Disclaimer: Los personajes de Magi The Labirynth of Magic no nos pertenecen, son de su autor respectivo.
Pareja principal: Sinbad x Alibaba (SinAli)
Advertencia: Relación chico x chico. Si el tema no es de tu agrado, no lo leas.
II
Como muchos otros, había sido un día horriblemente estresante y atareado. Apenas había salido de sus últimos tres trabajos que tuvo que entregar, más otros dos proyectos de práctica e investigación en esa misma semana, para tener que volver a retomar ese ciclo interminable de estudio con sus exámenes y trabajos que tendría que hacer en unos días más. Estaba seguro que en las próximas tres noches no dormiría casi nada. Anhelaba tanto poder tener, aunque sea un solo fin de semana libre, pero sabía que eso sería prácticamente imposible. Aún estaba a medio semestre de terminar, y todavía faltaban muchas cosas por hacer. Se estaba sumergiendo poco a poco en una montaña de quehaceres que poco menos no lo dejaban respirar. De todas maneras, nadie le dijo que la pedagogía sería una carrera fácil, por lo que daría todo de sí por aprobar el curso, no se rendiría.
Alibaba suspiró como si se le fuese a acabar todo el aire que tenía, recién eran casi las dos de la tarde y parecía que ya no le quedarían más energías para mantenerse despierto durante el resto del día. Estaba tan exhausto que sentía se desmayaría en los escalones de la universidad. Sacudió su cabeza, se dirigió al baño para mojarse la cara un poco y despertar de su estado zombi. Se sentía fatal. Todo le daba vueltas en la cabeza. Por un lado, por todo el embrollo de cosas que acarreaba los asuntos de su universidad, y por el otro, por algo tan infantil como lo fue la declaración de Sinbad hacía unas cuantas noches atrás. Desde esa vez, no había parado de pensar en ello en ningún momento; eso también podía explicar la falta de sueño y el estrés que sentía. Se miró en el espejo y las bolsas bajo sus ojos lo hacían ver demacrado, era increíble cómo un simple niño había logrado hacerlo sentir así, nervioso y preocupado.
Salió de la universidad, dispuesto a regresar a casa, darse una buena ducha y descansar un poco de todo ese malestar que sentía; más le resultó imposible cuando vio una persona que no esperaba ver justo en frente de la entrada al recinto. Sus ojos se le abrieron como platos y se quedó inmóvil en su sitio.
¿Pero qué…?
Alibaba permaneció estático, aun meditando si lo que veía no era un producto de su cansancio y el reciente tumulto de emociones que sufría. Tampoco estaba tan loco para alucinar, pero no lo descartaba. Sin embargo, supo que no era ninguna alucinación cuando lo vio acercarse. ¿Qué hacía Sinbad ahí?
Por su parte, el niño se quedó mirando la cara perpleja de Alibaba mientras lo saludaba con una mano. Ese gesto no le dio tan buena espina. Tal vez había sido un error aparecerse ahí, pero él simplemente había actuado. Prácticamente hacía una semana que Alibaba había "escapado" de él y eso no le agradaba. Todavía tenían algunas cosas que hablar y no pensaba dejarlo ir tan fácilmente. Cuando llegó junto al otro muchacho, éste aún lo miraba como si no pudiera creer que estuviera ahí. Posiblemente no debió haber ido, pero ya era tarde para arrepentirse.
—Hola~ —saludó como para hacer volver a Alibaba de su trance. ¿Tan raro se le hacía verlo? Si ya lo conocía muy bien.
El otro se rascó los párpados con ojeras y todo para saber si lo que veía era real. Sí, para su desgracia lo era. Justo en el día en que peor estaba, tenía que aparecerse ese muchacho por sus lares. ¿De verdad la vida era tan cruel que no lo dejaba un día en paz? Tal vez sí.
—¿Qué haces aquí? —preguntó, todavía creyendo que lo que veía era quizá una ilusión o lo que fuera. Todo mal.
—Vine a verte un rato —contestó aun sonriéndole—. ¿No estás feliz de verme?
