Propuesta irresistible

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Capitulo 2


.X.

Una humeante taza de café, deliciosos dulces como acompañamiento, un buen libro y una apacible cafetería eran una de las pocas cosas que Tsukishima realmente apreciaba. Después de estar encerrado casi una semana en la mansión sin poder salir de su habitación un respiro como ese le sabía a gloria.

Cuatro días. Fue el tiempo que le tomó a su abusado cuerpo para recuperarse. Todos en la mansión creían que se mantenía encerado por una enfermedad, Oikawa se había encargado de propagar el rumor, todos, incluidos los sirvientes creían que eran una pareja feliz y nadie podía decir lo contrario.

Mentira, toda su vida ha sido una mentira. Ese matrimonio también era una mentira.

Pero todos mienten para verse bien ante los demás, Tsukishima también lo hacía y a veces olvidaba la razón. Siempre se había burlado de que sus sirvientes parecían robots, pero lo cierto era que él también lo era. Programado desde la infancia para obedecer órdenes, no recordaba la última vez que se reveló ante sus padres. Ya estaba cansado de todo ¿Hasta cuándo iba a seguir así? Todo era una...

– Tontería – murmuró sin prestarle atención a su lectura.

– ¿Que es una tontería? – Tsukishima tragó grueso y espero unos segundos antes de elevar la vista al hombre que lo miraba con una gatuna sonrisa.

Casi no lo reconoció, vestía ropa informal y su cabello caía en puntas en el lado derecho. Era más atractivo de lo que recordaba – ¿Que está haciendo aquí? – preguntó sin poder ocultar su sorpresa.

La sonrisa de Kuroo se ensanchó – Creo que después de lo que pasó entre nos otros hace unos días ya podemos hablarnos con más familiaridad.

Su cuerpo tembló, aquel recuerdo y aún seguía fresco en su memoria – ¿Que se le...– hizo una pausa y suspiró – ¿Que se re ofrece? Kuroo…

– ¿Has escuchado ese dicho que dice "Si la montaña no viene a ti, tú ve a la montaña"? – preguntó tomando asiento frente a él.

Tsukishima reprimió una sonrisa, sabía a qué se refería con eso. Pero no habría podido ir aunque quisiera – Te dije que no iría.

– Pero querías ir – afirmó Kuroo inclinándose hacia adelante – Aún conservas la tarjeta...

– ¿Cómo puedes estar tan seguro de eso? Pude habérsela dado a un vagabundo en la calle – dijo en tono burlón.

– Sé que la conservas, me lo dicen tus ojos – Kuroo se inclinó aún más cerca de él poniéndolo ligeramente nervioso.

– Será mejor que no des nada por hecho.

Kuroo tenía razón, aún tenía esa tarjeta. Había intentado deshacerse de ella, pero el recuerdo de lo que ocurrió entre ellos se lo impidió y termino guardándola. No iba a admitir nada frente a Kuroo, era peligroso...lo arrastraba con tan solo mirarlo y si admitía la verdad estaría perdido.

– Te invito a tomar algo – le propuso Kuroo.

– Ya estoy tomando algo – Tsukishima señaló lo obvio elevando su taza de café.

– Una copa.

– No bebo.

Kuroo alzó una ceja – No bailas, no bebes y estoy seguro de que tampoco sales de casa. Eso es muy aburrido ¿Qué haces para divertirte?

– Soy todo un ejemplo a seguir – masculló si ocultar el sarcasmo en sus palabras – No salgo de fiesta todas las noches, no provoco escándalos, no bebo o fumo y no destrozo coches de miles de dólares – le dijo con una clara sonrisa forzada en el rostro. – Quizá deberías buscar a alguien más interesante para divertirte.

Sabía que no era la persona más atrevida y divertida del mundo, sabía que su vida era aburrida, pero que de lo dijeran así era molesto.

– Puedo hacer tu vida interesante – su voz salió en sus susurró suave y seductor – Si me permites yo podía...

– Estoy casado – replicó Tsukishima.

– Eso no pareció un problema la última vez – Kuroo tomó su mano y acarició el anillo en su dedo anular – Vamos, tú me deseas tanto como yo a ti, deseas que esto suceda tanto como yo. Hagamos que deje de ser un deseo, convirtámoslo en realidad. – su mano le quemaba la piel, ardía donde él estaba tocando – Atrévete a hacerlo realidad.

¿Qué rayos le estaba diciendo ese tipo? Apenas podía creer lo que sus oídos estaban escuchando. Era una locura, una tontería, era algo imposible. Sin embargo esas palabras estaban surtiendo efecto en él, su pulso se aceleró y un agradable calor atravesó su bajo vientre.

Trató de ahogar lo que estaba sintiendo, apartó la mano, lo miró a los ojos componiendo su afectado semblante y respondió con dureza – Eso no es más que lo que a ti te gustaría que sucediera, estoy seguro de que estás acostumbrado a conseguir lo que quieres y no puedes entender que haya alguien que no quiera seguir tu juego.

– No tengas miedo a tomar riesgos – le dijo Kuroo en calma – Sabes perfectamente bien que quieres esto y tu cuerpo también lo sabe.

– No pongas palabras en mi boca – dijo con el ceño fruncido – Agradecería que no me digas que es lo que se o lo que dejó de saber. Tú no tienes idea de nada. – Tsukishima estaba asustado, pero de sí mismo. Le aterraba lo que sus ojos podría estarle revelando a Kuroo. Tenía que salir de ahí antes de que terminará siendo arrastrado por su locura.

