Capítulo 2
Coincidencias Propicias
Ino Yamanaka había pasado una infancia e inicios de su adolescencia en el discreto vecindario noroeste de Konoha, yendo a las escuelas particulares de la zona y manteniendo el ritmo de vida relajado y típico de toda hija única y con un padre recién enviudado.
La rutina era tranquila hasta que el negocio propio de Inoichi Yamanaka prosperó y lo que había comenzado como una modesta y diminuta florería, que luego pasó a vender complementos para jardinería, forrajes y agricultura, terminó convirtiéndose en una micro sucursal abarrotera. Obvio, la tienda se expandió y con ello, el cambio de vida para el apacible núcleo familiar padre-hija.
Aunque el lío de la mudanza fue problemático debido a la temporada, no había sido nada a comparación de la mañana de pesadilla que Ino tuvo que pasar aquel asolado lunes de enero.
Se había hecho a la idea de encontrar cierta "hostilidad", como en cualquier escuela pública –una completa penitencia, ya que su padre siempre le había tenido en colegios e institutos privados y por ende, más "civilizados"— y tratándose del factor "alumno nuevo-a-medio-semestre", Ino sabía que el primer día sería una verdadera pesadilla.
Un accidente cualquiera lo tiene, y aquella jovencita de larga cabellera rubia y mesurado aunque ocasionalmente pernicioso carácter, no era muy diestra en cuanto a actividades deportivas se tratase. Ino sabía que no había sido su intención, ni siquiera había notado su presencia, algo difícil tomando en cuenta que la tosca muchacha que la arrojó contra su casillero tenía el cabello tan llamativo como un estrafalario anuncio de neón. Estaba más concentrada en atender el enérgico saque de la capitana del equipo de voleyball que en enfocar la puntería del tiro, y como ella misma sabía, era pésima para coordinación ojo-mano.
El vidrio roto fue lo de menos. El inocente cristal no había arremetido contra ella… no como lo hizo la iracunda fulana de pelo rosa ahora cubierto de lo que seguramente era su almuerzo.
Bien, una "bravucona" más a su lista de enemigos jurados, esto no preocupó mucho a Ino, no era la primera vez. Pudo sobrevivir a los hoscos empujones, al escasísimo aire mezclado con esa peste a humedad que reinaba en el enmohecido casillero; después de todo, habría podido ser peor…
Un dia fatal, para regresar a casa, con el uniforme nuevo magullado, el cabello revuelto y teniendo que dar la explicación mas patética –según ella- a su padre y esperar el aburrido sermón positivista de éste. Inoichi Yamanaka era casi la cara opuesta de ella, calmado y sereno mientras que la joven al menor aspaviento podría terminar hasta en una crisis nerviosa o en un vaivén de preocupaciones depresivas.
…Y lo acontecido esta mañana, estaba, en términos de Ino, "como el peor dia de su vida".
Si bien su padre intentó animarla a su manera, después de todo no hay como una tranquila tarde de padre e hija… aunque claro, pasar toda la tarde ayudando en el almacén, acarreando sacos de semillas y entregando costales de alimento seco para perro en la desolada perrera de aquel pueblucho abandonado de Dios, distaba mucho de cualquier idea de diversión y esparcimiento para Ino.
Inoichi estacionó la camioneta en el área designada para empleados; eso incluía a proveedores de comida, bolsas para desechos y el personal de control animal.
La joven bajó levemente el cristal de su puerta y echó una mirada rápida al lugar. El edificio estaba, literalmente para llorar; la pared de la entrada parecía sobreviviente de un terremoto, la pintura y la puerta, a excepción de la placa metálica con el obligado escudo de la aldea, tenían ya el tono amarillento de que nadie siquiera había tenido la flamante idea de darle una recubierta. El rótulo, con el encabezado "Perrera Municipal y Servicios Veterinarios de Konohagakure", tenía una enorme huella de herrumbre que cruzaba a lo largo, dando un aire patéticamente descuidado y depresivo. Tampoco ayudaba los toneles de basura acumulados a un lado o los escombros de una de las bardas de contención.
El barullo del interior tampoco era nada alentador. Ino suspiró hastiada y volvió a subir la ventanilla.
—Creo que mejor me quedo en el auto —aquejó a punto de volver a ponerse los audífonos de su Ipod.
Inoichi sonrió autoritario y displicente; su hija conocía ese gesto y lo aborrecía.
