Capitulo Dos
—De ahora en adelante para ti seré Teniente Coronel, ¿Entendido?
Shinoa alzó una ceja ante la ocurrencia de Guren, ella sabía, lo sabía, sabía muy bien que al entrar al ejército Guren se pondría pesado—más de lo que ya era— más bien le sorprendía que hubiera tardado tanto en exigirle respeto—más del que ya le exigía—.
Tenía una semana de haberse enlistado al ejército y estudiando en una escuela diferente, de igual forma se le había asignado un cuarto y ahora dormía con la chica menor de la familia Sangu—porque después de todo ella seguía siendo una Hiragi y se precisaba colocarla con alguna familia de prestigioso nombre—.
Su vida había cambiado por completo en una semana donde no había visto a Guren ni a su escuadrón, mucho menos a Shinya, por lo que en un principio se le había hecho extraño que Guren la hubiera llamado a su oficina con tanta urgencia.
—Lo entiendes, ¿No?—apremió él—. Debes mostrar respeto a tus superiores, todos, incluso a tus hermanos, eres una Hiragi y debes de dar el ejemplo, con el tiempo, lograrás ascender por lo que a ti también se te tratará con respeto.
— ¿De verdad soy una Hiragi?—inquirió ella en un tono ácido—. Lo había olvidado, pero, ¡Wow! ¡Qué privilegio!
—Shinoa—replicó él en un tono de amenaza—. No estoy jugando contigo, si muestras algún signo de irrespeto hacia nosotros, no dudaré en castigarte y sabes muy bien que yo no soy compasivo en ello.
Shinoa rodó los ojos, lo que le faltaba, sabía que era una mala idea enlistarse, Guren parecía quererla pisotear con toda su mierda de superioridad que a ella sinceramente poco le importaba, sin embargo ya había firmado y las nuevas destrezas físicas que había aprendido en una sola semana le hacía sentir interés por lo nuevo que aprendería.
— ¿Entendiste?
—Sí, Teniente Coronel—dijo ella en ese tono que muchas veces lograba hastiar a Guren—. ¿Tiene algo más que decir?
—No, te puedes marchar.
Shinoa se levantó de la silla que estaba enfrente del escritorio en donde Guren miraba unos papeles, quien no se molestó en decir nada más, dio la vuelta dispuesta a marcharse.
—Algo más, Shinoa.
Ella se detuvo, pero no volteó hacia él.
—Yo te metí aquí—continuó Guren—. Tu lealtad es hacia mí y perteneces a mi equipo, así que si Kureto llegase a pedirte que me traiciones y te unas a ellos, no lo harás Shinoa, tienes prohibido hacerlo.
Shinoa frunció el ceño, ahí había algo más, Guren tenía algo planeado para ella, lo podía sentir en el aire y en esa voz que aparentaba una calma disfrazada, volteó mostrándole una sonrisa de lado, llena de un entendimiento hacia la insistencia de Guren por entrar al ejército.
— ¿Qué necesita el Teniente Coronel de una basura como yo?
Guren rodó los ojos esa vez, Shinoa lo miraba con esa máscara de indiferencia que bien conocía, pues era la misma que todos los Hiragi poseían, esa perfectamente ensayada en donde jamás podrías descubrir lo que estaban pensando o sintiendo.
—Tu lealtad y respeto, mocosa, así que ya te puedes ir marchando, me estorbas.
Shinoa no dijo más, sabía que Guren no le revelaría sus planes, por lo que se mantendría mansa con él hasta descubrir cuál era su objetivo y si éste le convenía o no.
Shinoa se envolvió en la perfecta rutina dentro del ejército y para bien a ella le empezó a gustar su nueva etapa ahí dentro, con el paso de los años fue aprendiendo muchas cosas y logró ser un poco más fuerte de lo que ya era gracias al duro entrenamiento que la familia Hiragi le había dado cuando era pequeña.
Su primer misión había sido a los doce años junto con Micchan a quien ella le encantaba retar y molestar cada vez que podía, ocasionando que la chica pelirrubia la odiara un poquito más cada día, Shinoa disfrutaba ver su cara de molestia, tenía cierto parecido a la cara que hacía Guren cuando lo molestaba con cualquier idiotez que se le ocurría.
Su relación con Guren se había enfriado un poco, casi no lo veía y las veces que lo veía era para que Guren midiera su fuerza y si no estaba lo suficientemente bien para él, la obligaba a entrenar mucho más, habían otras veces en la que ella se tomaba el descaro de molestarlo de las mil maneras posibles que se le podían ocurrir provocando que él la castigara a cada momento.
Con su hermano Shinya a quien ahora se refería como el Mayor General era incluso peor, eran muy pocas las veces que le veía y cuando lo hacía eran cortos saludos en donde ella tenía que mostrar mucho respeto así como Guren se había empecinado en enseñarle.
A los trece años, Sayuri le preparó un pastel, antes, cuando estaba más pequeña Mahiru le regalaba una rebanada de pastel, cuando la perdió, ella no supo que era un cumpleaños peor aún fue cuando ocurrió la catástrofe, su cumpleaños ya no tenía sentido alguno, Shinya le había regalado un lazo color rojo para el cabello en su cumpleaños diez y no fue hasta su cumpleaños número trece donde volvió a recibir otra atención como esa, había sido una pequeña reunión en la oficina del Teniente Coronel, ahí estaban Sayuri, Shigure, Shinya, Juju, Goshi y Guren, el pastel era pequeño y sabía muy bien, Goshi, Shinya y Sayuri le habían cantado una extraña versión del feliz cumpleaños y luego Sayuri partió el pastel y al cabo de unos quince minutos la reunión había finalizado, regresando todos a sus labores diarias.
Ese mismo año la habían ascendido a Sargento y entró formalmente al Escuadrón Demonio de la Luna, logrando matar por primera vez a un vampiro, sin embargo al tener tan poco interés de formar equipo con su escuadrón la mayoría de sus misiones terminaban fallando recibiendo ayuda de otros escuadrones más calificados o terminándola con mucho esfuerzo por lo que Guren una vez más se había hecho cargo de ella, enseñándole junto con Sayuri y Shigure como se debía trabajar en equipo cosa que a ella le costaba mucho, pues en su familia le habían enseñado a trabajar sola.
Shinoa jamás se imaginó trabajando en equipo y peor, preocupándose por alguno de su escuadrón, no fue, hasta dos años después que ella descubrió el verdadero significado de lo que era un camarada.
—Así que, esta será mi misión.
Shinoa observó con cuidado los papeles que Guren le había entregado esa mañana, contenían el perfil de un chico de su edad, que Guren había rescatado de los vampiros y que quería entrar al Escuadrón Demonio de la Luna pero para eso debía aprender a trabajar en equipo y hacer un solo amigo.
Ella lo miró con ojos aburridos, era la misión más absurda que el Teniente Coronel le había dado en todos esos años formando parte del ejército y de su escuadrón.
—No entiendo, ¿Lo suspendió por insubordinación, dice?
—Es correcto—dijo él ensimismado en sus escritos.
—y ¿Quiere que yo lo supervise para que se porte bien en lo que dure su suspensión y haga un amigo?
—Así es.
—Y una vez que haga un amigo podrá entrar al escuadrón y matar vampiros.
—Mejor no lo pudiste haber dicho.
— ¿Y yo que gano con todo esto?
El Teniente Coronel se encogió de hombros y le entregó un papel doblado el cual Shinoa abrió y comenzó a ojear.
—No es para ti, es para Yuichiro.
—Ya lo leí—dijo ella mostrando su característica sonrisa de maldad.
Guren suspiró, no era ni sería la primera vez que Shinoa le desobedecía o se metía en lo que no le importaba era ya como un don que ella con el paso del tiempo pulía.
—Mocosa metida—susurró llevándose una mano a su cabello y revolviéndolo— No te creerá que te mandé y te exigirá entrar a nuestro escuadrón por lo que eso te servirá de respaldo—dijo, refiriéndose a la carta que Shinoa seguía viendo sin disimulo alguno.
—Así que es un chico problema, no entiendo para que me manda, esto cualquiera lo puede hacer, no me necesita, no quiero ir.
—Los dos son tan odiosos que estoy seguro se llevaran de maravilla—dijo él entre dientes, Shinoa apenas pudo entenderle pero ver su molestia en sus ojos fue suficiente para sentirse satisfecha—. Lo harás, porque él formará parte de tu escuadrón, Shinoa.
— ¡Oh! Así que tendré mi propio escuadrón, ¡Qué lindo!
—Y espero que lo puedas liderar bien, sino volverás a depender de otro escuadrón.
Shinoa se encogió de hombros restándole importancia, a ella realmente no le importaba mucho con quien trabajaba y como trabajaba y eso solía enojar un poco más a su Teniente Coronel.
—Lárgate ya y asegúrate de que Yuichiro haga al menos un amigo y no, tú no cuentas como tal.
Shinoa asintió sin entender del todo el plan absurdo de Guren Ichinose, estaba un poco molesta porque tenía que volver a la otra escuela, además debía hacer de niñera de un chico que parecía ser un verdadero problema.
Era una misión absurda.
Sin embargo, jamás imaginó que esa misión pondría su mundo de cabeza…
Shinoa no tenía muchos intereses en su vida, ella nació para servir como un reemplazo y al saberse que como reemplazo tampoco servía sus días se convirtieron en grises, despertaba porque tenía que despertar, comía porque debía hacerlo, estudiaba y había entrado al ejército porque se lo habían impuesto y estando ahí adentro encontró ciertas cosas interesantes que le habían hecho mantenerse a flote a lo largo de los años.
Conocer a Yu le había sacado el interés por tener una amistad verdadera y un extraño remolino de sentimientos que ella nunca antes había sentido, gracias a la absurda misión del Teniente Coronel, no sólo había conocido a Yu, sino que también a Yoichi quien era su víctima número uno para molestar y su dulzura era suficiente para que Shinoa estallara con un millón de barboteos que al final lograban incomodar al chico.
A Kimizuki lo conocía de hace años pero con él no había cruzado palabras hasta que se unió a su escuadrón y Mitsu…bueno Mitsuba fue su compañera de cuarto por muchos años, hasta que se hartó de ella y se distanciaron un poco, era como una relación de amor odio en donde Shinoa bien sabía que Mitsu no podría vivir sin ella—por supuesto que no—.
Gracias a esa absurda misión, Shinoa supo reconocer lo que en verdad era una familia y por fin su vida comenzó a tener sentido, se preocupaba por ellos, reía con ellos, disfrutaba el tiempo con ellos, incluso las misiones se vivían mejor con ellos.
