Hola, hola, Luna de Acero reportándose. La segunda parte de las cuatro que tendrá este fic. Espero les guste, besitos!


Disclaimer: Los personajes no me pertenecen son de Isayama Hajime

Advertencias: Feels, Angs, palabras hirientes, ganas de matar un personaje, fuera de eso, nada, así que ya saben.


DEDICATORIA MUY ESPECIAL PARA XZERO KILL QUE HACE POQUITO CUMPLIÓ AÑOS! Preciosa mía, pronto haré el final de Recuerdos congelados, probablemente mañana y tendrás una respuesta adecuada a tus preciosos reviews! Gracias por tanto cariño!


.

.

"La primera vez que me ENGAÑES la culpa será tuya, la segunda, será mía."

Proverbio Chino

.

.

Ese lunes Eren esperó afuera de la cafetería donde Levi trabajaba. Apenas salió del lugar, Levi lo miró de reojo y de inmediato volvió a meterse adentro. El muchacho enarcó una ceja y se cruzó de brazos, esperando otra vez.

Una hora pasó, pero el joven no salió, marcó a su celular pero dio la casilla de inmediato. Se notaba que lo tenía bloqueado en whatsapp, por lo que no intentó escribirle de nuevo. Lo mismo sucedió con Facebook. Sin dudas el enano estaba cabreado. Salió del auto y entró al lugar a paso firme. Fue derecho al mostrador a hablar con el rubio que atendía la caja, Farlan se llamaba, si no recordaba mal.

—Hola, buenas noches. ¿Puedo ayudarte con algo? —preguntó amablemente.

—Hola, sí, busco a Levi.

—Su turno ya terminó. Se retiró hace como una hora. Tal vez deberías llamarlo.

—Sí, eso haré. Gracias.

Se fue hecho una turba. Subió a su auto y se dirigió a la casa del más bajo. Pero al llamar a la puerta lo atendió Oliver.

—Hola, buenas noches, busco a Levi.

—No vino por aquí. Tal vez se quedó comprando algo. ¿Quedaron en encontrarse?

—No, la verdad es que… lo llamaré. Oye, si viene, ¿le avisas que Eren lo vino a buscar?

—Se lo diré, adiós —le cerró la puerta en las narices con tanto ímpetu que Eren pensó que había sido a propósito. Masculló su bronca y se fue a hacerle guardia al auto.

Su celular sonaba a cada momento con mensajes de Historia, contándole sobre un perrito que Ymir le había regalado, fotos del perro y ella, y mensajes melosos. Respondió escuetamente mientras sus dedos tamborileaban sobre el volante. La ventana de la habitación de Levi estaba en penumbras, era obvio que no estaba, no era una mentira. Pero estaba casi seguro que lo había visto cuando salió la primera vez de la cafetería. Lo estaba evitando, era un hecho.

Al fin, dos horas más tarde y completamente molesto, decidió irse a su casa. Ya habían terminado las cursadas en la universidad, así que no lo encontraría allí. No le quedó otra alternativa que ir a esperarlo a la hora de entrada de su trabajo, al día siguiente.

Levi lo interceptó con la mirada, agachó la cabeza y apuró el paso.

—Levi, hola. ¡Levi! —lo llamó más fuerte al ver que se alejaba sin prestarle atención—. Hey, no me hagas perseguirte, no seas infantil.

—Eren, hola —El muchacho se giró, se detuvo y lo miró con seriedad—. Estoy apurado, no quiero llegar tarde.

—Necesito hablar contigo, ayer me viste aquí y de alguna manera te fuiste sin que te viera. Te esperé dos horas en tu casa y nunca regresaste. Te escribí, te llamé y no tengo manera de hablar contigo, ¿qué demonios te pasa?

El más bajo levantó una ceja y luego suspiró largo.

—Creo que es obvio que no quiero verte, ni quiero hablar, ni quiero saber nada de ti.

—Pues lamento decirte que necesitamos hablar.

—No, no lo necesitamos. Ahora me voy, o llegaré tarde.

—Espera, espera, me debes al menos una charla, no puedes tomar esa actitud tan hostil de la nada, no es justo.

—¿De la nada? ¿En serio? Como sea… mira, salgo a las ocho, si quieres, me esperas y hablamos. Pero tengo cosas que hacer a las nueve, así que tendrás que ser breve.

—De acuerdo, te buscaré a las ocho —aceptó el otro, sonriendo contento. Levi apretó los dientes y se giró para retirarse.

Esa jornada Levi estuvo tenso, Farlan lo abordó un par de veces, pero el joven le dijo que le había caído todo el cansancio de las últimas semanas, debido al esfuerzo de rendir los exámenes anteriores, que con un poco de sueño adecuado se recuperaría.

Como convinieron, Eren lo esperó a la salida. Levi lo miró a la distancia, inspiró y se dirigió al auto. Subió y lo saludó con tranquilidad.

—Vamos a otra parte, no quiero que mis compañeros de trabajo inventen cosas que no son —pidió el de negros cabellos.

—De acuerdo.

Eren condujo hasta el Parque Mirror, a esa hora de la noche no era muy concurrido, más que por las parejas que buscaban un poco de privacidad. Además, si bien ya estaba empezando la primavera, hacía bastante frío. Aparcó en un lugar algo oscuro, y se giró para que hablaran.

—Bueno, ¿así está bien? ¿Cumple todas tus normas y exigencias? —Le habló Eren un poco molesto.

—Ya, dime lo que quieras decirme y terminemos con esto.

—¿Por qué me evitas? ¿Por qué me bloqueaste?

—No creo que sea necesario aclararlo, pero lo haré ya que me lo pides con tanta insistencia. Yo fui un… idiota al creer lo que me dijiste. ¿O ya lo olvidaste? Dijiste que hablarías con tu madre, que tenías algo muy especial para decirme el día de mi cumpleaños, entre otras cosas.

—Te lo hubiera dicho, pero te fuiste del antro sin siquiera saludar.

—¡Te pusiste de novio con Historia!

—Yo no estoy de novio con ella.

—¿Me estás tomando a broma? Lo publicaste en Facebook, "envidien mi maravillosa novia". ¿Qué pasa contigo, Eren? ¡Ya detente! Para de mentir, no necesito que me expliques nada.

