2.- ¿Y ahora que?.

Habían pasado dos meses. La pequeña llama de alegría era lo único que mantenía a Harry Potter anclado en el mundo de los cuerdos. La constante presencia de los Dementores pasó a ser algo secundario ya que sin darse cuenta, el efecto que provocaban en el era cada vez menor.

Sus carceleros estaban sorprendidos de que el chico aun siguiera vivo, aunque ya dudaban de su cordura. La bazofia que le servia una vez al día era devorada por el chico sin protestar. Le daba igual el estado en que estuviese.

Para divertirse alguna vez la mezclaban con restos de días anteriores. Pero ni eso conseguía que el chico no comiese.

Habían cogido la costumbre de suministrarle una paliza una o dos veces por semana. Nada muy fuerte algunas maldiciones y patadas. Lo justo para dejarlo en el suelo adolorido.

Ese día en cuestión uno de los carceleros se sintió más furioso o frustrado de lo normal por lo que la ración de golpes fue algo mayor.

Venia jugando con una brizna de hierba seca en la boca y al terminar se la puso en la mano divertido.

- Aquí te dejo una varita para que te cures. ¡JA, JA, JA!.- todos salieron dejando al chico tirado en el suelo. Antes de salir uno dejo junto a la puerta el oxidado cuenco lleno de la "comida".

- Si ves que no puedes ir a la mesa… haz que ella valla a ti.- el resto rió ante la ocurrencia.

Oyó como se cerraba el seguro mágico de la celda y como pudo se giro y miro el destrozado suelo. Podia ver el cuenco junto a la puerta, pero estaba mucho mas tocado de lo normal. Miro entre sus dedos el trozo de hierba.

- Ojala fueras una varita…. Bastaría con decir… ¡Accio Cuenco!, y…- lo que sucedió lo dejo paralizado. Si bien el cuenco no fue hacia el si tembló ligeramente de una forma casi imperceptible.- ¡Ya es oficial, me he vuelto loco!.- miraba el lejano cuenco y la brizna de hierba en su mano. Una loca idea paso por su mente. Con cierto dolor apunto hacia el plato y volvió a pronunciar el hechizo con mucha más convicción y concentración.- ¡Accio Cuenco!.- Para su sorpresa poco a poco el cuenco de metal fue moviéndose por el suelo de la habitación con mucha lentitud. La alegría lo invadió y perdió la concentración. Lo intentó nuevamente pero en esta ocasión no se movió.- ¿Que pasa aquí?. ¿Cómo he podido…?. Es solo hierba seca. ¡Ni la conozco!. Seguro que no tiene propiedades mágicas.

Como pudo se arrastro hacia el cuenco y devoro su contenido. Una vez terminado poco a poco volvió a la esquina donde estaba la roída y destrozada manta que le servia de cama.

En la mano el trozo de hierba gano todo su interés. Paso toda la semana sin dejar de mirarla y cada vez que podia lanzaba algunos hechizos simples, sin éxito. Su alegría fue inmensa cuando consiguió que de la punta saliera una alegre esfera de luz. Con ella pudo ver toda su celda, o más bien las cuatro paredes. Le dolían los ojos debido a la falta de costumbre, a eso se añadía que todo lo veía con cierta niebla por no tener sus gafas. Pudo ver con más detalle sus brazos y piernas. Con un simple vistazo se dio cuenta de lo lamentable de la situación. Si la señora weasley lo viera en ese momento lo tendría comiendo día y noche acostado en una cómoda cama. Si sucediera no seria el quien tratara de disuadirla.

Recordar a sus amigos lo apeno. Lo poco que sabia de ellos eran las breves palabras dichas por Luna. Al pensar en ella su mente volvió a centrarse y alejarse de la celda. Tuvo que deshacer el hechizo ya que la presencia de la tímida luz había puesto nerviosos a los dementotes y a sus vecinos de celda. La presencia de cualquier luz solo podia significar la llegada de la comida o la tortura.

El tiempo pasó inexorablemente. El cuerpo del chico estaba cada vez más débil aunque su determinación y la débil esperanza de poder realizar magia con la brizna seca habían comenzado a fraguar una idea en la mente del chico.

Cada vez tenía más control de su magia. La cantidad y nivel de los hechizos que conseguía realizar era cada vez mayor. Incluso transfiguro unas rudimentarias gafas con un trozo de piedra. Tardo bastante hasta conseguir que hicieran su función.

Un día cuando su carcelero le traía el cuenco el chico tuvo una descabellada idea. Cuando el mago entro y lleno el cuenco harry aprovecho para dispararle un hechizo.

