Capítulo 2: Perfección

TRES AÑOS DESPUES

-Edward, ¿ya estarás viniendo, verdad? Tengo a tres japoneses molestos y ven con cara de enfermo porque según yo tienes tifoidea- la voz de Janine no se escucha para nada amable. Pobrecita, piensa Edward. Le regalaré algo bonito para Navidad.

-Estoy en la esquina doblando- en realidad llevaba ya 5 minutos en el ascensor, haciéndolo subir y bajar, lo que se había vuelto costumbre cuando empezaban las negociaciones en persona.

-Ya van tres años, deberías tratar de llegar puntual, ¿no crees?- Tenias unas tremendas ganas de decirle lo que creía pero tenía recordar que era una buena mujer y que no merecía que se desquitara con ella.

Por fin dejó que el ascensor siguiera su curso, entró como lo había hecho desde su primer día, con elegancia y sin mirar a nadie.

Muchos podrían hablar de lo mal educado que era o de lo que quisieran en realidad pero ninguno ve al niño asustado que hay adentro de ese personaje.

Ve la puerta de conferencias y entra como el conquistador del mundo, listo para matar.

Las negociaciones terminan exitosas para ambas partes, se ve obligado a atender sus otros problemas mientras hace lo mismo con los japoneses benditos. Almuerza con ellos, la hace de guía turístico y por fin logra meterlos a su hotel y poder largarse de ahí. Camina como desesperado por las calles del gran Nueva York, piensa en la última vez que comió un burrito en la calle o la última vez que pinto un grafiti en las paredes; todo eso se acabó el primer día que entró a esa oficina como el nuevo jefe. Su ropa ahora consistía en trajes Armani, en zapatos italianos de los más caros y de corbatas echas especialmente para él, no en zapatillas ni en sus jeans negros.

Como le dijo Emmett se acostumbró, a la mala, pero lo hizo; se metió en ese mundo que tanto odió.

Pero el Edward callejero no había desaparecido del todo, a veces se iba al primer bar que encontrara, con cuidado de que nadie lo reconociera, pero era mejor un poco que libertad a nada, ¿verdad?

Estaba en ese día, se iría, mandaría al carajo a todos y a todo.

Es diciembre, entonces se pone un saco negro debajo de su terno y sale con el servicio de su pent-house, logra pasar a los paparazzi burlándose de ellos, y toma un taxi, al bar mas lejos de acá le dice al chofer. Se sienta en el bar, se puede percibir el olor a cerveza y a sudor, logra quitarse sus lentes negros y se sienta en la barra mientras un grupo principiante toca. Su blacberry vibra y vibra y lo seguirá haciendo, hoy es su noche.

-Hola, soy Bella, ¿Qué te puedo ofrecer?- La ve y voltea la mirada inmediatamente, de pronto Edward Cullen está nervioso, luego vuelve a regresar la mirada a esa chica. Tan… perfecta. Con ojos chocolates soñadores, con labios que te invitan a besarlos, con una cara proporcionalmente maravillosa, tan blanca como el papel.

-Hola soy Edward, un whisky- Ella se prende de su mirada penetrante por unos segundos hasta que reacciona y se voltea. Es consciente de que él no la deja de mirar, cada movimiento, cada vez que se tuvo que agachar o atender a otro cliente, él la estaba viendo.

Es atracción pura.

Así pasan las horas hasta la madrugada.

-Edward, deberías irte ya- le dice Bella lavando ya los últimos vasos.

-No, no estoy ni siquiera borracho- y tiene razón emborracharse significaría dejar de huir su voz clara y perfecta.

-Lo sé, me has mirado el trasero todo el trayecto que echo de ir recoger los vasos- dice Bella divertida mirándolo fijamente, sus ojos dan la sensación de calidez.

-Diría lo siento pero en verdad no lo siento- La corrección a la cual Edward se ha acostumbrado se ha acabado, ahora es como era antes, libre y descarado.

-¿Te llamo un taxi?-

-No, puedo esperarte y salir a caminar- le dice mientras ella acomoda los tazones y las licuadoras en el repostero de al fondo.