—No es eso —contestó, soltando un bostezo. Los ojos le lagrimeaban del cansancio—. Sólo no esperaba verte por aquí. ¿Cómo supiste mi horario de salida?
—Adiviné en realidad —Observó el visible cansancio de Alibaba y ahí se reiteró que tal vez esta no había sido una buena idea. Quizá había tenido un día duro y no tenía ganas de estar lidiando con él—. ¿Prefieres que me vaya?
—¿Qué? —Vio el rostro un tanto entristecido del otro al escucharlo—. No, nada de eso —Tampoco quería ser descortés con él cuando se había dado el tiempo de ir a buscarlo a la universidad. Se dio unas pequeñas cachetadas en el rostro para poder despertar y así no parecer un penoso muerto viviente—. Me sorprendí que vinieras, eso fue todo —Sonrió.
En ese instante, ambos se quedaron sin palabras y guardaron silencio, sin estar seguros de cómo continuar con la conversación. De todas formas, no podían quedarse ahí en la puerta de la universidad por siempre, pero antes de que alguno de los dos fuera capaz de decir algo más alguien se acercó a ellos.
—¡Alibaba! —lo saludó un muchacho.
—¡¿Aladdin?! —espetó Alibaba sintiendo cómo los nervios le subían al ver a su amigo. Vio que el chico se acercaba a él diciendo algo, pero al instante se calló y fijó su vista en Sinbad.
—¿Eh? Hola —saludó Aladdin al niño—. ¿Quién es tu amigo, Alibaba?
Esa pregunta hizo que un escalofrío le recorriera la espina dorsal. ¿Por qué repentinamente se sentía tan ansioso? Quizá por lo inesperada de la situación.
—Soy Sinbad —se apresuró a decir el niño—. Soy su nov…
No pudo terminar la oración porque Alibaba le tapó la boca mientras reía nerviosamente. Supuso qué iba a decir y no permitiría que creara tal confusión en ese instante.
—Él es uno de mis alumnos —dijo Alibaba mientras Sinbad decía algunas palabras inentendibles a través de su mano—. Vino a preguntarme unas cosas. Mejor nos vamos, ¡adiós Aladdin!
Salió corriendo llevando a cuestas a Sinbad, mientras que Aladdin los miraba totalmente desconcertado y sin entender qué había sido todo eso. Sólo atinó a saludarlo con la mano, sin poder borrar su expresión confundida.
—¿Qué le pasa al idiota de su amigo? —dijo una voz atrás de él y se encontró que era Judal quien le hablaba.
—No tengo idea —confesó y ambos miraron cómo Alibaba se marchaba con aquel niño.
—El envidioso se tenía que conseguir su propio chibi, pero nunca será mejor que el mío.
Aladdin se quedó mirando a Judal con una mueca aún más extraña. ¿Qué le pasaba hoy a todo el mundo? Quizá los exámenes continuos ya les estaban quemando el cerebro.
Siguieron corriendo, hasta que ambos llegaron a una distancia lo suficientemente lejos de la universidad. Se ubicaron en un parque, por una ruta bastante compleja a un montón de cuadras más adentro y alejados de la calle principal. Alibaba era cauteloso y realmente no quería ser atrapado por algún estudiante de la universidad, más que nada porque no quería ser interrumpido por alguien y mucho menos a alguien a quien conociera.
Respiró agitado, tratando de recuperar el aire que perdió de tanto correr. No supo de dónde había sacado tanta energía para salir arrancando, pero no le importó. El sueño había pasado, ahora estaba lo suficientemente despierto como para darse cuenta de la situación en la que se encontraba. No era como si todo esto le resultase malo, tarde o temprano tendría que lidiar con esto.
—Bien —Tomó más bocanadas de aire para poder hablar, sintió por un momento que se le fue la vida—, creo que aquí estaremos bien.
—Créeme que no hacía falta todo eso —dijo refiriéndose a la corrida y escapada tan repentina. Aún tenía la respiración agitada después de que Alibaba lo arrastrara hasta ese lugar. No entendía por qué se hacían tanto problema. Qué importaba lo que los demás pensaran.
