Disclaimers: Si Bleach fuera mío… oh kami- sama… lo que yo haría… DISCLAIMERS (2): no poseo Bleach, todos los personajes y referencias a la obra son propiedad de Tite Kubo sama y de las diferentes editoriales que posean sus derechos. El contenido original, que algo habrá, sí puede ser considerado mío.
Este capítulo no es muy emocionante, pero sí necesario para la serie, espero que no os defraude mucho ‾‾ y recordad… ¡¡¡los chicos duros también sienten!!!
Como siempre, dedicado a mis niñas… y este también a Rya Reil Miyu, que para algo se molesta en dejarme review.
NI
Ichigo Kurosaki estaba más que feliz. La mañana había sido genial, la tarde prometía y la noche… bueno, mejor no anticipar las cosas, pero si nada salía mal, la noche iba ser lo mejor de todo.
El causante de tanta felicidad se encontraba esperándolo en medio de la plaza, el rostro pensativo, en lo que era su gesto más habitual pero por una vez su atuendo no seguía sus cánones más frecuentes. Unos vaqueros bajos y una camiseta que apenas si llegaba a la cintura no eran una combinación demasiado extraña, pero para la ya motivada líbido del shinigami aquello era casi una provocación directa.
- Eh – saludó el joven pelirrojo acercándose, mientras rozaba la boca del esbelto moreno con la suya, el hecho mismo de poder realizar ese gesto llenándolo de calidez. Si por él fuera, el beso iba a ser bastante menos casto, pero sabía bien que Ishida no se lo permitiría, el joven Quincy tenía un sentido de la propiedad demasiado arraigado, sólo el hecho de que le permitiese ese pequeño gesto hablaba de hasta que punto Ichigo era importante para él.
- ¿No has tenido ningún problema?- preguntó el joven moreno mientras dirigía su mirada hacia la mochila de Ichigo.
- Nop, todo lo contrario, mi padre está feliz de la vida. Dos días sin verme el careto y solo con mis hermanas...Joder, a veces me da miedo. Pero no me voy a quejar…- Ichigo intentó dominar el tono de felicidad, pero lo resultó imposible. ¿Un fin de semana solo con Ishida? Sólo de imaginarlo notaba como el calor se le agolpaba en el rostro… y en otras partes, porque estaba seguro que los pantalones no le quedaban tan apretados al salir de casa.
Una ceja se arqueó en el delicado rostro de Ishida, mientras observaba al joven shinigami, pero no realizó ningún comentario sobre la agitada turbación de éste.
- El autobús debería estar aquí en unos minutos- informó el Quincy- pero no estoy muy seguro de si lo que estamos haciendo es correcto. Dos días sin ordenador, y sin apuntes para repasar… ¿a qué vamos a dedicar el tiempo?.
- ¡Fijo que arreglamos algo!- respondió Ichigo con entusiasmo, aunque en su interior empezaba a crecer la sombra de una preocupación. Malo, malo. Cuando Ishida le había ofrecido pasar unos días en la casa que su familia poseía en las montañas, cerca de unas fuentes termales, su mente sólo había sido capaz de imaginar una razón, pero tal vez esa hipótesis era más una respuesta a lo que deseaba que a una interpretación correcta de la realidad. Ya había pasado una semana desde que Ishida y él se habían enrollado y considerando los factores: a) los dos eran adolescentes sanos; b) se tenían ganas desde hacía tiempo; c) Ishida tenía casa propia; d) el padre de Ichigo no preguntaba nunca dónde ni cuándo; todo parecía indicar que Ichigo se iba a estrenar pronto… pues nada de nada. Las veces que había quedado con Ishida no habían pasado de unos besos y un poco de magreo y ahí se había acabado todo.
Así que cuando Ishida había sugerido pasar el fin de semana en el refugio de montaña, Ichigo había deducido "¡por fin!", pero tal vez se había precipitado. Era verdad que en principio, Ishida lo había mencionado como una especie de retiro para estudiar, pero tras un poco de "persuasión" el shinigami había conseguido que cambiara de idea.
