- ¿Volvemos a casa? Carlisle debe estar preocupado. – Le dije, aun entre sus brazos.

- Claro Rose.

Me soltó suavemente, y emprendimos el camino a casa. Corrimos en silencio ¿Para que hablar? Lo único que hacíamos bien juntos, era Pelear y besarnos. Lo más rutinario de mi infinita existencia. Llegamos a casa y – Como en las ocasiones pasadas – Carlisle me ofreció una disculpa que, por supuesto, acepte. Esme era lo más parecido a una madre. Sabía exactamente que ahora quería estar lejos de ambos, así que me invito a salir de caza.

- Intente persuadir a Carlisle – Dijo mientras corríamos, ya bastante lejos de ellos. – Pero lo conoces.

- Si, no es culpa suya.

Y era verdad. La relación que teníamos Edward y yo era… rara. Nada que hubiera visto antes, y, a por la experiencia de Carlisle como vampiro, estaba segura de que él sabía algo, por eso su insistencia. Cazamos una par de panteras, mientras seguimos hablando de cualquier cosa, menos de Edward Masen. Mi supuesto hermano. Cuando llegamos a casa, no encontramos ni a Edward ni a Carlisle, habían salido a cazar. Me sentí inmensamente feliz. Me dirigí a mi habitación y Esme a la suya, a esperar a su pareja.

- Valla día. – Gruñí, dejándome caer sobre en el diván.

Habían pasado ya muchos años desde que Carlisle me transformo, ahora ellos eran mi familia. Papa, mama… ¿hermano? Y es que Edward era todo, menos mi hermano. Nuestra relación era extraña – Estúpida es la palabra correcta – Y es que el jugaba sucio, sabia a la perfección mi punto débil – Lo había oído muchas veces en mi mente – y sabia como atacar, para hacerme vulnerable. Era un juego de fuerza. Siempre ganaba él. Oí cuando llegaron Carlisle y Edward, me hubiera encantado poder dormir, o al menos fingir que lo hacía, para evitar a Edward.

- Rose, Carlisle y yo saldremos un momento.

- Claro, regresen pronto.

Ambos salieron y echaron a correr, demasiado rápido, para tratarse de ellos. Edward se quedo en el salón, tocando el piano.

- ¿Alguna petición, Rosalie? – Susurro desde el salón.

- Lo de siempre. - Le conteste cortante.

Comenzó a tocar una suave melodía, y despeje mi mente de cualquier pensamiento, me concentre únicamente en la canción. Una melodía suave, llena de amor, pero también de nostalgia. Tardeé La canción, simplemente como acompañamiento. Cuando termino, subí a mi habitación y se sentó junto a mí, intente ignorarlo. No lo logre.