De inmediato Tsukishima se levantó de su asiento dispuesto a marcharse pero Kuroo fue más rápido, le tomó de la muñeca y acercándose a su oído susurró:

– Quiero poner más que palabras en tu boca – eso lo hizo enrojecer – Tu lo deseas, estoy seguro de que lo comprendiste después de esa noche – su cálido aliento chocaba contra su piel enviando oleadas de calor a su cuerpo – Podemos disfrutar el uno del otro sin jurarnos amor, sin cenas románticas, sin hacer promesas tontas que jamás vamos a cumplir, ni siquiera tenemos que llegar a conocernos o volvernos amigos. Te propongo una relación solamente física que durará hasta que termine con los asuntos que me trajeron a esta ciudad.

Tsukishima estaba paralizado, se decía a si mismo que debía mantener la calma y decirle que no estaba interesado en tan inapropiada propuesta, pero ni una sola palabra salía de su boca.

– No voy a estar mucho tiempo en la ciudad y en verdad quiero tenerte – susurró deslizando su mano de su muñeca a su palma – Prometo darte lo que tanto has estado buscando.

– Ya te...dije que...No – la cercanía de su cuerpo, su olor, su calor, su sola presencia era inquietante y despertaba en él un sinfín de sensaciones. Lo deseaba.

– Esta esta noche, voy a estar esperando.

Tsukishima le observó marcharse hasta que desapareció por completo de su vista y con un pesado suspiro se dejó caer sobre la silla. Quería burlarse de sí mismo, no podía creer que en verdad estuviera contemplando su propuesta. Todo lo que podía pensar era que algo debía estar mal con él y ese pensamiento solo se acrecentó cuando su mano se negó a liberar el trozo de papel que Kuroo le había entregado.

Convertirse en amante de alguien que ni siquiera conocía era peligroso, inapropiado, incorrecto y sumamente tentador. Le llenaba el pecho de emoción.

Estaba en su poder rechazar semejante oferta, no estaba obligado a aceptarlo, su parte racional se negaba a aceptar. Sin embargo su parte irracional, aquella que había estado suprimiendo desde hace años, le gritaba que lo hiciera y ese impulso iba creciendo más y más hasta convertirse en una fuerza incontrolable que le llevo a ceder.

Nunca antes había cedido a sus impulsos, no lo había hecho ni siquiera durante la adolescencia, cuando las hormonas están más alborotadas que nunca, sin embargo lo estaba haciendo ahora. Era ridículo.


.X.

Nunca había estado en ese lado de la ciudad, había luces de neón que lo cegaban donde quiera que mirara, un sin número de llamativos edificios, mujeres con ropa inapropiada para una dama y hombres que miraban sus cuerpos con lasciva. Su familia jamás habría permitido que visitará un sitio como ese, jamás creyó que llegaría el día en que lo haría y sin embargo ahí estaba; caminando entre la multitud de personas que charlaban y reían despreocupadamente. Buscando sin encontrar la dirección marcada en aquel trozo de papel.

Deambuló por la calle por casi media hora sin encontrarlo y cuando estuvo a punto de rendirse y volver alguien lo jaló de un solo tirón a un oscuro callejón. Fue empujado contra la pared y sus muñecas apresadas contra la pared. Un placentero escalofrió le recorrió de pies a cabeza cuando él beso su cuello y coló su mano libre debajo de su ropa acariciándole el vientre y pecho; sabía de quién se trataba, no había olvidado su calor ni lo que su tacto provocaba en su cuerpo.

– Sabía que vendrías – murmuró pegando su cuerpo contra él, traspasando su ropa con el calor de su cuerpo – Si supieras lo que estoy imaginando que podría hacerte en este callejón… – susurró sobre su oído.

Tsukishima lo miró por encima del hombro – Este no es lugar para... – Kuroo lo besó callando cualquiera queja que pudiera provenir de sus labios. Salvaje y hambriento, hizo desaparecer todas sus inhibiciones, que olvidará el lugar en donde se encontraban y se centrará solamente en el calor que no hacía más que aumentar. – Kuroo – gimió. Las manos del pelinegro se deslizaron lentamente hasta sus caderas y lo atrajo más hacia él, haciéndole sentir su erección en su trasero.

Otra vez dejó que sus más bajos instintos tomaron el control de sus acciones. Tres metros, tres malditos metros los separaban de la calle, podía ver desde el rabillo del ojo como todas esas personas iban y venían ajenas a lo que estaba pasando en la oscuridad de ese callejón. Era una completa locura, debería sentirse avergonzado, sin embargo los besos de Kuroo no le permitían sentir nada más que deseo y una creciente emoción. Se desconocía, ese no era él; no podía ser él.

– Me encantan tus gemidos, no puedo esperar a estar dentro de ti y hacerte gritar mi nombre – esa voz, ronca y cargada de deseo, lo estaban llevando al límite de la locura, era una tortura. Necesitaba sentirlo empujarse dentro de él ya, pero Kuroo parecía tener otros planes. – A puesto a que lo deseas, puedo olerlo en tu piel. Pero no será ahora.

Todo movimiento sobre su cuerpo cesó y el calor desapareció; se sintió como una burla y le llenó de una furia que no quiso controlar – ¡Tiene que ser una maldita broma! – masculló entre dientes ¿Quién rayos se creía que era Kuroo? Jugar así con su cuerpo y luego negarle placer que había prometido. No debió haber ido, fue un maldito error ¡Que estúpido! – Bastardo idiota...– murmuró mientras arreglaba su ropa.

– ¡Vaya! No sabía que podías reaccionar así – el tono de Kuroo era como el de alguien que acababa de hacer un gran descubrimiento – Me gusta, me gustas – Tsukishima dejó salir un bufido y le dio una mirada furibunda. No iba a permanecer más tiempo en ese desagradable lugar; saldría de ese callejón y pretendería que jamás cometió la estupidez de ceder ante Kuroo. – Espera ¿A dónde vas? – le dijo Kuroo apresurandose a tomarle del brazo.

– Me largo, eso es lo que hago – murmuró tratando de zafarse de su agarre.

– No puedes irte y dejarme a sí – la voz de Kuroo era calmada. Cómo si no le importara el asunto, eso le molestó aún más.

