Nota: Bien... la idea de mezclar el universo de Hetalia con el mágico mundo de Hogwarts NO es original mía. Pueden encontrar MUCHOS fics de ello. Pero cualquier semejanza que veas entre mi historia y la de otros autores ¡Es mera coincidencia! La inspiración ha venido después de leer los libros y ver las películas de la maravillosa saga de Harry Potter.

Disclaimer 1: Hetalia (Axis Powers, World Series y Beautiful World) no son de mi propiedad intelectual. Pertenecen a Hidekaz Himaruya, y no es mi intención lucrar con su creación. Este fanfic solo tiene propósitos recreativos para quien lo escribe y para quienes lo leen.

Disclaimer 2: La saga "Harry Potter" (y los 7 libros que la componen, llevadas a la pantalla grande en 8 películas) no es de mi propiedad intelectual. Pertenece a la escritora británica J. K. Rowling, y mi intención no es apoderarme de su obra, sino inspirarme en ella para crear una historia divertida que los lectores y su autora puedan disfrutar.

Disclaimer 3: A su debido tiempo, aparecerán algunos OC ("Original Characters"/"Personajes Originales"). Daré los créditos a sus respectivos autores ;3


Respuesta a Reviews "anónimos" o sin recepción de MP activada

Lilith: ¡Yaaay! Sí, hacía tiempo que quería combinar estos dos universos en una historia de mi creación, para hacer de ella una lectura divertida. Jejeje, Arthur OBVIAMENTE tenía que estar aquí, después de todo, es de los personajes de Hetalia más relacionados con la magia, tanto en su visión como en su práctica XD.
Las parejas serán reveladas a su debido tiempo, pero puedo adelantarte que habrán varias hetero, y una que otra homosexual por ahí ;3
¡Gracias por comentar!


.:I:.

"El Callejón Diagon"

"Un mago, yo… ¡Fantástico!"

Esa mañana, Lorenz[1] se había levantado muy temprano, porque tras recibir su carta de aceptación para el colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, su hermano mayor, Roderick, le había dicho que debían de ir con anticipación al Callejón Diagon a comprar los materiales exigidos por la lista adjunta, así podría preparar su equipaje sin que nada se le olvidara, y tal vez encontrarían una buena oferta.

— Los libros son bastante caros— había dicho el mayor, mientras caminaban bajo un gran paraguas que los protegía de una lluvia matutina — Por suerte hemos ahorrado lo suficiente y no tendremos que recurrir a tiendas donde venden copias. Oh, y necesitarás una buena túnica. Las de segunda mano se deterioran rápidamente con el uso.

Roderick siendo Roderick…

Cuando los hermanos llegaron a un bar en el centro londinense llamado "El Caldero Chorreante", este estaba atestado de toda clase de personas extrañas que bebían y fumaban mientras charlaban amenamente. Para encontrarse en pleno centro de la capital inglesa y en un sector tan concurrido, dicho lugar: pequeño, oscuro y de aspecto mugriento, parecía pasar inadvertido para todos. Se hallaba entre una tienda de música y una librería –donde Lorenz había pensado que tendrían que comprar algunas cosas, pero luego reparó en su error-, y de hecho, no lo habría visto si su hermano mayor no se lo hubiera indicado.

— Roderick… esta gente asusta— gimió Lorenz, al momento que una mujer anciana que fumaba su pipa le dirigía una mirada enternecida con sus enormes ojos gatunos, y sus amigas reían mientras lo señalaban.

— Descuida, no nos quedaremos aquí. Tenemos que pasar del otro lado de la pared del fondo.

"¿Del otro lado de la pared?". Lorenz pensó que su hermano había enloquecido.

El cantinero los saludó inclinando educadamente la cabeza, y Roderick devolvió el gesto. Pasaron de largo por entre mesas ocupadas por gente de la más rara variedad de formas de cabeza y colores de pieles y ojos. Lorenz jamás se había sentido tan intimidado.

Llegaron hasta una pared de ladrillos, sólida como cualquier otra, y a menos que se tratara de un montaje o una puerta oculta, sería imposible pasar a través de ella. Roderick levantó su paraguas cerrado, murmuró algo en voz muy baja, como si contara los ladrillos. Finalmente, llevó su paraguas hacia adelante y con la punta tocó tres veces sobre algunos de los adobes.

