Disclaimer Los personajes y el mundo de Hora de Aventura son marcas registradas y no son de mi propiedad, todos los derechos pertenecen a Cartoon Network y demás empresas asociadas. Esta historia fue basada en diversos medios de la franquicia y fue elaborada por diversión sin fines de lucro.


Infiltración

El sol había salido no hace mucho tiempo, cuando una pequeña pastilla de menta de colores rojo y blanco, entra con paso torpe a una de las habitaciones ya terminadas del castillo, para despertar a una chica de cabello rosa que dormía en su cama.

—Gran líder arriba —dijo la pequeña menta.

Bonnibel abrió los ojos con pesadez. Estaba cansada, puesto que la noche anterior había sido en verdad agotadora, ella y su tío Gumbald habían sido perseguidos por oozers, y de no ser por la ayuda de una chica vampiro llamada Marceline, a quien conoció en el bosque mientras buscaba una mina de terrones de azúcar, no habrían salido de la peligrosa situación en la que se encontraban.

—Ya voy, ya voy —dijo al tiempo que bostezaba.

La pequeña pastilla salió de la habitación con pasos torpes, mientras que Bonnibel se levantaba muy a su pesar. Después de ponerse su uniforme militar, salió para verificar como iba la construcción y vio que todo estaba funcionando bien. Estuvo ayudando y coordinando la construcción cuando escuchó que alguien le hablaba.

—Buenos días gran líder —saludó una gomita verde.

—Buenos días Gran Maestro Constructor de Caramelo, ¿Cómo están las reservas de terrones de azúcar?

—Están bajas, con suerte lograremos terminar la muralla exterior —respondió con cierta decepción.

Bonnibel se quedó pensando y dijo:

—Entonces será mejor que continúe la búsqueda de una nueva mina de terrones de azúcar —dijo con decisión al gran maestro constructor.

Se preparó con su mochila y salió de la construcción para ir por su tío Gumbald, e ir a buscar la mina de terrones de azúcar. A la mitad del camino escucho una voz conocida.

—¿A dónde vas tan decidida?

Bonnibel miro hacia arriba a su izquierda y vio a cierta vampiresa que conoció la noche anterior.

—¿Marceline? —preguntó sorprendida.

—En persona —respondió ella.

—¿¡Pero qué haces aquí!? ¡¿Y a la luz del sol?! Dijiste que te haría daño —exclamó Bonnibel sorprendida.

—Descubrí que usando bloqueador con un factor de 10 millones basta para dar un paseo bajo el sol.

—Interesante.

—¿A dónde vas? —preguntó la chica vampiro.

—Me reuniré con mi tío y después volveremos al bosque, para continuar la búsqueda —respondió la gran líder.

—Toda una aventura —dijo Marceline.

—Por cierto, ¿Traes algún arma? Tú sabes, defensa, estar preparados —preguntó entrecortado Bonnibel.

—No —respondió la chica vampiro.

—No importa, te presto una de mis pistolas de rayos —dijo la gran líder tomando una de sus armas y entregándola a la chica vampiro.

—No gracias, no es necesario, yo tengo mi propio arsenal—respondió Marceline transformando su mano en garras.

—¡Increíble! ¿Acaso el haber sido mordida te dio esos poderes tan increíbles?

—Sí, claro, fue la mordida —respondió dudosa Marceline rascando su cabeza.

—Tal vez podrías morderme a mí y darme también esos poderes —dijo Bonnibel.

Marceline al escuchar eso se sonrojo.

—Créeme, no es tan genial como parece —respondió con tono indiferente.

—Si tú lo dices —dijo Bonnibel con cierta incertidumbre ante la respuesta de Marceline.

Continuaron platicando de cosas superficiales hasta llegar a la cabaña, donde Bonnibel toco la puerta

—¡Tío! ¿Estás ahí? —gritó la gran líder.

—¡Atrás de la cabaña!

Fueron al lugar, y Bonnibel vio cómo su tío estaba afilando su hacha de una mano.

—Me estoy preparando por si vemos más oozers —dijo Gumbald atento al filo de su hacha.

