A TRAVÉS DEL BOSQUE

2.

Su mirada seguía posada en aquel joven que ahora tomaba ligeros sorbos de té y comía alegremente sentado en la misma mesa que ella. Hikari no podía creer la tranquilidad con la que los cuatro miembros cenaban tras lo que había ocurrido. Su abuela comía arroz tranquilamente, mientras Miyako se servía un poco de más de ensalada. Aunque el que más había comido había sido él, Daisuke. Ella, Hikari, ni siquiera había empezado.

¿Qué demonios significaba todo aquello?

Tras eso Hikari golpeó la mesa. Los tres miembros restantes se giraron hacia ella.

-Hikari, no golpees la mesa de ese modo- la regañó su abuela. Ante aquella increíble respuesta, Hikari se indignó.

-Pero, pero… -intentó empezar la chica. Sin saber exactamente cómo formar una frase decente. Tenía tantas preguntas en su mente, sobre el agujero que había aparecido en el bosque, sobre cómo se había ido cerrando lentamente, el monstruo de barro, el chico que creaba chispas con sus manos… ¡y todos tan tranquilos!

Miyako no había conseguido mirar a la chica fijamente a los ojos desde que los cuatro habían vuelto a entrar en el hogar. Su abuela, simplemente tras decir aquella misteriosa frase, había entrado dentro de la casa y se había sentado cómodamente esperando la cena. El chico había entrado tras ella para sentarse de igual modo a la mesa.

-¿Nadie va a explicarme nada?- preguntó Hikari mirándolos a los tres. Daisuke volvió a tomar su taza de té, para seguir bebiendo lentamente. Esa actitud molestó a Hikari que saltó señalándolo con el dedo. -¡Quién o qué demonios eres tú!- le preguntó. Daisuke dejó la taza y la miró, sonrió de nuevo, de aquella manera que a Hikari le parecía tan burlona.

-Eres divertida, ¿lo sabías?

-¿Qué?- preguntó Hikari incrédula ante esa respuesta. Apretó los puños ligeramente, luego suspiró. Se acomodó en su sitio y empezó a comer sin hacer caso a ninguno de los presentes. Había tomado una decisión, cenaría, dormiría y se volvería a su casa con su hermano. Aquel espectáculo de locos había sido demasiado, y ahora aquel misterio que resultaba hasta grotesco ya era el colmo.

-Eso era un dios caído, Hikari- dijo por primera vez su abuela. Hikari la miró bruscamente tras oír aquello. Su abuela dejó los cubiertos que había estado usando lentamente, colocándolos de manera transversal. Hikari esperó a que continuara. –Uno de los dioses corruptos del otro mundo, que ha llegado aquí debido a un agujero en el portal.

-¿Un qué de qué?- fue la respuesta de Hikari tras intentar comprender una hilera de palabras que no cuadraban de manera seguida. La abuela suspiró.

-Esto es culpa de Akemi…- dijo la mujer mayor tras juntar sus manos. Hikari frunció el entrecejo al oír a su abuela nombrar a su madre, pocas veces lo hacía.

-Escúchame Hikari, debes intentar ser muy comprensiva ante lo que voy a contarte- informó la abuela mirándola directamente a los ojos. La chica tragó saliva, lanzó una mirada rápida a Miyako y a Daisuke, la primera sonrió ligeramente con un aire triste, mientras que el segundo simplemente serenó su rostro.

-Durante generaciones nuestra familia ha sido la encargada de proteger el portal que separa ambos mundos. El mundo de los dioses y éste, nuestro mundo. Mi madre fue la protectora del portal como luego lo fue tu madre, Hikari.- afirmó la abuela con tristeza, tras eso quedó en silencio.

-Pero… ¿qué es ese portal?- preguntó la muchacha apretando sus manos.

-Simplemente es la frontera entre ese mundo y éste…

-Jamás había oído mencionarlo- afirmó ella. Tras aquello la abuela asintió.

-Las personas de este mundo no saben de su existencia, debido a que han dejado de ver a los dioses, han dejado de creer en ello. El portal ha pasado a ser la causa de muchas leyendas, pero ficción ante todo. Aún así debe estar vigilado siempre... – no pudo terminar lo que estaba diciendo ya que Daisuke golpeó bruscamente la mesa.

-Si no fuera por ellos…- Hikari vio como el joven apretaba con fuerza los puños. –Todo estaría en calma… pero el portal se está debilitando y ellos se están volviendo más fuertes.

-¿Quiénes?- le preguntó Hikari mirándole a los ojos. El joven bajó la mirada.

-No sabemos exactamente quiénes son, pero sí que se están moviendo deprisa. El otro mundo empieza a pudrirse, y los dioses están viniendo hacia aquí en busca de poder.

La abuela entonces retomó el hilo de la conversación.

-Hikari, tú eres la elegida para proteger la frontera. Siempre una mujer de nuestra familia se ha encargado de esa tarea. Y ahora te toca a ti hacerlo, ya que tú llevas la sangre de ambos mundos. –la mujer miró de nuevo a su nieta. No pensaba contarle todo aquello tan rápidamente, pero sabía más bien que nadie, que no había tiempo. Que el tiempo se acababa… y que debían actuar deprisa.

Hikari se quedó en silencio, tanto tiempo que parecía que había perdido la consciencia o la capacidad de hablar. No fue hasta que Daisuke le tocó ligeramente el hombro que ella reaccionó.

-Pero… esto no tiene ningún sentido.

-Hikari, ¿quieres una prueba de ello?- le preguntó entonces la mujer. Hikari asintió sin decir nada más. -¿Pudiste ver al dios de la tierra?