– ¿No? – Dice con burla – Solo obsérvame – de un solo tirón se liberó de su agarre y se dio vuelta para marcharse, pero él lo volvió a sujetar atrayéndolo hacia su pecho. – Suéltame – forcejeó Tsukishima.

El agarre de Kuroo era fuerte y firme, su mirada penetrante; era difícil no perderse en esos oscurecidos ojos rodeados de una gruesa capa de pestañas negras – No – una arrogante y sugerente sonrisa se formó en sus labios.

Y la odio y amo al mismo tiempo y mientras luchaba por mantener el control de sí mismo, Kuroo apoyó los labios en la suave piel de su garganta y tiró suavemente de una porción de ella con los dientes arrancándole una exclamación. – Ya...Ya deja de jugar conmigo.

– No estoy jugando contigo – susurró frotando la punta de la nariz contra su cuello – Hay un lugar al que quiero que me acompañes ¿Vendrás? Prometo que vas a divertirte – susurró, su aliento chocando contra su cuello.

Tsukishima sonrió – No – sus ojos brillaban bajo la pálida luz de la luna – Si quieres que vaya convénceme – el retó implícito en sus palabras hizo sonreír a Kuroo.

– ¡Wow! ¿Ya te dije que me gustas? – Kuroo volvió a besarlo. Un beso cargado de fuerza y agresividad – Si vienes conmigo… – murmuró entre besos mientras deslizaba las manos hasta su trasero apretándolo – Prometo que vas a olvidarte hasta de tu nombre – con delicadeza mordió su labio, Tsukishima suspiró y Kuroo volvió a sonreír, tomando nuevamente posesión de sus labios.

Toda la molestia y frustración de Tsukishima había desapareció, se sentía diferente; divertido, como si estuviera borracho. No sabía que era lo que estaba haciendo, su boca y su cuerpo se movían por si solos. Comenzaron a caminar hacia atrás, uno, dos tres pasos internándose cada vez más y más en la oscuridad de ese callejón.

Internarse a un lugar desconocido con un hombre que a duras penas conocía era arriesgado, Kuroo podría ser un desquiciado, sin embargo no estaba asustado, ni siquiera estaba prestando atención a su entorno. Todos sus sentidos se enfocaron en aquel beso que le estaba robando el aliento.

– Sube – le dijo Kuroo, jadeante. Había un Ferrari deportivo detrás de ellos, negro y brillante como la noche ¿Cómo habían llegado hasta ahí? ¿En qué momento? – Sube – repitió Kuroo, abriendo la puerta del copiloto – Vamos a llegar tarde.

Tsukishima observó por un segundo el interior del auto y luego a Kuroo – ¿A dónde?

– Sube y veras – el rubio entrecerró los ojos en señal de desconfianza – Descuida no soy un asesino serial – le dijo antes de inclinarse y besarle lentamente – Pero eso no quiere decir que no vaya a tratar de comerte.

Esas palabras con claro doble sentido dichas con ese tono de voz sugerente casi arrancaron una sonrisa de su rostro ¿Debería hacerlo? ¿Debería subir al auto de un completo desconocido hacia un destino incierto? No tuvo que pensarlo mucho, sus impulsos seguían siendo más fuertes que su razón.

Subió al auto y dejó que Kuroo condujera por la ciudad. Había subido por un impulso causado por el calor de la excitación y ese nuevo sentimiento que había nacido en él; no sabía a donde se dirigían, pero por la dirección que tomaron parecía que estaban saliendo de la ciudad. No era una buena señal ¿Verdad? Tsukishima comenzó a sentirse inquieto. Volteó en dirección a Kuroo quien, con una expresión seria en el rostro, se encontraba con la vista fija en la carretera. Permaneció observándolo durante unos segundos. Hasta que de pronto el pelinegro sonrió y Tsukishima sintió una mano posarse sobre su rodilla, deslizarse hacia su muslo y hacer presión, y un extraño temblor lo sacudió.

– ¿Que...

– Relájate – le dijo sin quitar la vista del frente y la mano de su muslo se movía en lentos círculos – Estás muy tenso, solo cierra los ojos y relájate. Llegaremos pronto.

¿Cerrar los ojos y relajarse? ¡Imposible! Como podría relajarse cuando la mano de Kuroo continuaba moviéndose de arriba abajo ¿Debería quitarla? ¿Debería pedirle que la quitara? – Podrías...Ver por donde conduces – Kuroo le dio una sonrisa y asintió. No iba a pedirle que dejara de tocarlo, no quería que dejara de hacerlo; el cosquilleo en su bajo vientre y el calor que se expandía por su cuerpo se sentía bien.

Así que hizo lo que Kuroo sugirió y cerró los ojos disfrutando le la caricia de su mano, dejando salir pequeños suspiros de vez en cuando. A Kuroo le gustaba eso, no podía verlo, pero era obvio por la forma en la que apretaba su muslo y la forma en que respiraba. De pronto el auto se detuvo y un suave golpeteo en el cristal rompió la magia.

– ¡Llegas tarde! – habló una escandalosa voz – Treinta minutos tarde – le recriminó molesto.

– Te dije que vendría, solo me entretuve un poco – dijo Kuroo señalando a Tsukishima.

El otro hombre se acercó a la ventana y observó al rubio con sus grandes ojos dorados – Es el de la fiesta – dijo sin quitarle los ojos de encima. – Lo conseguiste. Bien por ti, Kuroo. Pero igual voy a ganar.

– No esta vez, Bokuto – ambos sonrieron, sus ojos brillaron retadores.

Tsukishima no comprendía a que se referían, podía ver tres autos alineados al pie de la colina; deportivos y de colores llamativos. Sus dueños y sus respectivas parejas observaban en su dirección. Tenía un mal presentimiento acerca de lo que sucedería.

