Conforme pasaba el tiempo, los rumores aumentaban en la vecindad. Will había oído a las mujeres hablar sobre la carta que Lecter había recibido constantemente por parte del gobierno para la guerra y una que otra visita de soldados. EL invierno había pasado y con él, el tiempo de enseñanza, Will había aprendido todo acerca de la chocolatería y se dedicaba a perfeccionarlo.
No dejaba de ver el cuenco frente a él, tenía miedo de que todo eso fuera verdad ¿Y si Lecter se iba?
-¿Qué sucede Will? ¿Te sientes mal?- Lecter se acercó a él y lo sacudió por el hombro
-¿Es cierto que te irás a la guerra?- su plan había funcionado, odiaba la idea de ser quién fuera el que le dijera la noticia. Había esparcido los rumores a las vecinas y así que llegara a oídos de Will
-Sí, me iré en primavera, Will. Lo siento mucho si no te había dicho nada- Will bajo del banquillo y salió a lavar el cacao sin decir nada más- Will, no te enojes...conmigo no hay nada que pueda hacer al respecto-
-Está bien, es tu deber- siguió lavando los granos sin mirarlo
-Will, mírame...- pero el moreno no lo hizo, estaba realmente enojado, no por qué se fuera- aunque no quería que lo hiciera- sino por qué no le había dicho nada hasta ahora, cuando faltaban tres meses para irse a la ciudad y dejarlo solo- Necesito que me digas que no estas enfadado, trabajar los dos con una atmosfera así no será bueno para los chocolates ni para los dos- Will se sonrojó- prometo regresar cuanto antes a casa, Will.
-Está bien, no puedes hacer nada, no estoy enojado contigo- Lecter le sonrió pero no le creía nada a su aprendiz, estaba enojado y podía verlo- iré a mi casa por más vasijas- Will dejo secar los granos en el filo de la ventana.
Abrió la puerta y vio la soledad de su casa, un hogar vacío y ahora estaría más solo que nunca en el mundo, ahora que Lecter se iba, sin su protección, sin su cariño, si su enseñanza, sin él.
Algunos meses atrás Will experimento un sueño muy extraño, había soñado que estaba dormido entre los brazos de Lecter, sintiendo su calor y de repente lo besó en los labios, con sabor a chocolate.
El corazón se le contrajo y las lágrimas comenzaron a rodar por su rostro, apretó su camisa a la altura de su pecho y camino pesadamente hacía la cama, donde se refugió para llorar, llorar hasta quedarse dormido. Pesadillas lo invadieron esa tarde, pesadillas donde veía partir a Lecter, donde moría o nunca regresaría. Cuando se despertó ya era noche y su maestro se encontraba ya dormido, con las luces apagadas y su casa asegurada. Había un plato de comida tapado con una nota,
"Haz llorado por mi culpa toda la tarde Will, hasta quedarte dormido. Me di cuenta por tu cara mojada, pequeño. Te he traído algo para cenar, descansa el tiempo que lo necesites".
-Hannibal Lecter.
Bien, está bien, descansaría si así lo quería.
Los días pasaron y Will no se presentó a la cocina. Hannibal sabía que estaba aún enojado pero por lo menos asistía a la escuela. Lecter comenzó a empacar todo días después y un viernes por la tarde un carro del ejército llegó por él. Will a lo lejos divisó el carro, regresaba de la escuela; corrió lo más rápido que pudo pero cuando llegó Hannibal partía rumbo a la ciudad.
-¡HANNIBAL! ¡HANNIBAL!- Will cayó de rodillas frente a la entrada de la vecindad, por el ruido del motor el chocolatero no pudo oírlo- Re..regresa- Winston se acercó a lamer las lágrimas de su dueño.
Seis meses después.
Will miro por la ventana de la cocina como llegaban las cajas al departamento de frente del de él, al otro lado del patio en el segundo piso. Un joven de cabello corto y ojos azules entró a la casa, tenía como unos dieciséis años a lo mucho. Su nombre era Matthew Brown.
