Capítulo 2
Una razón
Los segundos siguientes pasaron lenta y pesadamente, como si no quisieran hacerlo. Aún estaba tratando de procesar lo que ese hombre acababa de decir, una mueca de sorpresa e incredulidad cruzaba por mi cara, y ni él ni yo dijimos nada durante unos largos e interminables segundos que parecían ser horas. Finalmente logré reaccionar y mascullé.
-¿Cómo?
-Sé que puede parecer una locura, pero es real. Yo soy tu padre, Shantae.
-Pero, pero… no, no puede ser, yo no… nunca he… quiero decir…
-Entiendo que esto pueda parecer muy precipitado, tampoco era mi intención asustarte, es sólo que… te he estado buscando durante todo este tiempo, deseaba verte y… por fin… te tengo aquí, delante…
La cara del hombre era un poema, a bote pronto no parecía estar mintiendo, mostraba autentico y genuino nerviosismo, y parecía estar controlándose lo indecible para no echarse sobre mí y abrazarme. Por mi parte tenía sentimientos encontrados, aún no terminaba de creerme lo que estaba sucediendo, una parte de mi me alertaba y me decía que no me fiara de sus palabras, sin embargo por otro lado, muy dentro de mí, deseaba que fueran verdad.
-Esto… esto no… no sé qué pensar, ni siquiera le conozco…-mascullé, algo atacada.
-Me llamo Antalah.
-Antalah…
-Sí… tu nombre se me ocurrió a mí juntando algunas de las letras de nuestros nombres, tu madre siempre me dijo que fue un método de lo más tonto, pero le gustó el resultado, así que…
Mis ojos se iluminaron al oír decirle eso, mascullando de seguido.
-Mi madre…
-Sí, ella se llamaba Bahira, yo Antalah, la S y la E salieron de la nada, pero ella bromeaba al respecto… nos lo pasamos muy bien escogiendo tu nombre…
Antalah rió tontamente ante ese súbito recuerdo, demostrando que tal vez no mentía; yo aún no salía de mi asombro, todos esos datos eran nuevos para mí, y mi lado que más deseaba que todo eso fuera real saltaba de alegría con cada palabra que él decía. Por mi parte nunca llegué a saber el nombre de mi madre, de hecho mi tío nunca me lo dijo, lo cual me extrañó bastante ya que nunca antes me había dado cuenta de ese detalle en concreto.
-Yo… esto… no sé qué decir, no sé qué pensar, lo siento, es que…
-No, no pasa nada, lo entiendo… tengo tantas cosas que contarte… mi niña, estás aquí, por fin te encuentro…
Finalmente no pudo más y se echó sobre mí, dándome un súbito y muy fuerte abrazo que me pilló con la guardia baja; al principio quise apartarle, pero nada más notar su gesto, el cómo me abrazaba, el respeto y amor con lo que lo hacía, me hicieron ver que realmente lo sentía y que no era para nada fingido. Y yo, por mi parte, no pude hacer otra cosa que devolverle el abrazo. Al hacerlo Antalah se estremeció y, de repente, se echó a llorar. Esta vez me tocó a mí estremecerme, notando el inmenso amor que me parecía profesar. Como si hubiese sido una reacción en cadena, yo también lloré. Y, de alguna forma, lo supe. Al principio no estaba del todo segura, pero entonces mi corazón me sacó de toda duda. Ese hombre era mi padre. De alguna forma estaba ahí, conmigo. Y ese era motivo más que suficiente como para llorar. Le abracé aún más fuerte y apoyé mi frente en su hombro, llegando a musitar entre medias.
-Papá…
-Shantae… hija mía…
Sus palabras fueron como ambrosía y me sentí estallar de felicidad por dentro. Seguimos abrazados y llorando durante unos buenos minutos hasta que finalmente nos separamos, hechos unos zorros.
-Vaya, perdona, te he despeinado tu bonito pelo…
-No, no pasa nada… lo tengo suelto después de todo…
Me tomó de la cara, observándome fijamente y mascullando de seguido.
