¿Adivinen quién ha vuelto a las andadas de publicar de madrugada? Ajá, exacto.

Bueno, no tengo mucho que decir, muero de sueño, mi hermano me destapa cada que puede, y mi perro me ha tomado como un colchón xD

Bueno, respondo reviews!

*N0MBR3: Hahaha algunos amigos del fandom me dijeron que iba a mover tapetes con eso de Eli y Kanan omega y Nozomi y Mari alfa, pero bueno, FUCK THE SYSTEM! XD. El MaruChika es un shipp culposo que se desarrolló cuando vi una imagen de Chika y Maru en plan super bonitas. Me he dado a la tarea de hacer algo de ese shipp xD. Espero te guste el capítulo, muchas gracias por tu apoyo!!

*Love Live: Aws, qué lindo/a uwu. Espero éste fic también te guste, muchas gracias por tu apoyo constante a mis historias, lo valoro mucho TwT.

*You-chan: MaruChika for the win! Tengo la intención de que sean las de las dosis de insulina aquí xD. Yo igual soy técnicamente novata en el steampunk, así como en el omegaverse (mi guía son Gaby mamá y Mag papá) pero espero hacer un buen trabajo. Muchas gracias por tu review! Espero te guste el capítulo uwu.

*Another dork: Justo acabo de ver tu review y me recuerda a algo que dice Mari en este capítulo uwu. Hahaha oh sí, muchos prefieren el lado alfa de Kanan, pero me he retado a hacerla más Suwa xD. Chika y Hanamaru serán las que le den azucar a esto. Espero te guste el capítulo, gracias por leer uwu.

*Joss Sonoda: Oh claro, claro, procuraré mejorar, gracias por decirme. Hahaha estoy entre MaruChika o HanaChika, se escucha bonito uwu. Es mi última obsesión en shipps culposos xD. El YohaMaru es hermoso bello precioso, pero ya que tengo un fic YohaMaru, quise variar un poco, y qué mejor oportunidad de meter el shipp diabético uwu. Bueno, no creo que salgan todas las chicas, pero las que salgan tendrán su debida importancia, eso sí uwu. Ahsjddl siempre me he imaginado a Nozomi con ese atuendo y es tan QwQ ahh~!! Nozomi es hermosa. Espero el capítulo te guste, muchas gracias por comentar uwu.

Y listo, estoy en mis últimas, así que ya los dejo leer. ¡Que tengan un genial fin de semana!


Mine

Capítulo 2:

"Los sentimientos de Kanan"


El señor Kunikida era fiel creyente de que un robot jamás podría hacer lo que podía un humano, y entre esas tareas, estaba la entrega de los trabajos de su herrería. No podía confiar ese tipo de cosas a un par de hojalatas despistadas; por eso trabajaba a la antigua, con humanos.

Kanan y Nozomi se prepararon para llevar el pedido de laminillas, la menor de las Toujo seguía con la mirada perdida, no había dejado de pensar en esos ojos feroces pero amables de aquella chica de cabello rubio. ¿Sería que ella era su alfa? Quería volver a verla, algo en su interior le pedía que al menos intercambiaran algunas palabras, era una extraña necesidad…

Extraña necesidad…

Una necesidad…

Esa sensación le era familiar, algo que surge de la nada y que no necesitas, pero piensas que sí… Sus recuerdos viajaron a su primer calor.

Negó enérgicamente, ¿qué demonios le pasaba? ¡Era lo primero que se había prohibido desde entonces! Incluso si fuera verdad el que Mari hubiera sentido lo mismo que ella, no podía permitirse comportarse de esa manera, perder la cabeza por una persona que acababa de conocer no estaba en sus planes. Se regañó por haber actuado como una colegiala al querer buscar a la rubia.

Era el año 3099 de la humanidad y los tiempos habían cambiado. Se suponía que no había más omegas sumisos ni alfas dominantes, ambos tenían las mismas oportunidades tanto de estudio como laborales, aunque aún quedaban algunas tradiciones del siglo pasado, como pensar mal de los omegas cuando llegaba su calor, mirarlos como un pedazo de carne en espera de ser comido, o golpear al alfa si es que un omega le acusaba de algo, lo hubiera hecho o no. Sí, la humanidad había cambiado, pero eso era sólo un "se supone", pues, así como había personas que se cerraban al hecho de poder usar la naciente tecnología a base de vapor y energía solar, también había personas que rechazaban por completo el hecho de que un omega pudiera hacer el trabajo "que le correspondía a un alfa", o que condenaban a todo aquel omega que se atreviera a contradecir a su "dueño".