Por eso, Shinoa no podía entender por qué los días grises habían regresado y su depresión la había abrazado hundiéndola en ese mundo oscuro del que tanto le había costado salir.
Quizás todo había empezado cuando se dio cuenta de los experimentos humanos que muy probablemente Guren realizaba en Yu o quizás todo había empeorado cuando se dio cuenta que su hermana o el demonio de su hermana estaba dentro de la espada de Guren y su confianza hacía él se había vuelto a quebrantar dejándola parada en un limbo del que no sabía cómo salir.
O podía ser que sí se estuviera enamorando de Yu y su corazón inundado de oscuridad le repetía una y otra vez que ella no sería suficiente para llenar el corazón sediento de venganza de Yu, porque ¿Quién era ella para poder ocupar un lugar tan importante? No era nada, ni siquiera pudo heredar la fuerza, la inteligencia o la belleza de su hermana Mahiru, ella había salido defectuosa y por eso su padre renegó de ella, por eso ni pudo llegar a ser un simple reemplazo, ella nunca sería capaz de ser ni la mitad de lo que había sido la Prodigio Mahiru Hiragi.
Y su mundo oscuro se apoderó de la poca luz que logró encontrar en esos ocho años desde la muerte de su hermana, otra vez su vida volvía a girar en torno a ella y se reprochaba por las noches, por ser tan débil y reprochaba a Mahiru, por haberla abandonado aquella vez que su hermano Kureto dijo que la iba a matar, por haberla abandonado desde incluso antes, por haberse dejado poseer por un demonio, por enloquecer, por abandonarla una vez más con su patética muerte, por dejarla hecha pedazos, porque los años pasaban y por más que ella lo intentaba, su fantasma aún la perseguía hundiéndola en ese remolino de negatividad, que la hacía pensar en una sola cosa.
Shi no estuvo de acuerdo con ella, se había saciado tantas veces con su poder que imaginársela muerta no sería suficiente para todo lo que quería hacer con ella, su cuerpo corrupto por el suicidio le serviría para ganar una fuerza inimaginable, pero necesitaba a Shinoa moldeable y no muerta, sin embargo, Shinoa no escuchaba y Shi no se molestaba por evangelizarla, es más disfrutaba con las ocurrencias de suicidio de la adolescente.
— ¿Dónde está tu informe de la semana pasada, Shinoa?
Apremió Guren desde su escritorio ojeando otros documentos que seguramente eran informes del resto de sus subordinados, Shinoa apenas estaba entrando a su oficina, su cabeza se mantenía gacha incapaz de levantarla y ver más allá que no fueran sus piernas.
—Acércate, le asignaré a tu escuadrón la siguiente misión y tendrás que darme hoy a más tardar el informe, si no, recibirás un demerito.
Shinoa no se quería acercar, ella no quería estar cerca de él ni de nadie más, ella solo quería estar sola, encerrada en su habitación durmiendo e ignorar en su mayor medida los sueños con Shi o con Mahiru endemoniada, diciéndole muchas cosas feas a su corazón.
—Shinoa, te he dado una orden, ¡Acércate!
Shinoa quería fingir aunque fuera un poco su mal estado de ánimo, con sus amigos lo intentaba pero ya ellos habían notado la sombra de sus ojos, ninguno de ellos sabía de su pasado después de la muerte de su hermana por lo que podía escabullirse con cualquier excusa y ocultar su tristeza con una máscara de alegría que lograba mantenerlos con tranquilidad, pero con Guren, sería diferente, si se llegaba a dar cuenta que la oscuridad había vuelto, él no la dejaría tranquila por ningún segundo.
—Oh, lo siento, solo estaba admirando sus terribles gustos para alfombras—dijo ella soltando ese irritante tono de voz que siempre usaba cuando quería molestar a alguien.
Guren soltó una falsa risa—. ¿Crees que me importa tú opinión, mocosa?
Shinoa pasó su mano por el mechón de su cabello suelto a la vez que caminaba de manera altiva, mostrando lo que ella quería enseñar y no su verdadera realidad.
—Me dijeron que te estas saltando las clases y varios entrenamientos—dijo él, una vez ella estuvo sentada frente a él.
Ella se mordió el interior de su mejilla, todos esos días se había sentido tan mal que no podía levantarse de la cama, había justificado sus faltas a Sayuri y a sus amigos con una falsa gripa lo que logró que todo su escuadrón estuviera encima de ella, hecho que le sirvió para olvidar por un segundo esos malos pensamientos que rondaban por su cabeza.
—He estado enferma de gripa, mucha congestión nasal y dolores de cabeza.
Guren alzó una ceja creyéndole poco lo que estaba diciendo, Shinoa apartó su mirada incapaz de mantener contacto con él.
— ¿Sucede algo, Shinoa?
—Nada, Teniente Coronel, ¿De qué trata la misión?
Guren entrecerró sus ojos, como queriendo encontrar lo que Shinoa tenía mal, ella en cambio utilizó esa máscara de indiferencia que la familia Hiragi habían hecho bien en enseñarles, esa en la que nadie podía percibir alguna emoción por su parte.
—Se ha tenido avistamiento de varios monstruos del apocalipsis muy cerca de la capital, he tenido informes de que uno intentó entrar poniendo en peligro la vida de nuestros ciudadanos, por lo que he decidido mandar a un escuadrón por noche para vigilar y exterminarlos si aparecen—Guren le pasó una carpeta que ella inmediatamente se puso a leer—. Hasta los momentos, tres escuadrones han dado informes de que aparecen en la noche y en manada, por lo que esto servirá de entrenamiento para todos ustedes.
—Entiendo, ¿Cuándo iremos?
—Mañana mismo, hoy quiero que me entregues el informe pasado, prepara a tu escuadrón.
—Está bien.
—Puedes retirarte ya.
Shinoa se levantó con su carpeta en manos, dispuesta a marcharse.
—Mocosa—la llamó Guren deteniendo su salida, Shinoa al escuchar su tono de voz, sabía que él sospechaba algo de ella—. No vayas a cometer ninguna idiotez, te tendré vigilada.
Shinoa cerró los ojos, Guren había descubierto algo que ni ella misma se atrevía a sacar a luz por miedo a ella misma, apretó su carpeta impotente ante el escrute del Teniente Coronel.
—No se preocupe—susurró, saliendo de ahí prácticamente corriendo.
Shinoa no durmió esa noche a pesar de que su cuerpo y alma se sentían realmente cansados, Shi había molestado toda la noche aguijoneando su corazón con tantos malos pensamientos que ella se sentía derrotada, Shi no la quería muerta se lo había dicho, quería seguir cultivando el poder que estaban ganando y ver que Shinoa había vuelto a su vida sedentaria ocasionó que Shi la provocara con cosas hirientes.
Ella quería hacer caso a Shi y seguir con el plan, pero el haber descubierto lo que habían hecho con Yu y quizás con Yoichi, Kimizuki y quizás el vampiro familia de Yu, la había hundido un poco más y el querer estar muerta había resurgido en ella, pensar que Mahiru pudo tener conocimiento sobre ello le repugnaba incluso más, ¿A caso Mahiru había hecho algo más con su cuerpo? ¿Por qué la había separado de Shi y luego lo había devuelto? ¿Qué es lo que Mahiru había tenido preparado para ella por haberle regresado a Shi? ¿A caso Guren la había reclutado para ser partícipe de alguna manera con lo que Yu tenía dentro?
¿A caso que se enamorará de él tendría algún sentido para Guren?
Ella simplemente no quería ser parte de ello, ella no quería y se negaba a tener que cargar con esa maldición de haber sobrevivido a un mundo tan sucio como ese, ella no quería que sus amigos murieran por la imprudencia del mismo ser humano, ella estaba decepcionada totalmente de Guren, de Sayuri, Shigure y Shinya quienes probablemente sabían sobre lo que sus amigos vivirían en algún futuro.
Y ¿Si ellos morían a causa de eso que tenían en el cuerpo? Ella indudablemente moriría con ellos…ella…simplemente no podía, ella no quería vivir en un mundo donde tarde o temprano volvería a quedar sola.
— ¿Shinoa?
Mitsuba tocó su hombro con suavidad, había entrado en su habitación tras tocar la puerta varias veces sin tener respuesta alguna, encontró a la chica recostada en su cama, boca abajo y su brazo colgando, Mitsuba estaba preocupada por ella, de un momento a otro Shinoa se había derrumbado y por más que lo intentaba disimular con una simple gripa, Mitsuba sabía que algo más sucedía con la Sargento.
—Todos te estamos esperando.
— ¿Qué hora es?—susurró Shinoa sin voltear a ver a la chica.
—Faltan quince para las seis—mencionó ella sentándose a la orilla de la cama—. Te estamos esperando, tienes que hacer la formación.
—Hazla tú, Micchan.
—Shinoa…
—Es que estoy cansada, hazla tú.
—Shinoa, eres la líder del escuadrón, sabes muy bien que ese es tu deber.
—Hoy te lo delego.
—No lo aceptaré, por favor levántate de la cama, vístete y vamos.
—Mitsu, es que no puedo.
Mitsuba mordió su labio inferior sintiendo desesperación y algo de enojo ante la actitud que Shinoa estaba tomando, ella era la que siempre venía hacia ella con una sonrisa o alguna extraña broma que le hacía eliminar toda la tensión que podría estar pasando en ese momento, pero nunca antes la había visto tan derrotada y realmente no sabía cómo reaccionar ante eso.
—Shinoa, sea lo que sea que te pase, por favor, confía en nosotros, sabes bien que te ayudaremos, por favor.
El Teniente Coronel le había llamado apenas unas horas atrás, pidiéndole que mantuviera a Shinoa vigilada y que cualquier irregularidad no dudara en llamarle, en especial si pasaba algo en la misión de esa noche, eso por supuesto, la había alertado aún más, ella había notado el decaimiento de Shinoa desde hacía ya varios días, los chicos también lo habían notado pero había un punto en el que Shinoa volvía o quizás aparentaba ser la misma chica de siempre que pensó que estaba exagerando pero que su superior también lo notara, le inquietó un poco más.
— ¡Awww, así que Micchan si tiene sentimientos hacia mí!—soltó Shinoa mostrando una sonrisa pícara a la vez que se enderezaba sobre la cama, el rostro de Mitsuba enrojeció e hizo una mueca llena de pánico y negación, Shinoa se lanzó sobre ella dejando reposar su cabeza en su hombro y sus brazos rodeándola fuertemente—. No te preocupes, Micchan si quiero ser tu mejor amiga para toda la vida, si seré tu madrina de bodas y madrina de tus hijos.