—Ah… no, mi pequeña princesita. Tú vas a ayudarme igual que lo haces en la tienda —ordenó con aquella misma sonrisa—Lleva las dos bolsas pequeñas y yo me encargo del resto.
La chica espetó un bufido que poco o nada importó a su padre; igual que la emberrinchada expresión de su rostro, mientras caminaba detrás de Inoichi a paso renuente, con un costal de alimento seco para perros en cada mano, arrastrándolos con el mismo estado de ánimo que tendría el esclavo de una mina.
—Argh… ¡Paaaapáaaa! ¿no te puedes llevar éstas? –se quejó deteniéndose y dejando en el piso los mullidos bultos. Puso los brazos en jarras y acentuó más su fastidiada expresión—¡Se me va a romper una uña!
A casi dos metros delante de ella, su padre se detuvo. El rostro estaba oculto tras uno de los sacos de comida de cinco kilos, llevados en tropel. Apenas alcanzó a dirigirle una mirada corta y fugaz a su quejumbrosa hija.
—Pequeña, son sólo dos bolsitas de medio kilo… aunque si quieres puedes llevarte una de éstas… —señaló con la mirada hacia los toscos bultos.
Al instante, la joven resolló y negó con un dramático movimiento de cabeza. Pasó mustiamente delante de su padre hacia el interior del edificio. Inoichi no evitó proferir una risita corta.
—Igual a su madre… —dijo para sí mismo. Luego elevó un poco el tono—Déjalas en el mostrador… ¡Ah! Y no vayas a dejarlas ca…
¡PAAAF!, el eco hueco y sordo de los empaques resonaron contra el metal de la mesa del mostrador.
—….caer…. —exhaló Inoichi.
Con el ánimo y el humor fastidiado, la mirada escudriñando el polvoriento y descuidado decorado de la recepción, Ino se desplomó en una de las sillas. No evitó una mueca de asco debido a la peste de limpiador de pisos baratos y aquel molesto aroma de medicamento para animales… por no mencionar algunas otras cosas.
—Oh, ¡Yamanaka-san! —un hombrecillo de aspecto menudo y con una cara que se podría bien equiparar a la de un enfermo en una sala de terapia intensiva, saludó escuetamente a Inoichi. Se dirigió fugazmente a la joven, saludándole con un formal "buenas tardes" y volvió su atención a su padre —¡Qué gusto que pudiese venir! Permítame ayudarle
Éste respondió con una sonrisa corta, aun detrás de los sacos que llevaba. El sujeto se adelantó y ayudó torpemente a Inoichi con la carga.
—Gracias, Hayate… bueno, me pude dar un tiempo, además, le dije a Ebisu-san que podría traerle el pedido antes de las ocho. —argumentó Inoichi—Por cierto, ¿Dónde esta?
—Ah, aun sigue lidiando con los típicos problemitas de aquí, es lunes y como siempre, hubo tres chuchos problemáticos en el área de jaulas… además de que terminó rolando el turno de Iruka…
El barullo aumentó, Ino apenas y oía la conversación de su padre con el tal Hayate como si fuese un ruido de fondo a comparación de la intensidad de los ladridos y aullidos que abatían el área de las perreras. El otro tipo –llamado Ebisu- se asomó por el pasillo, saludando escuetamente y tironeando de algo; sea lo que sea, esto no hizo más que hacer que el bullicio se elevara. Ino sólo alcanzó a ver una mancha rosácea forcejeando contra el sujeto. No se preocupó por prestar atención minuciosa a los detalles, todo cuanto quería ahora era apartarse de semejante escándalo.
Era un buen momento para una retirada "a lo Ino" antes de terminar con una migraña monumental.
—¡Papáaa! Te espero en el auto… —no hizo una pausa para alguna respuesta, esto no era una pregunta, era una afirmación—¡La pese a animales me esta mareando!
Se levantó, presta a salir, olvidar todo ruido de fondo y salir como si nada… hasta que algo que no fue precisamente ruido de fondo le detuvo. No era la voz de su padre, ni la de alguno de esos sujetos… era la de una chica, eso era más que obvio. Y por el decibel de grito… había algo familiar en ella…
Se había quedado atónita, enmudecida como quien hubiese visto a un fantasma. Su mirada circunspecta estaba fija mientras que mentalmente rogaba porque aquello hubiese sido un malentendido… ¡Claro, un malentendido causado por la pésima acústica del lugar! Con tanto perro ladrando al mismo tiempo, era lógico que pareciese que ella había escuchado…
—¡Ino!