-Eres la viva imagen de tu madre… tan hermosa, tan grácil… qué guapa es mi niña…
No pude evitar enrojecer al extremo, sin embargo me recree en sus palabras, sintiéndome la medio genio más feliz del mundo. Por momentos Antalah se mostraba como un gentil y cariñoso padre, justamente lo que había anhelado durante toda mi vida. Y, para entonces, no podía sentirme más feliz.
-Ah, pasa, pasa, no te quedes ahí…
Antalah entró tras de mí y cerró de seguido, observando el faro por dentro; por mi parte me apresuré a comentar.
-Perdón por el desorden, es sólo que no esperaba visitas…
-No te preocupes, es acogedor el sitio.
-Sí, me lo cedieron cuando empecé a trabajar aquí, me permite vigilar el pueblo desde lejos, así que…
-Bien…
Hubo un breve y algo incómodo silencio en el que aprovechamos para sentarnos en dos cojines junto a la cocina, sin saber muy bien qué decir a continuación, a lo que Antalah tomó la iniciativa.
-Supongo que tendrás muchas preguntas…
-Sí, la verdad es que sí…
-Tranquila, responderé a todas y cada una de ellas, empieza cuando quieras.
-Eh, vale… ¿dónde has estado todo este tiempo?
Ante eso Antalah suspiró, murmurando de seguido.
-Sabía que esa sería la primera. Es una larga historia, supongo que estarás enterada sobre qué fue de tu madre…
-Algo, sí, sé que se tuvo que volver al reino de los genios para proteger al mundo desde allí, pero no mucho más…
-Vale, entonces sabrás que eso pasó cuando sellaron al Pirate Master por primera vez…
-Sí… lo derroté hace poco tras su segunda venida, por cierto.
-Sí, lo sé, fue eso precisamente lo que me atrajo hasta aquí y me permitió encontrarte.
-¿Y por qué no pudiste venir antes?
-Tuve que esconderme, la guerra contra la oscuridad fue dura y me obligó a alejarme de Sequin Land. Antes de seguir he de decírtelo. Yo soy un mercenario, Shantae, lucho las luchas de otros por un precio siempre y cuando entre dentro de unos cánones morales. Y sí, algunos mercenarios tenemos de eso, por raro que suene.
-Oh, vaya, entonces… ¿te pagaban por luchar contra malhechores? ¿No lo hacías por simple deber o altruismo?
-Sí y no, pedían mi ayuda, pero también me ofrecían dinero a cambio, y yo aceptaba. Si te parece sucio o deleznable lo entenderé, pero quiero que sepas que tú siempre fuiste mi principal prioridad, Shantae-insistió Antalah.
-Pero te fuiste…-murmuré, algo dolida.
-Lo sé, y no pasa ni un solo día sin que me arrepiente de ello. Lo siento, cariño, no debí dejarte sola… lo siento tanto…
Antes de que pudiera decir algo, se echó a llorar otra vez, a lo que yo me acerqué a él y le abracé para confortarle; sería estúpido guardarle rencor por algo así, y mucho más cuando mostraba arrepentirse profundamente.
-Lo siento, hija mía, lo siento…
-No pasa nada, papá, lo entiendo, no te voy a juzgar…
-¿De verdad?
-Claro ¿cómo podría? Estás aquí y ahora conmigo… eso es más que suficiente para mí.
Antalah sonrió y me abrazó con fuerza, murmurando de seguido.
-Mi niña… tan buena y gentil… igual que tu madre…
-Oh, va, déjalo ya…-mascullé yo, volviendo a enrojecer.
-Si es verdad… no sólo te pareces a ella físicamente, eres igual de buena y noble.
-Vaya… ¿cómo os conocisteis?
Ante esa pregunta Antalah volvió a suspirar, haciendo mano entonces de una vieja y raída bolsa de tela que no le vi que llevaba antes; de esta sacó entonces una brillante y dorada lámpara de aceite que me hizo recular nada más verla, recordando entonces aquel momento en el que Risky Boots me robó mi magia con una muy parecida a esa.
-¡Ah! ¡No, por favor, apártala de mí!-exclamé, asustada.
-No, tranquila, no pasa nada, no puede hacer ningún daño, perdió sus propiedades mágicas hace ya tiempo, ahora sólo es una simple lámpara-se apresuró a comentar él.
