Capitulo 2
Su mirada falconera no se apartaba de él. Era el mismo chico, aun quitando su pelo color verde no había duda de ello, pero no estaba igual; no solo era que ahora llevara una toga corta de color verde oscuro que le cubría el pecho y los hombros anulando así la desnudez de la noche anterior, era su cara que no mostraba ninguna expresión, totalmente quieta sin mover ningún músculo. Si su personalidad fuese la misma no debería actuar cual escultural de bronce.
Entonces sus pupilas captaron algo más. El pomposo emperador, con la misma naturalidad con la que se abanicaba miró al joven peliverde y alzando la mano la colocó justo en el muslo del joven que a pesar de la distancia a la que estaban el uno del otro Mihawk vio perfectamente como controlaba cualquier gesto que pudiera mostrar y como el emperador se sentía más feliz por ello.
-eh, Mihawk.- le llamó el pelirrojo con la espada sobre el hombro.- que nos toca. Que ahí parado vas hacer que gane por un golpe de calor.
Él le miró y cambiando el semblante a uno sin sentimiento dio un paso hacia adelante al centro del circo romano a la vez que empezaban los aplausos de los espectadores impaciente pos el espectáculo.
El juego empezó como siempre; marcaban las distancias, andando en círculo, mirándose directamente a los ojos, Mihawk serio y Shanks con un sonrisa tranquila. Todo era un completo silencio excepto por sus pisadas en la arena levantando algo de polvo al pasar.
No querían apartar su atención del otro mas sabían que el primero que lo hiciera también sería el primero en recibir un golpe.
Hacía mucho calor. Una gota de sudor franqueó la frente del cetrero y en el justo momento en que esta cruzó entre su sien y su ojo, en tan solo en un milésima de segundo, giró la mirada hacia el sitio del emperador encontrando su iris ambarinos otros atezados, profundos, vacíos...
El público vitoreó colmado de euforia a la vez que Mihawk caía de espaldas y se incorporaba ágilmente dando una voltereta hacia atrás. Miró al del pelo escarlata, el escudo le había salvado de su precipitado mandoble. Sin pensárselo dos veces arremetió contra él empezando así la oleada de estocadas.
-por fin empiezan.-decía tranquilo el emperador.- odio cuando esos dos se ponen a calentar para aumentar mas la tensión del público, son gladiadores no actores.
-totalmente de acuerdo mi señor.-le hizo la pelota uno de sus subordinados de la legión.
Doflamingo rió entre dientes y miró a su más preciado esclavo que lucía pelo color verde glauco y mantenía la mirada fija en la arena.
-¿te gustan los combates de gladiadores?-agarró del brazo atrayéndolo a si mismo.- Porque a mi no me gusta que atiendas a algo que no sea a mi- tirando más hizo que sus rostros se acercaran hasta cruzar respiraciones. El emperador podía ver el nerviosismo y temor del joven reflejado en su cara.- me encanta que no puedas entender lo que digo.
En la arena las cosas se estaban poniendo serias. Shanks atacaba como un enjambre de avispas y defenderse era todo cuanto podía hacer Mihawk.
-¿que te pasa hoy falconcito? Te veo algo distraído.
-estoy igual que siempre. Preocúpate de ti mismo.
-sea.
El pelirrojo atacó con mas fuerza esperando que su contrincante por fin le respondiera como siempre, pero ese día realmente se estaba decepcionando.
-¿hacia donde estas mirando Mihawk?
-solo a mi enemigo.
-mientes.
-¿por qué he de mentir?
Shanks frunció el ceño ¿que demonios le pasaba ese día? ¿Acaso no le tomaba en serio? Los movimientos del moreno seguían igual y él, cada vez más airado, aferraba su espada con increíble fuerza.
Cuando dicha energía negativa explotó ambos gladiadores colisionaron sus espadas, pero como se ha de suponer la fuerza de Shanks en ese momento fue mucho mayor y no solo echó a Mihawk hacia atrás sino que además lo desarmó completamente.
El de los ojos de halcón intentó incorporarse sin embargo aquel que tenía el pelo como la sangre ya apuntaba su garganta con la hoja de su espada.
-gane querido amigo.
Mihawk suspiró resignado, ya a parte de la vergüenza solo quedaba la decisión del público para que pudiera salir de la arena y deshacerse de esa sonrisa de superioridad del pelirrojo. No obstante, y muy al contrario de lo que el esclavo gladiador pensaba, los espectadores no empezaron a aplaudir como siempre sino a abuchear y sus dedos pulgares giraron en dirección a la tierra.