—¡¿Q-q-quéee?! –resolló la aludida, pudiendo haberse desvanecido…o haber corrido como mero impulso, si no fuese porque se había quedado estúpidamente inmóvil.
…quien le había gritado era aquella peluda sombra con la que forcejeaba Ebisu, tironeando del arnés como un demonio inquieto. Un mediano y revoltoso perro de pelambrera rojiza clara… casi rosa.
—-0—
Había momentos propicios y coincidencias muy, muy pertinentes. Claro, que el destino tiene una manera caprichosa de unir estos puntos en uno solo. Las ironías de la vida a veces podrían aprovecharse… y Sakura Haruno simplemente no iba a dejar escapar ventajas como ésta.
…aunque fuese vergonzoso…
La había escuchado… ¡No!, más aun, aquella fragancia de perfume caro –que tanto había aborrecido en el encuentro de la cafetería simplemente por notarse tan pretencioso- la había percibido con minuciosa claridad, ahora culpa de su agudo y nuevo olfato canino… al menos algo bueno tenía en este momento.
Era más que obvio que en cuanto saliese de allí, ya tendría oportunidad de pescar al supuesto sensei y obligarlo por las buenas –o las malas, preferentemente- a dejarlo todo como estaba. Claro, cuando saliese… ésa era la prioridad del momento.
Y ahora la rubia tonta y pretenciosa estaba en la entrada…
Sakura había gritado, recordó el nombre por mero reflejo. Pareció captar su atención… o ¿acaso le había entendido? A juzgar por la expresión de su semblante, parecía que sí, aunque a estas alturas, a Sakura eso no le importaba. Ahora lo importante era salir y las posibilidades de ello eran muy pocas si no se planeaba con detalle.
E Ino estaba allí… ¡Perfecto!
—¡Ya! ¡Muévete! —retumbó la voz de Ebisu, ahora en un tono de jadeo a causa de los últimos empellones contra el arnés.—¡Irás directo a la jaula! ¡Quieras o no…!
…¡Y al diablo! Sakura dio un último tirón, haciendo que el pobre tipo diese de lleno contra el marco de la puerta. El arnés no se soltó y el astil de este pasó rozando contra la cabeza de Ebisu, el linóleo, el escritorio y uno de los cubos de basura mientras ella corría torpemente hasta casi tirar a Ino.
Buen momento para empezar una farsa. Algo de drama…
—¡Ino! ¡Ayudame! ¡Sácame de aquí…!
Y la farsa estuvo a punto de irse al caño. Totalmente comprobado, la perniciosa rubia le había entendido sílaba por sílaba, o de lo contrario no había proferido semejante grito que casi le deja un zumbido en los oídos. Había retrocedido al instante, chocando contra una silla y cayendo de un sentón sobre ésta.
—¡Aaahhh! ¡T-t-tu… ! ¡¿HABLASTE?! —clamó acentuando el tono agudo de su voz.
Sakura hubiera querido cubrirse los oídos en este momento… de haber podido, claro. Segundos más y adiós farsa y de vuelta a la jaula. No era momento de abandonar el plan, por vergonzoso y estúpido que le resultase.
—¡Shh!…¡—Sakura se agazapó, sin moverse—¡Sácame de aquí y luego te explico! ¿Vale?
—¡¿Quéee…?!
Técnica numero dos… suplicar –y que Kamisama se apiadase de quien se mofase de la situación, medidas extremas eran medidas extremas, y si Sakura Haruno tuviese que suplicar, lo haría… o lo fingiría.
—Por favor….
Apenas Ino intentó decir algo, oyó a uno de los empleados gritar iracundamente, mientras se levantaba cojeando y pasándose una mano por el dorso amoratado de su cara.
—¡Me las vas a pagar, pulgosa! —antes de que la aludida pudiese poner patas en polvorosa y escapar, el terco Ebisu alzó el mango del arnés y tiró de éste como se hace con los estribos de un potro salvaje. Mínimo le sacó una muy honda y casi desfalleciente exhalación a la ofuscada Sakura—¡Ahora si! ¡Directo y sin escalas a la jaula! ¡Andando!
—¡Espere! … —a mitad de un impulso de justica, o mas bien un instinto de curiosidad, Ino solo alzó sutilmente la mano, para luego volver a quedarse enmudecida sólo por no saber qué más decir.
