UN INVITADO NO DESEADO
De buena mañana había pasado a ver como se encontraba su paciente y al ver que este dormía plácidamente, salió a dar su paseo matutino como tenia por costumbre y hacer sus ejercicios rutinarios, pero esa mañana no la embargaba la calma como era habitual, su vida había cambiado, ahora era consciente, el náufrago al que había salvado, al que no le daba muchas esperanzas de sobrevivir, lo había hecho, y ahora tenia a un desconocido en el establo que parecía recuperarse y no sabia muy bien que hacer con él.
Era cuestión de tiempo que en el pueblo todos se enterasen de su existencia, y semejante noticia correría como la pólvora en un pueblo pequeño como aquel donde todos se conocían y donde no abundaban las novedades. Sin duda sería un gran acontecimiento.
Y lo peor, ¿quien era ese tal Billy?,desde luego no tenia aspecto de pescador, y por los tatuajes que lucía tampoco diría que se tratase de un comerciante... así que...¿quien era? ¿Un marinero? ¿A que tripulación pertenecía, a que barco? En su subconsciente se abría paso una pregunta a la cual no quería dar alas, no quería hacerla realidad, pero...allí estaba, persistente.
Movió la cabeza, intentando ahuyentar semejantes malos presagios, ahora ya estaba hecho, lo había salvado, se había complicado la vida, pero si resultaba que era peligroso, no dudaría en hacer lo necesario.
Nota como los pies le resbalan, Flint justo delante suyo, su boca se mueve, sabe que grita su nombre, le alarga la mano, pero el rugido de los truenos ensordece los gritos, se ve a sí mismo alargando los brazos hacia su capitán, sabe que nada lo salvará. Flint sigue gritando su nombre, pero las olas lo engullen y el barco se aleja cada vez más, inexorable, perdiéndose en la tormenta.
La lluvia cae con furia, el mar lo arrastra hacia un y otro lado, haciendo que ora se hunda ora emerja de nuevo sobre el enfurecido oleaje, es como una marioneta, nota los pulmones a punto de estallar, le falta el aire, sus músculos están exhaustos, cada vez se hunde más y más en el oscuro y frío océano...
Se incorporó de golpe, movimiento brusco que hizo que todos sus huesos y músculos se resintieran, miro desorientado alrededor, estaba en una cuadra, tumbado sobre un lecho de paja y lo cubría una manta. El mareo inicial que había sentido fue pasándose poco a poco, intentó tranquilizarse, y los recuerdos volvieron. Se tocó el pecho desnudo, una mueca de dolor cruzó su rostro, la espalda también le ardía de dolor, y se dio cuenta de que estaba sediento, miro alrededor y a sus pies vio un cubo y junto a él una jarra con agua, con ansia la cogió y empezó a beber, derramando gran parte del contenido sobre su áspera barba.
Acto seguido intentó ponerse de pie, al hacerlo se dio cuenta de que estaba desnudo e inconscientemente notó como se ruborizaba al recordar quien le había salvado la vida. Miro alrededor pero a parte del caballo y de una cabra que comía tranquilamente, no vio a nadie más.
Volvió a intentar ponerse de pie, pero las fuerzas le fallaron así que sin resuello se quedó sentado, al intentar apoyar la espalda contra la pared soltó una sonora maldición, todo le dolía, no había un solo musculo que no se quejara, e impotente se dio cuenta que de momento no podía valerse por si mismo, y eso lo incomodaba ya que no soportaba depender de nadie, y menos de una desconocida, por mucho que le hubiese salvado la vida. Aceptando que no podía hacer nada, volvió a tumbarse con dificultad, su mente daba vueltas a todo lo ocurrido desde que cayó al mar, en como podría salir de allí y volver al Walrus, pero sus ojos empezaron a cerrarse casi sin que se diese cuenta, y esta vez no tubo pesadillas.
Los días parecían sucederse sin tregua, con cada nuevo día, el estado del paciente mejoraba. Lo visitaba dos veces al día, le miraba las heridas, le llevaba algo de comer y beber, hablaban poco y el chico dormía la mayor parte del tiempo.
Llevaba casi 3 semanas en el establo, cuando una mañana mientras Elda miraba con ojo crítico las heridas de la espalda, éste le dijo:
- ¿Seria posible que me consiguieras algo de ropa?, me encuentro mejor y me gustaría levantarme.
Elda no vio como el chico se ruborizaba al pedirle la ropa, ni el como sonreía ella.
