Capitulo 2

Caí rendida en mi cama, deseando poder dormir durante lo que quedaba de semana. Y solo ha sido el primer día. Lunes…

Aunque hoy había sido el primer día en la universidad llevábamos una semana en la ciudad. Seattle.

Echaba de menos los inmensos bosques verdes de casa, la plenitud que se puede sentir al correr libremente por ellos y lo bien que me hacía sentir hacerlo.

Pero me daba algo de miedo confesárselo a mamá, aunque decía querer asistir a la universidad por ella misma, qué le impediría aprovechar mi nostalgia para que regresáramos.

"¡No! Tan solo es el cambio. Me acostumbrare."

Nos habían hecho caminar de un lugar a otro del campus durante todo el maldito día. De un lado para el otro una y otra vez. Recoger impresos, la tarjeta de la universidad, entregar los impresos en la misma oficina… Y así durante horas, para luego escuchar a profesor tras profesor darnos la misma charla.

Casi corrí hacía a mi madre para abrazarla cuando la vi entrar a la cafetería.

Y sí, resulto tan incomodo como había vaticinado. Todos los humanos presentes se quedaron mirándonos impresionados por su belleza.

Lo peor no era escuchar sus cuchicheos, en teoría no podíamos oírlos, lo peor era ver y oír los pensamientos de la mayoría de hombre presentes. Lo que se imaginaban hacer con ella si tuvieran la oportunidad.

Mamá me saco de allí antes de que mi temperamento me hiciera entrar en fase. Haber como explicábamos que una de las Swan se convertía en una loba tan grande como un oso en medio de la cafetería.

-Pateadora… Tienes que cenar._ la dulce voz de mamá se coló entre el dolor de cabeza que llevaba martilleándome desde la tarde.

Tan solo gruñí en respuesta sin apartar la cara de la almohada. Al momento el colchón cedió un poco ante su escaso peso y sentí como me acariciaba el pelo con cariño.

-¿Te sigue doliendo la cabeza?

-¿Cómo lo sabes?_ mi voz salió amortiguada al hablar contra la tela.

-Puedo oler las aspirinas que has tomado. No sé si debes automedicarte cielo._ gire mi cuerpo con pesadez. Hablaba en serio._ Y menos tomar 6 pastillas de golpe.

-Claro mamá es mucho mejor si voy a que un médico para que me recete la dosis. ¿A cuál de las dos crees que encerrarán antes? ¿A la vampiro o a la hibrido?

-Deja de burlarte de mí.

-¿Nos darán una celda conjunta o individual?_ zarandeo mi hombro con delicadeza para que le echara cuenta.

-Sabes a que me refiero. ¿Estás mejor?

-Un poco… Al menos aquí no hay tanto jaleo.

-Creo que podremos alquilar la casita que vimos antes de ayer.

La casita de la que hablaba era en realidad un pequeño chale a las afueras de 4 dormitorios, algo alejado pero tan independiente que casi ningún pensamiento o sonido lo alcanzaba. Fue lo único que realmente me atrajo.

Ni las 4 habitaciones o los 2 baños independientes. O las mejoras echas me interesaban. Paz, tranquilidad y silencio.

Con suerte el baboso casero se decantaría por hacer feliz a mi madre para ver si ella le hacía feliz a él. Puff. Pobre iluso.

Por ahora permanecíamos en aquel modesto hotel, no estaba mal, casi todos los residentes eran estudiantes u hombres de negocios. Pero según el presupuesto teníamos que encontrar algo más económico en breve.

Mamá había ahorrado algo de dinero gracia a los trabajos de poca monta que había estado aceptando desde que nosotros naciéramos. Y a la generosidad del abuelo, que aun paga la casita de la Push. Pero ese dinero se evaporaría en breve. Por lo que la búsqueda no se centraba solo en un nuevo hogar, sino en un trabajo para mí.

Ella ya había logrado colocarse en la biblioteca. Si, el encargado era un hombre.

Pero eso le daba algo que hacer unas horas por las tardes. Ahora era yo la que debía arrimar el hombro para pagar los gastos universitarios.

Nunca pensé que algo como estudiar fuera tan exageradamente caro y prohibitivo.

-Venga vamos te he traído tu cena preferida. Espaguetis con albóndigas.

