Disclaimer: Naruto, junto a todos los personajes del manga, son propiedad de Kishimoto-sensei. La historia es de mi autoría.
Encanta de Conocerte de Nuevo
Capítulo 1: Sígueme y te sigo
En estos momentos estoy sentada junto a uno de los tantos (extraños) amigos de Naruto: Kiba Inuzuka. Un chico bastante común, en el sentido de apariencia, ojos y pelo marrón, cercano al metro setenta de estatura, aunque tenía una mirada y sonrisa algo salvajes. Me recordó a un perro. Fue malo comentarle eso en voz alta, puesto que no solo en apariencia parecía un can, sino que era un fan de los tan denominados mejores amigos del hombre.
Por mi parte, soy una amante de los gatos, de hecho, en mi apartamento tengo cinco ejemplares, todos familiares de los tigres, con tonalidades grises, blancos y negros, con enormes ojos amarillos. "Son tan lindos" Pensé en ese instante y luego fui interrumpida por mi profesor titular, el extraño y enmascarado (es en serio) Kakashi Hatake, para presentarme delante del salón como todos debían hacerlo. Me puse de pie y desde mi lugar comencé con mi monólogo.
- Mi nombre es Aika Sugihara, soy de la ciudad de Saitama y por mi ocupación extra-escolar, me mudé a Tokio. Tengo cinco gatos y adoro la música. Mi meta es...- Guardé silencio - Bueno, no tengo algo claro aún...
- Vaya, así que trabajas - Dijo interrumpiéndome nuevamente Kakashi, algo interesado.
- Nada extraordinario, sensei. Solo soy una compositora que cuando tiene buenas ideas, las vende. - Le respondí humildemente - Tengo que sobrevivir de alguna manera.
- Claro. Algunos podrían tomar tu ejemplo. Muchas gracias, Sugihara...siguiente.
Volví a sentarme y sentí algunas miradas fijas en mí, pero intenté no darles importancia. Escuché el monólogo de Kiba, que no mencionó nada nuevo y cuando volvió a sentarse a mi lado, me miró decepcionado.
- ¿Cinco gatos? ¿En serio?
- Pues...
- Y yo te pregunto ¿En serio le preguntas eso, idiota? - Escuché la voz queda del chico cabeza de piña de la clase que se sentaba atrás de mí.
- ¿Por qué no sigues durmiendo, Shikamaru? Eso se te da mejor que meterte en donde no te llaman. - Le atacó el Inuzuka.
- Pues es obvio que la aburres con tu monólogo canino. - Mencionó apoyando su cabeza en su mano derecha y cerrando los ojos.
- Eres un...
- No deberían discutir de esta manera. El sensei los está mirando - dije para detener la palabrería. Kiba no me estaba agradando. - Suspiré.
El primer receso llegó demasiado pronto para mi gusto, pero decidí acercarme al grupo de chicas que Naruto me había presentado en la mañana. Si bien todos eran extraños ahí dentro, las chicas siempre marcábamos la diferencia ¿No?
Me acerqué a la chica pelirosa que era un poco más alta que yo (bueno, todos son más altos para mí) y tenía unos ojos verdes muy cálidos, que me transmitían confianza. Era linda y por lo que tenía entendido Sakura Haruno fue el primer amor de Naruto.
- Disculpa, Sakura... - No soy buena socializando, así que no sabía cómo iniciar una conversación con una desconocida. Para mi suerte, me recibió con mucho entusiasmo. Quizás demasiado.
- ¿Qué tal, Aika?
- Pues, para ser el primer día, no ha sido un desastre - rio.
- Eso es bueno. A veces Kiba es un caso que madre mía... - Le seguí con una risa nerviosa y decidí sentarme en el puesto que estaba delante de ella del salón, como el receso no duraba más de diez minutos, decidimos quedarnos en el salón.
- Creo que sí. Bueno, se decepcionó bastante con el tema de mis gatos.
- Ignóralo. Él siempre hace estos escándalos. A Shino le sucedió lo mismo porque él tiene una afición con los insectos - cambió su expresión a una de asco - pero en fin, ahora son muy buenos amigos.
- Eso es lo que he visto. Todos son muy amigos o al menos se conocen desde antes.
- Sí. La verdad es que todos fuimos, los de nuestro grupo, a la misma primaria, ya sabes, esto de que todas las empresas familiares estén asociadas entre sí y bueno, ahora solo nos dedicamos a estar juntos, así que decidimos venir aquí.
- Vaya, qué lindo y qué envidia.
- ¿Por qué lo dices?