- Desde luego, hoy tengo que ir al pueblo, veré que puedo encontrar.
- Gracias.- Le contestó él.- Y si no es mucha molestia también me gustaría lavarme y afeitarme.
Elda ya se había girado y estaba mirando las heridas del pecho.
- Si claro.- Le contestó ella sin mirarle a los ojos, concentrada en su trabajo.
- Me refiero a lavarme yo solo.- Puntualizó
Ahora Elda si que lo miró y mostró una media sonrisa.
- Desde luego.- Le dijo.- Pero tranquilo que no eres al primer paciente que veo desnudo, es parte de mi trabajo.- Le dijo ella con total naturalidad.
- Ya, ¿y a que te dedicas?.-Preguntó él, evitando mirarla a los ojos, se sentía violento
- Por aquí me llaman curandera, me han llamado matasanos y otras cosas.-Se encogió de hombros con resignación.- Tengo conocimientos de medicina, básicamente atiendo a enfermos, curo heridas, catarros... un poco de todo.- se explicó ella.
- Vaya, pues parece que he tenido suerte.- Dijo él.
- Eso parece.- Contestó ella levantándose.- Veré que puedo traerte para que te afeites y te vistas.- Y sin esperar respuesta salió del establo.
A media tarde volvió del pueblo tal y como había prometido,trajo un par de camisas y pantalones que esperaba fuesen de la talla de su invitado, éste estaba dormido sobre la paja, la manta tapando lo justamente decoroso de su cuerpo, no tenia porque ruborizarse pues ya había lavado el cuerpo desnudo del hombre en varias ocasiones, pero no pudo evitar sentir como el color encendía sus mejillas. Se acercó y lo cubrió, enfadada consigo misma por tal reacción, justo en ese momento los ojos de Billy se abrieron, mostrando ese azul tan intenso.
- Te he traído lo que me has pedido.- Dijo ella, por suerte el no se dio cuenta de su turbación.
- Gracias, ahora solo necesito que me ayudes a incorporarme.- Y diciendo esto se enrolló la manta alrededor de la cintura tan bien como pudo.
- ¿Estas bien?.- Le preguntó ella una vez lo había ayudado a levantarse.
- Si, si, solo un poco mareado, pero tenía ganas de levantarme.
- No quieras correr, aún estas débil, llevas muchos días tumbado y tu cuerpo está muy cansado.
Una vez de pie y aunque estaba levemente encorvado hacia adelante por el dolor, Elda apreció su considerable estatura. Éste se apoyó en el hombro de ella con una mano y se dejó guiar hacia el exterior, aunque el sol empezaba a bajar en el horizonte, la claridad de la tarde cegó momentáneamente los ojos de Billy. Elda con paso lento, se dirigió hacia un taburete que había cerca y éste se sentó en él, agotado por el esfuerzo que acaba de hacer.
- Voy a preparar la bañera, ¿estarás bien aquí?
- Desde luego.- Contestó
Entró en la casa y empezó a llenar con agua la bañera, una vez preparada fue a buscar a Billy que contemplaba el mar.
- Ven, te ayudaré.
Y con esfuerzo se levantó del taburete de madera y apoyándose en ella entró en la casa.
A Billy le sorprendió la sencilla decoración de la misma, al fondo había una cama grande separada del resto por una cortina verde. En medio de la habitación y en la pared de la izquierda una chimenea separaba la estancia, en la cocina había una mesa con dos sillas, y ante la chimenea descansaban un par de sillones, detrás de los cuales una puerta conducía al pequeño aseo donde a Billy le esperaba la bañera llena de agua.
Al chico le sorprendió también ver los instrumentos que descansaban en una mesa de trabajo, también vio una camilla apoyada contra una de las paredes, y las que estaban libres, tenían estanterías altas hasta el techo abarrotadas libros, y todo tipo de tarros y jarras con lo que parecían pomadas y hierbas de todo tipo.
Elda lo acompañó despacio hacia el aseo, junto a la bañera había un taburete con una pastilla de jabón y toallas y en un rincón un mueble con una palangana y una jarra con agua. En una estantería colgada de la pared, le había dejado jabón para afeitarse, un peine,tijeras y una navaja.
- Creo que tienes todo lo necesario, si necesitas ayuda...
- Muchas gracias.
