la historia no es mia es de El Club de las Escritoras yo solo adapto su linda historia :3


CAPITULO I

El viento golpeaba con fuerza mi cara mientras intentaba escapar del pesado de Eriol. Durante el verano, yo al fin había cedido ante sus persistentes intentos para que saliéramos un día a tomar algo. Eriol era mi amigo desde tiempos inmemoriales. Jugábamos en la guardería, junto con Tomoyo —mi mejor amiga—, los tres fuimos creciendo yendo al mismo colegio. Pero desde que entramos en el instituto, y las tediosas hormonas de Eriol se revolucionaron, su interés por mí cambió drásticamente. Por eso huía de él. Yo seguía queriendo un amigo para tomar café, y él quería una amiga con derecho a roce para experimentar en la cama.

Aparqué mi nueva moto —regalo por mi cumpleaños diecisiete— en el instituto y me encaminé hacia la puerta en busca de Tomoyo. El ambiente era aún pegajoso, ya que el verano nos regalaba sus últimos resquicios de calor, y estábamos muy próximos a una playa. Fiel a la promesa que le hice a mi amiga, para la que el primer día del último año de instituto tenía que ser memorable, me había puesto unos shorts vaqueros y una camiseta negra un poco escotada. Teníamos que ir arrebatadoras, según sus palabras, y yo había hecho lo posible, aunque no me apeteciera demasiado.

Cuando estaba subiendo las escaleras, los gritos desde el aparcamiento me llamaron la atención. Como tenía que esperar a mi amiga, me detuve. Dos chicos se encontraban subidos en enormes motos de carreras, y mantenían la rueda trasera en el aire, en un equilibrio inestable. Sus miradas estaban cruzadas en un claro desafío, mientras un grupo de unos diez estudiantes los vitoreaban.

—Ocho, nueve, diez… —cada vez elevaban más sus voces, hasta convertirlas en un aullido excitado— once, doce… —hasta que uno de los chicos que iba en las motos, bajó la rueda con estrépito, y entonces sí que pude oírlos chillar. Unos cuantos saltaban y abrazaban al ganador, al que solo pude distinguirle el pelo castaño desordenado, quien había aparcado la moto y se echó a los brazos de sus amigos.

El otro, por increíble que pareciera, también lo abrazó, aunque no supe si el gesto fue sincero.

Pude ver que la pandilla se acercaba hacia las puertas e, inevitablemente, a donde yo me encontraba.

Reconocí entre ellos a alguno de los chicos problemáticos ampliamente conocidos en el instituto, la mayor parte de ellos expulsados al menos una vez. El ganador no me sonaba, por eso no pude evitar centrar mi atención en él. Lucía una camiseta negra ajustada, que dejaba ver sus anchos hombros, y los vaqueros, muy desgastados, caían peligrosamente, siendo solo frenados por los huesos de sus caderas.

Todo en él parecía grande, incluso sus ojos, de un cafe muy oscuro que se clavaron en los míos, con un brillo que no supe identificar, mientras esbozaba una leve sonrisa al pasar por mi lado.

—Miren chicos, teníamos una espectadora —el ganador me señaló con el dedo, se paró junto a mí unos instantes, y me miró de arriba a abajo, deteniendo la vista en mi pecho—. Parece que ese sujetador que llevas te está apretando un poco esos preciosos pechos que tienes. Si quieres me ofrezco voluntario para liberar esa tensión —como me pilló tan de sorpresa, mi reacción instantánea fue ruborizarme hasta parecer un semáforo en rojo. Antes de que pudiera replicarle, siguió diciendo—:

Mm, me encantan las chicas que se ponen rojas como si fueran fresones —esta vez se acercó un poco más a mí, y me miró directamente a los ojos—. Dan ganas de lamerlas de arriba abajo hasta que exploten.

—¡Imbécil! ¡Sinvergüenza! —las palabras salieron sin yo ser consciente de las mismas—. Le voy a decir al director ahora mismo que competían en el aparcamiento del instituto. Dime tu nombre —se oyeron abucheos por parte de sus amigos e incluso pude ver expresiones amenazadoras. El chico intentó calmar los ánimos haciéndoles gestos con las manos, y soltó una risilla tan irritante como encantadora.

