Capítulo 1
Primer deseo.
Puedo pensar en muchas cosas y sin embargo nada se me ocurre, ¿por qué? ¡La oportunidad está justo frente a mí! No te encuentras seres mágicos a diario, ni que estén dispuestos a concederte lo que sea, todo hay menos eso. Aunque en los últimos días no le he visto, siento su presencia a altas horas de la noche, nunca logro ver algo para respaldar mis creencias, pero sé que está ahí, de alguna manera.
En este momento me encuentro solo en casa, Minos no ha regresado, como siempre, y por primera vez quiero salir a alguna parte, me sofoco con cada segundo que pasa, explotaré en cualquier momento. Es mejor bajar por un vaso de vodka, tal vez me aclare las ideas.
La cocina incluso parece más amplia.
— ¿Qué te pasa? Luces terrible.
—Ni siquiera yo lo sé, ¿por qué no has aparecido? Sé que rondas por la casa a veces, seguramente a escondidas.
—Parece que no le quedó claro, no puedo presentarme en público, y sobre todo en el día; además, usted no me ha llamado y si no mal entendí, la primera vez que lo vi, me reclamó haber aparecido así nada más.
—Como sea, necesito estar bien.
—Como desee. —Casi al instante levanta su uña haciendo un leve movimiento. Me siento increíblemente…— ¿Mejor?
—Un momento, yo no te pedí eso.
—Tranquilo, tus deseos siguen a salvo, yo solo estoy aquí para complacerte.
¿En verdad es eso? No puedo dejar de analizarlo, su expresión me dice una cosa y sus palabras otra, a veces puede ser muy confuso.
—Pero te aviso que debes ser muy preciso con lo que deseas.
— ¿A qué te refieres?
—Oh, ya sabes, nada es como queremos.
—Por supuesto que no, para eso estás tú.
—No siempre. —Se recuesta en todo el espacio de la barra y me mira inquisitivo. Sonrío, no sé cómo, pero está acabando con mi paciencia.
—No esquives mis preguntas, es una orden.
— ¿Orden? Nadie dijo algo acerca de ordenar.
—No puedes desobedecerme ¿o sí?
—Dijiste que no eras como los demás —en respuesta arrugo el ceño—, por lo tanto no puedes ordenarme ¿o sí? —. El tono que usó en la última palabra imitaba mi voz, no le di más crédito a sus burlas y decidí quedarme callado.
—Alguien se acerca…
—No hay nadie en la mansión.
—Nos vemos. —Tan pronto desaparece Minos hace su entrada por…la ventana. — ¿Qué mierda estás haciendo?
— ¿Dónde está Aiacos? ¿¡Ya llegó!?
—No grites…aún tengo jaqueca. No, no ha llegado ¿qué ocurre?
—Es una larga historia… ¿y eso? —Me percaté de lo que estaba observando. Una manzana roja a medio terminar en uno de los bancos de la barra.
Genio…—No recuerdo haber comprado manzana ¿tú lo hiciste?
—A mí no me….quiero decir —no puede ser—, sí, yo…quería una manzana.
—Pero tú odias la manzana.
— ¡MINOS!
—Mierda, es Aiacos…Radamanthys, yo nunca estuve aquí.
—Bien. —Entró como una fiera, ahora entiendo por qué el alboroto de Minos. Revisó la sala, inicialmente detrás del televisor que es donde suele esconderse, no dije nada aun cuando me preguntó pero Minos salió prácticamente gritando después de un rato. Ahora se encontraban luchando a muerte encima del sofá.
—Qué feo se ve eso…
— ¿Qué haces aquí? No deben verte…
—Ah, quizá, pero mira esto—me dice riendo—, no me lo puedo perder.
No puedo evitar reírme. Mientras tanto ellos siguen en la pelea, sin percatarse que alguien más nos acompaña. —Así que Radamanthys…elegante. Te queda el nombre.
—Ahora que lo pienso, no me has dicho el tuyo.
—Tú dime cuál, he tenido amos que ni siquiera se percatan de él, solo les interesa su fortuna.
—Entonces no recuerdas cuál es. —Dije afirmando.
— ¿Por qué no adivina? —. Volvió a desaparecer esta vez dejando rastro a lo que parece ser mi habitación.
—Radamanthys…ahg, ¡Radamanthys!
—A mi no me metan en sus asuntos.
—Robamos tu billetera…
—Te dije que no… ¡¿qué?!
—Fue culpa de Minos, él me dijo que era suya.
—No es cierto, tú dijiste que…
— ¡¿Qué?!
