Disclaimer: Los personajes de Inuyasha no me pertenecen, son exclusivos de Rumiko Takahashi. Esta historia esta libre de fin de lucro.
CAPITULO DOS
—Así que eras tú a quien escuche en el departamento de Sesshōmaru…
—Así que el sostén que encontré era tuyo…
Tanto la pelinegra como ella, se miraron a través del espejo en donde la primera estaba siendo maquillada. El silenció se propago entre las dos, hasta que una pequeña sonrisa cargada de procacidad se hizo presente en los labios de Kagura. Rin no pudo evitar el echarse a reír.
—Estuvimos a nada de encontrarnos, eso hubiera sido épico —dijo entre risas.
—Más bien extraño e incomodó —corrigió—. Hice bien en no bajar y averiguar de quien se trataba.
—Tal vez tengas razón —menguo la risa.
—Mejor dime, ¿Sesshōmaru ha sido el elegido? —Pregunto con serenidad.
—Eso parece —apoyo sus manos en la orilla de la mesa en donde estaba sentada—. Pero…
—¿Qué?
—¿En verdad tú y él…? —Guardo silenció.
—¿Sí él y yo qué? —Insistió al lanzarle esa intensa mirada escarlata.
—¿No hay nada serio entre ustedes? —Espetó preocupada—. Porque si es así, hablaré con él para terminar todo este embrollo.
Kagura guardo silenció por unos segundos, mientras le aplicaban el labial rojo mate. Rin solo tuvo que esperar a que terminaran y obtener de una vez por todas una respuesta. La verdad es que no pretendía irrumpir algún tipo de relación entre su amiga y el albino. No podía hacerle algo así a una amiga.
—No tienes nada de qué hablar con él, porque no existe nada entre nosotros —le respondió tan rápido como el maquillador termino—. Lo nuestro es más carnal, ¿entiendes?
—Amantes.
—Amigos con derechos, me gusta más.
—Ya… —sonrió—. ¿Pero en verdad no sientes nada por él?
—Le quiero —giro la silla para enfrentarla—, pero cómo el amigo que es.
—Entiendo —pronunció no muy segura.
—Deja de dudar, cariño. No hay nada que me relacione amorosamente con él.
—¿En serio no sientes nada a pesar de tantos años de ser «amigos»?
—Siempre tuvimos claro lo que queríamos, nunca nos comprometimos más allá de lo que podíamos ofrecernos —apoyo la barbilla sobre el dorso de su mano—. Solo sexo, tan claro y duro como eso.
—Son dignos de admiración —volvió a sonreír.
—Estarás en las mismas, si llega aceptar tu propuesta.
—¿Eh? —Enarco la ceja desconcertada—. ¿De qué hablas?
—Si el acepta el casarse contigo, se liarán… ¿no? —Comentó insegura.
—No me liare con él —respondió—. Sesshōmaru no me interesa como hombre.
—¿En serio? —Expelo incrédula.
—No veo cual sea la sorpresa —ladeo la cabeza—. Después de todo, es un extraño para mí.
—No te discuto eso. A lo que me refiero es de atracción física.
—Hmmm… —Le observo sin emoción alguna—. No me interesa.
—¡Vaya!
—¿Qué? —Preguntó curiosa.
—Serías la primera mujer que no quiere enredarse con él.
—¿Y eso es raro? —Pregunto divertida.
—Ninguna mujer se le ha negado…por el momento.
—Dudo mucho que yo me le antoje como mujer —volvió a reír—. Lo irrite más de la cuenta, o eso creo —miro hacia arriba mostrándose dudosa.
—Puede ser —sonrió de lado—. No suele tratar con mujeres que intentan manipularlo.
—Eso es una mala noticia, en verdad quiero que diga que sí a la propuesta.
—Te digo que lo mejor es que te enrolles con él.
—Enrollarme con él, no me garantizaba una boda y mucho menos un presidente para la compañía —le aclaro—. Y no tengo ningún interés sexual en él.
—¿Qué le ves de malo?
—Nada… —calló por unos segundos—. Bueno, es bastante insípido para mi gusto, ¿sabes?
—Que no te engañe su carita de cubo de hielo, porque en la intimidad… —dijo sugestivamente.
—No me interesa —suspiro.
—Bien, bien…cómo digas, querida —negó y se incorporó. Fue directamente hacia los atuendos que modelaría esa misma noche.
Las dos se quedaron calladas, cada una entretenida en sus propios asuntos. Aunque la castaña quería seguir la plática. Tenía interés en saber algunas cosas, que no fueran relacionadas al sexo.
—¿Te dijo algo sobre mí? —Indago sutilmente.
—Sí. Me pregunto si te conocía y lo que sabía de ti.
—¿Qué le dijiste?
—No mucho —se quitó la bata, dejando a la vista el cuerpo que estaba cubierto solo por lencería cara—. Solo que eras mi amiga… ¿Me ayudas? —Le señalo la prenda que ya tenía entre sus manos.
—Claro.
Rin se levantó dando un pequeño brinquito y se dirigió hacia la pelinegra, quien ya estaba empezando a cubrirse con el complejo atuendo. Ella le ayudo con los detalles y con algunos alfileres que aún estaban escondidos entre la tela.
—¿Y se conformó con esa simple respuesta?
—No, pero tampoco insistió. Sabía que no le diría nada de ti, al tener una amistad de por medio.
—Entiendo.
—¿O tenía que decir algo? —Le miro de reojo.
—No —subió el largo zipper—. Te lo agradezco.
—No hay de qué, querida —Viro hacia ella.
—Te ves muy sexy —le elogio con picardía.
—¿Te gusto? —Espeto con sensualidad.
—Si fuese hombre, te estaría cogiendo ahora mismo.
—Que vulgar eres, Rin.
Las dos rieron por sus comentarios, ella más estrepitosamente que Kagura, que siempre conservaba esa elegancia que tanto la caracterizaba. Era obvio que eso gustaba a los hombres y, Sesshōmaru no era la excepción a la regla.
—¿Entonces que harás si acepta? —Kagura volvió a tocar el tema.
—Fingir para que todo resulte conforme al plan.
—¿Fingir? ¿A caso serán la pareja perfecta del año?
—Ese es el objetivo —se recargo en el tocador—. Si nuestros padres se enteran que hacemos esto por negocios, trataran de evitarlo a toda costa. Al menos mi papá, sí —suspiro—. No sé cómo reaccionaría mi tío.
—No muy diferente a como lo haría tu padre —comentó.
