–Creo que ya va siendo hora de que me dejes de molestar, imbécil. –Te dijo, bueno, en realidad te gruñó, con fastidio. Dudaste, pero insististe.

–¿Qué hay de malo con acompañar a mi hermanito en el sendero of the life que conduce a...? –Te interrumpió con un puñetazo justo en el centro de tu cara, caíste estrepitosamente al suelo con un lastimoso puchero; esa frase era casi poética, debías perfeccionarla luego.

–Sólo lárgate de mi camino, Kusomatsu. –Te dio la espalda y continuó sin importarle cómo estabas.
Te levantaste del suelo sacudiendo tu ropa, una ligera línea roja escurría de tu labio porque te lo habías mordido al caer. Suspiraste derrotado y algo desilusionado; querías pasar el día junto a Ichimatsu.
Te quedaste en ese lugar viendo cómo se alejaba mientras te sobabas la mejilla adolorida.

Los golpes que te daba jamás dolerían tanto como sus palabras o como la frialdad con la que te trataba. Actuaba como si te odiara y lo peor era que no entendías la razón, incluso tenías el descaro de preguntarte si existiría alguna. Eras bueno y amable con él, ¿no? Y si no era así, al menos era lo que pretendías, pero siempre había algo que salía mal, era como si Ichimatsu estuviera predispuesto a rechazar cada cosa que venía de ti; eso te causaba tristeza, pero más que nada te dolía, sí, su rechazo dolía, era como si algo te apretase desde dentro.

Inhalaste profundamente, con desdicha, pretendiendo llenar con aire ese tormentoso vacío que te producía Ichimatsu. Después exhalaste sonoramente dándote cuenta de que nada podría llenar un vacío de ese tipo; porque era uno de esos que sólo la persona que los provoca puede llenarlos. Buena suerte con eso. Algunas veces sentías que te merecías su rechazo; era como un presentimiento de culpa, un sentimiento bastante difícil de explicar con algo tan limitado como las palabras; bobo, ¿no? Era cierto que no conocías una razón y era por eso que aceptabas sin chistar su actitud agresiva contigo, aunque te estabas derrumbando por dentro. «¿Te hice algo terrible, Ichimatsu?» Te atreviste a pensar, cerraste los ojos; nunca estarías seguro. Una idea fugaz pasó por tu mente. La idea de sentirte derrotado no te agradaba nada; no iba contigo. Por eso te dijiste a ti mismo que no te podías rendir y la esperanza en tu pecho se disipó por este como veneno, sólo que no estaba contaminando, sino, justo lo contrario, te estaba animando. Si te merecías ese trato que te daba, algo tendrías que poder hacer para remediarlo y si había algo que tenías tan claro como el agua, era tu casi dolorosa confianza en ti mismo. Sonreíste autosuficiente y corriste ahora en dirección por donde se había ido antes Ichimatsu. Tenías que aclarar algunas cosas. No fue difícil dar con él, bastó con meter tu cabeza en cada callejón de esa calle hasta que encontraste en el que estaba. –¡Ichimatsu! –Gritaste con la agitación que sólo la emoción es capaz de provocar. El giró su rostro y te vio sin expresión alguna. Como era obvio, estaba jugando con un gato, había varios a su al rededor. Su mirada se volvió fulminante y tomaste eso como una seña para explicar lo que hacías ahí. Cerraste los ojos, tomaste aire y aclaraste tu mente, asegurándote lo que ibas a decir. Carraspeaste al principio, pero lo que salió de tu boca fue lo suficientemente seguro para sonar convincente. –No importa lo duro que sea o lo mucho que me tarde: me esforzaré en ganarme tu cariño, Ichimatsu. I swear. –Abriste los ojos, decidido a ver la expresión que tendría en su rostro, pero te decepcionaste al darte cuenta de que le estaba poniendo más atención al gato que a ti. Lo llamaste. Te ignoró. Pensaste en irte, pero ¿de qué serviría la promesa que acababas de hacer si te ibas ahora? Cumplirías tu promesa, te esforzarías en estrechar lazos con tu hermano, lazos que se habían roto con el tiempo, aunque no supiste cuando. Te acercaste a él y te sentaste a una distancia a la que no pudiera alcanzarte tan fácil si decidía golpearte. –¿Ah? ¿Sigues aquí? –Tu hermano menor no era alguien de muchas palabras, sin embargo, la mayoría de las veces podías saber lo que quería si veías con atención su rostro. Quería golpearte, quería que te fueras. Decidiste que no se la dejarías tan fácil. –¿Puedo acariciar un gato? –Le preguntaste viendo un pequeño gatito gris de unos claros ojos verdes. –Puedes largarte. –Te contestó, seco. Pero tú sonreíste cuando el gato saltó a tu regazo y aunque Ichimatsu le dedicó al felino una mirada que decía "traidor", fue como un permiso especial para quedarte más tiempo. (...) Volvieron a casa en silencio, de hecho, toda la tarde se la pasaron sin decir una palabra. Pero estaban juntos y eso te hacía feliz. ¡Habías hecho un avance! Tenías la rara teoría de que tus frases y poses geniales irritaban a Ichimatsu –algo que aún no lograbas comprender del todo–, pero al parecer no hacerlas en su presencia evitó que te echara a patadas, así que punto para ti.