—Lo… siento —se disculpó, recobrando el aire poco a poco—. Sólo dame un respiro, ¿sí? Estoy la mayoría del tiempo encerrado en ese maldito edificio y lo que menos quería era estar ahí —El lugar era tranquilo y silencioso. Los árboles crujían con el viento y el sol de la tarde se hacía notar por entre las nubes. Alibaba tiró su bolso en el pasto y se sentó para descansar—. Cuando me siento colapsado, a veces vengo aquí a relajarme y recuperar energías… —suspiró.
—¿Ah, sí? Es bonito —mencionó mirando alrededor. Ciertamente era un parque muy interesante, grande y con varios árboles. Se veía como un lugar para relajarse. Una vez más, el silencio los inundó, ¿ahora cómo harían para romper el hielo? Sinbad nunca creyó que la situación con Alibaba pudiera transformarse en algo complicado—. ¿Sabes? Al final me fue bien en ese examen para el que me ayudaste.
—¿De verdad? —dijo, impresionado—. ¿Qué nota obtuviste?
—Me saqué un ocho, aunque quizá podría haber sacado más, pero estuve algo distraído. Aunque no me quejó de la nota que me tocó —explicó y miró a Alibaba con una gran sonrisa en su rostro—. Todo fue gracias a que me enseñaste.
Aquella sonrisa deslumbrante hizo que las mejillas se le sonrojaran. ¿Pero qué clase de magia negra usaba ese chiquillo para hacerlo sentir así? Alibaba rápidamente corrió la mirada y la asentó hacia abajo, intentando disimular su vergüenza.
—Eso fue porque eres hábil y te esforzaste en aprender —dijo, jugando con uno de los mechones de su cabello.
—Pero nunca me perdiste la fe —Al instante, Sinbad notó ese cambio brusco en Alibaba y le llamó la atención. Con curiosidad en el rostro, se acercó un poco más a él—. ¿Ocurre algo?
Mierda, se dijo internamente Alibaba. Se llamó a la calma, intentando contenerse. La cercanía de Sinbad lo ponía nervioso y su mundo de cabeza. Apretó sus puños y dientes, mirando hacia otra dirección que no fuera la cara radiante del otro.
—Sinbad, ¿sólo viniste para decirme eso? —preguntó, sabiendo que no.
—Tenía ganas de verte —contestó con sinceridad—. ¿Tú no?
—¿Ah, sí? —inquirió—. ¿Sólo eso?
—Bueno, no, eso sólo no —dijo Sinbad sin estar seguro de cómo comenzar—. Es que no hemos hablado desde que te fuiste el otro día y tú saliste corriendo prácticamente.
Dejó salir un suspiro de su boca, ya se había acostumbrado al modo de ser directo de Sinbad. Él estaba seguro que buscaba respuestas, algo, ¿pero qué era lo que podía decirle en esta situación? No tenía idea de qué decirle cuándo ni él mismo sabía qué demonios sucedía. ¿Por dónde debía comenzar? Se rascó la cabeza intentando tener alguna idea de qué decir, pero nada le venía a la cabeza.
—¿Y qué quieres saber? —Fue lo que se le ocurrió preguntar.
—Mmm… —Sinbad se rascó la cara y se tomó un momento para pensar. Había varias cosas que tenía ganas de decir, y también era complicado para él decidirse por dónde empezar—. ¿Qué tal si me hablas un poco más sobre eso que dijiste que pensabas "día tras día"?
Enmudeció por unos instantes. ¿Día tras día? ¿A qué se refería con eso? ¿De dónde…?
Ah, creyó recordarlo. Se quiso golpear la cabeza contra la banca que estaba a unos metros más allá de ellos, pero se contuvo. Tragó nerviosamente. Sí, sabía de qué hablaba. Maldición, ¿por qué habló tanto aquella vez? Pero no podía deshacerse de lo que dijo; tal vez Sinbad merecía una explicación, después de todo, había sido muy poco claro con él.