—Bueno, bueno, está bien, empecé a salir con ella porque… ¡joder! Estuve mucho tiempo enamorado de esa enana y jamás tuve ninguna oportunidad, y bueno, esa noche, no sé, una cosa llevó a otra, además estaba algo ebrio.

—La publicación la hiciste el domingo, Eren, con todos tus cinco sentidos bien despiertos. Mira, ya fue suficiente, no quiero escuchar tus patéticas excusas. Tienes… tienes todo un… inmenso universo de gente para invitar a salir y disfrutar, sólo déjame tranquilo. Si tienes aunque sea un mínimo de respeto por mi persona, solo quiero que me dejes en paz.

—Está bien, está bien, creo que entiendo. Quieres que tengamos una relación exclusiva, claro.

—No, no quiero que tengamos nada. Lo he… pensado mucho, creo que será lo mejor para ambos.

Eren lo acorraló contra el asiento y trató de besarlo, pero Levi se lo impidió poniendo rápidamente su mano contra su boca.

—Basta, Eren, hablo en serio. Ve con tu novia y deja de hacer esto, no está bien.

El otro se alejó y lo miró molesto.

—¿Recién ahora te das cuenta que no está bien? No escuché que te quejaras antes.

—Sí, lo admito, fue mi error dejarte avanzar, estaba tan cegado por mis sentimientos que no simplemente me dejé convencer. Pero fue un error…

—Tú me amas, no puedes sacarme de tu vida en un abrir y cerrar de ojos. Me lo dijiste, Levi, lo hiciste muchísimas veces. Entonces no niegues lo que sientes respecto a mí.

El joven abrazó su mochila, se mordió el labio inferior sintiendo que toda su determinación comenzaba a tambalearse. Eren sonrió victorioso y se acercó para hablarle al oído.

—¿Por qué quieres negar lo que es obvio?

—…amaba…

—¿Qué?

—Dije, que te amaba. Ya no te amo, esa es la verdad.

Hubo un silencio incómodo y Eren se alejó para mirarlo sorprendido.

—Te amaba, Eren. Pero eres la persona más egoísta y arrogante que conocí. Eres lindo por fuera, pero por dentro estás podrido.

El otro se sintió indignado, ¿quién se creía ese enano para hablarle así? Por primera vez su mirada se volvió completamente sombría. Nadie lo había rechazado en años, ¿quién en su sano juicio rechazaba salir con alguien tan maravilloso como él? Lo observó con toda la intención de lastimar, de dañar… de quebrar.

—Bueno, tal vez es mejor que ambos nos sinceremos, ¿no? La verdad es, Levi… que me tiene sin cuidado lo que pienses o sientas —habló desde la ira, la bronca que se le acumulaba en las entrañas—. Tú… deberías estar agradecido, ¿quién se fijaría en ti? —No era eso lo que sentía, pero un orgullo herido suele ser peor que un veneno mortal—. Te hice un favor, si lo piensas bien. Tan patético, enamorado de mí, como si fuera a pasar que yo te fuera a tomar en serio; era algo que se caía de maduro. Sin embargo me compadecí de ti, ¿quieres saber más? Te follé por lástima, sólo quería darte un buen recuerdo, para que no anduvieras con tu cara de depresión constante contaminando al resto del mundo. Los demás no tenemos la culpa de que seas tan poco atractivo. ¿Por qué crees que la primera vez fue al lado de Annie? Porque al menos podía mirarla a ella mientras te la metía. Y tu asqueroso olor a campo… uuff… luego de estar contigo quedaba impregnado. La gente alrededor mío también podía sentirlo, Muriel y Camila lo mencionaron, como un chicle en el cabello, tan malditamente molesto.

Levi estaba mudo. Era como un ratón que se quedaba en shock ante el ataque de un depredador, no reaccionaba. Solo escuchaba atentamente, mientras los ojos se le humedecían.

—Y… ¡Dios! Escuchar tus parloteos constantes, me liquidaban el cerebro, más de una vez me ponía a pensar en otras cosas. Oye lo lamento, por tu vida tan triste y jodida, pero digamos la verdad, nadie tiene ganas de escuchar tu rosario de lágrimas, es taaaan deprimente. Uuff… Está bien, acepto que soy un poco creído, pero tú acepta que eres… desabrido, tan… sin gracia, ¿realmente pensaste que yo podría sentirme orgulloso de tener alguien a mi lado como tú? Acepta la realidad. Fui lo mejor que te pasó, deberías sentirte bendecido de que alguien como yo se apiadó de tu persona. Al menos ya cuentas con algo de experiencia para el próximo que consigas. ¿Consejo? Esmérate un poco, porque… eres bastante torpe en el sexo, usa el maldito sentido común de vez en cuando. ¿Tan difícil es notar cuando una persona no disfruta? Ok, cortaré la charla aquí, porque no quiero ser tu motivo principal de suicidio. Te digo las cosas que nadie se atrevería a decirte, porque al menos soy honesto, no te estaré sonriendo falsamente cuando en verdad pienso de otra manera, y espero lo aprecies y saques algo bueno de esto para mejorar en el futuro. Sólo me estaba preocupando por ti, pero en vista de que te sientes tan importante, no perderé más mi tiempo contigo.

Eren detuvo su lengua viperina cuando vio una lágrima caer de uno de los ojos de Levi. El más bajo no le dedicaba una mirada de odio, como hubiera esperado, o de desprecio, le dedicaba aquellas miradas que tienen las personas que han sido heridas de muerte.

—Levi…

—Bien, tengo que irme ahora. Adiós, Eren.

Salió apresurado del auto, algo confundido, desorientado. Corrió por uno de los laterales del parque casi sin mirar al frente; sin querer se estrelló con uno de los guardias de la zona y cayó al suelo. Se disculpó con torpeza y se puso de pie de inmediato para seguir con su carrera, sintiendo que le quemaba la garganta al respirar.

Tuvo que detenerse un momento, se arrodilló frente a una cantera y vomitó sin control, mientras las lágrimas lo atacan. Temblaba de pies a cabeza, sin poder controlarse. Cuando al fin pararon las arcadas, porque ya no había absolutamente nada en su estómago, la saliva caía de su boca, y los hipidos lo atacaron. Tenía la frente perlada de sudor frío. Se secó con un pañuelo de mano, y con los ojos un poco nublados logró parar un taxi para volverse de inmediato a la residencia.