—Supongo.
—Ojalá tu idea resulte y esto termine como lo has planteado —dijo sincera, a pesar de que solo prestaba atención a su reflejo en el espejo.
—Gracias —sonrió—. Por el momento, solo me importa su respuesta. Lo demás se verá conforme a la marcha.
—Avísame cuando eso suceda.
—Lo haré.
—Eso espero —le miro con los ojos entrecerrados.
—¿Qué es esa expresión?
—Si quieres que te sea de ayuda, tendrás que decirme cuando todo este show se monté, querida.
—Ya eres de ayuda.
Kagura la enfrento y le miro impasiblemente, como si lo dicho le hubiera ofendió en vez de halagarla.
—¿Qué?
—Sabes que, si esto se lleva a cabo, yo tengo que romper mis encuentros con Sesshōmaru.
—¡Eh! —Exclamo—. ¿De qué hablas? Yo no te he pedido tal cosa.
—Lo sé, pero se tiene que hacer.
—Ya te dije qué…
—Querida, al menos ponte a pensar un poco en lo que te digo —escupió fastidiada—. Yo no puedo seguir involucrándome con él, cuando ustedes simularan estar muy «enamorados». Yo representaría un peligro para que todo su teatrito se les venga abajo.
—Hmmm… —suspiro—. Se buscará a otra.
—Lo más seguro, pero yo ya no estaré involucrada si se descubriera la infidelidad de tu próximo marido —sonrió cínicamente—. Aparte, tengo una imagen que cuidar y, siendo la amante de Sesshōmaru, no suena muy prometedor.
—No me había detenido a pensar en ello —torció la boca—. Eres muy lista.
—Tengo una reputación que cuidar y más ahora —su sonrisa se amplió.
—¿Puedo saber por qué? —Espeto con insano interés.
—Conocí a alguien durante mi estadía en París.
—¡Oh por Dios! —Se acercó a ella—. ¿Es guapo?
—Más que guapo…
—¿Se ahoga en dinero?
—Sí —sonrió—. Pero no solo se trata del dinero, Rin…
—¿Te gusto? —Se cubrió la boca.
—Sí —sus ojos rojizos brillaron intensamente—, y es buenísimo en la cama.
—¡Oh! Eso es el mayor plus.
—Siempre debe ser lo más importante, querida.
—Lo sé —rió—. Pero dime… ¿Cómo se llama? ¿Han quedado en verse de nuevo? ¿Él se mostró realmente interesado en ti?
—Se llama Claude D'aramitz. Y me manda mensajes todos los días y, de alguna manera, se las arregla para que me llegue cada mañana un regalo junto con una rosa.
—¡Eso es tan romántico y dulce! —Exclamo emocionada.
—Lo es, supongo que es normal en los franceses… —trato de ocultar su emoción.
—Quizás —no quiso insistir—. ¿Lo volverás a ver?
—Dentro de un mes vendrá.
—Eso es muy bueno.
—Supongo —se vio al espejo y checo su maquillaje.
—¿Lo hablaras con él?
—Sí, pero aun no… Esperaré a que te dé una respuesta o que mi prospecto a marido, se me declare abiertamente.
—Eso es de sabios —apoyo divertida.
—Por supuesto, un par de horas de sexo con Sesshōmaru, no se puede desperdiciar —dijo intencionalmente—. Deberías darte la oportunidad en un día de necesidad. Te sorprendería lo bueno que es como amante.
—Me has convencido —dijo sarcástica.
—No tomes mis palabras a la ligera, Rin —le regaño.
—Lo pensaré, ¿eso es suficiente?
—Dudo mucho que puedas pensarlo cuando las ganas te invadan.
—Claro —rió.
—¿O será que sigues encaprichada con…?
—¡Kagura!
Ambas giraron a ver al hombre que había interrumpido su plática, y se trataba nada más que el diseñador estrella de esa noche.
Jakotsu Niikura.
—Querida, pero si ya te me has… —calló de golpe al posar su mirada en ella—. ¡Rin, querida! —Expreso alegre al momento en que le abrazo y deposito un sutil beso en los labios.
—Hola, guapo —le sonrió.
—No sabría que vendrías —le cogió de los hombros y la miro de arriba hacia abajo—. Lindo Versacce.
—Gracias —dijo con coquetería.
—¿No se supone que esta vez le tocaba a Kanna? —Espeto asombrado.
—Así es —sonrió—, yo solo estoy acompañando a mi padre.
—¡Oh! —Se cubrió los labios con sus dedos—. El sensual papá André.
—Sigo esperando en que te conviertas en mi madrastra —le recordó.
—Dudo que le gusten las planas y con premio entre las piernas —Kagura tiro a matar.
—Te puedo asegurar que le puedo dar más gozo con mi pene, que con esas bolas de grasa que haces llamar senos—se defendió—. Después de todo, el recto es el paraíso de los hombres.
—Qué asco, Jakotsu —se quejó la pelinegra.
—Esto debería preocuparme, porque se trata de mi padre, pero… —soltó una fuerte carcajada—…es imposible no reírme.
—Pobre de André, que tener a una hija como tú —corearon Kagura y Jakotsu.
—Lo sé —trato de calmarse—. Hablando de ser mala hija… Les dejo, que tengo que hacerle compañía.
—Nos vemos en el cierre de la pasarela.
—Si.
—Por cierto —Jakotsu la detuvo al sujetarla del brazo—. Cuidado con los malos recuerdos, que están recorriendo el salón. Es solo una advertencia.
Las miradas de Kagura y Jakotsu estaba sobre su persona, mostrando más con ellas, que con las palabras mencionadas por el último. Para desgracia de Rin, sabía muy bien a que, o más bien, a quien se refería.
—Lo tendré.
Sin más que decir al respecto, salió del camerino y dio marcha hacia el salón principal, encontrándose con una multitud de personas, desde invitados de honor, reporteros y algunas cadenas televisivas y de Internet. A pesar de ser un evento «pequeño», estaba concurrido de palmo a palmo.
Avanzo lo más retirado que podía de los grupos de personas, ya que, si recorría el camino cerca de estos, sin duda la detendrían una y otra vez. Ya fuera para sacarle el chisme del día o solo para fanfarronear.
La otra razón, es que no quería encontrarse con el «innombrable». No es que le afectara, pero no pretendía volver a tener la misma charla de siempre, como ya se había hecho costumbre cada vez que se encontraban. Así que su única opción era hallar a su padre tan rápido como le fuera posible, y lo mejor de todo, es que sabía que estaría muy bien acompañado.