Ya regado en el bar están sus cosas, sus tres celulares, su billetera, su reloj de plata, su corbata y sus sacos . El que se ve ahora es un Edward que por primera vez en años no está tenso, está tranquilo, feliz y sin consternaciones.

-Oye, tus zapatos franceses se van a malograr si caminas por estas calles sucias- Ella se ríe como loca, moviendo sus bien formadas caderas mientras salta para mantenerse despierta. La madrugada empieza a cobrarles factura.

-Son italianos, ¡toma esa!- Si lo ves desde afuera todo suena ridículo, muy ridículo pero Bella nunca se había reído tanto en una noche.

-Maduro Edward, ¿Qué paso después de que Rosalie conoció a Emmett?-

Uff … ¿Qué no pasó? …

-Se casaron en Alemania, no preguntes la razón pero solo te diré que las mujeres ahí son unas bombas andantes- Le encantaba como la cara de ella se tornaba colérica cada vez que le hablaba de otra mujer.

-Gracias por los detalles. Podré empezar mí recorrido lésbico tranquila- ahora fue su turno, la cara de Edward no tenía precio pero descarto la opción que fuera lesbiana desde el momento en que ella contorneaba sus caderas a propósito para que él la viera.

-Se fueron de luna de miel y Emmett regresó de frente a acostumbrarse a la empresa-

-¿Mientras tú qué? Te he escuchado hablar toda la noche de tu mamá, de tu papá pero nunca de ti- Ya Bella terminó de ordenar todo, apaga las luces de adentro para luego sentarse en frente de él mientras juega con su mantel.

-Yo tocaba en bares como este, a veces pintaba obras de arte en la pared o simplemente me buscaba una chica con la cual pasar el rato. Tienes que ver mi antiguo departamento, era un desastre, vivía lejos de aquí, pero varios amigos me comentaban de este bar-

Bella lo ve, lo analiza.

Todo en él la invita a pensar que necesita ayuda para salir de donde está.

Tal vez él era esa persona por la que ha esperado desde hace bastante tiempo.

-¿Te llevo a tu casa?- le dice después de terminar de cerrar el bar. Hace tres años que él ha contado con su apariencia para todo y al volverse a poner ese saco negro, vuelve a enfrentarse a la élite de Nueva York.

-Relájate, nunca vendrían a fotografiarte aquí. Si llegas a la esquina de la próxima calle considérate afortunado- Las calles de esa parte de Nueva York se volvieron desconocidas. Estaban sucias pero por más increíble que pareciera Bella estaba muy segura de ir caminando por ahí.

Definitivamente este día había sido interesante.

-Bella, no deberías vivir aquí- le decía mientras caminan por tachos sucios y pasan vagabundos.

-Me conocen por acá Edward, soy yo misma aquí- eso es todo, así de sencillo.

Por más que le pesara a ambos, eran las 3 de la mañana.

-¿Estás cansada?- Ambos caminaban sin rumbo. Enfriándose mientras iban en mitad de la neblina.

-No y tengo una gran idea, ¿tiene 20 dólares?- Sus ojos brillan como cuando eres niña y te dan una paleta grande de caramelos.

-Tengo cien… mil – Edward nunca necesitaba pagar con efectivo, tenia tarjetas y billetes que sobre pasaban los 100 dólares.

-Ya, yo te presto- Era tan chistosa esa escena, un magnate de la tecnología necesitaba que le prestaran 20 dólares.

La oscuridad de la noche se hacía cada vez más pesada -¿Cómo vamos a llegar?- ella lo mira como si Edward tuviera un tercer ojo. -¿Caminando?, ¿Cómo mas?- Él no camina más de tres pasos al día. Eso lo lleva al pasado, cuando sabía caminarse con su guitarra de bar en bar o cuando escapaba de la policía después de llenar de pintura paredes de barrios abandonados.

-¡Son las 3 de la mañana!-

-¿Qué te digo, genio? Dulzura, camina o corres el riesgo que te pregunten cuanto cobras- Ella decía esto mientras avanzaba rápidamente por un esquina. Edward, quien se había quedado parado, no le queda más que ir deprisa detrás de ella.