Entró corriendo, no pudo siquiera saludar a Spencer y Oliver que estaban en la cocina. Llegó a su pieza, puso el seguro y al fin a salvo, se deslizó hasta el suelo.

Un sollozo incontrolable lo atacó. Se sintió tan destruido, tan poca cosa, tan enfermo, el dolor era tan intenso que podía sentir que iba a desarmarse en cualquier momento, que iba a quebrarse en miles de fragmentos. Todo lo que venía guardándose, todo lo que quiso ocultar ese tiempo, saltó como una olla de presión al cual se le vuela la tapa.

Lloró hasta que ya no tuvo fuerzas. Suspiró infinidad de veces, secando sus mocos y sus lágrimas con una toalla de mano que manoteó de su pequeño ropero. Cuando al fin pudo pararse, sin sentir que iba a colapsar, era bastante tarde. Se sacó la ropa en silencio y se metió entre las cobijas para prácticamente desfallecer de cansancio.

Se despertó tarde al mediodía del otro día. Pero no se movió de su posición, más que para tomar un poco de agua e ir un momento a orinar. Parecía una fuente rota, las lágrimas corrían lentamente, pero sin parar. Le escribió a Farlan para avisar que no iría a trabajar, que no se sentía bien. Aprovechó y revisó su celular. Hanji le había escrito y lo había llamado. Annie, Petra y Erwin también estaban preocupados. A todos les respondió que estaba bien, camino a su casa en Cachi, que no se preocuparan. Todos se sorprendieron que se hubiera marchado sin avisar.

Salió y fue al supermercado a pocas cuadras de allí. Compró varias latas de cerveza, algunos licores, un paquete de cigarros y regresó. Se instaló en la terraza de la casa, con una campera abrigada, se colocó los auriculares, y mientras escuchaba las canciones más tristes y desgarradoras, comenzó a beber. Prendió un cigarro, pero de inmediato hizo una mueca de asco y desistió de la idea.

Por momentos lloraba, luego bebía, por otros sólo se reía, y volvía a beber. Hasta que empezó a sentirse algo ebrio, pero eso no lo detuvo. Comenzó a bailar por el lugar hasta caerse, se rió un poco entre lágrimas y abrió la última botella de licor, que comenzó a empinársela en largos sorbos. Casi se estaba durmiendo sobre uno de los bordes cuando sintió una pesada mano sobre su hombro. Se giró asustado, sacándose los auriculares.

—¿Levi? ¿Estás bien?

—O-Oliver… sí, estoy bien… bebí un… poco…

—Ya veo —dijo el otro viendo el reguero de latas y las dos botellas, una vacía y una a medio llenar—. Oye, es peligroso que te quedes aquí, déjame que te lleve a tu habitación.

—Bue-bueno…

Oliver lo ayudó a bajar las escaleras, lo acostó y lo arropó. Levi se hizo una bolita mientras sollozaba bajito, el hombre se acostó cerca y refregó su espalda hasta que se percató que estaba dormido completamente.

Levi sintió la boca pastosa, y un ligero dolor de cabeza lo puso a refunfuñar un poco. Suspiró un par de veces y sacó fuerzas para sentarse. Sus ojos se abrieron grandes al ver a Oliver a su costado completamente dormido. Se levantó para lavarse la cara y los dientes, preguntándose qué había sucedido, ya que no tenía claros los últimos registros de la noche.

Cuando volvió, el hombre se estaba refregando sus grandes ojos azul marino, lo observó y le sonrió con amabilidad.

—Buenos días, Levi, lamento haberme dormido aquí.

—No hay cuidado… Espero no haberme comportado extraño —comentó el joven nervioso.

—No, no, en absoluto, sí, bebiste mucho, pero… no sé, no me pareció bueno dejarte solo, parecías muy triste. Lo siento, no quiero ser invasivo respecto a tu vida privada, pero fue inevitable.

—Está bien, no hay cuidado, de hecho… gracias por… acompañarme.

—Haré café, ¿quieres un poco? También tengo un analgésico, creo que lo vas a necesitar.

—Uff, sí, sería genial.

—Oye, recuéstate, traeré todo aquí.

—Gracias, Oliver.

El hombre salió, se aseó, hizo tostadas francesas y las puso en una bandeja junto a los jarros con la caliente bebida. Desayunaron en un clima ameno.

Levi había conversado en otras ocasiones con el hombre, no mucho, por lo general no disponía de demasiado tiempo libre. Era una persona gentil, respetuosa y era bastante lindo en su aspecto. Alto, de complexión deportiva, unos precioso ojos azul marino con unas tupidas pestañas, de piel ligeramente morena, cabello negro retinto como él. Su sonrisa destacaba, ya que se le formaban atractivos hoyuelos cuando reía.

—¿Una decepción amorosa? —preguntó mirándolo de reojo.

—Sí… algo así…

—Ah, a todos nos toca alguna vez. Yo me separé hace un año. Vivíamos juntos, compramos el departamento con nuestros ahorros, proyectamos una vida…

—¿Y qué pasó? —consultó Levi, para luego beber de su café, estaba muy interesado.

—Bueno, sucedió que él me engañó… si, tenía otro novio, una relación muy formal, como una especie de vida paralela. Ahora que miro en retrospectiva no entiendo cómo fue que le creí todas sus mentiras. Estamos en un juicio por la división de bienes, por eso me vine a vivir aquí hasta que todo eso termine. Por eso y porque quiero ahorrar para comprar un auto, luego me rentaré algo mejor. Sin embargo es lindo aquí.

—Vaya, cuanto lo siento.

—Sí, fue difícil, a veces lo sigue siendo, es como un dolor que nunca se va, se atenúa por momentos, pero… sigue ahí. A veces creo que le pedí demasiado, solía preguntarme: ¿debería haberlo perdonado? Pero luego entendí, que yo no me merecía eso. Solemos poner al otro por encima de nuestra dignidad y no, eso no está bien. Si no podemos respetarnos como personas, entonces no tiene sentido aguantar, porque ellos simplemente aprenderán que pueden salirse con la suya, que cada vez que hagan algo mal bastará con una disculpa y ya.