El autobús llegó por fin, interrumpiendo los pensamientos de Ichigo y dando comienzo a un viaje de más de dos horas. El viaje habría sido bastante aburrido en circunstancias normales, puesto que no habían pasado más de diez minutos desde que el autobús había arrancado cuando Ishida se había quedado dormido. Sin embargo, a Ichigo el viaje le pareció extraordinariamente corto; la cabeza de Ishida reposaba en el hombro del pelirrojo, su cuerpo esbelto en contacto con el suyo, su pausada respiración y su dulce aliento provocando en el shinigami una mezcla de emoción y deseo extraña pero extraordinariamente placentera.
Teniendo cuidado de no ser visto, el atractivo pelirrojo entrelazó sus dedos con los del moreno quincy. ¿Siempre sería así? Esa extraña maravilla por las pequeñas cosas que ahora le eran permitidas, como comparar los tonos de su piel, su tono oscuro contra la perfecta palidez de Ishida, la suavidad de sus manos, tan extraña; Ishida luchaba con su cuerpo auténtico, ¿no tendrían que estar sus manos encallecidas por usar el arco? O quizás el poder espiritual no dejaba marcas, aunque adquiriera una forma física. Tantas preguntas, tantas cosas por descubrir juntos…No había sido su intención, ni un pensamiento consciente, sino algo tan natural como el paso de una inspiración a otra el momento en que se inclinó sobre Ishida, rozando con sus labios la perfecta boca del moreno. Tan hermoso…, pensó el joven pelirrojo mientras se separaba, temeroso de romper el momento, Ishida era la belleza japonesa personificada, el ideal retratado en pinturas y ensalzado en poemas, y él… con esa apariencia de la que tantos se burlaban, medio gaijin… a veces se asombraba de que Ishida lo hubiese mirado siquiera.
El autobús llegó por fin a su destino, la última parada del viaje. El joven pelirrojo despertó a Ishida con un suave zarandeo.
- Hemos llegado – dijo- cuando los oscuros y medio adormilados ojos del moreno le miraron.
- ¿He dormido todo el viaje?- Ishida parecía sorprendido- no me había pasado antes.
- Sería que lo necesitabas- Ichigo recogió las mochilas, colocándose la suya sobre las espalda y dándole la otra a Ishida- vamos a salir ya, porque el conductor nos está mirando con cara rara.
Los dos jóvenes bajaron del autobús y comenzaron a caminar, la casa de Ishida se podía ver a lo lejos, subiendo hacia la montaña. El camino no se hizo largo, a pesar de ser un chico de ciudad Ichigo podía apreciar la belleza del paisaje y, por supuesto, de su guía.
- Joder, Ishida, vaya pasada- la admiración de Ichigo tenía causa justificada- el refugio no era sino una pequeña casa, totalmente amueblada al estilo japonés y cuya parte posterior daba a unas fuentes termales de uso privado, había sido la visión de estas lo que había ocasionado la exclamación del shinigami.
- Me alegro de que sea de tu agrado – replicó su interlocutor, antes de añadir- si quieres podemos venir después de instalarnos. Aún tengo que mostrarte tu habitación.
-¿Mi habitación? ¿No vamos a dormir juntos? – el tono del pelirrojo dejaba traslucir un cierto enfado, pero no intentó ni disimularlo ni ocultarlo ¿ Ishida, de qué vas?
Puesto que el Quincy evitaba su mirada, Ichigo lo tomó por los hombros, colocándose frente a él, aun así, los ojos de Ishida evitaban su rostro, con una actitud que preocupó al joven shinigami.
- Ishida, ¿qué te pasa?- dijo con más suavidad- si quieres dejarlo dímelo, pero no me tengas así, no me des esperanzas y luego me las pises. Duele ¿sabes? No me gusta que jueguen conmigo.
Finalmente los oscuros ojos de Ishida lo miraron, y el corazón del shinigami se contrajo de angustia. Nunca había visto una expresión tan vulnerable en el normalmente entero Quincy.
- No es eso… yo…- las palabras, que le eran tan fáciles al joven moreno, parecían fallarle, y sólo eso constituía una señal inequívoca del tumulto emocional en el que debía encontrarse. Sin pensar en las consecuencias, totalmente olvidado su enfado, Ichigo lo abrazó.
Primero con timidez, titubeantes, luego con una fuerza casi desesperada, los brazos de Ishida rodearon su cintura.
