Los monólogos de mis pretendidas

Capítulo 2: A mí no me cayó la maldición

Definitivamente el show tenía que continuar, más si este llevaba cuatro años en cartelera y con un solo acto.

El rumor se había esparcido, un espectáculo completamente renovado, tal cual fue el caso del primer show de monólogos, este se hallaba abarrotado, la expectativa era alta y no era para menos.

El telón se abrió de nuevo, la escenografía había cambiado, ya no estaba la silla alta, esta fue remplazada por un sillón de una plaza acompañado de una mesita de centro.

De pronto el sonido de unos tacones aproximarse al escenario provoco el estallido eufórico del público, que aplaudía y gritaba emocionado, fue cuestión de segundos para que la protagonista de ese nuevo monologo apareciera.

Vestía una elegante falda lápiz color gris y una blusa blanca, su cabello estaba recogido en una coleta, sonrió al público antes de tomar asiento, de la mesa de centro tomo el vaso con agua para beber de él, inmediatamente después comenzó a hablar.

─Antes que nada, no, la señorita que trabaja en la DSO no tienen nada que ver conmigo…ya se, ya se, nos parecemos, pero nada que ver. Ahora, me gustaría comenzar con una recomendación, el abuso del alcohol y los esteroides no son buenos, si, lo digo por Chris Redfield. Cuando lo conocí me pareció el típico militar americano…..no me equivoque, el tipo nunca dudo un segundo en cumplir su misión, pero vamos, de haber sabido desde un principio que era un maldito imán para los desastres, abandonaba la BSSA en ese instante. Oh la travesía en África ─ -de fondo el tema del rey león comienza a sonar- ─ Lo peor de esa misión fueron los trayectos tranquilos donde, por ejemplo, nos deteníamos a beber agua, Chris sacaba un frasco y se metía de cuatro a seis pastillas, como si fuesen caramelos, el problema no era ese, si no que empezaba como con etapas psicóticas, una de por sí ya la tiene jodida por se una persona de color, ahora soporten a un mastodonte de ciento quince kilos de puro esteroide con arranques de ira, depresión, euforia y libido mientras escapas de una horda de infectados, creí haber tocado fondo, no, na na na , aquí el destino dijo, Sheva, ¡vas a valer tres kilos de madre!. - ─ la presentadora respiro hondo, para proseguir con el relato.- ─Primero el muy imbécil no se dejaba curar, ahí iba, a jugar al Rambo moderno, sin chaleco antibalas, pero si le daba un poco de spray de primero auxilio el puto se enojaba, que debía reservarlo para cosas más importantes, ¡cabron! Te estas muriendo, si eso no es importante yo no sé qué mierda lo sea, luego el incesante lloriqueo por Jill, que al final resulto ser la que ayudaba a Wesker, ok, estaba bajo el control mental de este, la liberamos, no sin antes recibir el sofocón de mi vida. Con fuerza desmedida Wesker me tomo del cuello con una sola mano, yo sentía que la vida se me iba en ese momento ¿Chris qué hacía? Evidentemente nada por salvarme, solo me quedaba de una, con las poca energía que me quedaba, logre golpearlo en una parte sensible de su cuerpo, si, como sospecharon, hice huevos estrellados…y es que no importa que tantas modificaciones pueda tener tu cuerpo gracias a los virus y parásitos, los panditas, siempre serán los panditas, el punto más vulnerable de cualquier hombre. Pero no fue la última vez que nos enfrentaríamos. La batalla final tuvo como escenario un ¡puto volcán activo!, porque yolo, fue ahí donde entendí que todo tiene un propósito en la vida y que no hay que juzgar un libro por su portada, nuevamente me encontré en problemas iba a morir calcinada o a manos, si es que se le puede llamar así a la protuberancia que tenía Wesker como brazo, porque ya no tenía a donde avanzar e iba a caer, entonces pasó, con toda su fuerza y gracias a una roid rage, Chris movió una roca gigantes a puro golpe limpio, lo cual me permitió salir viva una vez más, el resto ya fue más fácil, disparos, cuchillazos y pum, bazucaso. Al final creí que había un vínculo especial entre aquel fortachón y yo, pero todo fue mentira, el solo tenía ojos para una, exacto, la vitamina proteica que debía beberse en ayunas, juro que lo odie.

Los aplausos no se hicieron esperar, al igual un par de carcajadas, el telón se cerró concluyendo un especial más de comedia impartido por una de antibioterroristas favoritas.