Elda salió de la habitación cerrando la puerta tras de sí. Una vez a solas, Billy se despojó de la manta y con mucho cuidado, entró en la bañera. Inmediatamente un suspiro de alivio salió de sus labios, el agua estaba templada y en ese momento fue consciente del tiempo que hacia que no tomaba un baño. Con cuidado, cogió una esponja y restregando el jabón a consciencia contra la esponja para hacer espuma empezó a restregarse el cuerpo.
Aunque le daba vergüenza se dio cuenta de que necesitaba la ayuda de la chica, pues no podía lavarse la espalda, ésta entró enseguida que la llamó. No le dijo nada, solo señaló la espalda y se encogió de hombros, ella cogió la esponja y con cuidado empezó a lavarle la ancha espalda.
- ¿Quien te ha hecho esto?.- Le preguntó mientras miraba una vez más las marcas de azotes.
Billy se esperaba esa pregunta, y la verdad es que aún no estaba preparado para contestarla, agradecía a Elda que le estuviese ayudando, pero tampoco sabia si podía confiar en ella, si le seguiría ayudando si supiese que era un pirata, miembro de la tripulación del pirata mas temido de la zona, por lo que no quería contarle nada sobre Flint, y menos aún de los españoles.
- Digamos que el capitán del barco donde estaba no era muy amable.- Mintió
Elda no insistió y Billy emitió un leve suspiro de alivio. Mientras ella le lavaba la espalda, el chico se encogió involuntariamente
- Perdona.- Se disculpó ella y dio por finalizada la limpieza.
Se dirigía hacia la puerta cuando él con voz resignada le dijo:
- Creo que voy a necesitar ayuda para salir de aquí.
Ella cogió la toalla con una mano y poniéndose de espaldas a el, le tendió su otra mano para que éste se cogiera a ella y pudiese levantarse, le dio la toalla esperando que se cubriera y luego por fin se giró.
- ¿Necesitaras ayuda con la cuchilla?.- Le preguntó ella
- Quizá si.
Elda cogió lo necesario y salieron fuera.
- Prefiero hacerlo al aire libre y con la luz del sol.- Se explicó ella.
Le acercó un taburete para que sentara y le empezó a cortar el pelo. Luego coloco un taburete delante de él y continuó con la barba.
Estaba tan concentrada en su tarea que no se dio cuenta de que sus rostros estaban muy juntos. Billy tenia el cuerpo levemente inclinado hacia adelante, mientras ella extendía jabón sobre la barba y con cuidado empezaba a rasurarlo. Billy la observaba trabajar, pensando en la suerte que había tenido. Estaban tan cerca que podía apreciar su olor, una mezcla de sudor, sal y hierbas aromáticas, olía a mar, vio que sus ojos eran de un color gris tormentoso, mientras ésta le cogía la mandíbula para afeitarlo, se fijó en que sus brazos eran fuertes, ella era ajena al escrutinio al que estaba siendo sometida, estando concentrada como estaba en su trabajo.
- Bueno, pues ya está, ahora te traeré un espejo para que te veas.- Dijo la chica mientras con una toalla le quitaba de la cara los restos de jabón.
Sin poderlo evitar se quedo mirando fijamente a Billy. El rostro que tenia ante ella era hermoso, era el de un joven de unos 35 años, tenia que reconocer que el hombre que estaba delante suyo no se parecía en nada al hombre medio muerto que había aparecido en su playa. Tenia una mandíbula fuerte y cuadrada, su pelo era claro, y el bronceado de su rostro hacia destacar aún más los ojos azules. Era alto y de anchas espaldas, de brazos fuertes y piernas robustas, se veía que se había endurecido trabajando al aire libre como marinero. En definitiva, era un hombre atractivo y en cuanto lo viesen en el pueblo, despertaría mucha curiosidad.
Billy no pudo evitar incomodarse al notar como Elda lo miraba, y Elda no fue consciente de que dicho escrutinio fuese molesto para el joven hasta que éste carraspeó.
- ¿Me he quedado mirándote fijamente verdad?.- Preguntó ella avergonzada, y el se limitó a asentir con la cabeza.- Lo siento, pero es que pareces otra persona, y estaba pensando en el revuelo que
causarás en el pueblo, perdona si te he incomodado.
- No pasa nada, supongo que ya estoy presentable.- Pero se notaba en su tono de voz que no tenia muy claro si quería darse a conocer al resto del pueblo.
Para cambiar de tema Elda le dijo:
- ¿Te apetece que cenemos aquí fuera?
El asintió y la chica lo ayudó a acercarse a la mesa que había bajo el porche, donde una suave brisa mecía las hojas de las palmeras cercanas.
