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Al volver a entrar en la habitación, Burning llevaba puesta una sábana sobre los hombros, un cojín sobre la cabeza y una almohada en la boca. Con paso ceremonioso se movió al centro de la habitación, y dejando caer la almohada de su hocico separó las piernas, levanto la mirada y se llevó un casco al pecho diciendo con voz grave y refinada:
―Contemplad, fui el Primer Líder y Fundador de la Orden de los Caballeros de Equestria, además serví como herrero de su Majestad e inventé la mayoría de las técnicas de espada que se conocen aun hoy en día. ¿Sabes quién soy?
―¿Burning Spades tratando de ser gracioso?
―No, joven aprendiz mia. Soy Gallahoof, llamado el Grande, y no conozco a ese tal señor Spades que mencionas, pero estoy seguro que debe tratarse de algún corcel de renombre. Tu, en cambio, eres Trotterlot de Hoofington ―se quitó el cojín de sobre su cabeza y se lo colocó a Candysmile en la de ella como si de un luciente yelmo se tratase ―eres mi fiel escudera y aprendiz. Juntos, tu y yo, liberamos las fronteras de Equestria de las oleadas invasoras de los malvados lizerinos en el siglo II de nuestra era solar.
―Eres raro… ―concluyó la potrilla mirando a su cuidador con gesto de tremenda extrañeza. ―Ademas, es bien sabido que el nombre completo de Trotterlot era Trotterlotus Galanthas de Hoofington y que as invasiones lizerinas fueron más bien en el siglo II y medio…
»Al menos tú me pones almohadas en la cabeza… Rarity suele ponerme cosas mas extrañas…
―Son detalles, mi fiel aprendiz, meros detalles sin importancia. ―Prosiguió Burning usando esa voz de tono elegante que usaba para interpretar su papel de Galahoof ―Nosotros somos caballeros, y como tal servimos a la princesa.
Entonces, abriendo mucho los ojos, levantó un casco del suelo y señaló con él en dirección hacia el muro detrás de Candysmile:
―Cuidado, mi inseparable Trotterlot, ¡veo a los lizerinos que, en incontables huestes, invaden de nuevo nuestras fronteras y se han aliado con los exiliados ya-no-ponis! Debemos replegarnos hacia la fortaleza en el acto.
Burns levantó a la potrilla y se la echó sobre el lomo, y con ella encima comenzó a cabalgar por la biblioteca.
―Se-señor Spades, ¡espera! ―dice ella tratando de aferrarse para no caer.
Burns la llevó bajo la mesa, donde, escondidos, echaron miraditas discretas como espiando a los enemigos invisibles que los invadían.
―El deber no espera, mi joven escudero. Debemos ser prudentes y prepararnos para el enfrentamiento. Un caballero jamás actúa por impulso. Más cerebro que musculo, recuerda eso, mi fiel Trotterlot, es lo que un caballero necesita.
―Yo necesito un remedio para el mareo. ―la potrilla se sujetaba la cabeza tratando de recuperarse del sobresalto repentino.
―¡Oh, no! ―la interrumpió Spades ―¡Es demasiado tarde! Los lizerinos han tomado ya la fortaleza…
En un peculiar movimiento, Burning se sujetó su propio cuello con una de sus piernas delanteras y fingió como que lo arrastran hacia afuera de la mesa mientras le dice a Candy, lleno de convicción, en la voz sobreactuada de Gallahoof:
―Huye, mi devoto aprendiz, comanda las tropas de ponis hacia Canterlot en mi nombre… recuerda… yeguas y potrillos primero… ―y sin decir más, desapareció subiéndose a la mesa.
