Genio y Marina


Capítulo 2: Sentimientos conectados


Genio observó su nuevo invento con orgullo. Después de varios días trabajando, de largas horas de esfuerzo y de incontables noches en vela finalmente lo había terminado. Guardó sus herramientas con impaciencia. A pesar de su desvelo no sentía el sueño, su cuerpo ni siquiera resentía el exceso de trabajo, la impaciencia nublaba su mente y las ansias lo impulsaban a seguir adelante. Estaba tan cerca de lograr su objetivo. Con aquel proyecto terminaba su lista de deberes y podría hacer todo lo que quisiera hacer con su tiempo libre.

—¿Qué es? —le preguntó Tontín curioso.

—Lo llamo Pitufilavadora automática —respondió Genio orgulloso de su creación —. Con una de estas será mucho más sencillo y rápido lavar nuestra ropa.

—¿Qué hace?

—Luego te explico, ahora tengo prisa —Genio no esperó una respuesta, sabía que ella lo estaba esperando.

Para Genio cada visita a Marina era especial. Si dependiera de él la visitaría más a menudo pero sabía que no era posible. Ambos eran de mundos diferentes casi opuestos. Él era un pitufo, ella una sirena, él necesitaba aire para vivir, ella necesitaba agua pero había algo que los unía, estaban enamorados.

A veces resultaba doloroso pensar que no pertenecía al mundo de la sirena, que por más que lo intentara no podría conseguir una manera de que ella pudiera permanecer un largo tiempo en la aldea o él bajo el agua pero era mucho peor el pensar en no volverla a ver. Varias veces se habían separado e incluso propuesto no volver a verse pero de alguna u otra forma terminaban juntos, atraídos como dos imanes.

Genio le contó a Marina sobre su nuevo invento y ella lo escuchó atentamente. La última vez que la había visto ni siquiera había comenzado con el diseño de los planos. No fue por falta de interés, él intentó visitar a Marina pero ella se encontraba en un mar lejos de la aldea visitando a unos amigos de su padre.

—Me gustaría verlo —agregó Marina con expresión risueña —. Eres increíble, Genio.

—Podría hacer una máquina que te permita estar fuera del agua —comentó Genio ligeramente sonrojado, al instante se arrepintió de sus palabras pero sintió que era demasiado tarde para retractarse.

—Sabes que no funcionaría —comentó Marina con tristeza, Genio no quiso agregar nada más, sabía que tenía razón pero eso no lo hacía menos doloroso.

Intentó cambiar de tema, preguntarle cómo había estado su día, saber en qué estaba pensando y qué era lo que la hacía feliz. No quería pensar en algo que por mucho tiempo le quitó el sueño y que seguía siendo causa de dolor cada vez que asaltaba su mente. Una parte de él le pedía que mantuviera las esperanzas y que siguiera intentándolo, otra que no se siguiera martirizando con algo que era imposible.

—Tengo un obsequio para ti —le dijo Marina con una sonrisa mientras le extendía una concha. En cuanto la vio no pudo evitar pensar en su novio y supo que tenía que obsequiárselo a su novio en cuanto lo viera.

Genio la tomó como si se tratara del más valioso de los tesoros, un poco culpable por no llevarle nada a la sirena. En su casa tenía un rincón especial para todos los regalos que ella le había dado, en ocasiones verlos lo ayudaba a tener nuevas ideas pero pocas veces había sido él quien le daba algo, la mayoría de veces eran creaciones suyas.

—Póntela en el oído —le sugirió Marina y él no se demoró en obedecer, escuchó algo que le recordó al mar —. Cada vez que me extrañes llévala a tu oído y será como si estuviera a tu lado.

Cuando la noche llegó supieron que era el momento de la despedida. Ninguno sabía cuándo sería el reencuentro y eso era lo que lo hacía más doloroso pero los dos mantenían la esperanza de que este llegaría en algún momento. Habían alargado tanto ese momento pero ya no podían seguir haciéndolo, a ambos los esperaban en sus hogares y ninguno podía quedarse por más tiempo.

—Puedo quedarme un poco más —le dijo Genio, no quería separarse de su novia —. Conozco el camino a la aldea y un poco de oscuridad no me asusta.

—Pero es peligroso —le dijo Marina, ella tampoco deseaba que la cita terminara pero odiaría el que a su novio le sucediera algo, nunca podría perdonárselo.

—¿Sabes, Marina? —preguntó Genio ligeramente sonrojado —. A veces sueño que eres una pitufina, podríamos vivir en la pitufialdea y tener una pitufiboda muy especial.

Genio había soñado muchas veces con esa posibilidad. Cada vez que soñaba con ello Marina tenía la misma apariencia, no era azul como los otros pitufos, conservaba sus mismos tonos, quizás la única diferencia era que tenía dos piernas con las que podía caminar y pulmones que le permitían estar fuera del agua. Había imaginado muchos escenarios pero en todos ellos había algo más que se mantenía además de la apariencia de Marina. Era el hecho de que cada vez que lo veía trabajando en uno de sus proyectos le hacía la misma pregunta.