Su padre, quien volvía del área de la bodega, con la lista del surtido bajo el brazo, se quedó levemente extrañado.
—Vámonos pequeña… ehm… ¿Ocurre algo?
La joven se encogió de hombros por un momento. Sakura también se había quedado quieta –como podía, en medio de los tirones de Ebisu- y mirándole fijamente. Ino la contempló y luego a su padre.
—Es que, estaba pensando… —tartamudeó dubitativa, esto simplemente iba en contra de toda lógica, igual que aquella canina que le había hablado—… en que nunca me dejaste tener una mascota, papá…
Inoichi se pasó una mano por detrás de la nuca, chasqueando la lengua en ademán pensativo.
—Bueno, tal vez… —murmuró—…aunque con lo de la mudanza y el cambio de escuela, hacerte cargo de un perro seria una responsabilidad extra…
La rubia jugaba con sus dedos, tratando de encontrar alguna razón plausible.
—Pues nunca me has dejado intentarlo.
—Humm… aun recuerdo al pobre "Goldie" —Inoichi no evitó una risilla corta.—la pecera… y el pobre murió sobrealimentado.
—Papá, si lo olvidas, tu llenaste la pecera de "Goldie" con agua salada… y yo sólo tenia ocho años, ooobviamente no sabía cuanto darle de comer.
Sakura tragó hondo. De repente aquello dejó de parecerle un buen plan de escape.
"Genial, quedarme y que éste maníaco me eche a la cámara de gas o morir a manos de la rubia psicópata…"
—Bueno señorita, disculpe la interrupción pero yo no consideraría como mascota una bestia como ésta —irrumpió Ebisu, volviendo a tirar del arnés, haciendo que Sakura se tumbase de costado—… tenemos cachorros realmente tranquilos, es mejor para dueños primerizos y…
—Gracias pero… —Ino la señaló con la mirada y luego contempló silenciosamente a su padre, solícita.
Éste asintió.
—Sabes, creo que es un buen momento para que tengas tus propias responsabilidades —musitó a su hija, luego se dirigió a Ebisu— Jeje, nos llevamos a la pequeña revoltosa rosada.
Ebisu espetó un bufido.
—Ni hablar, ustedes se arriesgan… —miró de reojo a Sakura—¡Suertuda! —alargó el mango del arnés hacia Ino—Iré por el papeleo y una correa simple.
Sakura resolló, tratando de recobrar el aliento. Contempló de reojo a Ino, aun algo contrariada. No hubo ningún otro dialogo más allá de un simple y escueto "Gracias".
—0—
El apartamento estaba ubicado en uno de los modestos vecindarios del éste, casi cerca del centro, en una de esas calles abarrotadas de seis casas por manzana. Mediana y modesta, dos pisos y un jardín trasero… todo bien hasta que Ino terminó de ayudar con las bolsas sobrantes de las entregas y se quedó a solas con Sakura en el jardín.
Atenuó su voz hasta casi un susurro, pero para Sakura aun se oía como un chillido retumbante.
—Bien… ahora sí, ¡¿Qué rayos está pasando?! —sin esperar respuesta y soltando un quejido largo, la rubia se llevó ambas manos a la cabeza, melodramáticamente—¡Debo de estar volviéndome loca…!
De haber podido, Sakura se hubiera alzado de hombros. Se limitó a suspirar hondamente, con la mirada dubitativa fija en cualquier otro punto que no fuese el semblante pálido de Ino.
—Si, se que suena… ehm… "loco" y ridículo, pero…
—¡¿Eres un bakemono?! —Ino elevó aun más la voz—¡¿O una de ésas mascotas mágicas de…?!
—¡Ey! ¡Ey! —Sakura alzó una pata delantera, a modo de silenciar la estruendosa diatriba de Ino— Antes que nada… ¡Deja de gritar! ¡Vas a dejarme sorda con semejantes chillidos! —Ino se quedó con la boca abierta sin proferir nada mas—… bien, ahora… ¡no soy un bakemo-lo que sea que sea eso! Soy humana.
Hizo una pausa, si bien no valía la pena echar a perder la farsa, al menos aun no. Ahora con la expresión de Ino, mantener las apariencias se volvía difícil.
—…¿Humana?
—Si… aunque esto es temporal —Sakura casi susurró aquello último—…o eso espero… El culpable fue un tipejo que supuestamente era un maestro de la escuela y… ¡Ey! ¿me estás oyendo?
