Este Fanfic es escrito sin fines de lucro y con único objetivo de recreación. Howl's Moving Castle pertenece a su respectivo autor.
Capitulo dos: Familia
Un nuevo día. Hacía apenas 16 años que había puesto un pie por primera vez en aquel lugar. El Castillo Vagabundo. La famosa arquitectura mágica y errante. Tantos recuerdos resguardados entre esas paredes, su vejez en la pubertad, encuentros con la magia, y sobre todo, el amor de su vida. La mujer de cabello plata sonrió para sus adentros, mientras abría una cortina color rosa palo… dejando ver así el paisaje aéreo que brindaba el ventanal.
-Buenos días Calucifer… - Mencionó Sophie desviando su mirada hacia la chimenea de piedra.
El demonio fuego dejó distinguir su simpático rostro entre las llamas del fuego, bostezando perezosamente al inicio del nuevo día.
-Buenos días – respondió de forma perezosa mientras un nuevo bostezo se hacía presente.
-Vamos con ese ánimo, hay que comenzar bien el día… ¿No te parece? – Sophie se aproximo a la chimenea, agregando un trozo más de madera.
-¡Es difícil despertar cuando te has quedado la noche en vela funcionando como lámpara!- Se excusó el demonio indignado, sujetando con dos flamitas en forma de mano la madera, abrazándose a ella cual si fuese una almohada.
-¿Lámpara? ¿Olivia se ah quedado leyendo hasta tarde de nuevo?-
No pareciese que Sophie realmente preguntara aquello, ella sabía perfectamente como su hija dormía hasta altas horas de la noche, consumiendo uno a uno los libros de hechicería que su esposo Howl guardaba con desorden en cada rincón del lugar que ella intentaba mantener presentable.
-Pero que tenemos aquí…- Sin cuidado alguno la mujer irrumpió en la habitación de su adolescente hija, corriendo las oscuras cortinas de su ventanal, dejando entrar la cálida e intensa luz de sol que rápidamente iluminó – Vamos Olivia, es tu turno de hacer el quehacer…-
Sobre la enorme cama llena de sabanas de colores tan diversos como los de un arcoíris, yacía el cuerpo perezoso de una joven de 15 años. Su cabello azul como el de su padre caía lacio hasta la mitad de su espalda, su piel color leche era cubierta discretamente por un camisón de estampados amorfos.
-Olivia- volvió a llamar Sophie sin levantar la voz – Calucifer… ¿Podrías echarme una mano?...-
Un hombre apuesto de oscuro cabello bajo las escaleras, llamando la atención de una Sophie que acomodaba una vajilla de porcelana sobre la mesa de madera.
-Buenos días familia- Anunció con alegría el hechicero Howl, a la vez que se acercaba a su joven esposa, depositándole un cariñoso beso en los labios. – Luces más hermosa esta mañana…-
La mujer de cabello plateado no pudo evitar ensanchar su sonrisa, sus miradas de amor se cruzaron alegres durante varios segundos, hasta que el hechicero noto algo curioso en el lugar…
-Pero Olivia… ¿Qué te ah pasado?-
La joven llevaba a la mesa una jarra con jugo de frutas y algunos vasos, lo peculiar en ella era el enorme moretón que resaltaba en su frente.
-Calucifer y mi madre me hicieron el favor de despertarme amablemente… - respondió la hija de ambos con ironía, recordando que a escasos momentos, había sido arrojada de su cama volteando en colchón mágicamente dándose de cara en el suelo.
Después de un desayuno en familia, la joven Olivia se había dispuesto a realizar sus deberes del día… acompañada de una escoba, un balde y un trapeador…
-¿Por qué tenias que ser tan sutil al despertarme?- renegó la joven peliazul mientras con fuerza deslizaba la escoba contra el crujiente piso de madera.
-¡No era justo que yo fuese el único que madrugara después de haber dormido tan tarde!- Se defendió el demonio
-¿Qué tan justo será que te arroje esa cubeta de agua?-
-Oh… ¡No lo harías!... ¡SOPHIE! ¡HOWL! ¡AUXILIO!-
La joven solo vacilo a la vez que soltó una carcajada, dejando de nuevo la cubeta que había tomado sobre el suelo, regresando a su labor. Aquella era su familia, mamá, papá y Calucifer. Habitando en aquel único y especial lugar, el Castillo Vagabundo. Olivia había vivido toda su vida en aquel sitio, y había sido feliz, pues la magia habitaba en cada rincón de su hogar, no obstante… algunos recuerdos amargos eran imposibles de disipar.
La muerte de la abuela Calamidad… como le había dolido en el alma, aquella anciana mujer que cuido de ella y le contó tantas historias. No pudo evitar sonreír ante los recuerdos que le llenaba el limpiar una antigua fotografía en la que aparecían todos felices sobre un mantel colorido en un picnic, la abuela, sus padres, Calucifer, ella… y el.
Suspiró dejando de nuevo la foto en su sitio. Mark aparecía en la foto, con unos 15 años de edad, llevando sobre sus hombros a una peliazul de apenas 5… ¿Cómo era posible que sus padres no quisieran deshacerse del recuerdo de aquel traidor…? No cabía duda, que el suceso que más le dolía, casi tanto como la muerte de la abuela, era la ida de Mark, y sus crueles palabras de no querer volver a ver a quien por varios años fue su familia…
Recordaba la imagen de su padre y el adolescente pelirrojo discutiendo… ella solo miraba, escondida detrás de las piernas de su madre, con solo 8 años de edad. Gritos, discusiones… incluso golpes…
-¡Mark no te vayas!- la pequeña de dos coletas azules seguía al joven fuera del castillo bajo la lluvia, ignorando los llamados de su madre que auxiliaba a un aturdido Howl con un golpe marcado en la mejilla…
-¡Olivia! ¿Estas bien?-
Calucifer y su preocupación la despertaron de sus pensamientos, había dejado caer la fotografía sobre el suelo, haciéndose añicos el cristal.
-Descuida Calucifer, solo se me resbaló… enseguida lo limpiaré-
--------------------------------------------------
-¿Sera posible…?-
La anciana pero elegante mujer reposaba sobre su trono, observando hacia lo que parecía ser un reloj de sol convencional hecho de piedra… pero a excepción del normal, tenía dibujos de estrellas y planetas en lugar de las horas…
-¿Qué sucede Madame Sulliman…?-
-Se cumplirán- Respondió la mujer sin poder ocultar la preocupación, la cual disolvió en un suspiro-dentro de unos días, los 100 eclipses se cumplirán…-