"¿Hola, Genio, ¿Qué estás haciendo?".

Muchas veces ese era el inicio de una cita o de la elaboración de un proyecto en el que trabajaban juntos. Cada vez hacían algo diferente pero siempre eran ellos dos. A Genio le gustaba pensar que antes de que se casaran serían vecinos, de ese modo podrían estar más cerca. También soñó con la boda, en todas esas ocasiones las posiciones cambiaron pero la novia y el que Fortachón atrapara el ramo se mantenían como una constante.

—Sería hermoso, adoraría ser tu esposa —respondió Marina con voz soñadora —. En mis sueños tú eres un tritón y podemos vivir juntos bajo el mar.

Cada vez que Marina soñaba con un genio tritón este conservaba sus colores de pitufo pero en vez de dos piernas tenía una aleta. Juntos recorrían los mares y su padre era quien los casaba. La sirena nunca había imaginado que podría llegar a amar tanto a alguien menos a un pitufo, alguien tan ajeno al mundo en el que ella vivía mas no se arrepentía de haberlo conocido incluso después de despertar y descubrir que Genio no estaba a su lado y de pensar que era imposible que su sueño se viera cumplido.

El llamado del padre de Marina interrumpió la charla de ambos quería terminar la cita pero sabían que no podían extenderla más. La habían alargado demasiado y había quienes los esperaban.

—Espero verte pronto —le dijo Marina con tristeza.

—Contaré los segundos —respondió Genio afectado por la despedida.

Planeaba retirarse pero un gesto de mano de Marina lo hizo detenerse. Se acercó a la orilla para estar más cerca de su novia. Ella lo recibió con una sonrisa traviesa, no tardó en descubrir el motivo de la misma. Marina había saltado hasta él y le había robado un beso.

—Soñaré con este beso —susurró Marina aún en los brazos del pitufo.

Genio esperó a que la sirena desapareciera en el mar para marcharse. Inició el camino de regreso a la aldea. Al ver el cielo supo que Marina tenía razón cuando le dijo que era tarde, ya había anochecido. Decidió apresurarse. No era solo el hecho de que el camino a la aldea podía ser peligroso de noche y más para alguien de su tamaño, no quería que los pitufos se preocuparan al no verlo regresar.

Pasando cerca del río Pitufo vio a Rastreador liderar a un grupo de pitufos. En cuanto lo vio le aviso a los otros su ubicación. Papá Pitufo fue el primero en hablarle, se veía preocupado y eso lo hizo sentirse culpable.

—Te tardaste demasiado —Fortachón golpeó su hombro.

—Estaba con Marina y perdí el tiempo —trató de justificarse, no creyó que su mejor amigo se preocupara tanto.

El grupo se puso en marcha. Ninguno le reclamó por quedarse tan tarde fuera de la aldea, o eso era lo que pensaba pues antes de que pudiera entrar en su casa Filósofo lo detuvo. El pitufo no había formado parte del grupo de búsqueda pero al igual que otros pitufos se quedaron esperando.

—Hay algo que no entiendo —le dijo Filósofo en cuanto lo vio llegar, no tuvo oportunidad de responderle pues el pitufo se apresuró a continuar —. Sé que te parece extraño que yo, pitufo Filósofo, no tenga la respuesta a una pregunta pero he estado pensando y no logró entenderlo. ¿Cómo puedes salir con Marina si son de mundos diferentes? No digo que no sea bonita pero pocas veces puedes verla y el contacto que podrían mantener es mínimo.

—Porque la amo —respondió con expresión soñadora. De no estar tan feliz por el beso de Marina se habría molestado por las palabras del pitufo con lentes —. Nuestros corazones están conectados, la distancia es lo de menos.

—Incluso cuando es una sirena —agregó Filósofo algo incrédulo.

—Cuando te enamoras las diferencias no importan —agregó un poco cansado. Sabía que las palabras de Filósofo tenían algo de razón, para poder estar con su novia tenía que hacer algunos sacrificios pero todo perdía importancia cuando estaba con ella.

—No tiene sentido —respondió Filósofo mientras lo miraba incrédulo —. El tiempo que inviertes en tus citas podrías usarlo en algo más útil como instruirte e enriquecerte intelectualmente.

—Dices eso porque no te has enamorado pero cuando lo hagas podrás entenderme.

Esas fueron las últimas palabras que le dijo Genio. Parte de él le daba la razón a Filósofo y sabía que era doloroso continuar con algo que no estaba destinado a ser pero su corazón insistía en seguir luchando y esperando a que sus vidas se unieran para nunca más volver a separarse. Ellos vivían en mundos diferentes pero mientras sus sentimientos permanecieran continuados continuaría a su lado.