Al poco tiempo de conocerlo y comenzar a hacerle clases, notó una sensación diferente con él. No lo entendió del todo, pero luego de este suceso, finalmente llegó a una conclusión. Tenía un claro afecto por ese muchacho, pero uno mucho más profundo y que rayaba los límites de lo normal. Un sentimiento que lo agobiaba por el sólo hecho de tenerlos. Botó aire para calmarse, esta sería una charla demasiado complicada.
—Creí habértelo explicado bien —se defendió—. El simple hecho de pensar que lo que sentía no estaba bien, hacía que día tras día me negara rotundamente a ello. A no cometer el error de involucrarme sentimentalmente con un niño.
—¿Estás involucrado sentimentalmente conmigo? —repitió aquellas palabras, más para sí mismo. Era algo complicado de asimilar, tanto que aún no lo creía del todo. Sinbad se impresionaba demasiado al encontrarse con esta nueva situación, y que Alibaba se abriera con él confesándole estas cosas—. ¿O sea que me quieres?
—¿Crees que me hubiese atrevido a besarte si no hubiese sido así? —dijo apenas aceptando sus palabras, no era fácil para él. Se tiró los cabellos, decepcionado de sí mismo.
—¿Pero por qué dices que es un error? —cuestionó serio—. Querer a una persona no es un error. Yo te quiero mucho, Alibaba.
Esa última frase casi le arrancó el corazón, ¿cómo era capaz de expresarse tan abiertamente ese niño como si nada?
—Esto no es un juego, Sinbad —bramó—. Dudo mucho que mis sentimientos por ti sean los mismos que los tuyos. Tú sólo estás confundido.
—¿Y cuál es la diferencia? —Los ojos de Sinbad se afilaron junto con su cuestionamiento. No iba a dejar que Alibaba lo siguiera subestimando por su edad. Quizá fuera joven, pero sabía a la perfección qué quería y no estaba confundido en lo absoluto.
—¿La diferencia entre estar confundido y querer a un niño para algo más? Eso es algo obvio. Pero me pregunto cuál será peor —Esto era tan inaceptable para él, que apretaba sus puños—. Simplemente no puedo quererte de esta forma.
—Creo que el confundido aquí eres tú —espetó Sinbad sin ningún tipo de vacilación. Por más que se llevaran un marguen de edad, él no se sentía en desventaja. Incluso ahí, sentado en el pasto junto Alibaba hablando de sentimientos y moral, Sinbad creía firmemente en sus opiniones—. Yo estoy seguro de qué siento y te lo dije, no tengo ninguna confusión. Tú eres el confundido porque sólo te fijas en mi edad, sintiéndote indeciso por querer a alguien menor. De verdad te lo digo, mira más allá y concéntrate, algo debo tener para haberte gustado de esta forma.
En ese minuto Alibaba se sintió en una seria desventaja. Sinbad tenía razón en algo, que por algún motivo se fijó en él para verlo como algo más, y no sólo un simple adolescente. ¿Qué podría haber sido? ¿Su personalidad? ¿Su carácter? ¿Su forma de pensar y percibir las cosas? No lo sabía. Quizá su gusto radicaba por algún patrón en específico, por ejemplo, las personas menores. En sus otras relaciones le había pasado. Todas las personas con las que estuvo siempre fueron un par de años menor que él. Pero si ese fuese el caso, ¿qué podría decir respecto a la forma de ser de Sinbad? A su edad se veía bastante maduro y experimentado, quizá mucho más que él. Sin embargo, la brecha de edad seguía siendo grande y tampoco lo conocía lo suficiente como para concluir que Sinbad realmente era así. Aunque vamos, no todos siempre actúan como adultos. Si lo pensaba con detenimiento, por lo menos la gran mayoría de la gente seguía teniendo su lado infantil, por así decirlo. Entonces, ¿qué era lo que finalmente lo detenía a querer algo más con Sinbad?