- Es un buen refugio.- Le dijo dirigiéndose hacia la casa y el emplazamiento de la misma.- Es muy tranquilo, muy... apartado, seguro que no tienes muchas visitas.- Fue un comentario casual, pero Elda se puso a la defensiva.
- Y me gustaría que siguiese así de tranquilo.
A Billy no le pasó desapercibido el tono de voz con que lo dijo, no es que hubiese sido brusca, pero entendió que aunque le había ayudado, no era del todo bien venido.
- Tan pronto como me ponga bien me iré, no quiero abusar de tu hospitalidad.- Se disculpó.
Elda no supo que contestar, ese marinero la inquietaba y la ponía nerviosa. Sospechaba que era más de lo que decía, y si sus sospechas eran ciertas, no le convenía atraer la atención sobre ella, en el pueblo todos la respetaban, tenia buena relación con sus vecinos, pero eso era todo. Tener a alguien viviendo en su casa no le gustaba.
- Huele muy bien.- Dijo Billy intentando cambiar de tema
- ¿Te gusta el pollo con arroz?.
Solo con oír el menú a Billy se le hizo la boca agua.
- Come con cuidado, es el primer alimento solido que vas a probar.
Billy se lanzó como un lobo hambriento sobre su plato pero ante la mirada de reproche de Elda, se obligó a comer despacio masticando muy bien cada bocado.
- ¿Como has acabado aquí?.- Le preguntó ella sin más, tenía ganas de saber cosas de su invitado y ahora ya estaba en condición de contestar a sus preguntas.
- Bueno, caí al mar.- Dijo llanamente Billy
- ¿Y no volvieron a por ti?.- Preguntó extrañada
- Lo cierto es que caí por la borda cruzando una tormenta de mil demonios, era imposible que pudieran rescatarme, luego supongo que las corrientes hicieron el resto y me arrastraron hasta aquí.- Explicó omitiendo que los españoles lo habían capturado y torturado antes de escapar.- Por cierto, ¿donde estamos exactamente?
Elda se levantó y fue a por un mapa. Le tendió a Billy una carta marítima de toda la zona de las Indias Occidentales. Y señaló la isla donde estaban. Billy emitió un sonoro silbido.
- ¿De donde vienes?.- Le preguntó Elda
- Zarpamos de la isla de Nueva Providencia.- Respondió éste
La chica lo miró con atención, temía que sus sospechas se vieran confirmadas, pues Providencia era conocida por ser guarida y territorio pirata. No quería un pirata en su isla, y menos en su casa. Los conocía demasiado bien.
- Muy lejos te han arrastrado las corrientes.- Dijo ella seria cogiendo el mapa y doblándolo.- Es un milagro que no hayas muerto.
Billy aún no sabia si podía explicarle lo que de verdad había ocurrido, que cuando cayó al mar durante la tormenta, lo encontró un barco español que lo rescató para luego torturarle con el fin de sacarle información sobre el paradero del Capitán Flint, pese a sus desavenencias con Flint no traicionó a su capitán ni a la tripulación del Walrus y no dijo nada, pudiendo finalmente escapar en una barca que consiguió robar, pero que zozobró y se hundió dejándolo a la deriva sobre un remo,hasta que Elda lo encontró medio muerto en la playa.
Ella sabia que le mentía, o que no le decía toda la verdad y estaba alerta.
- ¿Esta isla bajo que bandera está?.- Le preguntó Billy intentando que su pregunta sonase natural mientras daba otro bocado a su plato.
- La británica.- Le contestó ésta, sin dejarse engañar por la aparente tranquilidad del chico.
- ¿Hay algún destacamento militar?
- ¿Tienes problemas con la ley?.- Le preguntó seria, dejando el tenedor en el plato.- Porque de hecho no me has explicado mucho de ti, no se a quien tengo en casa.- Le dijo ella.- Y los que vienen de la isla de Providencia tienen cierta fama.- Sus ojos observaban atentamente los movimientos del chico e instintivamente llevo su mano al cuchillo que ceñía su cinto, hecho que no paso desapercibido a Billy.
- No eres estúpida y creo que ya habrás deducido que no soy pescador ni comerciante.- Le contestó, dejando también de comer.
- Creo que me merezco la verdad.- Dijo ella mirándolo fijamente a los ojos.
