Agua de mar
Se habían colado en un barco pesquero. Robb Stark corría por la cubierta con una inmensa sonrisa y un adorable tono rosado en sus mejillas; él quería ver un barco y Theon Greyjoy le había cumplido su deseo.
— ¡Wow! ¡Es genial! —Robb suspiro a sus diez años. Era fácil sorprenderlo.
—Es mejor cuando cruza el océano.
Los azules ojos de Robb brillaron llenos de admiración, era fácil asombrarlo. En Invernalia no había más que nieve y el frio castillo, Theon siempre entretenía a Robb contándole sobre Pyke y sus barcoluengos.
—Quiero ver un barco, por favor, llévame al puerto.
Robb le suplicó y Theon no vio manera de negarse, todo hombre tenía una debilidad y Theon empezaba a descubrirla. Fueron unas horas a caballo desde Invernalia al puerto más cercano, Theon le contó una y otra vez las historias de piratería que vivió su tío Euron.
— ¡Yo quiero ser un pirata también! —Exclamó Robb, mientras jugaba con la cuerda de la vela del barco pesquero. —Podríamos navegar y saquear por los siete mares.
En Pyke, Euron lo llevó a saquear en el Silencio, junto a Rodrik y Marón. Theon estuvo tan maravillado como Robb en ese entonces. Sin embargo apenas zarparon sus hermanos se encargaron de tirarlo por la plancha. Theon no tenía un buen recuerdo de su primer saqueo.
— ¿Navegarías conmigo Theon? —Robb preguntó con firmeza.
—Si, por supuesto. —Theon se arrodilló delante de Robb. —Navegare junto a ti los siete mares, Capitán.
Jory Cassel se responsabilizó de encontrarlos y devolverlos al castillo. Ned Stark los esperaba en el gran salón, con un semblante que hizo que se le helaran los huesos, hasta el momento no se le había pasado por la cabeza las consecuencias de llevar a Robb al puerto.
—L-lo siento, Señor. —Theon dijo con la cabeza baja, casi a punto del llanto. Fue idea de Robb pero sabía que él se llevaría por completo el castigo.
Theon encogía cada vez más su cuerpo, esperando a que Ned dijese algo. Una sola vez Theon había sido regañado, también a causa de Robb, en la noche, luego de asegurarse de que todos dormían, ambos fueron al patio al practicar tiro con arco. Robb se había hecho un pequeño rasguño al tensar el arco y Theon recibió el enojo de Ned Stark. En su vida se había sentido tan asustado.
Ya estaba preparado para escuchar la dulce voz, que no dejaba de ser tenaz. Robb le tomó la mano, con discreción entrelazo los dedos. Theon lo miro atónito, con un pequeño atisbo de humedad en sus ojos. Robb le guiño un ojo y de algún lugar Theon sacó confianza.
— ¡Quiero ser un pirata! —Robb le dijo a su padre. — ¡Quiero navegar alrededor de los siete mares junto a Theon!
—Robb, eso no está en discusión. —Ned se frotó la sien.
—Saquearemos los barcos enemigos y te traeremos mucho oro, oro para ti padre. Theon sabe muchas cosas sobre navegación, el me ayudará. Por favor, déjanos ser piratas.
Robb insistía día tras día, en una última instancia a Ned no le quedo más opción que ceder a los caprichos de su hijo. Su primer saqueó había sido a un pequeño barco, tenía tantos hombres como tesoros, cuales podían contarse con los dedos de las manos. Con el tiempo se les unió Jon Snow, el ceño fruncido y la prepotencia debían soportarse por el oro. Cada año sus saqueos aumentaban como los tesoros.
Esos fueron los mejores veranos en su vida y ahora estaba muy lejos de ellos.
—Es un gran barco ¿no cree? —Había oído del barco, alguien alguna vez dijo que era tan indomable como el dueño. —Por cierto le he puesto Sangre, ¿le gusta al señor ese nombre?
Theon alzó con lentitud su cabeza, se sentía pesada, su cuello dolía con cada mínimo movimiento. Sus muñecas se agrietaban entre las esposas, cayendo y tironeando sus brazos cuando se quedaban sin energía para mantenerlas erguidas. Sus rodillas comenzaron a sangrar, no podía sentir sus piernas pero si el dolor que ocasionaba la mala circulación de la sangre.
—A…—Musitó. —Agua… p-por favor.