-Estoy siendo un idota, lo sé- la voz del moreno era un cálido susurro junto al cuello del joven shinigami- no sé que me pasa estos días.
- Lo de ser un baka ya te viene de antes – replicó Ichigo intentando aliviar la tensión- lo los últimos días es ser más rarito de lo acostumbrado. En serio, Ishida – añadió Ichigo, su tono volviéndose serio, mientras separaba con suavidad al moreno e intentaba que éste levantase su mirada del suelo – te pasa algo y no me lo quieres decir, últimamente estás increíblemente voluble y no soy tan poco observador cómo para no darme cuenta que está actitud tuya ha empezado desde que estamos juntos.
El cuerpo del joven Quincy se estremeció levemente, pero éste no dijo nada, y su silencio acabó por confirmar las sospechas de Ichigo.
- No te preocupes- dijo el joven pelirrojo mientras se separaba del cálido cuerpo de Ishida para recoger su equipaje- lo entiendo, al fin y al cabo siempre supe que era poco para ti Ishida. Vamos- aunque su corazón latía dolorosamente en protesta y furia, el atractivo shinigami intentó mantener un tono afable – enséñame esa habitación.
Una delicada pero firme mano detuvo su camino, evitando que se alejara. El rostro del hermoso moreno oculto tras su fino cabello, su mirada evitando la de Ichigo, pero no había duda en la voz que replicó – tú no vas a ningún lado shinigami, al menos no sin mí.
Sólo los dioses sabían lo que a Ishida le había costado tomar esa decisión, pero al ver a Ichigo alejarse de él había comprendido que, de no actuar en ese momento, seguramente lo perdería para siempre. Las palabras de Ichigo habían sido un eco de sus propios sentimientos, oscuros, insidiosos, que habían estado torturando y mancillando el precioso tiempo que debería haber empleado gozando de la maravilla que significaba tener a Ichigo en su vida.
Lo amaba tanto…el pelirrojo se estaba convirtiendo en el centro de su vida, una poderosa llama que llenaba los frío rincones de se existencia. Y mientras su relación con Ichigo iba ganando importancia, también lo hacía el miedo a perderlo. Y en una retorcida lógica, un impulso a resistirse, a evitar ser plenamente del atractivo shinigami había empezado a manifestarse. Porque algo en su interior sabía que Ichigo jamás lo amaría de la forma en que él lo amaba, que la pasión del joven shinigami se desvanecería dejándolo de nuevo en su frío mundo, mejor no acostumbrarse demasiado, mejor mantener la distancia de su corazón, quizá así éste no resultaría mortalmente herido cuando la separación tuviese lugar.
Pero las palabras de Ichigo, la consideración que éste tenía con él, habían barrido parte de su miedo El joven pelirrojo no era precisamente el tipo de hombre al que Ishida estaba acostumbrado, elegante, educado, poseedor de clase y estilo. Ichigo era... Ichigo y poder notar que era precioso para él… bueno, eso valía más que cualquier cumplido, cualquier declaración de amor elevada y vacía. Si mañana tenía que sufrir, pues eso tendría que ser, el hoy era suyo, y ya se había negado a sí mismo y, lo que era infinitamente peor, a su amado, demasiado tiempo. ¿Iba a denegar a Ichigo lo que otros mucho menos importantes habían gozado?. Que Ichigo marcase su cuerpo como había marcado su alma, para que, cuándo uno olvidase, el otro recordara lo que había sido sentir la pasión del poderoso shinigami.
Con esa determinación en su ser, el esbelto joven atrajo a Ichigo contra sí, sus labios acariciando los del joven pelirrojo, que, una vez repuesto de su inicial sorpresa, no dudó en devolver el beso, tomando posesión del mismo, devorando la dulce boca de Ishida.
Lo que había pasado por la mente del delicioso joven en sus brazos, Ichigo no podía más que intuirlo, pero el ser en sus brazos era una cálida criatura de pasión, respondiendo sensualmente a sus besos, su cuerpo fusionado contra el suyo, dejándose dominar por Ichigo de una forma absolutamente enloquecedora.
Olvidada, la mochila de Ichigo se deslizó hacia el suelo, mientras el deseado cuerpo dueño de sus deseos se le entregaba por primera vez.