—Increíble, tienes un pensamiento muy maduro.

—Bueno… hice terapia, los primeros seis meses lloré sin parar.

Ambos estallaron en carcajadas.

—Me alegra que mi triste, y patética historia te sacara al menos una sonrisa.

—No digas eso, no es patética. Gracias, Oliver —aceptó Levi agachando la cabeza.

—Sé lo que se siente, sé que debes pensar que esto es lo peor que te puede pasar, que el dolor es insoportable. Pero eres fuerte, lo puedo ver en tu mirada —el más bajo levantó sus ojos grises para prestarle atención al otro—, la vida no te la puso fácil, y sin embargo estás cumpliendo tu sueño. Te levantas todos los días, con esa… persistencia, con esa tenacidad de acero, y luchas contra todo. Te admiro, de verdad. Y creo que tu madre debe ser la mujer más feliz de este mundo por haber educado un hijo tan bueno.

—No exageres, Dios. Sólo hago lo que tengo que hacer.

—No, Levi, tú no lo minimices. Lo que haces, tanto esfuerzo que pones, no es común, no lo digo por elogiarte, en verdad creo que eres increíble. Y si ese idiota de Eren no te valoró, al diablo con él, es un perdedor.

Levi asintió.

—Al diablo con él.

—Eso es. Hagamos un brindis de café, ya fue suficiente alcohol para ti.

Ambos rieron y chocaron las tazas.

Más tarde, Oliver lo acompañó a la cafetería, fueron conversando afablemente. Levi habló con Farlan, le avisó que debía volver a su pueblo y que lamentaba mucho avisarle tan sobre la hora, que si quería prescindir de él y buscarle un reemplazo, entendía perfectamente. El rubio le dijo que se tomara todo el tiempo que fuera necesario, que cuando regresara su empleo estaría esperándolo. Farlan apreciaba mucho a Levi, era un empleado excelente, incluso muchas veces se había quedado después de hora para ayudar. Eran contadas las veces que había faltado (incluso si tenía exámenes, no abusaba de los permisos), y nunca llegaba tarde. Jamás tuvo problemas con sus compañeros o malos entendidos. A eso había que agregarle que le gustaba mucho, y por nada del mundo quería dejar de tenerlo en su negocio, por esos motivos, aceptó esperar su regreso.

Luego de esto, se fueron caminando tranquilos, mientras se contaban otras cosas de sus vidas, hasta la terminal de buses. Comieron un hot dog, mientras Oliver relataba un par de malos chistes, que aun así le arrancaron algunas escuetas sonrisas a Levi, en realidad solo quería animarlo, hasta que el bus llegó.

—Bueno, espero que tengas un lindo viaje, y más vale que traigas de esos dulces caseros que hace tu madre, lo prometiste.

—Lo haré, lo haré. Alguna vez tienes que venir a conocer Cachi, estoy seguro que te encantará.

—Genial, cuando vuelvas combinaremos nuestros calendarios. Me encantaría conocer.

—Bien, nos vemos Oliver, gracias por todo.

Se saludaron amigablemente y Levi abordó el transporte mucho más relajado y tranquilo. Sin dudas la intervención de Oliver había sido muy necesaria. Escuchar a otra persona que había pasado por una experiencia similar (incluso mucho peor) lo había animado. Ahora al menos podía respirar y no sentirse tan miserable. Nunca se había puesto a evaluar que él era una persona valiosa. Eren había logrado embarrarlo y pasarle por encima con todos sus crueles ataques, pero lo cierto era que él no se merecía ese trato.

Aun dolía, aun se sentía un idiota por haber caído tan fácil, aunque racionalmente entendía que sus filosas palabras no eran ciertas, todavía seguían cortando dentro de él, pero al menos ya no se sentía inferior. Haría como Oliver, aprendería de lo sucedido, y seguiría su camino con la frente en alto, no era él el que la había cagado.

Le escribió a Hanji antes de que se le cortara la señal en la ruta. La muchacha le pidió que le enviara muchas fotos de su viaje, y se puso algo triste al saber que no lo vería hasta que comenzara el año escolar. Se colocó los auriculares, y esta vez eligió música electrónica, no iba a permitir que la tristeza se adueñara de su vida, daría batalla.

Cuando llegó a su casa, su madre estaba en el huerto cosechando pimientos y tomates. Largó la canasta y se fue corriendo hasta él, al igual que los cinco perros de la propiedad: Tano, Belga, Pom-pom, Fifí y Chirulana. Parecía que hubiera vuelto de la muerte, a decir por la fiesta que le hicieron. Su madre lo abrazó muchísimas veces y besó todo su rostro, los perros le saltaron encima ladrando, lamiendo y aullando como si no lo hubieran visto en décadas. El corazón de Levi latió con fuerza, miró a los cerros nevados alrededor y suspiró contento.

La casa de paredes de *adobe, seguía como siempre. De inmediato su madre comenzó a amasar pan casero, el favorito de su hijo, que fue a instalarse en su habitación. Se tiró sobre el acolchado rústico, hecho con lanas de colores. Tomina, su gallina doméstica vino aleteando a su ventana e hizo un gran escándalo. Levi abrió el vidrio y el animal se le lanzó encima, cacareando efusivamente. Luego de los primeros revuelos (literales), se calmó un poco y se quedó en un rincón sobre su cama, mientras Levi sacaba unos granos secos de maíz de su mesa de luz y la consentía.

—Estás tan linda, Tomina, ¿te crecieron plumas nuevas? Ya vuelvo, ayudaré a mamá.

Levi había desarrollado una costumbre por hablar con los animales de la casa, algo que su madre encontraba adorable. Fue a la cocina, la menuda pero fuerte mujer ya había envuelto una parte de la masa y la había puesto tapada cerca de la ventana para que le diera el sol, y con su calor lograr que levara más rápido.

—Iré a hacer el fuego —avisó el joven y se fue al patio de atrás.

Allí tenían un hermoso horno de barro. Notó que había poca leña, luego se encargaría de llenar el depósito otra vez. Apostó un poco de diario viejo, carbones, ramas, y maderas de cajones de manzanas. Encendió un papel y con la ayuda de un pedazo de chapa comenzó a aventar aire para que el mismo se distribuyera y prendiera el resto de los materiales.

