Bueno, primero que nada quiero agradecer su buena onda y sus reviews. Espero que el siguiente capítulo sea de agrado, prometo que tratará de no ser tan denso. Sin más que decir, que comience la historia.

Capítulo 2: Esa misteriosa chica

Fácil es buscar…

Fácil no encontrar…

Héroes del silencio – Flor de loto

Jake Morrison rezongó largo y tendido los primeros días que tuvo a Sunset Shimmer como ayudante de encargado de limpieza. Ése fue el castigo que le impartieron por la locura que había llevado a cabo en el baile de otoño. A Morrison le pareció un castigo insuficiente para Shimmer, o bien los miembros del consejo no tenían ni la más pálida idea de por qué la estaban castigando realmente, más que por destruir la entrada a la escuela, lo que requeriría una inversión descomunal para el bolsillo de una secundaria que tenía otras cosas mejores en las que invertir. Yendo al problema que aquejaba al joven Jake, en pocas palabras, podía decirse que Sunset Shimmer era un desastre para limpiar, en comparación con la prolijidad de Morrison. No era que Morrison fuera un histérico de la limpieza, después de todo, él también había tenido que aprender a los tropezones cuando había tomado el trabajo, y si había limpiado algo mal, en la cocina, por ejemplo, la cocinera Granny Smith se lo hacía saber, con cálidos y efusivos regaños. De lo que Morrison no se daba cuenta, era de que estaba desquitándose con Shimmer por lo mismo que había pasado cuando recién empezaba a trabajar en la secundaria de Canterlot High.

Para Morrison, todos olían a mierda en esa escuela, por poco sutil que sonara esta expresión. Era lo que pensaba, honestamente. Y ustedes podrán creer, lógicamente, que era a Shimmer a quien menos soportaba, pero increíblemente, ese par de peleles de Snips y Snails le ganaban el primer puesto. Sunset estaba más bien en el tercer puesto de su ranking de los estudiantes más fastidiosos, porque la medalla de plata se la llevaba Trixie. Las veces que Morrison estuvo a punto de perder el autocontrol para correr a estrangularla, retorciéndole el cuello como a una gallina, se contaban de a decenas. Entonces, recordaba que su reputación y su trabajo eran más importantes, y se quedaba en el molde. La tentación de jugarle una mala pasada siempre permanecía, no obstante. Un descuidado charquito de agua jabonosa bastaba para alegrarle un poco el día, a pesar de que Trixie se volviera todavía más insufrible.

La opinión que merecía Sunset Shimmer por parte de Morrison era simple: hacía lo que hacía por su constante necesidad de valoración. Para Morrison, a esta chica le faltaba aprender un poco más a creer que podía ser mejor, porque de un día para otro, el pedestal que había construido se caería a pedazos y entonces todos la verían como era: como una ameba más en todo este pañuelo llenos de mocos que es el mundo. Y eso, de hecho, pasó, aunque de una forma más extraña e inesperada. Cuando Morrison creía que Sunset se hundiría sola, sin ayuda de nadie, ni siquiera de sus lamebotas, aparece de la nada una chica rara llamada Twilight Sparkle, por lo que pudo escuchar en las conversaciones de patio.

Todo el espectáculo que armó en tres días esta loca de cabello púrpura, no se comparaba con los que le habían llevado a Shimmer para tejer su red de araña. Morrison observó con ojos asombrados toda la revolución provocada, y pensó en lo que Demetrium se estaba perdiendo por haber salido de licencia. El profesor volvería pronto, sí, pero para ese entonces ya no habría rastro de la misteriosa chica. A Morrison se le hacía muy conocida, sin embargo. Sentía haber escuchado su nombre en alguna parte, haberla visto ya en otro lugar. Eso provocó una obsesión malsana en él, hasta el punto de ir siguiéndola sigilosamente. Por ser un empleado de limpieza, Morrison era prácticamente invisible en la secundaria Canterlot. Casi nadie lo notaba andar pululando por los pasillos, a menos que justamente un par de idiotas distraídos se tropezaran con el balde lleno de agua o se les ocurriera la ridícula idea de transformar al trapeador en un rapero, lo que generalmente hacía reír a Morrison cuando se le pasaba la rabieta del momento. Él no iba a dejarles saber que sus estupideces le resultaban graciosas. En algunas ocasiones, mientras descansaba en el patio después de embolsar las hojas del otoño, alguna que otra chica le guiñaba un ojo, o sin querer queriendo llegaba una pelota de fútbol desde el aire, despertándolo de una corta y merecida siesta.

Como pudo, porque le quedaba algo de raciocinio como para no descuidar sus tareas por estar acosando a la chica nueva, se dedicó a observar y a escuchar. Al principio no supo qué pensar del comportamiento de la tipa ésta, es decir, bueno, todos actúan un poco raro cuando entran a una nueva escuela, ya sea por la timidez o quién sabe. Morrison no había alcanzado a verla salir de la base de la estatua de la entrada, como si la hubiera atravesado, pero sí notó como que había salido de la nada. No sabía si reír o arrugar la nariz ante la patética vista de la muchacha, corriendo en cuatro patas hacia la entrada, y con el perro subido al lomo. ¿Acaso tenía un problema mental? Luego se paró, y como si no fuera suficiente tontería lo que acababa de hacer, se estampilló contra el vidrio de la entrada. A Morrison se le escapó una risita. Definitivamente no sabía qué pensar, y no entendía si la chica se había equivocado de escuela o si todo esto era un mal chiste.