- Digamos que siempre he andado para allá y para acá por culpa de mis padres. -
- Cierto. ¿Por qué estás en Tokio y cómo conociste al idiota de Naruto?
- Pues, desde Saitama conseguí un contrato con la disquera del padre de Naruto y creo que le caí muy bien a Minato-san. Me presentó a Naruto y aquí estoy.
- ¡Jo! Eso sí que es suerte. ¿No crees, Hinata? - Se escuchó como un ataque desde mi espalda. Sakura rio nerviosa mientras me giraba a mirar a Ino Yamanaka, quien no tenía cara de buenas amigas, y Hinata Hyuuga, una chica muy linda pero muy rara (eso me dijo Naruto) que también me miraba extraño.
- No seas tan desconfiada, Cerda del demonio. - Le regañó Sakura. - Aika me estaba contando sobre su vida.
- Eso nos quedó claro. Dime, Sugihara... ¿no? - Asentí - ¿Tienes algo con Naruto?
- I...Ino-chan. Eso es muy imprudente de tu parte. - Chilló bajito la Hyuuga.
- Aparte de una amistad, pues, nada.
- ¿Tampoco te gusta? - ¡Estoy en un interrogatorio! Nunca se me dio bien el liar con chicas.
- No - respondí algo irritada.
- ¡Oh vaya! Qué suerte - Ino se relajó y me sonrió - Hinata, no tienes a ninguna rival - La nombrada se sonrojó.
Las observé e intenté procesar todo eso. Osea que...
- A Hinata le gusta Na... -susurré.
-¡No lo digas! - Gritó sonrojada Hinata - Nadie puede saberlo.
- Aika, eso es mentira. Todo el mundo lo sabe, menos el idiota de Naruto, claro. - Se burló Sakura desde su lugar - Cerda, no era necesario hacer todo esto. Asustaste a la nueva.
- Discúlpame, Aika. Pero, es raro que Naruto trate con chicas y más si son guapas. - Oh, me sentí halagada - Ha sido difícil que Hinata actúe, de hecho, ni lo ha intentado.
- Bueno, no se preocupen. -Sonreí suavemente- Supongo que entiendo.
- Tienes mucha suerte, Hinata. Pero créeme, esto no sucede dos veces - Le dijo Sakura a la Hyuuga - Será mejor que te acerques a Naruto de una vez por todas.
- Ha...hai. - Hinata bajó la mirada, apenada. - Aika-san, perdón por el mal rato.
- No te preocupes y por favor, solo llámame Aika. - le sonreí ampliamente, no se veía una mala chica y era muy linda. Tenía los ojos perlados, una piel blanca como la leche y lisa. Su cabello era azulado y muy largo, parecía una muñeca.
De pronto recordé algo.
- Por cierto, ¿Ustedes irán a Ichiraku después de clases?
Las chicas me miraron interesadas.
Sí, esa era una buena idea para empezar las amistades.
Llegué a Tokio a las 16:00 horas. El tiempo está agradable, típico de la primavera. Los cerezos estaban hermosos. De pronto recordé a la chica llamada Sakura, la que gustaba de Sasuke, sonreí y me di cuenta que deben de estar todos muy crecidos.
Retiré mis maletas y salí rápidamente del aeropuerto; tomé un taxi y encendí mi celular. De inmediato comenzó a vibrar y sonreí al ver que era mi madre.
- Mamá - Dije de inmediato.
-Itachi, cariño. ¿En dónde estás? - Sonaba ansiosa.
- Acabo de tomar el taxi para ir al apartamento.
-Grandioso. Entonces, estarás aquí en una hora.
- Más o menos. ¿Dónde estás?
- En lo que será tu apartamento - Eso era una sorpresa. - Sasuke también estará aquí en unos momentos - Segunda sorpresa en menos de cinco segundos - ¿Estás ahí?
- Sí, madre. Me alegra que vayan a estar los dos ahí. Gracias.
- No es nada, hijo. Te dejo, que debo terminar de hacer unas cosas.
-Está bien, nos vemos - corté la llamada.
Mientras miraba la ciudad a través de la ventanilla del taxi, me puse a pensar en mi padre. Dejamos de hablar el día en el que renuncié a todo lo que estaba relacionado con la corporación "Sharingan". No lo culpo, creo que cualquiera que ve un potencial desperdiciado y más si ese cualquiera es Fugaku Uchiha, el rey del orgullo, se sentiría así. Mi madre solo me telefoneaba cuando él andaba de viaje. Con Sasuke no hablaba mucho, de hecho nos manteníamos en contacto por Facebook y esas cosas, pero no pasábamos de algunos comentarios, además era extremadamente reservado y no usaba mucho las redes sociales.