— ¡Deja de decir tonterías!—gritó Mitsuba espantada, levantándose de la cama y apuntándola con su dedo índice—. Cámbiate de inmediato, tenemos que marchar ahora.
Shinoa soltó una carcajada y se levantó de su cama, su pequeña actuación había servido para que la preocupación en los ojos de Mitsu desapareciera y eso era suficiente por los momentos, Mitsuba no se preocuparía por ella, al menos no esa noche.
El frió de esa noche erizó su piel, el cielo nublado anunciaba una próxima tormenta igual o más fuerte que la que llevaba dentro de su corazón, en él, habían tres voces, la de ella, la de Shi que cuando se enojaba con ella alimentaba a la otra voz, una que tenía su mismo tono, pensamientos parecidos a los de ella y esos otros pensamientos, esos en los que día a día la hacían sentir más miserable.
Esa voz, le pedía su vida a cambio de una paz eterna que Shinoa estaba segura nunca encontraría, ni siquiera muerta, su cuerpo estaba maldito, el simple hecho de haber nacido como Hiragi había sido suficiente para estarlo, pero habían veces que ella quería cumplir ese deseo y simplemente acabar con todo, deseo que día a día iba aumentando.
No había más nadie que su escuadrón en las oscuras y podridas calles de lo que una vez fue una hermosa ciudad y ahora solo eran ruinas y alguno que otros lamentos que se lograban filtrar con el aire, al otro lado, a unos pocos kilómetros de distancia, un enorme muro protegía la capital del Ejército Demonio Imperial Japonés, donde se suponía la ciudadanía de elite viviría siempre protegida y los miembros del ejército debían encargarse de cumplirlo.
A su alrededor se respiraba una falsa calma, ella, Mitsuba, Yu y Kimizuki estaban formados a la espera de que los monstruos del apocalipsis aparecieran, Yoichi estaba dentro de un edificio en la parte alta para atacar desde la distancia, Yu y Kimizuki discutían en susurros sobre quién sería el que mataría más monstruos, Mitsuba respiraba entrecortado y ella, ella no sabía que sentir más que el frío que calaba sus huesos.
Un gruñido seguido de varios más se escuchó como un eco lejano, el aire se volvió denso y un relámpago adornó la escena siniestra que se estaba desarrollando, a los pocos minutos aparecieron tres monstruos del apocalipsis, uno de ellos fue derrotado fácilmente por Yoichi, los dos siguientes fueron fáciles de vencer gracias a la formación que Shinoa había hecho segundos antes, otros cuatro monstruos aparecieron, haciendo un poco más complicada la misión.
Los minutos pasaban y los monstruos iban aumentando y atacándolos directamente, rompieron su formación dos veces, volviéndose a unir casi de inmediato, hasta que Yu se desesperó y pidió más poder enloqueciendo por un segundo y atacando salvajemente siendo seguido por Kimizuki, que no quería quedarse atrás o realmente se había preocupado por su camarada.
— ¡Maldita sea! ¿Qué no aprenden?
Gritó Mitsuba en un tono lleno de pánico, ella odiaba tener que luchar contra esas clases de monstruos que habían jodido su vida en el pasado, sin embargo, ella no permitiría que sus subordinados murieran por un miedo que ella venía arrastrando desde hace mucho, así que, halando aire se lanzó a pelear también.
"Vamos, Shinoa, ataquemos, matemos, matemos, seamos más fuertes, mata a todas estas porquerías, mata, mata"
Shinoa retrocedió, observando la danza de sangre que se estaba llevando a cabo, una fuerte punzada atacó su cabeza, la otra voz susurraba al mismo tiempo que Shi alejando por completo sus pensamientos limpios, podía escuchar los gritos de Yu, Kimizuki y Mitsuba, podía escuchar los cuerpos de los demonios destajándose y el sonido de la sangre cayendo al suelo como si fueran gotas de lluvia chocando contra la tierra y salpicándole su cuerpo, Shinoa observó una vez más a sus amigos luchar, habían más monstruos acercándose y desde donde estaba podía ver la frustración que se estaba formando en los rostros de sus amigos.
¿Qué pasaría si morían frente a sus ojos?
¿Qué pasaría si la cosa que estaba dentro de Yu aparecía de nuevo y el enloquecía y los mataba a todos?
¿Qué haría ella?
¿Cómo podría vivir ella con todo ello?
¿A caso ella sería capaz de salvarlos?
¿Podría volver a salvar a Yu si eso volvía a salir de él?
No, ella no podía, ella no era capaz de llevar todo eso sobre sus hombros, ella era débil, ella incluso era incapaz de confiar, dejarse querer y querer a las personas, ¿realmente estaba enamorada de Yu o creía estarlo por lo que Guren había dicho? Y si lo estaba, ¿Cómo podría trabajar con él con esos sentimientos sin sentido que querían florecer dentro de ella?
Eso era imposible, ella no podía amar, Mahiru…la única persona que ella había amado de verdad le había enseñado a la fuerza que no podía amar ni confiar en nadie, Mahiru, la única persona que ella había amado, le abandonó, la dejó a tan corta edad en un mundo cochino y egoísta, Shinoa no podía amar porque ya le habían roto el corazón y su corazón ya era imposible de volverse a unir.
— ¡Shinoa! ¡Detrás de ti!
Gritó Yoichi, Shinoa volteó y observó a un monstruo acercándose, su hoz cayó al suelo y ella retrocedió agarrándose su cabeza con fuerza, su mundo por dentro daba vueltas y no podía escuchar su propia voz ante tantos murmullos dentro de ella, su cabeza punzaba y su corazón latía enloquecido.
— ¡Shinoa!
— ¡Shinoa! ¡Muévete!
Shinoa no quería moverse, Shinoa no quería nada de eso, ella simplemente no quería estar ahí, ni en otro lado más, su corazón apretaba con fuerza su pecho y el dolor y la melancolía la habían envuelto provocando una sumisión completa, el monstruo le gruñó erizando aún más su piel y provocando un ligero temblor en sus piernas.
Así que ¿Así moriría?
Devorada por una cosa tan asquerosa como esa que tenía a unos cuantos centímetros, su hocico se abrió mostrando sus colmillos y su aliento putrefacto le heló la sangre, cerró sus ojos, preparándose para tan patético final…
Mahiru había muerto en brazos de su amado, ella en cambio, moriría devorada por un monstruo, con su corazón roto…
— ¡Shinoa!
Un par de brazos la sostuvieron y la elevaron por los aires cayendo al suelo y rodando sobre él, su cabeza golpeó contra una piedra y todo dio vueltas a su alrededor, intentó colocarse de pie pero varios puntos negros bloquearon su visión, cayendo boca abajo sobre el suelo, un hilo de sangre resbaló desde su frente hasta perderse por su cuello.
— ¡Maldita sea!
Shinoa volteó observando a Yu tirado en el suelo justo donde ella estaba, con su espada trataba de detener el feroz hocico de la bestia que la iba a matar, buscó al resto de su escuadrón, Kimizuki luchaba contra otro monstruo y uno más era derribado por Yoichi, Mitsuba no se encontraba por ninguna parte.
Yoichi derribó al monstruo que atacaba a Yu y una vez muerto Yu gritó de dolor llevando su mano izquierda a su antebrazo derecho desgarrado justo donde el monstruo había atacado y Kimizuki fue capaz de derrotar al último monstruo—o por lo menos eso creía—que los atacaba.
Shinoa trató de enderezarse pero la vergüenza e impotencia le hacían querer ocultar su rostro de su escuadrón, escuchó unos pasos apresurados dirigiéndose hacia ella reconociendo por la forma en que se movía a Yoichi quien se había arrodillado junto a ella, con sus manos la agarró de los hombros elevándola para envolverla en un fuerte abrazo, quedando ella también de rodillas.
— ¡Shinoa! ¡¿Qué pasó?!—Reprochó el joven entre pequeños hipidos—. ¡¿Qué fue lo que te pasó?!
Shinoa no pudo decir nada, sintió el escrute de Kimizuki y el de Yu sobre ella y ella no pudo hacer más nada que esconder su rostro en el pecho del chico, su garganta ardía y tenía muchas ganas de llorar.
—Malditos mocosos, insolentes, ¿Qué nunca aprenden?
Shinoa se tensó al escuchar la voz de Guren Ichinose, Yoichi se separó de inmediato colocándose de pie y tomando una posición rígida, ella no pudo colocarse de pie, desde su posición observó a Guren Ichinose, su escuadrón, Shinya y a Mitsuba caminando hacia la horrorosa escena.
Sus ojos inevitablemente chocaron con los de Guren los cuales se fijaron sobre ella como si se tratase de dos dagas que querían hundirse en su pecho y matarla de una buena vez por todas, una gota de agua cayó sobre su cabeza, Shinoa miró hacia el cielo nublado sintiendo como más gotas caían sobre ella, hasta que estas se volvieron pesadas y golpearon con insistencia a su cuerpo mallugado.
—Todos están suspendidos por un mes—gritó Guren para hacerse escuchar entre la lluvia que caía con fuerza sobre ellos.
— ¡¿Qué?!— gritó Yu aun sosteniéndose su brazo herido pero dispuesto a lanzarse sobre su superior—. Oye Guren eso no…
— ¡Cállate!—tajó el hombre dirigiendo nuevamente su mirada a Shinoa—. Mañana todos serán castigados debidamente.
— ¿Pero de que mier…
—Quiero que me dejen solo con Shinoa.
Un silencio sepulcral se apoderó del ambiente, escuchándose solamente el fuerte golpeteo de la lluvia chocando contra la tierra lodosa, Mitsuba sintió un poco de miedo, ella había sido la que corrió a llamar al Teniente Coronel y al estar tan cerca de la capital no habían tardado más de diez minutos en llegar a la escena, Mitsuba pensó que necesitarían refuerzos, el pánico que se había apoderado en ella fue tan fuerte que le hizo correr por ayuda pero lo único que había ocasionado con esa medida fue perjudicar un poco más a Shinoa.
— ¡Es una orden!—vociferó Guren al ver que nadie reaccionaba ante lo que había dicho—. Shinoa recibirá su castigo aquí.
—Shinoa está herida—replicó Yu, moviendo su mano izquierda hacia donde estaba su amiga—. No puedes….
— ¡Si puedo!—replicó él, hastiado y un tanto frustrado por la terquedad de ese niño.