Sería un poco denso referirse a lo acontecido esos tres días, puesto que ustedes ya saben qué pasó entre Twilight y Shimmer. Pero a Morrison se le ocurrió ir escribiendo una pequeña crónica de eso, siguiendo como podía el curso de los acontecimientos, aunque no alcanzaba a explicarse qué diablos estaba pasando con todos. Cuando lo mandaron a limpiar el salón donde se haría el baile, por ejemplo, y se enteró por chismes que fue la chica púrpura quien lo había destrozado, casi se le cayó la mandíbula al entornar la puerta y descubrir que todos los cuates y chibas de la secundaria, estaban ayudando a esa tal Twilight y a sus cinco nuevas amigas a reparar todos los destrozos, incluso después del vídeo que había circulado sobre ella. Otra gran incógnita: ¿para qué diablos Sunset Shimmer estaba tan enfrascada en hacerla quedar mal, a pesar de las ya de por sí pocas probabilidades que tenía su oponente de ganar la corona de la princesa del baile de otoño? Porque vamos, ese aparato, ¿princesa del baile de otoño? ¿En serio? ¿Hacía falta más taradez? Morrison meneaba la cabeza. Quería desentenderse de ese estúpido asunto, no era algo que incumbiera al encargado de limpieza, al fin y al cabo. Pero no podía. Asquerosa curiosidad.

Vergüenza ajena sentía por Sentry. ¿Qué le había picado a ese muchacho como para tener tanto interés en la tal Twilight? Flash Sentry era, de los deportistas, al que Morrison le guardaba una cucharadita de respeto. No le sorprendió el noviazgo con la pelos de fuego, Morrison se lo había olido a metros de distancia. Sí, el juicio de Morrison por las cosas en general era más fuerte que el jugo de limón mezclado con picante, pero no podemos pretender que todos piensen de igual forma en la vida.

Para concluir con sus observaciones, y ver cuál era el resultado final de todo, a ver quién era coronada princesa, aunque Morrison dudaba de si no acababa saliendo la misma, la noche del baile iba a hacerse presente en la secundaria. Pero al final, después de cenar y darse un baño, Morrison estaba muy molido como para tener ganas de ir a un lugar en el que de todas formas no era bienvenido, y en el que ciertamente llamaría la atención. Además, por más fuerte que fuera el deseo de averiguar qué pasaba con Twilight, se dijo que para qué esforzarse tanto, sin contaba con las lenguas vivas de los estudiantes para enterarse de todo cuanto quisiera. Su departamento no se hallaba muy lejos de la secundaria Canterlot High, por eso, cuando se levantó para ir al baño y vio el arcoirís desde el balcón de su cuarto, al que había salido para tomar un poco de fresco, (por más que estuvieran en otoño), lanzó al aire la frase soez más alta que había dicho en toda su vida, al parecer del impacto por lo que había visto. Venía de Canterlot High, eso seguro, y a Morrison le costaba creer que fueran simples fuegos artificiales.

Y grande fue su sorpresa al toparse con un cráter a la entrada de la escuela, y un grupo de albañiles preparándose para trabajar tapando el enorme hoyo.

¡Por los hoyos de los géiseres! ¿A qué rayos estaban jugando esas dos? – gritó sorprendido, sin temor a que lo escucharan. Morrison presentía que eso tenía que ver con la desconocida y Sunset Shimmer, pero él se imaginaba que se agarrarían de los pelos o, lo máximo, se darían de martillazos en la cara, pero parecía que alguna de las dos quería pelear la guerra en serio. Entonces vio un perfil oscuro y conocido, recortándose en la imagen que acababa de contemplar, y supo que el profesor Demetrium se habría enterado de algo para volver tan pronto. Había dejado de contemplar el hoyo para centrarse en la base de la estatua, cosa totalmente inusual. ¿Qué podía haber ahí como para que capturara la atención de Demetrium? Para Morrison, lo más probable que se podría hallar eran chicles pegados o graffitis pésimos.

No esperaba esta clase de cambios al volver. – comentó fríamente Demetrium - ¿Tienes alguna idea de lo que pueda haber pasado aquí? – le preguntó cuando Morrison se acercó a saludarlo. El profesor Demetrium era el único docente con el que Morrison simpatizaba más, aunque cualquier otro miembro de la comunidad escolar habría hecho mejores migas con el entrenador Shining Armor, o la profesora Cadenza.

No sé – respondió Morrison luego de estrecharle la mano – pero parece que explotó una bomba aquí.

¿No estuviste en el baile del sábado? – esa pregunta, viniendo de Demetrium, dejaba descolocado a Morrison, que por toda respuesta se limitó a hacer una mueca como diciendo "Ni me va ni me viene. No fui". Y el profesor lo comprendía perfectamente.

Hagamos una pausa para centrarnos en Demetrium. Era un hombre alto, cabellos negros peinados pulcramente, dos mechones rebeldes bailando en la amplia frente, cejas largas y gruesas, dos ojos fríos y calculadores bajo ellas (uno azul y otro verde, llamativo, ¿no?), patillas recortadas que bajaban hasta el mentón para unirse en una prolija chiva. Tenía un rostro duro, y un porte solemne, tanto que Morrison pensaba que debería invertir papeles con la directora Celestia y la subdirectora Luna, pues tenía más aspecto de director que de profesor. Imaginaba que sería el director de escuela más respetado de todo el distrito. Como profesor, había hecho leyenda desde sus inicios, por su seriedad, transparencia, y sobre todo, por su resistencia a la inmadurez de los estudiantes. Ustedes saben bien a qué me refiero. Morrison había escuchado historias de los de último año, que habían asistido a las primeras clases de Demetrium, historias de incontables bromas fallidas, y del temor que comenzaba a inspirar dicho profesor. También se hizo conocido por dos cosas: su sabiduría, pues era un sujeto con el que se podían mantener largas conversaciones sobre cualquier rama del saber, y su reserva, porque nada se sabía de su vida fuera de la secundaria de Canterlot. Llevaba extraños anillos en los dedos, uno de plata con inscripciones raras en el cuarto dedo de la mano derecha, y otro de oro con una joya incrustada en el índice de la mano izquierda. Dos manos de largos dedos, que en ocasiones mostraban maestría en el piano. Morrison lo había sorprendido tocando una complicadísima sinfonía en el piano de la sala de música.

Morrison podía hablar cara a cara con Demetrium, era un muchacho que no llegaba a los treinta años, y era alto y flaco, Demetrium apenas lo pasaba por menos de media cabeza, con la diferencia de que era más robusto, por no mencionar que sus hombros eran casi del ancho de una puerta. Morrison recordaba con asombro el día que había levantado del cuello a Bulk Bíceps, un joven más petiso pero hecho de pura masa muscular, del cuello, manteniéndolo por lo menos a veinte centímetros del piso, como recurso para separarlo de una pelea. Por lo demás, los estudiantes de Canterlot High eran cubiertos por la sombra de Demetrium, y eso es bastante decir.