"Es lo natural" decían, "un omega jamás será igual a un alfa, ellos deben quedarse en su casa y cuidar de los cachorros".

Afortunadamente eran más las personas que creían en el progreso, así que, aunque fuera poco a poco, la humanidad iba avanzando.

Kanan se negaba a entrar en ese estereotipo del que tanto hablaban sus tías. Las primas omega de las Toujo ya estaban unidas a su respectiva pareja, y todas ellas se habían vuelto completamente dependientes de su alfa. Incluso, Ayumu Toujo, quien había mostrado un gran carácter y valentía desde pequeña, se había doblegado ante una alfa buena para nada llamada Kanata Konoe. Claro, había excepciones y Honoka Kuosaka era una de ellas, ya que a pesar de ser cariñosa y melosa con Tsubasa, también era independiente y capaz por su cuenta, pero tal hecho no le garantizaba nada. Eso no le pasaría a ella, no lo permitiría. Miró a su hermana, a veces la envidiaba, un alfa no se preocupaba por nada hasta que llegara su calor, pero aun así no había nada de que temer, siempre sería libre, no tenía que pensar en ese estúpido peligro de llegar anudarte con alguien a quien no conoces, alguien que solamente pasaba por ahí cuando tu calor había comenzado.

Alguien que no amas.

— Ese fue un gran suspiro— dijo su hermana mientras se ponía los guantes para comenzar a amarrar las laminillas y subirlas al camión —. ¿En qué piensas?

— En nada— dijo con molestia, mientras imitaba sus acciones y comenzaba a amarrar el material.

— Te vas a lastimar— Nozomi tomó sus manos —. Si no quieres ir, puedo ir a entregarlas sola.

— No es eso, iré contigo.

— ¿Estás segura? — la pelimorada sabía acerca de las inquietudes de su hermana, así que el que una sexy alfa de cabello rubio y ojos color zircón le hubiera despertado tal interés, seguro la había hecho encontrar sentimientos que no sabía que tenía, y que, si no le gustaban, enterraría.

— Segura, ahora vayamos a entregar esto, o se hará tarde y quiero pasar por una cerveza de vainilla.

El camino fue tranquilo, encendieron la radio de la camioneta y dejaron que la música, junto a las noticias, las acompañaran. No había nada que no se esperaran, obviamente los medios le habían puesto atención a la llegada de los Ayase-Ohara, pues su presencia significaba que los planos de mejoras para la ciudad de Yaora estaban a nada de pasar a ser realidad. Habría nuevos canales, nuevos edificios, colaboraciones con la empresa Toujo, y la alianza entre aquellos grandes emprendedores se vería cristalizada en la fiesta que ofrecerían los recién llegados. Nozomi y Kanan estaban al tanto de esto, sus madres les habían mandado a hacer un traje sastre para esa ocasión.

Llegaron a la entrada de la residencia, un comunicador les dio la bienvenida.

Nombre y propósito, por favor.

— Están bien equipados— susurró Nozomi —. Soy Nozomi, vengo a entregar un pedido de la herrería Kunikida para la… señorita Elichika Ayase.

Un momento, tu solicitud ha sido enviada.

— Cuánta seguridad— dijo Kanan mientras esperaban a que la entrada fuera aprobada —, nuestra madre si acaso puso cámaras en la entrada.

— Extranjeros— respondió la pelimorada mientras se encogía de hombros y se estiraba en el asiento.

La señorita Ayase ha aprobado su ingreso, diríjase al taller, por favor.

— El taller— al momento en que Nozomi volvió a poner en marcha el automóvil, buscó con la mirada algún señalamiento, pero se encontró con un modelo de robot extraño en la entrada, al parecer las esperaba.

Las llevaré al taller de la señorita Elichika, acompáñenme, por favor.

— Parece que es un nuevo modelo— susurró Nozomi.

— Nuestra madre no lo ha creado, ¿o sí?

— Quién sabe— comenzó a seguir los pasos del mozo de metal —, me parece que no, debe ser de Rusia o Italia.

