalda de Garu en proceso, quien al sentir el doloroso peso abrió los ojos bruscamente y se enderezo de golpe.

El la miro feo y le gruño, reclamándole por la forma tan brusca en la que fue despertado, sin embargo, Pucca desesperadamente le hizo seña con el dedo de que se callara. La miro confundido y sin comprender, cuando escucho el toquido y la voz de chef en la puerta.

― ¿Pucca? ¿Ya despertaste?

Garu abrió los ojos como platos mientras una expresión de terror aparecía en su rostro. ¡Si lo descubrían, lo iban a matar!

Pucca señalo la ventana para que se escapara por esta, e inmediatamente obedeció. Rápidamente, ella enrollo de nuevo el futon y lo guardo en el armario. Tras darse una mirada en el espejo para intentar calmarse, por fin abrió la puerta.

― Buenas tardes Pucca, ¿todo bien?― cuestiono su tío preocupado. Sonrió nerviosa y asintió ― Te has quedado dormida, ¿cierto?― Pucca miro el reloj en su mesita de noche y se sorprendió, ¡de verdad era muy tarde! ― Descuida, lo hemos hablado y no tienes por qué trabajar hoy. La noche anterior debió ser demasiado para ti, así que mejor tomate el día. Sal a pasear con Ching, distráete y has cosas de chicas― le sugirió.

Pucca asintió sonriendo agradecida. No tenía cabeza para trabajar de todos modos.

Tenía cosas importantes que averiguar.

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Y este fue el segundo capítulo queridos funny lovers!

Espero les esté gustando la historia, no olviden dejar sus reviews para ver que les pareció n_n

Hora de contestar reviews!

nathaly: Si lo continuare, sígueme leyendo!

WriteLiar: Gracias! Espero te guste querida 3 Besos para ti!

Solcito: Gracias querida! Sí, es un escaloncito más, espero que sea de tu agrado ;D Besotes!

Ghost girl: Yay! :D jaja gracias! Aquí está el ansiado segundo capítulo :3 Besos querida!

Tambien gracias a Lena Castle y a Gaby Whitlock por sus reviews, los cuales ya conteste por PM pero no quería pasarlas por alto por aquí, de verdad los aprecio bastante :') Besos para las dos!

Cuidense y ¡Hasta el siguiente capítulo!