21.2. Perfección

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Año 2014

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"Hien Li, es el hombre que cambiara esta ciudad."

—Oh, que agradables encabezados el día de hoy—sonrió con autosuficiencia mientras bebía de su café humeante.

—Claro que si querido, solo la verdad, eres un hombre maravilloso—susurró la mujer de ojos cafés a su lado izquierdo mientras comía una rebanada delgada de melón junto con su pan tostado negro con queso cottage—o… ¿no lo crees Shaoran? —dirigió su sonrisa al joven que estaba frente a ella.

El susodicho alzo su vista de su desayuno que consistía de huevos revueltos con tocino para observar a la mujer.

—Claro, Nakuru tiene razón, padre—giró su cabeza a su padre que solo leía el Tokio news—. Pero no se podría pedir más de ti, solo pensando en el bienestar de la ciudad—siguió con su desayuno.

—¿No se te hace tarde? Sabes que tienes que ser puntual.

—Falta media hora para la primera clase, creo alcanzar…

Pero se detuvo cuando el dueño de la casa doblaba con cuidado el periódico y lo dejaba enseguida de su platillo mientras miraba fijamente a su hijo.

—Ningún hombre que sea respetado en esta familia puede ser impuntual, siempre tiene que ser el primero en llegar, tienes que tan siquiera aparentar ser parte de esta familia.

Ofendido, Shaoran se levantó de la mesa con rapidez mientras comenzaba a dirigirse a la salida del comedor, ya se estaba ahogando en esas cuatro paredes.

—Shaoran, que mal educado, ¿no te despides de tu mami?—dijo con delicadeza la mujer de cabellos violetas que no pasaba de los treinta y cinco años.

Giró y se dirigió hacia ella, sonrió con sorna y le dio un beso en la mejilla susurrando:

—No eres mi madre.

Ella lo detuvo para regresarle el beso mientras acaricia su mejilla.

—Y espero que no me consideres como tal—susurró con picardía en su voz.

Él se alejó con seriedad, fue hacia la salida con rapidez porque estar con esos engatusadores lo asqueaba. Detestaba que su padre hubiera escogido a esa mujer 15 años más joven que él, pero sonrió, porque eso solo aseguraba el éxito de sus planes.

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Abrió la puerta del salón y este estaba vació, claro que era comprensible al faltar treinta minutos para que comenzara la clase. Se dirigió a su asiento habitual, al centro, donde podía ver correctamente el pizarrón pero no estaba en frente incomodando a los demás.

Suspiró claramente, mientras sacaba un cuaderno en donde revisaba sus notas de la clase pasada, siempre se ponía estudiar si no había nadie, tenía que hacerlo para poder conseguir lo que más deseaba en el mundo.

Pero cada vez que se concentraba un cabello se salía de su oreja y eso la molestaba porque la distraía con una facilidad sorprendente. Harta de eso, se hizo un moño desordenado y busco un palillo que estaba segura había puesto en su bolso. Frustrada se dio cuenta que se había olvidado de su lapicera en la mesita de café de su casa a lo que gruño.

Se sobresaltó porque alguien había abierto la puerta, aunque solo era Li, uno de sus compañeros de clase, venía tan concentrado escuchando música en su celular que ni siquiera la vio o aparento no verla, él se dirigía hacia un lugar en la esquina.

Sin saber qué hacer, pues tenía que estudiar y no podía con su cabello, decidió pedir una pluma al único acompañante que tenía. Nunca hablaba con él porque era un joven muy serio y reservado, además era uno de los que mejores notas tenía y se comparaban a las de ella, había una pequeña rivalidad que sentía con él.

Nunca lo veía estudiando ni prestando tanta atención en clases como ella y siempre salía bien en los exámenes.

¿Acaso haría alguna trampa?

Negó con la cabeza, siendo hijo del gobernador de Tomoeda era imposible que llegara hacer algo así, de hecho, lo llegaría a admirar solo un poco, solo que algo en él la hacía sentirse desconfiada.

Carraspeo y menciono su apellido para llamar su atención, pero él estaba recargado en su asiento con ambas manos en la nuca y los ojos cerrados. Torciendo un poco los labios, se levantó de su asiento y se dirigió hacia él, lo llamo otra vez pero él ni se inmutaba.

Decidida toco su hombro con la punta de su uña pero no se movía ¿se habría quedado dormido?

Entonces, agarro su hombro con la mano y lo zarandeo un poco. Pero él no se despertaba, dejo reposar su mano y lo toco sorprendida.