—Guren, no creo que sea buena idea—dijo Shinya viendo con cierta preocupación a su hermana, quien aún no se levantaba del suelo ahora enlodado—. Además está lloviendo, ambos se pueden enfermar.
—Shinoa es mí subordinada y yo puedo castigarla cuando se me da la gana, así que lárguense, todos, ¡Ya!
—Y tú crees que lo voy a permitir—apremió Yu, sacando su espada con su mano buena—. Shinoa no está en condiciones para que la castigues ahora, eso no sería justo, y si de verdad la quieres castigar en este momento pues tendrás que castigarnos a todos.
Guren contó mentalmente hasta diez, lo cual nunca le funcionaba pero le servía para golpear con menos fuerza a la gente insubordinada como Yuichiro.
— ¿Quieres ser castigado? Bien, Sayuri, Shigure, Mito y Goshi se encargaran de castigarte y si Shinya quiere que se una a la fiesta, los demás pueden marcharse.
—Yu, no hagas ninguna estupidez—masculló Kimizuki entre dientes, acercándose un poco a él para así poder agarrarlo si decidía lanzarse a pelear.
—Guren, creo que te estás pasando de la mano—replicó Mito, notando como el joven estaba mal herido y quizás débil para poder enfrentarse ante todos ellos—. Creo que lo mejor…
— ¿No vas a cumplir con mi orden, Mito?
—Ehh—soltó Shinya mostrando su típica sonrisa ladina que mostraba entre picardía y maldad y claro la típica sonrisa que mostraban los Hiragi para ocultar sus verdaderas intenciones—. No hay necesidad de tanta violencia—continuó él caminando hacia Yu—. Yo me encargaré de este jovencito.
Yu se puso en posición alerta dispuesto a defenderse si era necesario, sin embargo Shinya fue más rápido que él y asestó un golpe en su estómago, un quejido escapó de los labios del más joven sintiendo como el aire escapaba de él, cayó de rodillas, tratando de respirar correctamente.
—Listo—dijo él, ensanchando su sonrisa—. Ya nos podemos ir, Kimizuki-kun, por favor, ayuda a Yu-kun para que nos vayamos todos.
Kimizuki asintió pasando su brazo por la espalda de Yuichiro y ayudándole a colocarse de pie, Yu aturdido accedió dejándose llevar por su amigo y compañero.
Yoichi se agachó de nuevo tomando a Shinoa de sus manos y ayudándola a colocarse de pie, ella aún no podía verlos a los ojos.
—Lo siento, Shinoa, sabes que tenemos que irnos, pero te estaremos esperando.
Ella asintió, sintiéndose incapaz de pronunciar palabra alguna, Yoichi apretó su hombro y emprendió su marcha siendo seguido por Sayuri—a quien alcanzo ver sus ojos llenos de preocupación—, Shigure, Juju y Goshi.
Mitsu les siguió deteniéndose a un lado de Shinoa.
—Disculpa, me vi obligados a llamarlos, lo siento.
Shinoa asintió y Mitsu mordió el interior de su mejilla, sentía una impotencia y se sentía culpable por haber llamado al Teniente Coronel, gracias a ello Shinoa estaría en problemas y ella no podía hacer más que seguir al resto y marcharse de ahí.
Shinya codeó el brazo de Guren, quien lo miró de reojo—. No te pases, eh— y sin más que decir se fue con los demás.
Shinoa sintió un escalofrío recorrerle todo su cuerpo al saberse sola con Guren Ichinose quien mantenía la cabeza alzada hacia el cielo tormentoso por varios segundos que a ella le parecieron horas, la lluvia había empeorado y ahora golpeaba su cuerpo sin piedad, apenas podía divisar los edificios y la poca iluminación que se cernía sobre el lugar, su cuerpo temblaba ligeramente quizás por el frío que hacía o por el miedo ante lo que Guren haría con ella.
— ¿De verdad es tan grande tu deseo de morir?
Preguntó él en un susurro deteniendo sus ojos lavanda en el pequeño cuerpo de Shinoa, ella simplemente se había abrazado a sí misma y su rostro lo había ocultado con los mechones sueltos de su cabello, Guren ya no sabía que pensar de ella, quería entenderla porque él también había pasado por una etapa oscura en la que pensó que no saldría de ella y sintiendo lo que probablemente Shinoa estaría sintiendo él trató de ayudarla, sin embargo ya no sabía que más podría hacer por ella.
— ¿Tan grande es tu deseo de morir que estabas dispuesta a ser devorada por un monstruo? ¿De una forma tan patética querías morir?
La vio encogerse en su puesto, su cuerpo temblaba y parecía que quería llorar, Guren jamás la había visto llorar, él nunca había visto una tan sola lágrima, ni siquiera cuando ella supo que Mahiru había muerto, ¿Podría ser acaso que Mahiru seguía pesando sobre ella? Shinoa nunca había demostrado sus sentimientos con nadie, incluso él podría jurar que ni con ella misma, quizás lo primero que necesitaba era desahogarse y soltar todo aquello que la mantenía hundida para poder salir a flote.
¿Por qué no lo pudo ver antes?
Quizás, si la hubiera consolado, aunque fuera un poco, Shinoa hubiese podido seguir adelante de una forma diferente a como lo había hecho.
— ¿Todo esto es por Mahiru?
Preguntó caminando hacia ella, Shinoa no contestó y esa fue suficiente respuesta para él.
—Shinoa, esto es por Mahiru, ¿No es así?—replicó, una vez estuvo a unos cuantos centímetros de distancia, ahí pudo notar como el rostro de la chica se desfiguraba mostrando dolor—. ¿Es por ella?
—No—susurró ella tan bajo que pensó Guren no la escucharía.
—Es por Mahiru, porque ella murió.
—Porque tú la mataste—acusó ella alzando su cabeza y mirándole con amenaza.
—El día que Mahiru murió, tu no lloraste—dijo él sin inmutarse ante la amenaza silenciosa de la chica—. Es más puedo asegurar que desde entonces tú no la has llorado, tienes todo eso acumulado por ocho años, y te está matando, es hora del soltarlo, quiero que llores Shinoa, eso es lo que quiero que hagas, ahora.
Los ojos de la chica mostraron confusión y sus brazos cayeron como peso muerto, Guren la miraba con seriedad sin un ápice de broma en su rostro.
—No tengo nada porqué llorar, Teniente Coronel.
—Lo tienes y mucho—apremió él—. Has reprimido ocho años de dolor que se pudrieron dentro de ti y por eso eres lo que ahora eres, no me digas que no tienes nada porqué llorar cuando esta vida de mierda no te ha sonreído.
—Quiero que entienda que yo…
— ¡Déjate de excusas, Shinoa!—gritó él, alejándose de ella y alzando sus brazos al cielo en un gesto lleno de desesperación, pasó su mano por sus mechones de cabello que se adherían a su rostro haciéndolos hacia atrás, luego alzó su dedo índice hacia ella—. Quiero que llores, Shinoa, llora porque tu hermana, la única persona que se preocupó por ti, fue asesinada por mí, si, ¡Por mí! ¡Yo la maté, Shinoa! Con esta espada—Guren desenvainó su espada negra y varios hilos de energía negativa escaparon de ella poniendo un poco más denso el ambiente—. La enterré en el cuerpo corrupto de ella y su cuerpo ennegreció y ¿Sabes que siguió?—gritó él alzando la espada negra frente a ella, Shinoa, como solía hacer cada vez que Guren la enfrentaba, huyó de su penetrante y oscura mirada y eso alimentó el fuego que bullía dentro de él—. Esta espada absorbió su cuerpo y de Mahiru no quedó absolutamente nada y ahora su demonio vive en mi corazón jodiendo mi existencia una y otra vez, siendo ese mi maldito castigo por haberme enamorado de ella.
Shinoa sintió como algo dentro de ella se agrietaba un poco más, por fin había descubierto como su hermana murió, asesinada de una manera cruel, desapareciendo hasta convertirse en nada, perdiendo su alma para siempre, desvaneciéndose en la nada, sus ojos ardieron, a pesar de todo lo que había hecho su hermana, ella había sido la única persona que había amado realmente, le dolía recordar el fatal destino de ella, quien tenía un futuro brillante entre sus manos.
—Y no sólo eso Shinoa, tienes muchos más motivos para llorar, porque tu hermana te abandonó el día que Kureto tomó tu cuello para matarte, mandando un simple mensaje diciendo que le daba igual lo que hacían con tu vida, ¿Lo recuerdas no? Yo recuerdo perfectamente tu mueca de dolor, esa que duró tan solo un minuto.
Shinoa quiso tapar sus oídos ante la realidad escupida por Guren, una pequeña lágrima escapó de su ojo derecho creando un camino ardiente sobre su mejilla, confundiéndose con la lluvia.
—Porque tu hermana, la que no estaba poseída, decidió sacar tu demonio e implantarlo en ella para salvarte, para que tu no tuvieras que vivir con más experimentaciones en tu cuerpo, para que tuvieras una vida normal, para que tú nunca más tuvieras que sufrir lo que ella tuvo que sufrir, llora, anda, llora porque Mahiru, la verdadera y la poseída, pensó en ti en todo momento.
Shinoa recordó…ella recordó todos esos fugaces momentos en los que ella convivió realmente con su hermana en donde logró mostrarse sincera y dulce, incluso cuando enloqueció siempre mantuvo contacto con ella contándole sus desaventuras con el Ichinose, Shi le había contado cuando hizo el contrato con ella que su hermana lo había sacado de su cuerpo para instalarlo en el propio de ella, pero ella no le pudo creer, no, hasta ahora que Guren soltaba las mismas palabras.
Y eso dolió, dolió mucho más, dolió porque Shinoa jamás pensó que Mahiru, la verdadera, se sacrificaría por ella, que había nacido como un reemplazo, como un objeto que no tenía más valor que el de intentar parecerse aunque fuera un poco más a su hermosísima hermana, un nudo se había formado en su garganta y ahora las lágrimas caían fluidamente sobre sus dos mejillas siendo borradas por la tormenta que acobijaba su cuerpo y el de Guren, Shinoa cerró sus ojos con fuerza queriendo de esa manera desaparecer de su mente esa desafortunada escena, queriendo desaparecer su cuerpo para que Guren nunca más la viera y la atacara con esas palabras que palpitaban en su corazón desde que supo de la muerte de su hermana.
—Porque tu hermana se sacrificó para mantenerte a salvo, llora, porque por nuestra culpa ella está muerta—soltó él, en un hilillo de voz, sintiéndose derrotado al soltar todo eso que le pasaba por todos esos años.