—Aiacos la encontró tirada en el pasillo, además, tú nunca pones identificaciones en tus carteras, ¿cómo íbamos a saber?
—Cierto…
— ¿Esperas que crea esa historia? Ah, claro, soy muy estúpido. Disculpen mi ignorancia, es que soy el único que usa billetera y oh, debieron confundirse tanto, ¡porque ustedes guardan su dinero en los bolsillos!
—Eso no quita el hecho de que seas un irresponsable, mira que dejar tiradas tus cosas por ahí con nosotros rondando cerca no es una buena idea.
— ¿Qué hicieron con mi billetera?
—Oh, te diré qué ocurrió con tu billetera, ¡Minos apostó tu dinero! ¡Eso es lo que pasó!
— ¿Qué fue lo que apostaste? —Tenía que agarrarme de algún lugar, tuve que sujetar mis sienes y tuve que tratar de controlarme para no asfixiarlos en mi enojo.
—Aposté a Aiacos.
— ¡Sí! ¡Me apostó! ¡Trataron de comerme vivo en esa jaula!
— ¿Qué clase de pelea? ¿Qué maldita jaula? —Lo único que pude hacer fue permanecer en calma, sin mencionar que ambos estaban por encima del suelo, lo suficientemente bien sujetados por mi como para no caer en cualquier momento. Pero eso sucedió después de que agotaran mi paciencia y sus cuerpos produjeron un ruido seco en el piso.
—Esto es discriminatorio…
—Me voy. Y cuando regrese quiero saber quién de ustedes tomó mi billetera.
— ¿Podemos ir contigo?
— ¡No! —Llego a mi cuarto y ni siquiera hago sonar el cierre de la puerta. Noto la presencia del genio e intento disimular mi enojo, pero al parecer es inútil.
—Tiene un aura algo pesada.
—Mis hermanos son un dolor de cabeza.
—Parece que no eres justo con ellos. —Me dice haciendo un puchero con su boca volteando a todas direcciones menos a conmigo.
—No sé en donde diablos está mi billetera, necesito mis tarjetas de crédito—digo recostándome—, y me dices que no soy justo con ellos.
—Puedes pedir que repare el daño. Ya sabes…un deseo.
—No caeré en tu trampa.
— ¿Cuándo pedirás tu deseo? Parece que quieres sacarme de quicio.
—Es algo incómodo decirte genio a cada rato, necesito saber tu nombre.
Esa puede ser tu próxima petición.
Dímelo.
—Que lo adivines, de lo contrario jamás te lo diré. Y seguirás llamándome así.
— ¿Para qué esforzarme?
—Bien, entonces.
—…dame una pista.
Sonrió. —Corazón…
— ¿Es en serio?
— ¿Qué tan específico tengo que ser?
—Eros.
—Uhm…te acercas, tiene mucho que ver con…
— ¿Grecia?
— ¿Mi nombre? No.
—Corazón…grecia, ah… ¿Kardia?
Pareció sorprenderse, al punto de observar un pequeño brillo en sus ojos. —Vaya que eres rápido pensando.
—No me quejo del nombre, así será más práctico.
—Supongo que sí Radamanthys.
—Se supone que debes tratarme con más respeto, Kardia.
— ¿Pides respeto? ¡Ja! ¿De casualidad no te gusta leer?
Lo miro con extrañez y él simplemente permanece en silencio, escrutándome de nuevo con esa extraña sonrisa torcida; avanza con simpleza, haciendo sonar esas pesadas joyas y brazaletes que carga consigo. Pasa a un lado dando una descuidada caricia a mi mejilla. Coloca su cuerpo detrás de mí; siento sus manos alrededor del cuello y su aliento choca contra mis labios, en este instante noto que su rostro es más terso de lo que imaginé, para ser alguien tan viejo a mi parecer.
Es un movimiento atrevido, debería quitarlo o retirarme, pero su aliento me parece encantador, su calor apacible y sus ojos dos marinas que recorren mi alma entera.
—Es extraño…tu actitud me recuerda a alguien. —Me quedo observándolo teniendo presente sus labios humedecidos y rojos, nunca había visto a un hombre de esta manera, a pesar de que esto no es nuevo para mí.
—Un mago helado…—sonríe y sigue hablando—, un amante increíble. —Tomo en cuenta sus intenciones y trato de alejarlo, pero él es más fuerte y se sujeta de mí tumbándonos a ambos en el suelo sin dejar el contacto visual que sostenemos. — Y bien… ¿No que querías relajarte un poco?
—No pareces ser más fuerte que yo, pero ya estás derrumbándome. —Tomo sus muñecas y al instante estamos en una nueva posición, él debajo de mí y yo encima.