Mason lloraba en medio del patio, con las rodillas raspadas, había caído del árbol que estaba en medio de la vecindad. Matthew se acercó a él y lo consoló, le regaló una manzana de caramelo. A Mason los ojos le brillaron y desde ese entonces, se habían hecho inseparables. Y Will, odiaba eso.
Will no podía perfeccionar la mezcla de chocolate negro aún y se frustraba por eso. Winston llegó con una pelota en el hocico para jugar. Will la tomo y la lanzó sin pensar hacía el pasillo por la casa, rebotando por todo el lugar y detrás de ella un Winston impaciente. Cuando el perro desapareció a los minutos un estruendo se escuchó.
-¡Winston!- corrió hasta el final del pasillo y el corazón se le detuvo al ver como las cosas del escritorio estaban tiradas y los pedazos de un jarrón estaban tirados en el suelo- no, no, no, Winston ¡sal de la casa! ¡Ahora!- el perro salió con la cola entre las patas. Will se apresuró a acomodar todo y cuando lo hizo miró encima del escritorio y vio una carta sellada para él. Will Graham. La abrió con cautela y pudo reconocer ese olor a vainilla y chocolate emanar de la carta escrita por su maestro.
"Querido Will, si estás leyendo está carta es porque he partido hacía la capital para servir al ejército y si llega a tus manos es porque el destino te ha traído más allá de mi cocina. Espero que así sea.
No sé exactamente cuánto tiempo estaré ausente por la Guerra, así que he hablado con Lady Murasaki y he dejado pagado el alquiler por dos años si después de estos dos años no regreso está el dinero en el banco para otros tres años más. Espero poder regresar antes a casa, ya que te lo prometí y lo qué menos deseo es que seas infeliz y vuelvas a llorar por mi culpa hasta quedarte dormido. Dejo a tu cuidado mi casa y mi cocina, úsala para poder crear esos chocolates únicos y magníficos. Si no llego a regresar después de seis años Will, perdóname, te amé como a nadie, como tú ninguno. Tal vez a tu corta edad no sepas distinguir estás palabras espero poder explicarte en un futuro no muy lejano que significan, con acciones. Tú y tu padre se pueden mudar a mi casa después del plazo acordado, he arreglado todo para ustedes y que puedan vivir cómodamente sin que te separes de tu padre por más tiempo. Tu escuela está cubierta y cada mes, Lady mandará a sus sirvientes a llevarte a comprar comida y ropa. Acéptalo como regalos de cumpleaños o fechas especiales. Te amo, Will.
PD. Espero haber sido un buen maestro"
-Hannibal Lecter
Arrugo la carta contra su pecho y se derrumbó de rodillas por el llanto, entendía muy bien las palabras de Lecter, a su corta edad sabía lo que significaba, él lo sentía y lo deseaba. Sus sueños eran reflejo de ellos, todas las noches a cada instante.
Suiza, 1918
Seis años después.
Abrió las ventanas de par en par para dejar entrar el sol invernal y que el olor impregnara el aire. Se había vuelto un gran maestro chocolatero a la corta edad de diecinueve años. Will, era ahora el chocolatero más aclamado.
Pudo ver al otro lado del patio como Mason salía de la casa de Matthew, eran amantes pero ninguno lo admitía. Matthew era el perro de Mason, le cumplía todos sus caprichos pero gracias a él había dejado de molestarlo durante todo este tiempo. El castaño lo miraba aún con hambre mientras fumaba un cigarrillo a pesar de que sus noches eran largas y Mason le movía más su culo a su perro en celo. Eran detestables.
-¡Buenos días Will!- le grito un anciano quien entraba a la vecindad con una canasta- te he traído tu pan y tu leche de todos los días, lamento mucho lo de tu padre, no lo sabía- Will le sonrió con pesar, había fallecido el invierno pasado.
-Gracias Mr. Joan, ahora descansa junto a mi madre. Su pan exquisito como siempre- saco una caja de cartón- aquí tiene su chocolate para vender en el pueblo y uno de regalo para su familia
-Gracias, jovencito, eres muy amable. Ten buen día- el viejo siguió su camino. Will había sabido cómo sacar provecho de la chocolatería y de ahí se mantenía. Le habían ofrecido muchos contratos con compañías chocolateras pero él nunca aceptaba. Aún no se cumplían los cinco años más largos y desolados de su vida. Esa primavera era el límite.
