EN CONTRA CORRIENTE
Capítulo 2
By Tita Calderón
Había sido una noche ajetreada en el hospital. Luego de guardar sus cosas en el bolso, Candy se estiró largamente en medio de un bostezo. No había nada como irse a casa luego de una larga velada. Tomó el bolso y salió al largo corredor blanco. El brillo de la mañana la cegó por un momento cuando llegó a la puerta. Se tapo la cara con el antebrazo tratando de ocultarse del brillante sol matutino.
Entre los rayos logró divisar con dificultad el auto negro que venía por ella cada vez que salía de turno…era infalible. Su corazón inició con latidos distanciados hasta convertirse en un frenético palpitar…al comprobar que él estaba allí.
Él, el causante de todas sus fantasías.
Él, el dueño de todos sus pensamientos.
Él, la única razón por la que su corazón latía.
Lo miró en la distancia con el corazón desbocado…allí estaba él…tan rubio como un ángel, tan alto como un basquetbolista, tan imponente como un rey, tan endemoniadamente guapo como un dios del Olimpo y para variar, llevaba un traje azul marino que era como para mandarla a la tumba de un paro cardiaco. Se obligó a respirar acompasadamente mientras correspondía a su sonrisa en la distancia.
¡Por favor! ¡Qué guapo era! Como alguien podía ser tan bello, tan perfecto, tan arrebatador…y eso que le faltaba añadir que era sumamente varonil, sensual…se ruborizó por su osadía. Definitivamente la falta de sueño alteraba sus hormonas.
Quiso salir corriendo, pero sabía bien, que tropezaría en la primera grada que se cruzara en su camino. Últimamente siempre le pasaba lo mismo, así que optó por caminar despacio, estaba cansada de hacer el ridículo cada que Albert venía por ella.
¿Qué tendría que ver, estar enamorada con perder el equilibrio? Tal vez la manera en cómo la miraba, o tal vez la manera en cómo le sonreía. Y hablando de equilibrio, de pronto un pie se le cruzó y dio un leve traspié. Decidió mirar bien por donde pisaba y de paso ocultar su ofuscamiento.
Estaba tan apenada por su incomprensible pérdida gradual del equilibrio, que no se dio cuenta que en cuanto llegó, él se inclinó lentamente buscando sus labios.
¡Oh por Dios! La estaba besando y ella ni si quiera se había dado cuenta.
¡Qué diantres! No había nada más glorioso que ser besada luego de un traspié… El tibio roce de sus labios le hizo perder los pensamientos de los últimos cinco minutos.
Y justo cuando empezaba a ponerse cómoda él se alejó levemente.
-Hola Preciosa – le acarició la mejilla con infinito amor.
Candy abrió los ojos y sintió que podría morir en ese mismo instante y estaría simplemente feliz. El amor y la ternura con la que Albert la miraba, era suficiente para saber que había cumplido su misión en esta vida…el sonido de un coche en la cercanía le hizo volver a la realidad.
¡Santa Inquisición! ¿Albert la había besado en el graderío del Hospital?…Miró rápido a su alrededor…nadie los miraba…o mejor dicho fingían no mirarlos…
-¡Albert! – le reclamó con suavidad mientras se mordía los labios con cierto nerviosismo- ¡Alguien nos puede ver! – añadió apenada y visiblemente ruborizada
-Ya nos han visto antes – dijo sonriendo, haciendo referencia a que todo el mundo en el hospital sabía que eran novios.
-Y es una suerte que la tía abuela aun no se haya enterado…
-Te dije, que ya lo sabe. – añadió Albert divertido mientras le abría la puerta del coche.
Claro que lo sabía, si él mismo se lo había dicho, y por eso había puesto todo su sutil arsenal para separarlo de ella…empezando por buscarle un pretendiente… ¡precisamente a ella! Nuevamente volvió a sentir la ira asesina de la tarde anterior…
-Pero lo tomó a broma – acotó Candy recordando lo que él mismo le había contado.
-Problema de ella
Tomarlo como una broma "pesada" era la mejor forma de esquivar la realidad para su tía. Sus pensamientos regresaron hace un par de semanas atrás…
"…El almuerzo había sido un poco tenso, Albert estaba sumamente molesto que su tía no le hubiera avisado que "su candidata ideal" y su empalagosa madre estarían de invitadas principales en la mesa.
