Hola!
Sé que hace uff no saben nada de esta historia, pero no crean que la abandoné, solo quise enfocarme en lo que faltaba terminar. Decidí que prefería estancar esta en el principio en vez de al medio, así por lo menos no tendrían que leer tanto otra vez si la memoria les falla como a mí xD!
En fin! Aquí les traigo el primer cap, estaba listo hace buen tiempo, pero recién ahora me animo a publicarlo.
Ah! Por cierto, ACLARACIÓN: En el prólogo incluí la palabra flash, una personita me preguntó si se trataba de un flashback, y la respuesta es no. No lo especifiqué por descuido. "Flash" es el sonido que hacen las cámaras al emitir una fotografía.
Sin más que añadir, disfruten del cap :)
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. Capítulo I
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"La enfermedad y la debilidad son egoístas y vuelven nuestra mirada y nuestra simpatía hacia nosotros mismos, mientras que la salud y la fuerza dan riendas al amor, el cual tiene pensamiento y voluntad para vagar por donde quiera."
-Drácula (Bram Stoker)
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Su nuevo proyecto de trabajo llegó revestido en fino papel de sobre y bajo el apellido de Smith.
Para aquel entonces el detective francés, con los treinta y cinco años que llevaba a cuestas, había decidido finalmente no creer en el amor. Hijo único de una meretriz del bajo mundo que en sus años jóvenes había sufrido la desagradable sorpresa de salir preñada de un cliente al que nunca supo identificar, fue a parar el pequeño Levi de tan solo semanas de nacido a un albergue caritativo que ofrecía hogar, en ese entonces, a veinticinco niños cuando su capacidad era tan solo para doce mocosos. Pese a las dificultades de la época y las escasas donaciones, Ackerman –que fue el apellido que su madre le dejó como último y único presente- logró sobrevivir a duras penas los primeros quince años de su vida junto a un grupo cambiante de otros niños hasta que pudo emanciparse y dedicar su vida a la milicia. Puede que el verse negado del primer sorbo de amor que por derecho innegable merece el ser humano marcara de por vida –o por lo menos así aseguraba él- a su pequeño y maltratado corazón; permitiéndose, única y exclusivamente, sentir solo apego y pasión por los utensilios de limpieza que iba adquiriendo con tanto esmero en sus días de compras. Sea como sea, lo que no aprendió por cuenta propia, lo hizo por experiencia ajena.
Comenzó con el oficio de detective privado hacía siete años cuando, viéndose imposibilitado de continuar con la profesión de leyes, Hanji se apareció en su departamento tras tres años de ausencia con una proposición absurda.
- ¡Por favor, enano! ¡Es solo un pequeño favor! ¡Tus nociones de leyes deben ser más que suficientes para probar de una vez por todas que Petra, tu querida ahijada, no puede casarse con aquel pobre diablo! ¡Él ni siquiera le guardó lealtad ni respeto el día de su boda!
Petra Ral fue la hija del comandante Ral de las fuerzas aéreas francesas, quien había sido su superior y colega por los cinco años que se dedicó a la milicia antes de que se decidiese a comenzar una formación universitaria. El hombre que siempre fue severo y adusto en su labor, perdía su faceta frívola e insípida en el preciso instante en que cruzaba la puerta de su hogar y era recibido por los fogosos besos de su esposa, Clara, y los cálidos brazos de su pequeña Petra, la luz de sus ojos. Él, sumado a un muy reducido grupo de personas, había tenido la oportunidad de conocer a aquel honorable hombre fuera del uniforme militar y lejos de todo armamento. Y fue gracias a esas confianzas sembradas con los años que el comandante Andrew Ral decidió apadrinar a la luz de sus ojos bajo la tutela de Levi Ackerman. Puede que Ackerman siempre haya sido un hombre negado a los afectos y al sentimentalismo, pero siempre fue una persona de palabra. Fue por eso que en cuanto Hanji mencionó lo último de su discurso, no pudo sino coger sus llaves, una cámara fotográfica y un buen libro para develar, de una vez por todas, que aquel malnacido de su esposo no era más que un chupa-fortunas. Desde entonces Zoe apareció de vez en cuando con casos igual de curiosos, y él, que andaba harto del trabajo de oficina, decidió tomarlos hasta que pronto se hizo su propio camino de contactos.
Ahora venía Smith, con su larga y exorbitante trayectoria multimillonaria, con un caso particular y curioso. Quién en su sano juicio, se preguntó nuevamente tras leer por segunda vez el contrato con todas las cláusulas especificadas, se jugaría su fortuna y futuro en un matrimonio poco convencional con –nadie más ni nadie menos- un chiquillo cualquiera. Pudo entender, porque su oficio lo había llevado a comprender ciertas etapas en la vida de cualquier ser humano, que lo más probable era que Smith atravesara una etapa crítica de macho alfa herido en la que buscaba aferrarse –desesperadamente, valga recalcar- a los últimos años de locura y juventud. Era, hasta cierto punto, normal en los hombres de su edad. Pero era más que evidente que no se esperaba que su "escape" fuese un chiquillo desaliñado; porque fue eso mismo lo que pensó Ackerman el primer día en que lo vio.