Sus labios estaban secos, rajándose con cada palabra que largaba. No sabía ni recordaba cuantos días ya había pasado debajo del sol, viendo como el salado mar salpicaba en la cubierta, siquiera esa agua llegaba a él.
— ¿Agua? —El Capitán del Sangre ladeó la cabeza. — ¡Por los siete mares, Príncipe! Llevamos casi un mes rodeados de agua y usted pide más, es bastante desconsiderado de su parte.
Ramsay Bolton se cruzó de piernas, se encontraba a su derecha, pelando una manzana. Desde que el sol salió estuvo a su lado, tarareando y pasando por alto sus súplicas, al igual que en los días anteriores.
A cada costado en que miraba los furiosos ojos de los hombres de la tripulación se le hincaban, quemantes. Ante la presencia del capitán no tenían permitido molestarlo, el último hombre que había desobedecido esa regla fue pasado por la espada.
Fue una fría noche, el viento corría feroz por las velas, el capitán se hallaba en la proa. Un hombre robusto y cuarentón se le acercó. Theon sintió alivio al momento en que se le quitaron las esposas, pero el miedo llegó al tener su cabeza presionada en la cubierta.
—Siento tener que arruinar este gran momento que están pasando. —Sus sucios pantalones no terminaron de ser arrancados y el capitán apareció en su salvación. —Pero estoy celoso.
Esa noche los gruesos labios le habían regalado una suave y reconfortante sonrisa, Theon le tuvo mucho más miedo a esa expresión que a lo que le hubiera pasado si el hombre no hubiese probado el acero.
— ¿Sabe, no? Hay que ser cuidadoso, uno tiene que saber dónde cortar para no desperdiciar la fruta.
La cascara de la manzana caía en sus rodillas, su estómago rugía, tenía demasiada hambre. Bajó tanto como pudo su espalda, no conseguía alcanzarla. Haría tanta fuerza hasta que sus brazos se desprendieran de sus hombros solo para llevar la cascara a su boca; no podía soportar un minuto más sin comer.
—A-agua. —Gimió. —Por favor… un poco de agua.
—Sigues queriendo agua. —Ramsay frunció los labios y levantó una ceja. — ¡Oye, Desollador, démosle al Príncipe un poco de agua!
Con el cuchillo el capitán apuntó a uno de sus hombres. Desollador le retiró las esposas, acarició con delicadeza sus magulladas muñecas, pausadamente y soportando el ardor. Su cabello fue jalado hacia adelante, en consecuencia su cuerpo se arrastró.
—Ahora beba tanto como quiera, Lord Theon.
Su cuello fue colocado en el final de la madera, las olas golpeaban sobre la obra muerta, salpicándole la cara. Lanzó un grito de la impresión, su cuello era forzado a descender, los dedos clavados en su piel lo destrozaban. Si tuviera algo de fuerza podría hacerle frente.
La mitad de su cuerpo fue inducido hacia abajo, su cabeza fue parte del salado mar. El agua irritaba sus ojos, se enredaba en la desesperada respiración y rellenaba sin excepción su boca. La sal quemaba su garganta.
Sus brazos se sacudieron incesantes y desesperados. Su cabeza fue alzada, tosió, la sal le proporcionaba un punzante rastro en su paladar. Se retorció débil, ahogándose en el agua que expulsaba.
— ¿El Príncipe todavía desea agua? —Ramsay preguntó con diversión.
—Me las pagaras. —Escupió. —Te matare, maldito bastardo.
Desollador, sin haber quitado los dedos de su pelo, le tomó la mandíbula, subiendo su cabeza. Ramsay humedeció sus labios, la sonrisa en estos aumento el brilló cuando lo amenazó. Moviendo en el aire el cuchillo volvió a darle una señal a su hombre.
—Vamos, tenemos que saciar la sed de nuestro invitado especial.
La tierra raspaba su piel en el furtivo empuje. Pataleó y se aferró con las uñas a la madera, otra vez no, no sobreviviría a una segunda vez.
—Detente, detente… no quiero más.
Los dedos de Desollador se desprendieron de sus empapados mechones. Estaba al borde, las olas chocaban, arrasadoras. Se inmovilizó admirando el mar, él era un kraken, nació allí y debió morir allí también, había perdido esa oportunidad.
Su cabeza fue levantada, entre la cristalización en sus ojos y los fuertes rayos de sol podía ver la desagradable sonrisa del capitán. Se mantuvo boquiabierto por un instante. Ramsay tomo una botella de cuero y la abrió.