- Petrificus Totallus!.- El hombre quedo quieto. Harry corrió y rápidamente devoro todo el contenido del cuenco. Al terminar volvió a su sitio y lanzo el contra hechizo a continuación hizo su jugada mas atrevida. – ¡Obliviare!.- Durante un instante los ojos del hombre perdieron toda sensación.

Cuando volvió a la normalidad miro el plato y salio para llenarlo. Después lo dejo de nuevo en el suelo y salio cerrando después la puerta.

El moreno se acerco de nuevo al plato y devoro su contenido. Había encontrado la forma de conseguir algo de comida extra.

Repitió este procedimiento varias veces durante la semana. Si bien evitaba hacerlo los días que recibía la visita de sus amables carceleros o cuando se atrasaba y lo acompañaba un compañero.

A veces se permitía el lujo de registrarle los bolsillos de forma que conseguía algunas cosas interesantes. Sobre todo algo más de comida. Más de una vez estuvo tentado de coger la varita del mago e intentar salir de allí. Pero de sobra sabia que en su estado no llegaría lejos.

Necesitaba algún tiempo para reunir fuerzas y tener cierta esperanza de éxito.

Guardaba la pequeña brizna de hierba como su mayor tesoro. Pero como se suele decir todo lo bueno se acaba.

Al llegar el invierno los carceleros tuvieron la genial idea de darle un refrescante baño a el y a su cama.

Oyó como la puerta se abría y su cuerpo se preparo para recibir la habitual lluvia de hechizos y la posterior paliza a patadas. Pero ese día un gran chorro de agua lo pillo desprevenido. Medio ahogado y como pudo se levanto y alejo de la cama.

- ¡Hemos notado que hueles mal!. ¡Y la última vez manchaste mi bota!.- el habitual director de palizas le hablo.- ¡Así que hemos decidido darte un refrescante baño!. ¡No nos des las gracias!.- los demás reían la ocurrencia.

Mientras otro mago lanzo otro chorro a su cama. El chico al verlo lo primero que llego a su mente fue su preciada varita.

- ¡Yo te lavare la cama para que después no te manches!.- Con el chorro la rama salio despedida y llego a los pies de los carceleros.

- ¡Fíjate lo que tenemos aquí!.- la cogió del suelo cuando Harry trato de cogerla.- ¡Si hasta tiene un juguete!.- Al verla lo recordó.- ¡Es la varita que te regale!. ¿Ya sabes hacer algún truco?.- al ver como los ojos de Harry miraban el pequeño y reseco tallo, sonrió.- ¿Qué os parece si se la devuelvo y nos enseña de lo que es capar?. ¡Toma Potter!, lánzame un hechizo. ¡El que quieras no te contengas!.- Harry se abalanzo a los pies del mago y tomo su preciado tesoro.- ¡Estamos esperando!.- Sabía que si realizaba el más mínimo rastro de magia no viviría mucho. Tenia que conseguir engañarlos, aun no era tiempo de escapar.

Se alejó un poco del grupo de magos y les apunto con la hoja. Estos lo miraban divertidos.

- ¡Venga gran mago!. ¿Qué harás?. ¡JA, JA, JA!.

- ¡Impedimenta!.- ¡Repulso!.- de sobra sabia que no saldría ninguno pero… tenia un publico y tenia que actuar.- ¡Cruccio!.- Al oír el último las risas decayeron.

- No Potter es así. ¡Cruccio!.- el rayo le dio de lleno consiguiendo que se retorciera en el suelo.- ¡Ves!. ¡Esta es la forma de hacerlo!.- Después de lanzar algunos más. Lo dejaron en el suelo. Antes de salir vio la brizna y sonrió.- Ya que no te sirve creo que es inútil que la tengas. ¡Evanesto!.- la preciada varita del chico desapareció.

Todo salieron de la celda dejando a un paralizado y aterrado Harry Potter.

- No entiendo como es que todavía sigue vivo. Ya no debería ni poder moverse.- Los oía hablar.

- La locura les da fuerzas, y ese esta ya completamente loco.

La pérdida de la pequeña esperanza que tenía lo dejo todo el resto del día en un rincón. Muerto de frió y completamente mojado. Cuando le trajeron la comida. Estaba completamente entumecido. Si poder moverse estiro el brazo queriendo llegar al cuenco.

Una lagrima callo por su cara.

Pero sucedió lo que menos se esperaba y estuvo a punto de conseguir que perdiera el juicio.