-Winston, vamos al río, quiero mojar mis pies- Winston se paró y siguió a su amo hasta la orilla del río, donde ambos se sentaron a mojarse los pies y patas, para luego tener una comida tranquilos y con el sol, bronceando sus pieles. Debajo de un abeto frondoso y fresco Will cerró los ojos y descanso con la cabeza de Winston en su regazo.
Soñaba como se vería Hannibal en ese momento ¿tendría uniforme militar? ¿Bata de médico? Sin lugar a duda glorioso con su porte y elegancia. Los ladridos de Winston lo sacaron de su fantasía. Al despertar lo primero que vio fue su entre pierna, una erección. Maldición, parecía un niñato. De nuevo los ladridos enviaron su mirada a la carretera principal que corría por encima del río, autos militares se dirigían hacia el pueblo donde estaba su vecindad... ¿Podría ser? Su corazón se aceleró y la desesperación se apoderó de él, corrió lo más rápido que pudo para llegar a ver qué pasaba. La angustia le oprimía el pecho; la multitud acomodad en la entrada de su hogar le impedía el paso pero el ver los coches verde militar lo inquietaban aún más. Cuando se abrió paso entre la gente pudo ver una figura alta, con hombros anchos, cabello corto y rubio cubierto por un sombrero verde con una visera color negra, un saco sobre sus hombros, pantalones apretados verdes y botas de charol negro. Hannibal, pero con un rostro ensombrecido por la guerra y duro por la crueldad de la muerte. El hombre admiraba los frutos del árbol que adornaba el centro del patio. El sol que se filtraba por entre las ramas lo acariciaba.
-Hannibal...-pronunció con temor y se acercó a él. Hannibal bajo poco a poco su cabeza y de re ojo miro a Will, lentamente giró su cabeza y lo observo en silencio, el mundo se detuvo para los dos. Como había pasado el tiempo en ambos hombres, ya. Una sonrisa rompió la tensión.
-Will Graham, haz dejado de ser un niño para ser todo un hombre- ese comentario le mando toda su sangre a su ingle - y un famoso chocolatero. Haz hecho un buen trabajo, aprendiz- Will deseaba arrojarse a sus brazos, quería tocarlo, quería tenerlo solo para él, su atracción era enfermiza. Quería adorarlo de pies a cabeza- ven, Will- Hannibal extendió su mano para atraerlo y abrazarlo junto a él. Sintió sus duros músculos debajo de todo ese uniforme, ahí se derritió. Y su pene reaccionó más, Hannibal se dio cuenta de la erección que era rozada en su entre pierna, sabía que no era la intensión de Will; lo tomó de la barbilla y ahí mismo lo beso, debajo de ese árbol y a la vista de todos. Un gemido ahogado por el beso vibró a través de los dos cuerpos, Will se había corrido con un beso- también te extrañe, Will-
-Entremos por favor- dijo sonrojado Will al ver como toda la gente los miraba con picardía
-Bien, vamos- Hannibal le colocó su sombrero y lo llevó a la casa, reprimió el impulso de ahí mismo poner a Will contra la pared y joderlo contra ella, enterrar en lo más profundo su pene y que gimiera su nombre una y otra vez, llenarlo de su semen caliente. La puerta se cerró detrás de ellos.
Hogar dulce Hogar.
-Deje de recibir cartas de ti hace meses ¿por qué?- Hannibal tomó asiento en la sala
-Me lo impedían, me tuvieron bajo custodia para no filtrar información médica. Lo siento Will, por eso no puede avisarte cuando regresaría- Will se sonrojo
-Está bien, no hay problema…mi padre falleció el invierno pasado y me mude aquí yo sólo después de su muerte. Y no he dejado de hacer chocolates en ningún momento. Lady Murasaki cumplió lo estipulado en tu carta cada mes, sin falta. Gracias por todo, también me he graduado de la escuela como lo querías- Hannibal le sonrió
-Eso merece una gran celebración Will, cocinaré esta noche. Solo deja que tome un baño y descanse un poco ¿vale?- el moreno asintió pero las lágrimas amenazaban sus ojos- sigues siendo un niño muy sensible y sentimental ¿quieres venir?
