Ya alojados en la posada, Tyrion envió a Pod a informarse sobre el primer barco que partiera hacia Myr y comprar algunas ropas sencillas para Sansa y para él, si lograba encontrar algo de su talla. Mientras fuesen fugitivos tendrían que confundirse entre la gente común.
Encargó al posadero que les subiera la cena a la habitación que compartía con su esposa. No era un aposento espacioso ni muy confortable, pero al menos la cama estaba limpia, y había una jofaina con agua clara.
Sansa se sentó sobre el colchón con un suspiro de alivio.
"No es gran cosa, pero me temo que es lo mejor que Pod ha podido encontrar," se disculpóTyrion. "Me volveré para que tengas un poco de intimidad. Seguramente querrás refrescarte."
"Gracias, Tyrion." De nuevo esbozó la sonrisa que él estaba empezando a atesorar. La había visto sonreír escasas veces.
Él se apostó junto a la puerta cerrada y pegó el oído, para escuchar los sonidos de fuera. Intentó concentrarse en las voces y los pasos sobre el piso de madera, pero perdió la concentración en cuanto oyó el suave roce de la tela al deslizarse sobre la piel y el chapoteo del agua al salpicar
Ella se estaba aseando a sus espaldas. Tyrion inmediatamente sintió calor y un hormigueo en la entrepierna al imaginársela desnuda. Se reprendió mentalmente ante tales pensamientos. ¡Es poco más que una niña!, se recriminó por enésima vez. ¡Ha sufrido un infierno! Y además no te quiere ni desea acostarse contigo, enano lujurioso. ¿Cómo va a querer? ¿Querrías tú si estuvieses en su lugar?
Iba a ser una larga noche. Era la primera vez que dormirían en la misma cama.
Sabía que el sueño no vendría con facilidad. No solía dormir muy bien ni en la mejor de sus noches.
Y hoy vas a tenerla a tu lado bajo las sábanas. Le costaría un gran esfuerzo no mover la mano para tocarla con disimulo...
"Ya he terminado," dijo ella, sacándolo de su inapropiada ensoñación. Él inspiró una bocanada para calmarse y se dio la vuelta, sonriente.
La chica trataba de desenredarse el cabello con los dedos. Él se sintió tentado de ofrecerse a ayudarla, pero se reprimió.
"Ahora voy a lavarme yo. Sé que no puedo adecentarme mucho, pero haré lo que pueda," bromeó.
Sansa se sentó, peinándose y contemplando ensimismada la pared opuesta.
Tyrion se lavó lo mejor que pudo y poco después trajeron la cena, que consumieron sobre la pequeña mesa que era todo el mobiliario, junto a la cama y dos sillas. Él trató de mantener una conversación ligera para distraerla, y casi lo consiguió. La hizo reír un par de veces y sintió un nudo en el estómago al ver cómo se le iluminaba su preciosa cara al reírse. También le contó lo que sabía sobre Pentos, el príncipe mercader y los magísteres ilustres, entre los que Illyrio era uno de los más importantes.
"Por supuesto, nunca te fíes de un mercader de Pentos. Y menos aún de Illyrio Mopatis. Te vendería en un pestañeo," afirmó, con fingida solemnidad. Y guiñó un ojo, pícaro.
Sonaron unos leves golpes en la puerta, siguiendo la clave secreta que había convenido con Pod, para que Tyrion no tuviera dudas de que se trataba del chico. De todos modos Tyrion siempre tenía el puñal a mano.
Abrió con cautela y el chico entró. Pasó a su señor un fardo. Tyrion lo abrió y examinó el contenido. Un par de vestidos para Sansa, una capa, unas mudas de ropa interior (el chico se puso rojo), y para su señor sólo había podido encontrar prendas de niño, pero sólo se distinguían de las de adulto por el tamaño.
"A primera hora de la mañana zarpa un barco hacia Myr. He reservado los camarotes."
"Muy bien, Pod. Eres un buen escudero. Lamento que hayas tenido que huir con nosotros, pero no podías quedarte. Te habrían acusado de complicidad ."
"Lo sé, mi señor. No me importa, en Poniente ya no quedaba nada para mí."
Tyrion se sintió emocionado.
"Podrías haber llegado a caballero. Pero en fin, es mejor no recrearse en lo que podría haber sido." Señaló al chico la comida que aún quedaba en la mesa. "Te hemos encargado la cena."
"Muchas gracias, mi señor." El escudero cogió su porción y lo que quedaba de la jarra de vino, y se marchó a su cuarto tan silenciosamente como había llegado.
"Un buen muchacho, tu escudero," apuntó Sansa.
"El mejor," afirmó su esposo. Se aclaró la garganta. "Deberíamos dormir. Mañana saldremos muy temprano."
"Por supuesto."
Tyrion le dejó su espacio para quitarse el vestido y quedarse en combinación. Él se puso una camisa larga, intentando no fijarse demasiado en cómo la combinación se ajustaba a las curvas de la muchacha. Aún así, vio cómo los pezones apuntaban por debajo de la tela y cómo las caderas resaltaban. Tragó saliva y apartó la vista, no sin que antes ella captara qué era lo que él estaba mirando; se sonrojó pero no comentó nada. Subieron a la cama. El colchón estaba relleno de paja y abultaba por algunos sitios, pero probablemente eso era lo más cómodo en lo que podrían tenderse.
Él procuró situarse lo más alejado de ella como le era posible. La oyó suspirar.
"Sansa... Te mantendré a salvo."
"Gracias, Tyrion. De verdad, gracias por todo."
"No se merecen. Buenas noches, Sansa."
"Buenas noches, Tyrion."
Guardaba el puñal debajo del colchón, siempre cerca de su mano. La puerta estaba atrancada y la ventana tenía barrotes. Permaneció atento a los ruidos nocturnos. Al cabo de un rato oyó la respiración regular y profunda de la chica, y se alegró de que al menos ella pudiera descansar y evadirse.
En algún momento se deslizó en un sueño inquieto. Soñó que alargaba la mano para acariciar la mejilla de su mujer, pero ella se alejaba y sus dedos quedaban suspendidos en el aire, sin llegar a rozar la suave piel.