-¿Tengo que moverme? Te convertirías en la mejor madre vampira del mundo si me dejaras comer aquí._ Alzo un poco su barbilla con orgullo antes de responderme.

-Soy la mejor madre vampira del mundo enana.

-Sí y la única…_ Me burle de ella. Así éramos nosotras dos buenas amigas por encima de todo.

-Además hay que celebrar las buenas nuevas…

Mi cuerpo seguía sin querer moverse de la cama por lo que solo la mire de refilón mientras esperaba a que continuara.

-Han llamado de la librería…_ Como si alguien hubiera pulsado un interruptor en mi interior, salte quedando sentada con el rostro pegado al suyo._ Tuve que hacerme pasar por ti. Espero que no te importe…_ se cayó fingiendo arrepentirse.

-¡Mamá!_ Ella tan solo sonrió divertida por atormentarme.

-Pero como no estabas…_ Casi sin darme cuenta un gruñido se me escapo del pecho, era bajo y sutil pero lo escucho claramente._ No me gruñas Elizabeth.

-Pues habla…

-Vale… quieren que comiences pasado mañana por la tarde.

Me abalance con tanta fuerza sobre ella para abrazarla, que de haber sido humana estaríamos espachurradas por el suelo. En lugar de eso yo estaría las próximas horas con un moratón en el pecho. Pero no me importaba.

Mi primer empleo, vale solo era a media jornada para poder compaginarlo con los estudios, pero aun así era mi primer empleo.

-Un trabajo, el primero… Sonara trillado, pero ¿cuándo te has hecho tan mayor? Hace nada eras una cría que jugaba a ver quien lanza más lejos a sus hermanos.

Aquella fue una travesura que Jake y yo nos inventamos a la tierna edad de un año y medio, pero se lo habíamos visto hacer a los Quilautes con enormes piedras y parecía divertido. Aunque es cierto que nuestra víctima era una gritona y muy asustada Renesmee.

Nunca vi tan enojada a mamá o Jacob como aquel día.

-A ella no le paso nada, solo estaba enfadada porque no la dejábamos jugar…

Tuve que reír ante el recuerdo de sus pucheros. Pero me arrepentí de inmediato al volver a mirar a mamá. Su expresión era tan dura como la de aquella tarde.

-En fin ¿y esos espaguetis?_ Salte fuera de la cama antes de que la tormenta volviera a descargar de nuevo. Ahora tendría que aguantar sola su ira sino la distraía rápidamente.

-Eso huye cobarde…

Al día siguiente ya sabía que esperar de las clases y de mis compañeros.

Llegamos con tiempo de sobra al aparcamiento, en aquella obsoleta camioneta roja. Jacob había tenido que obrar milagros en ella para que sobreviviera los cientos de años que parecía tener. Pero a mamá le gustaba todo de ella, aunque nadie entendiera que veía en aquel cacharro. Aun puedo recordar las veces que paseábamos en ella con el abuelo.

La nostalgia volvió a pincharme, pero sin más la ignore.

-¿Esperamos aquí hasta que empiecen las clases?_ Una suave sonrisa nerviosa cubrió su bello rostro.

-Vale._ Nos quedamos en silencio. La mayoría de las personas se sienten obligadas a rellenar las conversaciones para evitar el incomodo silencio.

Entre nosotras no era necesario. Disfrutábamos del silencio tanto como de una animada charla.

Me quede mirando a mis compañeros que iban llenando cada vez más el aparcamiento. Por lo general su apariencia en edad era mayor que la mía. Pero no era la única estudiante que parecía estar aún en la preparatoria.

-Ely..._la tensión se acumulo en aquellas tres únicas letras. Por lo que me volví a mirar a mi madre al sentirla tan nerviosa.

-Mamy..._ logre sacarle un nuevo y débil amago de sonrisa. Me dio mala espina de inmediato.

-Veras cielo... Es que ayer se me hizo muy duro estar todo el día sola..._ estaba casi tartamudeando. No es que yo conociera a muchos vampiros, pero nunca la había visto que le costara tanto hablar._ por lo que he cambiado…

-¿Qué? ¡No!_ mi grito atrajo la mirada asustadiza de tres chicos que pasaban frente a la furgoneta. Por lo que me obligue a bajar la voz._ lo prometiste. No vamos a regresar. Mamá por favor...