Tras unos segundos de completa quietud, la pared entera se estremeció como si fuese a venirse abajo, no obstante, para sorpresa de Lorenz, los bloques de la estructura comenzaron a plegarse de una manera ordenada, abriéndose con la misma facilidad con que se aparta una cortina de una ventana, descubriendo tras de ella una calle serpenteante con tiendas a cada lado, por delante de las que la gente paseaba tranquilamente.

Lorenz observó boquiabierto el callejón, y se preguntó cómo es que algo tan grande podía estar oculto en pleno centro de Londres sin que nadie reparase en él.

— Este es el Callejón Diagon. Aquí encontraremos todo lo que necesitas. Vamos, vamos. Si nos damos prisa, tal vez nos encontremos con una buena oferta en Flourish & Blotts.

— ¿Qué…?

— La librería, Lorenz.


.:II:.

"La Lista Pide"

Lilly se había quedado sorprendida. La carta, el bar escondido, la pared de ladrillos movedizos, el callejón… ¡Vash nunca le había contado ninguno de esos fascinantes detalles en todos los años que llevaba asistiendo a ese maravilloso internado al cual iba desde que tenía once!

Año tras año, Lilly presenciaba las mismas escenas en casa. El orden de su baúl con todas las pertenencias útiles para sus clases mágicas, el jaleo en casa, la partida de su hermano, y se preguntaba "¿Tendré que pasar alguna vez yo por lo mismo?". Se imaginaba a sí misma vistiendo ese bonito uniforme con túnica negra, asistiendo a un colegio que, tal y como describía Vash, parecía y castillo, aprendiendo toda clase de encantamientos –que según imaginaba, debían ser cosas como sacar conejos del sombrero, flores de una varita mágica, o clavar espadas en un cajón con una persona adentro sin hacerle daño-.

Ahora le tocaría vivirlo en carne propia, y Lilly sentía tantas emociones en su interior que parecía que en cualquier momento iba a estallar en gritos y risas de alegría, para luego desmayarse. Nunca le había pasado. Pero creía haberlo visto en una película.

— La lista dice que debemos comprar:

- 3 Túnicas sencillas de trabajo (negras)
- Un sombrero puntiagudo (negro) para uso diario
- Un par de guantes protectores (piel de dragón o semejante)
- Una capa de invierno (negra, con broches plateados)

— ¿Eso es el uniforme, bruder?

— Sí. Debajo solemos usar sweater, camisa, y corbata con los colores que corresponden a nuestra casa. Aunque no le dan demasiada importancia al uso de ropa de diario bajo la túnica.

— Oh.

— Pero antes que todo, tenemos que ir a sacar algo de dinero al banco. Espérame un momento aquí afuera, Lilly. Los gnomos de Gringotts no son precisamente muy agradables. Mientras tanto, lee el resto de la lista.

Vash ingresó a un edificio blanco de puertas dobles, y la pequeña, obedientemente, se quedó afuera sentada en un banquillo de la entrada, leyendo la hoja adjunta a su carta de aceptación mientras balanceaba juguetonamente los pies en el aire.

— Veamos…

- "El Libro Reglamentario de Hechizos (clase 1)", Miranda Goshawk.
- "Una Historia de la Magia", Bathilda Bagshot.
- "Teoría Mágica", Adalbert Waffling.
- "Guía de Transformación para Principiantes", Emeric Switch.
- "Mil Hierbas Mágicas y Hongos", Phyllida Spore.
- "Filtros y Pociones Mágicas", Arsenius Jigger.
- "Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos", Newt Scamander.
- "Las Fuerzas Oscuras. Una Guía para la Autoprotección", Quentin Trimble.

— ¡Uh, cuántos libros! — exclamó asombrada la niña. Todos los títulos se leían fascinantes, y seguramente no sabría por cuál empezar a echar un vistazo antes de sus clases. Pero había más:

RESTO DEL EQUIPO:

- 1 varita.
- 1 caldero (peltre, medida 2).
- 1 juego de redomas de vidrio o cristal.
- 1 telescopio.
- 1 balanza de latón.
- Los alumnos también pueden traer una lechuza, un gato o un sapo.
SE RECUERDA A LOS PADRES QUE A LOS DE PRIMER AÑO NO SE LES PERMITE TENER ESCOBAS PROPIAS.

Pese a ese último aviso, Lilly no podía sentirse decepcionada. Asistiría a una escuela de magia, aprendería a hacer encantamientos, pociones, vería bonitas criaturas mágicas –tal vez hadas y unicornios: ¡Qué lindo sería acariciar uno!- ¡A sus cortos once años, el sueño de toda niña que cree en la magia y la fantasía se hacía realidad! ¿Y qué importaba si no podía tener una escoba para volar como las brujas?

