Aquí estoy, de vuelta a la carga pese a que por ahora no sé si os está gustando o no... voy a seguir probando ;)


CAPÍTULO 2

Mientras hacía las rondas a la mañana siguiente, Ann sentía cómo todavía sus pobres pies estaban resentidos con ella por el maltrato de la noche anterior. Los tenía doloridos y sensibles, incluso en las cómodas deportivas que llevaba puestas en aquel momento. Revisó a todos sus pacientes y pidió a las enfermeras que preparasen a la mujer a la que iba a operar aquella mañana.

Se sentó en la sala de descanso y volvió a repasar mentalmente el procedimiento que tendría que llevar a cabo mientras tomaba una taza de café caliente, el tercero de aquella mañana. Era lo que tenía no dormir las horas suficientes por fiestas estúpidas y millonarios extravagantes que no le habían dejado pegar ojo.

Susie entró como casi siempre hacía, como un huracán, y se sentó frente a ella con una enorme sonrisa. Su bata blanca tenía un pequeño muñeco de peluche a modo de broche, ya que trabajaba en pediatría.

—¡Buenos días! —exclamó, con su habitual tono de por las mañanas que tanto fastidiaba a Ann, no conseguía entender que nadie pudiese ser tan feliz a esas horas, así que le respondió con un gruñido —, ¿qué tal te fue anoche, extraña? —Susie le ignoró como solía hacer habitualmente.

—Fue largo, aburrido y tedioso —respondió Ann tomando un sorbo de su café—, por no mencionar una tremenda y absoluta pérdida de tiempo.

Susie levantó una ceja — ¿Ah sí? —Dijo con curiosidad —, pues a mí me han dicho que estuviste por ahí con el buenorro de Bruce Wayne, a solas —concluyó al chica, haciendo especial énfasis en las dos últimas palabras.

— ¿Qué…? —Balbuceó la aludida —, ¿quién te ha dicho eso? —preguntó algo indignada.

Su amiga miró hacia la puerta, concretamente a Jack White que estaba entrando en la estancia —Él —anunció señalando con el dedo.

Ann se giró y miró a Jack irritada —Menudo cotilla estás hecho.

Jack levantó las manos —A mí no me mires, no soy yo la que estaba haciendo manitas con nuestro mejor benefactor —dijo antes de servirse un café de la máquina que había al lado.

—¿Qué? ¡Yo no hacía manitas con nadie! —protestó Ann enérgicamente.

— ¿Ah, no? —Contestó Jack con picardía, removiendo su café —, debes saber que Wayne ha llamado personalmente para decir que este año recibiremos el doble de dinero por parte de su empresa, ¿qué te dice eso?

— ¡Uuuuh! —Cortó su amiga, divertida —, ¿qué le hiciste?

— ¡Nada! —Espetó Ann a la defensiva — ¡No le hice nada! ¡Sois unos cotillas terribles!

— ¡A mí no me suena a nada! —rio Susie y empezó a cantar bajo la entretenida mirada de Jack White—, Ann y Bruce, sentados bajo un árbol, b-e-s-á…

Ann se levantó — ¿Sabéis qué? Me voy con mis pacientes, que son más agradables que vosotros dos —dijo en voz bastante alta, ya que Susie no dejaba de cantar mientras Jack se reía. Los señaló a ambos con el dedo —Sois crueles, el infierno está lleno de gente como vosotros —y se marchó, cerrando la puerta tras de sí.

— ¿Se ha enfadado de verdad? —preguntó Jack, ligeramente preocupado.

— ¡Qué va! —Respondió Susie, despreocupada —, se le pasará. Ahora, cuéntame más.


La sensación de haber hecho un buen trabajo, de lavarse las manos después de una operación exitosa era incomparable. Después de felicitar a su equipo y tras un largo día, se cambió de ropa y se despidió de algunos compañeros, incluyendo al jefe de cirugía que todavía seguía con aquella sonrisita ridícula en la cara.

Se acercó al aparcamiento para subirse a su bicicleta. Muchos médicos del hospital se reían de aquella costumbre, pero lo cierto era que Ann disfrutaba mucho más de los viajes por Gotham si los hacía en bici. Por no hablar de que se evitaba el horrible tráfico de las horas punta.