Tal vez el sentimiento de culpa, por querer a alguien mucho menor que él. En teoría, todo se reducía a eso. Moral, leyes y conductas sociales, aceptación… ¿Qué demonios? Muchas veces llegó a pensar que estaba realmente enfermo por sentir cosas así por un adolescente, o peor aún, llegar a pensar cosas que no debía. No, no, era demasiado para su pobre mente. Se sentía realmente acorralado, entre ceder a sus impulsos, a sus sentimientos, y enfrentar su temor.
¿Qué temor? ¿El temor a seguir pensando que llegaría a abusar de un niño? Probablemente eso era. Muchas veces había estudiado que los adolescentes creen saber muchas cosas y tener la razón cuando en verdad ellos no tienen idea de nada. Pero por algún extraño motivo, Sinbad no calzaba en esa clasificación. Las situaciones con las que él lidiaba, la calma con las que las enfrentaba, las palabras que él elegía al hablar o lo que pensaba respecto a algo, estaba fuera de lo que un adolescente normal diría.
Ver más allá.
Más allá de su apariencia y su edad. ¿Qué había? Algo parecido a un hombre adulto. Se le quedó mirando un momento. Quizá estar confundido no era lo que realmente sentía, sino que, no era capaz de aceptar que Sinbad, a pesar de su edad, tenía una mente de un adulto. ¿Pero cómo podía estar completamente seguro de eso?
—Sinbad —le llamó, mirándolo con absoluta seriedad—. ¿Qué es lo que sientes por mí? O mejor dicho, ¿qué es lo que buscas con esto?
—Qué busco… —susurró Sinbad, pensativo mientras mantenía su vista fija en ningún lado en particular—. Que no te alejes de mí.
Aquella frase la había dicho más para sí mismo que para Alibaba. Sabía a la perfección que el otro era una persona muy ocupada, quien tenía muchas obligaciones, y por eso mismo no buscaba atarlo a nada en particular. Sin embargo, Sinbad quería estar con Alibaba, como siempre había estado. Le gustaba mucho tenerlo en su vida, como profesor, como amigo, como una persona que quería increíblemente. No pedía nada más, sólo que no se alejara.
—Yo te quiero, Alibaba —reiteró clavando los ojos en los del otro—. Si no quieres que sigamos hablando de esto está bien, pero no te alejes de mí. Entiendo que puedas pensar que soy sólo un niño y aún me falta muchas cosas por aprender para hablar sobre "querer a alguien", pero yo ahora te aseguro que te quiero. Y no me digas que es malo querer a alguien, porque ¿cómo puede ser malo algo que te hace sentir tan bien?
—No has respondido mi pregunta —reiteró Alibaba—. Si no quieres que me aleje, sé claro con lo que estás buscando de mí justo ahora. Yo sí sé lo que quiero, pero que decida hacerlo o no es otra cosa.
—Quiero que estés conmigo —No hubo la más mínima duda en sus palabras, las cuales salieron claramente de su boca. Si Alibaba la aceptaba o no, dependían de él, ya Sinbad se había jugado.
La respuesta todavía no era clara. Un "no te alejes de mí" junto a otro "quédate conmigo" eran prácticamente sinónimos. Pero no tenía planeado forzar a Sinbad con más respuestas. Había otra manera de saberlo, una más arriesgada.
—Estar contigo… —susurró—. ¿Contigo así cómo? —lo miró directamente a los ojos, sin despegar la vista de él—. ¿Cómo amigos? ¿Cómo profesor? ¿O…? —Se acercó a él en un pestañeo, tomándole el rostro con ambas manos; ahogándose en esa mirada dorada de sus ojos, esos bellos ojos radiantes que lo hacían perderse en ese océano infinito que significaba su juventud. Sus miradas estaban muy cerca, tanto, que rozaban sus labios. Alibaba se tomó un segundo para contemplar esa expresión inexplicable en el rostro de Sinbad, y sonrió para sus adentros. Lo besó, sin dudar un segundo más, lo hizo. Disfrutó de ese sabor único de sus labios, esa cercanía que tanto lo volvía loco. Sí, esa sensación que sólo Sinbad podía provocarle.