La dejó entonces en el suelo, pudiendo observarla un poco mejor; era bastante suntuosa y más grande que la que me robó mi magia, tenía varias joyas incrustadas en su tapa, algo de formas con relieve en los laterales y una pequeña cadeneta sujetaba la tapa al asa.
-Como supongo que ya sabrás, lámparas mágicas como estas fueron usadas para atrapar y esclavizar a muchos genios hace mucho tiempo atrás…
Yo tan solo asentí con la cabeza sin decir nada, algo cohibida.
-Tu madre fue atrapada en esta misma lámpara y estuvo sirviendo a un señor de la guerra muy cruel, poderoso y despiadado al que, casualmente, yo era uno de los hombres a su cargo. La usaba en combate para que luchara por él, obligándola a hacer multitud de atrocidades, y cuando no estaban combatiendo la usaba como divertimento haciéndola bailar para él y sus pelotones.
-Qué horror…-musité, espantada.
-Sí, y lo peor de todo es que ella no podía hacer nada, estaba atada a la lámpara y los designios de su señor, por lo que no podía hacer más que acatar sus órdenes, por muy dolorosas o humillantes que fueran.
-Entonces…
-Sí, ahí fue donde la conocí, en uno de esos tantos bailes que la obligaba a hacer para los demás. De todos los que luchábamos al lado de ese desgraciado yo era el único que no estaba de acuerdo con sus métodos. Todos los demás la miraban como un simple objeto, pero yo no lo hacía. Sentía rabia por cómo la trataban, eso hizo que ella se fijara en mí y, de alguna forma, supimos que debíamos escapar. Y lo hicimos. Una noche entré en al barracón de ese indeseable, robé la lámpara y escapé con ella.
-La salvaste…-murmuré, emocionada por el gesto de mi padre.
-Sí, no podía dejar que la siguieran usando de esa forma, así que huimos lejos de allí tratando de escapar de la guerra. Pero siendo yo un mercenario, y en plena guerra contra los piratas y otras fuerzas malignas, apenas pude pasar desapercibido, y ocultar a tu madre era muy complicado, puesto que ya ves que su lámpara destaca bastante.
-Sí…
-Me enrolé en la marina mercante para huir lo antes posible del señor de la guerra, que por lo que pude averiguar se había enterado de quién había robado la lámpara y nos estaba buscando.
-Claro, si eras el único que no estaba de acuerdo con él…
-Sí, fue sencillo para él en ese sentido, pero me las ingenié para poner distancia entre él y nosotros, por lo que ser marino mercante era la mejor opción. Sin embargo, en uno de esos viajes, nos encontramos con él… el Pirate Master.
En cuanto lo dijo no pude evitar estremecerme, recordando mi enfrentamiento contra ese monstruo; su violencia y crueldad se dejaron bien patentes durante toda la lucha, incluso burlándose de mí y jactándose que fue él quien puso en jaque a los genios. Cerré los ojos tratando de alejar esos pensamientos de mí, escuchando a mi padre.
-De todos los agentes oscuros él era, sin duda, el peor. Asolaba todos los puertos y costas, saqueando por doquier e incluso tomando prisioneros y esclavizándolos. No sólo era un cruel y sanguinario pirata, sino que además toqueteaba con la magia oscura, lo que le hacía el doble de peligroso. Debía de ser derrotado. Y Bahira y yo lo sabíamos muy bien, por lo que decidimos buscar a otros genios que estuvieran aprisionados para liberarlos y marchar todos juntos para derrotarle. Fueron muchos años buscando por todo el mundo y reuniendo a un auténtico ejército con el que hacerle frente, durante ese tiempo nos fuimos enamorando y, fruto de ese amor, tú naciste.
Esbocé una grata sonrisa, imaginándome cómo debió de ser ese momento, sin embargo el gesto de mi padre se ensombreció antes de continuar con su relato.