Tranquilamente y sin que el chico lo lanzara el cuenco llego a su mano como cuando lanzaba el hechizo.

- ¿Pero que…?. Si no he dicho..., y no tengo la…- Comió como pudo ya que ese momento esa era una de sus prioridades.

Paso más de una hora pensado en lo que había sucedido. Al final decidió intentarlo de nuevo.

- ¡Lumos!.- de su dedo salio una esfera de luz que conocía bien. Quedo suspendida a unos diez o quince centímetros de su dedo y donde el moviese la mano la esfera lo seguía. Como si su dedo fuera por si solo una varita. Acabo riéndose sin para al comprenderlo.- ¡Puedo hacer magia!. ¡JA, JA, JA!. ¡Puedo hacer magia sin varita!. ¡JA, JA, JA!.

Este descubrimiento consiguió sacarlo definitivamente de su letargo. Pasaba los días practicando cada vez que podia. Tenia que conseguir dominar este poder lo más pronto posible. Sin nadie que lo ayudara o aconsejara, opto por la única forma que podia. Practicar una y otra vez. La mejor forma que encontró era hacerlo solo con su mente sin decir hechizo alguno. Sabia de sobra que le costaría mucho mas trabajo, pero de esta forma no tendría que decir hechizo alguno consiguiendo realizar cualquier hechizo mucho mas rápido y sorprender a su rival. Además había practicado ya pronunciando los hechizos con su querida amiga la pequeña brizna de hierba.

Se sentía frustrado no conseguía apenas resultados, le costaba mucho avanzar.

Poco a poco consiguió realizar los hechizos más simples y fue aumentado la dificultad.

En tres meses, llego al nivel que tenia gritando el hechizo con la brizna de hierba. Como aun no tenia confianza las continuas comidas extras las seguía realizando pronunciado el hechizo.

El día que consiguió su segundo plato sin pronunciar hechizo alguno supo que estaba preparado para comenzar su plan.

Se las ingenio para lanzar la Imperios al cocinero y que es le trajera mas comida de lo habitual y sobre todo en mejor estado. Poco a poco sus fuerzas se fueron recuperando aunque sabia que no podia excederse o en cualquiera de las palizas lo notarían. La vida junto a sus tíos había conseguido que la resistencia de su cuerpo fuera sorprendente. Hasta podía deshacer sus rudimentarias gafas antes de que sus carceleros se acercaran para darle una paliza.

Lo tenía todo planeado y listo. Desde que descubrió su poder, hasta el momento en el que estaba preparado habían pasado, para sus cálculos, mas de nueve meses pero al fin estaba listo.

La siguiente paliza seria la ultima que recibiría.

Dos días después la puerta se abrió sin mirar supo quienes eran y lo que querían. Pero se llevo una sorpresa.

- ¡¿Qué tal Potter?. Te traemos una noticia que te gustara.- todos entraron y como siempre Harry se fue alejando de ellos, aparentado miedo.- Después de algún tiempo al fin hemos conseguido capturar a algunos de tus amigo.- El chico se quedo quieto.- Hace apenas un par de horas que han traído a tu castillo a dos de los Weasley y a una tal… Grander. ¡No!, Granger.- La noticia lo impacto. Eso cambiaba algo sus planes.

- ¡No!… ¡No es verdad…!. ¡Mientes…!. Ellos están en... su casa… ¡Si eso!, ¡En su casa!.

- Siento decirte que no es así. Capturaron a esa chica, a tu amigo pelirrojo y a uno de sus hermanos cuando intentaban conseguir algunas pociones en un pueblo al norte de Edimburgo. Los han traídos aquí por que era mas cercano. Pero pronto los llevaran al ministerio.- sonrió.- Aunque después es seguro que regresaran tranquilo. No quiero separarte de tus amigos.- todos rieron.- ¡Están a solo un pasillo de ti!. ¡La chica esta mas cerca, seis celdas mas allá!.- miro a sus amigos.- Tengo que admitir que es una monada. Hemos decidido hacerle una visita en cuanto acabemos contigo. Tal vez incluso te dejaremos mirar.

No necesitaba más tenia lo que quería. Las cosas habían cambiado el no seria el único que escaparía de la prisión. Su padrino fue el primer mago en escapar. Pero el seria el primero en hacer una fuga en grupo.

Sabía que esto complicaría mas las cosas pero no dejaría a sus amigos allí y menos a Hermione con esos animales. Si por el fuera sacaría a todo los inocentes que allí hubiera, pero era una idea irrealizable. Aunque regresaría por ellos.