Sesshōmaru Tukusama era el anfitrión de dicho evento, y su padre era uno de los invitados de honor. Tal vez algo bueno saldría de ahí.
Siguió su camino con cuidado, dando cada paso con parsimonia, tenía que estar atenta para encontrarlos. Y así fue, localizo el reducido grupo de personas. Era imposible confundirlos y más cuando dos de ellos, eran los albinos más asediados de toda Asía.
Ingreso entre el tumulto de personas que, le regalaban un poco de la abrumante mezcla de olores y el calor que emanaba cada uno de los presentes, haciendo que el lugar se volviera sofocante, a pesar del buen trabajo que hacia el aparato climático. Hizo lo posible para no prestarle ninguna atención ante el malestar que estaba empezando a tener y camino más rápido para llegar a su padre, quien se veía bastante divertido con la charla que tenía con Inu No Taishō e Izayoi.
—¡Papá! —Le grito para que este pudiera escucharla entre todos los murmullos que había en el sitio.
—¡Rin! —Viro a verla y rápidamente le tendió la mano. Acepto el gesto—. ¿En dónde estabas?
—Lo siento, me entretuve con los chismes del camerino —sonrió.
—Espero que no se tratara de mí —comentó con vanidad.
—Es imposible, eres una de las mayores apuestas entre los hombres solteros.
—Y viejos —agrego el hombre de cabellera platinada y sujetada en una alta coleta.
—¡Oye! —Se quejó su padre.
—Tío —Rin ignoro la queja de su padre y fue abrazar al mayor de los Tukusama—. Que alegría verlo, ¿cuándo volvieron?
—Ayer.
—Deben estar cansados —se apartó de él.
—No es nada, sobreviviremos.
—Lo sé —le sonrió, para después pasar a la hermosa mujer—. ¡Tía! —Le abrazó entusiasmada.
—¿Cómo estás, hija? —Le pregunto dulcemente.
—Bien, gracias —se sonrió con alegría—. ¿Qué tal su viaje en Toronto?
—Excelente, hice que se olvidara del trabajo…al menos por un mes —suspiro resignada.
—La entiendo, tengo a mi propio trabajador compulsivo.
—¿Hablas de mí, preciosa? —Interrumpió el castaño, colocando las manos sobre sus hombros.
—No —rió.
—Claro —suspiro—. Porque no mejor saludas a Sesshōmaru. ¿Te acuerdas de él?
—Ah…
Rin miro hacia el mencionado, quien le vio al mismo instante en que fue nombrado. Sintiendo el peso de esos ojos dorados, que mostraban lo frío y calculador que era. Pero no suficiente como para intimidarla.
Esa sería una noche muy interesante.
—Claro —respondió con tono dulce—. Es un placer verlo de nuevo, Sesshōmaru —le regalo la sonrisa más inocente que tenía.
—Rin —solo la nombro y asintió con su cabeza.
Un profundo silenció se formó entre el grupo, ante el escueto saludo del albino. Sin embargo, a lo que ella le respectaba, muy poco le importaba, porque tenía aquella mirada sobre su persona, y estaba totalmente segura que así sería toda la noche. Tal vez advirtiéndole o desafiándola. Aunque la castaña esperaba que fuera la segunda opción.
Deseaba que se diera una charla entre ellos dos, cuando todo el evento se calmara. Sería bueno poner un poco de presión en Sesshōmaru. Solo faltaban cuatro días para que le diera una respuesta.
—Papá.
—Dime —le miro cálidamente.
—Te manda saludos Jakotsu —sonrió pícaramente—. ¿Para cuándo le aceptas la cita?
—Vaya, parece ser que si eres famoso —Inu No Taishō se mofo escuetamente.
—Eso parece —sonrió—. Pero es una lástima, porque podría ser mi hijo. Es demasiado joven.
—¡Oh por Dios, André! —Izayoi cubrió sus labios para no reír, mientras un sonrojo apareció en sus blancas mejillas.
—¿Qué? —Dijo divertido.
—Eres un imbécil —le ataco el mayor de los albinos.
—A mí no me molestaría tener dos papás —intervino en defensa de su padre.
—¿Ven? Mi hija me ama, a pesar de mis preferencias…las cuales no son esas, preciosa.
—Lo sé, pero prefiero a Jakotsu como madrastra que a una escuálida e insípida modelo —hizo un puchero.
—Esta es la razón por la que no me he vuelto a casar —se justificó el hombre—. Mi hija es muy celosa con su padre.
—Más bien, no quiere que le des una madrastra de su misma edad —le corrigió Inu No Taishō.
Así la «discusión» entre los hombres se hizo presente, haciendo que soltaran una que otra risa por los ácidos comentarios que se escupían uno al otro. Era divertido para Izayoi y ella, menos para Sesshōmaru. Más bien, poca atención le prestaba al dialogo entre los dos hombres.
Estaba ocupando al observarla de esa manera tan intensa, como si con ello pudiera desaparecerla en cualquier un santiamén.
De seguro es lo que más deseaba el muy maldito.
Rin le sonrió a Sesshōmaru, enfrentándolo y dándole entender lo poco estaba sirviendo su osco comportamiento. Del cual debía cuidarse, aunque dudaba mucho que lo hiciera. Le encantaban los retos y, Sesshōmaru se había convertido en el desafió más grande de su vida.
Después de una aguerrida guerra de palabras entre los dos hombres mayores, todos tomaron su lugar al faltar unos cuantos minutos para que la pasarela iniciara. Se confirmó cuando el albino se alejó de ellos, para ir hacia el podio en donde entablo una breve conversación con Jakotsu.
La castaña no aparto su vista de él, quería ver qué tal se desenvolvía como representante de una compañía. Cuanta seguridad y porte trasmitía. No solo con sus palabras, sino con su misma presencia. Solo quería constatarlo con sus propios ojos. Sería la manera de cerciorarse de que no se había equivocado, por escogerlo a él y no a otro.
Así que acogió asiento al lado de su padre, escuchando lo que este le mencionaba sobre algunos de los invitados, aunque toda su atención estaba centrada en Sesshōmaru. Lo que le hizo recordar la reciente conversación con Kagura.
Rin tenía entendido la fama que se cargaba un hombre como Sesshōmaru. No solo era reconocido por su desempeño como nuevo líder de la empresa Tukusama, sino porque era uno de los galanes más deseados, no solo en Japón, sino en toda Asía.