—¿Y acaso no tienes tu pistola de rayos? —preguntó Bonnibel.

—Si —dijo al tiempo que la mostraba y la guardaba—. Pero nada se compara con la belleza de un hacha... Gumbald la admiraba con ojos brillantes. De pronto, dio un grito de guerra:

—¡Veterano Gumbald al ataque! —Blandió el hacha de una forma tan descontrolada, que hizo un agujero en su cabaña por accidente. Bonnibel tomo el hacha y se la entregó a su tío sin darle mucha importancia al agujero que dejo en la madera.

—Andando, hay que ir al bosque antes de que se haga más tarde y termines destruyendo tu cabaña.

—Vamos, puedo hacer otra —respondió Gumbald.

—Lo sé pero hay que encontrar la mina cuanto antes —sentenció Bonnibel.

El trío comenzó su camino hasta llegar al bosque, donde empezaron a buscar rastros de terrones de azúcar, sin embargo no lograron encontrar nada y pronto empezaría a anochecer.

—Es inútil, empiezo a dudar de que haya terrones de azúcar por aquí—dijo Bonnibel suspirando al tiempo que se sentaba en el suelo.

—Vamos, no te desanimes, estoy segura de que pronto encontrarás la mina —Intentó animarla Marceline sentándose también pero aun flotando.

—Supongo que sí, aunque creo que no será hoy. Descansemos un poco y después buscaremos a mi tío para volver a casa —suspiró la chica rosada.

Cuando decidieron buscar a Gumbald, continuaron caminando y mientras ambas chicas platicaban.

—Cuéntame más cosas sobre ti —dijo Bonnibel.

—Pues, no hay mucho que decir de mí, cazo criaturas que pongan en peligro a los humanos que quedan —respondió Marceline.

—Pero no he visto ningún humano —dijo incrédula Bonnibel.

—Lo sé, los últimos que quedaban escaparon de aquí—dijo Marceline mirando hacia el cielo con nostalgia.

—Eso no lo sabía. Bueno, tal vez algún día pueda conocer a un humano —dijo Bonnibel con una sonrisa.

—Si, tal vez, aunque lo dudo —dijo la chica vampiro quitada de la pena.

—De acuerdo. ¿Puedo preguntar otra cosa?

—Acabas de hacerlo —respondió Marceline haciendo que Bonnibel riera—. Puedes preguntar.

—¿Has tenido novio? —preguntó la gran líder después de reír.

—¿Yo? No, supongo que ha sido porqué he estado más enfocada en la cacería —suspiró—. Supongo que cuando se terminen los oozers podre salir a dar paseos, y tal vez relajarme —dijo Marceline al tiempo que levitaba en posición acostada con las manos sobre la cabeza, provocando la risa de Bonnibel.

—Sabes, cuándo logre encontrar la mina de terrones de azúcar podría ayudarte a acabar con todos los oozers.

—¿De verdad lo harías? ¿Pero cómo? —preguntó la chica vampiro emocionada.

—Pues con ciencia por supuesto, buscaré sus debilidades y acabaremos con esa gente tóxica ¿Qué dices?

—Sería genial—respondió Marceline al tiempo que chocaban sus palmas.

En el mismo bosque no muy lejos de las chicas, se encontraba Gumbald abriéndose paso a través de los árboles con su hacha mientras gritaba:

—¿Terrones de azúcar? ¿Están por aquí? ¿Hola? —Por supuesto el no obtenía ninguna respuesta.

Avanzo hasta que se sentó detrás de un arbusto para descansar.

—¡Cielos! ya estoy viejo para esto —dijo sacando un sándwich de su bolsa. Se disponía a darle una mordida cuando escuchó voces detrás de él.

Se detuvo de morder el sándwich y se asomó entre los arbustos, logrando ver a dos chicos de piel amarilla, que solo traían toallas de baño. Uno era más alto que el otro, y se dirigían a una cueva custodiada por otros chicos vestidos con toallas iguales que ellos.

—¿Para qué nos querrá el Jefe aquí y no en la guarida? —preguntó el de menor estatura.