- Comencemos Red, no quiero hacer esperar a nuestra nueva amiga.- otro de los carceleros hablo divertido.

- Ya has oído Potter hoy vas a tener suerte y…- Harry se puso en pie y miro serio a los carceleros.- Parece que la noticia te ha motivado. Hoy me voy a divertir.- Apunto al chico con la varita y…- ¡Crucc...!.- no llego a terminar a una señal de Harry la varita salio de su mano y fue a para a la del chico. El resto de sorprendidos Aurors intentaron apuntar con las suyas pero estas siguieron el camino de la primero.- ¿Como demonios has…?.

- Se llama Magia, ¿Red te llamas?.- Movió la mano y las puerta se cerro.- Perdonad mis modales. Vosotros me visitáis y yo no os sirvo nada.- uno trato de abrir la puerta.- Sin una de estas es difícil.- movía las varitas al hablar. Dos fueron hacia el chico y este los empujo con solo mover la mano. Los dejo a ambos pegados a la pared.

- ¡SOCORRO!. ¡AYUDA!.- gritaron.

- Deberíais saber que eso aquí no sirve para nada. Bueno solo para divertiros.- Un dementor entro en la cela. El moreno levanto la mano y un haz de luz plateado salio de ella al momento un ciervo empujo al ser fuera de allí aullando de dolor.- Mejor. ¿Por donde iba?.- miro a Red que permanecía quieto.- Quitare la parálisis, no quiero que te pierdas nada de este momento.- movió la mano y el hombre callo de rodillas. Un trozo de piedra levito y se transformo en unas raras gafas que el chico se coloco.

- ¿Como es posible que tu…?.

- He tenido mucho tiempo para descubrir mis habilidades. Tiempo y…cuidados.- respiro para controlarse.- No os podéis ni imaginar todo lo que os tenia preparado. Pero os habéis salvado gracias a que me habéis traído a mis amigos.- Aparto al que trataba de salir y lo lanzo contra un muro. Abrió la puerta y se giro ante s de salir.- Os dejare aquí hasta que os encuentren. Pero.- levanto las varitas y estas se incendiaron.- sin varitas. ¡Disfrutareis de mi hospitalidad!.- Con otro movimiento los cinco aurors quedaron mudos. Ya se disponía a salir cuando los escucho patalear. La innumerables patadas volvieron a su mente.- ¡Puedo perder un momento!.- la mirada del chico los aterro.- No puedo dejar de agradeceros todas esa caricias. Y quiero asegurarme de que vosotros tampoco. Realizo unos movimientos y los cinco quedaron en el centro de la celda.- Este hechizo lo aprendí de uno de mis profesores y creo que será muy útil con vosotros. ¡Brakium Emendo!.- los auroras notaron como sus brazos y piernas perdían toda estabilidad y consistencia, quedando solo en un trozo de carne que apenas podían mover.- Un buen medimago hará que les crezcan los huesos en una semana.- sonrió. Las caras de los magos lo decían todo. El chico estaba seguro que si no hubieran estado hechizados gritarían sin parar. Al terminar, salio de la celda y la cerro.- ¡Pero eso será si os encuentran a tiempo!.

La primera parte había salido bien. Comenzó a mirar celda por celda buscando a sus amigos. Se sentía algo desorientado fuera de su celda. En una solo vio una figura encogida en el suelo. La cabeza la tenía cubierta por una maraña de pelo castaño. La reconoció al instante. Cuando ella oyó la puerta abrirse se encogió más aun.

- ¡Hermione!.- la chica levanto la cabeza al oír la familiar voz.- ¡Soy Harry!, ¡Hermione!.

La chica lo miro mientras se acercaba y se abrazo llorando. El moreno se asqueo al ver a su amiga. Un par de moretones en la cara le dijeron todo lo que no quería saber.

- ¡Harry… lo siento no…!. ¡Lo intentamos… pero ellos…!.

- ¡Tranquila!. ¡Tenemos que irnos ya habrá tiempo después!.- la tomo de la mano y salieron de la celda.

-¡Ron y Fred… nos cogieron juntos!.

- Lo se, están aquí ayúdame.- en eso un dementor se acerco y Hermione se agarro a Harry asustada. El chico extendió la mano y de ella salio la luz plateada consiguiendo que la criatura huyera.

- ¡Has… sin varita…!. ¿Como…?.

- ¡Es muy lago y no tenemos tiempo!.- aun sin creérselo la castaña asintió y siguió al chico.