Director de una compañía de moda y próximamente de la red hotelera que manejaba Irasue Lundgren. También destacaba por su personalidad con ese corte imperial, soberbio, pragmático y estoico, lo que le daba esa aura misteriosa. Sin olvidar lo imponente y fiero que podía llegar a ser.
Si eso no era poco, el muy infeliz era de los hombres —tenía que aceptarlo— más atractivos del país. Poseía un aspecto físico envidiable, podría decirse, que resaltaba en lo exótico.
Las personas como Irasue, Inu No Taishō y Sesshōmaru, sobresalían por su apariencia cargada de elegancia y superioridad. Sobre todo, por esos hipnóticos ojos dorados, como si de el mismo oro fundido se tratara.
Cualquier persona que les conociera, no dudarían en decir que son perfectos.
A pesar de todo eso, el albino no llegaba a llamar su atención de ninguna manera, ni siquiera sexualmente —como sugería Kagura—, a pesar de tener todo a su favor. Pero era un hombre amargado hasta la medula y, si llegara a mostrar un poco de sentido del humor, quizás fuera de la manera más cruel que pueda existir en el mundo. No mostraba emociones, más que enfado o molestia, pero de ahí, tenía entendido que era una *puta estatua de mármol.
Y eso no era lo que ella buscaba en un hombre.
Rin necesitaba de alguien que expresara más de sí, fuera más vivaces, más humanos. Le encantaba los hombres que conversaban, incluso por la cosa más insulsa que existiera. Y era así, porque a la castaña le encantaba platicar.
Qué fueran atentos o cariñosos, le gustaba que le abrazaran y le besara sin pena alguna. Incluso en un país como Japón, en donde las demostraciones de amor no son comunes.
Buscaba un hombre con quien ir al cine o ver una película en casa, mientras estén acostados en el sillón comiendo chucherías. Con quien reír y compartir todo tipo de experiencia.
Dejo escapar un sonoro suspiro al darse cuenta que su cuento de hadas, no se haría realidad. Las decisiones y decepciones que ha tenido últimamente, se lo gritaban en la cara. Y ahora que había contemplado a Sesshōmaru, como «marido», su destino estaba casi sellado. Pero valdría la pena. Por su padre sacrificaría cualquier cosa, con tal que no perdiera lo que más amaba.
—Que suspiro haz dado, ¿a casó estás enamorada, princesa? —Le cuestiono su padre en voz baja, al momento en que la presentación se hacía presente.
Rin vio a su padre y después a Sesshōmaru, que ya estaba diciendo el discurso de bienvenida hacia los presentes. Con ello se percató que no se había equivocado.
El muy maldito era perfecto para cumplir el papel que tenía designado para él.
Pero eso no le alentaba, porque sabía que en el proceso perdería la ensoñación de encontrar aquel que le hiciera en verdad suspirar de amor, después de tantos desengaños.
—Tal vez… —mintió.
Su padre le sonrió a pesar de no darle una respuesta sólida, pero había sido suficiente para que el engaño empezara tejerse. Detestaba mentirle a su padre, pero no había más opción que esa. Solo esperaba que Sesshōmaru, no le diera tanta guerra en el transcurso del camino.
El evento transcurrió como parecía previsto, las alabanzas y buenas opiniones no se hicieron tardar. Jakotsu estaba viviendo su momento, como nuevo diseñador de la casa de moda de los Tukusama. Y eso le alegraba demasiado por su amigo, ella había visto la ferviente lucha del hombre para lograr llegar hasta donde se encontraba ahora. Y parecía ser que, Sesshōmaru tenía mucho que ver en ello. Había confiado en Jakotsu, al final de cuentas.
Deseaba acercarse a su amigo, pero estaba abarrotado entre las modelos y las personas que fueron a felicitarlo. Pero no quería colarse en un sitio tan concurrido, como en el que se encontraba en ese instante.
¡Necesitaba un respiro con urgencia!
—Papá…
—Dime, cariño —le presto toda su atención.
—Iré a tomar un poco de aire, no tardo.
—Bien, aquí te espero.
Rin le dio un corto beso en la mejilla y se dio camino entre el aglomerado de personas. Se hacia el suficiente espacio para poder pasar, mientras sujetaba la corta falda de su vestido, para que no se le levantara y terminara enseñando lo que no deseaba mostrar en público.
Siguió así hasta que pudo salir del mar de gentío y se dirigió hacia uno de los pasillos menos concurridos, en donde se encontraba una angosta terraza, pero era suficiente para respirar el aire puro que tanto necesitaba sus pulmones.
Se recargo en el barandal y cerró los ojos, mientras respiraba con tranquilidad, disfrutando del clima fresco y de la lejano que se escucha la música y las palabrerías de los presentes.
¡Perfecto!
—¿Qué tiene que ver mi madre con todo el teatro que me ha montado?
Rin abrió los ojos al momento de escuchar la serena, pero ronca voz del albino. Quien estaba examinándola, como si de un bicho raro se tratara. Tal y como lo había hecho aquel domingo en el departamento.
Volteo para enfrentar al hombre y le sonrió, algo que pareció desagradarle ya que, había fruncido el ceño y torció la boca. Bastante interesante para la castaña. Sabía cómo hacerlo enojar con facilidad.
Con su sola presencia.
—¿Irasue? —Parpadeo curiosa—. No le entiendo, ¿podría explicarme?
—No estoy para juegos, Lowell —advirtió.
—Nadie está jugando con usted, deje de ser tan exagerado —se cruzó de brazos.
—¿La idea fue de ella? —Se empecino con el tema.
—Esperé… —alzo su mano en señal de que parara—. ¿Esta insinuando que su madre fraguo todo esto? —Sesshōmaru no contesto. Ella se limitó a reír—. ¿En serio?
Pero el albino siguió con aquel rostro carente de expresión, pero con los ojos bien clavados en ella, viéndola de arriba hacia abajo, como si fuera tan poca cosa a su lado. Esa era la impresión que le daba a Rin.
—No tienen nada que ver —respondió al fin, sin mucho ánimo—. Ni siquiera me habla de usted, a menos que sea para insultarlo.
—¿Y piensas que con eso le creeré?
—Me importa muy poco si lo hace o no, ese ya es problema suyo.
—Le recomiendo que sea sincera —instó.
Rin respiro profundo, como si fuera suficiente para calmar las ganas de golpear a tan testarudo hombre. Era tan terco como ella, y eso no le pintaba para nada bien.
Solo por esta vez sería ella quien se calmaría y sería educada.