Intenté que mi rostro imitara la expresión atormentada de Nessi cuando quería obligar a Jacob a hacer algo que este no quisiera.

De repente mamá estalló en carcajadas, como si no pudiera evitarlo. Incluso se sujetaba el estómago. Tuve que esperar impaciente que fuera lo que fuera lo que pasara se tranquilizara. Tardo dos minutos completos. Y aún así parecía que le costaba controlarse.

-Lo siento cielo no me mires así... No te enfades..._ una nueva risa se le escapo amortiguada de su pecho.

-Pues dejar de reírte de mí..._ pero mis palabras la hicieron volver a empezar.

Inspiró una gran bocanada de aire para relajarse.

-Lo has entendido mal cielo. No quiero dejar la universidad y volver a Forks. Lo Único que he hecho ha sido cambiar mis horarios para que coincidamos juntas la última hora.

La miré atónita.

-¿Y para eso tanto drama? ¿Es que quieres darme un ataque o qué?

-No sabía cómo te lo tomarías. Sueles sorprenderme la mayoría de las veces.

Estudié su rostro, parecía algo avergonzado por lo que había hecho, pero no arrepentido por cambiar las clases sin ni siquiera consultarme. Respire hondo para calmar el genio que se me acumulaba e intente hablar con su misma autoridad.

-Supongo que vas a hacer cualquier cosa menos volver a cambiar las horas. ¿Verdad?_ Ella tan solo asintió para responderme, con un nuevo brillo de esperanza en los ojos, por no montar en cólera_ Vale, como quieras ven conmigo a introducción a la anatomía…

Sin esperar a que terminara se abrazó a mí con tanto ímpetu que no pude zafarme o seguir con el mismo nivel de seriedad.

-Pero mamá la próxima vez puedes preguntar antes de hacer algo así, por favor. Solo finge que soy adulta y que quieres saber mi opinión.

Ante aquello se separo lo justo de mí para mirarme aprensiva.

-Claro que quiero saber tú opinión, cielo. Siempre.

-Ya a posteriori. _ Mi comentario salió tan atormentado como yo misma me sentía.

-Ni siquiera lo pensé, temía más una escenita por tú parte._ La mire ofendida, esta vez de verdad, y separe nuestros cuerpos molesta ella se dejo ir.

"¿Cuándo le había montado yo una pataleta?"

Abrí la puerta y baje de la furgoneta con un tosco hasta luego y la deje mirándome con aquella pose tan suya de atormentada. Pero ignore la culpabilidad de hacérselo pasar mal y me encaminé a mi primera clase del día.

Me perdí y a duras penas conseguí llegar a tiempo a la clase, vale ya habían comenzado. El salón era enorme y estaba atestado de estudiantes. Todas y cada una de las miradas se posaron en mí, por lo que me achante casi congelada con la puerta aun sujeta. Debatiéndome en entrar o no.

Pero no podía faltar, ayer no pude asistir a esta misma clase, si también me perdí por el campus, no soy perfecta…

Miré en dirección al profesor y su juventud me sorprendió, esperaba que me echara por retrasarme, pero estaba tan trastornado al verme que los cuchicheos no se hicieron esperar por lo que comencé a caminar.

Sentí su mirada más que la de cualquier otra persona sobre mí, mientras con paso vacilante avance hasta la primera silla vacía. Como no, en la segunda fila, y yo que quería pasar desaparecida, no hacía más que hacerme notar.

Los murmullos mentales de mis compañeros se fueron apagando mientras más me concentraba en sacar las cosas de mi mochila.

Pero mi imagen se coló con fuerza desde algún punto, mientras la seductora voz del profesor llenaba la estancia. Podía verme trastear nerviosa el estuche con la cabeza baja con una nueva nitidez desde delante. Fijarme en mi figura más de lo que creía humanamente posible. Y entonces mi cuerpo se congelo.

Alce de golpe el rostro al entenderlo y el pensamiento desapareció.

Clave mi mirada en él contemplándolo por primera vez y ahora sí que lo veía. Obligue a mi respiración controlarse bajo la atenta mirada de aquel vampiro.