Tardaron un poco as en encontrar a los dos Weasley. Ambos estaban en la misma celda. Habían recibido ya una calida y habitual bienvenida. Seguro para sonsacarles alguna información. Cuando abrió la celda apenas levantaron la cabeza suponiendo lo que se avecinaba.

- ¡¿Os venís o preferís quedaros?.- Ron reconoció la voz de su amigo.

- ¡Harry!.- se levanto y fue a su encuentro. Fred se unió a ellos sin sabe que decir.

- ¿Como es que…?.- el moreno lo callo.

- ¡Después!.

El corazón de todos se lleno de alegría. La castaña entro en la celda y fue derecha hacia su amigo pelirrojo. Ambos se miraban de arriba abajo.

Harry no se lo creía cuando Hermione y Ron se besaron con desesperación.

- ¡No soy el único que tiene que aclarar algunas cosas!.- sus amigo lo miraron avergonzados.

- ¡Ya os daréis arrumacos después tenemos que irnos!.- Fred miraba hacia el exterior nervioso. Un dementor intentó entrar y de nuevo Harry levanto la mano y el ciervo lo envistió.

Los varones se quedaron sorprendidos cuando vieron al moreno usar su magia sin varita.

A medida de caminaban entre las celdas podían oír a la gente de su interior lamentándose o llorando.

- ¡Hay que sacar a todos de aquí!.-dijo Hermione.

- ¡No podemos!. Aunque me gustaría.

- ¡Pero…!.

- No tenemos mucho tiempo y mientras mas tardemos más difícil será. Estarán más seguros. Los guardias no tendrán problema en matar a quien vean fuera de su celda y no pienso ser el culpable de sus muertes.- la chica asintió, sabiendo que tenia toda la razon.- No conozco el camino, lo mejor será….

- ¡Es por ahí!.- dijo la castaña.- Encontré un antiguo plano de Azkaban y…

- No te imaginas lo que me alegro de volverte a ver.- sonrió el moreno.

Con la ayuda de la chica consiguieron subir hasta casi la superficie sin ser detectados. Algunos dementotes intentaban atacarles pero Harry se encargaba de ellos.

Se encontraron de frente con uno de los cocineros que servia las comidas.

No pudo hacer nada, pero grito y otro compañero lo oyó y salio corriendo a dar la alarma.

- ¡A partir de aquí se complica la cosa!.- Fred tomo la varita del cocinero.

- ¡Si!, pero ahora tenemos algo de ayuda.

- ¿Listos?.- los tres chicos asintieron.- Yo los protegeré y Fred se encargara de lanzar maldiciones. - el pelirrojo asintió.- ¡Vamos!.

Salieron de la escalera y se encontraron con varios aurors que no lo pensaron a la hora de lanzar maldiciones. Harry paraba cada una con apenas esfuerzo.

Hermione y Ron se cubrían detrás de el esperando una oportunidad.

Por su parte Fred lanzaba todas las maldiciones que se le ocurrieron. El resultado fue que varios Magos acabaron en el suelo, petrificados o inconscientes.

Los chicos siguieron avanzando. Hermione y Ron cogieron las varitas de los caídos y de esta forma el grupo estuvo armado. La chica le tendio una varita al moreno. Nada mas cogerla lanzo un hechizo que dio de lleno en un auror que trato de cogerlos por detrás.

Todos quedaron asombrados. Un simple hechizo de desarme había lanzado a un mago a más de cincuenta metros. El tipo gemía en el suelo de dolor, sangraba por la boca y poco después se quedo quieto.

El grupo aprovecho la momentánea sorpresa para acercarse a uno de los muros y seguir su avance.

El escudo de Harry resulto ser tan efectivo que los aurors no podían hacer mella en el.

Por una puerta lateral hizo su aparición el nuevo jefe de Azkaban. Nada mas ver la situación, miro al chico con odio.

- ¡MATADLOS!.- al tiempo que daba la orden el mismo apunto con su varita y lanzaba la terrible maldición.- ¡Avadra Kedabra!.- el rayo salio en dirección a su objetivo. Otros aurors habían copiado el gesto de su jefe.

Sabia que su escudo no resistiría ni si quiera uno de esos impactos. Hizo un circulo con la varitas y pronuncio unas palabras en voz baja. El suelo desapareció bajo ellos y los rayos pasaron sobre el grupo.

Era tal la cantidad de maldiciones que algunos recibieron las que habían lanzado sus propios compañeros. Otras dieron contra el muro causando una gran grieta que destrozo uno de los muros laterales.