Él la miro durante unos segundos, evaluándola, ella le aguantó la mirada, y finalmente se decidió que tenia que contarle la verdad,al menos una parte. Así que le explicó que navegaba en el Walrus, capitaneado por Flint y su encuentro con los españoles. Por el momento omitió todo lo relacionado al oro español del Urca De Lima
- Así que navegas bajo bandera pirata.- Afirmó ella más que preguntó.
- ¿Hay algún problema?.- Preguntó él, sin saber muy bien como acabaría aquella conversación. En los ojos de ella vio un destello de odio que no le gustó.
- Por experiencia personal no tengo muy buena opinión de los piratas.- Contestó ella, su voz se había endurecido.
- Si, supongo que causamos esa impresión.- No había humor en su comentario, sabia que pisaba terreno pantanoso.- ¿Puedo saber que te pasó?
- Nuestro barco fue atacado por unos piratas, nos robaron la mercancía y mataron a mi padre.- Contestó ella secamente.
Billy la miró con atención, no sabiendo muy bien que decirle.
- Lamento oírlo-. Contestó por fin.
- ¿En serio... no es lo que hacéis todos, robar, violar y matar?
Billy no pudo contradecir a Elda.
- No todos matamos por matar, la mayoría de veces cuando abordamos un barco si su capitán rinde el barco, les perdonamos la vida. Solo nos quedamos con la mercancía y con los hombres que quieran unirse a nosotros.- Sabía que su explicación no serviría de mucho.
- Pues a mi padre no le dieron la oportunidad de rendirse.- Contestó ella con desprecio.
El recordar de nuevo aquel episodio de su vida, volvieron las emociones y sensaciones que había vivido entonces.
- No puedo disculpar el comportamiento de algunos de los piratas, hay capitanes que no siguen ningún tipo de honor, mi capitán no es de esos.
- Por lo que he oído, tu capitán Flint es un hombre muy violento y temido.
- ¿Lo conoces?.-Le preguntó él, no sin cierto orgullo.
- Hasta en esta pequeña isla apartada de todos han llegado historias sobre Flint y su tripulación de salvajes.
- Si, supongo que nos hemos ganado esa reputación,pero no te creas todo lo que oyes.- Acompañó al comentario una breve sonrisa, intentando templar la situación.
- Me basaré en los hechos, en mi casa te has comportado.- Contestó ella.- Así que supongo que lo que hayas hecho, no me interesa. Pero en el pueblo no creo que reciban con los brazos abiertos a un pirata, y menos uno de Flint.
La tensión entre los dos pareció desaparecer. Elda apartó la mano del cuchillo y Billy respiró tranquilo. Ya se había dado cuenta de que aquella mujer sabría defenderse, que no era una simple curandera.
- Bueno, ¿y que planes tienes?.- le preguntó
- Quiero irme de aquí lo antes posible, no quiero ocasionarte problemas.- Contestó con sinceridad.- Si descubrieran que soy un pirata y me has dado refugio... - Dejo la frase sin terminar.
- Si, me colgarían igual que a ti, por eso mismo tenemos que contar una historia que sea creíble.- Le dijo ella,volviendo a comer. - Recupérate bien y luego veremos que podemos hacer.
El asintió aliviado y siguió comiendo, contento de haber aclarado las cosas. Ella lo miraba de reojo mientras comía, pensando en la vida que llevaba aquel hombre, una vida que ella conocía muy bien, que había abandonado hacia años y en la cual no había pensado hasta ese momento, y con sorpresa se dio cuenta de que una parte de esa vida, la echaba de menos. Su vida anterior al encuentro con los piratas.
Intentando sacar semejantes pensamientos de su mente, se levantó y saco un poco de fruta que Billy rechazo pues en su estómago ya no cabía nada más.
- No se si querrás responderme, pero... ¿como llegaste a esta isla?.- Le preguntó él.
Ella se tomo un momento antes de contestar.
- Para poder responderte a esta pregunta, antes tendría que contarte muchas cosas de mi vida, y como comprenderás de momento no tengo ninguna intención de hacerlo.
Billy asintió, comprensivo, y no le preguntó nada más, charlaron sobre lo que hacia Elda, en como ayudaba a la gente, le preguntó acerca del pueblo y sus gentes y finalmente cuando el sol ya se había escondido se dieron las buenas noches, Billy se fue hacia el establo, ella lo vio alejarse mientras pensaba en que ese pirata era muy diferente a los que había conocido, luego se quedó mirando el cielo estrellado, pensando en días pasados.
CONTINUARÁ...