— La forma de sus ojos no le es muy útil, debe ser porque está adaptado sólo para moverse en un terreno determinado— completó Kanan.

— Bueno es una ciudad con bajos estándares de crimen, no creo que necesiten algo más que la seguridad en la puerta.

Llegaron hasta una especie de garaje, una chica de cabello rubio y ojos azules las esperaba ahí. Nozomi la reconoció casi de inmediato como la acompañante de la alfa que había llamado la atención de su hermana. Estacionaron el vehículo y se bajaron, Eli comenzó a acercarse a ambas chicas.

— Buenas tardes— saludó.

— Buenas tardes— respondió Nozomi mientras estrechaba su mano. Era una omega, no había duda, su aroma inundaba el aire de la pelimorada, algo interesante y un poco inusual para Nozomi, pues rara era la vez que una omega lograba hacer que sus sentidos despertaran de tal manera, una que sentía que apenas podía controlar, y vaya que tenía experiencia tratando con omegas y betas. Los Ohara-Ayase debían tener algo, sin duda.

— ¿Hermana? — preguntó Kanan, al notar que la mayor no soltaba la mano de la señorita. Ambas se miraban, como intentando reconocerse.

— Hemos traído su pedido— dijo en una voz neutral, algo extraño en ella.

— Gracias— finalmente soltaron sus manos —, ¿lo pueden traer por aquí, por favor?

— Seguro— Kanan tomó el brazo de Nozomi, quien se crispó ligeramente —, ahora vamos.

Elichika asintió y entró en el garaje para poder hacer espacio por donde pasar, aunque también necesitaba poner un poco de distancia entre esa alfa y ella. La voracidad con que esos ojos esmeraldas la habían recorrido la había hecho estremecer, era como si sus vivaces orbes verdes la invitaran a juntarse a ella, besarla, era obvio lo que pasaba, esa alfa tenía un aura muy poderosa, y por un momento, había sentido que sus piernas estaban a punto de fallarle.

Nozomi y Kanan entraron, cargando las pilas de laminillas y dejándolas donde Eli les indicaba.

— Disculpe— habló la pelimorada.

— ¿Sí?

— ¿No se encuentra aquí la señorita que estaba con usted en la herrería?

— ¡Nozomi!

— ¿Mari?

— Sí, ella.

— Ya tenemos que irnos— interrumpió Kanan —, ¿podría firmar aquí, por favor?

— Eh… Claro.

Nozomi iba a insistir, pero decidió que había sido demasiado para su hermana, al menos por un día… Ya la molestaría más tarde.

Eli firmó donde Kanan había pedido y casi de inmediato, la peliazulada salió del garaje

— ¿Le causó algún problema? — preguntó la rubia a Nozomi, antes de que ésta saliera.

— No— sonrió con picardía —, es sólo que fue demasiado para mi hermana— volvió su vista a los azules zafiros de la omega —. Es probable que nos volvamos a encontrar, así que hasta luego.

— ¿Eh?

— Vendré a tu fiesta del sábado— le guiñó el ojo.

Eso extrañó un poco a Eli, solamente los invitados sabían acerca de tal evento; era de suponer que la alfa que tenía enfrente era una de ellos.

— S-Seguro— respondió, y siguió a Nozomi con la mirada, hasta que entró al automóvil con su hermana.

Una vez perdió de vista el auto, suspiró, vaya que le había dejado una gran impresión aquella chica.


— ¿Qué les pasa a ustedes dos? — preguntó Mei al notar que sus hijas no habían tocado su plato de lentejas, cuando en otras ocasiones, lo habrían devorado en segundos.

— ¿Eh? — la primera en reaccionar fue Kanan — Nada.

— ¿Segura? Pareces preocupada.

— No es nada…— miró el plato, con intención de comenzar a comer.

— Parece que Kanan ya conoció a su alfa— dijo Nozomi de la nada, haciendo que su hermana casi se atragantara con la comida.

— ¿En serio? — su madre enarcó una ceja, pues ella era la primera testigo de los discursos de la peliazulada, esos donde juraba que iba a seguir el resto de su vida sola y que jamás permitiría que un alfa le volteara el mundo como a sus primas (y, pensado secretamente, como a su madre).