—La idea fue mía —confeso—. No le he dicho nada al respecto a Irasue y no planeo hacerlo. ¿Eso es suficiente para usted?
—No.
—Bien, piense lo que más le venga en gana —desvió la mirada del hombre.
—Si Irasue, resulta implicada…las cosas no saldrán bien para usted.
—¿A caso me esta… —hizo una pausa al darse cuenta que lo tenía cerca de ella, demasiado para su gusto—…amenazando?
—Tómelo como quiera.
—Le recomiendo que se guarde sus «amenazas» para alguien que se las crea.
—¿Qué no sabe medir el peligro? —Dio un paso más hacia ella. Trataba de intimidarla.
Idiota.
—No le tengo miedo Sesshōmaru —lo enfrento—. Pierde su tiempo con esta charla sin sentido. Así qué, si no me tiene una respuesta, es mejor que mantengamos distancia.
—¿Distancia? —Dijo casi en un ronroneo.
Rin entrecerró los ojos ante la manera en que cuestiono, y como su impávido rostro, mostro una expresión nueva para ella. Era soberbia, sus ojos eran intenso y tenía una sonrisa torcida. Sesshomaru trataba de intimidarla con su porte varonil y seductora.
El maldito tenía sus mañas.
Lo que el albino desconocía, es que la castaña también tenía un par de habilidades ocultas. Él no era el único que sabía jugar sucio.
Apoyo todo su peso en el barandal y le dedico una mirada llena de desconcierto, con todo el fin de desconcertarlo. Pero solo obtuvo que esa ceja se alzara altiva. Dándose cuenta que era un hueso duro de roer.
—¿No he sido clara? No me sirve de nada tenerlo cerca, a menos que sea para obtener su respuesta.
—Dejé de pensar que soy un idiota, porque eso jamás lo seré —coloco las grandes manos sus costados, apoyándose en el pretil. Había terminado por acorralarla—. Sé muy bien porque se encuentra aquí, y no es precisamente para hacerle compañía a André.
—¿A no? —Siguió haciéndose la desentendida.
—No aparto la mirada de mí, ni un solo momento. Trataba de ser obvia ante los demás —las negras pestañas ensombrecían los ojos dorados, dándole un aspecto más duro—. ¿Me equivoco?
No.
Sesshōmaru tenía toda la razón, porque ese había sido el plan desde un principio. A pesar de que aún no sabía el veredicto final, ya estaba midiendo el campo de batalla. Sería muy difícil hacerles creer a sus padres —hombres astutos—, de que su relación era sincera y no una treta para poner al albino al mando de la empresa, cuando su padre diera su retiro definitivo.
Más bien, nadie se lo creería, cuando durante casi lo que llevaban de vida, pocas atenciones se prestaron entre sí. Nunca se miraron lo suficiente o intercambiaron más palabras, que las del simple saludo. Ninguno había entregado interés en el otro. Y eso lo habían notado los más allegados a ellos.
El que ahora naciera una «relación» entre los dos, no sería para nada verisímil, a menos que ella se mostrara estar idiotizada por él. No hacía falta que él mostrara algún sentimiento particular hacia su persona, el trabajo pesado se lo llevaría Rin, al convencer a la gente de que le amaba.
Sus sentimientos eran los que más importaban, no los de él. Esa era una regla de oro.
—El traje…
—¡¿Qué?! —Sesshōmaru se desconcertó.
—Miraba su traje. ¿Es un Oscar de la Renta? —Pronuncio con fluidez.
Sesshōmaru se alejó de ella y le dio una mirada inquisitiva, acto que no le molesto, ya que logro quitárselo de encima.
—Aun no le he dado una respuesta —se limitó a decir.
—Seré paciente.
—Está muy segura de que esto se realizara.
—Así será.
—Los hombres la han malcriado. De seguro no ha existido el idiota que le diga que no.
—No en cuestiones de negocios —fue sincera—. Y me rompería el corazón si fuera el primero.
El albino hizo una mueca parecida a una sonrisa, la cual no sabía si tomar para bien o para mal. Después de todo, lo había hecho con toda la intención de ofenderlo. Pero no obtuvo ninguna respuesta ofensiva.
—Me gustaría saber algo —hablo con serenidad, mientras metía sus manos en los bolsillos del pantalón gris.
—¿Qué cosa?
—Tiene más opciones… ¿Por qué no les tomó en cuenta?
—Hmmm… —se irguió y acomodo un poco el cinturón del vestido—. Si a «opciones» se refiere a Naraku y Banktsu… Creo que no me está entendiendo del todo.
—Ambos están en el gremio, ambos podrían sustituir a su padre. ¿Qué los hace diferentes a mí?
—¿Quiere sentirse importante? Entonces se lo diré —expelo seria—. Naraku Itō es un infeliz manipulador, que no tiene ni una pizca del sentido del honor y juego limpio. Sin olvidar que mi padre no puede ni verlo ni en pintura. Aparte, es escalofriante —su piel se erizo, de solo recordar las veces que se llegó a cruzarse con ese hombre—. Y de Bankotsu…no hay mucho que decir, es un imbécil. Ni siquiera ha tomado el poder del emporio de su padre… Así que mi mayor apuesta es usted, ¿satisfecho?
—Empiezo a creer que es inteligente.
—Gracias —comentó sarcástica.
—Debería sentirse satisfecha, me ha convencido.
Rin se mantuvo en silencio, procesando la frase que acababa de escuchar del hombre. Y no porque no entendiera que estaba aceptando el trato, sino lo que escondía detrás de ello. Esperaba que se lo pensara más, pero no, le estaba dando una respuesta en ese mismo instante.
¿Pero por qué motivo? ¿Qué le animo a darle dicha respuesta?
No era ninguna estúpida, primero le dirige la palabra con tono agresivo hablando sobre una tregua ente Irasue y ella. Después cuestiona sobre los otros dos «posibles» candidatos, y ahora le daba el sí como si nada.
Ese infeliz estaba tramando algo, lo sabía.
—¿Puedo saber que le hizo tomar esa decisión?
—¿Importa? —Le cuestiono—. ¿No es esto lo que quería, Rin?
La castaña observo al hombre con detenimiento, desde lo largo del cabello platinado, su estructura ósea, y lo alto que era. Lo bien que le sentaba ese elegante y caro traje gris, que le hacía lucir mucho más ese porte imponente y sobresaliente.
Digno de un hombre exitoso e importante, que se reconocía por su inteligencia y astucia a la hora de negociar y hacer crecer una empresa más allá de los límites.
