Hola! gracias por todos los que leyeron el primer capítulo, este capítulo es más como para rellenar la historia, vienen algunas cosas importantes! Gracias por los que comentan.=) Qué disfruten la lectura.


Sexto Sentido Capítulo 2

EL SIGUIENTE OTOÑO *Nueva York*

Blaine estaba sentado en una banca enfrente de la casa de un niño al que iba a ayudar. Se llamaba Cole Sear un niño de ocho años, padres divorciados, ansiedad extrema, se aísla de la sociedad, inestabilidad emocional.

El morocho levantó la mirada hacia el chico que en ese momento salía de su casa, cerró su libreta de expedientes y miró como el pequeño se ponía sus anteojos y se ponía a caminar a paso rápido.

Blaine lo siguió por las calles, el chico parecía asustado y aumentó la velocidad. Cole corrió por las calles de Nueva York hasta llegar a una pequeña iglesia, abrió la puerta y se metió.

El ojiverde se metió a la iglesia detrás de Cole sin hacer ruido y lo vio sentado en la tercera fila de la iglesia. Cuando llegó a su lado, el chico estaba solo y hablando con sus soldados de juguete. Cuando Cole vio al morocho acercarse, tomó a los muñequitos entre sus manos

– Tranquilo Cole, soy el doctor Blaine Anderson. – El ojiazúl bajó la mirada. – Hoy teníamos una cita pero no pude llegar a tiempo. Lo siento. – Se disculpó el ojiverde.

Blaine se sentó en el asiento detrás del de Cole y el pequeño se le quedaba viendo con miedo. Puso sus muñequitos encima del respaldo para que el morocho lo pudiera ver.

– En la antigüedad, las personas se ocultaban en las iglesias, ahí encontraban refugio. – El menor se dio la vuelta para quedar de frente al mayor.

– ¿De quién se ocultaban? – Preguntó inocentemente el ojiazúl mirándolo con su carita angelical.

–Hum… Pues de personas malas, personas que querían aprisionarlos, herirlos… – El menor desvió la mirada del morocho.
– Me parece curioso que tus anteojos no tengan lentes. – dijo con una voz calmada.

– Son de papá, las lentes me hacían daño. – El menor bajó la mirada.

– ¿De qué hablabas con tus soldados cuándo entré al templo? De… – Preguntó a Cole.

– Estaba hablando de profundis clamo ad te domine con ellos. Es latín – El chico estiró su brazo y dejó al descubierto unos cortes en su muñeca.

– ¿Todos tus soldados hablan latín? – El morocho lo miró juguetear con los muñequitos.

– No, solo uno. – Dijo esto agarrando uno de los tres soldaditos que tenía ahí.
– ¿Eres un buen doctor? – Cole preguntó inocentemente.

– Bueno… lo fui una vez. – El ojiverde sonrió. – Incluso gané un premio, tenía un marco muy fino. – Terminó de decir esto y el ojiazul se puso de pie, agarró su mochila y se encaminó hacia la salida de la iglesia, dio unos pequeños pasos y se volteó para ver a Blaine a los ojos.

– Te volveré a ver ¿verdad? – Preguntó el pequeño con cara seria.

– Solo si tú estás de acuerdo. – Le respondió el mayor con una sonrisa. Dicho esto el menor salió de la iglesia.


Ya era tarde y Blaine regresaba a su casa, el cielo estaba oscuro pero estaba seguro que no era tan tarde como parecía. El morocho entró a la casa y fue a la cocina.

– Ya llegué. – Dijo esperando respuesta de Kurt aunque de seguro este ya estaba dormido. Vio que había un plato con comida pero no tenía mucho apetito así que no cenó.

Subió a la habitación y vio al castaño dormido hecho una bolita. Blaine se sentó en la orilla de la cama sin querer despertarlo. Pasaron un par de minutos y Kurt se movió tapándose más con la colcha.

No tenía sueño así que bajó al ático y buscó un viejo diccionario de latín que tenía guardado por ahí. Comenzó a buscar las palabras que el chico había dicho en la iglesia. "De profundis clamo ad te domine." Buscó en el diccionario y para su sorpresa esas palabras significaban "Desde las profundidades clamo tu nombre, oh señor." El morocho se quedó en shock, no sabía a lo que se refería el pequeño.


La mañana siguiente la mamá de Cole se apuraba para ir al trabajo. Bajó las escaleras hacia la lavandería y sacó su uniforme y se lo puso.

– Cole… ¡Cole! – Llamó a su pequeño mientras cerraba todas las puertas de la alacena. – Tu cereal se está ensopando. – El pequeño bajó las escaleras y se sentó en la mesita para desayunar su cereal.
– ¿Ya estás listo? Hay hijo, tienes una mancha en tu corbata – Se quejó la mamá de cole intentando limpiarle la mancha al pequeño.

El rubio se quedó sentado sin decir nada mientras su madre le quitaba la corbata para meterla a la lavadora y sacar otra limpia de la secadora.

– ¡Ah! – Gritó la señora viendo que todas las puertitas y cajones de la cocina estaban abiertas. – ¿Buscabas algo mi cielo? – Preguntó mirando al niño mientras este no se movía de su lugar con la mirada fija a ninguna parte.

– ¿Galletas? – Preguntó inocentemente.

– Aquí están. – Dijo apuntando a una repisa.

– ¡Ah! – Los dos se quedaron inmóviles. – ¿En qué piensas? – Preguntó a su madre.

Umm… Muchas cosas. – La señora comenzó a cerrar los cajones y las puertitas de la cocina un poco asustada.

¿Algo malo sobre mí? – El pequeño la miró fijamente.

– Oye, mira mi cara. – Se puso enfrente del pequeño para que la pudiera ver a los ojos. – No pensaba nada malo sobre ti, ¿está bien? – Cole solo se le quedó viendo y tardó unos segundos en responder.

– Sí. – Dijo el rubio en un susurro lo suficientemente fuerte para que solo su madre lo escuchara.

La madre de Cole le colocó la pequeña corbata en el cuello y sonó el timbre de la casa.

– Es Tommy mamá. – Dijo encaminándose a la puerta para abrirla.

– Cariño, ¿Quieres esto? – Preguntó enseñándole el paquete de galletas. El rubio corrió hacia ella y tomó el paquete de galletas para luego salir de la casa e irse a la escuela con su amigo Tommy.

La señora subió a las escaleras y se asomó por la ventana para ver como su hijo saludaba de abrazo a Tommy y se encaminaban a su destino. Vio cómo se despedían con la mano y salían corriendo.

Corrieron unas cuadras y se detuvieron.

– Oye fenómeno, ¿Qué te pareció ese abrazo amistoso? Se me ocurrió de pronto, lo inventé, eso hacen los actores, se llama improvisar. – Dijo el otro pequeño dejando solo a Cole.

Llegó a la escuela, escuchó el timbre sonar y vio como todos sus compañeros corrían para no llegar tarde a clases, el solo se quedó afuera de la escuela contemplando esa escena hasta que el timbre dejo de sonar y ya no había nadie por los pasillos, ahí fue cuando entró a la escuela y se encamino hacia su primera clase.


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