– Ponte en cinturón de seguridad. Va a empezar pronto – el auto se puso nuevamente en marcha hasta el borde de la línea marcada con tiza, a su izquierda estaba el auto de Bokuto y a su derecha un auto rojo cuyo conductor le guiñó un ojo.

– Kuroo...No creo que yo deba estar aquí.

– ¿Que? – Preguntó Kuroo con tono burlón – ¿Tienes miedo? ¿El niño bueno está asustado?

Tsukishima frunció el ceño – No soy un niño, pero...

Kuroo se acercó a él y susurró sobre su oído – Vamos, ya sal de esa aburrida burbuja. Vive aún poco más, todavía eres joven.

¿Vivir? Tenía el presentimiento de que no viviría mucho si conducían por ahí ¿Kuroo siquiera tenía idea de cuántos accidentes ocurrían al año solo en esa carretera? No era seguro, era casi un suicidio.

Como si leyera su mente Kuroo le dijo – No tengas miedo, confía en mí – entonces le beso, lento, acariciando su labio inferior con la lengua – Voy a darte tu recompensa en la cima.

– Espero que valga la pena – murmuró resignado. Ya estaba ahí, no podía retractarse o más bien no quería hacerlo. La parte rebelde en él, esa que no sabía que tenía y que deseaba revelarse al mundo, le gritaba que lo hiciera. Kuroo le dio un beso más y sonrió totalmente complacido antes de volver su vista al frente.

Una linda chica con poca ropa se posiciono delante de ellos y hondeó un pañuelo, los autos rugieron con una vibración que le hizo estremecerse en su asiento y arrancaron en una gran nube de humo.

El Lamborghini blanco de Bokuto rápidamente tomó la delantera, Kuroo acelero dejando atrás a los otros dos autos e iniciando una persecución con el auto frente ellos. Las llantas chirriaban desesperadamente con cada curva, la velocidad no hacía más que aumentar y aumentar cada vez más. Se había formado un enorme vacío en el estómago de Tsukishima, su corazón latía desbocado y todo lo que podía hacer era aferrarse al asiento y rogar porque el auto no traspasara las vallas de seguridad.

Por el rabillo del ojo observó a Kuroo, su rostro reflejaba la emoción de verse en una situación tan peligrosa como esa. El mayor desvió la vista hacia él, sus ojos brillaban con destellos dorados – Esto va a ponerse más divertido, sujétate fuerte – le dijo antes de besarlo fugazmente y volver la vista hacia la carretera.

Tsukishima no comprendió lo que estaba diciendo hasta que llegaron a un tramo largo, Kuroo pisó el acelerador hasta quedar hasta la altura del auto de Bokuto. Acercándose hacia una curva muy cerrada ninguno de los dos cedía la delantera, parecía como si la carretera se estrechara cada vez más con la cercanía de los autos y la proximidad de tan peligrosa curva.

La sonrisa de Kuroo se ensanchó a un más y el rubio tembló presa de una emoción desconocida y excitante. No sabía lo que pasaba con él, hacia unos minutos parecía que el alma se le saldría del cuerpo y ahora estaba sonriendo. Estaba seguro de que se estaba volviendo loco, solo la locura podía justificar lo que estaba a punto de gritar justo en ese momento – ¡Hazlo! ¡Acelera!

Kuroo dejó salir una fuerte carcajada y pisó el acelerador a fondo; el ruido del motor se asemejó al rugir de un animal furioso y salvaje. Ambos coches desembocaron en la curva llenos de furia por tomar la delantera. Su auto se tambaleó rozando contra la valla de seguridad en una lluvia de chispas, sin perder el rumbo avanzaron al máximo de velocidad de los motores rebasando a Bokuto y en la última curva el auto perdió el control, golpeó bruscamente contra la valla lanzando más chispas y comenzaron a dar giros. No era bueno, no era para nada bueno ¡Iban a morir! Iban a morir y Kuroo solo sonreía emocionado, estaba loco y él también lo estaba por también disfrutar todo eso. Todo giró a su alrededor, el vacío en su estómago se profundizó, su corazón se detuvo por unas instantes y estaba seguro de que su alma se había separado de su cuerpo hasta que se detuvo, sin volcar y con ambos ilesos.

– Ganamos – exclamó Kuroo en una carcajada.

– Estás loco – murmuró Tsukishima quitándose el cinturón de seguridad y con manos temblorosas tanteó la puerta buscando abrirla, necesitaba sentir la seguridad de la tierra balo sus pies. El corazón amenazaba con estallarle dentro del pecho.

– No, todavía no he reclamado mi premio.

Tsukishima notó los dedos de Kuroo rozarle el cuello haciendo que girará el rostro, de pronto se vio bruscamente halado hacia él y lo beso. Fue un beso que encendió aún más la chispa de adrenalina en su cuerpo, la lujuria se apoderó de él mientras sus lenguas se rozaban con una mezcla de frenética dureza que lo dejo encantado.

– ¿Todavía quieres irte? – murmuró sobre sus labios. Tsukishima negó con la cabeza mirando con ojos cristalinos esos gatunos y atractivos ojos avellana. Toda fuerza abandonó su cuerpo, se sintió como una frágil muñeca de trapo cuando Kuroo lo alzó con facilidad de su asiento y lo sentó a horcajadas sobre él ¿Que tenía ese hombre que lo cegaba y hacía sentir tan perdido?

– Hacerlo en un auto es un poco...– sus labios se vieron tomados en un beso que le robó mucho más que el aliento, demandante. Las manos de Kuroo, traviesas colándose debajo de su ropa hasta sus pezones le hicieron gemir su nombre.

– Aquí es perfecto – murmuró con voz ronca y cargada de pasión – Voy a darte lo que tanto quieres – la mano que se encontraba posada sobre el hombro del pelinegro fue bajada hasta apretar el caliente y duro bulto en su entrepierna – Voy a darte cada centímetro de esto...Voy a cogerte tan fuerte y duro que vas a olvidar como hablar ¿Lo quieres?