Suspiré agotado y nervioso. Pasé demasiado tiempo fuera de casa. Pero no era del todo mi culpa, mis padres me dejaron a mi suerte y tuve que ingeniármelas solo para sobrevivir al cumplir la mayoría de edad. Terminé mis estudios rápidamente, pero me costó juntar el dinero para volver y tener una base sólida para sustentarme un buen tiempo hasta que me estableciera. Mi madre me consiguió un apartamento en la parte media-alta de la ciudad, con un alquiler aceptable para mi bolsillo.
El viaje hasta mi nuevo hogar se me hizo corto. Pagué el taxi y me detuve en frente del edificio. No era tan alto, no pasaba los diez pisos y debía de tener unos 10 años de antigüedad, pero estaba bien mantenido y no se veía fuera de lugar con todos los edificios modernos de los alrededores. Entré a la recepción anunciando mi llegada y presentándome con el conserje del lugar. Luego, caminé por un pasillo decorado elegante y clásicamente con tonos caoba y amarillo pálido, para llegar al ascensor. Marqué el número 7 al entrar en él y esperé unos segundos hasta llegar a mi destino. Salí del ascensor y observo para todos lados. Cada piso solo tenía tres apartamentos, por lo que fue fácil encontrar el número 702. Suspiré, golpeé la puerta y esperé.
Fue Sasuke el que abrió la puerta y nos quedamos mirando durante unos largos segundos en silencio. Le sonreí, levanté uno de mis brazos y con mis dedos índice y medio le golpeé suavemente la frente. Claramente había crecido. Ya no tenía un rostro infantil y en sus ojos negros se reflejaba mucha seguridad y seriedad. Completamente distinto al hermano pequeño que dejé años atrás.
- Qué grande estás Sasuke - Él me observaba contrariado, cerró los ojos y con una sonrisa arrogante dijo.
- Bueno, no iba a tener 10 años por siempre, ¿o sí? - Me carcajeé un poco - Bienvenido, hmp.
- Gracias.
- Pasa. Mamá está en la cocina junto con Nana - Volví a reír y pasé al apartamento. Sasuke me ayudó con las maletas.
Había un pequeño hall antes de llegar a la sala y al comedor respectivamente. La decoración era muy clásica, todos los muebles en madera con tonos caoba y las paredes blancas. Para ser un apartamento para una persona, el tamaño era hasta generoso. Cuando mamá está a cargo de este tipo de cosas, se emociona y busca siempre lo mejor de lo mejor.
- Vaya, es mejor de lo que esperaba -Dije más para mí que para Sasuke.
- ¿En serio? Hasta lo hayo pequeño.
- Está perfecto - Giré a mi derecha y vi el pasillo a lo largo. La primera puerta daba a la cocina y sin más entré allí. Vi a mi madre cómo observaba a Nana, nuestra sirvienta desde que éramos unos niños, mientras preparaba algo que no podía identificar bien que era - Madre - Le llamé y ella con Nana se giraron a verme - Estoy de vuelta.
- ¡Itachi! - Me abrazó muy emocionada y le correspondí el gesto - Bienvenido a casa.
- Gracias, me alegro de estar de vuelta - Nos miramos
- Joven Itachi. Pero, qué guapo está - Nana hizo su aparición. Era una anciana muy dulce, que prácticamente nos crio a mí y a Sasuke.
- Pues, Nana. Tú estás cada día más radiante. - Le abracé igualmente con una sonrisa enorme.
- Y ¿A tu madre no le dirás nada? - Preguntó mi mamá con falsa modestia.
- Estás preciosa como siempre.
- Así está mejor.
- Díganme, ¿Qué están preparando? - Miré de reojo hacia el pequeño mesón.
- Onigiris, tus favoritos - Respondió Nana volviendo a su tarea.
- Hay tantos platos que existen en el mundo de la gastronomía y tú adoras los onigiris, hmp. - Dijo Sasuke llegando a la cocina.
- Bueno, a ti no te gustan los dulces y eso sí que es extraño. - Contra ataqué.
- Hmp.
-¿Saben? Ahora la cocina se me ha hecho demasiado pequeña con tanta gente aquí - Alegó Nana - ¿Por qué no le muestran a Itachi el resto del apartamento?
- Sí. Ya deseo ver el trabajo de mamá en este lugar.
Mi madre Mikoto Uchiha, es una pésima ama de casa, pero tiene ese gusto exquisito de la alta sociedad que no sé de dónde lo sacó, no obstante, todo lo que decoraba, quedaba de maravilla. El apartamento tenía tres dormitorios, el principal y dos más pequeños, uno de ellos estaba completamente vacío (a petición mía) y el otro tenía una pequeña cama como para visitas; un baño y una sala de lavado que quedaba después de la cocina, todo en tamaño "miniatura" (según Sasuke), pero era perfecto para mi. Esto era mucho mejor que la habitación que alquilaba en Londres.