¡Dios, acaso alguien podía tener un hombro tan duro y firme!

Sin darse cuenta, él agarro su muñeca y la acerco a él, ella solo se quedó asombrada porque estaba muy cerca de sus ojos que la miraban con curiosidad.

—¿Qué quieres? —dijo quitándose los audífonos sin soltarle la muñeca.

—Eh… ¿Li, tienes una pluma que me prestes? Acabo de darme cuenta que olvide mi lapicera y…

—Toma—le ofreció una pluma platinada interrumpiéndola, ella le agradeció pero él volvió a su posición anterior sin hacerle caso.

Sí que es un gruñón, pero ya tengo una pluma.

La observo entre sus manos y era una pluma muy ligera y delgada, decía Li Shaoran en letra manuscrita en color jade, el clip tenía un dragón grabado. Era una muy bonita pluma.

Se encogió de hombros y se dirigió a su lugar habitual, unos segundos después ya empezaba a llegar gente.

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¡Demonios!

¿Cómo había gente que podía ser tan irritable?

Había llegado al salón creyendo que no había nadie, pero alcanzo a ver por la ventanilla que la perfecta Kinomoto estaba sentada en el centro de todos. Así que entro sin fijarse en ella, no quería hablar con nadie, y ella por alguna razón lo irritaba.

Deicidio sentarse en su lugar, la esquina donde podía ver a todos. Fingió estar dormido y escuchar música. Pero no podía concentrarse en su relajación porque escuchaba los gruñidos y quejidos de su compañera de clase. Hasta que ella empezó a llamarlo.

No te muevas, finge que duermes, dejara de molestarte.

Entonces escucho el rechinido de la silla y unos pasos dirigirse hacia él.

NO le hagas caso, se irá.

Pero entonces empezó a sentir picotazos y movimientos en su hombro.

No es que tuviera algo en contra de la chica, nunca le hablaba, de hecho no tenía por qué. Era una chica inteligente, demasiado tranquila, no era el tipo de chica que quería en ese momento. Además no tenía tiempo para ello. Ya suficiente tenía.

Pero por alguna razón, siempre le gustaba sobresalir más que ella. Siempre tan estudiosa, estaba en cada rincón con algún libro. No era nada desagradable, al contrario era muy bonita.

Solo que cuando estaban en el primer semestre y él había sacado mejor nota que ella en Sociología, la vio en el pasillo donde colocan las calificaciones, en ese momento no había nadie, todos se habían ido, pero ella estaba parada observándolas con tal intensidad y su rostro ya no era el de la dulce chica que siempre sabia las respuestas de la clase, sino el de una mujer decidida y un poco furiosa. Y le causo tanta gracia que en el siguiente bloque ella hubiera sobresalido, que se propuso molestarla indirectamente, enseñándole que no siempre se tenía lo que quería.

Tal vez era muy tonto, pero le divertía.

Lo que le sorprendió fue que después de unos segundos ella dejo su mano reposar en su hombro y lo apretó ligeramente.

Un minuto, ¿acaso me está toqueteando?

Pensó mientras fruncía el ceño. Y una sensación extraña se estaba despertando en esa zona. ¿Acaso no tenía otra cosa que hacer que molestar?

Decidió agarrarle la muñeca y acercarla para que dejara de fastidiar.

—¿Qué quieres? — a lo mejor sonaba un poco molesto pero se lo merecía.

Vio en sus ojos un rayo de desafío e intranquilidad. ¿Qué escondería?

—Eh… ¿Li, tienes una pluma que me prestes? Acabo de darme cuenta que olvide mi lapicera y…

Dios, tanto por una pluma.

—Toma— le dió la primera que alcanzo a agarrar de su mochila.

Y regreso a su posición anterior diciendo subliminalmente Aléjate.

Escuchó un "gracias", pero no hizo caso, se concentró en Capricho #24 de Paganini.

Simplemente intrigado, solo un poco.

¿Qué escondería?

No existía la perfección en una persona, ella no podía ser tan tranquila todo el tiempo, después de verla en ese pasillo se dio cuenta que algo escondía, su cara lo demostraba al igual que sus ojos. ¿Pero qué?

Y sabía muy bien sobre el engaño porque él lo practicaba diariamente, frente a su padre, su madrastra, su hermano, el mundo entero. Los detestaba, odiaba a todos, pero nadie debía de saberlo.

Aun.

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—Bueno chicos, ya es todo por hoy, ya saben que tienen que entregarme los trabajos antes de las 11, no recibiré nada después en mi correo, que tengan linda tarde.