-¡Has visto como voy vestido!- Amigo, hasta con un saco de papas, se te tirarían encima las chicas piensa Bella y no puedo evitar soltar una risilla.

-Solo deja tirado el saco y lleva tu billetera con tus llaves- Claro, un saco de Armani tirado en la mitad de la calle, ella ni si quiera tenía idea de cuantos celulares cargaba él.

-¿Quieres ir o prefieres volver a tu vida de divo sufrido?- Bella lo encara y lo desafía con la mirada. Ella lo reta por un par de segundos luego se voltea y se va con determinación. Edward no la sigue, no sabe qué hacer. Bella piensa que tal vez todo fue un sueño, pasa por un callejón.

-¡Guapa ven para acá!- Foxie, Foxie. Edward corre hacia donde Bella pensando en tenerle que romper la cara al imbécil que había dicho eso. Bella, tratando de no sentir la presencia de Edward, avanza hacia Foxie dándole un par de billetes que saca de su bolsillo.

Foxie tenía una historia con un desenlace desafortunado. Un hombre de familia, con tres hijos maravillosos y una esposa bajada del cielo. Lamentablemente el día del cumpleaños de Foxie salieron a cómprale un regalo y nunca más regresaron. La camioneta donde iban se estrelló y solo sobrevivió su única hija, Isa, pero esta luego sufrió de depresión y se internó en un centro y nunca se supo de ella o mínimo Foxie nunca quiso hablar más de ella. Todo esto se lo contaba por partes a Bella cuando estaba sobrio.

-Foxie, sal de ahí y cómprate algo útil de comer- Foxie sale corriendo dándole un mirada dura al hombre que esta al costado de Isa, como él la llama, toma lo dólares.

-Te propongo algo, hacemos lo de las motos mañana pero ahorita podemos ir a la otra parte de la ciudad- Bella lo mira fijamente, analiza lo que le dice. ¿Ir de donde salió huyendo?

-¿A tu mundo, a lo mejor de Nueva York?- Tal vez no era tan mala la idea, no podía tener tan mala suerte de encontrarse con sus papás a las 3 de la mañana.

-Claro-

-Pero no voy vestida, te apuesto que no me dejarían entrar- Llevaba una botas marrones con un sweater negro y una chalina rosada oscura alrededor del cuello, la ropa no era de segundo pero Bella sabia que hasta para salir a comprar el pan, los de la élite alta vestían ropa costosa.

-Yo me encargo de eso, a parte te ves hermosa- Irónico. Había salido de ese mundo porque nunca nadie la creyó suficientemente linda. Su palidez de niña mezclado con esos ojos enormes que siempre se la pasaban rojos hacían de su cara algo no muy agradable de ver.

-Edward, no puedo… -

-Vamos, te estoy dando la oportunidad de que veas el espectáculo más entretenido de todo el mundo, la hipocresía- Dicho esto le jaló el brazo y llegaron a la siguiente esquina para alcanzar un taxi.

-¡Taxi!- Bella y Edward suben en la parte trasera. Edward le da la dirección de un bar en lo mejor de Nueva York, Luxurious. Ambos bajan y con mucha sorpresa ven saliendo a una pareja de actores seguidos por paparazis.

-Buenas noches señor Cullen, ¿sección VIP?-

-Como siempre gracias Martine- Martine es una joven que Edward conoció hace unos 6 meses, quien llegó pidiendo empleo a la empresa pero lamentablemente no había cupo pero a Edward le encantó su actitud y decidió mover unos cuantos cabos y la logró acomodar en el Luxurious.

-¿Eres dueño de esto?- Ante la atenta mirada de todos los jóvenes influyentes, la pareja hace su entrada. No van tomados de la mano pero desde hace 3 años a Edward nunca se le ha visto salir con una mujer a un lugar público.

-Ehhh… probablemente- Edward responde esto con un gesto de incomodidad, si supiera que es dueño de la mitad Nueva York.