¿Cómo estuvieron sus vacaciones? – preguntó el encargado de limpieza - ¿Pudo relajarse y tomar un respiro?

Sí, ha sido muy grato. Gracias – las respuestas escuetas abundaban en Demetrium, pero Morrison se figuró que venía con la cabeza en otra nebulosa, por eso se despidió amablemente y se dirigió a ocupar su puesto de trabajo. Demetrium, por su parte, rodeó el cráter para entrar a la escuela.

Una cosa que sorprendió mucho a Morrison, fue cuando Demetrium le señaló que fuera más amable con Shimmer, y que de paso le sacara conversación. Para ese entonces, ya le habían encajado el plomo de la pelifuego, y Morrison todavía no hacía oficiales sus quejas. Algo sabía o sospechaba el profesor sobre Shimmer, qué era, Jake no lo sabía. Pero la idea no le pareció mala, porque entonces se dio cuenta del cambio de la chica y de lo mal que la había estado tratando. Pensaba que se lo merecía, pero ya dudaba. No le había comentado nada todavía de la desconocida de pelo púrpura y su feo perro parlante. Porque hay que admitirlo, ese perro era un adefesio mutante que sólo podía ser sacado de la imaginación más retorcida. No hasta que Demetrium se lo preguntara. Morrison había aprendido, entre las tantas cosas que había aprendido de tan célebre profesor, que algunas cosas le interesaban más cuándo él preguntaba por ellas, y no cuando se las mostraban así nomás. Jake estaba seguro de que preguntaría, no sabía cuándo, pero sabía que sería pronto.

Además, algo que le gustaba a Morrison eran los desafíos. Si podía tomarse como desafío el hecho de bajar los humos y ser amable y cordial con la primera chica que estaba cerca suyo y se daba cuenta de que existía, aunque no por voluntad propia. Por otro lado, tener alguien que le hiciera compañía y con quien pudiera conversar en los ratos libres resultaba agradable y era una oportunidad para dejar fluir un poco los sentimientos. Ojo, a Morrison no le interesaba la pelifuego más que como amiga, después se daría cuenta de muchas cosas, pero eso tomaría tiempo. Si hablamos de alguien que a Morrison le gustaba, piensen en una muchacha tímida de cabello rosa y piel del color del sol. A veces, Morrison sentía impotencia al ver cómo la pasaban por arriba, y ella no se defendía. Había visto cómo la trató Sunset por haber hallado la corona para la princesa del baile de otoño, y esa era una de otras tantas razones para darle el trato que le daba.

Luego de la charla sobre el tema con Demetrium, Morrison se puso manos a la obra. Descubrió, por ejemplo, que si le enseñaba con más dedicación las tareas, sin tanto ladrar y con un poco más de consideración, aunque Morrison creía que todas las chicas debían saber limpiar, por lo menos mejor que los chicos, (tuvo otros ayudantes de limpieza, mucho más desastrosos), Shimmer mejoraba cada vez. Así que de a poco, encargado y ayudante aprendieron a sincronizarse y comunicarse mejor en el desempeño de sus actividades.

Y había que reconocer, que toda la información que Morrison obtuvo para completar los espacios en blanco sobre Twilight Sparkle, valía más que su departamento, con muebles y todo, hasta la motocicleta de la que Jake era orgullosamente dueño. A continuación, una reproducción casi exacta de la conversación que compartieron una tarde luego de trabajar.

Dejar en condiciones el campo de fútbol para el partido del domingo les llevó toda una tarde de sábado. Mientras el sol caía lentamente sobre el colchón rojizo del horizonte, Morrison y Shimmer se sentaron en el mullido césped para descansar los maltratados esqueletos. Los mamelucos de trabajo apestaban a sudor más que a nada, y estaban sucios hasta las orejas. Morrison estaba tendido cual largo era, y suspiraba por el alivio que sentía en toda la espalda, porque después de tantas horas doblado, creía que nunca se iba a enderezar completamente. Shimmer buscó unas gaseosas en la conservadora, y se sentó con las piernas cruzadas cerca del desvalido compañero.

¿Un refresco? – le ofreció mientras abría el de ella.

Sí, por favor, ábrelo y me lo dejas en el buche. Tengo más sed que un beduino perdido en el desierto sin cantimplora.

Shimmer puso cara de desagrado, y le lanzó la bebida a la cara sin abrir. Le cayó en el pecho, sobresaltando al muchacho del enmarañado cabello color café, siempre despeinado, que según la opinión de muchos parecía un nido quemado de buitres.

Uffa, ¿todo tengo que hacerlo yo? – se quejó Morrison. Acto seguido, levantó la tapa de la botella, e intentó beber sin levantarse. El líquido se le escurrió por la barbilla, mojándole la chiva (que parecía una muestra enmarañado del pelo de la cabeza pegada al mentón), y también por la nariz y las mejillas, obligándolo a levantarse.

Sin poder evitarlo, Shimmer se echó a reír, mientras Morrison se limpiaba la cara. Luego dio un trago largo a su botella, olvidándose de beber pausado, por lo que el gas, al salir por su garganta, provocó que diera un sonoro eructo, y entonces fue el turno de Jake para reír. Ella simplemente frunció el ceño, demasiado cansada como para replicar algo. Siguió hidratándose pacíficamente mientras a Morrison le daba un ataque de tos, no por la risa en sí, sino porque casi de ahoga con la propia risa al colársele una gota de saliva en la laringe. Entonces, Shimmer le dio unas palmaditas en la espalda, como si de un bebé atragantado se tratara. Morrison le dio las gracias, para sorpresa de la pelifuego.

Ahh… - suspiró Morrison – Creo que esto de tener ayudante está bueno después de todo.

Hmmm – fue la respuesta de Shimmer.

Oye, Shimmer.

¿Qué? – preguntó Sunset, con un tono de voz denotaba su fatiga.