Estuvo al menos media hora trabajando en eso, transpiró un poco por el sol fuerte de la tarde y el calor de las brasas. Su madre se acercó para llevarle un vaso de agua fresca que aceptó gustoso.

—Mírate —dijo emocionada, mientras con un repasador le limpiaba un poco sobre la mejilla donde tenía algo de hollín—, ya eres todo un hombre. Un hermoso hombre.

—Ya, mamá. El fuego está listo —agrego atizando las brasas dentro del horno.

—A la masa le falta un poco. Vamos al corral. Tengo que ordeñar a Milkey.

Ambos caminaron hasta el lugar.

—Veo que agrandaste el huerto. Ahora tienes pimientos amarillos, acelga y zapallo.

—Hay que aprovechar la tierra, mi´jo —agregó Kuchel.

Entraron a una especie de mini granero. Levi tomó uno de los cubos de metal y el banquillo, se acercó y acarició el hocico de la vaca que mugió algo molesta.

—No le gusta —exclamó el de ojos grises, no pero es necesario.

Levi ordeñó la vaca tratando de ser suave, la conocía perfectamente, más de una vez lo había pateado cuando era demasiado brusco. Sacó una buena cantidad, recogieron algunos huevos y se volvieron a la cocina en silencio. Siempre era así, no necesitaban hablar demasiado, con sentirse cerca era suficiente.

El sol ya se estaba ocultando, la temperatura comenzó a bajar. Levi llevó los panes al horno, su madre se sentó cerca. Mientras él se encargaba de cocinarlos y controlar la cocción, ella agarraba un vellón de oveja, con la ayuda de una rueca de mano, despacio y lento iba transformándolo en un hermoso hilo. Levi la miraba de vez en cuando, adoraba ver la concentración que ponía y lo paciente que era. Un trabajo completamente artesanal.

Luego de unas dos horas, ya siendo oscuro, alumbrados por los haces naranjas de la últimas brasas que quedaban encendidas, entraron en la casa. Pusieron la mesa. La leche para entonces ya estaba hervida, Levi, como cuando niño, se comió la capa de Nata mientras Kuchel negaba con la cabeza. Sirvió dos jarros grandes de barro cocido, pusieron una generosa porción de queso de cabra para cada uno, Kuchel sacó un *salamín, y cortaron en rodajas el delicioso pan que estaba caliente y crujiente. Levi endulzó su leche con algo de miel y finalmente se deleitó con los manjares sobre la mesa. Cerró los ojos, y fue como remontarse a su infancia, en verdad que estar en su pueblo, en su casa, hacía que todas sus heridas sanaran más rápido.

—¿Hasta cuándo te quedas? —preguntó su madre sin dejar de mirarlo con amor.

—Hasta después de los carnavales —su madre abrió sus ojos sorprendida—. ¿No puedo?

—Claro que sí, no seas tonto… Fue duro no tenerte aquí. No por las tareas, las hago más que bien, sino por la soledad.

—Mamá, ya te dije que hagas amistades, debes ir más seguido al pueblo. ¿No pensaste en buscar una pareja?

—Ya tengo —Levi casi se atraganta con la leche—. Tranquilo, mi´jo. Es un buen hombre, aunque algo duro de entender.

—¿Puedo saber quién es?

—¿Recuerdas a don Zoilo Paredes? ¿El que vivía de este costado del cerro y tenía una piara de cabras rechonchas?

—¿Con ese? —dijo Levi haciendo un mal gesto, la verdad que el tipo era algo violento y malhablado, le parecía demasiado tosco para su madre.

—No, no es él. Pero resulta que hace como seis meses vino un primo suyo de la ciudad. Un nombre raro tiene, Shadis, dice que tiene parientes árabes, yo que sé. Es lindo, aunque sin pelos en la cabeza. Pero me agrada.

—Oh, me gustaría conocerlo.

—Ahora se volvió a la ciudad, a vender su casa dice, a traer otras cosas. Me dijo que se quiere casar conmigo. Aun no le di respuesta.

—Espera, espera un poco, ¿en serio? ¿Te vas a casar y no me dijiste nada en todos estos meses?

—Dije que le iba a responder, no acepté todavía. Quiero que lo conozcas, si te cae mal, no lo aceptaré. Primero que nadie estás tú, mi´jo.

—Gracias, mamá. Será un placer conocerlo.

—Ya hablas así todo "bonito", como chico de ciudad. Me gusta eso, necesitas hacerte profesional, para tener una buena vida —Kuchel acarició la mano más cercana de su hijo.

—Tengo una buena vida, aquí, contigo. La ciudad… no es tan linda. Allá… hay personas muy malas, que te mienten, y te lastiman. Yo no entiendo mucho, me cuesta.

—Pero eres fuerte, los Ackerman somos de raíces fuertes, podrás con eso. Pudiste subirte al toro bravo ese cuando tenías ocho, no será más difícil que eso.

—Es cierto. Somos fuertes.

—Y tú eres muy inteligente además. A todos les conté, estaban muy contentos, mi´jo estudia en la ciudad, va a ser profesional, el más inteligente de la familia. Bueno, vamos a guardar los animales, hay puchero con arroz en la olla, se los llevas a los perros, pero a Chirulana le das por aparte o muerde a los otros.

—Ya lo sé, mamá. Vamos.

Ya arropado en su cama, se quedó admirando la luna, que se veía más grande y hermosa que en la ciudad, donde era contaminada por las luces artificiales. Al fin encontraba algo de paz. Cerró los ojos y pudo dormir a gusto.

—X—

Eren bebió la tercera cerveza, tenía el semblante algo decaído.

—Amor, ¿quieres que salgamos? Podemos ir al cine, te invito —dijo Historia con voz angelical.

—Lo siento, hermosa, pero no estoy de ánimos.

—¿Qué sucede? —La pequeña rubia se sentó en su regazo y lo besó sutilmente en los labios—. Sabes que puedes contarme si algo te está afectando.

Eren la abrazó contra su cuerpo y la besó apasionadamente, pero apenas terminó el beso, su semblante se puso peor.

—No te enojes, Historia, pero creo que mejor me voy a casa, no estoy muy bien.