Lo recuerda perfectamente, y hay veces que desearía no hacerlo. Sucedió una semana después del primer encuentro con Smith. Aquel día, muy temprano, el francés acudió a la oficina del empresario bajo el título falso de un agente de seguros; aparentemente, Erwin quería evitar a toda costa cualquier malentendido entre sus subordinados, ya que a partir de aquel instante el francés terminaría acudiendo con cierta regularidad a su despacho. Cuando el detective hubo tomado asiento en los carísimos asientos de cuero, dispuso ante el mayor el contrato resaltado y releído con las cláusulas a modificar. La cifra monetaria aumentó, así como también se modificó el tiempo a invertir: quedaron en que Levi redactaría informes semanales y detallados sobre todos los movimientos del menor en cuestión, hasta la cosa más insignificante quedaría registrada en letras y fotografías durante mes y medio, es decir, cuarenta y cinco días; a clara excepción en el caso de encontrar prueba contundente de un comportamiento inadecuado de parte del mocoso. Ni un día más ni un día menos. Con ello bastaría para que final y concienzudamente – o por lo menos eso esperaba el francés para aquel entonces- el rubio tomara una decisión con respecto a la pedida de mano. Y como bien decía un viejo dicho oído por ahí, al mal paso darle prisa.
Aquella mañana, tras discutir veinticinco minutos con el empresario, Levi partió en busca de información que le librase de tan tedioso trabajo. Por su puesto, el francés daba por hecho que el mocoso Jaeger –como lo comenzó a llamar después de decidir que llamarlo solo "mocoso" era demasiado trillado- llevaba una vida paralela cuando no le abría las piernas a Smith; y nadie podría culparlo jamás de juzgador, porque llevaba demasiado tiempo metido entre matrimonios multimillonario como para no saber de qué van exactamente las reglas del juego: todo está permitido mientras nada se descubra. Sin embargo, la primera señal inhabitual que le llevó a pensar que tal vez se había apresurado en opinar fue la apariencia del universitario. Eren Jaeger, de tan solo diecinueve años, no era más que un muchacho más del montón; con su aspecto desaliñado, el cabello castaño abundante y rebelde, la piel que, aunque tostada, denotaba un aspecto pálido, alto en lo promedio y unos ojos cuyo color no pudo especificar a simple vista. ¿Serían verdes o azules? Sea como sea, no era cosa de otro mundo; nada que ver con el ser andrógino sacado de cuento de hadas con el que se imaginaba. Pero realmente fue la segunda señal nada habitual en sus acosados –como él solía llamar a sus "entrevistados"- lo que finalmente terminó por convencerlo de que aquel sería un caso particularmente especial, al mismo tiempo que activó en el francés aquella chispita que la curiosidad rara vez producía en él: el mocoso Jaeger era una persona de por más aburrida y monótona.
Llegando a la primera semana de investigación, Levi había aprendido el simple comportamiento de su acosado. Su día a día se trataba básicamente de una ida y vuelta de la universidad a su departamento, y rara vez se alternaba con la biblioteca. Lógicamente los fines de semana estaban destinados a la compañía del magnate Smith; pero en esencia era una rutina poco usual de un joven de su edad. Todo ello resultaba aún más raro cuando Ackerman descubrió que, en realidad, el mocoso Jaeger era en extremo sociable. Un poco vago, eso sí, pero siempre parecía guardar una relación afable con el resto de sus compañeros universitarios. Nunca faltaba quien se acercase a saludarlo cuando él, solo o en compañía de un par de amigos que aprendió a identificar con el tiempo, degustaba un simple emparedado de atún y mayonesa.
- No entiendo qué es lo que ve Smith en un mocoso tan simplón como él. – Comentó aburrido un sábado por la noche en la que cenaba una ensalada romana en compañía de Hanji.
- Aww... ¿Estás celoso, Levicito? – Preguntó divertida esquivando victoriosamente un trozo de tomate que iba directo a su cara. – A mí me parece lindo... Tiene unos bonitos ojos.
Levi cogió la fotografía que Zoe estaba revisando anteriormente y la observó con un poco más de atención. Era cierto, los ojos del muchacho parecían toda una acuarela oscilante entre verde, azul y dorado, además que poseían un brillo particular que le otorgaba un aire de expresividad enternecedora. Se golpeó mentalmente ante aquella apreciación fuera de lugar y se decidió por terminar su cena ligera.
- Sea como sea... – La voz de Hanji lo sacó de su ensimismamiento. – Tendrá un secreto que puedas venderle a Smith.