—Shaoran, nena —dijo arrastrando las palabras, como si quisiera darles énfasis—.Recuérdame como el tío que quiere curar con su lengua todas las zonas rojas de tu cuerpo —y con esas últimas palabras y un guiño de ojo se despidió de mí, no sin antes ver mi dedo corazón delante de sus narices. ¡Vaya engreído, maleducado y cobarde! Ni siquiera me había dado su apellido para ir con el cuento al director. Aunque me pondría a indagar en seguida.

Una voz conocida me sacó de mis ensoñaciones.

—¿Quién era el-culo-mejor-puesto-que-he-visto-en-años? —preguntó Tomoyo apareciendo ante mí con su pelo color negro y unos ojos amatista muy vivos, los que miraban de forma alternante a Shaoran y a mí— Si mis sentidos no me engañan, Sakura, estabas hablando con él.

—Tus sentidos te engañan, créeme —la cogí de la mano, mientras tiraba de ella hacia el interior del edificio—. Es un chulo que se estaba metiendo conmigo.

—¿Qué te ha dicho exactamente?

—Algo sobre mis tetas, queriendo intimidarme.

—Bueno, tampoco lo veo muy raro —dijo Tomoyo, bajando la mirada hasta mi escote y sonriendo con aprobación—. Con unas tetas como esas, es imposible pasar a tu lado indiferente. Bien podrías aparecer en la portada de la revista Playboy.

Ante un comentario tan sincero, no pude más que reírme y darle un achuchón a mi mejor amiga. Ella era así, espontánea, sincera, y aunque sabía que a mí no me gustaba que me dijeran cosas como esa, viniendo de ella jamás podría enfadarme.

La mañana resultó tediosa, entre presentaciones y repartición de nuevos horarios.

Había un profesor nuevo de lengua y literatura. Dijo que se llamaba Yue.

Parecía joven, tal vez no llegara a los treinta años, tenía un aspecto misterioso y cabizbajo. En seguida llamó la atención de Tomoyo, quien me dio varios codazos durante la clase, pero yo no podía dejar de pensar en el incidente de esa mañana, sonrojándome cada tanto, y mirando de reojo mi busto, pensando que quizás había exagerado mi escote. Gracias al cielo, no vi ni rastro del tal Shaoran en toda la mañana, así que poco a poco me fui calmando.

Cuando llegó el final de las clases, me dirigí hacia mi moto, no sin antes despedirme de Tomoyo, y quedar para tomar algo por la tarde. Agradecí de nuevo el contacto del aire en mi cara, que me atrapaba y hacía que me liberara de todo lo que me rodeaba. Me gustaba afrontar las cosas y me consideraba valiente, pero me agradaba pensar que en la moto podría escapar de cualquiera e ir a donde quisiera.

Llegué a la curva que daba acceso a mi calle, cuando de pronto, una moto me adelantó por el interior haciendo que me tambaleara de forma inestable. Totalmente indignada, apreté el acelerador para ponerme al lado del motorista temerario y poder gritarle a gusto. Pero antes de que lograra alcanzarlo, paró su moto y se apeó de la misma. Había aparcado justo en la puerta de al lado de mi casa.

Aun así me acerqué un poco a él, ya que no solía desistir fácilmente. Quería darle su merecido.

Cuando se volvió y pude ver su rostro, casi me desmayo. La cara de Shaoran apareció de debajo del casco y me sonrió saludando con una mano. La furia empezó a hervir en mis venas.

—¡Eres un idiota! ¿No ves que casi me matas? —bramé furiosa. Estaba dispuesta a destrozarlo físicamente, pero respiré profundamente para poder controlarme.

Mi madre estaba a escasos metros dentro de mi casa y no quería problemas —.

¡No vuelvas a cruzarte en mi camino!

En su rostro se extendió una deslumbrante sonrisa, que me dejó de piedra en mi sitio, mirándolo como una tonta.

—Tal vez no deberías conducir una moto tan grande si no sabes cómo.

Esas palabras me sacaron de mi ensimismamiento. Sacudí la cabeza, haciendo que mis cabellos castaños saltaran, entrecerré los ojos y lo fulminé con la mirada. Él inclinó la cabeza y me miró con un brillo de diversión en sus ojos cafes. ¡Por Dios, qué ojos! Volví a sacudir la cabeza.

