"Por Zero"

Se filtró la luz por las pupilas de Akihiko, observando el cementerio creado por sus anteriores defensores. Una razón exacta sobre esto era la distracción de muchos de los soldados por un robot deparándoles con concreto estado de adrenalina, incluido a el que apuntaba con dificultad hacia ellos.

Un pelotón de militares se cubrían en las sillas disparando contra el gran gigante que eliminaba sin misericordia a todos los que observaba. Distraídos, no se dieron cuenta del tormento que les vendría por sus propias espaldas. Dos de los doce disparos penetraron el cuerpo de uno de ellos, gritando de dolor y cayendo al piso, muerto; para que—el retroceso y potencia del arma con una mala posición de disparo— lastimara al hombre dolorosamente parte de su cabeza al apuntar. El segundo cubierto por las bancas volteo, observando a su extremadamente sentimental agresor, Akihiko Rei. Apunto y presiono su gatillo, acelerado. Las balas reventaron los asientos cerca de Akihiko, obligándolo a cubrirse en los pedazos de ellos hasta que terminara de disparar, lastimado.

—¡Cúbranme!

El soldado salió de su línea de defensa y se acercó, recargando el arma al asegurarse de que no saliera de su asiento. Intentaba salir de él, era siempre incapaz por el fuego de cobertura de uno de los militares que le cubrían, pronto llegaría su final. Un gran estruendo, el ambiente termino sus estruendos de pólvora, todo era silencioso. Akihiko salió, su adrenalina había frenado de momento, no tenía idea de lo que vería.

El humano que antes agredía de su vida había sido totalmente aniquilado por el titán metálico, el cuerpo se desplomo sobre el piso, y el titán elimino a sus contrincantes en segundos. Antes de disfrutar el desplome, Akihiko tomo de su cabeza lastimada, dando un pequeño rio de glóbulos rojos que se dirigía a su cachete derecho, y goteaba desde la barbilla hasta el piso.

Las pisadas crecieron, y una persona salió del gran monstro gigante con un gran enojo, siendo disfrazado de preocupación al ver de la necesidad del hombre.

—¿Estas bien? —Salto hacia el piso, notando su gran configuración japonesa—. Gracias por disparar, no habría sido capaz de encontrarte… lo siento que hayas tenido que ver todo esto.

Sin respuesta, el gran golpe le había aturdido algo. No noto su gran cumulo de sangre hasta unos segundos tarde, donde le sostuvo con su mano derecha, usando su cuerpo como pared para su caída mente.

—¡Tenemos que llevarte a un médico, rápido!

—No… —Le agarro del hombro—. Por favor… llévame con Zero.

—Hey, hey, espera; llevemos las cosas con calma. No sé de dónde eres ni como….

—¡No me importa! Solo quiero… matarlos.

Minutos, minutos pesados y helados de silencio, pensando en qué hacer con el odio del hombre.

—Tu disparo está muy mal dirigido, las armas no se toman así, necesitas entrenamiento.

—No me importa…

—No entendiste. Es un gusto tenerte en la Orden de los Caballeros Negros; soy Ohgi, y con gusto te enseñare a disparar decentemente, no tenemos mucho tiempo.

—Gracias…

No era notorio, pero este general delos caballeros, Kaname Ohgi, estaba irradiando un aura de odio y repulsión hacia los guerreros de Britania. Si no hubiera sido por esto, quien sabe que sería de Akihiko.

Las cosas pasaron demasiado rápido, no obstante, con todo lo que logro aprender y entender del hombre sería capaz de crear lo que él veía imposible desde el principio.

-¡Tienes que ser un guerrero, Akihiko!

Su hermano le llamaba, queriendo que su hermano formara parte de su familia de guerreros, implantando lo que su abuelo, bisabuelo y tatarabuelo habían logrado con los años y años de enseñanzas. En parte, quería obligarlo a una decisión.

—¡Mi trabajo se encarga de más cosas de las que un guerrero cree! No nos subestimes, nosotros somos las voces de la gente…

—Venga —Su padre, ya a una mayor edad, los separo—, no hagan a este viejo levantarse.

—Pero, padre, ¿cómo puedes aceptar esto de tu propio hijo?

—No lo acepto, lo apoyo.

—¡Sigue sin tener sentido!