-No mires, pero creo que alguien te viene a reclamar algo- dicho y hecho. Tanya Denali se acercaba ferozmente.

-Hola- Edward voltea y se pone al frente de Bella. Tanya es mucho más ágil y logra quedar delante de ella y la mira como si fuera tan poca cosa, la mirada de la que Bella huyó toda su vida. Esa mirada que te dice que no eres suficiente, que no vales.

-¿Y tú eres?- Antes de que ella pudiera contestarle Edward aleja a Tanya con un leve empujón.

-Ella no es de tu incumbencia, sal de acá Tanya- Tanya lo mira desafiantemente.

-¿Resultaste sobreprotector?- Ella se burla de una manera hipócrita.

-Sam, la quiero fuera de mi vista. Ahora- De la puerta se acerca un grandulón y aunque Tanya trata de pelear con él mientras insulta a Edward, logra llevársela y sacarla del bar. Cuando Edward se percata de que todos los miran, se da la vuelta y se lleva a Bella al segundo piso.

-¿Es tu ex?- pregunta ella cuando se logra sentar en uno de los sofá.

-No, es lo peor, ni siquiera es eso, es una loca- Edward tiene la cabeza agachada todo el rato que dice esto. Bella se para y tiene que alzarse para poder levantarle la mandíbula con un dedo.

-Hey, no te amargues, sonríe- Edward hace el intento pero solo le sale un mueca.

-Quería que esto fuera bonito Bella… - Al decir esto, Edward la abraza y quedan frente a frente.

-Sonríe, ¿por mi?- Edward logra sonreír mirándola dulcemente, es imposible que en menos de 6 horas ella se haya vuelto importante.

-Hay que ir a bailar- Él la jala hacia una parte la pista. Suena la canción Moves like Jagger de Maroon Five.

You want the moves like jagger
I got the moves like jagger
I got the mooooooves like jagger

I don't even try to control you
Look into my eyes and I'll own you

Bella logra que en la mitad del baile Edward se saque el saco y se remangue las mangas, tal como estaban en el anterior bar. Ambos se ríen de todo, desde como la chica del al lado trata de tirarse encima de un chico que ni bola le hace hasta del chico que no sabe bailar.

Alrededor de las 6 de la mañana, cuando el club se está empezando a vaciar, Edward y Bella salen del local hacia la avenida principal.

-¿Nos vamos a ver mañana?- pregunta él cuando ella empieza a tratar de parar un taxi.

-Por mi si, trae billetes de menos de 50 por favor- Ambos ríen y antes de que ella pueda gritar taxi, él la toma en su brazos y le da un delicado en los labios, muy corto piensan ambos.

-¡Taxi!- grita él sin quitarle los ojos de encima a Bella. Ella le sonríe. Avanza con ella hacia el taxi, le abre la puerta y la hace entrar.

-Me la pasé increíble hoy día- dice él. Bella se ruboriza demasiado.

-Yo también, suerte en la mañana y no dejes que te molesten. Nos vemos en el bar- Le manda un beso volado y cierra la puerta.

Edward se sienta en la calle viendo a los carros pasar hasta que el taxi donde va Bella desaparece de su vista.

-¿Señor Cullen?- se escucha la voz dormilona de Jamie, su chofer personal.

-Hola Jamie, ¿puedes venir a recogerme?-

-Deme solo 2 segundos, listo ya lo veo- Jamie los siguió desde el bar.

-¿Tiene mi agenda?- le pregunta él luego de que se acomoda en el asiento.

-Claro, la señorita Janine a estado buscándolo por todos lados- Edward vuelve a prender su blacberry y su otro celular, luego de apagarlos porque Bella los sintió vibrar. Tenía como 20 llamadas perdidas y 5 correos de voz.

-Lléveme al departamento y recójame a eso de las 12, muchas gracias-

-De nada señor-

Edward empieza a dormir en el coche, soñando con ella, con Bella.

El auto se estaciona delante de su pent-house y sale deseándole buenas noches a Jamie. Llega tan cansado que se echa en su cama sin quitarse la ropa, programa su alarma a las 11 y duerme profundamente.