Harry se había levantado ese día sin ganas de ir a Hogsmeade. Era el tercer sábado desde que había salido de la enfermería. Afuera estaba nublado, y a juzgar por todos, una tormenta se vendría dentro de poco tiempo.
Acurrucado en la cama, descansó mientas los otros se vestían para el tan apreciado día, y se hizo el dormido cuando Seamus intentó despertarlo de un grito. Su cabeza comenzó a dar vueltas luego de que el muchacho aturdiera sus oídos. Las cortinas de su cama permanecían cerradas cuando escuchó a los demás salir de la habitación.
-Esperen un momento- oyó decir a Ron, y luego de unos segundos asomó la cabeza por las telas que rodeaban a su amigo- Harry ¿no vas a venir a Hogsmeade?
-No, Ron, no me siento bien- respondió volteándose hacia un costado.
-Bien- aceptó el pelirrojo, y unos segundos después su cabeza desapareció.
Harry sintió las frazadas calientes rodearlo con acogimiento, la almohada estaba tan suave y blanda y los ojos no querían abrirse...
Despiértenme dentro de un millón de años...
Entre sueños, el moreno dio una vuelta en la cama. Se sentía algo incómodo. Subió su mano y tanteó el cuello transpirado, y se dio cuenta de que las frazadas lo estaban asfixiando. Empujándola con los pies, la bajó hasta el extremo inferior del lecho, y quedó con los ojos abiertos mirando las cortinas. De repente sintió escozor en la espalda. Tenía muchísimo calor.
¿No estaba fresco por la mañana?
Tomó su pijama celeste pálido y lo sintió algo húmedo, así que se despojó de él sin dudarlo. Lanzó un suspiro, sonrió sin saber exactamente por que, y descansó apoyado sobre sus codos en la cama.
Bajó la vista y miró su pecho blanco, que subía y descendía al compás de su respiración. Se recorrió con los ojos hasta analizar el más mínimo músculo. Contrajo el vientre varias veces para ver sus abdominales, aunque apenas llegaba a endurecérsele el abdomen, a pesar de que quisiera que se le marcasen los "cuadritos". Luego examinó sus brazos, cuyos músculos habían crecido, solo un poco, pero lo suficiente para que no lo calificasen de escuálido. Y finalmente, agotado de estar tantos minutos haciendo ocio en la cama mientras los demás se divertían en Hogsmeade se tiró hacia atrás, para sentir por última vez lo que era estar acostado.
Con algo de pesar, se arrodilló en la cama, sujetó las cortinas y las corrió.
-¿Qué demonios...?
-Ah, ya despertaste, Harry- dijo Ron como si nada levantando la vista de una revista sobre equipos de Quidditch. Pero sus ojos quedaron pegados en el muchacho como si éste tuviera un imán, y desviando la mirada, trató de ocultar sus mejillas ruborizadas. No siempre veía uno a su amigo en aquel estado...
-¿Po... por qué no fuiste a Hogsmeade?- preguntó Potter sorprendido mientras se ponía de pie dificultosamente- Ron ¡Hey, Ron!
-¿Eh...? Ah, si, pues... porque no me sentía bien.
-Parecías muy bien esta mañana- lo contradijo Harry con el ceño fruncido.
-Pues después me agarró jaqueca- se explicó Ron alzando las cejas notablemente.
-¿Y lees una revista con jaqueca?
-Es... es que ya se me pasó- dijo Ron entre dientes, por lo que al moreno le costó entenderlo.
-¿Y por qué estás en la habitación? Afuera hay sol- Harry no comprendió lo que acababa de ver por la ventana- Lo cual no pudo entender ya que hoy parecía por llover... en fin ¿qué demonios haces un sábado soleado por la mañana en tu habitación leyendo?
-No importa.
-Sí me importa. Me importas, Ron- el pelirrojo alzó la mirada, sorprendido. Sin decir nada volvió a su revista.
-No te preocupes, estoy bien- dijo secamente.
Harry comenzaba a exasperarse...
-Te estás comportando extraño, algo te está pasando.
-Ya te dije que estoy bien- exclamó el pelirrojo frunciendo el ceño.
-¡No eras así antes, Ron!
-¡Pues debe ser que mi personalidad está cambiando, deja ya de molestar!
Los ojos de Harry se volvieron tan fríos como dos bolillas de hielo...
Lanzó a Ron una última mirada, buscó ropa en el baúl, se encerró entre las cortinas de la cama y unos minutos más tarde salió completamente vestido.
-Harry, yo...- comenzó Ron, pero el moreno volvió a clavar una fría mirada llena de resentimiento en el pelirrojo y caminó hasta la puerta...- ¡No me mires así...!
-Tú no quieres que te moleste, así que no te molestaré- dijo Potter sin volverse... y cerró la puerta detrás de él.
Eres un idiota...
Dos semanas más transcurrieron. Dos semanas sin que haya un mínimo intercambio de palabras entre Harry y Ron. Hermione parecía muy preocupada, pero aunque lo quisiera, no podía hacer nada: ninguno de los dos quería contarle como se habían peleado. En síntesis, ninguno de los dos quería hablar del otro.
En las clases, Harry estaba muy desconcentrado. Se entretenía mirando cómo bamboleaba ligeramente la punta de su pluma, como caían las gotitas de tinta haciendo manchas extrañas sobre el pergamino y de vez en cuando, detenía su mirada en alguna pelusa que pasaba flotando libremente. Libre... él quería también ser libre.