El francés observó sin mucho interés a la mujer frente a él. La conoció tiempo atrás, en sus primeros años en la milicia, cuando la mujer realizaba un arduo proyecto sobre la vida en territorio de guerra. Hanji Zoe era en aquellos días una joven estudiante de fotografía, quien siempre ataviada por sus impulsos de locura no pudo evitar fijarse en aquella extraña excitación que le producía el tema de la vida y la muerte. Ella sostenía, y se lo comunicaba siempre a gran detalle a cualquier imprudente desafortunado que se atrevía a cuestionar sobre su pasión, que la vida en sí era tan efímera y finita que debería ser sorpresa despertarse una mañana más. Y que mejor lugar para demostrar su teoría que en el ejército mismo.
Por desgracia, Levi Ackerman fue uno de los pobres desafortunados que fue enviado a hacerle una ficha de renovación de permiso a la fotógrafa. Las preguntas ya venían impresas y él se vio en la obligación de realizarlas, mas no por eso reprimió su deseo de golpearla salvajemente cuando la joven mujer comenzaba a salirse por las raíces. Ella, fuera de todo pronóstico común, lo acogió como su amigo y, desde entonces, lo seguía a todos lados cual sombra; acompañándolo en sus horas de almuerzo y en sus turnos de guardia. Ackerman finalmente terminó por acostumbrarse a la presencia ruidosa de la mujer. Así fue como su amistad fue creciendo, hasta que tres años aproximadamente Zoe desapareció de la faz de la Tierra en busca de alguna extravagante aventura fotográfica que supiera calmar sus ansias.
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Pasaron así un par de días más sin darse cuenta y llegó a la segunda semana de su investigación. Ackerman tuvo que aceptar que necesitó más que seguirlo para poder adentrarse a la vida de su acosado, por suerte el mocoso Jaeger parecía ser de esas personas despistadas que anda por el mundo casi por coincidencia y no se percató jamás de la fija mirada gris que seguía día tras día cada uno de sus pasos. El francés comenzó por indagar en su vida profesional y laboral.
Eren Jaeger estudiaba Literatura desde hacía un par de años atrás. Empezó su formación universitaria en Londres, lugar que lo acogió por toda una vida y que se vio tentado a dejar por asuntos personales. Levi lo asumió como un capricho de mocoso, pues el joven de ojos aguamarina no pareció ahondar más en detalles en su solicitud de traslado. Sus notas eran regulares, ni muy destacables ni tan deplorables. No realizaba ni una actividad extracurricular ni dependía de un trabajo, como la mayoría de los universitarios de su generación. Lejos de lo esperado, el joven literato no gozaba de una solvencia económica abundante. Vivía en un pequeño cuarto con ventana a la calle, baño privado y agua caliente. No internet, no teléfono, no canales ilimitados en la caja tóxica de televisión. El mocoso Jaeger apenas contaba con un móvil sencillo que utilizaba de vez en cuando para localizar a sus amigos más cercanos. Ello fue lo que llevó a pensar a Ackerman que las razones para ser todo un cazafortunas no eran nada desestimables.
- No tiene dónde caerse muerto, esa es la verdad. – Dijo sorbiendo pequeños sorbos de su taza de café humeante ante la inquisidora mirada de Smith.
Levi había llegado aquel jueves por la mañana a su oficina, con un manojo de hojas y fotos envueltos en un sobre de color maíz. Alternaba su explicación mientras le mostraba al intrigado empresario las cifras monetarias en dónde se visualizaban los egresos del muchacho y sus nulos ingresos.
- No creo que Eren esté conmigo por mi fortuna, Levi. – Opinó seguro el rubio, quien para aquel entonces ya se había tomado la molestia de tutear al detective. – Jamás me ha pedido nada y siempre busca la forma de negarse ante cualquier presente o detalle monetario que quiera hacerle.
Aquella afirmación descuadró brevemente al francés, pero pronto se disolvió al sopesar la idea de una máscara hipócrita. El mocoso Jaeger podía ser todo lo vago y sin gracia que quiera, pero no por ello iba a desestimar su inteligencia. Probablemente aquello era lo que quería hacer creer a Smith mientras se aseguraba de atrapar su ingenuo corazón de macho desesperado.
- Mocoso listo. – Rumió entre dientes lo suficientemente bajo para que Smith, perdido de nueva cuenta en una descripción detallada de lo fantástico que era Eren, no lo escuchase. – En fin, solo quería aclararte eso. Y mi recomendación profesional es que no te cierres a cualquier posibilidad. Nadie en este mundo es una santa paloma.
Y Levi era así. Amargado, desconfiado y resentido. Así fue como la vida lo crío, y así seguiría siéndolo hasta poco tiempo después, cuando todas sus fuertes convicciones se verían derrumbadas por un mocoso de ojos vivaces.
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Eso ha sido todo por hoy, ya estoy avanzando el segundo cap! Seguro lo tendré listo para la otra semana. Estoy buscando trabajo, así que estoy aprovechando lo que me queda de vacaciones antes de volver a la universidad y trabajar xD!
Cualquier duda, comentario, sugerencia, es bienvenida ! :)
Nos leemos! Un abrazo!