Supongo que te juzgué muy pronto. Es fácil tratar mal a los demás cuando uno no la ha pasado bien.

¿Qué quieres decir?

Mira, no te voy a mentir: nunca me pareciste gran cosa hasta que se me ocurrió preguntarme por qué eras así.

Hmm, ¿y qué hay con eso? Yo siempre fui como fui, y si tomé caminos errados, tendré que cargar con la cosa. Todavía no sé por qué sigo viniendo a esta escuela, supongo que porque me toca buscar el camino de la redención.

No te ofendas, pero no suenas muy convencida de lo que estás diciendo.

Es fácil decir las cosas, pero no es fácil hacerlas. Ahora, Twilgiht ha vuelto a su mundo con honores, y yo me quedo aquí, ¿para qué? Para vivir y cargar con la culpa de todo. Para que todos me miren con cara de asco, y nadie quiera darme la hora. No sabes lo difícil que es aparecer todos los días en un lugar en el que nadie está dispuesto a cederte un lugar por culpa de un error que cometiste.

Bueno, yo una vez en primaria le recordé a la maestra que teníamos tarea para corregir. ¿Y sabes qué? La mitad de la clase más uno me miraron con los ojos llenos de odio.

Shimmer sonrió.

¿Y a qué clase de tonto se le ocurriría hacer eso?

Neee, era un niño entonces. Y como nunca, la tarde anterior me había sentado específicamente a hacer la tarea, porque llovía y estaba más aburrido que un clavo. ¿Yo qué iba a saber que los demás eran un manojo de burros flojos?

Sí, pero de todas formas no es lo mismo que robarle la corona a una princesa para convertir a todos en zombis y atacar todo un reino, para acabar siendo humillada y derrotada, provocando que se formara un cráter delante de la escuela. Por una vez que todos se enojen contigo por eso de la tarea, no significa que toda su vida recuerden lo que hiciste, porque tendrán otras cosas en su vida de las que ocuparse.

Entonces, hay que yo quiero saber. ¿De dónde mierda salió esa chica?

¿Quién? ¿Twilight?

Esa misma. Por lo que yo pude ver y oír, la odiabas a muerte. ¿Qué fue lo que te hizo? Porque Flash no era tu novio cuando se enamoró de ella, así que supongo que debe ser algo de mucho tiempo atrás. ¿Te robó una idea genial y se benefició con eso? ¿Te cortó el pelo y te lo dejó hecho una ruina…?

No, no, nada de eso. Y yo… en realidad no la odio. Solo… le tenía envidia. Ella no es culpable realmente de nada que me haya pasado a mí.

¿Y entonces qué?

Es… complicado de explicar.

Vamos, pasaron tantas cosas fuera de lo común en tan pocos días, que no me costaría creer nada de lo que me dijeran ahora.

¿En serio?

Mira, me estuve preguntando por qué ya no la veo por aquí. Escuché que es de otro mundo, gobernado por… ponis o algo así, y que es una princesa allá. Y todos dicen lo mismo. A menos que haya algún problema en el agua de las cañerías o algo por el estilo, debo pensar que todos dicen la verdad. Además, vi el remolino de colores desde mi casa. Así que, adelante, Shimmer, no me des más rodeos, y desembucha.

A Sunset le pareció que Morrison la estuviera interrogando, porque al principio no parecía muy dispuesto a escuchar ninguna palabra de lo que ella dijera. De hecho, le extrañaba su cambio de actitud hacia ella. No negaba que hacía un poco más llevadero su castigo, pero sentía que había algo oculto detrás de esa máscara de bondad que se ponía Morrison.

Primero desembucha tú.

¿Qué tengo que decirte yo a ti?

No te hagas el tonto. Los primeros días no tenías ningún problema es destratarme, y ahora te haces el suave conmigo, de un día para otro y sin razón aparente. ¿Qué te hizo cambiar de parecer?

Sorprendido por la pregunta, porque no se la había visto venir aunque era completamente lógico, Morrison se quedó callado. Elaborar una respuesta simple para una pregunta simple no tenía por qué ser tan compleja, a menos que hubiera algo escondido entre líneas, por eso Shimmer decidió aclarar algo.

Si vas a mentirme, no te esfuerces mucho…

No… ¿sabes? No tengo motivo para esconderte nada. Me di cuenta de que te estaba yendo todo para la mierda en la vida, y que no soy quien para colaborar en esa mierda. Así te lo digo, sin tanta alharaca.

Mmm – Sunset lo miró entrecerrando los ojos – Bueno, tiene un poco de sentido. A menos que ésa sea tu forma de demostrar que alguien te gusta.

Eso es lo que tú crees. Pero volvamos al punto principal: ¿quién es esa chica, de dónde viene exactamente ella, y por qué la conoces y le has hecho todas esas maldades cuando apareció por aquí? Ah, ¿y por qué no se la ve más, si todos la adoran ahora?

Escucha – empezó Shimmer apoyándose sobre los brazos, y echándose hacia atrás, de manera que el resplandor del ocaso daba de lleno en sus cabellos de fuego, sus ojos miraban hacia el vacío de arriba – creo que primero tendré que hablarte de mí y de mi origen para que entiendas el resto. A menos que te aburran las historias largas.

Morrison miró su reloj pulsera.

¿Tu historia puede entrar en un período de tiempo de media hora? Es lo que nos resta para poder salir de aquí. – la miró, inquisitivo. Shimmer se encogió de hombros, como si le diera lo mismo.

La seguimos otro día – respondió – pero hay un café abierto a pocas cuadras si te sigue interesando saber más.

Por más que pueda atraerme la idea, me paso de mi presupuesto del fin de semana si piso un café. Pero podemos hacerlo más simple.

¿Qué? – si algo no entendía Shimmer de Morrison, eran los procesos y ocurrencias de su cerebro, o bien era un idiota especial.

¿Conoces la historia de Las Mil y Una Noches?

Sí, la estudiamos en la clase de Literatura de la profesora Cadence. Pero no entiendo qué tiene que ver.

Que hagamos como Sherazade: si la historia es larga, dejas la continuación para el día siguiente. La diferencia es que no vas a tener que preocuparte de que alguien te quiera cortar la cabeza.