Tsukishima lo sintió pulsar sobre su mano y una oleada de calor lo recorrió de arriba abajo sofocándolo – Maldición ¡Sí! – exclamó antes de inclinarse y besar esos labios a los que fácilmente podría volverse adicto. Kuroo de deshizo fácilmente de su camisa y sin romper el beso acarició con los pulgares sus botones rozados, trazando círculos y pellizcando hasta dejarlos completamente erectos y enrojecidos. Su cuerpo se estremecía en una mezcla de dolor y placer que hacía que su entrada se contrajera y humedeciera sin control. Estaba ansioso.

De pronto se escuchó un suave golpeteo en el cristal seguida de una voz que sonó amortiguada por el aislamiento – ¡Hey! Kuroo ¿Están vivos?

– Piérdete, Bokuto – masculló Kuroo succionando uno de sus pezones con hambre. La deliciosa sensación de esa áspera lengua aunada a los suaves mordiscos causaron que el rubio lanzará el grito que había estado conteniendo en la garganta.

– Mierda, están jodiendo ahí dentro – exclamó Bokuto para sí mismo. Hubo unos segundos de silencio antes de que volver a hablar – ¿Puedo unirme?

– La próxima vez – dijo Kuroo – Ahora, desaparece.

Las manos del rubio, que se encontraban enredadas en los azabache, apretaron su agarre ante lo dicho por Kuroo ¿Estaba hablando enserio? Estar en una situación como esa con otro hombre además de él era más de lo que su nublada me te podía imaginar. Era imposible, no podía concebir esa idea. Ese era un límite que no cruzaría.

– ¿No te gusta la idea? – Susurró Kuroo acercándose a su cuello, mordió el lóbulo de su oreja y lamió sensualmente todo el largo de su cuello haciéndole soltar un jadeo de placer – Dos hombres embistiendo cada orificio de tu cuerpo como si fueras una prostituta barata ¿No lo quieres? ¿No quisieras tenernos a ambos tocando tu cuerpo, embistiéndote y ensuciando cada parte de tu cuerpo hasta que no sepas a quien pertenece cada fluido en ti? ¿No quieres que juguemos contigo?

Tsukishima jadeó ante la obscena imagen que se estaba formando en su mente – No...Si...N-No se – respondió aturdido, esa imagen se había formado clara y nítida en su mente; se vio a si mismo siendo usado como un objeto y disfrutando de ello. No comprendía que ocurría con él, era vulgar y desagradable y sin embargo lo estaban excitando como nunca nada lo había hecho antes.

Kuroo sonrió amplio y perverso – Bien, muy bien. – Kuroo lo jaló de la cintura, pegándolo más a su cuerpo; Tsukishima sintió su erección presionar la suya y no pudo evitar frotarse contra él – Ahora hagamos que todos ahí afuera mueran de envidia. Gime mi nombre tan fuerte como puedas, Kei.

Sus labios volvieron a adueñarse de su boca y sus manos de su cuerpo, un intenso calor hizo palpitar su vientre y su entrada, y su mente perdió toda inhibición. No era la primera vez que alguien lo tocaba o besaba en su vida, pero nunca había sentido un deseo tan abrumador y sofocante. La adrenalina crecía cada vez más, saber que ahí afuera podían escucharlo gemir añadía un toque de emoción y peligro a su deseo, quería ser escuchado.

No era suficiente, no necesitaba más juegos, quiera que Kuroo se enterrará en él, sentirlo en su interior. Todo el deseo que se había acumulado en su pecho estaba a punto de estallar, había estado anhelando esto desde su primer encuentro y si Kuroo no se apresuraba y le daba lo que quería, él mismo iba a tomarlo.

Entonces lo empujó rompiendo bruscamente el beso y lo miró a los ojos con una sonrisa – Ya es suficiente de juegos – no reconocía su propia voz, era un jadeó necesitado y su cuerpo un instrumento que se movía presa de la lujuria. Con dedos ansiosos lo despojó de la camisa y suspiró de felicidad cuando sus dedos tocaron la ardiente piel; sintió sus duros músculos tensarse bajo su toque, sacó la lengua para lamer esa caliente piel y sonrió al escuchar un gemido de labios de Kuroo – ¿Por qué no mejor gimes tu mi nombre? – bajó la cremallera, metió la mano y liberó el miembro de Kuroo, tan duro y grueso que se le dificultaba abarcarlo con la mano.

– Eres toda una revelación...

– ¿Que? Creíste que ibas a poder someterme fácilmente – dijo tratando de sonar burlón – Si quieres que te ruegue vas a tener que obligarme. – se inclinó sobre su oído y masajeando la suave y aterciopelada piel de su miembro susurró – Haz que sea bueno, jodeme tal y como lo prometiste.

– Me encantas – susurró Kuroo con una maliciosa y sensual sonrisa que le erizó la piel. Elevó su cadera lentamente y con dificultad por tan reducido espacio y le bajó los pantalones.

Tsukishima jadeó cuando Kuroo separó sus glúteos y sintió uno de sus dedos acariciando la suave y rosada piel de su hendidura. Gimió involuntariamente cuando elevó más las caderas y de repente su dedo le penetró haciéndole soltar un suave grito de placer. Otro dedo le siguió introduciéndose dentro de él con intensidad, su mano libre frotó su desatendido miembro al tiempo que introducía con frenesí sus dedos en su húmeda y chorreante hendidura, sabiendo donde pulsar para hacerlo gemir cada vez más fuerte.

– ¡Oh! ¡Si! – gimió cerrando los ojos e inclinando la cabeza hacia adelante sobre su hombro, era una sensación increíble y delirante. Pero no era suficiente – Más – exigió – Kuroo... Más rápido – jadeó moviendo la cadera buscando más profundidad.