Tragó duro, eso era la señal para que el vencedor matara al vencido, nunca había pasado cuando ello dos combatían, nunca ¿tan mal espectáculo había dado, o era porque iba perdiendo dos veces seguidas?
Miró a Shanks, en su rostro se reflejaba un claro nerviosismo y sus manos temblaban en sobre manera.
-yo...- su voz sonó temblorosa.- yo no quiero matarte Mihawk.-pero ambos sabía que era uno o los dos.
En la gradas ya empezaba a repetirse la palabra "muerte" una y otra vez con sed de sangre y ansiedad de sufrimiento.
-mátame, sabes que no que otra camino.
El del pelo escarlata suspiró por la nariz a la vez que cerraba los ojos. Con mirada triste se acercó a su compañero y alzó su espada. El otro, a pesar de su situación, estaba tranquilo; después de tantos años sobreviviendo, para él, ese final era mas que evidente.
La espada de Shanks tapaba el sol, sus manos seguían temblando.
-no te pongas tan nervioso, no es la primera vez que haces esto.
-¿incluso ahora tienes que sermonearme?- le sonrió melancólico.- ha sido un placer amigo mi.
-igualmente.
Haciendo un silbido la espada bajó.
-¡ALTO!-gritó alguien haciendo que la espada de Shanks se detuviera al mismo instante que tocaba la frente de Mihawk haciéndole un pequeño corte que ya empezaba a vertir sangre.- no seáis tan duros queridos amantes del circo.- habló con parsimonia el emperador.- es verdad que hoy Falco no nos ha impresionado como merecemos, sin embargo como personas bondadosa que somos debemos darle una oportunidad. Por mi parte no perderás tu vida en este día hombre de Tracia. Puedes irte.
Mihawk le miró con mosqueo, de una forma de otra ese celebre individuo era feliz prolongando su sufrimiento.
Estaba tumbado boca arriba en la cama con la mirada perdida en el techo. Su vida había estado a punto de llegar a su fin antes del atardecer, aún así solo pensaba en la mirada de ese chico. Era tan puramente vacía...
Se preguntaba si él también tendría esa mirada llena de nada. No. a él aun le quedaba la esperanza minina ¿y al chico? Era joven, tendría que quedarle algo por mínimo que fuera sino... ¿para que seguía viviendo? El había odio que los galos preferían la muerte a la deshonra. Tal vez no le dejaban esa opción.
-Mihawk- oyó un susurro tras su ventana.- eh, Mihawk.
Sin apresurarse mucho se levantó y se dirigió hacia el único orificio que le conectaba con el exterior.
-como siempre es un honor que desperdicies tu valioso tiempo conmigo Shanks.-le saludó a su amigo de brazos cruzados y con la espalda apoyada de "casualidad" debajo de su ventana.
-buenas noches a ti también. Te traigo un poco de conejo, según me dijo el vendedor traído de Hispania pero yo no me lo creería demasiado. También traigo un poco de vino.
-muchas gracias. -lo recogió de las manos de Shanks y se sentó en el suelo apoyado en la pared.- aunque sabes que pienso que no deberías gastarte tu dinero en mi.
-sabes que no es nada, yo me moriría su tuviera que comer como vosotros ¿que pasó con esas bacanales para los gladiadores antes del combate?
-el rácano del emperador seguramente. Todo lo que no sea por y para él no existe.
-hoy mejor no hables mal de él amigo, si no fuera por su persona estarías muerto.
-si no fuera por su persona estaría libre.
-eso no lo sabes, podría haber un emperador peor que él en el cargo.
-lo dudo.
El pelirrojo suspiró.
-siempre tan tozudo.
-tanto como tu.
-ya... Mihawk ¿que te ha pasado hoy? No eras tu luchando, era como si constantemente estuviese mirando fuera de la arena buscando algo.
-con sinceridad te digo que no se que contestarte.
-¿bromeas?
-lo mío no es la comedia.
-pues parece que te estas iniciando en ella ¿algo que desvía tu atención del combate incluso poniendo tu vida en peligró y no sabes lo que es?
-es de gran extrañeza, lo se. Pero así son las cosas.
-buscas algo y no sabes que es ¿eh? Será un burdo juego de una pícara divinidad.
-¿que divinidad podría hacerme esto?
-pues no estoy seguro si de la hermosa Venus o su querido hijo Cupido.
-¿qué insinúas?
-nada querido amigo, solo son cosas mías. Que tengas buen dormir esta noche, yo por mi parte ya es hora de que me vaya.
-de acuerdo. Camina con cuidado.