Eso era suficiente para saber que se guardaba su verdadera intención ante su respuesta.
¿Cuál había sido el detonante?
—Dudo mucho que haya sido por mi linda cara.
—Tal vez por sus lindas piernas —dijo con descaro.
—Claro… —Rió—. No es necesario que me halague. Su interés solo recae en la compañía. No se le olvide que soy una mujer de negocios, Sesshōmaru —alzo su mano—. Esto es un trato de palabra…por el momento.
—Lo es —saco su mano del bolsillo y estrecho su mano con firmeza—. Usted dispondrá cuando se lleve a términos legales.
—Hablare con mi abogado, le sugiero que haga lo mismo. Digo, para estar preparados.
—Bien —rompieron el contacto.
—Sesshōmaru…
Los dos voltearon hacia el marco que daba hacia la terraza y se encontraron con Inu No Taishō. Quien mostro un dejo de asombro al verlos juntos, pero paso tan rápido que muy apenas pudo ser percibido.
—Disculpen, no sabía que estaban juntos —los miro a los dos por igual. Muy fríamente—. Espero no estén tratando algo importante, porque requiero a Sesshōmaru.
—¡Oh! No se preocupe, solo charlábamos cosas sin importancia —intervino rápidamente, ganándose las dos miradas ambarinas—. Sesshōmaru es todo suyo.
—Gracias, hija… —hablo con estoicismo—. Sesshōmaru, es hora de atender a tus invitados.
Sesshōmaru no dijo nada y paso de largo, ignorando a su padre en el proceso. Pero este último no pareció prestarle atención. Los ojos dorados estaban fijos en ella. Como si pudiera descifrarla con ellos.
—¿Necesita algo más, tío? —Espeto amable.
—No. Disfruta la velada —le regalo una sonrisa forzada.
—Gracias.
Rin dejo escapar un suspiro al momento en que el líder de los Tukusama, recorrió el mismo camino que el hijo. Esa mirada había provocado demasiada presión. A pesar de que padre e hijo se parecían, la mirada del mayor le provocaba más inestabilidad que la de Sesshōmaru. Quizás era por el afecto que le tenía al hombre, y lo mucho que le podía mentirle. No quería ni imaginarse cuando empezara a montar ese teatrito a su padre.
Se convertiría en la peor hija del mundo.
Lo que más le incomodo de la repentina interrupción de Inu No Taishō, es que no vio de buena gana el que ellos estuvieran conversando. Como si eso no fuera normal, o más bien, fuera algo realmente malo.
Las cosas por su parte iban a ser muy difíciles, ya que las personas más importantes no se tragarían el cuento, así, como si nada.
Sesshōmaru y ella distaban mucho de ser la pareja ideal.
Negó con su cabeza y presiono el puente de su nariz, al darle importancia a lo que si le alarmaba. Esa maldita respuesta tan súbita, por parte del albino. Ella sabía que había algo escondido, un detalle que le orillo a darle esa contestación mucho antes del plazo.
—¿Sesshōmaru? ¿En serio, Rin?
Levanto el rostro lentamente, para encontrarse con quien había evitado a toda costa. Y ahora estaba ahí, mirándola y cuestionándola.
—Buenas noches. ¿Cómo estás? Yo muy bien, ¿y tú? —Pronunció con ironía—. ¿Qué ocurre con tu educación, Bankotsu? Tu madre podría decepcionarte de ti.
—Qué actitud tan arisca, solo para evadir una pregunta —sonrió con descaro.
—No tengo nada que responder y mucho menos a ti.
—¿Sigues molesta conmigo? —Dio dos pasos hacia adelante. Ella los retrocedió—. Ya veo que sí.
—No sé de qué hablas.
—Aun no me perdonas lo que te hice.
—¡¿Qué?! —Espeto molesta—. ¿Otra vez con lo mismo?
—Así será hasta que me disculpes y me des otra oportunidad.
—¡Oh por Dios! —Exhalo desanimada y apretó sus sienes con sus dedos índices—. No puede ser que sigas con la misma historia.
—Seguiré hasta que lo hablemos.
—No hay nada que hablar, esto caduco hace más de un año, Bankotsu —le recordó.
—Nunca me dejaste explicarte.
—Es que no hay nada que explicar. Te enredaste con alguien, mientras mantenía una relación conmigo.
—¿Ves? ¡Sigues molesta! —Avanzo hacia ella.
Rin levanto la mano rápidamente, advirtiéndole que mantuviera la distancia. No pretendía arruinarse la noche y mucho menos que se le acercara de la nada.
—No, no lo estoy —hablo con sinceridad—. Lo que haya pasado y los motivos que hayas tenido, no me interesaron antes, ni me interesan ahora. ¿Puedes al menos comprenderlo?
—Rin, yo realmente estoy…
—No, no, no, no… —lo interrumpió—. Ni se te ocurra decirlo.
—Pero Rin…
—No te odio, ni siquiera estoy molesta. Lo que paso ya no importa, solo sigo con mi vida, y tu deberías hacer lo mismo.
—¿Es por él?
—¡Eh!
—Te vi hace unos momentos con Sesshōmaru. Estaban muy juntos, demasiado para ser solo una charla entre dos personas —su quijada se tensó y los ojos azules se escurecieron mucho más—. ¿Qué hay entre ustedes?
—¿Es en serio? Me estas montando una escena de celos… —rio divertida—. Déjalo ya, quieres.
Le saco la vuelta para tomar camino y apartarse del pelinegro, no quería hablar de ese tema y mucho menos con él. Pero antes de que su objetivo se cumpliera, le sujeto del brazo y la hizo volver, apresándola entre sus brazos.
—¡Suéltame! —Ordeno entre dientes, mientras ponía sus manos sobre el pecho del hombre, tratando de alejarlo.
—No puedes enredarte con él.
—No te lo volveré a repetir, ¡suéltame! —le miro molesta.
—No creo que esta vista le agrade a Sesshōmaru…
Rin suspiro aliviada al momento en que escucho la voz de Kagura y fue liberada del molesto agarre. Llego hasta la pelinegra, dándole las gracias con la mirada. No quería imaginarse el show que hubiera montado al tratar de liberarse de Bankotsu.
—¿No deberías estar revolcándote con un nuevo amante?
—Gracias por preocuparte, pero no me apetece por el día de hoy —comentó con tranquilidad—. Deberías calmarte, hijo de papi… Y mantenerte alejado de la mujer de otros.