Ino se había llevado ambas manos a la frente.
—Definitivamente creo que lo estoy imaginando todo... ¡Debe ser el estrés de la mudanza o…!
—…o quizás quedarte tanto tiempo en ese casillero sofocó las neuronas que te quedaban.
Y ahí llegó toda la farsa. La rubia había cortado por completo su autocompasivo diálogo y se quedó en un silencio abrupto, con la mirada desencajada y sorprendida.
—¿Qué…? ¡¿Qué dijiste?! —Ino se detuvo por un momento. No era nada tonta, tras aquello conectó los cabos inmediatamente— ¿Cómo sabes lo del casillero si…? …la única que lo sabía aparte de los maestros, fue ésa bruta de pelo rosa que… ¡Un momento!
Adiós plan de respaldo… y adiós a la falsa imagen de pobre chica en problemas.
—Ehm… ¿oops?
El semblante de Ino pasó de sorpresa a una nada alentadora furia. Sakura lo notó sutilmente por el rubor de las mejillas de la joven… y ésa peculiar aura anímica.
—¡¿Fuiste tú?! ¡La bravucona tosca de la cafetería…!
—Sakura Haruno —la aludida resolló con soltura y al mismo tiempo no perder su peculiar autoridad.—… y sí, aun debajo de todo este ridículo abrigo de piel ¡sigo siendo yo! ¡Así que no me grites!
La rubia se cruzó de brazos, severa.
—¡Oye, estas en mi casa! ¡No vas a ordenarme que hacer! Y si aún estas molesta por lo de la mañana, te recuerdo que ¡No fue mi culpa!
—Ah no, claro… ese balón cayó sobre mi almuerzo por sí sólo.
—¡Fue un accidente! —la joven volvió a agudizar la voz—¡Y no tenías que desquitarte conmigo así!
—Arruinaste mi almuerzo.
—¡Y tú me humillaste delante de toda la escuela!
El portón del jardín se entreabrió, mientras Inoichi sacaba algunos enseres a la bodega del jardín. Miró de reojo a su hija.
—¿Todo bien, pequeña? —preguntó.
—Si, sólo… un poco de disciplina. —respondió Ino escuetamente.
—Perfecto, recuerda que ahora es tu responsabilidad. ¿Ya tiene nombre?
Ino miró maliciosamente a Sakura y esta le respondió con un gruñido bajo.
—Anda… dame un motivo para desquitarme con tus zapatos de colección… ¡Ino-cerda!
—Sakura —respondió Ino tajantemente.
—Algo formal ¿no crees?
Su hija fingió una risilla corta.
—Creo que le va perfecto.
Inoichi se alzó de hombros, conforme.
—Bien, no olvides dejarle un cuenco con agua y ya entra, mañana hay escuela.
La chica asintió, antes de dirigirle una última mirada fulminante a Sakura. Llenó uno de los baldes que tenían apilados en el cobertizo, lo dejó a medio patio y entró a la casa tranquilamente, cerrando la portezuela de vidrio e ignorando los gritos impertinentes de la furiosa canina de pelo rosa.
—¡Ey! ¡Inoooo! —clamó ésta detrás del vidrio de la puerta—¡¿Vas a dejarme aquí?! ¡¿Y si llueve?! ¡Eeyyy!
Totalmente inútil, en menos de diez minutos se apagó la luz de la sala y todo el resto de la casa quedó en penumbras. Sintiéndose abatida y exhausta, Sakura terminó tendiéndose de costado contra el bordillo que separaba la puerta.
Trató de conciliar el sueño, sin embargo el aire fresco le escocía la nariz, el pasto recién cortado le picaba de manera molesta en los flancos… y todo sonido parecía intensificado, incluyendo los molestos grillos.
"Genial… ¿qué mas?"
Como respuesta a su queja, uno de los tablones que separaban el jardín con el del vecino, se movió torpemente, quedando volcado hacia un lado, dejando entrever la cara bobalicona del último ser vivo que habría querido ver en ese momento.
—¡¿Sakura?!
Ésta rodó la mirada al cielo.
—Ay no… no tú…
—¡Dattebayóoooo! —ladró el efusivo retriever—¡Eres tuuu! ¡Eres tuuu! —comenzó a dar tumbos con la cabeza aun atascada en la baranda, aunque esto parecía importarle poco—¡Que bien! ¡Parece que seremos vecinos! ¡Me da gusto, dattebayó! ¡Te dije que el viejo Jiraiya vendría por mi, siempre lo hace! ¡¿Quién es tu persona?! ¡Oh, acabo de cenar y me encontré una cucaracha enorme en el hoyo que hice en el jardín y…!
