Al día siguiente el príncipe visitó a su prisionera. Se impactó al verle el rostro. La muchacha lloraba en el rincón de la oscura y sucia celda frotando su mejilla con sus manos para intentar calmar el dolor.

- Muñeca ven aquí… -la llamó desde fuera de la celda.

- ¿Cómo? No puedo salir de esta celda –ella apenas podía hablar correctamente.

Él refunfuñó y revoleó los ojos.

- Quiero decir que te acerques a mí.

Ella obedeció, después de todo no tenía nada que perder. Zuko la observó más detalladamente y en ese momento deseó acribillar al guardia que la había bofeteado el día anterior. La mejilla derecha de la muchacha estaba completamente inflamada y de un color morado intenso. Él intentó ver si los dientes de la joven estaban en su lugar o si habían sufrido alguna ruptura.

- ¡Ey! ¿Qué haces? ¡Que ni se te ocurra tocarme! –gritaba ella enfurecida-. ¿Cómo te atreves a querer meter tus dedos en mi boca? Vaya a saber uno en donde los has puesto…

- Tienes razón… Mejor dejo que lo haga alguien con más experiencia. ¿Qué tal uno de los esclavos de por aquí? Estoy seguro de que te encantará probar sus largas uñas llenas de tierra –a veces era mejor utilizar el sarcasmo para con la gente testaruda como Toph.

- Te arrancaré los dedos a ti y a cualquier otro que meta sus asquerosas manos en mi boca.

- Yo creo que deberías sentirte agradecida de que venga alguien a ver cómo estás, y también afortunada, a muchos que se cortan y les agarra una infección los dejamos morir aquí como perros.

Ella no tuvo opción e inmediatamente cayó en la realidad, no estaba en posición de exigir nada, tenía hambre y necesitaba un baño y lo menos que deseaba en ese momento era una inflamación en la mandíbula así que sólo accedió. Abrió su boca y Zuko miró sus dientes: estaban en perfecto estado, la bofetada solo le había lastimado un poco la encía inferior derecha. Él debió asegurarse de que ningún diente estuviera flojo así que tuvo que meter los dedos y empujar cada diente, todos estaban perfectos y fijos. Ella tuvo intenciones de morderlo, pero se contuvo al pensar que él estaba haciendo eso por el bien de ella, para que no sintiera dolor. Eso la hizo sentir muy especial: no todos tienen la atención de un príncipe y mucho menos siendo prisioneros.

- Bueno, están todos los dientes bien, solo tienes una corte en la encía.

Ella se alejó para volver al rincón de la celda.

- Bueno, ya me viste, ahora puedes irte –le dijo repulsivamente.

- Me iré cuando yo quiera, yo soy quien manda.

- ¡Deja de torturarme y pregúntame lo que me ibas a preguntar y ya!

- ¿El Avatar está vivo? –preguntó sin más vueltas.

- No, está bien muerto.

- Entonces respóndeme: si el Avatar está muerto por qué te encontrabas aquí en la Nación del Fuego, ¿por qué no volviste a tu hogar en el Reino Tierra si ya todas tus esperanzas habían acabado? Eso sería lo más lógico ¿no crees?

- Pues… yo… por que… Por que al enterarnos de que el Avatar murió mi grupo y yo quisimos vengarnos y pensábamos atacarlos.

- Mentira… De ti podría esperar algo como eso, pero no de los campesinos de la tribu agua. Ellos no irían a ningún lado sin su "protector" Necesitan de alguien que los empuje a hacer las cosas.

- ¿Tú que sabes?

- Lo noté cuando me encontré con la campesina en las cuevas de cristal de Ba Sing Se, cuando estuvo sola conmigo comenzó a hablar de su madre y la guerra y bla, bla, bla… en cambio cuando llegó el Avatar enseguida se puso a atacar, ¿no te parece eso falta de seguridad?

Ella solo bufoneó.

- Está vivo… Lo sé, lo presiento –dijo él-. Pero necesito que tú me lo afirmes.

- ¿Si te lo afirmo me dejarás en paz?

- Si.

- Está bien, ya que es eso lo que tus oídos quieren escuchar, bueno te lo diré: está vivo. Ahora que ya te dije lo que querías oír ¿podrías abrirme la puerta de esta mugrosa celda? Tengo mucho que hacer por si no lo sabías…

Zuko rió eufóricamente al oír ese comentario, y ella se lo tomó muy mal.

- ¿De qué te ríes? ¡Idito…! –recordó la bofetada del día anterior-… Zuko –dijo rendida.

- La verdad es que me da mucha risa escuchar que tu ya crees tener tu libertad asegurada.

- ¿Qué? ¡Tú me dijiste que yo estaría aquí solo para responder unas preguntas…! –gritó poniéndose de pie.

- Pero yo jamás dije que luego de responderlas te dejaría libre.

- ¡Ay maldito! ¡Eres un…! –debió tragarse su orgullo y no insultarlo, era por su bien.

- Debes asearte –le dijo Zuko al ver que ya estaba bastante sucia-. Debes ir a la bañera.

- A la bañera tú, yo hago lo que quiero, no me digas qué debo hacer.

- Mira niñita considérate afortunada de que te estoy ofreciendo una bañera, podría sacarte al patio ahora mismo, desnudarte frente a todos los prisioneros y mojarte a manguerazos de agua fría ¿qué te parece?

- Has lo que quieras.

Zuko se puso rojo de cólera, tenía deseos de realizar lo que dijo hacia un instante, pero comenzó a respirar lentamente y a tranquilizar su ira hasta que se le pasó por completo.

- Ven, déjame acompañarte –e hizo una seña al guardia para que abra las puertas de la celda. Tomó de la mano a Toph y la llevó por un pasillo que extrañamente era todo de madera. Parecía estar construido solo para ella. Ella se agarraba fuerte de la mano de él ya que siendo el piso de madera no podía ver nada y temía tropezarse como le había sucedido tantas veces…

- Bien, llegamos.

- ¿Por qué te detienes? No puedo entrar allí sola, ¿qué aun no comprendes que soy ciega?