Capítulo 2: ¿voluntad o fuerza?
Una semana había pasado desde la carta de Sanosuke, y ninguna noticia sobre la persona que haría una visita al dojo Kamiya. Pronto se olvidaron del tema, pues Kenshin tenía otros asuntos de los que preocuparse. Ya tenía más de 30 años, y se había establecido en Tokyo con Kaoru y Yahiko, pero en la Era Meiji no lograba encontrar alguna ocupación, ni algún trabajo para ayudar monetariamente a Kaoru. No es que le molestara hacer las labores domésticas, cocinar, lavar, hacer las compras, sino más bien que quería mostrar verdaderamente su gratitud y contribuir de alguna otra forma. Iba camino al mercado de la ciudad cuando venía meditando sobre esto, cuando de pronto se topó con una multitud reunida en el puente. Se había armado un gran alboroto, y no lograba distinguir lo que murmuraba la gente. Su instinto le decía que algo grave estaba sucediendo, y decidió echar un vistazo, intento abrirse paso entremedio de la gente para ver algo.
-¡No lo hagas! – podía escuchar a una joven gritando alarmada
Cuando logro adentrarse en el centro de la aglomeración de gente, observó a un hombre sentado sobre la orilla del puente, con los pies colgando y mirando hacia el rio, cuyo torrente había aumentado notoriamente por el calor y los deshielos.
-no sé lo que hice para que decidieras esto, pero háblame, perdóname por favor- decía la muchacha entre llantos, intentando en vano acercarse a él, pues cada vez que lo hacía, él se precipitaba un poco más hacia el borde. Tanto así, que en cualquier segundo podría caer al río. Kenshin buscó con la mirada la forma más sigilosa de acercarse para impedir que cayera, pero en vez de eso, su mirada se cruzó con la de un rostro familiar. Un hombre de cabello y ojos dorados, con una vestimenta occidental bajo una larga capa negra. Le pareció extraño que llevara aquellas ropas bajo aquel sol de verano, y aun más extraño que sostuviera entre sus manos una botella pequeña, que al destaparla despedía un fuerte olor. Entonces recordó donde había visto ese rostro, hace una semana atrás, la noche en el Akabeko. Dio un rápido giro y tomo impulso con sus piernas para dar un salto y tomar en el aire al hombre que iba a saltar, pero todo sucedió tan rápido, que fue demasiado tarde. La muchacha sollozaba aferrada a la baranda donde había estado sentado el hombre que salto, y cuando Kenshin volvió a buscar al extranjero misterioso, ya había desaparecido.
Pocos minutos después, llego la policía a interrogar a la muchacha y a algunos testigos. Kenshin prefirió moverse por su cuenta y revisar por los alrededores a ver si encontraba a aquel hombre de aspecto curioso, pero no logro dar con su paradero. Finalmente decidió comprar las verduras y el saco de arroz que necesitaba, y que al día siguiente haría una visita a Saito.
-Kaoru-dono, Yahiko. Ya llegue- Kenshin llamó pero no hubo respuesta. Entro a la casa cargado de compras, y abrió la puerta del salón
-¿oro?- se encontraban Yahiko y Kaoru sentados en silencio, observando con desconfianza a una chica que aparentaba unos 12 años, también sentada en silencio frente a ellos.
-Kenshin- al oír el nombre, la chica abrió los ojos de par en par y volteo a mirarlo- esta niña dice que viene a verte, y que no hablará con nadie ni dirá nada sobre ella hasta hablar contigo- dijo Kaoru
-mi papa me dijo que en el camino no hablara con extraños- respondió ella
-¿de dónde la conoces Kenshin?- preguntó irritada
-lo siento, nunca antes la había visto- sonrió sinceramente
La chica se puso de pie y se acercó al – Himura Kenshin-san, mi nombre es Uki. Soy la hermana menor de Sanosuke. He venido acá a entrenarme con usted en el kenjustu. Por favor sea mi maestro- hizo una reverencia y permaneció así mientras hubo un silencio incomodo, hasta que él volvió a hablar.
-no sabíamos que Sano tenía una hermana-
-y un hermano menor también-contesto la chica- es que él no tiene contacto con nosotros hace mucho tiempo. Hace un par de meses fue a visitarnos después de años, y ni siquiera nos dijo quién era. Solo después de que se fuera nos percatamos. Y él nos dijo, antes de partir, que si queríamos hacernos fuertes, viniéramos a Tokyo y preguntáramos por usted. Por eso no podía hablar con nadie más
-¿y qué hay de nosotros?- preguntaron Yahiko y Kaoru
-no los mencionó-
-Uki-chan. Te agradezco que hayas venido desde tan lejos. Pero la verdad es que yo no puedo ser tu profesor- a medida que hablaba, el rostro de la chica mostraba decepción- aún no he recibido el título de mi maestro, y por lo demás, no tengo intenciones de traspasar mi estilo a nadie en esta era-
-Pero…Sanosuke dijo…-
-Uki-chan, lo siento mucho- Dijo Kaoru dulcemente- lamento que hayas venido desde lejos. Eres bienvenida cuando quieras. Quédate aquí esta noche, y mañana te llevaremos a ver Tokyo, ¿Qué dices?-
-¡es que ustedes no entienden!- Uki lucía alterada- necesito aprender a manejar un arma, necesito proteger a alguien. No puede ser de otra forma…-
Aquellas palabras llegaron a Kenshin como una flecha en su pecho – Si vas a proteger a alguien – dijo- no puedes hacerlo hiriendo a otras personas que desean proteger a sus seres queridos. Lo siento, pero no voy a ensenarte un estilo para asesinar.