—No lo sé, pero sabes que es el Líder y debemos obedecerlo —respondió el más alto—. Además, el mismo ha dicho que su pulgar es afilado.

—Cierto —dijo el más bajo.

Los guardias se hicieron a un lado permitiéndoles entrar. Gumbald detrás del arbusto había contemplado toda la escena.

—¡Oh no! esos son los chicos que molestan a mi sobrina, y están tramando algo, ¡Debo advertirle a Bonnibel antes de que sea muy tarde! —exclamó muy escandalizado—. Pero antes me comeré mi sándwich —Y se sentó a comer.

Marceline y Bonnibel rondaban por el bosque mientras platicaban y reían.

—Vaya, es increíble lo rápido que congeniamos una con la otra —dijo Bonnibel.

—Sí, lo sé. Hacía mucho no había tenido a alguien con quien platicar y pasar el rato —respondió Marceline.

—Sabes, deberíamos…—Intentó decir la gran líder siendo interrumpida por su tío.

—¡Bonnibel! ¡Acabó de descubrir algo terrible!

—¿Qué pasa? —preguntó.

—Un par de chicos envueltos con toallas están aquí, y entraron a una cueva que no habíamos visto antes. Al parecer tendrán una reunión—informó Gumbald muy escandalizado.

—¿Te refieres a los Chicos del Baño? —preguntó Bonnibel incrédula.

—Si —respondió.

—Entonces sería bueno saber que traman. Tío, llévanos allá —pidió Bonnibel.

Gumbald guío a las chicas al escondite al que vio entrar a esos chicos, sin embargo allí seguían los guardias vigilando.

—¿Como los burlaremos? —preguntó la gran líder.

—Déjamelo a mí —dijo Marceline muy segura de sí misma.

—¿Pero qué vas a hacer? —Volvió a preguntar Bonnibel.

—Ya lo veras —respondió la chica vampiro con una sonrisa.

Marceline se hizo invisible y se puso entre los dos guardias, justo en frente de la entrada.

Los observó y de pronto tomo la toalla de uno y después del otro, revelando que debajo de la toalla que les había quitado, traían otra toalla. Luego empezó a agitarlas en el aire.

—¡Fantasmas! ¡Fantasmas! —gritaron asustados ambos guardias que salieron huyendo del lugar.

Bonnibel y su tío los vieron correr, después llego una invisible Marceline con las toallas que les había quitado.

—Eres genial —dijo Bonnibel con una sonrisa al tiempo que la vampiresa se volvía visible.

—Gracias —respondió Marceline sonrojada.

—Ahora debemos buscar la forma de infiltrarnos —dijo Bonnibel.

—Yo puedo hacerme invisible —dijo la chica vampiro al tiempo que desaparecía.

—¿Qué hay de nosotros, como entraremos sin que se den cuenta? —preguntó Gumbald.

—Creo que tengo una idea —respondió Bonnibel sonriendo pensativa.

Los tres entraron a la cueva, gracias a la brillante idea de la gran líder. Marceline era invisible, Bonnibel se camuflaba como un miembro de los Chicos del Baño gracias a las toallas que les había quitado Marceline, una le envolvía el cuerpo y la otra la traía alrededor de su cabello, y el tío Gumbald iba con las manos atadas, fingiendo que había sido capturado por su sobrina.

Siguieron el único camino de la cueva hasta que llegaron a una puerta custodiada por otros dos guardias.

—¿Quién eres tú? Nunca te había visto por aquí—dijo uno de ellos.

—Yo... —Dudó Bonnibel—. Soy un nuevo miembro, y encontré a este hombre vagando por ahí con esta hacha —Cambio su tono de voz por uno más seguro, rudo y masculino—. Y creo que pertenece a la otra pandilla. Lo llevare ante el Jefe para que decida qué haremos con él, y ustedes solo me están retrasando en llevarle este valioso prisionero. ¿Qué creen que les hará por eso?

Los guardias se miraron asustados.