La mujer se puso de pie para dejarlo moverse, pero le dolió un poco que la llamara por su nombre. Ya había escuchado de las actitudes de Eren cuando se cansaba de alguien, y en verdad le gustaba tanto pero tanto, que no estaba preparada para que la dejara tan rápido. Todo iba tan bien, ¿qué había pasado?

Lo despidió en la puerta de su casa y el joven abordó su auto. Manejó un rato, fumando y pensando, tratando de exorcizar esos pensamientos que lo contaminaban todo el tiempo. Aparcó en la plaza y caminó un poco para al fin sentarse al borde del pequeño lago artificial, donde algunos patos nadaban tranquilos. Prendió otro cigarro.

Los recuerdos se reproducían una y otra vez. Levi sonriendo como sólo lo hacía con él, diciéndole te amo, sonrojado y sudoroso después de tener sexo. Suspiró molesto y tomó su celular. Intentó llamarlo por quincuagésima vez sin resultados. Le escribió a Connie para invitarlo a beber un poco. Aceptó de inmediato. Necesita distraerse.

Se fueron a un bar nocturno y mientras bebían de su cerveza recreaban la vista con las hermosas mujeres que asistían al lugar.

—Uy, uy, uy, mira esa morocha hermosa. Me derrito, amigo —comentó Connie con una sonrisa boba.

—Ah, sí. ¿Y Sasha?

—Ah, hermano, me la pone difícil, dijo que tiene "que pensarlo". Me rompe el corazón.

—Mmm…

—¿Qué sucede contigo? Estás todo *bajoneado amigo, ¿dónde quedó tu alegría constante? —Eren levantó los hombros por toda respuesta—. ¿Será que extrañas a Levi, eh?

—Cállate, idiota.

—No hace falta que lo ocultes, ¿sabes? A mí no me molesta, además si quieres mi opinión, hacen linda pareja. Aunque lo que le hiciste la última vez… uufff, será difícil remontar eso.

—¿Qué sabes tú?

—Todos lo sabemos, Eren. Levi estaba esperando que al fin tú aceptaras públicamente que salían, y al final, ¡pum! Fuiste y te *comiste a Historia. Por cierto, ten cuidado con Ymir hermano, te la ganaste de enemiga, te compadezco.

—Levi desapareció de la faz de la tierra, no tengo forma de hablar con él —aceptó al fin derrotado.

—Ah, pero, ¿no sabías? Se volvió a su pueblo natal. Hace como dos semanas —Eren lo miró sorprendido—. Pensé que sabías. Es de Cachi, creo. Se va a quedar ahí hasta que empiecen las cursadas, o algo así dijo Han.

—¿Qué, hasta que empiecen las clases? ¡Son tres meses!

—Bueno, si tanto te interesa, tal vez deberías terminar con Historia e ir a buscarlo.

—Absurdo —dijo apoyándose en el respaldo de la silla y cruzándose de brazos.

—Sí, mejor no vayas, si yo fuera Levi te sacaría a las patadas —acotó Connie y luego lanzó una risotada—. Eres un pinche hijo de la chingada.

Eren sonrió pero no dijo más nada, procedió a beber y cambiar de tema. Aunque era imposible disfrutar la vista, porque su mente volvía una y otra vez a Levi. ¿Tan evidente había sido?

—X—

El joven estaba alimentando las gallinas cuando sintió que frenaban frente a su casa. Le llamó la atención que un auto se apareciera por allí, considerando que el tránsito era de escaso a nulo.

Sacudió sus manos y se acercó sintiendo ruidos de los ladridos de los perros y de la voz de su madre. Cuando llegó hasta la entrada, se quedó estupefacto.

—Levi, este joven te busca, ¿es tu amigo?

El joven tomó aire y tratando de controlar sus emociones se acercó a paso tranquilo.

—Hola, Eren, que sorpresa.

El muchacho sonriendo se acercó y lo abrazó con efusividad, mientras el otro intentaba salir de entre sus brazos.

—Mamá, éste es Eren, compañero de la facultad. Eren, mi madre.

—Mucho gusto, señorito —dijo Kuchel extendiendo su mano educadamente.

—¡Wow! Pero qué hermosa es usted, Levi eres igual, parecen hermanos.

El de cabellos negros le dedicó una feroz mirada.

—No sabía que vendrías, ni siquiera te dije donde vivía, ¿cómo lo supiste?

—Bueno, no es un pueblo muy grande. Parece que todos conocen a tu madre aquí, el prodigio que teje telares magníficos —la mujer sonrió complacida—. Así que la gente me indicó como llegar. Uuufff, fue una jodida travesía. Y el camino a este pueblo, joder, tuve que pararme tres veces a vomitar. Y los precipicios al costado del cerro, ¡Dios! Esto es extremo, hace mucho no sentía tanta adrenalina. La próxima vendré en el bus.

Levi refunfuñó para sus adentros: "No habrá una segunda vez".

—¿Y qué te trajo hasta aquí? —Preguntó Levi con seriedad.

—Hijo, tu amigo debe estar muy cansado de manejar tantas horas, además se *apunó por la altura, déjalo pasar a que se reponga —reprendió suavemente su en madre—. Pasa Eren, ¿quieres beber algo?

—Oh, sí, por favor, muero de sed, gracias, estoy verdad cansado.

Levi entró por detrás sin decir nada. Se encargó de servir agua fresca para los tres y se sentó en la mesa.

—¡Ah, pero que bonita casa tiene! —halagó Eren mirando alrededor muy interesado—. ¡Qué rústica! Nunca había entrado a una casa de adobe antes, es genial.

—Gracias, señorito. ¿Usted también estudia con Levi en la universidad?

—Sí, la misma carrera. Lamento haber venido sin avisar apropiadamente, pero no se preocupen buscaré hospedaje en un hostal del pueblo que me recomendaron. Me alegra haber encontrado a Levi —comentó sonriendo.

—Señorito, no tiene por qué gastar dinero, si es amigo de mi hijo, permítame recibirlo con gusto en mi casa, es humilde, pero tendrá sus comodidades cubiertas. Aquí en nuestro pueblo es una tradición recibir a los amigos en nuestras propias casas, sería un honor que aceptara.

—¿De verdad? Oh, estoy muy, muy agradecido, Kumel.

