La noche había sido especialmente corta para Emma, después de volver al Grany's había recogido a Henry dejando a sus padres que lo celebrasen un rato más.
Había pasado la noche en vela mirando el reloj y dando vueltas por la cama. Lo que la rubia no sabía era que al otro lado de la ciudad había una mujer que le pasaba exactamente lo mismo.
Finalmente la rubia se levantó cuando los primeros rayos de sol empezaron a asomar por su ventana, tras arreglarse despertó a Henry para que se diera una ducha para ir a casa de Regina. El pequeño estaba realmente emocionado por la visita a casa de su madre después de la charla de la noche anterior en la que Emma había defendido a Regina y le había dicho que la Reina Malvada era la persona que había sido y no la que era.
Regina también se había levantado temprano y había empezado a preparar tortitas para el desayuno. Estaba realmente nerviosa por la visita de Henry y Emma "con los años me vuelvo blanda" pensó, pero un timbre interrumpió todos sus pensamientos, el reloj marcaba las nueve en punto y una sonrisa apareció en sus labios "vaya, vaya la señorita Swan puede llegar a ser puntual…" La morena abrió la puerta y vio a su hijo con un ramo de flores silvestres en las manos y una sonrisa radiante en la cara.
- ¡Hola mamá! Toma, son para ti, las hemos cogido viniendo hacia casa – dijo el chico de carrerilla y ofreciéndole las flores a la monera que se agacho para recibirlas.
- Gracias Henry son preciosas – dijo la morena oliéndolas – vamos a ponerlas en agua – pero el pequeño se abrazó a ella y le impidió levantarse.
- Sé que te estas esforzando para cambiar pero Emma dice que ya lo estás haciendo y que puedo quedarme contigo cuando tú quieras – dijo el chico aun abrazado a Regina.
- ¿Es enserio? – preguntó a la rubia
- Si te parece bien claro – aclaró la sheriff con una sonrisa a lo que la alcaldesa le respondió con otra de mayor tamaño completamente sincera.
Los tres entraron a la mansión y almorzaron tranquilamente mientras Henry le hacía preguntas a Regina sobre su pasado, la morena respondía a casi todas, algunas decía que no eran para una conversación de desayuno.
Después del almuerzo Regina acompaño a Henry a su habitación y Emma empezó a limpiar la cocina. La morena bajo unos minutos después viendo a la rubia limpiar los platos.
- Señorita Swan deje los platos, es mi invitada no tiene que limpiar – dijo la morena acercándose a ella.
- Mientras limpio no quemo nada, lo que me sorprende más es que me hayas dejado sola en tu amada cocina… - respondió la rubia con una sonrisa mientras seguía lavando el último plato – Además, es lo mínimo que podía hacer, tú has cocinado y yo… pues limpio. Regina se volvió a sonreír "si, me he vuelto blanda" pensó la Reina.
Cuando Emma acabó de guardar los platos se acercó a la morena que la miraba desde detrás de la barra de la cocina, sus intenciones estaban más que claras para la Reina ya que los ojos verdes de la Salvadora no se despegaban de sus labios esto hizo que su boca se secara y su corazón se acelerara pero un grito desde la escalera las mantuvo separadas.
- ¡Mamá! ¿Dónde has puesto mis cómics de Super Man?
- En el cajón Henry – dijo la morena separándose de la rubia.
Emma se dirigió una sonrisa nerviosa y se acercó a la entrada a por su abrigo.
- Bueno, debería irme y dejaros solos… - dijo poniéndose la chaqueta.
- Espera – le corto la morena - ¡Henry! Despídete de Emma que se va – grito la rubia para que el pequeño bajara la escalera corriendo y se abrazara a su madre biológica.
- Podríamos cenar esta noche los 3 juntos – propuso el niño con gran entusiasmo – y luego podemos ver una película o jugar a videojuegos o jugar a algún juego de mesa o…
- Tranquilo chico – dijo Emma acariciándole el pelo – Deja que tu madre descanse de mí, además estoy segura que te quiere tener para ella toda la noche, con ella podrás hacer todas esas cosas. – la verdad era que sí que le apetecía cenar con Regina y su hijo pero quería que la morena disfrutase del pequeño.
Regina quería insistir, claro que quería insistir, por Henry y por ella. Se sintió un poco egoísta al reconocer que quería que la rubia cenase con ella y pudieran repetir el beso de la noche anterior y aquel que hubieran dejado a medias minutos antes en la cocina "¡¿Pero qué te pasa!? ¿Enserio Regina, la Salvadora?" Gritó una pequeña Regina en su cabeza.
Pero antes de que pudiese decir nada la Salvadora se despidió y salió de la mansión. Henry la llevó a su habitación donde buscaron los cómics, mientras los leían, o en caso de la morena fingía leer, Henry aprovechaba para preguntarle más cosas sobre la vida en el Bosque Encantado.
A media tarde los dos salieron de la mansión para tomar un helado. Con forme se iban acercando a la calle principal aumentaban los gritos y el barullo de la gente, cuando giraron la esquina pudieron ver a que se debía: Emma se peleaba con un borracho Leroy en medio de la calle, el cual le propinó a la sherrif un buen puñetazo en la mandíbula lo que hizo que la rubia cayera a plomo sobre el asfalto.
Henry dio un respingo de preocupación pero la alcaldesa le susurró un "Estate quieto aquí" y se encaminó hacia la rubia que seguía inerte en el suelo. Cuando la gente la vio aparecer y avanzar con paso firme hacia donde estaba la rubia el murmullo se apagó quedando un silencio sepulcral.
- No te acerques a ella si no quieres acabar siendo un enanito de jardín – le amenazó a lo que el enano soltó una sonora carcajada que fue suficiente provocación para la Reina que con un simple movimiento de mano lo hizo elevarse hasta que quedara flotando unos centímetros por encima del asfalto, lo que provocó un grito generalizado.
Henry entonces corrió hacia su madre que seguía en el suelo. Regina estaba arrodillada junto a ella cuando llegó. Regina le pasó una mano por la frente curándole la herida que se había formado allí y poco después la rubia despertó. Henry se abalanzó a sus brazos.
Después de calmar a su hijo y defender a Regina delante del pueblo, la sherrif metió al enano en el coche patrulla.
- Gracias Regina, no sé qué hubiera pasado si no llegas a intervenir – dijo la rubia cerrando la puerta del coche.
-Dame las gracias esta noche mientras cenamos los tres – respondió la morena con una sonrisa – así luego nos podemos tomar una copa. A las 9 en mi casa, trae vino y llegue puntual Señorita Swan.
- Vale… hasta entonces…