Shinoa abrió sus ojos desmesuradamente, aquello la había tomado por sorpresa, sus ojos exaltados chocaron contra las pupilas abatidas de Guren, encontrando en él ningún ápice de maldad, ninguna señal de lo que estaba diciendo lo decía para hacerla sentir mal, parecía que él estaba liberando una verdad que le pesaba, verdad que él no quería que ella supiera.
—No—susurró llevando una mano a su boca queriendo esconder los sollozos que estaban escapando de ella.
— ¡Sí!—gritó él, acercándose nuevamente a ella, Guren había perdido el control de sus pensamientos y de su lengua, desahogando todo lo que había cargado por ocho años, Guren se sentía en parte traicionado por esa niña, traicionado porque él había visto el sacrificio de Mahiru por ella, para que ella pudiera tener un mejor futuro, para que ella no enloqueciera, para que no perdiera su alma y sin embargo, ahí estaba ella, queriendo morirse—. ¡Por nuestra culpa, ella está muerta, Shinoa! ¡Tú también la mataste un poco! ¡Ella te quería tanto que decidió dejarse poseer por dos demonios y hacer todo lo que hizo para que a ti nada te pasara! ¡Para que pudieras vivir! Y ¡¿Así es como tú le quieres pagar?!
— ¡Cállate!—chilló ella entre sollozos e hipidos llevando esta vez sus dos manos a sus orejas queriendo de esa forma dejar de escuchar lo que Guren le estaba confesando—. ¡Eres un mentiroso! ¡Mientes! ¡Maldito mentiroso! ¡Deja ya de mentir!
—Yo jamás podría mentirte con algo así—murmuró agarrando sus brazos y separándolos de sus orejas—. Esa es la verdad, Shinoa y lo sabes desde el fondo de tu corazón, Mahiru si te quiso, sin embargo al haber permitido dos demonios dentro de ella, se cegó de poder y enloqueció y ante eso, ni tú ni yo podíamos hacer algo para salvarla.
Shinoa se dejó caer de rodillas al suelo, Guren la soltó y permitió que la chica llorara entre grandes hipidos y sollozos, la escuchó llorar como una niña pequeña que había perdido a sus padres o en ese caso a su hermana quien era su única figura materna, la vio llorar entre espasmos y respiraciones entrecortadas, la vio temblar y restregarse los ojos con frenesí, le escuchó la garganta desgarrándose por los chillidos que soltaba y él la dejó, dejó que ella soltara todo ese dolor que la venía esclavizando desde hacía ya ocho años, la dejó llorar a sus anchas para que ella misma pudiera encontrar el consuelo que tanto necesitaba.
La lluvia aumentó acompañada con el llanto ahora silencioso de Shinoa, Guren se agachó frente a ella, ya había pasado casi una hora desde que estaban bajo la lluvia y a pesar de tener demonios dentro de ellos, sabía que Shinoa podría enfermar por haber descuidado su cuerpo todos esos días que estuvo deprimida.
—Es hora de volver—susurró esperando alguna reacción de la chica, pero ella cubrió su rostro con las palmas de sus manos y continuó llorando, Guren suspiró imaginado que algo así pasaría, por lo que la sostuvo por sus brazos y la levanto ayudándola a que se pusiera de pie, Shinoa flaqueó, queriendo caer de nuevo al suelo, por lo que él la agarró de las caderas y la alzó dejándola caer sobre su hombro, bajó sus manos colocándolas sobre sus piernas logrando así un mejor soporte—. Te llevaré hasta tu cuarto, entonces.
Guren caminó con ella hasta donde su coche estaba estacionado, abrió la puerta trasera y la lanzó sin mucho cuidado sobre el asiento dejándola recostada, vio que su cuerpo aún se estremecía y pequeños hipidos aún salían de su boca.
Él entró al coche también y lo encendió, pensando que esa sería una noche larga.
Muy larga.
— ¿Dónde está tu cuarto, Shinoa?
Guren observó su pequeño cuerpo boca abajo desde el retrovisor del carro, durante todo el camino solo pudo escuchar los suaves sollozos de la chica acompañados por las pequeñas gotas de lluvia que chocaban contra el automóvil, al entrar a la capital, se dirigió al estacionamiento subterráneo del cuartel general en donde ya llevaba unos diez minutos parqueado, escuchando a Shinoa llorar.
—Shinoa, si no me vas a decir, entonces vete tu sola.
La chica no contestó y Guren sintió como su paciencia se empezaba a desvanecer, quiso volver a contar hasta diez, quedándose apenas en el tres cuando abrió la puerta del coche y salió de él.
—Si te quieres quedar aquí, quédate, no me importa—masculló, antes de cerrar la puerta con un portazo y alejarse de ahí a grandes zancadas.
Shinoa no lo escuchó, realmente llevaba sin escucharlo desde que explotó en ese llanto que le quemaba por dentro, sus manos apretaban ligeramente su cuello, queriendo desaparecer así el fuerte nudo que se había formado en su garganta, sus ojos no botaban más lágrimas, ardían mucho y los sentía muy pequeños, su nariz estaba constipada por lo que se le hacía muy difícil respirar debido a los hipidos que salían de su boca constantemente.
Al cabo de unos minutos escuchó la puerta trasera abrirse y los brazos de Guren agarrándola por los hombros, jalándola con delicadeza, hasta sacarla del automóvil, Shinoa dejó caer sus brazos y sus ojos volvieron a perderse en el suelo, huyendo de él.
—Vamos—dijo él, colocando su mano en su nuca apremiándola a caminar, Shinoa accedió, sintiéndose muy cansada para pelear contra él—. ¿Me dirás dónde está tu cuarto?
Ella no contestó y Guren no siguió insistiendo, sin soltarla la dirigió por el ascensor y una vez fuera, la dirigió hasta el complejo de apartamentos donde vivía él, Shinoa no dijo nada y se dejó llevar por él, Guren pensó que a lo mejor ella quería saber más sobre su hermana, por lo que vio otra oportunidad para cerrar el ciclo con ella y quizás para que ella pudiera salir delante de una buena vez.
Llegaron hasta su apartamento, Shinoa tenía cinco años de no pisar ese lugar que hasta se le hacía raro volver a entrar ahí, ¿Habría algo diferente en él? ¿Tendría más calidez o sería igual de frío como la primera vez que entró? La curiosidad volvió a nacer en ella, ella siempre tendría curiosidad de saber, de saber un poco más de él.
Guren abrió la puerta y el característico olor a él inundó sus fosas nasales, Guren la empujó con delicadeza obligándola a caminar un poco rápido, sin dejarle quitarse los zapatos o a apreciar aquel apartamento donde vivió unos cuantos meses.
Entraron al baño, Guren la sentó sobre la taza del baño y la miró fijamente, Shinoa, contuvo la respiración, sintió algo extraño dentro de ella, algo parecido a la vergüenza y un revoltijo en su vientre, nunca antes se había metido a un baño junto con un hombre y mucho menos con un hombre como Guren.
—Límpiate—ordenó él, rompiendo el contacto visual con ella, sacó una toalla de una repisa sobre la pared y se la dio—. No hagas ninguna estupidez, Shinoa.
Lanzándole una mirada de advertencia, Guren salió del pequeño baño cerrando la puerta con cuidado, Shinoa botó todo el aire dentro de ella, sentía sus mejillas arder y no sabía si era por el paso de sus lágrimas o por la vergüenza que había sentido segundos antes.
Se levantó de la taza del baño y se colocó frente al espejo, se impresionó al ver sus ojos hinchados y enrojecidos, su nariz también estaba roja y su ropa estaba manchada en sangre y lodo, Shinoa secó su cara y cuello con la toalla, se dirigió a la bañera y abrió la ducha, con cuidado se desvistió y una vez más sintió pena, era extraño, Shinoa se había bañado muchas veces ahí y nunca había sentido vergüenza, realmente que los años pesaban, y pesaba aún más saber que estaba desnuda en el apartamento de Guren Ichinose.
Miró de reojo la puerta, imaginando que Guren estaría ahí viéndola con esa mirada tan pesada que siempre ponía cuando se enojaba con ella, el revoltijo en su vientre aumentó y ella apartando esos extraños pensamientos entró a la ducha quitando los rastros de tierra sobre su cuerpo.
Se secó con la misma toalla que Guren le había dado y colocó su uniforme mojado sobre el lavabo y la taza del baño, Shinoa abrió los estantes del baño de Guren, encontrando una pequeña cesta llena de ropa de él, Shinoa tomó una camisa blanca que estaba encima y la llevó a su nariz aspirando el característico aroma de él combinado con un fuerte aroma a perfume, Shinoa pensó, ¿Qué cara pondría Guren si la miraba con su ropa?
"Es interesante, ¿No?, nunca había percibido ese tipo de pensamiento en ti, Shinoa, se siente bien, ¿No?, pensar esas cosas"
Shinoa sintió sus mejillas arder, la toalla cayó al suelo y ella lo vio como oportunidad de cubrir su cuerpo desnudo, se colocó la camisa y abotonó apresuradamente los botones, las mangas le quedaban grandes, y la camisa llegaba un poco más arriba de sus rodillas quedándole como un vestido, Shinoa peinó su cabello con sus dedos, tratando de desenredar su cabello, al ver fracasada su misión, recogió la toalla y la tendió e invadida por una extraña curiosidad, salió del baño.
Shinoa se detuvo en la puerta del baño, retrocedió y entró una vez más a este, sus impulsos una vez más le querían jugar feo y esa vez si podría arrepentirse por los actos que cometiera, sintió vergüenza al verse en el espejo con la camisa de su superior, su cabello goteaba mojando parte de su pecho y espalda, adhiriendo ese pedazo de tela en su piel, Shinoa sintió sus mejillas arder una vez más al darse cuenta de la gravedad del juego en el que se quería meter.
Apresurada y ahora con sus mejillas y orejas calientes tomó la ropa sobre el lavabo dejando caer en el proceso un bote de perfume rompiéndose al instante que tocó el suelo, los cristales se esparcieron por todo el piso y el líquido mojó sus pies.
— ¡Diablos!—masculló, observando hacia todos lados queriendo encontrar alguna salida posible antes de que Guren llegara a regañarla.