Estaba perdiendo la cabeza, se estaba perdiendo a sí mismo, no sabía que si lo que lo hacía temblar de deseo eran esos dedos hundiéndose en él, la mano que acariciaba su miembro o la forma en la que Kuroo succionaba su lengua mientras se besaban. – Eres tan lascivo, estás empapando mis manos. – su entrada pulsaba mientras sentía como sus propios fluidos se escurrían entes sus empanado los dedos de Kuroo.

Esos dedos, esos putos dedos se movían excitándolo de una forma que jamás había experimentado con ningún otro hombre. Kuroo le hacía sentirse sucio, lo estaba haciendo convertirse en una criatura que solo es capaz de seguir sus más bajos instintos y le encantaba. – ¡Oh! Si...Kuroo – gimió Tsukishima sin poder controlarse.

Se sentía como un volcán a punto de hacer erupción, nunca había recibido tanto placer en toda su vida, su cuerpo temblaba y se retorcía. No podía esperar a sentir el grueso miembro que pulsaba entre sus manos embestirle salvaje, la expectativa lo estaba volviendo loco. Las oleadas de placer aumentaban como una marea de sensaciones y gemidos éxtasis que culminaron en un fuerte alarido que nació de lo más profundo de su pecho.

Creyó ver estrellas de colores frente a sus ojos y se corrió en un orgasmo tan intenso que causó que las fuerzas le abandonaban y su vista se nublara. Kuroo continuó atendiendo su cuerpo sin bajar la intensidad y no se detuvo hasta que el rubio se derrumbó en sus brazos.

– Mírate – dijo Kuroo lamiendo de sus dedos los restos de su blanquecina esencia – Solo use los dedos y ya estás hecho un desastre ¿Debería dejarte descansar? O quizá ¿Debería detenerme? No creo que puedas soportar más.

Fue intenso, más de lo que habría creído posible. No iba a permitir que se detuviera, deseaba más. Mucho más. – No...– lo beso salvajemente, apretando su agarre sobre su aún erecto y duro miembro. Kuroo suspiró en su boca correspondiendo al beso con ahínco – No te detengas, vas a perderlo si lo haces.

– ¡Wow! No tengo otra opción ¿Verdad? – la voz de Kuroo, ronca y cargada de lujuria provocó que sus paredes se contrajeran – Trátalo bien, quiero conservarlo.

El miembro de Kuroo latía entre sus manos con cada movimiento, apretó la punta con el pulgar esparciendo las gotas de líquido semanal que se escurrían. Sus dedos se deslizaban con soltura sobre su extensión al tiempo que el pelinegro llevaba nuevamente sus manos a su trasero y comenzaba a masajearlo suavemente.

Kuroo le mordió el lóbulo de la oreja y después el cuello mientras lo sentaba lentamente sobre su miembro, contacto de esa carne dura y caliente sobre su entraba fue suficiente para hacerle estremecerse, pero para su frustración no entro en él. En su lugar se deslizó una y otra vez entre sus glúteos. Molesto y necesitado, Tsukishima le mordió el hombro; odiaba que jugará así con él, odiaba la forma en que hacía que su orgullo se fuera la mierda y suplicara como estaba a punto de hacerlo.

– Kuroo...– su voz era rasposa y profunda, sus labios no hacían más que proferir gemidos y jadeos obscenos. Apretó las manos sobre los hombros de Kuroo con la esperanza de que comprendiera el mensaje pero solo recibió un largo y profundo beso como respuesta.

– ¿Que? ¿No voy a entenderte se no me dices lo que quieres? Dime qué es lo que quieres que haga – exigió presionando la punta sobre su entrada.

"Tan cerca" pensó Tsukishima lamiéndose los labios, su entrada se contrajo ansiosa por recibir toda su gruesa extensión. Lo quería, necesitaba más que a su próxima respiración – ¡Por favor! ¡Penétrame! ¡Kuroo! ¡Haz lo que quieras conmigo! ¡Lléname, rómpeme, destrozarme! Lo que quieras, pero por favor...Haa

Arqueó la espalda echando la cabeza hacia atrás, entornó los ojos y dejó salir un sonoro grito de gozo cuando Kuroo dejó caer su cadera sobre su miembro y le penetró con violencia. – ¡Jo-Joder! Eres muy estrecho – murmuro en un gemido ronco. Elevó su cadera hasta la punta y volvió a embestirlo por completo – Es increíble ¿Puedes sentirlo? Dime como lo sientes.

No podía sentir nada más, no podía pensar en nada más, nunca había tenido algo tan grande en su interior. – Siento...es grande... Maravilloso – gimoteó Tsukishima incapaz de articular algo coherente. Las paredes de su entrada sentían el calor y la presión de su contacto, ni un solo centímetro se veía libre ahogándolo en un mar de placer que no parecía tener fondo.

– Tan bueno – gruñó Kuroo moviéndolo de arriba abajo, sujetándolo fuertemente por la cintura. Sus ojos eran un dorado intenso y hambriento, cada embestida iba más profunda en su interior, llenándolo, saciando su recién descubierto apetito.

Era increíble, el cielo y el infierno, dolor y placer entremezclados, se sentía desfallecer con cada certera embestida. Saliva se escapaba por la comisura de su labios y de su boca salía una bella sinfonía de jadeos, gritos y gemidos mezclados con su nombre, sus manos se paseaban desesperadas por su pecho y brazos, enterrando las uñas cada vez que golpeaba en ese punto en su cuerpo. Se estaba volviendo loco de placer – ¡Ah, si! Eso es...No te detengas– gimió Tsukishima con lasciva. Se mordió el labio inferior y comenzó a seguir el ritmo que marcaba Kuroo, moviéndose de arriba hacia abajo, haciéndole fuerza con sus caderas y apretando su entrada.