La chica luchaba para contener sus lágrimas – la verdad, es que Sanosuke no me dijo que viniera. Se lo dijo a Outa, mi hermano pequeño. Pero él no puede venir, alguien debe quedarse ayudando a mi padre mientras buscamos ayuda- una primera gota rodo por sus mejilla mientras hablaba- La última vez Sanosuke y mi padre se hicieron cargo de la mafia que andaba tras nuestros terrenos, sin embargo son hombres poderosos y con muchos contactos, y cada cierto tiempo volverán a venir. Mi padre puede con ellos por el momento, pero no podrá por siempre. Ya es más viejo, y necesita que alguien más lo ayude, pero mi hermano es aún muy pequeño, es incapaz de someterse a un duro entrenamiento. Mi madre antes de fallecer me hizo jurar que siempre iba a protegerlo-
-Uki-chan- Todos guardaron silencio unos segundos conmovidos por su historia. Hasta de pronto la puerta de entrada se abrió de golpe.
-¡UKI!- un niño de apariencia delicada y unos 10 años apareció tras la puerta- he venido a buscarte-
-¿!Outa!?-
-¿Es su hermano?- Kenshin y Yahiko se miraron confusos
-He decidido que también quiero ser más fuerte, y entrenar contigo, para que no tengas que esforzarte siempre tanto por nosotros. Yo quiero protegerte a ti, yo soy tu hermano-
-Outa- Uki lo abrazo y estallo en llanto- llegaste hasta acá solo. Estas bien, me alegro tanto.
La mañana siguiente, Kenshin se levantó temprano a preparar el desayuno. Yahiko y Kaoru estaban ya sentados en el comedor, cuando entraron Uki y Outa.
-Gracias por todo, y disculpen las molestias- ambos reverenciaron con su cabeza
-¿oro?-Kenshin venia entrando con su delantal y los platos- al menos quédense a desayunar
-muchas gracias- respondieron- pero debemos partir cuanto antes
De pronto Kaoru e puso de pie, y apuntándolos con el dedo pregunto: ¿y ustedes a donde creen que van? ¿No venían a buscar a alguien que los hiciera más fuertes?
-pero Himura-san dijo que no nos podía entrenar-
-Me presento. Soy Kamiya Kaoru, heredera y maestra del Kamiya kasshin ryu. Y hoy es su día de suerte, porque he decidido aceptarlos en mi escuela. Y este es Yahiko, mi alumno número uno-
-sempai a sus órdenes- Yahiko guiñó un ojo
Los niños los miraron en silencio e inexpresivos unos instantes, analizando sus palabras. Uki contestó:
-imposible-
-¿eh? Y por qué no?-
-porque él es solo un niño, al igual que nosotros. Y además, ninguna chica con vestidos así de femeninos, y cabello largo como el tuyo puede ser instructora de artes marciales-
Ese comentario solo hizo que Kaoru insistiera ciegamente en demostrarle su habilidad a Uki. Un fuego la invadió desde adentro- ¡ya verás! Termines su desayuno rápido- y desapareció por el pasillo
Al cabo de unos minutos, Kaoru volvió a aparecer, esta vez con su traje de entrenamiento. Con su espada de madera apunto a Kenshin- saca tu espada y luchemos-
Kenshin miro hacia ambos lados, y al no ver a nadie más se señaló a si mism0- ¿oro?
-tu sakabato Kenshin- y blandió la espada de madera en el aire, esquivando el apenas el ataque
-P-Pero Kaoru-dono…yo no puedo luchar contigo-
-claro que puedes-
Kenshin se acercó lentamente a Yahiko, lo tomo por los brazos y lo puso al frente suyo, como un escudo- Yahiko va a hacerlo.-
-¿eh? Kenshin no me vengas con eso a mí- dijo Yahiko
-perfecto- dijo Kaoru- después de todo es mi alumno estrella
De esta manera salieron todos al patio, siguiendo a Yahiko y Kaoru que se dirigían al dojo. Uno en cada extremo, se pusieron en posición de batalla, Kaoru a la defensiva con una sonrisa zagas, y Yahiko planeando con inseguridad su ataque. Finalmente empezó el primer round con su ataque, tras el cual en un movimiento cayó al suelo. En el segundo ataque, fueron cuatro movimientos de Kaoru los que lo mandaron al suelo. En el tercero, Yahiko pensó en defender en vez de atacar, y usar la técnica secreta del Kamiya Kasshin Ryu. Kaoru había previsto esto, y en vez de atacar directamente con su espada, evito un contraataque atacando con su cuerpo.
-¡kamiya kasshin ju-jitsu!- y rápidamente lo derribo sin que él pudiera hacer ningún movimiento. Le dio unos segundos y lo ayudo a levantarlo del suelo- Un maestro siempre debe perfeccionarse- se dirigió a Uki- probablemente Yahiko ya me ha superado en fuerza y destreza, pero es la técnica la que hace al maestro.
La chica la contempló un instante, analizando cada palabra, y de pronto Kaoru le pareció digna de admiración. Compartía con ella el hecho de ser mujer y querer hacerse más fuerte para no tener que preocupar a los suyos, y en su inocente mente de niña fue creando una imagen heroica de ella. Con una gran sonrisa en su rostro, ella y su hermano aceptaron ser discípulos de Kaoru.