Sin pretenderlo dieron al grupo su ruta de escape. Los chicos se asomaron desde el hoyo hecho por el moreno.

-¡Vamos!.- Todos salieron en dirección al muro. El grupo entro por la grieta y se prepararon para la defensa del otro lado.

Habían entrado en otro patio, solo que este estaba algo mejor que el otro. Era igual de lúgubre y muerto pero este al menos tenía todo ordenado y en su sitio.

Se veían las puertas de entrada a varias salas. Pero una destacaba sobre todas. La puerta principal de la fortaleza. Nunca podrían olvidar cuando fueron conducidos hacia ella y esta se abrió dejándoles ver el interior de la terrible prisión.

Dos auror estaban custodiándola y al ver al grupo se acercaron varita en mano.

Harry se encargaba de que sus perseguidores no cruzaran la grieta. Los otros tres hicieron frente a los magos.

Un par de maldiciones fueron esquivadas y fue el turno de los chicos de hacer lo propio ante las que les mandaron.

Hermione lanzo una maldición a los pies de uno de ellos que se despisto lo suficiente para recibir de lleno la que le había lanzado Ron.

Fred resistió a su contrario el tiempo suficiente para que Hermione lo pusiera fuera de combate de un solo intento.

- ¡Abramos la puerta!.- Ron fue el primero en acercarse. Todos trataron de tirar del gran cerrojo pero este no se movió un milímetro.

- ¡Alohomora!.- no sucedió nada. Hermione miro a los demás.- ¡Todos juntos!.

- ¡ALOHOMORA!.- el mismo resultado.

- ¡Es inútil!. Seguro que utilizan algún hechizo de seguridad.- termino la castaña.

- ¿Que sucede?.- Harry lanzaba hechizo tras hechizo por la grieta.

- ¡No podemos abrirla!.- El moreno se giro y miro la gran puerta.

- ¡Apartaos!.- Los tres hicieron lo que les dijo.- ¡BOMBARDA!.- La gran puerta se curvo por la parte central antes de saltar en mil pedazos. Un grito procedente del interior de la fortaleza sorprendió a todos.

Por el hueco Harry pudo ver como un mago se retorcía en el suelo y miraba lo que quedaba de su destrozada mano.

- No le he dado.- Harry hablaba mas para el que para el resto.- Y tiene la mano destrozada.- Hermione se había acercado y oyó lo que decía. Se dio cuenta de lo que pasaba.

- Es un hechizo de control sobre un objeto. El jefe de Azkaban tiene control sobre la puerta y puede notar todo lo que pasa. Solo el puede permitir que se abra la puerta. Por eso nadie puede entrar o salir sin que el lo sepa.

- ¡Harry, Hermione!. ¡Vamos!.- el moreno no se lo penso lanzo un par de hechizo haciendo que parte de la pared se viniera abajo sobre la grieta y corrio con sus amigos hacia el exterior.

- ¡Libres!. ¡No me lo creo!.

- ¡No hables aun Ron!. Tenemos que salir de la isla.- Habían llegado al viejo y destrozado amarradero de la prisión. Un desmantelado intento de pequeño muelle para barcas.

- O encontramos un barco, o estamos listos. Si el ministerio aun no ha sido alertado pronto lo estará.

- ¡Eso es cosa mia!.- Harry se acerco a una gran roca, junto a la orilla y apunto con la varita. Se movía de un lado a otro moviéndola en varias direcciones. Pero sin pronunciar palabra.

- ¿Qué esta haciendo?.- pregunto Fred.

- Juraría que intenta trasfigurar esa roca en una barca. ¡O eso creo!.- decía Hermione.

Con cierta rapidez, la roca fue transformándose en algo más agreste con innumerables huecos y grietas. La dura piedra se transformo en madera ante los ojos atónitos de los chicos. Cuando Harry termino, tenían una grotesca y mal hecha barca de remos.

- Es lo mejor que he podido. Pero nos sacara de aquí.- Harry se giro lanzado a los chicos un par de remos.- ¡Os toca, estoy muy cansado!.- se apoyó sobre el borde de la barca.

Entre todos empujaron la barca al oscuro mar. Con cierto esfuerzo comenzaron a remar en dirección contraria a la isla. No dejaban de mirar la orilla por si recibían alguna desagradable visita. Solo cuando ya se habían alejado una cierta distancia vieron aparecer algunas formas borrosas en la entrada de la prisión. Por suerte demasiado lejos para hacer algo contra ellos.

Los chicos remaban con las pocas fuerzas que tenían, sin quitar la vista del horizonte.