Qué estúpido.

Pero funcionaría, ¿no? Siempre es conveniente tener alguien con quien hablar y liberar las penas del pasado.

¿Cómo sé que no te dormirás con la primera frase? – farfulló Shimmer, parecía empezar a molestarle el comportamiento de su compañero de trabajo. No dejaba de picarle la nuca la sospecha de que nada bueno podría suceder si ella hablaba de Equestria, la princesa Celestia y Twilight.

¿Crees que si no me interesara escucharte, te rompería tanto la paciencia? A mi abuelo, cuando yo era chico, le gustaba que yo me sentara a escuchar sus anécdotas, cuando había algo que me llamaba la atención, ya fuera por interés histórico o cómo se escapó de un campo de guerra, por ejemplo. Pero él admitía que yo era a veces demasiado cargoso, porque lo seguía a todos lados preguntándole por una historia que no terminó de contarme.

Parece que fuiste una pulga insistente de niño. No entiendo cómo no te convertiste en científico o algo así.

Empecé estudios de ciencias físicas, pero lamentablemente no llegué muy lejos.

¿Y entonces fue cuando conseguiste trabajo como conserje? – preguntó Shimmer. Ahora que lo veía mejor, Morrison tenía el perfil de un cerebrito. Le faltaban un par de anteojos, una bata y un vocabulario más teórico-empírico y reproducía el esquema a la perfección.

Era la mejor opción que había para mí en ese momento. – respondió Morrison, con un tono distante, al parecer no quería recordar mucho esos tiempos.

Shimmer se enderezó, tomó un palito que había cerca y se puso a juguetear, como para distraerse.

Yo también desprecié un camino mejor por otro que no era realmente el correcto. – dijo Shimmer, captando enseguida la atención de Morrison, que se puso a observarla detenidamente.

¿Qué quieres decir?

Verás, en la base de la estatua de la entrada, cada treinta lunas se abre un portal que lleva a un mundo lleno de magia, y en ese mundo existe un reino llamado Equestria, gobernado por ponis… aunque suene muy cursi. – Shimmer corrió los ojos hacia el rostro de Jake, para ver si se reía, pero él se mantuvo serio.

Sigue. – pidió amablemente.

Bueno, en ese reino viven tres razas de ponis: unicornios, terrenales y pegasos. Pero existe otra raza, muy superior a las tres primeras, que es una combinación de pegaso y unicornio, llamada alicornio. En Equestria existen dos grandes alicornios, dos hermanas que dirigen el reino, y una levanta el sol, trayendo el día, y la otra levanta la luna, trayendo la noche…

(saltearemos toda la explicación de Sunset Shimmer, hasta que llegamos a la parte que realmente interesa)

…Por eso, la princesa Celestia me tomó a como alumna privada. Ella vio que yo tenía un alto potencial y capacidades, y me enseñó todo lo que debía saber como para convertirme en una princesa, que ése era el objetivo en realidad, supongo. Yo me negaba a hacer amigas, y lo único que quería era poder. Las cosas al final no resultaron nada bien, y vine a este mundo porque estaba enojada con Celestia y porque quería descubrir qué había detrás del espejo.

¿Espejo?

Sí, en Equestria el portal se abre a través de un espejo mágico.

Ah, mira qué bonito. – era el primer comentario satírico que hacía Morrison desde que Sunset había empezado a relatar su historia. – Y bueno, el resto ya es historia, ¿verdad?

Sí, pero cuando el portal se volvió a abrir regresé a Equestria. No es que conociera realmente a Twilight en ese entonces, la había visto muy pocas veces cuando era potrilla. La razón por la que volví fue porque tenía un plan. Había soñado que coronaban a una nueva princesa en Equestria, y todo se dio tan rápido… Así que pasé por el portal y me robé su corona, sabiendo que eso me haría poderosa.

Jiuuu – silbó Morrison – Deberíamos escribir un guion de película con esa historia, en Hollywood pagarían fortunas por eso. Sobre todo, si hay algún estudio aliado a un fabricante de muñecas.

Hmm.

La charla no llegó más allá, porque lejos se oyó el tañido de las campanas de una capilla, dando las ocho. Había oscurecido, algunas estrellas asomaban en el firmamento, y la luna que se elevaba, radiante y pura en el cielo. Shimmer no le quitó los ojos de encima durante su camino a casa, pensando cómo sería en carácter la princesa Luna, si distaría mucho de la subdirectora Luna que ella había conocido en el mundo humano.

Ahora Morrison tenía a alguien que lo saludaba si se lo encontraba en los pasillos o lo veía desde lejos en el recreo. A nadie parecía importarle demasiado la simpatía repentina de Shimmer y Morrison, a pesar de que había corrido la noticia del castigo impuesto a la pelifuego. Cuando venció el plazo, Morrison quiso regalarle la gorra que ella había usado como recuerdo de su tiempo trabajando como ayudante de encargado de limpieza, un puesto que no tenía nada de deshonroso, pero que Morrison le aconsejó que evitara tomarlo si algún día tenía que escoger entre universidad o trabajo. A Sunset la sorprendió el consejo de Morrison, sin embargo hizo un gesto de comprensión, y le estrechó la mano. Sentía, muy en lo profundo de su ser, que Morrison era el primer verdadero amigo que tenía. Bueno, después fue integrada al grupo que Twilight había vuelto a juntar, y por más que a Shimmer le pesara seguir estando a la sombra de la princesa, Rarity, Applejack, Pinkie Pie, Rainbow Dash y Fluttershy eran las únicas cinco de todo el colegio que eran capaces de tenderle una mano amistosa. No pudo entender qué quiso decir Morrison cuando le comentó que la amistad de estas chicas era mejor de la que él podía ofrecerle, pero por su lado, le prometió que si todavía le gustaba Fluttershy, podía hacer algo para ayudarlo, cosa que Morrison, rechazó obviamente. No malinterpreten, Shimmer se encontró con importantes obstáculos cuando trataba de sumergirse un poco más para conocer qué había en los abismos profundos de Morrison, que en toda su locura no era realmente un mal chico.