En ese momento, la sonrisa en tu rostro era imborrable, el brillo de tus ojos y el fino rosado que adornaba tus mejillas te hacían lucir adorable, pero claro, tú no lo sabías, así como tampoco sabías que tú hermanito estaba observando esa genuina faceta tuya.

Llegaron a casa y sus hermanos no pudieron estar más sorprendidos de verlos llegar juntos y, después de hacer preguntas y suposiciones de todo tipo y predecir el fin del mundo, los felicitaron por llevar una mejor relación de hermanos.
Te sentías feliz, si, era la palabra perfecta para describir el sentimiento.
Quizá ya habías encontrado una manera de acercarte a Ichimatsu, quizá con el tiempo aprenderás más. Quizá no estabas predispuesto a ser rechazado. Quizá estabas siendo demasiado optimista.

(...)

Estabas llevando las cosas de una manera lenta, algo bastante inteligente de tu parte.
Aunque su relación no había cambiado mucho, acompañarlo de vez en cuando era bastante diferente a no hacerlo nunca. ¡En una ocasión hasta te había llamado por tu nombre! Claro que después se maldijo y te golpeó cuando le giñaste un ojo con una mueca de orgullo.

Quizá todo eso habían sido puros descuidos por su parte; pura coincidencia. Quizá sólo eras muy optimista.
–Deja de verme, Kusomatsu. –Te exigió. Ni cuenta te diste cuando empezaste a verlo, así que te sorprendiste de ti mismo y volviste a tu reflejo en el espejo.

Estaban solos en la casa además de Osomatsu que estaba dormido en el sofá.
Ichimatsu estaba en la esquina sentado abrazando sus piernas, al parecer también se estaba quedando dormido cuando se dio cuenta que lo observabas. Tú te encontrabas ahora contemplando tu reflejo.
Suspiraste aburrido y te sentaste en la orilla de tu hermano menor, él ni siquiera te volteó a ver.
Buscaste un tema de conversación ¿de qué podías hablar con él? Pensaste en mencionar al gato de la vez pasada, pero seguir hablando de gatos sería muy repetitivo.

–¿Qué tal el baseball con Jyush...?

–Cállate. –Tu ligera expresión sonriente cambió cuando te interrumpió. Él te vio indiferente al principio, pero sus facciones se aligeraron al momento cuando notó tu mueca de distorsionada pena. Añadió enojado:– No tienes que forzar un tema de conversación, es molesto. –Dijo simplemente, ¿qué fue eso? ¿lástima? Dejando eso de lado asentiste con la cabeza y te recargaste en la pared con las piernas medio abiertas. Lo peor de ser un nini era el aburrimiento por el que a veces tenían que pasar.