—El suelo también es un lugar agradable para compartir lecho.
— ¿Cómo se llamaba ese hombre?
—No es un hombre. —Se recarga en sus codos para darme suaves besos en el cuello, no me resisto y tomo posesivamente sus labios atrayéndolo hacia mí. Algo puedo asegurar de esto y es que jamás he probado un beso tan profundo y delicioso.
Sus piernas se enrollan en mi y me siento en la cama con él encima, los besos en mi cuello aumentan y siento molestias en la entrepierna.
— ¡Radamanthys!
—Maldición, mis hermanos.
—Sí que molestan ¿no? —Desaparece dentro de la lámpara dejando solamente su típico olor a manzanilla.
—Oye, ¿sigues molesto? —Sudado, excitado más una erección y frustrado por no llevar a cabo mi acto anterior. —No, no estoy molesto.
—Pues deberías estarlo.
— ¿Qué quieres?
—Solo ver qué hacías pero veo que estabas ocupado.
— ¿De qué hablas? Estaba ordenando unos papeles…
—Oh sí, tú no puedes engañarme, y menos a Minos.
—No, no, no, a Minos jamás. —Dijo mi hermano haciendo señas extrañas con los dedos.
—Será…la hora feliz de Radamanthys, ¿qué te parece?
—Queda mejor la relajación del monstruo.
—Sí, cierto, esa me gusta más.
— ¿Ustedes creen par de mequetrefes, que me estaba masturbando?
—Te ves sudado.
—Y muy calentón. No hay nadie más en la habitación ¿o sí?
—Entonces te estabas relajando. Tranquilo, todos alguna vez lo hacemos.
—Eso no tiene nada que ver con lo que estábamos…digo, ¡largo de aquí!
—Hola chicos. —La voz femenina apareció repentinamente y las caras de mis hermanos miraban sorprendidos un punto en específico. Ese punto se convirtió tal vez en mi mejor pesadilla.
—K-kardia. —Era exactamente una copia del genio, esta vez se pasó de bromista.
— ¿Sí? ¿Quieres que sigamos cuando se vayan? —Su voz era muy sugerente, como siempre.
—Oh, así que no estabas solo gran mentiroso.
—Por supuesto que no estaba solo, ¿verdad señor? —Lo fulminé con la mirada, sin embargo él pareció no inmutarse de nada y siguió platicando con mis hermanos que se encontraban anonadados. Si tan solo supiesen…
—Está bien, suficiente es hora de irse.
—Pero no he terminado de charlar con este par de caballeros.
—No, no se preocupe por nosotros, nos retiramos para que Radamanthys haga…sus cositas. —Minos riendo por su reciente comentario salió de la habitación junto con Aiacos, quién no dejaba de hacer señas obscenas.
—Y ahora ¿qué es lo que acabas de hacer?
—Creí que mi amo estaba en problemas, quise ayudarte eso es todo.
—Vaya, ahora resulta que eres muy servicial ¿no es cierto?
—Mientras mi contrato siga vigente…
—Supongo que tendré que pedirte mi deseo ahora.
El genio se veía entusiasmado y de un segundo a otro había vuelto a transformar su imagen, me senté al borde de la cama y me siguió cruzándose de brazos frente a mí, sonrió y sonreí con él, lo que dejó un tanto perplejo a mi amigo. Susurré algo inentendible, ni siquiera yo estaba seguro de querer pedirlo, pero lo hice, lo hice y al parecer lo escuchó, su expresión sorprendida y meditabunda lo comprobaron.
—Nunca creí que usted…
— ¿Sorprendido?
— ¿Seguro que no tiene alguna otra petición más coherente? ¿Más importante?
—No.
—Usted es una maldita aberración de la naturaleza humana, ¡no merece tener mis respetos, debería convertirte en un maldito lagarto!
—He dicho, que vuelvas a la lámpara.
—Usted no sabe lo que está diciendo —dijo alejándose de mí—, espero que no extrañe mi compañía señor —lentamente.
—Pensaré mi segundo y mi tercer deseo, y te estaré esperando con ansias, pero antes de que te retires según lo acordado, me quedé con las ganas de hacer esto…—tomo sus labios con ferocidad y escucho algunos jadeos por su parte, mi erección se junta con su miembro y empiezo un delicioso vaivén.
—Así que le gusta actuar rápido y sin precipitación, me gusta. —El ritmo de mis movimientos cambió drásticamente a uno violento y activo, para mi sorpresa Kardia lo estaba disfrutando y cada vez sonreía con más placer.