La profesora McGuire se retiró del salón, dejando a sus queridos alumnos quejándose de que aún no tenían terminado el trabajo de Sistemas jurídicos.

Sin darse cuenta Sakura se quedó sola, mientras estaba apuntando lo que estaba en el pizarrón blanco se había ido la mayoría. Decidió ordenar sus cosas, dándose cuenta que tenía la pluma de Li. Se levantó con rapidez y corrió con su bolsa al hombro para ver si lo encontraba en el estacionamiento.

A lo lejos vislumbro su cabello, así que corrió con más rapidez, era rápida pero sus sandalias no dejaban que corriera con agilidad. Intento gritarle pero era demasiado tarde, tendría que dársela mañana.

Se dirigió a la salida de la universidad, ya daban las 5 de la tarde, casi no había nadie por el lugar.

Sintió el zumbido de su celular, desde hacía rato que sonaba pero no le hacía caso porque estaba en clases. Observo su teléfono y eran tres mensajes después de 10 llamadas perdidas, pero muy bien sabían que ella no contestaba.

El primero era un mensaje en formato de video, lo abrió porque sabía que era de su mejor amiga, era la única que utilizaba ese tipo de cosas con mucha maestría, de hecho, su teléfono era un regalo de cumpleaños hace como un mes.

"Sakura, estoy muy emocionada, ya estoy en la India, observa –mostró una panorámica de un mercado- he encontrado algo perfecto para…"

Y ahí terminaba el mensaje. Abrió el segundo.

"Dios, un hombre me miro extraño, en fin, te decía que te encontré algo hermoso, ah y Eriol está peleando con un vendedor regateando ve a saber tu qué cosas, ma'a as salaama!"

Sonrió, estaba tan feliz por su mejor amiga de la primaria, desgraciadamente sus padres habían ido a vivir a Inglaterra cuando entraban a la preparatoria y ahí conoció a su actual esposo. Era un hombre muy peculiar, su sentido del humor solo Tomoyo lo llegaba a entender.

Siendo Tomoyo una de las jóvenes más adineradas por las empresas de sus padres, ella y su novio que era un emprendedor de una línea de teléfonos de alta tecnología, decidieron abandonarlo todo y viajar por el mundo. Obviamente no tenían problemas porque él trabajaba en cualquier lugar y ella se tomó unas vacaciones para estar al lado del ser que amaba.

Admiraba a su amiga, era una mujer que se expresaba tal y como era, algo que ella no podía hacer.

Siguió con el último mensaje:

"Ya está el depósito"

Suspiró con ese mensaje, sin un hola ni un adiós, solo importaba el dinero para él.

Quizá era su forma de compensar el tiempo que él los había abandonado, pero aun así ella sentía un poco de resentimiento, solo que sabía que ese tipo de sentimientos nunca llevaban a nada bueno. Debía de sonreír, así es como tenía que ser ella.

De repente, un automóvil platinado con vidrios polarizados se situó frente a ella. Se sorprendió por unos instantes hasta que bajaron el ventanal y vio a su maestro de Derecho Jurídico. Giro a ambos lados para ver si había alguien alrededor y sonrió con amabilidad.

—¿Quiere que la lleve a algún lado señorita Kinomoto? — preguntó el hombre de cabellos platinados con una amable sonrisa.

—Yo… claro profesor Tsukishiro—entró al automóvil con cierto nerviosismo, ella estaba segura con su profesor, era el hombre perfecto: amable, tranquilo, inteligente… todo lo que ella deseaba en un hombre.

Después de media hora y de estar alejados varios kilómetros del plantel educativo.

Él la miro de reojo, sonrió y le pregunto:

—¿Cómo te fue hoy?

—Me fue… bien—entonces agarro la mano que tenía libre el profesor y enredo sus dedos entre ellos—solamente, te extrañe.

Y ambos se besaron cuando el semáforo de la avenida principal se puso en rojo. Mientras que él acariciaba su mano y ella sentía el cinturón apretar su estómago creando incomodidad en la posición que se encontraba.

Pero eso no la detuvo.

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Giró de la cama, su cabeza comenzó a punzar y al abrir sus ojos todo se veía doble. Era como si hubiera sido abducido por los ovnis, pero en realidad era la cruda después de un día de juerga. Eso no evitaba que su reloj interno le indicara cuando levantarse.

Diría que no lo volvería a hacer pero sabía que sería imposible, era su forma de vida, disfrutar en algún bar o discoteca, beber, mezclar y obtener diversión.