—Los guerreros son igual de útiles que cada uno en esta sociedad, todos formamos de una pirámide construida por cada una de las personas presentes. Si es lo que quiere, déjalo ser.

—Lo sé, y lo entiendo, pero en estos momentos nuestra nación nos necesita más que nadie, no podemos…

Akihiko abandono la sala, saliendo de su hogar, como de costumbre, y yendo al parque que siempre asistía. Su hermano y padre se quedaron con las ganas de hablar de nuevo, solo tragándoselas con un sabor agridulce en la boca.

—Que hijos tan desastrosos.

—Da igual lo que piense, tarde o temprano tendrá que aceptar su realidad, no todo se lucha por las palabras.

—Tal vez —Suspiro, sosteniendo un emblema algo extraña de color plateada en la mano—. Pero, tal vez le toque algo diferente que a nosotros. No me digas que no serias feliz viendo a tu hermano feliz.

—¿Por quién me pintas, padre?

—Por mi hijo.

Sonrieron, en parte olvidaron algunas de sus peleas como 3 hombres solos en una casa, siempre las tenían desde pequeños, lanzando bombas y disparos a cada uno, una familia normal.

—Tienes razón, seguro saque la personalidad de mama.

—Más que seguro, jovenzuelo.

—Da igual, padre, me estoy secando, ¿quieres algo de tomar?

—Un jugo de naranja.

—A la orden.

El chico salió de su hogar sin intentar buscar a su hermano, tarde o temprano aparecería, como siempre. Además, el desde hace ya unos días tenía que avisarle algo muy importante.

—Espero sepas cuidarte solo, Akihiko.

—¡Anuncio aquí y ahora que recuperaremos nuestra independencia de Britania! Pero, ese no será el resurgimiento de él antiguo Japón. ¡No cometeré el estúpido error de repetir la historia! ¡Vamos a crea un nuevo Japón! Será un país abierto, listo para aceptar a cualquiera, sin importar su raza, pasado o ideales ¡Un lugar donde el fuerte no oprima al débil, un país con dignidad! —Abrió sus brazos; preparado, listo, en el antiguó estadio donde,seria implantado por los deseos de libertad, tomados por las armas—Su nombre será ¡Estados Unidos de Japón!

Gritos, alegría, venganza. Todos, en un unísono, gritaron el nombre de su nuevo líder, que les daría lugar a una independencia total, una alegría inigualable. Entre ellos, estaba Akihiko, repleto de toda la rabia del mundo, traicionado por la persona en quien confiaba más desde lo sucedido en la Torre, donde Zero logro salvarlos a todos.

—¡Zero, Zero, Zero!

Esta vez, todos corrieron, tomaron el paso y eliminaron a cualquier con la nacionalidad de Britania en nombre, dispuestos a recuperar el territorio antes perdido del nuevo Japón, Estados Unidos de Japón.

«Como me pude perder por todo ese odio… realmente soy patético»

Akihiko, en casa de su padre, abandonada desde hace mucho tiempo. Tomo una placa, representativa del gobierno anterior, el Japón antes de la invasión de Britania, guardada desde hace mucho tiempo.

—Hermano, dame tus esperanzas; padre, madre, mándame tus condolencias.

En traje militar, tomo su placa y la dejo en un bolsillo bien asegurado. A punto de retirarse de su hogar, y recoger armas junto a sus nuevos aliados, se detuvo en corto antes de partir.

—Me muero de sed…

Era de tarde, abrió el refrigerador, se sirvió de un jugo de naranja que llevaba ahí ya unos meses, según su fecha, todavía no estaba caduco, para o no para su suerte.

Todo el odio que sintió, todo el asco que sintió, todo de todo, lo desplomaría sobre estos dictadores, sabia lo imposible que era controlar sus sentimientos, pero ahora lo lograría, estaba seguro. Derramaría toda la sangre que tuviera, con tal que su objetivo se cumpliera.

«Me volveré el héroe que siempre deseaste, hermano. Te tengo en mi corazón, ahora, por favor, ayúdame este día. Te juro que retomare Japón, el que todos algún día deseamos» Desplomo el vaso, vacío sobre la mesa de madera «La princesa fallo, pero, este nuevo líder no habla solo con su boca, Zero no fallara, no dejare que falle»