Era alto, no tanto como Jacob pero fácilmente llegaba al metro ochenta. Hermoso como todos los de su clase, su pelo de un tono bronce como el de Renesmee, pero tan revuelto y enmarañado que parecía tener vida propia. De rasgos definidos y algo duros. Aparentaba pocos años más que yo, 19 a lo sumo. Aunque con vampiros la apariencia era solo relativa. Podía ser más viejo incluso que la universidad.

Pero había algo en su rostro que se me antojaba conocido. Al menos sus ojos eran tan claros como los de mi madre, por lo que solo debía alimentarse de animales.

Apenas atendí a lo que nos explicaba, por qué tenía que haber vampiros entre el profesorado. Por qué tenía que taladrarme con aquellos ojos con tanta intensidad.

Aquella iba a convertirse en la clase más incomoda de mi vida. Y parecía no tener fin, por más que mi mente contara cada minuto parecía no querer acabar.

-Bueno eso es todo, chichos, espero verles mañana._ Con aquellas simples palabras dio el pistoletazo de salida, y como si fuera una carrera me apresure a salir de allí la primera.

Ya estaba en el pasillo cuando un atormentado "Espera" me llego de su mente, pero lo ignore con facilidad.

¡Un vampiro en el campus, mi profesor de sicología era un puñetero vampiro!

Y había notado mis diferencias. Solo podía pasarme a mí.

-Señorita Swan, espere por favor._ No había dado más de dos pasos cuando su voz nos hizo detener a cuantos aun permanecíamos en la sala. Todos mis compañeros se me quedaron mirando.

Preguntándose de que podría yo conocerle.

Yo tan solo me preguntaba cómo demonios me reconocía. Éramos casi 50 alumnos.

"Es que ahora los vampiros son adivinos"

Me volví hacía él con hostilidad, sí, no me había hecho nada más que mirarme impresionado. Sí, aquellos ojos color miel eran una garantía de su buena voluntad. Pero no puedes crecer en una reserva india de licántropos y no sentir la necesidad de desmembrar a cada puñetero vampiro del planeta.

Salvo mi mamá claro.

"Me odia, no la culpo"

-Aguarda un minuto_ En aquellos escasos segundos desde que me detuviera su cuerpo ya se encontraba a un metro del mío. Él tan solo miro irritado al resto de los alumnos que todavía cotilleaban la escena. Inventándolos a dejarnos solos.

Ninguno de los dos se movió mientras me dejaban sola con un vampiro.

"Cobardes"_ bufé en mi interior por sus actitudes.

Pero era mejor así, ningún testigo que pudiera salir herido si la cosa salía mal.

Tras observarme como una estatua de mármol durante un minuto más, al fin dio un paso hacia mí con sus manos vacilantes levantadas.

Pero no le deje acercarse, retrocedí la misma distancia que él había avanzado.

-Ni me toque._ Mi voz era tan baja y contenía tanto odio que se congelo impresionado por algo que no lograba definir.

-Déjame hablar, por favor._ Su melosa voz entristecida apenas toco mi conciencia.

Pero que le pasaba a aquel descocido, estaba mal de la chaveta o qué.

-No sé si lo ha notado, profesor… _ no recordaba el nombre de aquel tipo._ Pero todos sus alumnos han visto como me observaba, creí que para algo como usted las apariencias eran lo primero.

"¡Algo! Ahora soy algo para ella. ¿De quién es ese eflujo?"_ Aquel atormentado pensamiento me lleno de júbilo, sin saber por qué. Tal vez me incomodaba la familiaridad que sentía al mirarle.

"Lograre que vuelva a confiar en mí."_ Todo mi interior se congelo ante aquel pensamiento… ¿Vuelva?

Mi cuerpo se agarroto más alerta si cabe que antes y abrí mi mente para escuchar cada detalle que pasará por la consciencia de aquel estúpido. ¿Vuelva?

-Sé que no lo merezco, pero escúchame. Bella por favor… Han pasado siete años, y abras continuado con tu vida como te pedí, seguramente ya la abras rehecho. Y lo último que quiero es hacerte pasar el mismo tormento. Pero no puedo soportar por más tiempo tu ausencia…

Era incapaz de procesar lo que escuchaba, mi mente se había quedado trabada en aquel nombre. "Bella"

-¿Bella?_ Mi cuerpo cedió de la impresión y el suelo se acerco demasiado hasta que sus manos me sostuvieron.

Su tacto era exactamente igual al de mamá duro y frio, pero me sentí tan asqueada de que su piel tocara la mía que al fin logre reaccionar.