Después de un rato, Nana tenía preparados los onigiris y la mesa para comer. La invité a sentarse con nosotros para que estuviese al tanto de cada detalle sobre mi estadía en Londres. También, mamá me puso al corriente sobre las cosas con papá en su compañía y Sasuke que iba muy bien en la escuela. Este último habló poco, se limitaba a utilizar muchos monosílabos, por lo que no insistí más en eso y concluí que era por la edad.
- Por Kami-sama, Naruto. Solo a ti se te ocurre acercarte a un perro callejero hambriento. - Le regañó Sakura mientras revisaba cómo estaba el brazo del rubio hiperactivo.
- Fue el idiota de Kiba el que me instó a acercarme, dattebayo. - Chilló Naruto en respuesta con unas lágrimas sobreactuadas en el borde de sus ojos azules.
Todo iba perfecto en la gran junta en Ichiraku. Estábamos todos los del grupo de nuestra clase, eso significaba que estábamos: yo, Naruto, Sakura, Ino, Hinata, Kiba, Shino, Shikamaru, el gordito de Chouji Akimichi y un chico extrañamente pálido y con cabello muy oscuro que dibujaba todo el día llamado Sai. Además, estaban unos amigos de un año superior de nuestra misma escuela: Neji Hyuuga, primo de Hinata, Rock Lee, un chico con cejas y ojos muy prominentes y con un fanatismo a los deportes y entrenamiento envidiable, y Tenten, la chica de dos tomates en su cabello castaño y novia de Neji. Y para finalizar, estaban los hermanos Sabaku No: Temari, una chica algo ruda, pero muy bella, dos años mayor que nosotros. Kankuro, un año menor que ella y el chico pelirrojo y ojos aguamarina de nuestra edad, Gaara. Ellos asistían a la Escuela Suna, que quedaba a unas cuadras de la nuestra. Obviamente, Sasuke no estaba, ya que dijo que no iría.
En fin, todo fue perfecto. Los chicos en general son buena gente y muy simpáticos, aunque algunos salen de los parámetros de normalidad, pero nada de qué preocuparse. La reunión terminó y Naruto junto con Kiba encontraron a un "pobre y dulce perrito abandonado" (palabras textuales del Inuzuka) y decidieron pedirle al dueño de Ichiraku un plato más de ramen para dárselo al animal. En eso, solo quedamos Hinata, Sakura y yo acompañándolos, y de pronto el grito estruendoso de Naruto se escuchó por toda la cuadra. Afortunadamente, todos los perros callejeros estaban con todas sus vacunas al día en ese sector de la ciudad, por lo que no teníamos que preocuparnos más allá de la mordida no tan profunda en el antebrazo izquierdo de Naruto. Kiba desapareció junto con el perro y se excusó con algo de que tenía que volver luego a casa.
Y aquí estamos esperando a que Sakura terminara su chequeo.
- No es tan profunda la herida, pero necesito curar esto rápido.
- Etto...
- ¿Qué sucede, Hinata? - Pregunté algo alejada de la escena.
- Traigo una pomada. No sé si pueda servir de algo... - Dijo entre tartamudeos, estirando un pequeño frasco marrón y evitando las miradas atentas de todos los presentes.
- Gracias, Hinata - Dijo Sakura sonriendo y tomó el objeto de las manos de la Hyuuga - Esto podrá servirnos hasta que haga la desinfección y curación de la herida.
- ¡Wow! Hinata es lo suficientemente precavida como para traer este tipo de cosas. - Comentó Naruto con una expresión zorruna en su rostro - Gracias, Hinata.
- No es nada, Naruto-kun - respondió Hinata muy sonrojada y con una leve sonrisa en los labios.
- Sabes mucho del tema, Sakura. - Comenté con curiosidad.
- He hecho algunos cursos de primeros auxílios y tengo planeado estudiar Medicina - Contó mientras le aplicaba la pomada a Naruto.
- Increíble.
- ¡Sí! Sakura-chan será la mejor médico del mundo, dattebayo - Aseguró con entusiasmo Naruto.
- Bueno, si es así... Vamos a mi apartamento. Queda muy cerca de aquí y allí tengo un botiquín de emergencias que te puede servir.
- ¡Iremos a ver a los gatos de Aika-chan, dattebayo!
- Fantástico. Vamos entonces.