Tomó ventaja de mí, era de esperarse; su cuerpo me aprisionó de espaldas a la pared y empezó a succionar la piel de mi cuello.
Se sentía tan bien, pero no dejaría que tomase ventaja, así que lo dejé por un rato hasta cambiar una vez más de posiciones.
—Acabaré lo que no concluimos antes ¿quieres?
—De todas maneras vas a volver a encerrarme…
—Vamos, sólo será por un día, creo que estás exagerando. —Dejé al descubierto su abdomen, seguido de despojarlo de su chaleco, tan sólo dejando la roja bufanda. Gimió profundo y solté un gruñido al estar ahora completamente desnudo, con nuestros sudados cuerpos juntos por la reciente fricción, mi erección palpita y siento la necesidad de estar unido con él, pero sigue dándome más sorpresas y se recuesta en la cama.
—Me parece que un desierto y más de un siglo de espera son suficientes traumas como para dejarme en este estado. Mírame, un demonio necesitando de un humano para subsistir, ¿qué es lo que tiene usted para lograrlo? Ni siquiera yo sé…
—Suficientes palabras, el que necesita de ti soy yo. —Sé que soy sincero con lo recién dicho, pero ¿por qué lo hice? Se supone que debo ser yo quien controle la situación, me perdí en aquellos instantes. Pero esto no ha terminado.
Le suelto y ya no hay preparación alguna, solo me introduzco lentamente en él, causando que sus músculos se contraigan, ambos jadeamos por el inmenso placer sentido y comienzo a moverme más rápido, contraigo mi abdomen para tomar mejor vuelo y mis sentidos se nublan cuando toco un punto en específico en aquella cavidad estrecha.
Me mira con sus ojos profundos y azules, juro que si no estuviera pensando en otra cosa acabaría en este mismo instante.
No sé si ha notado mis pensamientos, pero sonríe y rodea mi cuello con ambos brazos, mientras le sigo penetrando; sus piernas toman una pose elegante y mueve con elegancia su cuerpo sobre mí. Reconozco su talento, es hechizante con semejantes movimientos.
La hora casi ha pasado y sin embargo el placer aumenta, su nariz choca con la mía— ¿estás listo para despedirte de mí?
—Pero qué dice…después de todo es sólo un día. —Me miró altanero y con la sonrisa tenue, una expresión que jamás olvidaré.
Siento mi clímax cerca y el suyo también, así que apresuro a cambiar de posición, esta vez quedando sus piernas rodeando mi cintura, estar de pie en una posición así es exhausto, pero me contengo y sigo aumentando mis estocadas hasta que no aguanto más y culmino junto con él.
—Respiraciones van y respiraciones vienen, ¿no te parece extraño?
—No sé de qué diablos estás hablando.
—Hay que considerar el tiempo, siempre hay que considerar las cosas que podemos hacer antes de perder…
No parecía una charla coherente, pero lo notaba serio, incluso preocupado y sin el buen humor que le caracterizaba. — ¿Kardia?
— ¿Alguna otra cosa que pueda complacerle?
— ¿Quién es Dégel? —Su mirada de pronto se iluminó, aunque al mismo tiempo decayó, sus ojos me miraron fijamente y luego contestó: —Cometí el error de repetir su nombre innumerables veces cuando perdía el control de mi poder, no creo haberlo mencionado en un acto como este… ¿cómo sabe su nombre?
—A veces lo mencionabas entre las noches que estabas fuera.
—…el mago helado del que le hablé—era hora de irse, el reloj tocó las seis de la tarde y sentía su presencia desvanecerse—, era un amigo demasiado cercano a mí. Innumerables veces me buscó, pero nunca me dejé encontrar…sé lo que piensa y puede pedirlo si lo desea, pero considere mi petición, de que no es una buena idea.
—Hasta pronto Kardia. —Sin más desapareció junto con el humo misterioso que despedía la lámpara, tan pronto como sentí su desaparición aquella opresión en mi pecho había desaparecido, pero solo por unos momentos.
Salí a buscar lo que aquel sentir me hacía oprimir y guardé la lámpara en un lugar seguro de mis hermanos.
Siento celos y curiosidad a la vez por saber quién es ese tal Dégel.
El pensamiento de su amo, el último que pudo percibir, perforó en lo más profundo y quiso haber desobedecido su orden, lástima que no podía hacerlo, pero su mente divagó en sus antiguos recuerdos y una imagen apareció fríamente, dejando en él un sentimiento de furia y enojo. Había descargado sus miedos y pesares en su anterior acto, pues de lo contrario y de no haber sido así estaría enloqueciendo. —Amigo…ya tengo una respuesta para ti.
