Meses habían pasado desde la segunda batalla contra Thanos, era como si todos hubieran aceptado lo sucedido y eligieron seguir adelante, pero él no había podido hacerlo. El científico aún estaba hundido en su dolor, todos los "y si…" estaban vivos en su mente y no lo dejaban descansar.

¿Y si ella hubiera ido con él a buscar las gemas?

¿Y si Hulk hubiera salido la primera vez y matado a Thanos?

¿Y si hubiera aprovechado el tiempo con ella?

¿Y si hubieran estado juntos estos 5 años?

Pero ya no podía hacer eso, ya no importaba, porque él había perdido el tiempo y había perdido lo único que le había importado en su fracturada vida: a ella.

Cada día parecía ser más oscuro, los malos hábitos a los que recurren las personas normales en estas situaciones no le servían: el alcohol no lograba embriagarlo, los cigarrillos no lo calmaban, las drogas no surtían efecto en su sangre modificada, y a pesar de estar al fondo de un abismo, él sabía que morir no era una opción. Se lo había prometido a Tony un tiempo atrás, antes de que todo esto pasara, su amigo le había hecho jurar que no volvería intentar terminar con todo de la manera rápida, pero esa promesa se hacía más difícil a cada momento que pasaba, y cumplir con su palabra le estaba costando demasiado ya.

Sus amigos habían logrado seguir con sus vidas y cada uno había podido encontrar la felicidad a su manera, o, aunque sea estaban buscándola, algunos cuidaban de sus familias y otros seguían su destino. Pero él no, sentía en cada parte de su cuerpo que no merecía eso. Esa felicidad estaba muy lejos de su vida, lo sabía desde que era un niño y vio como su padre mataba a su madre frente a sus ojos.

¿Cómo alguien tan roto puede llegar a ser feliz?

Había cortado todas sus comunicaciones con Fury y el equipo desde un principio, no quería interferir en sus vidas, aunque sentía que tal vez ellos tampoco querían que él lo hiciera. De algo podía estar orgulloso, su habilidad para desaparecer aún seguía intacta. Solo una persona había logrado encontrarlo desde que decidió comenzar a huir mucho tiempo antes de Thanos, pero ella ya no estaba aquí para hacerlo.

Los días comenzaron a pasar hasta que se hicieron semanas, luego las semanas comenzaron a transformarse en meses. Llegó el punto en el que ya no sabía en que día estaba viviendo, ni si quiera intentemos pensar en si comía o dormía las veces que debía hacerlo. Era como si estuviera viviendo sin vivir, solo era un cuerpo que consumía oxígeno y existía para ocupar un lugar en el mundo, a pesar de su voluntad.

Steve apareció un día en su edificio, pero eso no le generó demasiada emoción, estaba tan cansado que ya ni si quiera quería huir de la situación. Rogers no pudo ocultar su asombro cuando lo vio, no se esperaba encontrar a un hombre común y corriente del otro lado de la puerta.

— ¿Bruce? ¿Eres tú? —preguntó el capitán dudando de la presencia que tenía en frente de él.

— Supongo que sí, o lo que queda de mi persona al menos —respondió el científico sin emoción en su voz— Te sorprenderías de lo fácil que fue revertir la formula, solo tuve que hacer unas cuantas pruebas con un alto riesgo de muerte, pero bueno, ¿Qué tenía que perder? —agrego con sarcasmo ante la incredulidad del rubio.

— Normalmente asumiría que es solo otro intento tuyo de bromear con tu extraño sentido del humor, pero ahora que te veo sé que lo estás diciendo en serio —Steve lo vio con preocupación más aun cuando comenzó a prestarle más atención a su apariencia.

Desde la última vez que lo vio había dejado de ser Hulk, pero aun así este no era el Banner que él conocía. Su rostro estaba marcado por las gigantes bolsas negras debajo de sus ojos, la ropa holgada intentaba ocultar su cuerpo extremadamente delgado, su pelo desordenado junto con sus gafas torcidas eran la frutilla del postre, él no estaba bien.

— ¿Has comido o dormido hoy? —el capitán contrajo su rostro con frustración ante el encogimiento de hombros de su compañero— ¿Lo has hecho en la última semana, aunque sea?

— Supongo que sí —murmuró en respuesta Bruce logrando enojar aún más a Rogers.