Sakura se dio la vuelta hacia el otro costado, mientras que Naruto seguía sin callarse y con la cabeza atascada en la cerca.
Definitivamente sería una noche muy, muuuuy larga.
—0—
Le despertó el eco de la cafetera desde la cocina. El "bruum-bruuum" era como el eco intermitente y fastidioso de un tamboril en sus oídos, y esta no era la única molestia; la espalda le dolía a causa de haber dormido torcida hacia un lado. Bien, la anatomía de un cuadrúpedo no podía acomodarse a las posturas de descanso de un ser humano y esto ya lo había comprobado. Arqueó el lomo hacia delante, sintiendo un crujido en la parte baja. Miró hacia el hueco en la cerca, Naruto ya no estaba.
Menos mal, tal vez en algún momento mientras ella había logrado quedarse dormida, el perrete idiota terminó desatascándose por sí solo. La verdad, no era algo que le importase, de igual manera, no es que tampoco pensaba quedarse allí.
En cuanto Ino se marchara, ella lo haría también.
Un sonido rompió su somnolienta concentración. El aroma de café y panqueques le dio de lleno y su estómago produjo un rugido ahogado. Notó a Ino, ya con el uniforme y las zapatillas de casa todavía puestas, ir de la cocina a la sala y de nuevo a la cocina; tomó algo de una de las encimeras y lo dejó en un plato. Y fue con éste al patio hacia donde estaba ella. Se detuvo, mirando por sobre su hombro asegurándose de que su padre ni ninguno de los vecinos estuviese cerca. Sonreía sutilmente. Sakura seguía contemplándola de manera hostil.
—Creo que podemos dejar lo de la cafetería en el pasado… —musitó la rubia en tono afable. Dejó el plato delante de Sakura—…¿hacemos las paces?
Sakura bufó, desconfiada.
—¿Y esto es alguna especie de ofrenda de paz o algo así?
—Podría cambiarte las sobras de pan por esas croquetas resecas, si te apetece —increpó la rubia.
La aludida rosácea estuvo a punto de rezongar, sin embargo, el estómago se le adelantó en la protesta con un gruñido más fuerte. Ino no pudo evitar una risa corta.
—Ya olvídalo… —gruñó Sakura—…sólo porque tengo hambre, ¡Y no es que me importe!
Una tercera voz se unió a la conversación. Ino se giró sorprendida hacia el lado izquierdo de la barda, la cual daba a la acera. Un sujeto de cabellera platinada y encrespada, y ataviado con un saco negro y una camisa formal desmañadamente abotonada saludó desde la acera. La boca permanecía cubierta por una bufanda.
—Vaya, menuda tsundere estas hecha, eh, Haruno-san —rió hoscamente.
Sakura casi le salta encima.
—¡Usted! —ladró efusiva—¡Ahora si me las va a pagar!
Ino se interpuso.
—¿Quién es usted? —preguntó tranquilamente— Lo único que sé es que Sakura terminó así por su culpa.
—Bueno, mis antecedentes me preceden entonces, Yamanaka-san —respondió el sujeto con voz parsimoniosa. Saludó brevemente y se presentó—Soy Kakashi Hatake, maestro sustituto por una temporada en la preparatoria de Konoha… y un buen consejero espiritual juvenil.
—¡Y un carajo! ¡Vuélvame a la normalidad! —irrumpió Sakura—¡Ahora!
Kakashi chasqueó la lengua, desaprobatoriamente.
— Tsk tsk tsk, y con esa actitud menos lo conseguirás, jovencita —reprendió. Se dirigió a Ino y luego a Sakura—Esta es una lección que se aprende bien en grupo, es lo que intento probar.
—No entiendo que tiene que ver eso conmigo —murmuró Ino—Por lo visto soy la única que puede entenderle.
Kakashi se aclaró la garganta en un además modesto.
—Ciertamente si, y creo que es lo justo, después de lo de ayer —enunció, y pasó una mano sobre la cabeza de Sakura, despeinándole el pelaje—… y esta jovencita tiene una gran deuda con el karma que tú bien podrías supervisar.
Ino no entendió el comentario, suspirando un "¿eh?" contrariado. Sakura ignoró el gesto.