¿Es que no había manera de hacerle entender que la presencia de estas mujeres le empalagaba? Por lo visto, no.
Hace un par de días que le había expuesto de manera clara y sin rodeos, que no estaba interesado en entablar relación alguna con "esta" señorita y parecía que su tía había entendido porque dejó de hablarle de ella por unos días, pero ahora nuevamente estaban allí como si nada…
Agitó la cabeza con molestia mientras se concentraba en su plato y respondía a cualquier comentario con monosílabos.
Luego de pasar a la sala de té, él miró la hora impaciente. Aun faltaba para encontrarse con Candy…pero estaba seguro que a ella no le importaría si llegaba antes a buscarla a la casa de Annie.
-Si me disculpan, me retiro, tengo que salir. – hizo una ligera venia
-Pero es domingo William. ¿A dónde tienes que ir? – argumentó la anciana decidida a no darle oportunidad de escapar.
-A ver a mi novia – dijo con una sonrisa de lado.
La cara que pusieron las invitadas de su tía era devastadora, solo faltaba pasarles un pañuelo para que soltaran en llanto.
-¿Tu novia? – preguntó Elroy al borde de la histeria
-Si, así es. – contestó con toda tranquilidad sin dejar de mirarla
Esto no se lo perdonaría, sabía muy bien, que William estaba mintiendo para alejarse y la mejor manera de desmentirlo era acorralarlo.
-¿No sabía que tuvieras una novia, William? – lo miró con un brillo malicioso en los ojos.
-Pues ahora ya lo sabe. Con su permiso. – esperaba que después de esto, ese par de damas desaparecieran de su casa por una buena temporada…y si tenía suerte para toda la vida.
-¡Espera!
Albert se detuvo en el umbral.
-¿Y quién es tu supuesta novia? – lo retó…sabía que no tenía ninguna novia.
-Candy – respondió sin titubeos.
La tía se quedó de un hilo. Sabía que había utilizado el nombre de esa muchacha para salirse con la suya…más no porque hubiera nada entre ellos…de eso estaba más que segura.
Albert la miró directo a los ojos antes de girarse y salir. Definitivamente había personas con las que no había como hablar. Personas como su tía, que se cerraban al dialogo, y que se empecinaban en salirse con la suya costara lo que costara.
Él había estado analizando la posibilidad de hablar con su tía sobre su relación con Candy desde hace tiempo, pero al ver lo aferrada que estaba a su "candidata ideal" vio que hablar con ella era prácticamente imposible…
¿Cómo hablar con alguien que no quiere escuchar? ¿Con alguien que no quiere entender, más que sus razones?
Lo mejor era actuar, sin preámbulos, ni mediaciones… tal como ella lo hacía…
-No vayan a preocuparse por lo que dijo William, es solo una broma de mal gusto…Candice es la muchacha que les hable hace tiempo y que fue adoptada generosamente por nuestra familia… - acotó Elroy de inmediato viéndole desaparecer en el umbral, pensando que no la había escuchado.
Pero Albert la había escuchado fuerte y claro…"
-Los dos estaremos en verdaderos problemas cuando se lo tome en serio - las palabras de Candy lo trajeron al presente.
Albert le acomodó un riso mientras se perdía en su mirada…la amaba tanto…y sus palabras no estaban nada alejadas de la realidad…Estaban navegando "en contra corriente" con este amor. Lo había sabido desde el mismo instante en que supo que la amaba…Es más, su tía ya había empezado con sus artimañas para separarlos…
Como si fuera tan fácil.
Como si él pudiera permitir que un hombre que no fuera él se acercara a ella.
¡Jamás!
-Mejor, cuéntame ¿qué tal estuvo tu noche? – le preguntó Albert con interés mientras encendía el auto. Necesitaba distraerse, no quería preocuparla en vano.
-Uff – Candy se pasó la mano por la frente fingiendo secarse el sudor – Seguro peor que la tuya – comentó recordando el arduo trabajo que había tenido y pensando que él había dormido como un bebe.
-No lo creo – contestó Albert agitando un poco la cabeza recordando que apenas había dormido...
Candy lo miró fijamente y se dio cuenta que tenía ojeras.
-¿No dormiste bien? – estiró la mano y le acarició la mejilla con ternura.