-Sin embargo, al poco de nacer tú, ya teníamos los efectivos más que suficientes para hacer frente al Pirate Master y sus oscuros secuaces. Al tiempo que nosotros nos habíamos ido fortaleciendo, él también lo había hecho, aliándose con multitud de seres atroces, monstruos, cuatreros, saqueadores y demás calaña, se alió incluso con el señor de la guerra que maltrataba a tu madre, aumentando de esta forma su capacidad armamentística y haciéndole aún más poderoso si cabía. Por nuestra parte teníamos también a mucha gente de nuestro lado, desde otros mercenarios como yo, vigilantes, justicieros, inventores, cazatesoros, además de muchos otros genios que fuimos liberando…
-Espera ¿cazatesoros e inventores? ¿No será por un casual…?-inquirí entonces, asombrada, pero mi padre se adelantó.
-¿Ibas a hablar de Mimic? Pues sí, así es, Mimic estuvo de nuestro lado e hizo muy buenas migas con Bahira, prometiéndola entonces cuidar de ti si las cosas se ponían feas.
-Entonces sí que te conoció, pero en ese caso ¿por qué nunca me ha hablado de ti?-inquirí yo, extrañada.
-Es que nunca llegué a conocerle como tal, Bahira me habló de él en un par de ocasiones y me comentó el trato que había hecho con él, yo por aquel entonces estaba demasiado ocupado coordinando la defensa y la ofensiva contra el Pirate Master y todo su ejército, apenas tenía tiempo para otras cosas.
-Entiendo…
-Finalmente llegó el día y la lucha contra el Pirate Master tuvo lugar, fue una batalla naval y campal gigantesca, no nos lo puso fácil, pero con el poder de los genios de nuestro lado fue sencillo… al menos al principio.
Esbocé entonces un gesto preocupado, entendiendo entonces a qué se refería y confirmándolo en cuanto continuó.
-Cuando se vio rodeado hizo mano de su magia oscura y se transformó en un ser gigantesco. Fue entonces cuando los genios comprendieron que debían de dar todo lo que tenían si querían derrotarle. Tuvieron que sacrificar parte de su poder, desprendiéndose de su lado terrenal y sellándose a sí mismos en el reino de los genios para mantener el equilibrio y asegurar así que no volvería.
-Y sin embargo lo hizo… fue por mi culpa-murmuré, abatida.
-¿Qué? No, seguro que no, debió de ser por otra causa…
-No, papá, realmente fue así. Risky Boots robó mi magia con una lámpara para tratar de usarla en mi contra, por lo que tuve que luchar contra ella hasta derrotarla, dispersándose así. Y fue entonces esta magia, mi magia, la que rompió el equilibrio y permitió al Pirate Master regresar. Realmente fue mi culpa…
No pude evitar que mi labio inferior temblara, recordando lo tonta que fui, sin embargo él me dijo.
-No te culpes así, en todo caso fue culpa de esa tal Risky y no tuya, hiciste lo que debías, estoy orgulloso de ti, cariño.
Esas palabras me llenaron de una emoción indescriptible que no me molesté en ocultar, mascullando de seguido.
-¿Lo… lo dices de verdad?
-¡Por supuesto! Y estoy seguro de que tu madre también lo estará.
Finalmente no pude más y volví a abrazar a mi padre, presa de una gran emoción que nunca pensé que llegaría a experimentar.
-Gracias, papá, gracias, no sabes cuánto deseaba oír esas palabras. Siempre he pensado que soy demasiado tonta y crédula, y que debido a eso no hacen más que aprovecharse de mí…
Ante eso Antalah me sonrió dulcemente, murmurando de seguido.
-Ah, la eterna encrucijada de las buenas personas. Tú eres mejor y más valiosa de lo que crees, cariño. No por nada eres mi hija…
Una vez más noté cómo las lágrimas regresaban, abrazando de nuevo a mi padre y perdiéndome en esa grandiosa y única sensación que nunca antes había tenido hasta ese mismo instante, cuando todo parecía cambiar. Una vez que estuve algo más calmada, y retomando la historia, inquirí.
-Ahora entiendo muchas cosas, pero si al final conseguisteis derrotar al Pirate Master ¿Qué hizo que te fueras?
Ante esa pregunta Antalah volvió a suspirar, siguiendo con la narración.