—¡No! por favor no le digas, no sabíamos que era un prisionero tan valioso, puedes pasar pero ten piedad—dijo el guardia.

—Bien, no le diré nada ¡Pero no vuelvan a molestarme o le diré que no hacen bien su trabajo!

—De acuerdo, pasa, aunque la reunión está por comenzar en el gran salón, no creo que el Jefe te atienda ahora.

—¿Reunión? —preguntó Bonnibel olvidando por unos segundos que fingía ser un Chico del Baño.

—Sí, hablará de cómo acabar con la banda contraria —respondió el guardia.

La gran líder se preocupó pero continúo en su papel de Chico del Baño.

—¿Creen que no lo sabía? solo los estaba poniendo a prueba, pero aún son de un rango muy bajo, quédense a cuidar la puerta para la reunión —ordenó Bonnibel con autoridad.

Sin más que decir, la gran líder entro escoltando a su tío ignorando a los guardias.

—Oigan, ¡Lo hicimos! —exclamó Marceline.

—Les dije que eran tan tontos que no notarían que traía ropa debajo de las toallas —dijo la gran líder sonriendo.

—¿Ahora qué? —preguntó Gumbald.

—Debemos buscar el gran salón y ver qué es lo que traman, andando.

Bonnibel siguió fingiendo que escoltaba a su tío como un prisionero hasta que llegaron hasta una parte de la cueva en donde estaban reunidos muchos de los Chicos del Baño. Habían llegado justo a tiempo.

—Atención a todos, el Líder de nuestra banda va a hablar —dijo el presentador, justo cuando el Líder entro al escenario. Era amarillo, tenía algo de sobre peso, y traía una toalla en la cintura como todos, y otra en la cabeza, pero además traía una mascarilla color rosa en la cara.

Hubo aplausos por parte de todos los presentes, mientras que Bonnibel lo vio con recelo.

—Silencio, ¡Silencio! —dijo el Líder y continuo—: Queridos colegas, Como ustedes ya saben, hay ocasiones en las que nosotros recurrimos a gente externa a nuestra banda, para que haga algunos trabajos sucios por nosotros.

—¡Sí! —gritó alguien de la multitud.

—No hace mucho, a nuestra mejor ladrona le di la tarea de que robara el omelette de la líder de la banda contraria, puesto que con la ayuda de ese omelette nosotros triunfaríamos ante ellos —explicó el Líder.

—¡Sí! —gritó la misma persona en la multitud. Todos aplaudieron mientras que a Bonnibel le volvía el recuerdo de Shoko robándole.

Uno de los chicos del baño que estaba junto a su Líder, le susurró algo al oído, a lo que él respondió a todo el auditorio.

—Omelette, amuleto, ¡Da igual! lo que importa es que esa ladrona nos traicionó, y se quedó el amuleto para ella, a pesar de que le advertí lo que pasaría si nos traicionaba. Aun así, huyó —La gran líder estaba sin palabras, y Marceline la vio.

—Bonnibel, ¿Estás bien? —preguntó poniendo su invisible mano sobre el hombro de la gran líder

—Si, estoy bien—dijo poniendo su mano sobre la invisible mano de Marceline.

—Sabemos que la ladrona tiene el amuleto porque no se ha visto a la líder usarlo según los informes que me han hecho llegar —dijo el Líder al tiempo que todos abucheaban la situación.

—Sin embargo, no todo está perdido, hice algunas negociaciones por aquí y por allá ¡Y logre obtener esto! —dijo el Líder levantando un cetro color azul verdoso, con una bola de cristal cuyo interior se veía relleno de un líquido en movimiento, similar al que los oozer liberan de sus ojos y boca.

—¡Oh! —exclamaron todos.

—Con esto tenemos el poder de controlar a los oozer ¡Observen!

Un oozer entro y miro a los presentes.

—Es un oozer ¡Corran! —gritó alguien de la multitud y todos empezaron a correr en círculos, hasta que el Líder al ver la escena exclamó:

—¡Silencio, y observen!

—Miren no nos ataca —dijo alguien del público, haciendo que todos miraran al oozer.