Oye, Morrison – le había dicho un día – no eres un mal tipo cuando uno te conoce mejor.

Bueno, yo cuando sea viejo voy a acordarme de mi compañera la Flama, que no servía para ayudarme a prender un cigarrillo pero producía el mismo efecto: compañía y tranquilidad.

Por fuerza, Shimmer tuvo que aprender a pasar un poco por alto estos comentarios de Morrison, y pensó que si algún día lo escuchaba hablando de forma más educada, sospecharía con toda seguridad de que lo había suplantado un impostor.

Durante unas semanas, nada muy interesante ocurrió. Shimmer y Morrison volvieron a sus vidas, y por ese lado hubo mucha quietud.

Pero por otro lado, algo se agitaba dentro del profesor Demetrium, aunque no lo demostrara para nada por fuera. Había observado lo más detenidamente posible que Morrison había obedecido perfectamente su sugerencia, y la verdad no se esperaba que fuera así de rápido. Cuando lo creyó conveniente, citó a Morrison en los sótanos, lugar que nadie más que el conserje o alguna que otra autoridad pisaban con frecuencia. Lo que más lo conmocionó no fue tanto el hecho de que Celestia reclutara otra estudiante, ni que ésta luego ex estudiante apareciera allí para cambiar las reglas del juego en Canterlot High, sino haber oído que la tercera estudiante privada y alumna estrella, fuera convertida en princesa, es decir, en un miembro activo del gobierno de Equestria. Shimmer nunca había significado, para Black Star, más que una alumna con un secreto que la hacía diferente a los demás, y una marioneta fácilmente manipulable a la hora de conseguir información. Había visto dentro de su mente, y se había dado cuenta de que Shimmer estaba con la guardia baja, y que sería más sencillo que Morrison le mostrara confianza en vez de interrogarla abiertamente, pues así la muchacha no sospecharía nada de sus intenciones. Morrison tampoco lo sabía, el encargado de limpieza no alcanzaba a imaginarse lo que se retorcía dentro de Demetrium, simplemente creía que el profesor tenía interés en el asunto por los fenómenos inusuales que habían ocurrido.

Todo lo que Morrison le contó, no tanto con lujo de detalles pero lo suficiente como para que Demetrium pudiera figurarse el resto, hizo tensar dentro suyo, nervios que permanecieron dormidos por años. A saber, Demetrium era la cáscara humana que Black Star había formado de sí mismo para presentarse a los humanos. Desde su llegada a esta dimensión, años atrás, todo lo referente a su vida en Equestria, la princesa Celestia y ser de unicornio quedaron encapsulados en las fosas más profundas de su alma. En ningún momento de su existencia como "hombre", hubo un asomo de nostalgia o arrepentimiento hacia su lado "poni". La sensación de superioridad que caracterizaba a Black Star con respecto a los ponis sin magia (pegasos y terrestres) era muy diferente en Demetrium, quien no hacía diferencias en cuanto al aspecto físico o material de las personas, sino en el potencial que cada ser humano demostraba tener con respecto a sus propios dones. ¿Creerían ustedes que, a pesar de todas sus características, había estudiantes que lo apreciaban, porque Demetrium los había empujado a sacar lo mejor de sí? Era casi comparado con el entrenador Shinning, que siempre abogaba por ayudar a sus alumnos a mejorar en los deportes que practicaban, y en nunca rendirse al luchar por sus sueños. La diferencia era que Demetrium se enfocaba en algo mucho más profundo e intangible: las habilidades mentales de cada uno. Demetrium era mejor que nadie para detectar inteligencias dormidas, verdaderos artistas o científicos, muchachos que se convertirían en hombres dispuestos a aportar un grano de arena al crecimiento de la humanidad. Y esto era algo casi inconsciente que hacía Demetrium, algunos se preguntarán por qué Black Star habría elegido la ocupación de profesor. ¿Será que en algún sitio perdido de su consciencia, decidió enseñar a otros porque echaba de menos sus días de estudiante?

Su adaptación a la sociedad de los hombres llevó tiempo, pero Black Star tenía una ventaja: sus poderes psíquicos, lo más poderoso de sí mismo. Fue un shock descubrir que le era imposible invocar su magia, y hubiera creído que los hombres nada constructivo podían ofrecer a su conocimiento, si no fuera porque había descubierto en ellos una característica que escaseaba totalmente en Equestria: sus manos. Ustedes dirán "¿Qué? Suena como un delirio de Lyra Heartstrings". No me refiero a su significado literal, sino simbólico. En la ciencia de los hombres fue donde Black Star halló el cobijo perfecto para todos sus estudios y descubrimientos hechos en Equestria. Las manos en los hombres representan su capacidad para hacer y deshacer, construir y destruir, descubrir y omitir. Bajo un seudónimo, era técnicamente joven todavía al cruzar el portal, Black Star entró a una universidad un día, y combinó los nombres de dos hombres notables, un filósofo de la Antigüedad llamado Demetrium, y un sabio cosmopolita, de no tan atrás, conocido por Konrad. Konrad Demetrium fue, entonces, un estudiante universitario destacado, obteniendo dos títulos: el de bibliotecario, porque se había "enamorado" de las bibliotecas, por la información que contenían sobre la historia de los hombres y sus progresos, y el de Profesor de Filosofía y Letras, pues eran las dos ramas del saber que se le daban mejor para enseñar; las ciencias empíricas eran más bien hobbies.