Rin miro de soslayo a la pelinegra, que tenía aquella sonrisa burlona, casi sádica. Parecía divertirse a cuestas de Bankotsu. Y no era de extrañarse, eso dos jamás se llevaron bien.
—¡Rin no es mujer de nadie! —Exclamo.
—¿A no? —La miro a ella—. No creo que Sesshōmaru, este de acuerdo en eso.
—Estas mintiendo.
—¿Lo hago? —Kagura le pregunto a Rin.
—No —Respondió sin dudarlo.
—¿Entonces tú y él…?
—Ya déjalo —pidió de la manera más atenta—. Es mejor que no te me vuelvas acercar.
—No te creo —Insistió.
—Pero que necedad de hombre —rolaron los ojos escarlatas—. Ya eres pasado, supéralo.
—No estoy hablando contigo zo…
—¡Ya basta! —Alzó la voz—. Tú y yo no tenemos nada que hablar, y mucho menos tengo que darte explicaciones de mi vida. Así que hazme el maldito favor de dejarme en paz.
Cogió de la mano a la pelinegra y se dirigieron hacia el interior del recinto, pero se detuvo abruptamente y volvió a mirar al hombre de larga trenza.
—Y ni se te ocurra ir a montarle una escenita a Sesshōmaru, porque si lo haces…lo lamentaras.
Sin más que decir, dio camino hacia el salón principal en compañía de Kagura, quien se mostraba tan serena como siempre. Ahora entendía porque se entendía con Sesshōmaru, los dos tenían actitudes parecidas o eso parecía.
—Que fastidio de hombre —empezó la charla—. ¿Cómo pudiste aguantarlo por dos años?
—Pues… —se guardó su comentario.
—Es más molesto que una patada en el culo.
Rin no pudo evitar el reírse ante tal descripción, sobre todo, viniendo de alguien tan refinado y bien hablado como Kagura.
—Yo solo espero que no le monte un show a la cara de marfil. Si no me meterán en un lío grande.
—No es por halagarlo, pero… Bankotsu no es tan idiota como para enfrentársele a Sesshōmaru.
—Eso espero —suspiro.
—Hablando de… ¿Escuche que estuviste hablando con él? ¿Fue sobre la propuesta?
—Oh… ¿cómo lo supiste que estuve con él?
—Esto es un hervidero de chismes… Muchos comentaron el que tú y él, estaban muy acaramelados en la terraza.
—Ah…
—¿Solo, «ah»?
—Yo no llamaría ese acercamiento precisamente como «estar acaramelados» —menciono sin ánimos—. Más bien, le llamo: Como tratar de intimidar a tu contrincante.
—Propio de Sesshōmaru —le sustento—. ¿Pero hablaron sobre el tema?
—Ha aceptado…
Las dos se detuvieron frente a la gran mesa repleta da aperitivos y bebidas, en donde ambas tomaron una copa para beber un poco de vino. Dándose un respiro antes de continuar.
—Felicidades.
—Vamos, Kagura —le miro incrédula.
—Es lo que querías, ya lo conseguiste.
—Pues si…
—¿Qué te tiene tan desanimada? ¿Es por el idiota de Bankotsu? —Le miro de soslayo.
—No, lo que ocurre es qué… —centro su atención en donde se encontraba el albino—. El acepto demasiado rápido.
—Ya veo, esperabas que te diera guerra.
—Sí, ¿no era lo que uno se esperaría de alguien como él?
—De hecho.
—¿Qué mosca le habrá picado?
—Con Sesshōmaru, nunca se sabe. Aprende a vivir con ello —fue cruda.
—¿Debo darte gracias por eso? —Volvió su vista a la pelinegra.
—Tal vez, no por el momento.
—Me agrada tu amistad —espetó con ironía.
—Lo sé —sonrió.
Rin viro de nueva cuenta hacia el albino que era acompañado por André e Inu No Taishō. Este se desenvolvía a pesar de ser tan borde. No parecía mostrar ningún tipo de careta ante nadie y, aun así, era vanagloriado. Se notaba que algunas personas lo tenían todo arreglado en la vida.
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~O~
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—Estoy en casa —escupió con cansancio, mientras se quitaba los zapatos y los aventaba a un rincón.
—Bienvenida —respondió el albino sin apartar la vista del plasma.
—¿Qué juegas? —Cuestiono al momento en que se dejó caer en el sofá y cogió como almohada la pierna del hombre.
—Uncharted 4.
—Oh, mi esposo Nathan —dijo en un bostezo.
—Sí —puso pausa y clavo los ojos violetas en ella—. ¿Cómo te fue?
—Supongo que bien.
—¿Hablaste con el estirado ese?
—Sí —dijo entre risas—. Ya me dio una respuesta.
—Acepto —afirmo sin dudarlo.
—Sí.
—Eso es un punto para ti —apoyo su codo en el brazo del sofá y su barbilla en la palma de su mano—. Aunque bastante rápido. Pensé que te daría más pelea.
—¡¿Verdad que sí?! —Se incorporó de un brinco y miro fijamente a su compañero.
—Deberías usar vestidos más largos, te veo las bragas desde aquí —bromeo.
—¿Verdad que es raro? —Insistió al momento en que se cubrió con un cojín.
—Lo es, se supone que es un tipo duro.
—Debe existir algún motivo que le alentó —se quedó pensativa.
—Qué más da lo que haya sido, el fin era que te diera el sí.
—Pero Hakudōshi…
—Rin, deja de pensar tanto y céntrate en lo que vendrá ahora.
—Pero…
—Escucha —dejo el control sobre la mesa entre las chucherías y se sentó de manera de quedar frente a ella—. Es obvio que te investigo y hubo un detonante para que este aceptara. ¿Cuál fue? —Hizo una pausa— ¡Qué importa! Al menos no por el momento —expreso con ecuanimidad—. Es algo de lo cual te enteraras en el proceso, quizás el día en que se junten para estipular lo del contrato. Es cuestión de que pongas atención en ese momento. Si ves el motivo y no te agrada, haz lo posible para que desista de la idea…claro, si va implementada.
—Tienes razón —asintió sin dudar.
—Claro, siempre tengo la razón —sonrió altivo.
—Por favor —rolo los ojos.
—Cómo sea… Al menos ya tienes el primer paso, y mi hijastro ya te dio su palabra.
—¿Hijastro? —Le miro curiosa.
—Bueno, siendo el hijo de mi amor Irasue…
—Irasue jamás te dará entrada, deja de soñar.
—Eso es lo que tú crees —rió.