Saludó a sus vecinos en el trayecto hasta su casa, cuando llegó allí, guardó la bicicleta en su pequeño trastero y subió las escaleras hasta su piso, su santuario, su pequeño refugio entre toda la locura que ella aquella caótica ciudad.

Como no tenía nada planeado para aquel día, se preparó una taza de leche con chocolate y se acurrucó en su sofá con una manta mientras veía las noticias. En ese preciso instante empezó a sonar el teléfono. Estiró la mano para ver quién osaba perturbar su descanso y vio que era Susie, seguramente para meterse un poco más con ella.

— ¿Llamas para seguir siendo una amiga cruel y despiadada? —dijo Ann al descolgar.

— ¿Cruel y despiadada? ¡Pero si soy adorable! —Respondió Susie —, la mayor parte del tiempo, quiero decir.

—Define "la mayor parte"…

— ¡En fin! —Cortó su amiga, exasperada —, las chicas y yo queremos salir esta noche al Trivium, ¿te apuntas?

—Suze, ¡estoy cansada! —protestó Ann, perezosa al pensar en dejar su mantita y vestirse para salir de nuevo.

—No seas mojigata, Ann. ¿Cuántos años tienes? ¿Sesenta? —Replicó Susie en tono de reproche —, además, mañana no trabajas, tienes que hacer algo con tu vida.

—Con mi… —empezó a decir la chica —espera, ¿cómo sabes que mañana no trabajo?

—He mirado los turnos, ¿cómo si no? —respondió con el tono que utilizaba para referirse a las obviedades y que no daba pie a ningún tipo de duda.

—Tienes madera de acosadora, todo hay que decirlo —se mofó Ann, sabiendo que era lo único que podía hacer.

—En serio, deberías venir, tomaremos algo, hablaremos de tonterías y lo pasaremos genial, ¿qué me dices? —siguió diciendo su amiga, ignorando su anterior comentario.

—Ya estoy en pijama… —protestó Ann.

— ¿Voy a tener que ir a quitártelo? —Respondió Susie enérgicamente —, o quizá preferirías que te lo quitase Bruce Wayne…

Ann enarcó una ceja — ¿En serio? ¿Otra vez esto?

— ¡Claro! Yo también lo preferiría —la ignoró Susie, que se lo estaba pasando genial —, al fin y al cabo, un hombre tan guapo y poderoso… ¡Quién no lo preferiría!

— ¡Susie! ¡Vas a casarte! —recriminó Ann, entre risas y asombro. Su amiga se había prometido hacía un mes escaso.

— ¡Y qué! ¿Crees que porque haya elegido un desayuno para toda la vida todavía no se apreciar un buen bacon? —Le respondió Susie —, y qué bacon, hay que ver qué sonrisa y qué…

— ¡Está bien! —Cortó Ann —, si dejas de hablar de Bruce Wayne, me vestiré e iré a tomar algo con vosotras, ¿de acuerdo?

Susie se tomó una pausa y Ann sabía que, en la lejanía, su amiga estaba sonriendo con superioridad —Esa es mi chica. En mi casa a las 10, no llegues tarde —y le colgó, como si tuviese miedo de que fuese a echarse atrás.

La chica puso los ojos en blanco y depositó el teléfono sobre la mesita que tenía junto a su cómodo sofá. Sofá y mantita que tendría que abandonar. Tras un pequeño gruñido de pereza, se levantó y se dirigió a su habitación para ver lo que podía ponerse. Si no aparecía en condiciones, Susie era capaz de hacerla volver a casa para vestirla de arriba abajo y solo Dios sabía en qué condiciones saldría en ese caso.


Ann tenía que reconocer que había merecido la pena. Los primeros minutos fuera de casa los pasó echando de menos su pijama y sus zapatillas. Pero en cuanto las cuatro amigas se reunieron y empezaron a charlas y hacer de las suyas, sus dudas y su pereza es esfumaron como por arte de magia.

Habían estado tomando algo en un bar que había al lado de la casa de Susie, pero las chicas tenían ganas de algo más animado así que habían terminado en uno de los clubes de moda del centro de Gotham que estaba, cómo no, lleno hasta los topes. Habían podido pasar porque una de sus amigas, Pam, estaba algo así como saliendo con el compañeros de piso del gorila de la entrada, que se había apiadado de ellas.

Ahora las tres se encontraban sentadas en unos taburetes alrededor de una mesa alta, hablando a voces ya que la música estaba bastante alta, pero juntas y disfrutando ya que no siempre podían coincidir todas.