-No mucho…- su tacto le hacía olvidar cualquier problema.
-¿Algo te preocupa, verdad?
-Nada que no se pueda solucionar. – dijo con convicción.
Se giró un poco para sonreírle con ternura. Si estaba seguro de algo, era que nada, ni nadie lo alejaría de ella.
Que importaba si nadie entendía su amor.
Que importaba si tenía que enfrentarse al mundo entero para defenderlo.
Bastaba con mirarla para saber que todo valía la pena.
Candy se quedó sin pestañear por un minuto entero…mientras lo observaba detenidamente. Algo le pasaba, estaba segura. Lo amaba tanto, que había aprendido a reconocer cada uno de sus gestos. Ahora él estaba apretando levemente la mandíbula en señal de preocupación…no importaba, fuera lo que fuera, ella sería su remanso de paz…
Albert sintió su escrutinio mientras manejaba, tomó su mano y condujo el resto del camino así, con sus dedos entrelazados.
-¿Vas a entrar? – preguntó Candy en cuanto Albert estacionó el auto frente al edificio.
-Me encantaría – miró el reloj – Pero no puedo, preciosa, tengo una junta en quince minutos.
-No importa. – sonrió tratando de simular la decepción.
-Pero vendré a verte en la noche. ¿Te parece?
-Si. – dijo con ilusión – Preparé la cena.
-Y yo traeré el postre.
-Trato hecho – sonrió feliz
Candy hizo el intento de girarse para abrir la puerta, pero Albert no la dejó, la atrajo hacia él, para besarle con infinita ternura. Luego de ir y regresar del cielo…Candy supo lo que era vivir de amor…
-Te amo – le dijo Albert antes de darle otro suave beso rápido en los labios como despedida, mientras el portero del edificio se encaminaba a abrirle la puerta del auto.
-Y yo a ti
Candy salió como flotando…ahora sabía lo que era estar enamorada hasta los pies…se los miró para comprobar que pisaba…
Albert esperó a que ella entrara para arrancar el auto, mirándola fijamente. El solo hecho de pensar que alguien que no fuera él, la pudiera cortejar, le desquiciaba, le enfermaba…y todo, por la mente cuadrada de su tía…respiró hondo y aceleró para llegar puntual a la reunión.
Candy entró en el edificio mientras el portero le sostenía la puerta del hall abierta.
-Gracias. – agradeció con cortesía y con todos los colores en el rostro…
Desde que Candy había decidido volver a Chicago, luego de pasar una temporada ayudando en el Hogar de Pony, vivía en un edificio de lujo, donde Albert había comprado un departamento. Al principio Candy se había rehusado a vivir allí, pero él le había dejado sin ninguna opción, o aceptaba vivir allí o en la mansión de Chicago y sinceramente no quería estar cerca de la tía abuela, además que de cuando en cuando los Leegan se quedaban con cualquier escusa.
El departamento quedaba un poco lejos del Hospital pero estaba cerca a las empresas Andrew, por lo que Albert siempre se pasaba para verla…y desde que eran novios, más todavía…
Novios….novios….novios…que divina palabra.
Suspiró mientras dejaba el bolso en el sillón…
Desde hace 10 meses eran novios…ella era novia de Albert y Albert era su novio…solo suyo….suspiró profundamente.
¡Imposible pero cierto!
Empezó a dar vueltas como si fuera una bailarina hasta llegar a la enorme recamara.
Se recostó en la cama y empezó a recordar cómo fue aquel bendito día que se hicieron novios….
Continuará….
Notas de la Autora:
Mil gracias por dedicarme un ratito de su tiempo para leerme y sobre todo mil gracias a todas las chicas que se toman un poquito más de su tiempo para dejarme un mensajito, que son los que en realidad motivan a cualquier escritora de fics. Gracias!
Quiero agradecer enormemente a:
Moonlighgirls86, Klaudys, Noemi, MoniGzz,Elena, Yeyanis, MyriamC, Irenelc81,Sary,Moni,Magdy,Mary.2ne1
Cada que leo un review lo hago con mucha emoción, como les dije, son mi mejor incentivo para seguir escribiendo. Para las chicas que me preguntan por In Fraganti y Rompiendo la Distancia solo puedo decirles que pasado el mes de mayo inicio con las actualizaciones. Perdón por la demora.
