Aqui amigos míos les traigo el capítulo dos de este que al principio sería un one-shot pero bueno, despues de recibir cinco comentarios de que le cambiara el final tan cruel a Salamandine, uno de que lo dejara así y cuatro mensajes privados diciéndome lo mismo lo que hice fue darles el otro lado de la moneda y en unos minutos les traigo el epílogo.
PD. Verán que hice referencia a varias canciones en este capítulo.
Malito sea el amor [Capítulo 2] [Hilda POV]
Mi vida nunca fue fácil, desde pequeña yo sabía que algo mal había en mí, pues mis padres siempre usaban una luz verdosa para casi todas las cosas y por más que lo intentara yo no podía usarla. Muchas veces mis padres pelaban cuando creían que no los escuchaba pero mi madre siempre fue mi mayor apoyo. Tenía siete años cuando la venda se cayó de mis ojos, unos policías me separaron de mi madre y me arrebataron mi hogar. Me obligaron a ser un soldado y descubrí las mentiras de este mundo, que aquella luz verde se llamaba mana y yo estaba maldita al no poder usarla, y por lo tanto debería de morir y la mejor manera de hacerlo era luchando en el nombre del Arsenal y proteger a la humanidad de los desconocidos dragones.
Mi estadía en dicho lugar no tuvo nada de dulce, todas eran ariscas y nos tratábamos como basura las unas a las otras. Todo cambió cuando conocí a Rosalie y a Chris, unas chicas un año menores que yo, bueno, la primera un año y la segunda casi dos. Recuerdo cuando las transfirieron a mi grupo, al principio no hablaban con nadie al igual que yo, tal vez fue por eso que nos llevábamos tan bien. Hablar con alguien que no quería hablar era lo que las tres necesitábamos y nos vino de maravilla. Al parecer yo tenía una clase de "talento" por lo que me pasaron por completo de la teoría a "Directo a la acción", mis amigas tuvieron que esforzarse mucho para poder alcanzarme y desde ahí jamás nos volvimos a separar, pues nuestras compañías eran lo que llenaban a nuestras vacías almas. Con el tiempo llegó Zola pero esa es una historia de la cual me gustaría pasar, es completamente desagradable.
¿Qué quién soy yo? Eso ya deberían saberlo. Soy la teniente de la primera tropa del Arsenal, de cabellos rojos y ojos morados: Hilda, anteriormente Hildegart Schlievogt.
Considero que mi verdadera vida no comenzó al momento de mi nacimiento ni cuando me separaron de mi madre, más bien comenzó en el momento en el que me rechazó y regresé al Arsenal para enterarme de que mis amigas ya no lo eran, que mis pertenencias ya no eran mías y que lo único que tenía eran mis ropas y la compañía de Ange.
Ange…
Ange fue el detonante de todo… Ange me hizo experimentar el amor primera vez en mi vida, ella era el gran amor que guardaría y atesoraría mi corazón, por más cliché que llegue a sonar yo no soy de las que aman dos veces, una vez que entrego mi corazón no lo puedo recuperar u otorgárselo a alguien más, o por lo menos así era yo, así creía ser. Era lo que siempre sostenía como un juramento.
Esos días en confinamiento solitario junto a Ange me dieron una nueva percepción de ella, por más dura y fría que pareciera ella soportaba mucho más dolor y tristeza que yo, era más sensible y sentimental de lo que aparentaba y aun así plantaba la cara al peligro. Me acostumbre a su presencia demasiado rápido y cuando menos cuenta me di, ya estaba confesando todo lo que mi corazón se negaba a aceptar, justo cuando el mundo estaba por acabar le dije que la amaba por primera vez.
Ella no me rechazó, no me miró con repugnancia, no se alejó de mí, al contrario, me besó y reafirmó nuestra promesa de crear un nuevo mundo, pero cuando la guerra acabo se comenzó a distanciar y fue entonces que entendí lo que había pasado, ella no me quería de la misma manera y lo más probable es que el beso que nos dimos no significó nada cuando ella me había ilusionado, quería mantenerme a su lado en la guerra, en cierta manera fue igual a lo que Embryo hizo con Ersha, Salia y Chris. La manera más cruel con la que me rompió el corazón fue cuando se la lío con Tusk casi en mi cara declarándose su novia una semana después de terminar la guerra.
Lloré como nunca mientras mi dolido corazón aun la anhelaba, entonces llegó la princesa dragón a mi lado, aquella de la que solía olvidar su nombre, y me consoló. No soy tonta, ella igualmente amaba a Ange, ambas lo sabíamos, pero eso no le impidió tratarme con amabilidad y comprensión. Nos volvimos confidentes y buenas amigas, Salamandine me transmitía una paz y una confianza que ni siquiera Ange había logrado, su eterno semblante calmado y su voz tan suave me mecían en un letargo cuando quería olvidarlo todo. Era mi calma y muchas veces mi corazón me hacía confundirme, sobradas fueron las ocasiones en las que mi corazón quiso hacerla mi objeto de devoción pero me negué todas esas veces, además de que Ange volvía y me hacía caer ante ella una y otra vez. Era como si supiera el momento exacto para venir a mí y el masoquista de mi corazón parecia no importarle el lastimarse cada vez más.