―Señor Spades, de verdad, con cuidarme es suficiente. ―trató de convencer la potrilla, bastante desconcertada ―no tienes que hacer nada de esto. Tu sabes, que coma a mis horas, que me acueste a dormir la siesta, que haga mi tarea… lo que Twilight te dejó escrito en la lista solamente…
No hubo respuesta alguna. El silencio reinó por completo en la biblioteca un momento, hasta que Candysmile escuchó que detrás suyo, había caído un cuerpo pesado… que comenzó a arrastrarse. El bulto se incorporó revelando que es Burning, quien ahora envuelto en una sábana color verde comenzó a hablarle en un acento siseante y siniestro:
―¿Pero que tenemosss aquí? ―dijo con malicia ―Si tan solo eres un pequeño poni aprendizzz. ¿Dónde han quedado los valientesss Caballerosss de Equestria, pequeñín? ¿Acaso, han dejado la fortalesssa en mis garrasss? Yo, que soy Gurnenvagm V, príncipe de los lizerinosss…
―¡La fortaleza nunca cayó en tus garras! ―lo detuvo Candysmile totalmente resuelta ―es u hecho bien sabido que fuiste derrotado por Galahoof, el Grande, en la batalla de las mil lanzas y que Trotterlot destruyó tu último batallón.
―Ah, pero la hissstoria no está escrita… salvo en essstos libros ―Burns voltea a mirar el libro de historia de la potrilla y tomándolo, lo aparta del camino ―pero en el siglo dosss aun no están escritosss. Vamosss, caballero de Equestria, ¡muessstrame tu valor!
Spades se acerca con paso sinuoso hacia ella arrinconándola poco a poco cerca de donde el cojín que el corcel usaba como casco descansaba inmóvil.
―Señor Spades… de verdad me estás asustando… ―la potrilla retrocedía poco a poco amedrentada.
―No hay ningún señor Spadesss por aquí, aprendiz, prepárate para ser comida de lagartosss ―irguiéndose, Burns se para en dos patas para parecer más amenazante, y estando así, se cubre el hocico con un casco como para disimular diciendo en la elegante voz de Galahoof: ―Trotterlot, mi fiel aprendiz, recuerda las palabras que te hablé en nuestras muchas aventuras. Haz acopio de tu fuerza y tu valor; así podrás esgrimir a Advenderil, mi espada dorada, infundida con las plegarias que eleva Su Majestad, la Princesa Celestia, por todos sus fieles caballeros cada día.
»Tómala, ahí está, descansando a tu espalda. Acaba con el príncipe lizerino haciendo uso de ella. ―Y al decir esto, volvió a su interpretación del malvado lagarto.
Al girar su cabecita, Candy no vio espadas, sino solo un cojín abandonado e inmóvil. Un resplandor azul oscuro resplandeció entonces en el cuerno roto de la pequeña alicornio, y propulsado por esa magia, la almohada voló por el aire de la biblioteca golpeando a Spades con tanta fuerza que lo derribó de espaldas. Sus anteojos se cayeron de sobre su cara mientras el poni de tierra yace de espaldas en el suelo de madera sin moverse.
―¡Ay no! ―saltó asustada la potrilla y corrió a donde su cuidador había caído desfallecido ―Señor Spades, háblame, dime algo…
Trató de juntar sus pequeños cascos sobre el pecho del poni de tierra y trato de reanimarlo con masaje cardiovascular.
―No te mueras, señor Spades, no me dejes… no te vayas con Feathersharp, por favor…
Burning sujetó los casquitos de Candysmile suavemente y mirándola con sus desenfocados ojos, le dijo, hablando en la voz ceremoniosa de Galahoof:
―Lo has logrado… mi fiel aprendiz. Salvaste la fortaleza, y con ella, a toda Equestria. Su Majestad, la Princesa, ahora te condecorará nombrándote caballero… y talvez, con mi partida, te conviertas en el líder de una nueva generación de caballeros…
Buscando con su casco, Spades alcanza el cojan Advenderil y se lo pone en sus cascos a la potrilla.