— ¡Shinoa!—gritó él y sus pasos hicieron eco en el fondo de ella, su corazón palpitó enloquecido y pudo escuchar la risa de Shi haciendo eco dentro de ella, Shinoa maldijo por lo bajo sintiendo como el pánico se apoderaba de ella—. ¡Te dije que no hicieras ninguna e…
Guren calló abruptamente y Shinoa sintió como su cara se calentaba por completo al notar como los ojos de su superior se abrían completamente en cuanto se detuvieron en ella, encontrando una turbación que ella nunca había visto en él, lo escuchó tragar duro a la vez que llevaba sus manos a su cabello y lo revolvía con una falsa calma.
Shinoa pensó muchas cosas, pero jamás imaginó esa reacción en él, ¿A caso le había parecido atractiva de esa manera?
Apartó de inmediato su rostro volteando a ver hacia una de las paredes, de reojo le pudo ver, llevaba solamente el pantalón de su uniforme, Shinoa tenía mucho tiempo sin verlo sin la camisa puesta, no se había percatado de lo mucho que había cambiado su cuerpo en estos cinco años.
—Mi ropa está muy mojada—susurró ella cruzándose de brazos aun sin atreverse a enfrentarlo, se sentía muy nerviosa y Guren había vuelto a fijar su fuerte mirada en ella por lo que se sintió en la necesidad de explicar su atrevimiento.
Guren aclaró su garganta y Shinoa una vez más pensó que él nunca se había puesto de esa forma en otras situaciones.
—Le pediré ropa a Shigure—murmulló.
Shinoa asintió con un movimiento de cabeza y él no dijo nada más, dio la vuelta y a pasos apresurados salió del apartamento, sintiendo por primera vez la necesidad de respirar aire puro.
Shinoa botó todo el aire que se había acumulado en sus pulmones cuando escuchó la puerta principal cerrarse, saberse sola le produjo cierto alivio, su corazón había dejado de palpitar enloquecido y la sensación en su vientre había desaparecido, más calmada, dejó su ropa sobre el lavabo, tomó la toalla que había dejado caer y con ella recogió los cristales visibles que se habían regado por el suelo, tirándolos en el basurero, secó también lo poco que quedaba de la fragancia de Guren.
Quizás cuando Guren cayera en cuenta de su perfume—seguramente carísimo—roto, enloquecería de enojo y la castigaría, Shinoa sintió otro revoltijo, esta vez en su estómago y Shi volvió a reír dentro de ella.
"¿Quieres que Guren te castigue, Shinoa? Dime, ¿Cómo quieres que lo haga? Yo te puedo dar muchas ideas, muy buenas ideas"
Shinoa sintió calor y sus mejillas una vez más ardieron, negó con su cabeza con movimientos frenéticos y pequeños quejidos irritantes a la vez que callaba a su demonio con varios insultos, se enderezó y dejó la toalla sobre el lavabo, con cuidado salió del baño, evitando que sus pies pisaran algún pequeño cristal.
Caminó hasta sentarse en el sillón que le había servido por cama por varios meses en el pasado, observó a detalle aquel pequeño apartamento el cual no había cambiado en nada, todo seguía tan pulcro como recordaba, no había ningún adorno y seguía conservando su olor característico, ese que le recordaba tanto a Guren.
Shinoa volvió a sentirse extraña al recordarlo, su mente no dejaba de recordarle sus ojos llenos de turbación cuando la miraron minutos atrás, Guren era muy bueno ocultando sus sentimientos hacia los demás, pero siempre que algo lo tomaba por sorpresa lograba desequilibrarse un poco, y al parecer ella había logrado descolocarlo y no por un segundo o un poco, Guren la había visto mucho, sus ojos purpuras la habían escrutado por mucho tiempo de una manera diferente, como nunca antes la habían visto.
Y eso lograba descolocarla aún más a ella, Shinoa jamás había sentido su cuerpo tan caliente y tampoco tantas sensaciones enredadas dentro de ella, causándole muchos nervios, una extraña emoción y mucha curiosidad, curiosidad por descubrir esa faceta de la cual a ella le gustaba hablar mucho pero que jamás había practicado.
Shinoa observó la puerta abierta de la habitación del Teniente Coronel, recordó como en el pasado ella se metía a esa habitación y dormía ahí muchas veces sola y otras veces con él, Shinoa mordió su labio inferior, en el pasado, nunca había visto malo compartir lecho con él, apenas era una niña de diez años y Guren de diecinueve, era absurdo siquiera pensar en esa posibilidad, pero ahora, ella ya tenía quince años y su cuerpo se estaba formando con curvas de mujer, ¿Qué tan malo sería dormir en la misma cama con él?
Se levantó del sillón y motivada por esa insana curiosidad adherida a ella entró a la habitación de Guren, dentro, aspiró con más fuerza el aroma de él, el cual a ella empezaba a gustarle, caminó despacio viendo a detalle la habitación que tampoco había cambiado, todo estaba en orden excepto por el uniforme de él, el cual estaba sobre la cama, Shinoa se acercó hasta la cama y con su mano tocó el colchón, nuevamente sus mejillas ardieron pensándose en esa cama junto con el Teniente Coronel, inundada por un sentimiento atrevido movió las almohadas y apartó el edredón que cubría la misma, se sentó sobre el suave colchón, subió sus piernas desnudas y las cubrió con el edredón, sus mejillas seguían ardiendo y su corazón volvió a bombardear con fuerza, llevó su mano hasta su cuello en donde quiso apartar la tela que le cubría, estaba nerviosa y a la vez sentía un poco de remordimiento por estar metida en un lugar que no le pertenecía.
¿A caso Mahiru lloraría por verla en esa cama? No, seguramente se enojaría tanto que la mataría, su hermana la mataría por profanar sus pensamientos con su amante, Shinoa volvió a sentir un nudo en la garganta al recordarla, recogió sus rodillas y las llevo a su pecho y las abrazó con sus piernas, por varios minutos Guren le había hecho olvidar el motivo por el cual ella se quebró, su hermana, Mahiru, a quien no solo había enloquecido por haber absorbido a Shi, sino que ahora la había traicionado con sus pensamientos sexuales hacia el hombre que ella amó.
Sus ojos se cristalizaron una vez más, Mahiru seguía siendo su sombra, su peso en su espalda era grande y le impedía ver con claridad su vida, Mahiru había sido la única persona que ella había amado y fue la primer persona que había roto su corazón cuando ella apenas tenía ocho años de edad, Shi le había dicho que Mahiru se había sacrificado por ella al absorberlo, pero ella no le creyó, pensó que Shi quería jugar inicialmente con ella pero que Guren le hubiese dicho las mismas palabras que su demonio, le hizo ver una realidad que resultaba más dolorosa que sus pensamientos oscuros.
¿De verdad ella había contribuido a que Mahiru muriera? ¿De verdad ella había matado un poco a su hermana?
Mahiru rondó por su mente, Shinoa la recordaba claramente, su belleza espectacular, su refinada sonrisa, su máscara de frialdad y ese toque dulce que pocas veces solía usar con ella, pero que apreciaba desde el fondo de su corazón, cuando estaba más pequeña Shinoa quiso ver a su hermana como la madre que nunca tuvo, con el paso de los años, se dio cuenta que sus sueños infantiles sobre su hermana como madre quedarían simplemente como eso, solo sueños, a muy corta edad, se le había enseñado cuál sería su destino en ese mundo, el cual no era otro más que servir como un reemplazo por si Mahiru llegase a morir.
Era una lástima que al morir, ella sería relegada por la familia Hiragi, siendo desechada como si se tratase de basura, siendo ese el único destino que tendría en su vida, el cual muchas veces agradecía, pues no tenía que soportar las absurdas imposiciones de la familia Hiragi.
—Shinoa…
Ella respingó, por un segundo había olvidado donde se encontraba y quien era la persona que le hablaba, se mantuvo en su posición, su cabeza sobre sus rodillas y sus brazos alrededor de sus piernas, su cuerpo estaba rígido y su estómago se sentía raro.
Guren la observó desde el marco de la puerta, había salido hace quince minutos tratando de respirar como una persona normal, cuando la vio en el baño, con su cabello mojado, liso y su rostro afligido pudo ver por un segundo a Mahiru en ella, luego, al fijarse en la camisa que ella llevaba puesta y como su cabello mojado se había transparentado en sus pechos algo dentro de él explotó alejando la imagen de Mahiru y reconociendo como el cuerpo de Shinoa había cambiado en tan poco tiempo, comenzando a verse diferente, desarrollándose en esas partes que tanto atraía a un hombre.
Y ahora, al verla ahí, sobre su cama en esa posición tan incómoda le hizo recordar el motivo por el cual la tenía ahí.
—No quería que cargaras con algo tan pesado como eso—dijo él viendo como Shinoa se removía desde su posición, alzando su cabeza y viéndole con sus ojos cafés, hinchados y ahora rojizos por su llanto, Guren la encontró más guapa que antes, con su cabello aun mojado y usando solo su camisa, el saber que solo esa prenda cubría su desnudez provocaba pensamientos que él jamás había tenido con ella y eso le hacía sentirse un poco en desventaja.
—Cuando hice el contrato con Shi, algo así me había mencionado—susurró ella con timidez, llevando sus ojos a la sabana que cubría sus piernas, incapaz de verlo, como siempre solía pasar—. Pero yo no le quise creer, supongo que sólo quería buscar al malvado villano de mi vida.
Guren no dijo nada y ella tampoco fue capaz de pronunciar palabra alguna, ambos guardaron silencio por varios minutos, incapaces de pronunciar algo más, Shinoa sentía como su garganta volvía arder, como queriendo deshacer todo el daño que su cuerpo había recibido por ocho años, daño que ella misma cultivó con su auto desprecio.
—Tienes razón—soltó ella volviendo a hablarle de tu, como solía hacer en el pasado—. Todo esto es por ella, es como un fantasma, que me persigue, me asecha y quiere destruirme, supongo que tú lo sabes, la tienes dentro—soltó eso último con un poco de desprecio.
—No es la verdadera Mahiru, su alma, esa no está conmigo, es su demonio que vive en mí, ese que la devoró, el mismo que permitió ser devorado por mi espada, ese es el que me atormenta a mí, claro que me atormenta, porque no pude salvarla, a ella, a la verdadera.
Guren mordió su lengua tras haber soltado esas palabras que pertenecían a él y a nadie más, no entendía el porqué de su atrevimiento, pero sentía la necesidad de sincerarse con ella, quizás por todo lo que ella había sufrido en su vida o quizás por la situación en la que se encontraba ahí o por el simple hecho de que ambos no podían desaparecer el fantasma de Mahiru Hiragi en sus vidas y como éste había destrozado toda la estabilidad en ellos.