—Mira, idiota, el que no sabe conducir aquí eres tú. Si no eres capaz de tener en cuenta al resto de la gente que conduce a tu alrededor, es porque eres un imbécil, o tu enorme ego te obstruye la vista.

Y sin más, di media vuelta y conduje mi motocicleta hasta el garaje de mi casa.

Al entrar en la cocina vi a mi madre, que estaba cocinando algo que olía demasiado bien.

—Mm, ¿qué estás cocinando tan rico, mamá? —pregunté mientras depositaba un beso en su mejilla. Estaba dispuesta a olvidar el incidente de minutos antes.

Sin embargo, lo peor era que al parecer él era mi nuevo vecino, eso no me ayudaría en mi propósito . Ella sonrió.

—Carne al horno con patatas —respondió con satisfacción. Esa era mi comida favorita, y ella lo preparaba de diez.

—Mm… mamá —me quejé suavemente—. ¿Cuánto falta para la cena?

—Bastante.

—Uf… por suerte quedé con Tomoyo esta tarde. Así se me hará más corto.

Corrí hasta mi habitación en busca de ropa, dando gracias a que al ser primer día de escuela no me habían dejado deberes, así que luego de una rápida ducha, contemplé con mirada crítica mi reflejo en el espejo de cuerpo entero. Me había puesto unos jeans negros ajustados y una blusa tipo kimono negra y roja, que me llegaba hasta mitad del muslo marcando bien mis curvas. Los zapatos negros que escogí me hacían ver más alta. Me sequé el pelo con el secador para que se vieran mejor. Después me maquillé suavemente: solo perfilé mis ojos con negro y puse brillo transparente en mis labios. Se podía decir que estaba bien.

Escuché el bocinazo del auto de Tomoyo, por lo que bajé casi a la carrera, cogiendo mi bolso antes de salir atropelladamente por la puerta principal.

—Adiós, mamá —grité.

Tiré mi bolso en la parte de atrás del BMW de Tomoyo y subí al lado del acompañante.

Me giré para ver a mi mejor amiga, quien me observaba de arriba abajo con una mirada analítica. Su escrutinio duró lo que me pareció una eternidad, poniéndome sumamente nerviosa, sintiendo como la sangre comenzaba a subir a mis mejillas. De repente una hermosa sonrisa se extendió por su rostro.

—Estás genial —asintió con aprobación—. Vas aprendiendo, chica.

Puse los ojos en blanco a la vez que ella ponía el auto en marcha.

El café "Bahía Marina" era donde solíamos juntarnos siempre, se encontraba cerca de la playa, y era el lugar favorito de todos los adolescentes de Seaville.

Por los resquicios de calor del final del verano, llevábamos las ventanas abiertas, por lo que la brisa marina acariciaba mi rostro, sintiéndome tranquila. Salir con Tomoyo siempre me hacía sentir bien.

Mi humor cambió completamente, al ver que a un costado del aparcamiento había un grupo de motocicletas estacionadas, una me parecía especialmente conocida.

Suspiré, él día no podía ponerse peor.

Bajé del coche y, miré a mí alrededor sin verlo. Debía estar adentro. Me encogí de hombros y tomé mis cosas antes de caminar junto a Tomoyo hacia la cafetería.

Esta se encontraba llena de clientes y casi todas las mesas estaban ocupadas, excepto una que estaba al lado de mi Némesis particular. Resoplé con exasperación al ver que Tomoyo iba directa ahí . La seguí, mientras por el rabillo del ojo observaba como "mi querido" vecino prácticamente devoraba la boca de ,kano misuki, la golfa del instituto.

«Tal para cual», pensé.

Me dejé caer en el asiento que quedaba libre en nuestra mesa, de espalda a ellos.

—Bueno, voy a pedir mi mocca a la barra. Tú quieres un cappuccino como siempre, ¿verdad? —me preguntó Iris.

—Sip, lo mismo de siempre.

Una vez a solas, necesité de todo mi autocontrol para no girarme a ver que hacía el idiota y su pandilla. Estaba tan concentrada que me sobresalté al sentir una mano que se apoyaba en mi hombro. Me giré con el corazón en la boca y me relajé de inmediato al percatarme de que solo era Eriol, pero mi alivio duró unos segundos al ver como se acercaba peligrosamente a mi boca...


en un momento publico el otro capitulo :3