— ¿Qué tal el nuevo puesto, Ann? —preguntó Jenn, que era consultora de marketing en una importante empresa de la ciudad, además de ser amiga suya desde que tenían 15 años e iban juntas al instituto.

—Bien, por ahora no puedo quejarme, todo el mundo es muy amable y me están ayudando a aclimatarme —respondió ella, llevándose a los labios la copa de Cosmopolitan que estaban bebiendo.

— ¡Ya lo creo que la están ayudando! —saltó Susie, que le clavó el codo y le guiñó el ojo de la forma tan poco sutil que utilizaba cuando bebía, aunque fuese solo un poquito.

Ann, que sabía a qué se iba a referir su amiga, decidió irrumpir para evitar una catástrofe aún mayor que la que había ocasionado Jack White al contarle a Susie su pequeño encontronazo con cierto magnate — ¿Y la boda, Susie? ¿Qué tal van los preparativos? —cambió de tema, sabiendo que aquello las tendría entretenidas un buen rato.

— ¡Oh sí! —Exclamó Pam — ¿Cuándo vamos a ir de compras para tu vestido? —preguntó ilusionada. Pam estaba especializada en la botánica y en la actualidad estaba luchando por conseguir su doctorado en una ciudad en la que pocas personas se preocupaban por las energías renovables y la preservación del medio ambiente. Pero no perdía la pasión y eso era una de las cosas que Ann más admiraba de ella.

—Espero poder concertar una cita la semana que viene —respondió Susie, que ya estaba un poco "contenta" —, todavía no puedo creerlo —la chica estaba entre ilusionada y emocionada, y colocó su cabeza entre las de Jennifer y Pam y las estrechó contra la suya — ¡Voy a casarme!

Las chicas rieron y respondieron al abrazo de Susie —Esto se merece otra ronda —dijo Pam, acercándose a la barra —, y esta vez invito yo —les dijo guiñándoles el ojo, aunque todas sabían que era para coquetear un poco más con el camarero, que estaba como un queso.

Pam pidió sus bebidas y volvió a la mesa con ellas. Durante unos minutos continuaron con su charla hasta que un camarero apareció en su mesa con una botella de champán y cuatro copas. El champán parecía carísimo, aunque Ann no tenía ni idea de marcas. Las chicas miraron a Pam, asombradas.

— Esto no es lo que he pedido, os lo aseguro —dijo dirigiéndose tanto a sus amigas como al camarero, que tan solo esbozó una sonrisa.

— Es un detalle, del caballero de allí arriba, con sus mejores deseos —les informó, señalando hacia una balconada de la zona VIP, antes de retirarse y volver a sus tareas.

Inevitablemente, todas se volvieron a mirar para saber de quién se trataba. Ann se giró con curiosidad y se encontró con los ojos de, cómo no, Bruce Wayne clavados en los suyos.

— ¿Quién es…? ¿Ese no es Bruce Wayne? —escuchó decir a Susie, que corrió a acercarse a ella.

Ann se mordió el labio sin poder evitarlo al ver cómo el susodicho le sonreía y levantaba la copa que tenía en la mano mientras inclinaba la cabeza en gesto de saludo. Ni siquiera pudo responderle cuando sus amigas la giraron para bombardearla a preguntas que no sabía cómo demonios contestar.

Una parte de ella se sentía halagada de que se hubiese tomado aquella molestia con ella y sus amigas. Desde luego nadie hasta el momento lo había hecho. Por otra parte, no conseguía comprender por qué lo había hecho. Susie estaba fuera de sí, parecía que le iba a dar un ataque al corazón de lo rápido que se movía y la velocidad a la que hablaba. Se apresuró a contar a sus amigas palabra por palabra todo lo que le había contado Jack y después todo quedó en manos de Ann, que seguía patidifusa ante lo ocurrido.

Cuando volvió a mirar hacia atrás, Bruce Wayne ya no se encontraba allí. Sin embargo, le tocaba a ella lidiar con sus amigas. Iba a ser una noche muuuuy larga…


Un capítulo de transición bastante poco importante, pero introductorio. Me está costando un poco llegar a donde quiero llegar, pero cuando llegue estoy segura de que los capítulo se van a escribir solos ;)

Gracias por leer!