Nada podía arruinar la enorme felicidad que llenaba su pecho.

— Listo, ya tenemos suficiente dinero para hacer las comprar— avisó su hermano, cuando salió de Gringotts — ¿Vamos?

— ¡Vamos! — dijo la niña, brincando emocionada del banquillo.


.:III:.

"Flourish & Blotts"

La primera parada que hicieron Peter, Patrick y Arthur fue la librería en el sector norte del Callejón Diagon, mientras el otro de los hermanos que asistía a Hogwarts –Liam- iba a renovar una de sus túnicas de diario, a la cual según lo que habían entendido, le ocurrió un mal percance con un ácido durante una clase de pociones. La librería estaba relativamente llena de jóvenes acompañados de adultos, que revisaban las estanterías en compañía de los dependientes de la tienda.

— Nunca te había visto tan emocionado por los libros, pequeñín— bromeó Patrick. Peter enrojeció un poco.

— ¡Pero es que los libros de la escuela no son como estos! Son libros mágicos. Ya de por sí eso los hace mucho más interesantes que los libros muggles.

En efecto, ningún libro del mundo no-mágico, aunque tratara sobre magia, estaba siquiera cerca de figurar entre las cosas que Peter deseaba poseer más en ese momento. Mucho menos para estudiarlo.

Las estanterías y mostradores estaban llenos de ellos. Todas las variedades de formas y colores que pudiese imaginar. Algunos con dibujos móviles -¡Sí, en serio, se movían…! ¡Hasta hablaban con la gente!-; cubiertos de pelo y con dientes en su portada; algunos tan grandes como el televisor de su sala de estar, otros tan pequeñitos como estampillas. Había algunos con letras diminutas, otros cuyas hojas estaban completamente en blanco, y Peter se preguntó si acaso tocándolos o echándoles algún conjuro se vería su contenido.

— ¡Los quisiera todos…!

— ¡Ojalá tuviésemos tantos galleons para hacerlo! — carcajeó de buena gana Patrick.

— ¿Galleons?

— Dinero mágico— contestó Arthur — Los galleons son las monedas más grandes, de oro, las más valiosas. Luego están los sickles, monedas de plata: diecinueve de ellos equivalen a un galleon. Y finalmente los knuts, que son las pequeñas de bronce: veintinueve equivalen a un sickle…— el joven caminaba por la librería mientras hablaba, cuando de repente su pie impacto contra algo, y Arthur soltó un quejido adolorido: — FUCK!

— ¿Qué fue…?

— ¡Oh, señor! ¡Gracias por encontrarlos! — dijo de pronto uno de los dependientes de la tienda — No recordaba dónde había dejado nuestro cargamento…

— ¿Cargamento de qué? ¿Y… qué golpeó mi hermano? — preguntó Peter.

— Estos son un montón de ejemplares de "El Libro Invisible de la Invisibilidad". Llevan pidiéndolo hace mucho aquí en la librería, pero cada vez que los buscamos olvidamos dónde los hemos dejado y hemos tenido que encargar más ¡Hemos gastado mucho en ellos! ¡Y usted los ha encontrado! ¡Gracias!

— No… hay por qué…— suspiró el joven, aún afectado por el golpe — Bien, Peter, dile al señor sobre los libros que necesitas. Yo tengo que buscar algunos para mi curso.

— ¡Pasen por aquí, caballeros!

— Oiga, señor… ¿Qué hace este libro? — preguntó Peter, señalando un montón de volúmenes encuadernados en piel, decorados con puntudas terminaciones de marfil. En cuanto acercó su dedo para tocarlo, el libro se abrió automáticamente, preparándose para lanzarle una dentellada.

— ¡Cuidado! — Patrick alejó al pequeño lo suficiente como para que los dientes del libro se cerraran en torno al vacío, y comenzara a gruñir — Ese es "El Monstruoso Libro de los Monstruos". No lo necesitarás hasta al menos unos años más, si es que decides tomar el curso de "Cuidado de las Criaturas Mágicas". Pero para eso falta mucho tiempo.

— ¡Fantástico…!


.:IV:.