—Es Kuchel —corrigió Levi mirándolo serio—. Pero no creo que sea necesario, mamá, porque de todas maneras Eren seguro debe marcharse pronto, mañana creo que sería ideal.

—Bueno en realidad… tenía ganas de conocer el lugar, pensaba quedarme dos o tres semanas. Pensé que tal vez tu podrías… no sé, guiarme, mostrarme. Todo lo que vi hasta ahora me ha dejado sin habla. Me gusta mucho, aquí.

—Quédese el tiempo que necesite, señorito. Levi, arregla el cuarto de invitados para Eren por favor. Cambia las sábanas y déjale espacio en el ropero.

—Sí, mamá, lo haré. Vamos, Eren.

—Permiso —acotó el otro, haciéndole un saludo con la cabeza a Kuchel.

La mujer bebió un trago de agua y se quedó pensando en la reacción adusta de su hijo.

—Aquí está la habitación, al frente tienes el baño, tienes que tirar agua en el retrete, se llena con un balde en la regadera —explicó mientras sacaba sábanas blancas de un armario y comenzaba a alistar la cama.

Eren miraba todo alrededor muy sorprendido. Los adornos, los pompones en los picaportes, los cuadros, las cortinas hechas a mano con hilo de lana tejido, el olor del campo en todas partes. Estaba en verdad muy a gusto.

—Levi… lamento haber venido así, pero te escribí mensajes, te llamé muchas veces. Yo entiendo, entiendo que estás enojado, ¿ok? Y… y… tal vez tienes razón en estar enojado, pero solo quisiera charlar contigo u-

—No. No quiero escucharte más. Ya dijiste suficiente. Cualquier cosa que digas no cambiará nuestra situación. Esto es así.

—Quiero pedirte disculpas —Levi lo miró esta vez, pero con desconfianza. Eren parecía nervioso—. Todo eso que te dije antes… fui un imbécil.

El muchacho se refregaba las manos, y tenía la mirada gacha. Ahora que prestaba atención pudo ver profundas ojeras bajo sus preciosos ojos color esmeralda, y una mueca de preocupación.

—Quiero que me escuches, no te pediré ni una respuesta, ni otra oportunidad, ni nada. Sólo te pido que me escuches o voy a morir de la angustia.

Levi suspiró. Se sentó en la cama cruzando una pierna y Eren se sentó al lado a una distancia prudente.

—Habla –le pidió.

—Yo sé lo que soy… sé cómo soy… Nunca quise —se detuvo un momento para carraspear y continuar—, nunca quise aferrarme a nadie, es decir… siempre tuve miedo de… aferrarme. Antes de estar contigo, estuve con un chico hace un par de años, Franco. Me gustaba mucho y… bueno, no te voy a aburrir con los detalles. Simplemente se fue de mi vida, dejándome un vacío muy, muy grande y luego, bueno… No creí que me volvería a pasar… digo… traté en verdad de restarle importancia a nuestra relación, quería sacarte de mi cabeza… y mi corazón. No tienes idea lo mucho, muchísimo que me arrepiento… desde que te fuiste corriendo ese día yo… me siento muy mal, ni siquiera puedo dormir adecuadamente. Tú no merecías que yo te tratara así, lo sé. También sé que me aproveché de tus sentimientos. Sé que sonará horrible pero nunca me importaron los sentimientos de los demás… hasta que vi lo mucho que te había lastimado. No puedo sacar esa imagen de mi cabeza.

Levi giró su cabeza y Eren escondió su rostro entre sus manos, completamente rojo.

—Bueno, no te mortifiques, estoy bien. Es bueno que sientas remordimientos.

—Lo sé, lo merezco. Quería verte, no pude aguantarme las ganas —admitió mirando al vacío con el semblante muy triste—, por eso vine. Escucha Levi, si aunque más no fuera pudiéramos ser amigos —el joven se giró—, está bien, yo lo acepto, juro que no pediré más nada. No, no te obligaré a nada. Pero no quiero que… me saques de tu vida… ¿por favor?

Levi se le quedó mirando largo rato, analizando sus reacciones, sus expresiones, el tono de su voz, y pensó un buen rato, luego se giró un poco para quedar de frente al otro.

—¿Qué es lo que en verdad quieres decirme, Eren? Si tú… eres honesto conmigo… tal vez yo considere… que podríamos ser amigos, quien sabe.

—¿No te enojarás si te lo digo?

—Ya te lo dije, sé honesto.

—Bien… Yo vine hasta aquí, manejando más de seis horas, descompuesto por la altura, desesperado, porque me di cuenta que… Me enamoré de ti. Eso.

Levi no pudo evitar sentir un brinco en el pecho al oír eso, sin embargo debía ser mucho más inteligente esta vez. Ambos se quedaron en silencio un buen rato, hasta que habló Levi.

—¿En verdad te vas a quedar aquí? La señal de 4G es malísima, los celulares se conectan y se desconectan a cada rato, está lleno de animales, y más que nada… de un fuerte olor a campo.

Eren tragó en seco y bajó la mirada, visiblemente avergonzado.

—Sí, bueno… a mí no me molesta. Me gusta mucho el campo en realidad. Mis abuelos tenían finca, mi madre solía… dejarme con ellos largas temporadas. Ellos eran buenos conmigo, me trae buenos recuerdos. Lo siento. Sé que dije, cosas imperdonables.

—Te diré qué, Eren, hagamos una tregua y tratemos de llevarnos bien, sobre todo delante de mi madre, no quiero que se preocupe por nada. Pero si te quedas en mi casa, desde mañana me ayudarás con todas las tareas, incluso reparar el granero que tiene el techo roto. ¿Aceptas?

—Sí, sí, claro que sí. ¿Me mostrarás la zona también?

—Sí, por supuesto, aunque dudo que aguantes más de dos días, conociéndote, mimado como eres.

—No me conoces tanto, si algo me gusta estoy dispuesto a afrontar cualquier prueba.

—¿Ah, sí? Lo veremos. Bueno, recuéstate un rato, te preparé un té y tragarás un diente de ajo, eso te ayudará con los problemas de la altura en esta zona.

—Levi —dijo deteniéndolo del brazo antes de que saliera de la habitación—. Gracias.

—No hay problema, para eso estamos los amigos.