— ¡Eso no es verdad! — se quejó mientras tomaba la cuchara con fuerza, ciertamente no estaba de humor, pero su hermana no parecía notarlo— Fue sólo una reacción natural de éste estúpido cuerpo.

— Pero si la querías buscar— siguió picando Nozomi, la sonrisa burlona en su rostro hizo que la furia dentro de Kanan creciera.

— He dicho que sólo fue un impulso.

— Seguro que quieres volver a verla, parecías encantada esta mañana… — Kanan se levantó la de la mesa de forma casi violenta, expresando su enojo.

— Gracias por la comida— dijo antes de subir a su habitación.

— Nozomi…

— Lo sé, lo sé— la pelimorada suspiró —, iré a disculparme con ella, en un momento bajamos.

— Bien, si ya se ha enfriado para cuando regresen, lo calientan.

— Sí— le dio un beso en la frente a su madre y subió tras su hermana menor. Sí bueno, quizá se había pasado un poco, tampoco era que su mente estuviera trabajando a toda su capacidad, el recuerdo del aroma de aquella omega, su aura amable y cálida, su cuerpo tan bien formado, sus labios que parecían tan apetitosos, sus ojos azules… estaban haciendo estragos en ella.

— ¿Kanan? — no recibió respuesta — Kanan— avanzó por la habitación, no había nadie— … Delfincito — abrió la puerta que llevaba al balcón. La peliazulada no se encontraba ahí, por lo tanto, sólo quedaba un lugar. Se impulsó al techo, sosteniéndose de las tejas. La vista que el cielo le regaló era hermosa: teñido de rojo, con el azul cobalto arriba, anunciando la llegada de la noche, el humo blanco de las fábricas de su madre se mezclaba con el aire, y ahí, a lado de la chimenea, estaba sentada su hermana, abrazando sus rodillas —. Kanan— volvió a llamarla, pero no respondió, se sentó a su lado, haciendo que la peliazulada se alejara lo más que podía sin dejar de abrazarse a sí misma—… Lo siento.

Se quedaron mirando cómo el sol se escondía en la distancia, y una vez la luna reclamó el cielo junto a las estrellas, escuchó respuesta de su hermana.

— Tú no lo entiendes…

— Explícame.

— Tú no tienes que preocuparte por anudarte con un desconocido, basta con que te cojas a alguien más y el lazo se rompe, tú no lo sentirías tanto, pero, ¿sabes qué es lo que pierde un omega? Lo pierde todo…

— Lo sé…

— No, no es cierto, porque eres un alfa, y no sabes lo que es vivir con esto… ¿Sabes el miedo que tenía en mi primer calor? ¡Era una jodida tortura querer tener sexo! Menos mal existen los supresores, pero, ¿qué pasará cuando no los tenga a la mano? ¡¿Sabes lo que es ver esos ojos hambrientos de alfas que sólo te ven como un juguete?! Incluso tú… Quiero decir— Nozomi mordió su labio y bajó la mirada. Sabía muy bien a qué se refería. Cuando el primer calor de Kanan había llegado, había intentado anudarse con ella, y a pesar de que las piernas de su hermana menor rodeaban su cadera y sus manos intentaban quitarle la ropa con desesperación, sus ojos llorosos le pedían ayuda mientras su voz le rogaba que la detuviera, que parara. Afortunadamente lo hizo, logró sacar las fuerzas desde el interior de su conciencia como para alejarse de ella y salir corriendo a avisar a sus madres, quienes estaban comprando la cena. No volvió con ellas, corrió hasta las afueras de la ciudad y ahí, se arrodilló y golpeó el suelo hasta que sus puños dolieron lo suficiente como para olvidarse del dolor de su pecho. Había sido la peor tarde de su vida, y a pesar de que ambas habían superado ese incidente, era una herida en el corazón de Nozomi que quizá no sanaría nunca —… Lo siento…

— No, yo fui la estúpida que no ha podido comprender del todo lo que sientes… Te hice daño…

— Sé que no querías hacerlo, es sólo esta estúpida naturaleza.

— Pero así son las cosas— la pelimorada aguantaba las ganas de volver a llorar por el recuerdo del rostro de su hermana aquella vez —. Hay hechos desafortunados, jamás me voy a perdonar por lo que pasó, pero eso no significa que esto sea algo malo, ¿no crees que es genial poder unirte para siempre con una sola persona?