Un beso tan frágil y bastante anhelado por ambos. Disfrutó sin lugar a dudas de ese beso. Sinbad sintió cómo nuevamente aquella emoción tan cálida se apoderaba de él, tan fulgurante y maravillosa. Algo que había descubierto con los besos de Alibaba. Incluso sentir las manos tibias del otro sobre su rostro era una experiencia única, que hacía que se le erizara la piel. Sinbad llevó una de sus propias manos y la colocó sobre la de Alibaba, quien aún le sostenía la cara. A penas se separaron un segundo para poder verse y Sinbad se deslumbró viendo cómo brillaban los ojos de Alibaba. Sí que lo quería de verdad y se le notaba bastante. No pudo evitar sonreír feliz, se sentía terriblemente contento.
—De todas las formas quiero que estés conmigo —le dijo, arqueando sus cejas y sonriendo con la mitad de su boca.
—Ya veo —le sonrió de vuelta—. Esta decisión ha de ser irresponsable e inconsciente, pero yo también quiero estar contigo —le acarició la mejilla con sus dedos, suavemente, recorriendo esa piel tersa y suave; mientras su otra mano, sentía el calor de la del otro.
Dejó escapar una leve risa y Sinbad atrapó nuevamente los labios de Alibaba con los suyos. Estaba demasiado contento. Por más que el otro aún no estuviese tan seguro, había decidido arriesgarse a algo más. Realmente Sinbad era joven, bastante, y todavía le faltaba aprender muchísimas cosas, no podía asegurar qué pasaría en el futuro, pero en este momento de lo único que no dudaba era de que quería inmensamente a Alibaba.
—Nos quedaremos así, a ver qué sucede más adelante. ¿Estás de acuerdo? —dijo, depositándole otro beso y acariciando su cabello—. No te forzaré a nada, si tú quieres estar conmigo, lo permitiré. Pero si en algún momento te retractas, debes decírmelo. Yo soy el responsable de esta situación, por cualquier cosa que suceda, ¿está bien?
—Tranquilo —contestó—. Los dos somos responsables, ya veremos qué hacer. Ahora… ¿significa que eres mi novia?
—Si te portas bien y dejas de tratarme como una mujer, puede que sí —rio.
—Si tú dejas de tratarme como un niño.
—Entonces trato hecho —lo besó.
La alegría que experimentó Sinbad en ese momento fue inconmensurable. Se besaron una vez, luego otra y ya no lo pudo resistir más. Literalmente, se tiró encima de Alibaba abrazándolo y aún mantenido esa unión entre sus labios. La sensación del pasto debajo de ellos, la calidez de su cuerpo chocando con el otro y el silencio que parecía formarse mientras no dejaban de besarse. El momento pareció casi mágico e irreal. Más allá de lo que pudieran pensar, de la moral o los valores sociales, ellos estaban dejándose llevar por ese momento tan maravilloso que los atrapaba cada vez más.
—Hey, hey… Tranquilo —murmuró Alibaba entre besos—. No… vayas tan… rápido.
Sinbad podía ser un muy joven todavía, pero también tenía instintos y cuando los ponía en marcha, su forma de actuar era totalmente distinta. No sabía qué es lo que haría con él a partir de ahora, en esta clase de situaciones e intentando frenarlo, sólo esperaba que las cosas marcharan bien en el futuro, sí es que lo tenían.
—Jeje, lo siento —se disculpó separándose levemente de él—. Me dejo llevar.
Elevó un poco su cuerpo del de Alibaba y lo miró sin poder evitar sonreír. Era complicado no ceder a sus impulsos y las ganas de querer besarlo aún más. Alibaba era una persona mucho más grande a lo que él estaba acostumbrado y no lo conocía bien de esta forma, tendría que ser muy paciente y aprender para poder seguir adelante con esto.
—Está bien —le sonrió, sujetándole el mentón con sus dedos para observarlo con más esmero y luego de ello, volvió a besarlo.
Quizá dejarse llevar un poco más no estaría tan mal…
He aquí la segunda parte. Sentimos mucho la demora. Hay una tercera parte, pero tardará algo de tiempo en publicarse.
Esperamos que el capítulo haya sido de su agrado.
Saludos.