―Toma, ahora recita el juramento de la Orden. Quiero oírlo de ti antes de que me vaya a morar con mis ancestros…
Con lagrimitas rodandole por las mejillas, Candy toma el cojan y recita de memoria con aire solemne y respetuoso:
―Que nuestras espadas jamás sea romas, que nuestra fuerza sea la devoción, que nuestra verdadera armadura sea nuestro corazón. Juro proteger fielmente a nuestra Señora Excelsisima Celestia, como caballero de Equestria que soy…
―Ah… si, eso es. ―una sonrisa noble y llena de paz se dibuja en el rostro de Spades ―ya los veo… los corceles blancos que me guiarán a las moradas imperecederas… sigue, fiel Trotterlot, y quien sabe… talvez, en unos dos mil años, los jóvenes potrancos recordaran tu nombre y tomarán tu ejemplo de dedicación, esfuerzo y templanza, sirviendo de inspiración a las generaciones venideras…
Al decir esto, suspiró y dejo caer su cabeza hacia atrás quedado inmóvil.
―No te mueras… Señor Spades, lo siento. Me portaré bien, no volveré a jugar con cojines, pero por favor, no te mueras… ―lloraba desconsolada la pequeña.
―No me muero, Candy. Pero Gallahoof si expiró su último aliento en la fortaleza del abismo de Flankburg a finales del siglo segundo. A partir de entonces, Trotterlot, su fiel escudero, tuvo que tomar las riendas de una desmoralizada Orden de Caballeros de Equestria, convirtiéndolos en una institución que perduró hasta poco menos de un siglo antes del regreso de la Princesa Luna.
Candy entonces se levantó, aliviada al principio, pero después molesta, reclama:
―¿Qué clase de juegos son esos, señor Spades? Soy solo una potrilla, ¿recuerdas?
―Mi padre solía jugar conmigo así cuando yo tenia tu edad ―responde incorporándose ―Es una forma más interesante de aprender historia, no ocupas salir de casa y usas la imaginación. Si bien, cada vez que se juega es un poco diferente, el juego siempre acaba más o menos igual. Para poder conocer los detalles siempre es mejor consultar los libros.
―Vaya… pues parece que tu padre si te quería…
―El me quiere ―corrigió Burns ―vive aún, aunque tengo años sin verlo.
―Al menos sabes que esta vivo… ―respondió ella poniéndose melancólica ―yo no tengo nada…
―¿Nada? ―el herrero se acomoda sus gafas ―yo no creo que no tengas nada.
―No tengo nada, señor Spades. Twilight jamás será mi madre, mi cuerno está roto, soy débil para correr e intolerante a la lactosa, alérgica a los tulipanes, al colorante turquesa, al te de manzanilla muy cargado, a las cartas escritas en papel de arroz…
―Bueno… si cuentas solo las cosas que te hacen falta o te lastiman, en verdad que parecerá que no tienes nada…
―Pero así es… seguramente, de no ser porque Twilight te lo pidió, tu no me cuidarías y… ―se detuvo pensativa un momento ―tengo la extraña sensación de que me lo meresco…
―Pues no estoy de acuerdo. Que te parece si consideras que, a pesar de no ser tu madre, Twilight cuida de ti como su tuvieras su sangre. Tienes amigos y amigas aquí en Ponyville. Puedes jugar con Spike y con las demás chicas. Hay una gran variedad de otros dulces, deliciosas golosinas y flores que si puedes disfrutar.
»Talvez no tengas un cuerno, pero hay ponis para quien eso jamás ha sido un impedimento… y ahora que lo mencionas, estoy seguro que te vi usar magia sobre la espada Advenderil hace un momento…
Desconcertada, la potrilla quedó pensativa un momento y sacudiendo la cabeza lo negó cabizbaja.
―Pudo ser otra cosa… talvez lo arroje con mis cascos…
―Es cierto que yo no soy bueno con los potrillos ―Burning camina hacia ella en un intento de animarla ―Creo que lo único que se hacer realmente es investigar… y tener sueños raros… pero si me lo permites, me sentiré honrado de venir aquí y contarte historias, jugar contigo y enseñarte cosas como mi padre lo hizo conmigo. Sé que para ti jamás llenaré ese espacio, pero aquí en Ponyville, todos somos tu familia…
―Yo… ―muy pensativa, algo parecía estar ensombreciendo aún el semblante de Candysmile― te lo agradesco mucho señor Spades…
»Pero… dime una cosa… ¿crees que es normal… tenerle miedo a un poni?