"La Varita Elige al Mago"

Tras haber comprado su uniforme (las túnicas, el sombrero, la capa y los guantes) en la tienda de Madame Malkin, situada en la parte norte del Callejón Diagon, Roderik guió a Lorenz por la callejuela hasta una tienda estrecha y pequeña, de la que en ese momento salía una guapa jovencita con quien Roderick cruzó algunas palabras.

— ¡Prefecto! ¡Qué sorpresa verle por aquí!

— No puedo decir lo mismo de usted, señorita Erzébet[2]. Después de lo que ocurrió con su varita la última semana de clases…

— Emma dijo que lo lamentaba mucho ¡Pobrecita! Tuve que convencerla de que no quería su dinero para una varita nueva, y que no estaba enfadada con ella. ¿También viene a cambiar su varita, señor prefecto?

— No. Acompaño a mi hermano para que obtenga la suya.

Con una suave palmadita en el hombro, Roderick señaló a Lorenz. El jovencito de cabello blanco trenzado se quitó la boina, y saludó a Erzébet con una tímida reverencia. Ella chilló conmovida.

— ¿Es su hermano? ¡Oh, qué lindura! Primer año en Hogwarts…— suspiró con gesto soñador — ¡Cómo olvidar el día en que recibí mi carta! Mi madre casi se desmaya, y mi padre salió corriendo y gritando alrededor de toda la cuadra. Tuve que solicitar ayuda al colegio para que enviaran a alguien que supiera sobre este callejón y me ayudara a hacer las compras… sí… Hogwarts…

Lorenz parpadeó atónito. La muchacha en seguida dedicó para ambos Eldestein una radiante sonrisa, y se alejó con el largo cabello castaño ondeando rítmicamente tras ella. Cuando hubo avanzado unos nueve pasos en la dirección contraria por la cual llegaron Roderick y Lorenz, se volvió para despedirse agitando la mano.

— Iré a reunirme con Emma, está en la Tienda de Artículos de Calidad Para Quidditch ayudando a Yong Soo a ver un set para la mantención de su escoba. Este año la Copa de Quidditch tiene que ser nuestra ¡Nos vemos el primero de septiembre, señor prefecto! ¡Que disfruten lo que queda de las vacaciones!

Erzébet se alejó, y los hermanos entraron a la tienda. Allí, un hombre extraño con penetrantes ojos azules los encaró con una sonrisa amable.

— ¡Roderick Eldestein! Qué sorpresa… siete años desde que vino aquí por su primera varita ¡Pero la recuerdo tan bien! Olmo, veintiséis centímetros, razonablemente flexible. Perfecta para los encantamientos.

— Vaya que me ha resultado muy útil para ellos— dijo Roderick con un tono de autosuficiencia. Lorenz pensó en lo extraño que le parecía el dependiente de la tienda.

— El pequeño… ¿Viene por una?

— Sí. Inicia este año en Hogwarts.

— ¡Maravilloso, maravilloso! A ver, ven aquí, sí, eso es— llamó el hombre, deteniendo sus espeluznantes ojos sobre Lorenz, que titubeó un poco antes de acercarse — ¿Zurdo, o diestro?

— Di… diestro.

— Excelente, veamos. Te tomaré algunas medidas mientras busco algo para ti— el dueño del local sacó de un cajón de su mostrador una cinta métrica que, para su gran sorpresa, había empezado a moverse sola, y como si fuera una serpiente, se elevaba, bajaba y se torcía, marcando distintas medidas, desde las más usuales (de la cabeza a los pies, los brazos, de la cadera hasta los pies, el largo de los dedos, alrededor del cuello, el pecho, la cabeza y la cintura) hasta las más extrañas (el ancho y grosor de los labios, las fosas nasales, las orejas y el espacio entre los ojos), pero el propietario del local no lo veía. Buscaba algo en la inmensa pila de cajitas de distintos tamaños que había en las repisas detrás del mostrador. — ¡AJÁ!

Se volvió trayendo algunas cajitas alargadas y delgadas entre manos, y las depositó en la mesa. Abrió la primera, y extrajo una varita de madera tallada. Largo promedio –no supo decir cuánto-, y probó tratando de doblarla un poco antes de pasársela al muchacho. La cinta métrica se envolvió sobre sí misma, y se guardó de regreso en el cajón del mostrador.

— ¿Qué hago? — preguntó Lorenz, mirando la varita con recelo.

— Agítala— respondieron a coro su hermano y el dependiente. Cuando Lorenz movió su mano, lo hizo con timidez –se sentía un poco ridículo-. No sucedió nada. La varita siguió siendo tan gris como siempre, y la habitación tan oscura como desde el momento en que entraron.