—Te amo Ange…—repetía una vez más a la antigua princesa anhelando con todo mí ser un "Yo igual", pero se quedó callada como siempre y me volvió a besar. Yo no era más que un juego para ella, lo sabía… pero la amaba, no entendía que quería conseguir con todo esto pero nunca salía del círculo por ese tonto amor que sentía.
Los años pasaron lentor y tortuosos, el círculo vicioso se incrementaba, veía a todos ser felices y parecía como si la única que sobrara ahí fuera yo, pero muchas veces cuando quise tirar la toalla Salamandine fue mi apoyo, era la mejor amiga que yo pude conseguir, teníamos una clase de conexión que no teníamos con alguien más, yo sabía que le dolía, despues de todo compartíamos el interés por la conductora del Villkiss, pero aun así me apoyaba y eso se lo agradecía infinitamente. Hubo un momento en el que creí en el que Ange me correspondía por fin pero no más que una ilusión y lo sigo considerando un sueño a pesar de que mis labios aún recuerdan la sensación de sus labios contra los míos, nunca olvidarían la dulzura, la desesperación… El amor… El amor estaba ahí, no había duda, pero solo durante esa ocasión estuvo ahí, en un momento de borrachera.
Después de ese beso Ange me trataba más arisca conforme pasaban los días y yo sin comprender el por qué le seguía siguiendo como perro faldero, al igual que Tusk. Entonces las cosas igualmente cambiaron sin dejarme la oportunidad de retroceder. Vivian y Ersha anunciaron su noviazgo así como Salia/Momoka y Chris y Rosalie igualmente lo hicieron. Y a pesar de que se veía venir no dejó de ser impactante. A partir de ese momento Salamandine igualmente cambió su trato conmigo, solo conmigo… y eso me hirió.
De la nada Salamandine trataba de alejarse de mí, pero en otras ocasiones trataba de estar a mi lado por todos los medios posibles, posponiendo reconstrucciones o aplazando compromisos con otros. Cada que necesitaba de ella, ella nunca me falló, más por alguna razón la relación ya no era igual, podía ver en sus ojos un enorme sufrimiento empañado con ira y frustración, pero aun así no tenía la confianza como para decírmelo. Las largas charlas pasaron a ser cortas y casi forzadas, las tardes en intimidad dejaron de serlo, pues una de sus amigas—si no era que ambas—Kaname o Naga aparecían de la nada y creaban una monumental distancia entre ella y yo… y por más que lo odiara, no tenía derecho a reclamar.
—Te amo Ange…—Repetí una vez más entregándole mi cuerpo.
Mi cuerpo no era puro desde hace mucho, pero sin duda era la primera vez que realmente se lo daba a alguien con la necesidad de amar y ser amada, que esa persona me llevara a la locura, así mis deseos fueran simples imitaciones de los verdaderos deseos de Ange.
En tres años nunca habíamos pasado de los besos ni del coqueteo, y ni hablar del manoseo, pero fue en una silenciosa noche cuando la luna estaba oculta que le di mi cuerpo y a pesar de que muchas veces le decía que le amaba sin que ella me correspondiera, sabía que algo de cariño, pero no sabía si era el que quería. Cada vez que le otorgaba un "Te amo" sin respuesta sentía como cada vez ese sentimiento se marchitaba ¿Cómo había terminado así? No lo comprendía y me asustaba llegar a una respuesta pero uno nunca puede huir eternamente, por eso la respuesta me llegó de golpe cuando vi como Ange besaba a Salamandine que no se veía completamente sorprendida de la acción.
Una ira incontrolable me invadió al por fin comprender de que todo el tiempo la rubia siempre quiso a la princesa dragón, y yo no era vista como más que una escoria para ella, despues de todo la nobleza solo puede estar con la nobleza ¿No es verdad Angelise?
Hui de ahí con el odio marcado a quien una vez considere mi único amor y la traición que sentía de quien seguía considerando mi mejor amiga mientras la frustración sacaba lo peor de mí. Supe que Ange me buscaba desesperadamente pero no salía de mi escondite hasta que la noticia de que Salamandine llevaba gran parte del día desaparecida se coló a mí gracias a Kaname y Naga me hizo buscarla aun en contra de la tormenta que estaba desatándose. Rendida y sin ganas después de tanto buscar la vi aterrizando completamente mojada y llena de lágrimas mezcladas con la lluvia en la bahía en la que había comenzad todo.