— Para los que les importan ese tipo de cosas, sí, un omega puede amar o unirse a alguien sólo una vez, en cambio un alfa, puede hacer lo que quiera.

— No creo que funcione así, sólo se ama una vez, para todos, puedes tener sexo con cualquiera, pero sólo marcar y envolver con tu esencia a una persona.

— Dame un ejemplo de alguien a quien le importe eso.

— Mamá Kaede y Mamá Mei.

Kanan no supo qué decir a eso, aunque pronto la respuesta salió sola de sus labios.

— Y Mamá Mei dejó su carrera de actriz para seguir a Mamá Kaede hasta aquí.

— Esa fue su decisión, no tiene nada que ver con ser alfa u omega.

— ... Odio esto…

— Quizá yo no pueda hacerte ver el punto, pero cuando conozcas a la persona indicada, lo sabrás.

— No quiero conocerla…

— Hay que esperar.

— Lamento haberte hecho recordar eso…— dijo Kanan.

— Yo lo lamento más— suspiró —…. Realmente lo siento Kanan, no era mi intención molestarte… Ni nada de lo que haya ocurrido antes.

— Lo sé— se acercó a Nozomi y la abrazó, el gesto fue correspondido por la pelimorada.


Ya tenía un buen tiempo desde que Eli había bajado por su pedido de laminillas, así que Mari decidió bajar a ver qué era lo que le estaba tomando tanto.

— ¡Hey! ¿Qué tal la mercancía? — preguntó, mientras entraba en el taller. Ahora el material estaba cuidadosamente acomodado en una esquina del garaje.

— Si lo dices así, suena como algo ilícito— le dijo Eli mientras sonreía.

— Bueno, antes lo era— devolvió el gesto y se recargó en una de las mesas.

— Y espero que se quede en antes— la imagen de aquella curiosa alfa pasó por su cabeza, y entonces, decidió presumir un poco con su prima, pues lo que había causado aquella peliazulada en Mari Ohara ya lo sabía medio personal —. Kanan vino a dejar las laminillas.

— ¡¿Eh?!

— Sí, como lo oyes— sonrió.

— ¿Por qué no me llamaste?

La rubia decidió reservarse esa información, no tenía corazón para decirle a su prima que la omega parecía no querer verla.

— Tenían prisa, pero tranquila, seguro la veremos de nuevo.

— Vendrá a la fiesta, así que es muy posible.

— ¿Lo sabes?

— Es Kanan Toujo.

— ¿Toujo? — se quedó pensando — ¿Cómo Kaede Toujo?

— Eso me dijo la pequeña de la herrería— sonrió —, así que seguro la veré de nuevo en el evento del fin de semana.

— Oh— se quedó pensativa —… Y es su hermana…

— ¿Estás bien?

— E-Eh, sí.

Una mueca gatuna se formó en los labios de la de ojos color zircón.

— No me digas que con ella vino un alfa súper fuerte y galán que ha conquistado tu corazón.

— Fuerte y galán… No precisamente— en su cabeza se imaginó a Nozomi en traje y con una sonrisa encantadora. Suficiente para su corazón, se vería tan bien como You —. Pero sí era alguien con una personalidad muy curiosa, según escuché, es su hermana.

— Algo tienen las Toujo.

— Sin duda— sonrió —, ¿me ayudas?

Sure! ¿A qué?

— Quisiera añadir un poco de pintura dorada de éste lado.


— Me pica…

— ¿No se les olvida nada?

— Me pica la camisa…

— Nozomi, por favor, deja de jugar con el moño.

— Mamá…

— ¿Qué pasa Kanan?

— Me pica la camisa— dijo mientras hacía su mejor mirada para provocar ternura.

— Te acostumbrarás.

— Quiero llevarme algo menos formal— lloriqueó.

— No puedes, es la presentación de los Ayase-Ohara para los empresarios y gente importante de Yaora, sería una falta de respeto que simplemente te presentaras como todos los días al trabajo— regañó Kaede.

— Tu madre tiene razón— Mei abrochó el moño de Kanan —. Se ven hermosas, y sólo es una noche, sopórtalo por ahora.

— Bueno…— realmente la camisa no picaba tanto, pero la menor había visto en ese detalle su escapatoria. No había funcionado, y ahí iba su último intento.