—Su demonio también me atormenta a mí, lo único que puedo recordar es a ella poseída diciéndole a mi hermano que no le importaba mi vida, no puedo olvidarlo, por más que lo intento, no puedo olvidar eso.
—Ella te quería Shinoa, intentó protegerte, aun estando poseída veló por tu futuro, para que sobrevivieras al apocalipsis.
— ¿Con cuál objetivo, Guren? ¿Para protegerme a mí o a sus intereses?—apremió ella volteándole a ver de manera amenazante, Guren no se inmutó ante ello, quizás esperaba que la chica saliera con algo así, por lo que Shinoa quiso continuar—. ¿A caso mi hermana sabía lo que sucede con Yu?
Guren guardó silencio, sin saber realmente que decir, Mahiru fue la que le había dado la lista de los niños, si no hubiese sido por ella, quizás él nunca se hubiese dado cuenta.
— ¿Guren?—exigió ella, alzando un poco su tono de voz, lo vio encogerse de hombros y Shinoa intuyó que su respuesta sería mala.
—Sí.
Shinoa sintió como algo se rompía dentro de ella, escuchar eso le había caído como un balde de agua fría, su hermana quizás había practicado activamente en los experimentos de Yu y muy probablemente de ese vampiro que dice ser familiar de él, pero ¿Con que objetivo? ¿Qué pretendían ellos con su amigo y directamente con ella? Todo eso provocaba más dolor a su corazón, el saber los límites de maldad de su hermana.
—Ella no participó en los experimentos, Shinoa—dijo él, adivinando sus pensamientos—. Fue la secta Hyakuya, ella simplemente lo sabía y quiso usarlo a su favor.
— ¿Me dirás por qué tienes a Yu reclutado? ¿Qué quieres hacer con él?
—Porque lo estoy usando para llegar a mis objetivos, Shinoa, eso él lo sabe y está de acuerdo con ello pues él también me usa para poder derrotar a los vampiros que mataron a su familia, es algo mutuo.
— ¿Me dirás cuáles son tus objetivos?
—No.
Shinoa mordió su labio inferior, ella quería más información pero sabía que intentarlo con su superior sería perder el tiempo y quizás su paciencia, además, nunca había llegado tan lejos, nunca antes había obtenido tanta información de su superior, no podía arruinarlo, no ahora que estaba un poco más cerca de saber la verdad.
—Tú no eras parte de los planes de Mahiru—continuó él, queriendo de una forma, recompensar lo que había hecho horas atrás—. No es mentira que ella se sacrificó para que a ti no te pasara nada, Mahiru poseída, fue mala, sin embargo siempre estuvo encima de ti.
—Entiendo, no tienes porqué repetirlo—susurró ella, mordiendo su labio inferior, esas palabras causaban una revolución dentro de su ser, una maraña de pensamientos que ella no sabía cómo controlar.
—Porque pareciera que no entiendes.
—Lo entiendo, lo entiendo ahora y siento extraño, saber que si hubo más sentimientos en ella que el amor obsesivo por ti.
Guren apretó sus labios, indispuesto a responder esa declaración que aún causaba estremecimientos en su cuerpo, él era incapaz de tocar ese lado, esa frágil fibra dentro de su ser, esa que una vez estuvo igual de obsesionado que su ex amante, hablar del amor que ella le tuvo a él o viceversa le provocaba nervios, ansiedad y muchas ganas de vomitar.
—Tienes que cerrar el ciclo y reconciliarte con el pasado—di él en cambio, evitando de esa manera hablar de sus sentimientos o los de ella—. Ahora sabes la verdad y puedes borrar esa energía negativa dentro de ti.
—Es difícil, ¿Sabes? Borrar un pensamiento que se cultivó por ocho años en un abrir y cerrar de ojos, no es fácil.
—Pero no es imposible, ahora tienes amigos que se preocupan por ti, ellos pueden ser tu apoyo si tú realmente te dejas.
— ¿Por eso quieres que me enamore de Yu?
—Yo no quiero que te enamores de él, eres tú la que se sonroja cuando hablas de él.
—Porque tu implantaste esa idea en mi cabeza.
Guren calló una vez más, no era mentira que él había implantado eso en ella, pues por un segundo había sentido celos al ver como sus subordinados podían relacionarse de una forma que él siempre deseó relacionarse con Mahiru, esa molestia siguió picándole por dentro y muchas veces quiso separarlos, solo por el mero placer de verlos enojarse y también para que Shinoa volviera a depender de él, siempre que ese pensamiento venía a su mente él trataba de desaparecerlo, pues le causaba gracia esas ideas tan egoístas e infantiles, pero estando ahí tan cerca de ella y viéndola tan vulnerable, ese deseo volvió a él, ese que le pedía ser el único del cual ella dependiera.
—Todo esto comenzó porque Shi quería más poder—dijo Shinoa ante el incómodo silencio que se había formado, recordando la primera vez que ella intentó suicidarse y como Shi había ayudado a que ella acelerara el proceso—. Demandaba más de lo que yo quería darle, yo ya tenía la idea de querer suicidarme cuando mi hermana murió, Shi, enojado la nutrió queriéndome castigar por no darle el poder que él necesitaba, Shi todavía me reclama y sigue enojándose conmigo porque quiere más poder y yo intentó pero no puedo saciarlo por completo, no puedo mejorar mis poderes ni mejorarlo a él.
Shinoa calló sintiendo sus mejillas arder una vez más, avergonzada por confesar todo eso, Guren se dedicó a observarla en silencio, los pensamientos volvieron a él, esos que iban dirigidos al cuerpo de Shinoa y su camisa sobre él, se despegó del marco de la puerta y caminó unos cuantos pasos hasta acercarse a la cama, Shinoa no le miraba pero podía notar como todo su cuerpo se había tensado y sus manos apretaban con fuerza la cobija que le protegía, Guren pudo sentir sus nervios y su agitación al tenerlo cerca y eso le hizo acelerar su pulso.
—Hay otras formas—soltó él a la vez que metía sus manos en los bolsillos de su pantalón queriendo mostrar una actitud relajada—. De hacer más fuerte a tu demonio, ¿Sabes cuál es?
Shinoa le miró fijamente, captando toda su atención, ella había escuchado muchas cosas de cómo hacer fuerte a su demonio, unas eran un tanto extrañas y nadie de los de su generación se atrevía a hablarlo, Shi le había susurrado unas cosas que habían despertado su imaginación pero jamás había llegado a ese punto en el que ahora se encontraba.
Guren le sostuvo la mirada, observando sus pupilas cafés muy parecidas a las de Mahiru, su pequeña nariz y su boca ligeramente abierta que parecía querer hacerle una invitación silenciosa, continuó con su escrute pasando por su fino cuello, perdiéndose entre su camisa blanca que le quedaba algo grande a ella e imaginando que tan malo sería ver el cuerpo desnudo de ella.
¿Qué tan malo sería?
¿Qué tan malo sería tocarla?
¿Qué tan malo sería someterla y poseerla por lo menos esa noche?
Él quería, quería tocarla y sentirla suya, a ella, a esa niña que le miraba con esos ojos ardientes como los mismos suyos, quería hacerlo, traspasar esa línea prohibida entre ellos y pecar bebiéndose su cuerpo entero, un fuerte deseo se había apoderado de él y el saber lo realmente prohibido que era entre ellos, le provocaba más pensamientos impuros.
Se sentó sobre la orilla de la cama a una distancia prudencial de donde se encontraba ella, quien se había encogido más en su puesto y sus mejillas parecían querer agarrar una tonalidad roja.
—Con el deseo sexual—dijo él en voz ronca-. Tu demonio puede ser más fuerte.
Shinoa sintió como algo dentro de ella brincaba, su cuerpo entero se estremeció al escuchar aquello y sintió como Shi gozaba dentro de ella, su entrepierna palpitaba y sentía algo húmedo escurrirse ahí, su corazón se agitó y sus mejillas ardieron con fuerza, ¿A caso eso era lo que ella creía? Shinoa se apretó contra el respaldar de la cama, totalmente abochornada y con su cuerpo enloqueciendo.
Guren disfrutó ese momento, sabía el efecto que provocaba en las mujeres, sabía usar el tono de voz y las palabras correctas para tener a una mujer a su placer y con ella, tan inexperta, había resultado mucho más fácil, sentía que si la tocaba con un dedo ella explotaría y eso provocaba más deseo, estiró su mano en un impulso atrevido, rozando la mejilla ardiente de la chica, acariciándola vagamente, Guren se perdió en sus ojos cafés, esos que le recordaban tanto a Mahiru.
Lo estás disfrutando ¿No es así?, Estas disfrutando el sucio pensamiento de cogerte a mi pequeña hermana, Ohh, ¿Qué crees que pensaría la Mahiru que se perdió? Esa que te hablaba cuando estaba dormida para que la salvaras, eres tan sucio, Guren, y ¿Sabes qué? Yo también disfruto eso, ese morbo, lo disfruto tanto, continúa, hazlo, tómala, cógetela y luego vive con la culpa, aliméntame con esa culpa, esa que tanto me gusta beber de ti…
— ¿A quién estás acariciando? ¿A mí o a Mahiru?
Apremió Shinoa, sacándole por completo de la ensoñación en la que lo tenía sometido su demonio, la escuchó carcajear por dentro y en un solo pensamiento le ordenó que se callara, desapareciendo por completo esa molesta voz, su mano, esa que tocaba la piel prohibida de su subordinada ardió, pero él fue incapaz de romper el suave e íntimo contacto, se perdió una vez más en sus ojos, esos que le miraban con reproche.
—Te estoy tocando a ti.
—Eres un mentiroso—soltó Shinoa, formando un puchero en sus labios, Guren pensó si lo había hecho inconsciente o con toda la intención—. Tus ojos se ven confusos, ¿Quiere encontrar a Mahiru en mí, Teniente Coronel?—preguntó, esta vez frunciendo el ceño con sus ojos entrecerrados y sus labios apretados.
Guren movió sus dedos, delineando su labio inferior, ella respingó ante ese contacto, abriendo su boca ligeramente, humedeciendo en el proceso su dedo índice, era difícil encontrar a Mahiru en ella, Mahiru jamás hubiera reaccionado de esa forma.
—Es difícil encontrar a Mahiru en ti, tú eres más pura.
Shinoa no esperó esa respuesta tan romántica de parte de él, su corazón inesperadamente se había acelerado y bombardeaba con fuerza contra su pecho, sin embargo no podía entender si lo que había soltado el hombre era bueno o no, y eso solo la provocaba más, como un reto silencioso a ser ese tipo de chica como lo fue Mahiru, al menos en ese ámbito.