De pronto llegó una serie de imágenes a mi mente. Veía a un pequeño Naruto solo, siendo humillado. Luego, le veía como estaba actualmente a mi lado, rodeado de amigos y mucho cariño. Como siempre, quedé un poco perturbada pero los chicos no se dieron cuenta, y esta vez la preocupación llegó a mi cabeza. ¿Por qué Minato-san y la madre de Naruto, Kushina Uzumaki-san no estaban con Naruto cuando era maltratado? O peor aún ¿Acaso ambos no estuvieron con él durante toda su vida? Y una última duda si todo resultaba ser verdad, ¿Por qué hasta ahora la vida de Naruto parecía todo lo contrario a lo que vivió en ese mundo?
Cerca de las 20:00 horas, mi madre, Sasuke y Nana estaban listos para partir y dar como terminada la pequeña y agradable bienvenida que me prepararon.
- Es un gusto tenerte de vuelta, Itachi-kun - Dijo mi madre mientras me abrazaba a la puerta del apartamento - Intentaré venir lo más seguido posible.
- Está bien, madre. No te preocupes tanto por mí.
- La señora no puede aceptar que uno de sus hijos ya es todo un hombre. - Dijo Nana - Haré lo posible por venir a verlo, joven.
- Gracias, Nana. Fue un gustazo verte de nuevo. - Le sonreí y me dirigí hacia Sasuke - Y tú, hermanito, sabes que eres bienvenido aquí.
- Hmp - respondió secamente con los ojos cerrados - Nos vemos pronto.
Sasuke abrió la puerta para luego salir, pero se quedó mirando un punto fijo y de a poco fue abriendo los ojos hasta lo máximo posible. Salí para ver qué sucedía y también me sorprendí al descubrir que en el pasillo había cinco gatos revoloteando.
- Pero ¿Qué sucede? -Exclamó mi madre uniéndose a nosotros - Otra vez esa chica y sus gatos.
En ese instante una cabellera rubia y una voz escándalosa hicieron su aparición.
- ¡Hey, gatitos! Vengan a casa o su madre los regañara bien feo.
- Serás idiota, Naruto - Le secundó esta vez una voz femenina. La chica tenía el cabello corto y rosa, de a poco se me hacían familiar esos rostros - Los gatos no te van a entender así.
- Cuchito, cuchito, cuchito - Susurraba otra voz femenina, perteneciente a una chica de ojos color perla y cabello azulado.
- Te ignoran olímpicamente, Hinata, dattebayo. - Se carcajeó el rubio.
- ¿Se puede saber qué hacen ustedes aquí haciendo este escándalo? - Habló Sasuke finalmente, irritado.
- ¿Sasuke-kun? - Se giró a ver la pelirosa sorprendida.
- ¡Teme! - Gritó el rubio apuntándole a Sasuke - ¿Qué haces tú aquí?
- ¿No es obvio, dobe? Aquí es donde vive ahora Itachi - Siguió con el semblante y el tono serios.
- ¿Itachi? - Preguntó el rubio fijando su mirada en mi. Vaya, ahí terminé de reconocerle.
- Qué tal, Naruto. Ha pasado un tiempo- Le saludé naturalmente levantando mi mano, mientras los observaba a él y a los gatos.
- Oe, Itachi. Vaya que sí, dattebayo - Sonrió Naruto. Siempre nos llevamos bien.
- Itachi-kun - Dijo la pelirosa igual de sonriente - ¿Cómo has estado?
- Pues aquí, recién llegando -respondí - Cuánto han crecido, chicos. Me sorprenden.
- Sí, sí - Interrumpió Sasuke - Ahora, respondan. ¿Qué es todo este escándalo?
- ¡Vengan todos ahora o no habrá ninguna salsa especial para ninguno! - gritó una chica baja aplaudiendo y aparentemente llamando a los gatos. Estos rápidamente entraron por la puerta del apartamento vecino y desaparecieron de la vista de todos.
- Es increíble que en un edificio así permitan que vivan cualquier cantidad de animales aquí - Alegó mi madre.
- Pago como todos para vivir en este lugar y hago lo que se me da la gana, señora - Respondió la chica, que si la miraba con detenimiento, era bastante linda. Delgada, con sus curvas bien marcadas pero no exageradamente; baja, piel blanca perfecta, cabello castaño claro, hasta los hombros y ondulado, ojos lilas. Era preciosa y no podía dejar de observarla.
- Bueno, ahí tienes la respuesta, teme - Dijo Naruto intentando evitar una discusión entre aquella chica y mi madre - Al parecer Aika-chan e Itachi son vecinos a partir de hoy, dattebayo.