- ¿Es el camino correcto?.- Pregunto Ron.

- Cualquiera es bueno con tal de alejarnos de ese lugar.- dijo su hermano.

- ¡Si vemos la costa tenemos que cambiar de dirección!.- dijo la chica.

- ¡Pero si la costa esta cerca es mejor ir allí!.

- Hermione tiene razón.- respondió Harry.- Los aurors seguro que estarán esperándonos por esa zona.

- Si nos alejamos lo suficiente podremos desaparecernos sin problemas.- respondió Fred.

- Tendréis que llevarme. Lo siento pero mis fuerzas no dan para mucho mas.- Harry se mantenía tumbado en el fondo de la barca.

- No te preocupes. Has cumplido con creces.- Ron le apretó el hombro.- Si no es por ti aun estaríamos en ese infierno.

- ¿Cómo os cogieron?.- se animo a preguntar.

- Nos mantenemos ocultos y hasta ahora no han podido acercarse. Pero mi madre y Fleur han enfermado.

- ¿Qué les pasa?.

- ¡No es serio!.- suspiro hermione.- Todos estamos igual. El cansancio y el estrés esta haciendo mella en todos. Solo que ellas has caido las primeras.

- Además, que nuestra nueva, ¡"Casa"!. No es precisamente un lugar acogedor. Dentro de esa cueva hace demasiado frió y humedad. Por eso se enfermaron.- Fred hablaba serio.

- Seguro que no serán las únicas en este momento.

- ¿Por qué no habéis huido?.

- ¿A donde?. Las fronteras están vigiladas. El ministerio ha puesto precio a todos los Weasley.

- Yo diría que un Weasley en estos dias vale mucho mas que cualquier Malfoy.- Harry sonrió ante la ocurrencia de Ron.

- ¡Sigamos remando!. En cuanto lleguemos te diremos lo que quieras saber.- Termino Fred.

La niebla que rodeaba continuamente a la prisión de Azkaban ayudo a que los chicos se alejasen sin ser vistos.

Como temían tuvieron que cambiar la dirección al ver a los lejos una tenues luces.

El agotamiento estaba haciendo mella en ellos, llevaban más de una hora remando con dificultad en aquella tosca barca.

Fred intentó en dos ocasiones desaparecerse sin éxito. Hasta que…

- ¡Lo hizo!.

El gemelo tardo en aparecerse.

- ¡Ya no hay barrera podemos aparecernos desde aquí!. ¡Ron ve tú con Hermione y yo cogeré a Harry!.- El moreno noto como los dos pelirrojos se ponían serios y como su amigo asentía.- ¿Estas listo?.

- ¡Cuando quieras!.- Fred tomo la mo del moreno y desaparecio.

Aparecieron todos cerca de un gran edificio derruido. Lo poco que pudo ver el chico es que llevaba muchos años abandonado y que apenas quedaban un par de paredes de la construcción original.

Nada mas aparecer Fred lo sonto y se alejo de el.

- ¿Fred que:..?- Varion magos que conocia lo rodearon.

- ¡No te muevas!. ¡Por favor Harry!.

- ¡No señor Weasley!. ¡Seguro que es el!.- Ron sujetaba a la chica.

- No podemos arriesgarnos de nuevo.

- ¿Qué sucede?.- lo entendió.- Me parece bien, estoy de acuerdo.- soltó la varita.

Varios magos se reunieron a su alrededor. Los pelirrojos destacaban sobre el resto. Reconoció a los gemelos, Charly y Bill, junto a su padre.

A su lado la profesora MC Gonagall, junto a Remus Lupin. El aspecto de todos era deplorable. Sucios y ojerosos. El cansancio y la falta de alimentos, era visible en todos.

Aun así el chico se alegro de verlos.

- ¿Cual es el equipo favorito de Ron?.- pregunto el señor Weasley.

- ¿Quién me enseño mi patronus y donde?.- todos se quedaron quietos mirándolo, ante la pregunta del moreno.- Antes de poder dar cualquier información quiero asegurarme yo también. ¿Quién y donde?.- Los magos se miraron y asintieron.

- Fui yo, en mi oficina de Hogwarts. Use un Boggart.- dijo Lupin adelantándose un paso.- Harry sonrió.

- ¡Los Churley Cannons!. Tiene todas las paredes de sus cuarto llenas.- respondió el moreno.- Incluso tenia un pijama también.- algunos sonrieron con la respuesta.

- ¿Como me conociste?.- pregunto Ron.