Twilight Sparkle. Era el nombre de la querida princesa proveniente de Equestria, era la chica que a pesar de sus dificultades para adaptarse a la secundaria en la que Shimmer mandaba, quebró con los pilares del sistema establecido, para crear uno nuevo, y se fue coronada de laureles. Demetrium sintió perfectamente la oleada de magia que produjo la manifestación de los Elementos de la Armonía, sin importar la distancia a la que se hallaba de la secundaria Canterlot High. Lo primero que sintió fue cómo esa onda le recorría el cuerpo, y en parte la sentía como suya, como si cargara una parte de su propia magia, era… ¿cómo explicarlo? Como cuando había activado las esferas en el castillo de las Hermanas Reales, sintió como regresaba el poder que alguna vez había logrado desatar por sí solo, y aunque estando en ese mundo de magia ausente, Black Star halló la forma de recanalizar la suya propia, inesperadamente se repitió la transformación que lo había convertido en alicornio mucho tiempo atrás, la diferencia era que ahora lo hacía revelar parte de su verdadera forma: sus alas y sus orejas. Sus ojos brillaron de manera extraña, y de no ser porque su residencia se hallaba en una finca en el ejido de la ciudad, habría llamado demasiado la atención de los vecinos. Un cosquilleo furioso invadió ambas manos, y cuando Demetrium las miró, vio que las envolvía una energía del color de su magia, y que podía formar esferas resplandecientes que al lanzarlas contra el suelo explotaban, provocando severos cambios en las cosas que se hallaban cerca. Era innegable que la magia fluía libremente en su cuerpo, la presión sanguínea se le había acelerado y el corazón le latía a mil. Pero entonces, todo desapareció de forma repentina, y Demetrium cayó pesadamente en el suelo. Aturdido por la experiencia, escrutó el cielo, buscando algún rastro del increíble fenómeno, más no quedaba nada de él, más que la vitalidad que le había dado al profesor.

Desde entonces, Black Star despertó dentro de su carcasa de hombre, y si Canterlot High fue el centro de lo que acababa de presenciar, la figura del profesor Konrad Demetrium le sería especialmente útil para investigar, y contaría con Jake Morrison si se le complicaba demasiado.

Sentado en el despacho de su casa de campo, rodeado de los atiborrados anaqueles que contenían los libros comprados a lo largo de años, además de otros objetos curiosos, que al mirarlos recordaban las olvidadas colecciones que había acumulado en Equestria, y que se hallaban resguardadas de ser profanados por los entrometidos cascos de Celestia o cualquier otro poni; Demetrium pensaba. Un vaso ancho de cristal lleno de un trago fuerte le ayudaba a calmar los nervios. Twilight Sparkle. Twilight Sparkle. No podía ser, simplemente le parecía imposible. Morrison le había dicho que Shimmer no conocía personalmente a Sparkle, pero Demetrium sí conocía a Twilight Sparkle. De dos formas distintas, en una, no fue muy personalmente, pero en la otra, sí.

Fue un par de años antes de abandonar la dimensión mágica. Disfrazado como un simple unicornio veraneante, Black Star contemplaba el mar desde la playa de Horseshoe Bay. Una de sus pasiones era el océano, una gran extensión de agua llena de misterios y criaturas desconocidas. Poco ahondaban los libros en cuanto al conocimiento del mundo marino, y a Star le parecía, en cierta forma, un agravio. Deseaba poder usar el hechizo de metamorfosis para convertirse en un ser anfibio, es decir, que pudiera respirar en tierra y también bajo el agua, y entrar a explorar ese mundo prohibido. Pero no tenía demasiado tiempo, y era riesgoso, ya que Kuma le había explicado que su propia ignorancia respecto del mar podría acarrear consecuencias inesperadas. Admitir que tenía miedo no era un problema vergonzoso para Black Star, el verdadero problema era hallar una vía de regreso a tierra, por si se perdía, para dejar constancia en algún escrito de sus experiencias.

Se hallaba sentado en la arena, bajo una palmera, cuando vio un libro volando en dirección hacia la orilla del mar, justo en el punto en el que las olas se abalanzaban para cubrirlo todo y retroceder. Star lo detuvo con su magia y lo hizo levitar hacia él. No recordaba exactamente de qué trataba dicho impreso, sí recordaba la vocecita de una potranca jadeando a su lado, haciendo sobresaltar sin querer por haberse quedado hojeando el libro.

Disc… disculpe… ¿señor? – preguntó la potranca, de pelaje morado, con una melena púrpura, y dos rayos de color fucsia y rosa cruzándolo por el medio. Era una pequeña unicornio.

Black Star permaneció en silencio, mirándola inquisidoramente. No tendría más de ocho o diez años. Black Star era en ese momento, más o menos joven, tendría unos años más de edad que Shinning Armor, y le molestaba pensar que se veía tan mal como para que lo tomasen por alguien mayor, aunque ese no era suficiente argumento para enojarse con una potranca.

¿Me… me podría devolver… mi libro?

Para qué lo quieres, si lo has lanzado al agua – no era una respuesta ni una pregunta, era una afirmación. Si Black Star no sabía tratar con ponis adultos, menos sabía con niños.

Yo… ¡yo no lo lancé al agua! – exclamó Twilight enojada - ¡Unos bribones lo hicieron!

¿Y por qué? – a Black Star no le interesaba mucho el asunto, pero no podía desprenderse de la imagen de la niña, había algo poderoso en ella, algo que lo atraía como si fuera un imán.

No lo sé… yo solamente estaba leyendo en la playa, y… ellos vinieron y me empezaron a molestar – respondió ella, olvidando la recomendación de sus padres de no hablar con extraños.

¿Tú les hiciste algo?

No… mis padres siempre me dicen que no tengo que ser mala con otros ponis solamente porque ellos sean malos conmigo. Pero a veces, quisiera convertirlos en plantas…

¿Tus padres?

La potranca pareció confundida por la pregunta. Al mirar al unicornio al rostro, se dio cuenta de que éste parecía no saber de qué estaba hablando, como si no supiera lo que eran los padres. Su mirada la ponía muy nerviosa, le daba la impresión de que la examinaba, de que traspasaba sus ojos, sus pensamientos… Ella no quería estar más allí, sólo quería recuperar su libro e irse.

Por favor… ¿pod-dría devolverme mi libro…? Mis padres no me dejan hablar con extraños, y me van a regañar si ven que no vuelvo con ellos. – Twilight había olvidado que podía simplemente tomar el libro con su magia y correr, pero seguía quedándose ahí, mientras pasaban los segundos, como si tuviera los cuatro cascos atados al piso.

Black Star la miró a ella y al libro varias veces, hasta que sin más dilación hizo descender el libro frente a la potranca, y dijo:

Eres muy inteligente para la edad que tienes.

