The Circle

Advertencia: todos los personajes son propiedad intelectual de Cassandra Clare.


Lucian

El dolor le desgarra por dentro. Es fuego corriéndole por las venas, es veneno latiendo en su corazón, esparciéndose por su cuerpo, creando raíces profundas, que arrelan en lo más hondo, arrebatándole el aire, impidiéndole respirar bien.

Gruñe por lo bajo y se sorprende. Sus ojos azules, plácidos, se abren y contemplan el mundo, uno nuevo, uno que jamás ha sido capaz de ver, mucho más intenso, hermoso, indómito;su nuevo hogar. Y las runas se desvanecen, no dejan huellas sobre la piel, que ya no es pálida y suave, sino que se abre y se separa, mientras todo a su alrededor cambia y él se convulsiona y grita, agónico, a las estrellas, pidiendo que todo termine, que todo ese sufrimiento se desvanezca, desaparezca como una pesadilla, como un sueño del que quiere desperar desesperadamente. Pero el cambio prosigue, porque no lo puede detener; ahora forma parte de sí mismo, escurriéndose bajo los huesos que estallan y se parten mientras que todo parece moverse a su alrededor.

Deja que la rabia se apodere de su ser, que imprima en su mente su nombre con fuerza, y ahulla a la luna, a la inmensidad del firmamento, tan fuerte como puede, para que le oiga él.

Ya no tiene miedo, pues todo lo humano se aleja, se va diluyendo; el instinto animal surge entonces, despedazando sus emociones, dejando a su paso sólo furia animal. Y corre, salvaje, hasta ser uno con el viento, perdiéndose en lo más profundo del bosque.

Se siente libre, se siente poderoso, sacudido por una nueva fuerza, una energía bestial que le impulsa a seguir adelante, a no pensar que ya no es una persona. Y el dolor remite y nota cómo la vida pasa, intensa, nueva bajo el rielar plateado a una luna entera, y quiere entregarse a ello, a ese estado de inconsciencia donde no existe el sufrimiento. Pero en las profundidades de su alma, ahí donde lo animal acaba, muy adentro en su corazón, lo sabe; sus palabras le atraviesan como dagas, siente la pérdida de algo primordial, algo que siempre le ha acompañado, aquello que le hacía mejor. Aún que las marcas desaparezcan, aunque ya no haya huellas en su cuerpo, sobre su pecho siempre estará, escrita con sangre y fuego, la magia que le une a su otra mitad, la runa que lo marca como parte de un todo, como la otra parte de Valentine.