—Oiga ¡Ya me disculpé si es a lo que usted se refiere!
—Eh, no es cierto. —protestó Ino—¡Todo cuanto has hecho ha sido quejarte! ¡Si no fuera por mi, aun seguirías en la perrera!
—Me disculparía luego de recuperar mi cuerpo…
—No me refería a una disculpa —terció Kakashi tranquilamente en medio de ambas—Sakura, no es la primera vez que abusas de alguien más débil que tú, y lo de ayer, simplemente fue la gota que derramó el vaso…
Ino puso ambas manos en la cintura, en gesto de empatía seria.
—No podría estar mas de acuerdo, Kakashi-sensei…
—E Ino también necesita unas cuantas lecciones de humildad, asi que creo que ambas pueden complementarse —continuó Kakashi ante la cara circunspecta de la rubia.
Sin embargo para Sakura era obvio que algo no encajaba.
—Ok, entiendo eso, pero ¿porqué en perro? ¡Odio los perros!
—Los perros son leales, aceptan cualquier compañía sin importar que sean personas odiosas o detestables; eso a ellos no les importa… —explicó el sensei levemente—… creo que se lo había comentado ayer, pero por lo que veo, su naturaleza desconfiada hace que olvide las cosas importantes, Haruno-san…
—¿Entonces va a dejarme así hasta que usted lo considere suficiente? —Sakura inquirió gruñendo entre dientes—¡¿Y qué hay de mi vida?!
Kakashi alzó el dedo índice, con el mismo gesto de cualquier profesor empeñado en dar una complicada cátedra.
—Tu vida es aquí y ahora, esto sólo es consecuencia de tus actos y… —hizo una pausa dramática—… la única forma de recuperar lo que tenias es completar una sencilla tarea. No es nada del otro mundo, sólo una pequeñísima cosa. Cien buenas acciones. Asi de simple… y creo que es una manera muy práctica de pagar tu deuda kármica, jejeje…
Hubo un enorme silencio hasta que Sakura lo irrumpió con un quejido estrepitoso.
—¡¿Queee?!
Cualquier otra protesta, quedó opacada por la voz del señor Yamanaka, gritando desde la cocina.
—¡Inooooo, se te hará tarde para la escuelaaaaa!
Ésta respondió con un estridente "ya voy".
Cuando ésta y Sakura se giraron hacia el peculiar sensei, éste había desaparecido por completo.
—0—
Una sombra contemplaba el panorama del abarrotado centro de Konohagakure, desde una de las tranquilas bancas del parque. Kakashi Hatake, luego de la peculiar introducción de su "castigo práctico" y de poner las cosas en claro para la problemática Haruno, decidió pasar el resto de la mañana en el parque del centro, al menos hasta las 12, hora que tenía como reemplazo en la preparatoria, para el bloque de álgebra.
Una difusa manchita café correteó entre sus piernas, trepó ágilmente a la banca de un salto y se sentó a su lado. El pequeño pug jadeó recobrando el aliento.
—Tarde como siempre, Kakashi-san… —susurró con una voz aguardentosa, como un gruñido áspero.
Kakashi le dirigió una mirada afable.
—Al menos pude establecer adecuadamente las reglas del juego, Pakkun-sama.
—¡Jah! Como si con eso bastara, muchacho… —rezongó el animal mientras Kakashi pasaba una mano detrás de sus orejas—Aun tienes el otro problema… no creo que sea propicio dejar cabos sueltos.
—Ah, pero no estoy dejando cabos sueltos. Lo de Itachi-san, fue meramente intencional… además, estaba tocando fondo, esto fue una medida para evitar que se hundiera más y más…
El perrillo espetó un ladrido escueto; una especie de risa de mofa.
—¡Pamplinas! Te conozco, muchacho… esto es sólo para ganarte puntos extra, ¿o me equivoco? —notó que Kakashi asintió despreocupadamente—¡Jah! Allá arriba siguen molestos contigo, no creo que con reformar a una mocosa malhumorada y un sociópata frustrado puedas volver a siquiera usar el término Kami…
Aun a través de la bufanda, Pakkun percibió una enarcada sonrisa, amplia y confiada.
—Ah, pero es que pienso hacer trampa, Pakkun. Y estos chicos, necesitan un buen guía… Veremos si un clavo, saca a otro clavo.
Continuará
N/A:
Bien, un capítulo más... lamento las demoras xDD
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