Y dicho esto, dio la vuelta a la palmera y desapareció. Ahora que lo pensaba mejor, no le costaba creer que esa potranca hubiera llegado tan alto en su vida. Black Star podía haber averiguado mucho de ella entrando en su mente, incluso podría haber visto ese futuro tan brillante si se lo hubiera propuesto, aunque le chocó no haberse topado con el dato de que era la más joven estudiante privada de Celestia en ese momento, pero no había pasado con ella el tiempo suficiente, y eso requería más que unos cuantos minutos.

La segunda vez sí fue más personal. Para ese entonces, muchos años después, Star estaba a cargo de la Biblioteca de la Universidad de Canterlot, atendiendo a una joven estudiante que ingresaba por primera vez a la biblioteca. Su pasión y dedicación al estudio hacían resaltar su aura ante los ojos del bibliotecario Demetrium. Sus pensamientos y preocupaciones, ya que a él le tocaba cargar todos los registros de los libros nuevos que entraban, hacer inventario, y principalmente atender el servicio de referencia y de préstamos, dado por la escasez de personal, no evitaban que su sentido psíquico se mantuviera en on. Twilight humana, podríamos decir, compartía el noventa y nueve por ciento de las cualidades de su contraparte poni, exceptuando claramente lo referente a la magia de la amistad y a su nombramiento como princesa. Sin embargo, Sparkle humana había alcanzado algo parecido, pues actualmente ocupaba la presidencia del Departamento de Ciencias de la Universidad, un espacio donde se fomentaba el trabajo y el estudio de las ciencias en general, que incluso había creado una subdivisión para las ciencias sociales recientemente, con la ayuda y coordinación de Demetrium.

Para hacerla más corta, digamos que Demetrium asistió a los progresos de Twilight Sparkle, al ser quien le proporcionaba los libros y materiales para ello. Sparkle por lo general era muy reacia a entablar conversaciones, pero su contacto con Demetrium le era muy útil a la hora de pedir ayuda o de quedarse horas estudiando, y llegó realmente a admirar al bibliotecario, como no había admirado a nadie más. Reconocía que era y seguía siendo una influencia positiva en su vida, dada la sabiduría y contención que le brindaba. Ese era un sentimiento recíproco, a pesar de que Demetrium nunca había sabido expresar con claridad el orgullo que sentía del crecimiento intelectual de Sparkle, ni el aprecio por ella que había crecido con el paso de los años. Era como la relación que jamás había tenido realmente con la princesa Celestia, pero Black Star no lo pensaba conscientemente, era como una reflexión de una parte suya que deseaba "enmendar" un error que no había sido suyo, como si inconscientemente le hiciera sentir mejor el instruir a alguien de la forma en que la princesa no lo había hecho, tratando de llenar un vacío muy grande en su corazón.

¿Cuál era el problema que le causaba tanto dolor de cabeza? El impulso de volver a Equestria, de recuperar lo perdido, de reclamar algo que creía suyo por derecho. Era el deseo de venganza, aunque no supiera exactamente de dónde provenía. Era la oscuridad que despertaba dentro suyo, revolviéndose y forcejeando para liberarse del muro de contención, una maldad que esperaba un detonante para poder apoderarse de la conciencia de su portador, una ansiedad por tomar el conocimiento que éste poseía, y convertirlo en hechizos, en experimentos, en armas, utilizando la gran variedad de recursos disponibles. Su cerebro patológico se había activado, y regresaban a Black Star esas crudas, oscuras y perversas ideas que lo dominaban años atrás, plasmadas todas en incontables pliegues de papel.

La herida. La herida que le había causado Celestia. Black Star, plenamente consciente en el cuerpo del profesor, cerró los puños, mientras uno a uno regresaban los recuerdos de su memoria reprimida, y el odio le envenenaba lentamente la sangre. Apretó los dientes, soltando un gruñido inhumano, y era tal la concentración de su poder, que los vidrios de la amplia ventana detrás estallaron, lo mismo que el vaso en su mano derecha, que continuó cerrándose, ignorando el dolor de los trozos de cristal incrustándose en su palma, y la sangre brotando de los cortes. También explotaron las bombillas de la araña que colgaba por encima de la alfombra del estudio. El viento que se colaba por los agujeros de la ventana rota desparramó los papeles que había sobre el escritorio, levantándolos en vuelo, y girando en medio de la sala, como si de un tornado se tratase. El cielo se cubrió de nubes negras, los truenos iluminaron la casa en penumbras, porque todo el sistema eléctrico había saltado por la influencia de la energía desatada por Black Star, y los rayos hicieron estremecer la tierra.

La lluvia comenzó a caer cuando él se calmó, y volvió a su punto cero lentamente, mientras relajaba los músculos tensionados. Se levantó luego del asiento y fue a atenderse la mano con alcohol y vendas, no sin antes quitarse con fruición cada pedacito de vidrio de ella, resistiendo al dolor en carne viva. Esas lastimaduras no serían problema para escribir, porque era ambidiestro, aunque escribía mejor con la zurda que con la derecha. Ordenó el estudio, cerró la ventana, pensando que necesitaría arreglarla pronto, y observó el cielo nocturno que se despejaba.

La luna sobresaliendo entre las nubes le hizo recordar a la hermana de Celestia, y aunque en la luna de los hombres estaba ausente el perfil de Nightmare Moon, recordó palabra por palabra su leyenda. Nunca le había comentado a Celestia que había contactado a la yegua en la luna, a través de sus poderes psíquicos, ni de lo que había experimentado al hacerlo. No tenía una explicación para interpretar lo sucedido todavía, ni tampoco se había tomado el tiempo de hallarla. No lo haría ahora, por supuesto.

"Esperaré" pensó esa noche, entre sorbo y sobro de un whisky bravo. De los vicios de los hombres, los más arraigados para Demetrium eran las bebidas fuertes, y en menor medida, el tabaco. Siempre tenía una pequeña reserva de ambos, pero solamente actuaban como catalizadores más que como agentes placenteros.

"Esperaré a que regrese. Sé que regresará, lo presiento". Y se sumió en el dulce sopor del beodo.