Levi esa noche casi no durmió, estuvo absorto en sus pensamientos por varias horas. Hasta que finalmente unos minutos antes de que cantara el gallo, tomó una determinación. No se lo cuestionaría más, simplemente la llevaría a cabo.

A Eren le costó madrugar. Luego de un suculento desayuno, fue a ayudar a Levi a cortar troncos de madera. El más bajo dejó que renegara y se desgañitara, largando de vez en cuando algún insulto mientras se le astillaban las manos. El de oscuros cabellos se rió bastante mientras recogía verduras en el huerto, hasta que chocó con la mirada de su madre.

—No es gracioso, Levi, ve y enséñale.

—Déjalo, mamá, él quería aprender.

—¡Levi!

—Ya voy, ya voy.

Se acercó, Eren se refregaba las manos, estaba algo rojo y transpirado por el esfuerzo.

—Joder, esta madera es muy dura.

—Es Quebracho, pero el problema no es la madera, es la técnica. No tienes técnica alguna. Córrete un poco, te voy a explicar. Debes tomar el hacha así, no cerca del filo, sino cerca de la punta, ¿ves? Si pones tu pie adelante, el balanceo de tu cuerpo ayudará al envión y la fuerza que aplicarás, así, ¿lo ves? —Eren trató de imitar la postura de Levi—. Eso es, y ahora, levantas la mano así y…

¡ZAK! La madera se cortó en dos perfectas mitades.

—¡Wow! Eso fue impresionante.

—Inténtalo, es cuestión de practicar, no emplees fuerza bruta, te va a quedar doliendo el cuerpo, es técnica, técnica.

Levi se quedó un poco más y le explicó, mientras no podía contener la risa ante la brutalidad de Eren. Al fin el más grandote también se relajó y se unió a su risa. Luego lo acompaño al corral, donde Levi lo dejó encerrado un rato, escuchando como las gallinas lo picoteaban y le cagaban encima. Estaba que se moría de risa, mientras el otro gritaba adentro.

—Levi —dijo su madre acercándose—. Tú no eres así.

—Lo siento, mamá, pero admite que es gracioso.

—No, no lo es, ya déjalo salir. No me gusta que te comportes así —El joven se enserió un poco.

—Tienes razón, lo siento.

Pero apenas salió Eren, lleno de plumas y excremento gallináceo, asustado y a punto de vomitar, tanto madre como hijo se comenzaron a reír como locos. Después que Eren dio las primeras bocanadas y pudo calmarse un poco, se unió a las risas.

—Esto no es fácil, no lo es —dijo Eren mirando su ropa arruinada.

—Ven, hijo, te preparé la tina para que te bañes.

—Gracias, Kuchel.

—Levi termina de recoger los huevos, hoy haré torrejas de verduras con ellos.

—De acuerdo.

Esa noche, con un Eren reluciente de limpio, se apostaron a comer las torrejas. En un principio al de ojos verdes le dio asco, porque no le gustaban demasiado las verduras, pero luego de los primeros bocados, repitió dos veces su plato.

—Comes mucho, debe ser por eso que eres tan grande —dijo Kuchel.

—Ah, sí, tengo buen apetito.

—Levi, deberías llevar a tu amigo al mirador, hoy el cielo está despejado, le va a gustar. Pueden ir en su auto.

—Sí, sí, quiero conocer.

—De acuerdo, pero lleva abrigo, es bastante frío allá.

—Les haré café para que lleven en el termo —dijo la mujer poniéndose de pie.

Lavaron la vajilla y partieron. El camino era de tierra, en un paraje desolado. Solo los ruidos de la noche se escuchaban y aparte de las ópticas del auto, la luz de la luna era lo único que se podía apreciar en esa inmensidad. Eren puso algo de música country en su reproductor y en poco más de una hora llegaron a un lugar muy alto. Corría un leve viento helado.

Levi puso una manta en el piso y se sentaron allí. Le alcanzó un poco de café caliente a Eren.

—Ahora, acuéstate, Eren y observa el firmamento.

El joven obedeció.

—¡Wow!

Durante al menos diez minutos, ninguno dijo nada. Se quedaron absortos contemplando el cielo más estrellado y brillante que se pudiera ver en el mundo entero. Lejos de la ciudad, sin ninguna luz artificial que interfiriera, era un espectáculo tan sobrecogedor y hermoso, que no había palabra que pudiera describir ese sentimiento. Eren estaba completamente azorado. Era como haberse internado en una cápsula espacial y estar flotando en la inmensidad. Pronto sus ojos se acostumbraron a la escasa luz, y se sentó para ver parte del valle siendo regado por la blanquecina luz lunar, parecía como un manto de bruma moviéndose al compás del viento, que bailaba sobre las praderas enrollando la punta de los maizales y despeinando las estepas cubiertas de verde grana. Eren arrastró sus ojos por todas partes hasta terminar en la figura de Levi. Es como si el joven a su lado pudiera resplandecer ante esa belleza sin igual. Su corazón se aceleró.

—¿Y bien? ¿Te gusta? —consultó el más bajo, la taza de café humeando entre sus dedos.

—Es bellísimo. Levi… espero no te molestes por lo que voy a decirte, pero… te amo…

El de ojos grises lo miró largamente y supo que el momento había llegado al fin. Dejó la taza a un costado y se acercó hasta que sus narices chocaron, el pecho de Eren a punto de estallar.

—Tal vez… merezcas una segunda oportunidad después de todo. ¿Puedes repetirlo, por favor?

—Te amo, Levi, te amo con todo mi corazón.

El otro sonrió triunfal.

—Está bien, vamos a probar que tan verdadero es tu amor, Eren.

Y luego unió sus labios cálidamente, envolviendo sus brazos alrededor del moreno cuello, atrayéndolo en un abrazo estrecho y lleno de sentimientos…

.

By Luna de Acero… sonriendo pícaramente…


GLOSARIO:

*Adobe: Material rústico de barro, paja y otros, que se moldea en forma de bloques grandes, hace que las construcciones mantengan más el calor en inverno y sean frescas en verano.

*Salamín: Embutido tipo fiambre de color rojo que es bastante sabroso y tiene forma de chorizo.

*Bajoneado: Que está deprimido, triste.

*comiste: se refiere a haber estado con Historia, haber tenido relaciones con ella