Se estaba perdiendo a si mismo con cada embestida, con cada susurró suyo sobre su oído, con cada ardiente beso sobre sus labios y piel. Su cuerpo se movía por si solo se había entregado por completo al placer y a Kuroo, se sentía diferente más libre, atrevido, vivo. De pronto se desprendió de las manos que sujetan su cintura y tomó el control de la cabalgada. Rápido, intenso y salvaje, Tsukishima se movía como si estuviera poseído, oleadas intensas de placer le recorrían sacudiendo su cuerpo, estaba ya consumido por el placer.

Entonces Kuroo retiro las manos de sus caderas y deslizó una hasta sus pezones, presionando, tirando, jalando y frotando, su otra mano bajó hasta su miembro frotándolo al ritmo que el rubio marcaba y su boca atacó sin tregua su cuello. El estímulo de sus caricias era el paraíso, nunca antes había tenido sexo tan salvaje, nunca se había sentido tan deseado, nunca había recibido tanto placer, sentía que podía volverse adicto a él.

Perdido en una espirar de sensaciones que creyó jamás experimentar, enterró las uñas los hombros de Kuroo volviendo más frenéticas las embestidas. Las piernas le temblaban mientras sentía el duro miembro de Kuroo enterrarse en su interior, no podía soportarlo más, sentía que moriría, estaba embriagado de placer. El auto crujía y se tambaleaba al compás de sus movimientos, los cristales estaban empañados por el calor de su pasión y el aire impregnado con la esencia del sexo y sudor de sus cuerpos.

Era maravilloso, el calor del infierno y la gloria del cielo en sus pieles.

– Gime mi nombre, gímelo fuerte y hazle saber a todos quien te está jodiendo – gruñó Kuroo con pasión. Su entrada se contrajo, el contacto del miembro de Kuroo ardía como acero caliente en su delicada piel aumentado el placer hasta proporciones que jamás creciendo posibles.

– Kuroo...Kuroo...Kuroo...– gimió cada vez más fuerte, con cada embestida y cada salvaje golpe en su próstata. Su mente empañada de lujuria no podía formular más palabras que esa, en ese momento no conocía a nadie más que a él, no pertenecía a nadie más que a Kuroo. Era suyo y podía partirlo en dos si así lo deseaba.– Kuroo.. Kuroo...¡KUROO!

Entonces una explosión de sensaciones se abrió paso en su interior y se corrió manchando su vientre y parte de su pecho mientras bajaba la cadera para golpear sobre la cintura de Kuroo arrancándole un gemido tan fuerte que estaba seguro todos escucharon. Su cuerpo perdió fuerza y se dejó caer sobre el pecho del pelinegro quien le volvió a tomar de las caderas y a embestirle con más fuerza causando otra oleada de placer más intensa que la anterior y cuando creyó que sería el fin, una tercera embestida lo estremeció doblándolo de placer al tiempo que Kuroo se corría sin dejar de embestir hasta que la última gota fue vaciada en su interior.

Su cuerpo temblaba presa de múltiples espasmos y un suave sollozo se escapó de sus labios mientras soportaba la frente sobre su hombro. Había alcanzado un extraño estado de paz y tranquilidad tras todo ese intenso placer que lo hundió en una nube y apago todos sus sentidos.

– Dime cómo te llamas – exigió Kuroo.

– ¿Que? – preguntó confundido – Soy...Yo soy...¿Qué?...– contempló unos instantes el rostro de Kuroo adornado con una sonrisa triunfal. Entonces recordó las palabras, esa promesa que creyó sería imposible de lograr y abrió los ojos sorprendido. – Bastardo arrogante – murmuró Tsukishima.

Kuroo sonrió como un depredador y comenzó a besarle el cuello con pasión – Te dije que te haría olvidarte de tu nombre – sus bocas se juntaron y la lengua de Kuroo se movió diestra combinándose perfectamente con la suya en una mezcla de rudeza y lujuria que lo maravilló.

Toda molestia y vergüenza pasó a segundo plano, no podía pensar en nada mas a parte de Kuroo y su miembro, que ahora volvía a endurecerse como una caliente roca en su interior. – Todavía...Tu...

– Aún no hemos terminado.

Un velo blanco volvió a nublar su mente y Tsukishima apenas fue consiente de como Kuroo invertía las posiciones, dejaba caer hacia atrás el respaldo del asiento y lo recostándolo sobre él.

– ¿Continuamos? – una de sus piernas fue llevada hasta los hombros de Kuroo y sintió como la delicada piel de su muslo fue mordida haciéndole arquear la espalda y lanzar un suspiro. – ¿No quieres continuar? – preguntó dándole una ligera embestida.

Tsukishima sintió un pinchazo de placer en su bajo vientre y su cuerpo se calentó – ¡Si! ¡Maldición, si! ¡Úsame tanto como quieras! – presa del deseo comenzó a mover las caderas autopenetrándose hasta que Kuroo tomó el mando con embestidas salvajes y profundas.

Gritos lascivos y palabras obscenas se escapaban de sus labios, se había entregándose nuevamente al inmenso placer que Kuroo le ofrecía. Sus ojos lo hipnotizaban, el calor que irradiaba de su cuerpo le atraía como un imán al metal, sus labios le dominaban por completo y su miembro abriéndose paso en su interior lo estaba enloqueciendo. Era increíblemente delicioso, nunca se había sentido tan lleno. Era como si acabara de descubrir lo que en verdad era sentir placer y lo adictivo que podía llegar a ser.

Locura y frenesí explotaron en su pecho y un mundo nuevo se abrió ante sus ojos, un sin ataduras, lleno de nuevas experiencias y posibilidades.