-sea.
-sea.
Aún no había terminado su paupérrima cena cuando los legionarios empezaron a dar portazos en la las celdas entregando las esclavas a cada gladiador.
Él se incorporó sentándose a la orilla de la cama, expectante. Cuando su puerta se abrió el legionario hizo entrar con brusquedad a una chica la cual no tuvo reparo en quejarse del maltrato.
Sintió como si hubiese esperado algo que era evidente que no iba a llegar ¿esperaba al muchacho? ¿Porque? En cualquier caso era una tontería; siendo un esclavo del emperador seguramente no volvería a pisar esas celdas.
-¿que haces ahí parado mirándome?- le preguntó la chica con reproche.- ¿no te gustan las mujeres?
-tienes bastante carácter para se una esclava, pero mas me sorprende que no tengas magulladuras por ello.
-se cuando cerrar la boca.
-ya veo... -Mihawk la examinó de arriba abajo, era bastante guapa con una larga melena ondulada y anaranjada.-¿como te llamas?
-Nami.
-ven.
-vale, pero no me rompas la túnica, a mi amo no le gustara- se acercó a él y se sentó en su regazo enlazando las manos en su cuello.
-de acuerdo.
Juntaron sus bocas y sin preámbulos sus lenguas empezaron a jugar. Un poco mas apasionados el mayor tumbó a la chica en la cama colocándose sobre ella. Le acarició el rostro, pasó por su cuello rozándolo con las yemas de los dedos y colocó su mano sobre su pecho por encima de la ropa.
-mm...- se le escapó un suspiro a la chica a la vez que el moreno quitaba los labios de los suyos para ponerlos en su cuello.
-¿¡que te crees que haces esclavo de mierda!?-se escuchaban gritos y golpes fuera de la celda- ¿¡sabes quien demonios soy!? ¡He matado a millones de personas! ¡Si quiero puedo matarte a ti aquí y ahora!
Mihawk se levantó raudo hacia la puerta.
-eh, soldado.- llamó al legionario mas próximo.- ¿se puede saber que es ese escándalo?
-el esclavo del gran Doflamingo, pasa la noche con Ener pero como reciben tus oídos parece que no lo hace de rositas.
-vaya, eso es un gran problema, así no hay quien tome una mujer en paz ¿no podemos hacer un cambio?
-¿un cambio?
-mi esclava por su esclavo. La que esta conmigo tiene personalidad pero es bastante dócil.
-por mi no es ningún problema así echaría un cabezada, pero te digo que lo tendrás un poco magullado, además tu y yo sabemos que el placer que lo da una mujer no lo da nadie.
-todo sea por un poco de silencio.
-que Júpiter proteja a los gladiadores tan civilizados como tu Falco.
-mejor vuestro dios Marte, soy gladiador después de todo.
-sea.
El legionario abrió la celda llevándose a Nami, segundos después el chico del pelo verde estaba tirado sobre el suelo de esas cuatro paredes, este le miró con recelo y reproche.
Ener le había dado una buena paliza, su nariz sangraba y su ojo ya se le estaba poniendo morado y igual que innumerables partes de su cuerpo. Por su parte traseea aún había semen de su reciente y anterior acompañante.
El de la mirada áurea fue hasta la cama, tomó la manta con una sola mano y se la ofreció al joven que le miró sin entender.
-ten.
El peliverde frunció el ceño y de mala manera le quitó la manta de la mano; cubriéndose con ella se levantó y sentó en la esquina más apartada a la cama del mayor.
El gladiador suspiró y recogió del suelo la pequeña jarrita de agua que aún estaba medio llena, con ella fue hasta el joven e hincando la rodilla en el suelo ante él se mojó la mano con un poco de agua. Le miró y este observaba su mano sin entender. Con cuidado acercó su mano mojada al rostro del joven.
El muchacho le apartó la mano de un tortazo.
-solo quiero limpiarte la sangre.- volvió a acercar la mano pero nuevamente se la apartó. Mihawk resopló.- no vas a dejar que te limpie ¿verdad?- el chico se mantuvo en sus trece como si no hubiese oído nada.- y como veo sigues sin entender lo que digo.
Dejó a un lado del joven la pequeña jarra, se levantó y se tumbó en la cama de cara a la pared.
En ese momento notó que se sentía bastante inquieto, como ofuscado ¿sería por el trato que le daba el chico?
-¡jajajaja! ¡Así es como me gusta a mi pasar la noche!- se oía gritar a Ener.
No, definitivamente no era por el trato que le daba el chico.
Continuará...