–Oye Karamatsu, ¿me prestas dinero? –Habló el mayor, ¿que no estaba dormido? Al parecer no. Se sentó en el sofá poniéndose su suéter rojo, esperando tu respuesta con una de sus típicas sonrisas.

–Te presté todo lo que tenía la última vez. –Le respondiste honestamente, no tenías dinero.

–Eres un tacaño. –Te dijo fingiendo ofenderse y apuntándote con el dedo índice. Ibas a objetar, pero te ignoró y su mirada se dirigió a quién tenías a un lado–. Tú si le prestarás dinero a tu hermano mayor, ¿verdad, Ichimatsu? –El menor frunció sus hombros, cansado.

–No tengo dinero.

–¿Ah? ¡Son unos irrespetuosos! ¡¿Qué hice mal Akatsuka-sensei?! –Gritó dramáticamente mientras se iba de la habitación.

–Que dramático. –Mencionó tu hermano girando los ojos.

–Así es él. –Le contestaste, relajando los hombros, restando importancia.

–Creo que es el más idiota de todos. –La egoísta idea de que si Osomatsu era el más idiota, no lo eras tú, de alguna manera te alegró. Reíste disimuladamente.

Una extraña melancolía te invadió de repente, una inquietud te hizo hablar.

–Oye, ¿te puedo hacer una pregunta? –Y al terminar la oración, de inmediato dudaste, ¿miedo acaso? Si, por tener que arruinar el ambiente.

–La acabas de hacer. –Estúpido. Reíste nervioso, pero seguiste, algo decaído.

–No es eso. –Tomaste aire, dándote valor. Viste curiosidad despistada en sus ojos–. Ichimatsu, ¿tú me odias? –La cara de tu hermano fue rara en toda su expresión; se podía leer un claro "¿acaso eres idiota?" y la duda y el miedo te invadió, se apoderó de tus entrañas asfixiándote, oprimiéndote por dentro. Te veía, pero no te decía nada; aterrador ¿era porque tu pregunta era estúpida o porque tú eras estúpido al no darte cuenta de lo obvio? Tu corazón latió rápido, ansioso y al mismo tiempo temeroso.
Ichimatsu exhaló cerrando sus ojos, parecía cansado.

–No lo sé. –Dijo, al parecer sin ánimos de decir nada más. No sabías si sentir alivio o, más específicamente, no sabías qué sentir. Tú confundida mirada lo incitó a seguir–. Creo que es rencor... –¿Qué significaba eso?

–¿Eh? Pero ¿por qué...?

–Estas muy hablador hoy, Kusomatsu. –Te fulminó con la mirada como señal para que te callaras–. Yo tampoco sé por qué. –Mencionó con tono frustrado–. Tsk. ¿Por qué no lo olvidas? No tienes que pensarlo mucho, aún tienes una vida por delante... –Esas palabras... Esas palabras te hicieron entrar como en un trance, viste los labios de tu hermano moverse, pero ya no los escuchabas. Un escalofrío recorrió tu cuerpo, y esa desconocida sensación... ¡¿Qué era esa maldita sensación?! Te perdiste en ti ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué todo a tu alrededor perdía su forma a excepción del sujeto que tenías en frente? ¿Qué era esa horrible presión en tu pecho que te provocaba querer llorar? ¿Por qué Ichimatsu de repente se veía como alguien a quién creías no conocer? No supiste responder ninguna de tus preguntas y lo besaste...

.

.

.

Muchas gracias a los que comentaron el capítulo anterior, no pensé que alguien lo fuera a leer xD

Y sí, era DonHira, dieron en el blanco :3

A como vayan avanzando los capítulos se irá entendiendo mejor la historia, espero xD

Y bueno, quizá lo estoy llevando muy rápido, pero es porque no quería escribir mucha paja, me resultaba muy aburrido y torturoso, de hecho, el fic en sí no será muy largo :p

Cuentenme que les pareció.

Gracias por leer! :D