"Bella"

Mamá conocía a 7 vampiros con ojos miel, pero solo uno de ellos le había hecho sufrir. Solo uno tenía que un motivo para clamar por su perdón.

Golpeé su pecho con tanta rabia y brutalidad que su cuerpo salió disparado contra la pizarra, que cedió marcando su silueta.

Al alzarse para encarar mi rugido solo había sorpresa en su rostro.

-¿Bella?_ Su mente era demasiado caótica como para poder escuchar algo coherente en ella, por lo que la bloqueé.

-No responderé si vuelves a tocarme._ Necesitaba tranquilizarme, ya comenzaba a convulsionarse por la ira. Iba a entrar en fase en la universidad sino me controlaba.

Dio un par de pasos en mi dirección con las manos a la altura del pecho, tal vez intentando no asustarme. Sí, yo era la amenaza en aquella sala.

-Bella, tu corazón esta descontrolado tienes que tranquilizarte. Va a darte algo.

Inspire y espire tranquilizándome, con los ojos cerrados. Ese se mantuvo a la espera en todo momento.

Cuando me sentí con la suficiente entereza para mirarle y no saltar a su yugular los abrí lentamente.

Por supuesto que se me hacia familiar. Renesmee era idéntica a él. Hasta en el color del pelo. Exacto por los ojos y la altura.

Jake tenía su cuerpo, su porte, pero su rostro era más como el de mamá y el mío.

Pero no me había reconocido a mí, había reconocido a mamá, nadie nos distinguía a menos que estuviéramos juntas. Éramos copias.

Reconocía a la chica que siete años atrás abandono a la deriva. Con tres hijos en sus entrañas con los que lidiar sola.

-Ese nombre queda grande en tu boca._ Mi voz era todo menos humana, los instintos de vampiro, que por tanto tiempo había logrado retener al fin tomaron el control de cuanto era.

Cargándome de la ira propia de su especie. El monstruo que nació aquel día quería su venganza.

Y la tendría.

La imagen de mamá aun siendo humana apareció de repente, eso la comparada con lo que veía frente a él. Mi cuerpo agazapado listo para atacarle.

Pero esa chica ya no existía, él la destruyo al abandonarla. Aunque fuera por mi obra, fue su culpa que ahora ella tuviera que lidiar con su inmortalidad.

Pero verla durante un segundo me tranquilizo lo suficiente para pensar en ella. En nuestra vida.

Comenzábamos una nueva etapa. Un nuevo camino. Y mamá parecía realmente ilusionada. ¿Es qué no había sufrido ya lo suficiente para todo una vida? No podía permitir que ese volviera a destruirla otra vez. Tenía que protegerla.

Ahora me tocaba a mí.

-¿Qué es lo que te ha pasado?_ Su murmullo atrajo de nuevo a él mi atención.

No, no lo mataría, mamá estaba tan enamorada aún de eso que no lo toleraría muy bien. Entonces como protegerla. Cómo apartarlo de su lado.

-Voy a decírtelo una única vez, apártate de mi camino._ Lentamente fui suavizando mi postura._ Nada de lo que digas o hagas va a cambiar el pasado.

En un segundo su cuerpo abrazó el mío con fuerza, y me vi incapaz de quitármelo de encima ahora que no podía sorprenderlo de nuevo.

-Escúchame por favor_ deje caer mis brazos con cansancio no podría moverlo hasta que quisiese soltarme, por lo que solo espere.

Su cuerpo se separo lo suficiente del mío como para que al alzarme el rostro con sus manos heladas, nos mirásemos.

-Sigues siendo lo más importante para mí, mi amor… Sigues siendo lo único por lo que continuar en este mundo…

-¿Sabes que eres tú para mí?_ Espere durante un segundo para tener toda su atención._ Una sombra, algo opaco, se que existes. No puedo negarlo, pero tan solo eres un borrón en mi memoria que se niega a desaparecer. Algo por lo que maldigo cada día. Por lo que rezo cada noche rogando por tu muerte.

Pude ver el dolor en su rostro, por mi dureza. Pero no creerlo. Nada que viniera de él podía ser cierto. Poco a poco fue aflojando la jaula con la que me retenía. Y me marche dejándolo tras de mí enmudecido.