Kanan y Nozomi estaban vistiendo un traje que se ceñía a su figura: Un saco negro, chaleco azul turqueza opaco en caso de Kanan, y morado en el de Nozomi, camisa blanca y un pantalón negro con tirantes. Los zapatos eran diferentes, pues era lo único que les habían permitido elegir, y mientras Kanan calzaba unos zapatos negros clásicos de eventos de coctel, Nozomi llevaba unos con la punta cuadrada y color gris oscuro.

— Se ven realmente guapas— dijo Kaede, para subir los ánimos de sus hijas, pues sabía que a ninguna de las dos les hacía gracia ir vestidas como pingüinos a una fiesta. Todo se arreglaría más tarde; ya que cuando el discurso de Ohara y Ayase terminara, toda etiqueta se iría por la borda y el verdadero festejo comenzaría. Entonces sus hijas podrían desfajarse si querían y unirse a la fiesta. Y sabía que lo harían.

El camino ya no era desconocido para Nozomi y Kanan, quienes permanecieron en silencio, perdidas en sus propios pensamientos.

La pelimorada pensaba en volver a encontrarse con esa hermosa omega de cabello rubio y ojos azules, quería un poco más de aquella sensación que sólo esa chica había logrado despertar en su interior. Elichika Ayase… Ese era el nombre que su madre le había dado cuando le preguntó por las hijas de los recién llegados.

Kanan, por su parte, se mentalizaba, quizá sería inevitable tener que cruzarse con Mari, no era como que quisiera, pero en caso de que así fuera, simplemente tenía que mantener la compostura y no perder la cabeza como la primera vez que se habían cruzado. Era simple, tenía que poder dominar su mente y corazón, por algo tenía un criterio y razón.

Entraron de nuevo en la mansión y ambas hermanas no pudieron evitar que la emoción las llenara.

Familia Toujo Matsuura, sigan el camino iluminado y llegarán a la puerta, que pasen una excelente noche— les deseó uno de los robots que estaba recibiendo a los invitados.

La casa era todo un monumento al buen gusto, y a pesar de su exterior victoriano, por dentro, las formas circulares y ovaladas relajaban la vista, haciendo que fuera más ameno el interior, ideal para la festividad y se alejara ese aire intimidante, como lo hacía lucir el exterior.

La iluminación era dorada, mezclada con algunas luces blancas que estaban en las esquinas, Kanan las pudo notar cuando avanzaron un poco más.

Kaede Toujo, con su esposa Mei Matsuura, acompañadas de sus hijas, Nozomi Toujo y Kanan Toujo— anunció una voz en algún lado cuando entraron en el salón donde se llevaría a cabo el festejo.

Las miradas se volvieron a su madre y un gran aplauso se escuchó, Nozomi miraba con orgullo a su progenitora, mientras que Kanan, al no ser fan de la atención innecesaria, se limitó a buscar con la mirada a nadie en particular. Aunque muy en el fondo sabía que sus ojos querían ubicar a la rubia que la había dejado sin aliento hacía unos días.

— ¡Kaede Toujo! — escucharon una voz suave y clara.

— Oogami Ayase— la mujer de cabello azulado se acercó al omega de ojos azules —, buenas noches— se abrazaron —, ¿qué te parece Yaora?

— Realmente frío en comparación con Japón, pero bastante agradable, todos han sido muy amables— sonrió.

— Je, ¡Oh! Ven, te quiero presentar a mi familia.

— Vamos— dijo el hombre a su esposa e hija.

Los ojos de Nozomi se fijaron inmediatamente en los de Eli, quien sintió su corazón acelerarse al ser alcanzada por el aura de la ojiverde.

— Ella es mi esposa, Mei Matsuura— el omega la saludó con la mano, entusiasmado —, y ellas son mis hijas— miró con orgullo a ambas chicas —, Nozomi y Kanan.

— Hermosas sin duda, lo sacaron de las madres— sonrió —, bueno, ella es mi esposa, Svetlana Vasíliev— Kaede la saludo, imitando lo hecho por su esposo —, y ella, es Elichika.