- Tú y tu madre me ayudasteis a cruzar el andén 9 y tres cuartos el primer día. Ginny también estaba allí.- Respondió Harry.

- ¡La ultima pregunta!.- Dijo Lupin.- ¡Cornamenta!, ¡Lunatico!, Canuto y Colagusano. ¿Quienes son?.- Harry sonrió.

- ¡Los merodeadores!. ¡James Potter!, mi padre. ¡Sirius Black!, mi padrino. ¡Remus Lupin!.- lo mito al hablar.- Mi antiguo profesor de DAO.- se puso serio.- ¡Y no pienso nombrar al traidor!.

- ¡Harry!.- Lupin corrió y lo abrazo. El resto lo siguió.- Perdona pero ya trataron de engañarnos con multijugos y casi nos cogen.

- Lo entiendo, tranquilos.- Algunos mas lo abrazaban.

- Bienvenido chico.- le dijo el patriarca Weasley.

- No quiero ser grosero. Pero, estoy desecho, si es posible quisiera dormir una semana.

- Sin problemas.- KInsley se acerco.- Perdona por todo esto es preferible no correr riesgos nos jugamos mucho.

- Lo entiendo pero con un vistazo seguro que Ojoloco…- noto como todos se pusieron serios.- ¿Qué pasa?.

- Cuando usaron la poción multijugos, Ojoloco se dio cuenta nada mas verlo. El maldito auror le lanzo una maldición antes de desaparecer.- se callo.- no pudimos hacer nada, le corto el cuello.- Harry no se creía lo que decían.- Desde entonces tenemos que ser mucho mas precavidos.

- Han engañado a muchos de esa forma.- dijo el señor Weasley.- Hacen creer que eres tú y si alguien intenta esconderte o te da alguna información es detenido y mandado a Azkaban. Tuvieron que quitarte algunos cabellos.- El moreno sabia que les era muy fácil en sus sesiones de tortura el hacerlo.

- Cualquiera que te vea…

- Hará como si no me conociera o me denunciara.- Harry término la frase. El patriarca Weasley asintió.

- Ya tendremos tiempo después.- intervino Kinsley.- ahora tenemos que largarnos de aquí.- le sonrió al moreno.- estoy seguro de que muchos se alegraran de verte.

- Si pero me gustaría esperan una hora.- todos lo miraron.- Estaréis mas seguros si pasa ese tiempo y sigo siendo yo.- todos sonrieron.

- Llevabais mas de dos horas en la barca antes de que Fred pudiera avisarnos.- termino Lupin.- Esto solo ha sido para asegurarnos completamente.- Harry sonrió.

- Entonces no esperemos mas.- suspiro.- Alguien tendrá que llevarme aun no estoy muy bien que se diga.- Lupin le tomo del hombro y asintió.

Desaparecieron todo en dirección al verdadero lugar de reunión. Nada mas aparecer una pelirroja se tiro sobre el chico.

- ¡Harry!.

- ¿Ginny?.- la chica no hablaba solo permanecía llorando sobre el chico.

- ¡Vamos Ginny!, déjalo.

- No ha sobrevivido todo este tiempo para que tu lo aplastes.- la chica se levanto limpiándose las lagrimas.

- Quisiera ver a la señora Weasley.- dijo Harry.- Me dijeron que…- lo pararon sonriendo.

- Esta descansando. Conseguimos las pociones necesarias gracias a una familia recién llegada y ahora ella y los demás están descansando.- miro al chico con cara triste.- ¡Esta bien!, vamos.

La matriarca de los Weasley fue aun peor que Ginny se levanto como pudo para abrazar al chico y tuvieron que darle una poción para dormir o no lo soltaría.

- Le prometo que seguiré aquí cuando despierte.- la mujer le sonrió medio dormida.

El chico poco después también descansaba. No necesito poción alguna, era tal su estado que callo rendido.

No se como pero he conseguido colgar otro capitulo.

Gracias a todos por leer esta historia.

Vamos con los RR.

DNK: Harry para poco en Azkaban pero la siguiente parte es más interesante.

Macabre-wolf: Gracias por leer y espero que te guste.

Cornamenta 23: Creo que te resultara interesante como sigue ya me lo dirás.

Kronos Azator: Me cuesta mucho escribir esta historia, y no se como seguirá. Pero tendrá algo más de violencia como has leído en este cap.

Gracias también a Vladislav. Siempre termino mis historias. Aunque tarde un tiempo.

Pues es todo hasta el próximo. Que no se cuando será, tengo poco tiempo para escribir.

Gracias de Parte de Carmen. (Alohopotter).