— ¿Aun tienes sed, verdad? Tus labios están secos. —Le preguntó, fingiendo un torpe atisbo de amabilidad.
La transparente agua se vertió en la mano del capitán, pálida. El agua traslucía en los dedos y se desbordaba por los mismos.
—Bebe. —Indicó doblando las segundas falanges, reteniendo algo del líquido.
Aguantó sus ganas, con una atormentada paciencia, no podía sacar nada bueno de lo contrario. El agua mojó el suelo y salpicó su cuello. Relamió sus labios cuando la última gota llegó la sucia madera, a causa de que Ramsay agitara su mano.
—Perdiste tu oportunidad. —Frunció los labios. —Quizas le guste más la que tú le ofreces, Desollador, dale otra probada.
Las yemas de los dedos contornearon su rostro, clavándose en uno de sus mofletes y luego soltando de golpe, logrando que su mentón se golpeara contra el suelo.
—P-por…—Tragó saliva. —Por favor.
Los ruidosos pasos se alejaban y el pesado sentir se hacía más cercano. En un abrir y cerrar de ojos, sus labios se separaron, porque oyó que se lo pidió o absolutamente por diligencia.
—-¿Quieres de esta? —Ramsay señalo la botella y Theon asintió.
La sonrisa ajena irradiaba cada vez más. Un destello también crecía en las pupilas que se dilataban. Ramsay Bolton esparció el agua en su mano otra vez, apretó los dedos y la dejó cerca de su boca.
—Bebe antes de que se acabe. —Dijo con un sutil tono. —Rápido, no habrá otra oportunidad.
Sus labios se separaron, su lengua dio una aparición, sus ansias se hubiesen calmado. Las manos ajenas se posaron en sus cabellos, y estos fueron jalados. El punzante dolor no podía tener comparación con el que sintió a continuación. El agua se traspasó entre los dedos y el que rellenaba la botella se desplomó en el suelo. Sus ojos divisaron hasta el mínimo detalle de aquel viaje, con deseo y tristeza. Su rostro fue dejado a la altura del contrario, cual bajo algunos centímetros.
—Aproveche las oportunidades, Lord Theon. —Soltó la botella. — ¿Todavía debe tener sed, no es así? —Realzó las cejas, delgadas. — ¿He sido malo contigo, no es así? —Divagó en el movimiento de sus claros ojos. —Bueno, si suplicas tal vez cambie de parecer.
«Súplicas. Quiere súplicas.» La vista del capitán lo examinó, un tiempo prolongado en su nariz y otro por la cercanía del cuello y los hombros. «Suplicar. Tengo que suplicar.» Sus labios formularon un indeterminado desliz, ninguna palabra se dio el gusto de salir.
— ¿Tendré que ser yo el que ruegue, Príncipe?
Su cabeza fue aproximada al suelo. El impulsó de la acción le hizo perder el equilibrio, que recuperó cuando la cercanía con el reflejo del líquido fue lo único que pudo observar. Separó a gran distancia sus párpados, a los segundos los cerró con enardecida presión, no tenía la intensión de verse.
—Bebe. Bebe hasta que tu corazón este satisfecho. —Le ordenó severo. — ¡Bébelo ahora!
Sus agotados labios tocaron el líquido. A la primera mojada se apartaron y regresaron con desenfreno. Lamió, absorbió y tragó escrupulosamente. Lo desagradable de la situación no lo percibía, la dulzura penetró en la totalidad de su cavidad; su sentir era lo que le traía más repulsión.
— ¿Satisfecho? —Antes de que tuviera el tiempo necesario para beber todo, su cabeza fue elevada y sus mejillas apretadas entre sí. —Eres un buen perro.
El aliento a vino del capitán le generó nauseas en la puerta de su estómago. Este se alejó, las risas de sus hombres acompañaron su ida. Él lo había humillado.
—De pie, Lord Theon.
Sus dientes crujieron, ni siquiera tenía fuerzas para doblar sus rodillas. Desollador le dio unas cuantas pataditas hasta que lo incorporó. Sus piernas traquetearon, advirtiéndole con dejarlo de lado.
— ¿Ha disfrutado de su agua?
—Que te jodan. —Mostró los dientes.
Ramsay largó una chillante carcajada, escupiendo el trozo de manzana que tenía entre los dientes.
—Llevad al perro rabioso a la bodega. Encerradlo en la jaula más pequeña, se sentirá a gusto allí. —Se limpió la boca. —Más tarde iré a visitarlo. Tendré que enseñarle buenos modales, Lord Theon.