— Un gusto— la voz de Nozomi se escuchó sobre el unísono de su familia. Eli estaba maravillada con la pose gallarda de la mayor de las Toujo, el traje no le sentaba nada mal, y por su parte, el vestido carmín con ligeros toques negros que llevaba actuaba como un imán para la pelimorada. No se habían quitado la vista de encima, pero sólo hasta ese momento se dedicaron una sonrisa de complicidad, cosa que no pasó desapercibida para sus padres.

— Será una gran velada, sin duda— dijo Svetlana mientras miraba con una sonrisa la escena. Realmente le gustaba más Nozomi Toujo para Elichika que la hija de Reo.

— Por ahora debo dejarlos, hay un discurso que dar. Elichika...

— ¿S-Sí? — dijo tras sobresaltarse ligeramente, por un momento había perdido el suelo.

— ¿Le enseñas la mansión más tarde a las señoritas?

— Seguro.

— Pero si son las Toujo— se escuchó una tercera voz, era potente y segura.

Kanan casi contuvo la respiración cuando miró acercarse, junto a esas dos mujeres rubias, a la alfa que había estado ocupando sus pensamientos durante esos días. Lo admitía, se había decepcionado un poco cuando el día anterior no había ido a buscarla, pero se reprimió, pensando que así debían ser las cosas. Parecía que el universo quería jugarle una mala broma, gritándole que tal como había pensado, su encuentro era inevitable.

— Ohara— Kaede fue hacia ella y se abrazaron como si fueran familiares, y aunque no era así, la mujer de cabello rubio se había ganado a pulso la confianza de la empresaria Toujo —, qué gusto verte.

El ritual de presentación se repitió, pero los oídos de Kanan no podían escuchar nada, era como si estuviera bajo el agua, y lo único que podía ver, era a esa joven de cabello rubio y ojos color zircón, mirándola fijamente. Llevaba unos leggings negros, acompañados de unas botas del mismo color largas con un pequeño escudo que parecía ser de oro. Un chaleco gris marcaba su figura y una blusa blanca de manga corta terminaba de vestirla. Sin duda Mari se veía hermosa, y, por un momento, por su cabeza pasó la idea de que habría sido mejor llevar un vestido; pero a ella no le gustaba usar vestidos, aunque nunca había querido probarse uno tras cumplir quince. Sacudió su cabeza, ya era suficiente.

El señor Ayase y la señora Ohara ya habían subido a dar su discurso de presentación ante la socialité y emprendedores de Yaora. Todos habían dado su visto bueno al omega y la alfa.

Pronto las etiquetas se dejaron a un lado y todos comenzaron a disfrutar la fiesta en un ameno ambiente de camaradería.

— Bueno, ¿les mostramos la casa? — preguntó Eli.

— ¿M-Mostramos? — Kanan pensó que sólamente irían con la hija de Ayase.

— Bueno, mi prima y yo somos muy unidas, vamos a casi todos los lugares juntas, así que me parece que no puedo ir sola a mostrarles la residencia— Eli esperaba que pudieran llevarse mejor, aunque la cara de miedo de la menor de las Toujo la hizo sentir culpable.

— Cuidaré bien de ustedes— dijo Mari mientras guiñaba el ojo a Kanan, quien se volteó al instante. "¿Estaré siendo demasiado directa?", se preguntó al ver la reacción de la ojivioleta.

— Bueno, vayamos— Nozomi ofreció su brazo a Eli, quien, un poco apenada, aceptó el gesto y lo tomó. Mari, por educación, ofreció su brazo a Kanan, pero la peliazulada comenzó a caminar tras su hermana.

"O quizá simplemente no le agrado", pensó con cierta decepción al mirar la expresión molesta de Kanan.


Su encuentro no había sido como había esperado. Había imaginado algo mágico y romántico, pues así recordaba su primer contacto, como un hermoso cuadro que mostraba una conexión especial, pero quizá solamente ella lo había sentido así, pues Kanan Toujo rechazaba sus atenciones y cualquier inicio de conversación.

En cambio, parecía que su prima lo estaba pasando bien, se le veía realmente animada e inusualmente feliz. Sus padres las llamaron para conocer y saludar a más invitados a la fiesta, así que tuvieron que separarse.

— ¿Qué tal tu príncipe morado? — preguntó mientras picaba sus costillas — She's so hot!

— ¡Mari! — Eli sonrió mientras le daba un golpecito en la cabeza — … Lo es…

I know, te vi todo el rato con una enorme sonrisa en la cara, ni siquiera You te hace sonreír así.