Escuchó a Kuroo lanzar un varonil rugido y sintió una potente descarga cálida en su interior que lo inundó completamente. Pequeños hilos de semen se escapaban de su entrada y escurrían por sus glúteos, las piernas le temblaban débiles y su ya extenuado cuerpo vibraba en cada una de sus fibras.

– Estoy impresionado – murmuró Kuroo apretando su cuerpo contra el suyo – Creí que ibas a desmayarte ¿Ya estás cansado?

Tsukishima recuperó el aliento y sonrió altanero – Esto no ha...Sido nada. – su corazón latía desbocado al igual que el de Kuroo – ¿No eres tú el que está a punto de desmayarse? – Llevo una mano hasta su nuca y la acarició con las yemas de los dedos – Esperaba más de ti, Kuroo.

– Mmm...– Kuroo se irguió mirándole con ojos penetrantes. Su cabello desordenado y las gotas de sudor que resbalaban por su pecho le daban un aspecto salvaje y atractivo – No quisiera decepcionarte...

– Será mejor que no lo hagas – sentenció empujándole contra la erección de Kuroo.

Una sonrisa perversa se formó en los labios de ambos y el calor se apoderó nuevamente de sus cuerpos. Parecía que esa noche no hacía más que empezar...


.X.

Kuroo conducía de vuelta a la ciudad, la luz del amanecer se asomaba por el horizonte. Había perdido la noción del tiempo, no recordaba la última vez que algo como eso ocurrió o si alguna vez se había sentido tan satisfecho. Fue increíble, Tsukishima superó con creces sus expectativas, le hizo excitarse de una forma que jamás creyó alguien lograría. Fue agradable.

Observó por el rabillo del ojo al rubio que dormía en el asiento del pasajero y sonrió. Nadie podría imaginar que detrás de ese tranquilo y bonito rostro se encontraba un ser perverso y lascivo. El tampoco lo habría imaginado. Su miembro palpitaba de solo recordar la estreches de su cuerpo, ese calor abrasador que lo aprensionó hasta el punto del sofoco. Fue la sensación más deliciosa que pudo haber experimentado.

Nunca se había esforzado tanto para satisfacer a ninguno de sus antiguos amantes. Tsukishima era demandante, alguien que deseaba ser dominado, pero que también ansiaba dominar. Era lujuria y pasión. Casi sentía envidia de Oikawa por tenerlo, casi, porque sabía que él no había visto lo que en realidad era su rubio esposo.

No dejar marcas en esa blanca y delicada piel de porcelana fue una tarea titánica, no iba a negar que por un momento tuvo el imperioso deseo de marcar cada se centímetro de él y anunciarle a todos que ese cuerpo había sido suyo. Nunca había deseado hacer algo parecido con nadie. Imágenes de mil escenarios diferentes y todo lo que haría con él en cada uno de ellos se presentaban claramente en su mente, quería vestirlo con lencería de encaje rojo, recostarlo sobre sábanas negras y verlo retorcerse embriagado de placer. Quería hacerlo llorar, gritar y gemir de mil formas distintas, quería castigarlo y ser castigado por él.

Era un sentimiento nuevo y emocionante.

– Da vuelta en la siguiente esquina y conduce dos cuadras antes de detenerte – habló Tsukishima, su voz era rasposa y cansada.

Kuroo sonrió al verlo masajear su cuello – Estabas destrozado, creí que dormirías hasta la tarde.

– Quizá no eres tan bueno como creíste que eras – había burla y provocación en sus palabras. Sabía que mentía, sin embargo ese juego divertido y estimulante.

– ¿Seguro? Porque yo recuerdo claramente haberte escuchado gritar lo increíble que era. – llevó una mano a su muslo y frotó en círculos mientras lentamente subía hasta su entrepierna – Recuerdo escucharte pedirme que te cogiera duro.

– No...Ah!...– El rubio dejó escapar un suspiro cuando presionó su entrepierna, era tan sensible y caliente. Quería volver a tenerlo cabalgando sobre él y sabía que Tsukishima también lo deseaba. Sus ojos no mentían. Iban a volver a verse muy pronto.

– Bien, te veré por ahí...Creo – dijo Tsukishima cuando al auto se detuvo en el sitio donde había indicado.

Kuroo parpadeó confundido ¿No iba a preguntarle cuándo podría volver a verse? No quería pecar de arrogante o presuntuoso, pero todas sus anteriores parejas siempre se mostraban ansiosas por volver a verlo, clamaban por su atención y no se molestaban en ocultarlo.

– Espera – le sujetó de la muñeca antes de que pudiera abandonar el auto, tiró de él y le plantó un beso con el que le sintió derretirse. Su boca era más dulce que cualquier caramelo y su lengua, tan obstinada como él, no cedía fácilmente el control. – Te llamaré – susurró tomando su mano y dejando un teléfono móvil sobre él percatándose de un moretón en su muñeca al que no tomó la más mínima importancia.

Salir con casados no era nada nuevo para Kuroo, sabía cómo funcionaba, muchos tenían parejas celosas que monitorean cada uno de sus movimientos y llamadas. No debería ser diferente para Tsukishima quien era objeto de deseo de muchos hombres.

– De-Deacuerdo – no se había percatado antes por la oscuridad en la que se encontraban, pero el rostro sonrojado del rubio era muy lindo. Le provocaba.

Observarlo marchar fue un deleite para sus ojos, ese andar elegante, la cadencia con la que movía sus caderas, su estrecha cintura y la firme línea de su trasero que resaltaba con esos pantalones negros volvieron a su memoria agradables recuerdos que le hicieron temblar. Solo verlo caminar era suficiente para que la excitación corriera por sus venas y nublada su entendimiento. Nunca había reaccionado así ante nadie.

Hecho la cabeza hacia atrás y dejó salir una maldición. Alguien que le provocará tanto deseo a pesar de ya haber tenido su cuerpo también era algo nuevo.

Tsukishima era interesante, no iba a aburrirse pronto de jugar con él...


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