—Ahora me ha tocado a mí consolarte—Dije algo burlona tratando de levantarle el ánimo mientras sacaba el pañuelo con el que años antes ella limpió mis lágrimas, detalle del que no me percaté al ver la pequeña "S" bordada en una de las esquinas y no fui consciente de nada más hasta que ella me abrazó con fuerza.
Las palabras pueden ser la manera más fácil de decir las cosas pero las palabras más veraces eran aquellas que eran no verbales. Pude comprender lo que mi amiga llevaba guardando por tanto tiempo cuando sus fuertes, pero delgados, brazos se aferraron a mí de manera desesperada, mi corazón se encogió ante su llanto tan desgarrador y las lágrimas fluyeron por mis ojos ante la tristeza que o solo sentía ella, sino igualmente a la que tenía yo.
¿Cuánto tiempo llevaba Salamandine soportando y yo de idiota nunca lo noté y la lastimaba más? Fui ahora yo quien le abrazo con fuerza una vez que comprendí que ella me amaba, que el objeto de su devoción siempre fui yo y que por años estuvo callada hundida en el silencio.
—Perdóname… Perdóname…—Repetía una y otra vez controlando mis hipidos haciéndola llorar más mientras me refugiaba en su cuello oliendo su cabello mientras la lluvia caía más fuerte sobre nosotras.
Habia tomado una decisión, yo protegería a la frágil princesa que lloraba en mis brazos para que no lo hiciera de nuevo y mucho menos por causa mía. La próxima vez que lo hiciera sería por alegría y quería ser yo quien causara esa alegría. Fue ella quien rompió el abrazo mientras yo solo veía el mar de sus ojos nublados por la tristeza, ella me había consolado cuando mi corazón fue destrozado, con cariño y paciencia lo unio pedazo por pedazo y al ver que había partes faltantes rompió el suyo para completar el mío. Ahora era mi turno de reparar su corazón y unir el suyo con el mío en caso de ser necesario para ninguna de las dos volviese a sufrir.
—Hilda… Me he enamorado de ti…—Confesó por fin esperando el rechazo de mi parte, o que le dijera ya estaba definitivamente con Ange, pero no lo haría, una sola cosa necesitaba yo comprobar.
Acaricié las patillas que enmarcaban su rostro, su cabello siempre me había parecido bello y curioso, de alguna manera intrigante pero de acorde con ella, y a pesar de que ahora estaba completamente mojado me seguía pareciendo hermoso. Le dediqué una débil pero sincera sonrisa mientras me acercaba a ella y besaba sus labios suavemente esperando que me separara. Yo no era igual a Ange, yo no buscaba algo para mi propio beneficio con esto, yo solo quería que Salamandine volviera a sonreír como antes, que la calma volviera a ella y que cada vez que alguien sufriera ella fiera capaz de consolarle. Lo que pasara después sería cosa del destino.
Nuestro primer y verdadero beso tenía sabor a lágrimas, y aunque no tenía idea de que me llevo a hacerlo algo dentro de mí me gritaba que era lo correcto.
—Yo no sé exactamente lo que siento por ti, pero algo te aseguro… ya no es amistad—Me sincere con ella, no podía hacerle pasar la incertidumbre por la que yo había pasado—Una cosa es clara, y esa es que no quiero verte llorar de nuevo, no quiero que vuelvas a sufrir y así sea yo quien rompió tu corazón lo cuidaré y velaré porque nadie más lo vuelva a herir.
—Me podría enamorar de alguien más, entonces sufriría de nuevo, esa es la naturaleza del amor después de todo—me respondió con una sonrisa amarga.
—No pienso permitir que nadie más robe tu corazón—era la verdad—Porque una vez que me lo has entregado no pienso dejarlo ir.
Nos sonreímos de nuevo y la volví a besar, ella me correspondió esta vez. Todos nuestros sentimientos de dolor, tristeza, ira, frustración y cólera se plasmaron en ese beso, despidiéndose, antes de dejar nuestras almas por completo ofreciéndonos un nuevo comienzo al sentimiento que es tan maldito como bendito: El amor. Aún teníamos la oportunidad de volver a amar. No importaba que ahora mismo Ange viniera a mi jurando amarme y ofrecerme permanecer eternamente a su lado porque mi nuevo lugar era junto a Salamandine, así ella no me lo permitiese por ahora. Porque ella era quien siempre me amó y estuvo ahí para mí cuando lo necesité y por lo que acaba de comprobar fue ella quien me besó en aquella fiesta, fue ella quien me hacía sentir amada y en cierta manera completa, soy una completa estúpida por no darme cuenta de que ella quien limpiaba todas mis lágrimas cuando lloraba, que fue ella quien peleaba contra lo que atemorizaba cuando gritaba y tanto tiempo sostuvo mi mano que se ahora ya se lo ha llevado todo de mí.