—Bueno como sea —dejo escapar un denso suspiro—. El problema ahora es Kohaku.
—No se negará, ya te lo dije.
—Pero es el que menos apoya esta locura, y sabes cómo es con eso de su ética y moral…blah, blah, blah… A veces detesto que no ejerzas, tu eres un cínico sin vergüenza.
—Gracias por el cumplido —sonrió orgulloso—. Pero volviendo al tema, no hay que dudar de idiota de mi cuñado. Después de todo, antes de abogado es tu amigo —le recordó—. Y si, aun así, el idiota se pone con sus negaciones, existe la manera en que no podrá decir que no…
—Kanna —musitó.
—Tenemos la llave secreta.
—De hecho —sonrió.
Rin se echó hacia atrás y apoyo su cabeza en el hombro del albino, mientras los dos guardaban un agradable silencio.
Le agradaba escuchar las cosas desde la voz de Hakudōshi. Era sincero, siempre diría lo que piensa sin importar lo mucho que te hiera en el proceso. Muchos dirían que es un infeliz descorazonado, pero la realidad es que era un buen amigo, aunque llegar a ser una mala influencia, pero de las que se gozan —según las palabras de su padre—, y quizás era ese el motivo por el que su amistad había durado tantos años. Era el único que la entendía y le cuidaba como a una hermana.
—Mira, tengo un juego que está buenísimo y el cual quiero terminar en la madrugada. Así que dime de una vez todo el chisme, porque si no te corro a patadas de aquí.
—Ay, que delicado —hizo un puchero.
—Sácalo.
—Me encontré con Bankotsu, otra vez…
—¿Sigue de rogón? —Expelo asqueado. Rin solo asintió—. ¡Oh, que dolor de huevos es ese tipo!
—De ovarios —corrigió.
—Cómo sea —chisto molesto—. No me quiero imaginar el drama que montara cuando el compromiso con mi hijastro se haga oficial.
—Que positivo eres —levanto la mirada, para encontrarse con los ojos violetas.
—Es la verdad, ese tipo siempre estuvo más interesado en tus posesiones que en ti.
—Ah…
—Vamos, no es algo de lo que debas sorprenderte. Todos nos dimos cuenta de ello, incluso mi hermana. ¡Kanna, a la que le importa un comino lo que pase a su alrededor!
—Ya entendí —bufo molesta.
—No me digas que…
—No —respondió al instante.
Se callaron al no saber más que decir o no encontrar las palabras para contratacarse como era la costumbre. Al menos, en lo que respecta a Hakudōshi.
—Sabes que es lo más raro de toda esta situación —hablo Rin.
—¿Qué?
—Que termine con Bankotsu, por su interés en la compañía…
—Y porque te fue infiel —agrego el albino, ella sonrió amargamente.
—Ahora me casare para que alguien más se haga cargo de ella…
—Ironías de la vida —dijo el albino—. Antes buscabas amor y ahora buscar a un nuevo presidente. Así es esto…
—Vaya putada —se levantó del sofá y se estiro—. Me gustaría seguir charlando y ver como juegas con mi esposo Nathan Drake, pero tengo que madrugar.
—¿Cuándo regresa mi amor imposible?
—Dentro de quince días.
—Suerte con eso —rió.
—Gracias… —se inclinó y dio un corto beso en los labios de Hakudōshi—. Hasta mañana.
—Hasta mañana.
Sin más que decir, la castaña se dirigió hacía su dormitorio. Lo único que pensaba en esos momentos era echarse en su cama y olvidarse de todo. Ya volvería a torturarse mañana por la mañana.
Notas:
*Versacce, Oscar de la Renta, entre otros más, se irán mencionando a lo largo de la historia. Yo no sé cuanto conozcan de moda, pero tratare de ir aclarando de "que" o "quienes" se trata en este apartado de notas. Aunque tengo que aclarar que yo de moda, se poco. Me estoy guiando por lo que estoy investigando y lo que una amiga me ha platicado, ya que ella sabe bastante del tema.
Pero si tienen dudas al respecto a esto, no duden en preguntar. Haré lo posible para hablarles un poco más de esto, por si les interesa. n_n'
Ahora sí... ¡Hola a todos! xD
Pues aquí estoy cumpliendo con un capítulo más de esta nueva historia. Espero que esta "racha" (xD) pueda cumplirse y estarle subiendo cada viernes como le he prometido.
Realmente estoy muy contenta con lo que se ha alcanzado con el primer capítulo, no me esperaba que tuviera esta bienvenida. Ver los favoritos y los followers que ya tiene, ni hablar de los reviews que ha tenido a lo largo de una semana, en verdad, estoy muy emocionada. Es algo que aprecio como no tienen idea, simplemente muchas gracias. Ni que decir de los lectores anónimos, también les doy mi gratitud por haberse detenido a leer el inicio de este fic. :')
Pero tengo que hacer hincapié en los reviews, ya que todos sus comentarios, desde lo más sencillos a los más elaborados, me han entusiasmado mucho. Sobre todo al leer a nuevas personas, simplemente me ponen muy contenta. Muchas gracias por sus comentarios. Espero que siga siendo así, porque en verdad me encanta leerlos. *-*
También quiero informarles que pueden hacer preguntas referente a cualquier duda que tengan, haré lo imposible para aclararse sus interrogantes o cosas que no entendieran en el proceso. Pero aclaro, solo preguntas sencillas, nada de preguntas que puedan detonar un spoiler. Porque ni yo misma no sé que vaya a pasar más adelante. xD
En este caso responderé la pregunta de iblwe: ¿Por qué siempre es Kagura la amante?
Annie, yo no sé con que motivos habrán puesto a Kagura, como amante en otros fic's, pero en el mío es sencillo. Porque es el segundo personaje que mejor me cuadra con Sesshomaru. Si alguien puede tomar el papel de amante, es ella. Pero no de esas amantes nefastas, odiosas y mal intencionadas. Kagura jamás jugara ese tipo de papeles en mis fic's, porque ella me agrada mucho.
Lo que siento, es que la relación de amantes entre ellos dos, es buena y llevadera. Un común a cuerdo, con un solo fin: Sacar el estrés que acumulan. xD
Espero que con este capítulo puedas entender el significado de "amantes" entre ellos dos. Después de todo, son amantes siendo solteros, nadie perjudica a nadie. :B
Sin tener más que decir, espero que este capítulo les guste tanto como el anterior, y pueda seguir leyéndolos para el siguiente capítulo.
¡Nos estamos leyendo el próximo viernes! :v