-¿Al monstruo con ramas de árbol?- preguntó sorprendida. –Evidentemente…-entonces la chica se cubrió la boca. "Las personas de este mundo no saben de su existencia, debido a que han dejado de ver a los dioses". La chica se levantó bruscamente. –No, esto no está pasando.- negó rápidamente con su cabeza. -¿Os habéis vuelto todos locos?- preguntó a nadie en particular. No había notado lo mucho que habían empezado a temblarle las piernas. Luego se mordió el labio.

-Hikari, siéntate- le ordenó su abuela. Pero la chica se negó. La imagen de aquel monstruo de barro no dejaba de repetírsele en la mente. Y entre aquellas imágenes le venían imágenes de su madre, la que supuestamente había sido la protectora anterior. La veía sonreírle, decirle cosas dulces, nunca le habló de aquello.

Eso debía ser culpa de su abuela, que su imaginación se la había comido. Pasó demasiados años sola. Miyako y Daisuke debían ser los dos jóvenes aburridos del pueblo, que nada mejor tenían que hacer que escoltar las locuras de su abuela. Y ella no quería formar parte de aquel circo.

Decidió marcharse en aquel mismo instante. Recordaba que había visto otro con el autobús, si llegaba hasta allí seguramente encontraría a alguien con coche que la llevara a una estación de tren. De vuelta a la realidad y alejada de todas aquellas locuras.

Salió rápidamente de aquella habitación, oyó como Miyako la llamó pero no se detuvo. Tomó su bolsa de viaje antes de salir por la puerta. Una vez fuera empezó a recorrer a grandes zancadas el sendero que pocas horas antes la había llevado a aquello que parecía otro mundo. Pero la escasa luz hizo que se desviara, sin darse cuenta, del camino. Solo al verse rodeada completamente por árboles se dio cuenta que había entrado ligeramente en el bosque. Se paró en seco. Eso no podía estar pasando.

Los árboles que la rodeaban eran altos, pero de poca copa, por entre ellos se colaba la luz de la luna. El aire soplaba ligeramente, pero sin llegar a ser frio. Aún así Hikari temblaba, por todas las emociones que estaba sintiendo. Jamás le habían dado miedo los bosques, de pequeña dormía con su hermano en los primeros árboles de la línea del sendero. Le gustaba imaginarse que los animales eran compañeros suyos, como si fuera una princesa del bosque. Pero el recuerdo de aquel ser de barro la hacía tenerle miedo a algo que jamás se lo dio.

Entonces oyó de nuevo el aullido de un lobo. Se mordió el labio y empezó a correr en la dirección que le pareció correcta. Pero la escasa luz hizo que se tropezara con la rama de un árbol. Hikari cayó de rodillas al suelo, rasgándose los bajos de su falda. Miró a su alrededor, con los ojos reflejando la luna y el miedo. Se mordió ligeramente el labio, y entre los árboles vio como una sombra blanca se movía ligeramente. Aquello que estaba allí era gigantesco, y brillaba como millones de perlas blancas. Hikari empezó a temblar sin poderlo evitarlo, ni tan siquiera podía levantarse del suelo. Viendo como aquella criatura se iba acercando hacia ella.

La criatura blanca perlada salió de entre los árboles y Hikari descubrió que se trataba de un lobo. Pero era un lobo inmenso, solo se cabeza medía cinco veces la cabeza de un lobo normal. De alto debía ser casi como ella. El lobo se acercaba lentamente, dejando las huellas pisar las hojas caídas. Hikari se perdió en los ojos azulados de aquel animal tan magnífico.

Y contrario a lo que creyó, mientras más se acercaba el lobo, más tranquila se sentía. Una aura que no podía ver la envolvía, calmándola, relajándola. Cuando el lobo llegó a su lado, ella levantó una mano. El lobo se movió ligeramente y Hikari la retiró rápidamente. Sin embargo después volvió a repetir ese gesto. El lobo, esta vez, se dejó acariciar el hocico, y Hikari pudo tocar aquel pelaje tan suave.

-Eres hermoso- susurró Hikari perdiéndose en la mirada del lobo. Éste pareció entenderla y cuando acercó su rostro al de ella, Hikari cayó profundamente dormida encima del lobo.

La abuela se sujetaba en el marco de la puerta mirando hacia el horizonte. Jamás pensó que Hikari pudiera tomarse de aquella manera la verdad. Recordaba cuando era pequeña, cuando podía ver a los dioses, cuando cogía a los dioses del bosque y hacía que fueran su compañía. Pensaba que recordaría aquellos momentos… pero tantos años separada de todo aquello habían hecho perder los recuerdos a su nieta.

-Voy a buscarla- afirmó Daisuke abandonando el portal. La abuela asintió. No podían permitir que algo le pasara.

-Espera Dai- lo retuvo Miyako, quien miraba hacia el frente. El joven se detuvo y levantó la mirada. Por el sendero, alguien se acercaba.

Un joven alto, de unos diecinueve años, se acercaba lentamente. Su cabello era rubio y sus ojos eran de un color azul marino. Detrás de él caminaba imponente un gigantesco lobo de pelaje blanco perlado. En los brazos del chico descansaba Hikari. Miyako saltó del portal acercándose a ambos.

-No te preocupes, Garuru la durmió- afirmó el joven recién llegado tranquilizando a la muchacha de cabellos violetas.

-Yamato- le llamó Daisuke. El joven rubio, de nombre Yamato, levantó la mirada encontrándose con su compañero.

-Supongo que no se lo ha tomado bien- afirmó.

-Supones bien.

Continuará…


Leyendas, mundos alternos, críaturas fantásticas, dioses...

¿a alguien le apetece seguir leyendo?

Gracias.

Kyo*4.