-Aunque ese monstruo fue vencido, muchos de los agentes oscuros que le ayudaron se dispersaron y huyeron al ver su derrota, incluso algunos se rindieron, pero otros no perdonaron. El señor de la guerra que esclavizó a tu madre me encontró, y al ver que había perdido a su mascota la tomó conmigo. No me mató, pero me hizo su prisionero y me obligó a volver a trabajar para él, alejándome de ti.
-Ese monstruo… ¿Quién era? ¿Quién puede ser tan horrible y ruin?-inquirí, indignada.
-Un desgraciado que sólo disfruta guerreando y creando conflictos, era descendiente directo de una línea de antiguos barones, murió hace ya un tiempo pero tuvo un hijo que siguió sus pasos.
-¿No recuerdas su nombre?
-No especialmente, estas cosas las prefiere uno olvidar, pero sí que me acuerdo del nombre de su hijo, Ammo Baron. No era precisamente muy creativo a la hora de poner nombres…
Mi padre siguió hablando, pero yo apenas le escuché, puesto que me había quedado helada; no me lo podía creer. Uno de mis más recientes enemigos, ese cíclope que me había dado tantos problemas llegando a apoderarse del pueblo y militarizándolo durante la crisis del Pirate Master, era el hijo del monstruo que esclavizó a mi madre.
-Cariño ¿estás bien? Hey, Shantae, cielo…
La voz de mi padre me ayudó a volver a la realidad, mirándole con lágrimas en los ojos y musitando.
-Soy idiota…
-¿Qué? ¿Por qué, qué pasa?
-Ese… ese Ammo Baron… lo conozco, sé quién es, no ha hecho más que darme problemas, y encima una vez le ayudé a hacerse con el pueblo… ¿cómo es posible?-musité.
-Oh, cariño…
-¿¡Lo ves?! ¡A esto me refería! ¡No hago más que meter la pata, con razón el alcalde no hace más que despedirme! ¡Soy estúpida!
Tras eso no pude más y me eché a llorar por lo ingenua que realmente podía llegar a ser. Mi padre me sostuvo entre sus brazos mientras comenzaba a consolarme, pero me sentía más inútil que nunca. Aun así él insistió.
-No, Shantae, no, no te fustigues así. Todos cometemos errores, hija mía, y no podías saber algo así. Escúchame, tú no eres tonta, eres una persona maravillosa, defiendes al débil y luchas contra el mal, justo como haría tu madre. No tienes nada por lo que sentirte mal, cariño. Yo creo en ti.
Sus sinceras y cariñosas palabras no hicieron más que acrecentar esa sensación de confort y bienestar que siempre anhelé. Ahora me sentía completa, sabiendo que él estaba a mi lado, y después de la increíble historia que me había contado ya no había lugar a la duda. Ese hombre era mi padre. Y, sólo por eso, todo era mucho mejor de lo que yo misma me hubiera esperado. Tenía que decírselo, nunca antes lo había hecho, y mi corazón me lo pedía. Por lo que lo solté.
-Te quiero. Te quiero, papá. No te vayas de mi lado, por favor…
Hubo un brevísimo lapso de tiempo en el cual Antalah no dijo nada, seguramente casi tan embargado por la emoción como yo, pero finalmente masculló.
-Yo también te quiero, hija mía. No me voy a ir a ningún lado, he venido para quedarme. Lo prometo.
A esas alturas no creía que podía ser más feliz, sin embargo ahí estaba, compartiendo un momento único e irrepetible con mi padre. Nos separamos por un momento, mirándonos sonrientes, y entonces le di un fuerte y largo beso en la mejilla. Por su parte él se rió tontamente y me imitó, dándome un beso en la frente.
Una vez que estuvo todo hablado empecé a hacer planes para mañana todo emocionada, sin apenas dejarle hablar.
-¡Esto es genial, tengo que presentarte a mis amigos, y al tío Mimic también, seguro que estará encantando de conocerte en persona! ¡Y también te presentaré al alcalde, igual puede que te contrate a ti también como guardián del pueblo y podamos guardar Scuttle Town juntos! ¿No es genial? ¡Es genial!