— ¿Entonces me quiere corromper, Teniente Coronel?—soltó ella en un tono sugestivo y pudo ver una vez más la turbación en sus ojos para luego adquirir un brillo que ella jamás había visto en él, Shinoa entró en pánico y carraspeó un par de veces, pensando en cómo solucionar lo que su boca había soltado —. Lamento informarte que todos estamos manchados por nuestros demonios—dijo ella tratando de ocultar de esa forma la sugestión que había soltado—. La pureza ya no existe.
Guren rió y su aliento chocó contra los labios de Shinoa, la sintió estremecerse entre sus manos y ese sutil movimiento provocó el mismo estremecimiento en su cuerpo adulto, sus dedos delinearon su mentón bajando hasta tocar su fino cuello, se deslizaron hasta enredarse en los cabellos que tocaban su nuca y una pequeña exclamación escapó de su boca, sintió todo su cuerpo arder y el deseo quemarle por dentro, quería sentir más, quería probar, quería probarlo todo de ella, sus labios, su piel, su humedad, tenía tanto deseo y saber lo prohibida que era ella para él, le enloquecía y le invitaba a continuar y rozar esos límites que él no podía tocar.
—Gu…ren..yo…
Él la observó, sus ojos se habían cerrado firmemente y su boca seguía abierta haciéndole esa silenciosa invitación que él tanto esperaba, su mano libre tocó su mejilla izquierda, una vez más la sintió estremecerse y él no lo pudo resistir, sus labios cubrieron los de ella y su propio cuerpo se sacudió por dentro al haber probado del fruto prohibido.
Shinoa suspiró contra su boca y él movió sus labios, iniciando el beso, rozando con su lengua su labio inferior, ella le respondió tratando de seguir su ritmo demandante, abriendo su boca justo como había leído en alguna novela rosa escondida bajo el colchón de Mitsuba, la lengua de Guren tocó la punta de la suya sintiendo un inmenso placer ante el suave movimiento que provocaba dentro de ella, sus manos temblorosas tocaron el cuello del hombre quedándose prendidas ahí, la mano de Guren que se había perdido en su nuca la atrajo más a él, alzándola un poco e intensificando de esa manera el beso, perdiéndose ambos en el otro, disfrutando del suave sonido que emitían sus bocas juntas y la placentera sensación de sus lenguas enredándose en una fina y sensual danza.
Se sentía tan bien.
Guren la besaba con ahínco, la besaba y la sostenía contra él, demandante, y ella se perdía en ese mar de sensaciones, sus manos se aferraron más a su cuello, tratando de pegarse un poquito más a él, tratando de sentir más de él, tratando de sentir más, más de esa placentera sensación que le provocaba un cosquilleo en todo su cuerpo concentrándose en su sexo húmedo, quería quitarse el edredón que tenía encima y envolverlo con sus piernas, sentir el contacto directo de su piel contra su zona sensible, rozarse contra él justo así como había leído, ella quería más, quería mucho más…
—Vaya—soltó una voz risueña que ambos conocían bien—. Entonces, así es como el Teniente Coronel castiga a sus subordinadas, que interesante.
Shinoa perdió el aliento, sus labios habían dejado de moverse y sintió la misma rigidez en los labios de Guren, escuchó la suave risa de su hermano Shinya y los nervios la paralizaron, Guren rompió el beso, Shinoa lo vio con sus ojos agrandados y su pulso acelerado, él también sonreía y había apoyado sus codos sobre el colchón, quedando semi recostado sin borrar esa sonrisa cargada de cinismo, ella en cambio cubrió su rostro con las palmas de sus manos, incapaz de enfrentar a Shinya.
—Vaya—dijo a su vez Guren—. Y yo no sabía que te gustaba mirar.
Shinya, quien estaba apoyado sobre el marco de la puerta, cruzado de brazos y mostrando en su rostro la perfecta sonrisa que los Hiragi se habían encargado de enseñarle, alzó sus hombros mostrando poco interés a la acusación de Guren.
—Es un fetiche—dijo él en un susurro arrastrado observando a Shinoa quien mantenía su rostro cubierto por sus manos.
— ¿A qué has venido Shinya?—demandó Guren en voz calma.
—Quería saber de Shinoa, si estaba bien.
—Pues está bien, puedes irte ya, y si puedes cierra con llave.
— ¿Irme?—demandó, alzando una ceja—. ¿Y perderme de la fiesta?
Shinoa evitó soltar un chillido queriendo de esa forma pasar desapercibida, podía reconocer ese tono de voz en su hermano, era ese mismo que ella usaba cuando estaba molesta y lo disfrazaba con humor sin sentido, ese que ellos habían aprendido de Mahiru y de Kureto.
—No te estás perdiendo de nada, porque no estás invitado, no es así, ¿Shinoa?
Shinoa se encogió en su puesto, tiritando por la cólera y la vergüenza que estaba pasando, estiró su pierna y pateó a Guren, no se molestó por ver su reacción, volteó su cabeza hacia la ventana, lejos de la mirada de Shinya o al menos eso quiso pensar.
—Mmm… ¿No tienes esa extraña sensación de Deja vu?—indagó Shinya llevando su dedo índice a su mentón.
—Lo que yo tengo es una extraña sensación de molestia—respondió a su vez Guren.
— ¿Molestia?
—Sí, molestia de que vengas a interrumpirme cuando claramente estoy ocupado.
— ¡Oh, mi culpa!—dijo el hombre en tono dramático llevando su mano a su pecho—. Lamento mucho haber interrumpido tu festín.
—Ya que lo lamentas, te puedes marchar, ya sabes, ponle llave a la puerta.
—No te preocupes, me marcho—dijo el hombre sin cambiar su suave y falsa sonrisa—. Pero me llevaré a Shinoa, ya es tarde, puede meterse en problemas si no está en su habitación.
Guren no dijo nada, entreviendo la sutil amenaza en la voz de su amigo, en cambio dirigió sus ojos pintados en cinismo en Shinoa quien mantenía su rostro enrojecido hacia la ventana, como queriendo escapar del escrute de ambos, a él, le causó un tanto de gracia verla tan avergonzada por lo que había disfrutado hacer minutos antes.
Estiró su mano y tocó su rodilla, Shinoa respingó al instante y un chillido escapó de su boca, rápido cubrió su cuerpo con el edredón y le lanzó una mirada imperiosa y algo abrumada, no tardó en adivinar que se trataba por la manera en que estaba vestida y la presencia de Shinya, Guren soltó un suspiro cansado, esa noche sería difícil de olvidar.
—Bien—dijo él, levantándose de la cama—. Deja que Shinoa se arregle—salió de la habitación, seguido por Shinya, quien tomó asiento en el mueble pequeño, Guren rascó su cabeza tratando de recordar donde había puesto la pijama que Shigure le había dado antes de regresar al apartamento, recordó como la chica se había puesto insistente en querer ir con él y como él con todo el descaro se lo prohibió.
Recordó que la había dejado en una mesa cerca de la entrada, arrastrando sus pies recogió las prendas y las llevo a su habitación, todo bajo la atenta mirada de Shinya, dentro, lanzó la ropa a la cama, Shinoa no lo volteó a ver y él prefirió que fuese así.
Shinya sonrió, moviendo sus labios de lado marcando una sonrisa divertida y amable, Shinoa lo miró desde abajo, tratando de sonreír también, llevaban al menos veinte minutos en un incómodo silencio, todo lo que recorrieron desde el complejo de apartamentos donde vivía Guren hasta su edificio, en donde se habían detenido en la entrada, envueltos aún en ese silencio incómodo.
Estaba nerviosa, su estómago estaba revuelto y sus piernas temblaban, su hermano, se veía tan tranquilo que se le hacía algo sospechoso, ella no había tenido una buena relación con sus hermanos Kureto y Seishiro, gracias a Mahiru había logrado mantener una relación estable con Shinya y sin embargo lo veía muy pocas veces, cuando fue relegada por la familia Hiragi, Shinya había sido el único que peleó por ella y a pesar de lo que hizo por ella, fueron muy pocas las veces en las que ella pudo compartir tiempo con él.
Por lo que a Shinoa se le hacía muy difícil identificar lo que sentía él en esos momentos, le vio relajar su cuerpo y ella automáticamente hizo lo mismo, él alzó su mano y la colocó sobre su cabeza ocasionando que su cuerpo volviera a ponerse rígido, Shinya soltó una suave carcajada y revolvió su cabello cariñosamente.
—Shinoa—dijo en un suave susurro—. No hagas cosas de las que después te vas a arrepentir.
— ¡Shinoa!
Shinoa contuvo el aliento, aliviada al reconocer la voz de Mitsuba desde la entrada del edificio, Shinya rompió el contacto con ella y ambos voltearon hacia atrás, Mitsuba bajaba las gradas que la separaba de ella, su rostro mostraba aflicción parecía que en un minuto empezaría a llorar.
— ¡Shinoa! ¡Estás bien!—exclamó la pelirrubia abalanzándose hacia ella—. ¡Todos estábamos preocupados por ti! Me costó mucho convencerlos de que fueran a sus cuartos, están muy preocupados por ti.
—Bueno, Shinoa está salva y sana—dijo Shinya con alegría—. Ahora ustedes dos deben de entrar a sus habitaciones antes de que reciban un demerito.
Shinoa suspiró, soltando todo el aliento que minutos atrás había retenido, escuchó a Mitsuba afirmar ante la orden de su hermano a la vez que la tomaba de la muñeca y la jalaba hacia el edificio.
Shinoa se relajó, al menos esa noche no tendría que enfrentarlos, ni a Shinya ni mucho menos a Guren…
Holaa, lamento mucho la tardanza, no habia tenido tiempo de sentarme y editar el fic, de todo corazón espero que les haya gustado, la verdad no se me hizo dificil escribir este capitulo pero si tengo que admitir que tarde un año en decidirme hacer una historia sobre ellos porque no encontraba una situación creible entre ellos dos, hasta que mi cerebro hizo click xD
Muchas gracias a:
Greykushiro: Hola, muchas gracias por haberme dejado RR, sabes tienes tus mensajes desahibilitados por lo que no puedo escribirte, tal vez los activas para poderte contestar directamente por ahí. Muchisimas gracias por tu comentario me halaga mucho, espero que disfrutes este ultimo capitulo.
Nana: Muchas gracias por tu RR linda, me alegra que te guste el fic y bueno no los pude poner de una forma romantica sino sexual pero no quita que en un futuro ellos puedan enamorarse.