—Con esto lograremos vencer a la líder y podremos hacer frente a sus robots gigantes.

—¡Oh no! —dijo Bonnibel entre el vitoreo de todos los seguidores.

—Esto aún no termina, justo hace rato envié una horda de oozers que ya está atacando a los constructores y a su reino como una forma de mensaje a la líder.

—¡¿Que?! —exclamó Bonnibel con horror entre el escándalo del auditorio—. Debo quitarle el cetro, y detener a los oozers.

—Tranquila, yo iré por él, a mí no me verá —dijo Marceline a Bonnibel con seguridad.

Empezó a flotar para arrebatar el cetro al Líder, y justo cuando iba a medio camino este silenció el vitoreo y dijo:

—Ahora para celebrar que estamos cerca de la victoria, ¡Habrá un baño de luz ultra violeta!

Todo el lugar se iluminó de un color azulado obligando a Marceline a regresar con Bonnibel y Gumbald.

—¡No puedo hacerlo! —dijo Marceline entre quejidos de dolor—. ¡La luz ultravioleta me quema!

—¡Pero traes bloqueador! —exclamó Bonnibel quitando la toalla de su cabeza y poniéndola sobre Marceline, tapando su piel expuesta.

—¡Lo sé, pero no lo entiendo! —respondió Marceline con el frasco de bloqueador en la mano.

—Déjame ver eso —dijo Bonnibel tajante y se dispuso a leer la etiqueta:

"Factor de protección solar 10 millones, no funciona con luz ultra violeta artificial"

—¡El bloqueador no funciona con luz artificial! —exclamó la gran líder—. ¡Tío! salgan tú y ella yo debo quitarle el cetro.

—¡Pero Bonnibel!, no podrás tú sola, ¡ven con nosotros! —dijo Gumbald.

La gran líder al ver sufrir a Marceline no lo pensó dos veces.

—Andando —respondió la chica rosada con un suspiro.

Al salir del alcance de la luz ultravioleta, Marceline se volvió visible.

Tenía marcas negras en los brazos donde la toalla no alcanzo a taparle. Fue una mala idea haberse quitado la camisa a cuadros que traía sobre la playera.

—¿Estás bien? —preguntó Bonnibel preocupada.

—Sí, estoy bien —dijo Marceline al tiempo que sus heridas sanaban.

—¿Estas segura?

—Sí, ahora vamos a la construcción —respondió devolviendo la toalla a la gran líder, para poder salir de la cueva.

Corrieron por la cueva hasta llegar a la puerta con los guardias que había amenazado con informar al Jefe de su mal comportamiento.

—El Jefe dijo que me dejaran salir con el prisionero —ordenó Bonnibel con autoridad.

Los guardias se miraron desconcertados, pero aun así permitieron pasar a Bonnibel y a Gumbald, por miedo a un regaño del Jefe.

Al salir ya era de noche. Gumbald desato sus manos y Bonnibel se echó a correr en dirección al futuro castillo, estaba tan desesperada que dejó atrás a Gumbald y Marceline.

Iba atravesando el bosque tan rápido como sus piernas se lo permitían. Saltaba arbustos y esquivaba ramas, cuando de pronto, volando arriba a su derecha, aparece Marceline transformada en un murciélago gigante, cargando a su tío Gumbald sobre su espalda.

—¿No preferirías mejor volar? —preguntó.

La gran líder sonrió y acepto el viaje. Al llegar al castillo, lo que Bonnibel vio la dejo sin palabras. Partes del futuro castillo destruidas al igual que sus robots, los bloques de terrón de azúcar habían desaparecido y muchos de sus banana guardias estaban convertidos en oozers. Mientras que Marceline y Gumbald miraban boquiabiertos el terrible espectáculo, Bonnibel se quedó mirando y cayó de rodillas con lágrimas en los ojos.

Continuará...


Cada episodio se subirá los viernes por la tarde y serán 8 episodios al igual que Stakes.

Espero y les haya gustado esta segunda parte del fanfic, y nos vemos hasta el proximo episodio.

Reviews:

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