-Sí, claro que sí, cielo, pero poco a poco, que acabo de llegar…
-Ah, claro, perdona, es que estoy muy emocionada, o sea… ¡estás aquí, conmigo! ¡Papá!
-Lo sé, yo también estoy muy emocionado de volver a verte, hija.
Dado que se había hecho bastante tarde, decidimos irnos a dormir y dejar el resto para mañana. Le ofrecí a mi padre mi hamaca, sin embargo él la rehusó y prefirió quedarse abajo improvisando una cama con varias mantas, colchas y hojas de palmera de fuera.
-No hace falta que te molestes, papá ¿seguro que no quieres quedarte arriba?
-No, tranquila, hija, no quiero ser una molestia…
-¡No lo eres! ¿Cómo vas a ser una molestia? ¡Eres mi padre!
-Shantae, cielo, agradezco tu generosidad, pero no te preocupes, estaré bien, estoy acostumbrado a improvisar, mañana me busco un alojamiento por el pueblo para no molestarte aquí.
-Bueno, está bien…
-Venga, a la cama.
Subimos los dos arriba usando la soga y, para mi vergüenza y, al mismo tiempo, alegría, mi padre me arrulló en la hamaca antes de volverse a bajar.
-Oh, venga ya, papá, que ya soy mayor…
-Sí, lo sé, eres toda una mujercita, pero para mí siempre serás mi niña. Además, nunca tuve la oportunidad de hacer esto…
Esas palabras me hicieron comprender un poco mejor, dejándole entonces hacer con mucho amor; me dio entonces un beso en la frente, al tiempo que decía.
-Buenas noches, Shantae.
-Buenas noches, papá.
Me dedicó entonces una última sonrisa antes de bajar, dejándome allí envuelta entre sábanas y durmiéndome rápidamente con una gran sonrisa en mis labios. Nunca antes llegué a dormir tan bien.
¡Estoy de vuelta! Vaya, ha sido toda una exposición ¿eh? XD como dije antes, y dado que no hay mucho lore en ese sentido, me he tomado la libertad de armar una historia consistente que concuerde con lo poco que conocemos y, al mismo tiempo, siembre posibles dudas acerca de la naturaleza de Antalah. A bote pronto parece que dice la verdad, pero ¿es así realmente? a lo largo de la historia jugaré con eso, al mismo tiempo que iré construyendo la relación entre él y Shantae, junto con los demás personajes también. Ahora, tampoco quiero que esto se me desmadre, por lo que desde ya voy a anunciar un límite de siete u ocho capítulos para esta historia, porque ya sabéis como soy, que si no me controlo no paro. Ahora hablemos de cierto detalle que llevo tiempo rumiando y quiero anunciar.
Como algunos sabréis, aspiro a ser escritor, y tengo muchas ideas originales que quiero desarrollar y publicar. Como todos sabemos los fanfics se hacen por amor al arte y no dan dinero, puesto que trabajamos con ideas ya creadas y con una serie de derechos y copyrights que hacen imposible su difusión más allá de este sitio y otros similares. A mí este mundo me ha enriquecido bastante, ya que me ha permitido practicar mucho y me ha ayudado a asentar mi estilo, que era lo que buscaba haciendo este tipo de material. Pero ahora siento que mi estilo está listo para despegar, y para eso necesito centrarme en mis ideas, por lo que tengo intención de retirarme de la escritura y publicación de fanfics. Pero no quiero hacerlo sin antes publicar lo que me queda, por supuesto. Por lo que a partir de ya anuncio que éste va a ser mi último fanfic, a partir de ahora me centraré en el resto de cosas que aún tengo abiertas y aviso desde ya también que dejaré Amor de madre para el final. No me siento muy inspirado con esa historia, por lo que prefiero centrarme en cerrar cosas viejas, terminar rápidamente las más nuevas, y finalmente dar carpetazo y cerrar el chiringuito con la historia que menos orgullo me genera. Pokémon será una excepción, eso sí, seguiré publicando regularmente de forma más dispersa pero constante. Esos son mis planes, evidentemente tomarán su tiempo, pero quería anunciar mi pronto retiro y mis planes para realizarlo.
Y eso es todo de momento, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!