Libre de ser Harry Potter.
Lo peor de todos y cada uno de los días era que debía cruzarse con Ron antes de ir a dormir. Aunque no era muy difícil desviar la mirada a cualquier cosa estúpida antes de ver a su amigo acomodando cosas que nunca antes había acomodado. Y ante cualquier indicio de poder iniciarse una conversación, se metía en la cama y cerraba las cortinas, aislándose así de todo ese maldito mundo que lo rodeaba.
No. No era fácil estar peleado con Ron. Harry no veía demasiado coherente la causa de su discusión, pero no por eso se volvería atrás.
Está bien que a veces uno actúa de manera estúpida, pero no voy a bajar mi honor por esto.
Aquella noche, a eso de las tres de la mañana, Harry despertó de un salto. Sentía todo su cuerpo bañado en sudor frío, y le dolía inconcebiblemente la cabeza. Pasó la mano por la cara para librarse de la humedad que la cubría. El corazón le latía con mucha fuerza, tanto que parecía que iba a destrozarle el pecho y salir despedido. El estómago le daba vueltas y sentía muchas ganas de vomitar.
-Ro... on...- gimió- R-Ron...- trató de repetir un poco más alto. Y entonces recordó que estaba peleado con él.
Apoyó los pies en el frío suelo de piedra e intentó ponerse de pie, pero las piernas le temblaban demasiado como para mantenerse erguido. Luego de intentarlo dos veces, la tercera logró pararse. Dio unos pasos y se llevó el brazo al estómago, que se revolvió con mayor fuerza. Entre gemidos dio otros pocos y cortos pasos, sosteniéndose de lo que tenía a mano.
No llegaré así hasta la enfermería...
Alzó la vista y miró la puerta, hasta la cual había un largo trecho sin ningún soporte del cual sostenerse. Tomó aire, aunque se arrepintió de ello, porque el olor a humedad hizo aumentar las náuseas, y comenzó a caminar hasta la abertura tratando de hacer los pasos lo más largos posibles.
De repente sintió como si le hubiesen partido la cabeza en dos con un hacha.
Un grito ahogado salió despedido de su garganta. Las piernas perdieron la estabilidad y trastabilló, moviendo las manos en el aire con tal de atajar lo que pudiese para sostenerse. Pero sus brazos y piernas terminaron por adormecerse y el cuerpo de Harry cayó al suelo.
Pero aquello no era el suelo...
-Harry ¿te encuentras bien?- oyó la suave y preocupada voz de Ron pegarle en el oído. El moreno asió a su amigo muy fuerte, incrustando la cabeza en su pecho. El Weasley lo sostuvo con más fuerza, sin saber exactamente qué debía hacer.
-Cuidado...
-¿Qué dices?- preguntó Ron acercando el oído al rostro de su amigo.
-Voldemort...- susurró el moreno con la cabeza pegada al cuello de Ron- ... la luna llena... Mortífagos... cruc... iatus...
-Estas delirando- dijo el pelirrojo al extremo de la preocupación, mientras se apoyaba en el suelo y a duras penas se levantaba sosteniendo a Harry, que parecía una enorme marioneta, por debajo de los brazos- Neville ¡Neville!
El muchacho de cara regordeta separó un poco los ojos, y luego los abrió tan grandes como pudo, viendo sorprendido la escena mientras se ponía de pie.
-Neville, necesito que llames a McGonagall- ordenó Ron, y el muchacho, luego de asentir con la cabeza, salió corriendo de la recámara. Ron fue hasta la cama más cercana y acostó a Harry en ella. El moreno lanzó otro grito ahogado, seguido por una terrible sacudida de su cuerpo. Ron le ubicó las manos a los costados con algo de dificultad y se apoyó ligeramente sobre el muchacho, a quien los músculos se le contraían en intervalos irregulares, haciendo parecer que tenía un demonio dentro que pujaba por salir- Harry, no te preocupes- le susurró mientras acariciaba el cabello del tembloroso muchacho- Ya acabará- la espalada del moreno se encorvaba cada vez más y su cuerpo se sacudía con violencia, mientras que de su garganta salía un sonido ahogado y terrible- Pronto acabará...
¡Señor Potter!- exclamó la profesora McGonagall al entrar a la habitación y se cubrió los labios con su mano temblorosa.
-Profesora, parece un ataque de epilepsia- avisó Seamus, que por los gritos se había levantado hace unos segundos.
McGonagall corrió hasta donde estaba Harry. Pero en ese instante, el cuerpo del muchacho se aflojó luego de una última contusión. Su cabeza cayó hacia un costado. Parecía completamente dormido. Lívido.
-Harry...- susurró ahogadamente Ron, acariciando por última vez el cabello de su amigo.
-Vamos, Weasley, debemos llevarlo a la enfermería- la profesora no se sintió muy cómoda al ver los ojos húmedos del pelirrojo al volverse hacia ella, aún con el moreno entre sus brazos- Pronto acabaremos con esto, señor Weasley. Son las secuelas del ataque, no tiene por qué preocuparse.
Ron no respondió.
Fin del capitulo dos. No hay mucho que decir ¡Dejen reviews, no sean malos, quiero opiniones!
Gracias por leer ;)
Draconiger