— Probemos con esta otra— dijo, cambiando por la siguiente. Nuevamente, al agitarla, no pasó nada — ¡Esta! — dijo convencido el hombre al pasarle la tercera, pero nuevamente no hubo ni asomo de magia. Lorenz se empezó a preocupar — Tranquilo, muchacho, estas cosas suelen suceder.

El hombre se volvió a buscar otras cajas desde la repisa. Volvió con cinco más. Lorenz probó con las dos primeras, y el resultado fue el mismo. No obstante, la tercera del segundo grupo –que al chico se le antojó igual que todas las otras- hizo algo extraño cuando tocó los dedos del joven. Se entibió. Luego, siguió calentándose, hasta casi adoptar la misma temperatura de la mano de Lorenz. Y de pronto, a Lorenz ya no le parecía tan idéntica a las demás.

— Está… tibia.

— ¡Agítala, vamos!

Cuando la movió, temeroso, de la punta de la varita salieron algunas chispas azules, como pequeños fuegos pirotécnicos que estallaban en el aire soltando humo, y Lorenz dejó de moverla. Contempló absorto el producto de su magia, y luego, a la varita en su mano.

— Madera de ojaranzo y núcleo de pelo de unicornio: especial para magos con talento y pasión. Magia muy consistente.

— Lorenz es un artista innato.

— ¡Lograrás grandes cosas con tu varita!

— Pues… gracias.

Después de pagar al dueño, los hermanos salieron hacia la calle principal.

— ¿Qué nos hace falta? Ya tenemos los libros, el uniforme, la varita…

— Vayamos a comprar el caldero y algunos ingredientes para tus clases de pociones. Yo también necesito algunos. Pero primero vamos al Emporio de la Lechuza. Casi se han acabado las cajas de frutos secos que teníamos en casa.

— ¿Podemos ir después por un helado, Roderick? — preguntó el muchacho, desviando su vista hacia un concurrido lugar de donde la gente salía llevando grandes conos bañados en chocolate y golosinas.

Roderick sacó un cúmulo de monedas de su bolsillo, observándolas por un momento.

—… Tal vez.


.:V:.

"El Perro y el Gato"

Ion Moldovan[3] estaba tan feliz. Ese verano, tras once decepcionantes años de vida normal -y especialmente los últimos seis oyendo a su hermano mayor Vadimir[4] hablar acerca de lo asombrosa que era su escuela mágica y los amigos que había hecho en ella-, había descubierto que tenía sangre mágica dentro de él, y sus propiedades no estaban bloqueadas como siempre pensó al ver que jamás se había manifestado de ninguna manera alguna clase de habilidad sobrehumana a su alrededor.

Hasta que por mero accidente, cayó de la cama una mañana tras enredarse en las sábanas, y su cuerpo empezó a rebotar alocadamente contra las paredes y el techo, como si fuese un balón de goma. Había dolido un poco ¡Pero los moretones valieron la pena!

¡Al día siguiente, su carta para ir a Hogwarts había por fin llegado!

— ¡No soy un squib[5], no soy un squib!

A los pocos días, su hermano mayor Vladimir y su amigo Stefan[6] lo llevaron al Callejón Diagon para hacer las compras. Ion no cabía en sí de la emoción.

— ¡Ya casi no nos falta nada! Vladimir, Vladimir, la carta dice que puedo tener una lechuza, un gato o un sapo ¿Puedo tener uno? ¿Puedo, puedo?

— ¡Clarro! Podrríamos pasar por la Tienda de Animales parra que escojas uno de tu agrrado. Ya nuestrros padrres me obsequiarron una lechuza en prrimer año, así que ambos podemos usarrla para nuestrro correo.

— ¿Y si Ion quiere una lechuza…?— intervino Stefan.

— ¡Uh, uh! Me gustan más los gatos.

— En la Tienda de Animales encontrarremos muchos, además de comida, una cesta parra que duerrma y otrras cosas que podrría necesitar. Vengan, es por aquí.

El trío ingresó a un local muy ruidoso, donde toda clase de criaturas chillaban desde jaulas esparcidas por doquier. Tenía un olor penetrante, como a perro mojado, excrementos aplastados y pellet. Una mujer de gruesas gafas negras los atendió.

— ¡Bienvenidos! ¿Qué buscan?

— ¡Hola! ¡Quisiera un gato!