— ¡Bruce! ¿Pero qué es lo que pasa contigo? —la exasperación se podía sentir en la voz del rubio.

— Nada, lo mismo que me ha pasado en todos estos meses que no nos hemos visto, absolutamente nada. Asique discúlpame capitán por cortar con esta agradable charla, pero quisiera saber por qué es que tu estas aquí —Steve abrió sus ojos con asombro, este no era el científico tímido y torpe que recordaba.

— Solo quería saber cómo estas Bruce, soy tu amigo y estaba preocupado, todos lo estamos. Hace meses que no tenemos noticias tuyas. Y además de eso, parece que no estaba tan equivocado al sentirme así, mira como estas, no puedes seguir así. ¿Cuánto falta para que te mueras de hambre? —preguntó en tono acusador— Nat no se sacrificó para que tú te estés matando de esta manera, ella no hubiera querido esto. ¿Qué crees que pensaría si te viera así?

— ¡¿Y tú como sabes lo que ella hubiera querido?! ¡Está muerta, Rogers! ¡Se tiro de un acantilado para salvar al mundo y compensar así todo el rojo de su libro mayor, pero se olvidó de los idiotas que no podemos hacer ese sacrificio y borrar todas las cuentas pendientes del pasado! ¡Se olvido de los estúpidos que nos tuvimos que quedar atrás viendo la vida pasar! ¡Se olvido de este estúpido!

Los ojos de bruce brillaban de furia y dolor contenido, el verde iba y venía en ellos advirtiendo de lo que se podía llegar a desatar y Steve ya no tenía la edad ni la fuerza para lidiar con eso, pero antes de que pudiera responder Bruce continúo hablando.

— ¿Tú crees que yo elegí quedarme aquí, de nuevo solo, para vivir mi miserable vida? ¿Tú crees que no daría todo por haber muerto yo ese día, en lugar de ella? He intentado una y otra, y otra, y otra vez terminar con esto y poder dejar todo ese sufrimiento detrás de mí, y aun así puedo asegurarte que fallé en cada una de esas veces —Banner trago el nudo que se había formado en su garganta antes de continuar hablando, esto estaba doliéndole más de lo que quería— Asique ahora dime Steve, tú que tanto sabes lo que ella quería, ¿fue su intención que yo viviera mi maldita y miserable vida, sabiendo que estaría solo de nuevo y que nunca encontraría a alguien como ella que calmara un poco este tormento y me diera algo de paz?

Bruce sonrió con amargura ante el silencio del rubio sabiendo exactamente lo que él estaba pensando, lamentablemente para el capitán, era alguien bastante predecible.

— No me digas que no estoy solo cuando Clint tiene a una familia a la que cuidar, Pepper tiene a su hija y a Rhodey y Happy que la ayudan, Thor se fue a buscar su destino, Wanda y Bucky parecen haber encontrado consuelo entre ellos, Sam tiene tu puesto y unos nuevos vengadores que entrenar, y no nos olvidemos que tu pudiste volver y conseguir esa vida que querías con Peggy.

Un sentimiento de culpa cruzo por los ojos del capitán, él había podido volver con el amor de su vida y vivir esa vida que le habían prometido, pero nunca se había detenido a pensar en los que no habían podido conseguir eso.

— Asique luego estoy yo, bien en el fondo. Perdí a mi mejor amigo y a la mujer que amaba, y luego de todo eso me toco sentarme aquí a ver como todos continuaban con sus vidas y yo no era capaz de salir de este agujero. Asique no me mientas Cap, no intentes hacerlo. No me digas que es lo que ella quería, porque lo que yo pienso es que fue lo suficientemente egoísta como para morir y saldar sus deudas y olvidarse de todos los que la queríamos a ella —una lagrima intento bajar por la mejilla del científico pero él fue lo suficientemente rápido para hacerla desaparecer antes— Vete Steve por favor, no me hagas seguir reviviendo todos los recuerdos dolorosos de mi vida, si eres mi amigo solo vete y déjame seguir aquí intentando morir solo.

Rogers abandonó el lugar en contra de su propia voluntad, resignado al hecho de que él solo no podría cambiar nada. Había sido el capitán América en sus tiempos de juventud, pero ahora ya estaba muy viejo para estas cosas. Si quería ayudar a su amigo necesitaba ayuda, y sabia a quién podía pedírsela.