Su vida ya era rígida y se tenía merecido un fin de semana de fiesta una vez al mes o tres veces.

Frotó sus ojos con las palmas de sus manos y pensó si no podría fingir una enfermedad extraña como lo hacía en la primaria. Ja, su madre caía en esa trampa, claro que su padre lo sacaba a rastras de la cama y lo llevaba a pesar de que estuviera diciendo la verdad.

Su padre.

Nunca había y ni quería llegar a comprender sus métodos de afecto. Podría llegar a compadecerse por la presión de ser alguien importante para un país, pero eso no afectaba lo que le hacía a él.

Se levantó y se dirigió al baño para darse una ducha, ya escuchaba el ruido de su estómago exclamando algo de comida

No se quitó nada de ropa porque le gustaba dormir desnudo, se sentía libre, algo que pocas veces podía sentir.

Se dirigió a la ducha para acomodar la temperatura del agua, hasta que sintió que era la correcta se metió y dejo correr el líquido por cada lugar que podía, sentía como sus músculos se acomodaban.

Y a lo lejos, a pesar por el ruido de la regadera escucho el forcejear la puerta del baño. ¿Cómo olvido por un segundo que no estaba solo?

Escuchó su nombre varias veces, hasta la imagino acostada en su cama, esperándolo. Pero sabía que no podía arriesgarse a eso, que ella se iría tarde o temprano, tenía que.

En un suspiro, o eso sintió él, salió del baño cubriéndose con una toalla en la cintura. Recargo sus manos en el lavabo y se observó directamente en el espejo. Su reflejo daba a un joven de 20 años, piel ligeramente bronceada y músculos que habían tardado en aparecer después de sus 17, su cabello bien cortado, como deseaba traerlo largo pero su padre no lo dejaba, tantas cosas restringidas. Pero miro directamente a sus ojos cerrándolos al instante, se odiaba. Contaba los días de salir de ahí, de vivir, de ser quien era realmente, dejar de ser el perfecto hijo de Hien Li para ser solamente Shaoran.

Porque si seguía haciendo lo que hacía, su madre moriría otra vez, estaría tan dolida en ver que era alguien despreciable.

Salió del baño para buscar su ropa y la recamara del hotel estaba vacía. Sonrió, se alegraba de que se fuera, no quería verla, ya quería dejar de hacerlo pero no podía, aun no.

—Ah, qué bien hueles—unos brazos de piel blanca y suave rodearon su cintura mientras sus manos acariciaban su estómago y pecho, él solo se tensó.

—Pensé que te habías ido—agarró sus manos para quitarlas y ella se rio mientras se sentaba en la esquina de la cama.

Volteó viendo que estaba desnuda, no negaría que era una mujer muy hermosa, piel cremosamente blanca, largas piernas, pechos proporcionados (aunque claro, regalo de su marido), largo cabello castaño liso y una boca que provocaba a cualquiera. Pero para él solo era una herramienta como para ella él era su juguete.

—No querido, dije que saldría de compras un fin de semana a Londres, así que me tienes por mucho tiempo.

—Yo tengo cosas que hacer—comenzó a vestirse con la ropa de ayer, recogió sus pertenencias, a la vez borraba el mensaje que ella le había enviado en la noche, no debía existir evidencia.

—Claro, igual que tu padre.

—Adiós.

—No te despides.

Se acercó dándole un beso en la mejilla, entonces ella sostuvo su quijada mientras le daba un beso hambriento.

—Ya no hay nadie que nos vea.

Él se zafo de su agarre mientras caminaba a la salida.

—Adiós, Nakuru.

—Adiós, Hijito—dijo esto mientras se reía con fuerza.

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Bonjour, mes bichettes! (estoy muy feliz el día de hoy :3)

¿Qué les pareció este capítulo? Bueno, hemos visto que ahora son grandesitos, jóvenes universitarios, pero Shaoran tiene algunos planes contra su papá y Sakura es una chica que le atrae un profesor, lo que no tiene nada de malo... o ¿si?. Además, Shao tiene algo con su madrastra uughhh!

Ya veremos qué sucederá poco a poco en sus vidas y como comenzara su acercamiento, lo que si es que situaciones del pasado son las que los han convertido en lo que son ahora. Y en el anterior se vio que eran de mundos diferentes, ahora... ¿en realidad son personas diferentes?

Y muchas gracias por aceptar esta historia :B, gracias Fleer 99, James Birdsong y S-nury por sus reviews, aparte a los que me dieron un fav o follow :).

Hasta pronto! :D