— ¿En serio?

— Ella también se veía muy cómoda a tu lado.

— Oh— las mejillas de Eli tomaron color, pero decidió dejar ese tema de lado —. Mejor tú dime, ¿qué tal todo con Kanan?

Oh, well— Mari suspiró —… ¿No nos viste? Estábamos detrás de ustedes.

— Lo siento, Nozomi me contaba un poco de sus pasatiempos y yo a ella de los míos.

So cute— sonrió —. Bueno, ella no parecía muy cómoda conmigo alrededor, al principio intenté ser amable con ella, pero no parecía que fuera agradable, después simplemente fui cortés, pero rechazaba mis atenciones, al final me limité a enseñarle un poco de la residencia, pero sólamente asentía y evitaba mirarme.

— Lo lamento— puso una mano en su hombro. Parecía que su plan no había funcionado.

— Sí bueno, al final las cosas son así honey, no me rendiré en conocerla, y si al final no soy lo que busca, entonces simplemente seguiré adelante.

Elichika asintió. Sabía que a pesar de lo que pareciera Mari era una persona que tenía el compromiso como principal valor; eso era bueno y malo, ya que gracias a eso conseguía novia rápidamente, pero la mayoría sólo la quería para pasar un momento agradable y sólo eso. No habría problema con ello... si tuvieran la decencia de decírselo antes de llevar un año de relación. Mari siempre decía que era mejor darlo todo que arrepentirse por no haber dado lo suficiente, pero Eli no podía estar muy de acuerdo con esa filosofía, sobre todo cuando le tocaba verla llorar con las canciones de desamor que de repente escuchaba.

Kanan no parecía ese tipo de chica, así que no sabía qué pasaría, es más, ni siquiera sabía si esperar a que pasara algo, pues con lo que su prima le había contado, estaba más que claro que la menor de las Toujo no le tenía ni el más mínimo interés.

Era duro y complicado, así era el amor. .

— ¡Reo! — su padre llamó a una mujer de cabello grisáceo y ojos azules.

— Oogami, ¿qué tal? ¿y tu esposa? — le saludó con una elegancia impresionante.

— Bien, todo bien, ella se sintió algo mareada, así que ha subido a recostarse un poco— sonrió —, pero Elichika aún tiene ánimos para celebrar — puso una mano en el hombro de la rubia.

— Estás bellísima, querida— la mujer sonrió con cierta superioridad, cosa que no pasó desapercibida para la ojiazul, pero lo dejó pasar, por el bien de la imagen de su padre, y porque era la madre de su mejor amiga —. Ven You, saluda— una chica de aspecto principesco se acercó a padre e hija con una gran sonrisa, saludó al omega firmemente con la mano y después, la miró por unos segundos, antes de sonreír y, con delicadeza, tomar la mano de Eli para después elevarla ligeramente mientras hacía una reverencia.

— Han pasado algunos meses Eli— la voz jovial y llena de energía de la peligrisácea le trajo un sentimiento de nostalgia a la rubia. Sí, había pasado mucho tiempo desde la última vez que se habían visto.

— Mucho tiempo…

Sus padres se enfrascaron en una amena conversación, así que ambas decidieron ponerse al día.

— ¿Qué tal te ha ido? Supe que tu padre busca un lugar en las galerías más reconocidas para tu arte.

— Así es, realmente me ha tomado por sorpresa, pero es un gran detalle de su parte.

— Tienes mucho talento— la sonrisa de You era perfecta, y su aura, a pesar de ser un alfa, no era dominante, sino amable y casi inocente. Antes de poder decir algo, la peligrisácea la abrazó —, no sabes el gusto que me da.

Era mucho para su corazón por ese día, You siempre había sido hermosa y muy tierna, sin contar que en su infancia era la aliada número uno en las travesuras de las hijas de Oogami y Ayase. Esa noche, hacía gala de ese encanto por el que muchas habían caído. La mayoría de sus conocidos, incluída la misma Eli, pensaban que terminarían juntas, pero ahora, la imagen de Nozomi, se interpuso en su mente. La pelimorada tenía un no sé qué, que le hacía querer apartarse de todos y escaparse con ella a algún lugar.

Su corazón se sentía emocionado, pero confundido.