-Yo…no, yo…- Hannibal dejo sus cosas en el sofá y camino hacía el baño
-Lo entiendo, ha pasado mucho tiempo Will, ya no eres un niño al cual quiero proteger del mundo- Hannibal cerró la puerta del baño tras de él
Una hora más tarde Will terminaba de decorar los chocolates cuando Lecter salió cambiado y descansado. Su nariz detecto el cacao.
-Seis años sin el olor al chocolate, casi me vuelvo loco. Gracia a ello descubrí la artes culinarias, particularmente en la carne- sonrió- ¿puedo probar?- Will le acercó una bandeja para degustar. Hannibal mordió lentamente el chocolate sin sostener la mirada de Will. El deseo ardía en ambos. Cuando el chocolate se derritió en su boca lo supo todo. Estaba rendido a los pies de ese niño llorón y maltratado. Quería cubrirlo en su propio chocolate y comerlo lento, sin prisas- Mes compliments au chef-pronunció con un tono sensual y satisfecho.
-Gracias, Hannibal- el rubio besó su mejilla y desapareció a la cocina. Minutos después Will pudo oler la exquisita cena que se preparaba. Llegó a la mesa para dos y vio como estaba montada con los platos humeantes y listos para comer.
-Provecho, Will- los dos cenaron en silencio. Tenían tantas preguntas pero nadie decía nada
-¿Duermes en mi cama?- el castaño no respondió pero el color de sus mejillas lo delató – está bien, creo que dormiremos juntos, de ahora en adelante, a menos que quieras comprar una cama para ti.
-No, está bien por mi, no hay problema- Lecter limpió su boca y tomo los platos, los llevo al fregadero y los colocó ahí
-Bien, me iré a dormir- Will asintió y termino de recoger la mesa.
Entró a la habitación oscura y vio a Lecter rodar sobre su lado para sonreírle.
-Hemos olvidado el postre…- se metió a la cama y puso el pequeño plato entre los dos
-Es cierto, tu primero- Will mordió el chocolate relleno de vino, tomó el otro y se entregó al rubio
-No, cómelo tú, es delicioso e igual de satisfactorio verte lo comer a ti como comerlo yo mismo- Will se llevó el chocolate a la boca pero no lo mordió, lo derritió con el calor de su boca- lo siento Will- gimió Lecter y se lanzó sobre él, lo puso contra el colchón y le apretó la boca- abre y déjame comerte- Will obedeció y la lengua de Lecter se deslizo dentro de él, terminando de derretir el chocolate envinado.
El cuerpo de Will temblaba y sucumbía ante tales sabores arrasando su cuerpo, el vino lo calentó y lo relajo; la lengua de su maestro probaba cada parte de su boca con su lengua, su mano ejercía una presión cuidadosa en sus cachetes y sus piernas eran separadas por la de Lecter, con la cual rozaba su miembro. Su cuerpo estaba a merced del rubio. Hannibal lamió con la punta de su lengua los restos del chocolate en sus labios y le plantó otro beso casto. Le sonrió.
-Sabe delicioso Will, gracias por el postre- Will recuperó su aliento y al fin las palabras de su boca salieron
-Yo…¿quieres más?- Hannibal rio bajito
-Es noche, y mucha azúcar causará que no duermas bien y al parecer no te llevas bien con el alcohol ¿verdad?- Will se sonrojo más y desvió su mirada
-Y a ti te gusta probar el azúcar y el vino en la boca de los demás-
-Solo si es en ti Will ¿recuerdas lo que te dije en la carta? Te dije que cuando volviera te lo demostraría con acciones no solo con palabras, Will Graham. Ven, vamos a dormir- Will se refugió en esos brazos que tanto extrañaba y por alguna extraña razón esa noche no tuvo ni pesadillas ni sueños solo paz.