— Tenemos muchos de ellos aquí. Anda, echa un vistazo y me dices cuál es el que te gusta más.

Ion corrió por la tienda, mirando con curiosidad al interior de las jaulas. Había toda clase de gatos, algunos sin pelo, otros una verdadera bola de motas enredadas donde apenas se divisaban los ojos. Algunos tenían melenitas parecidas a las de un león, pero fue un minino apenas más grande que un ratón de campo el que llamó su atención, acurrucado sobre un cojín.

— ¡Ese!

— ¡Oh! Los gatos tienden a ser mucho más fieles mientras de más jóvenes se les críe. Seguro en poco tiempo se harán grandes amigos— dijo la dependiente — ¿Lo llevarás a él entonces? El lazo distintivo para su cuello será un regalo si además compras la cesta y la comida, pagando con efectivo. Y por una módica suma de diez sickles, tendrás también un cepillo para su pelaje.

— ¿Vladimir, qué dices? — preguntó el muchacho, haciéndole ojitos a su hermano.

—…Es todo tuyo, Ion.

— ¡Sí~!— aulló, muy feliz.

Después de pagar, Stefan, Ion y Vladimir salieron de la tienda, y el último chocó con una muchacha. Erzébet. Por un momento, la joven –que se estaba despidiendo de algún conocido, seguro- parecía que iba a disculparse por su torpeza, pero tras ver de frente la vampírica cara de Vladimir, cayendo en la cuenta de quién era, en seguida soltó un bufido ofendido, y se alejó tras hacer un gesto de desdén con la cabeza.

— ¡Sí, también es un placer verrte!

— ¿Quién es la chica bonita? — preguntó Ion — ¿Y por qué fue tan grosera contigo?

— Es Erzébet. Está en sexto año, como tu hermano y yo— contestó Stefan.

— Le hice una brroma cuando estábamos en segundo año, y aún está enfadada conmigo.

— Yo también lo estaría. Después de todo, tú tampoco te has disculpado…— tras dirigirle una mirada asesina a su amigo, Stefan calló.

— Oh…

— ¡No tiene sentido del humor! — bramó Vladimir en su defensa — Las jugarretas mágicas son muy comunes en Hogwarrts, pero no todos se las toman bien.

— Hogwarts es casi como en una secundaria normal, pero es mágica, que es lo que la hace diferente— explicó Stefan — Hallarás de todo: gente agradable, gente extraña, profesores simpáticos y otros que son unos ogros. Chicas lindas, y otras no tanto. Y con ellos podrás llevarte muy bien…

—… O como el perro y el gato.

En minino de Ion, que había despertado en su cesta, se desperezó profiriendo un agudo maullido.


.:VI:.

"¡Qué asco!"

La charla con su abuela había sido muy ilustradora y divertida. Junto con aclarar todas las dudas que Michelle le planteó –una cantidad grosera, para gusto de sus padres-, la mujer le contó algunas divertidas anécdotas de su estadía de siete años en Hogwarts, de cómo allí había conquistado el corazón de todos y cada uno de los brujos y algunos maestros, y cómo se había graduado con calificaciones sobresalientes en todas las asignaturas.

Excepto pociones.

— ¡Me daba asco tocar algunos ingredientes! Suelen usarse muchos productos como mucosidades de criaturas mágicas y algunas partes de insecto… ¡Iug! Era un fiasco en la asignatura, y si pude aprobar en todos los años anteriores, fue porque algunos de mis pretendientes me ayudaron, pero no podían hacerlo en los exámenes individuales oficiales. Afortunadamente, jamás he necesitado de lo que aprendí en esas vomitivas clases, y jamás he vuelto a tocar algo mucoso que no salga de mi propia nariz.

Su abuela era una mujer bastante ocupada. Aunque estaba muy encantada con la idea de ir con Michelle al Callejón Diagon para guiarla mientras hacían las compras escolares, la oportunidad escapaba de sus manos, y en su lugar, envió a la joven futura aprendiz de bruja con una conocida de la infancia.

— ¡Whoa! ¡Tantely[7]! ¿Quién hubiese dicho que mi mejor amiga del vecindario era una bruja?

En efecto, Michelle la conocía. Era un año mayor que ella, y hasta que Tantely ingresó a la secundaria –"Un internado muy, muy lejos de aquí", habían dicho sus padres, argumentando el por qué de su larga ausencia durante el año-, ambas habían sido muy cercanas, dado que vivían en el mismo vecindario y tenían gustos muy similares, como la pasión por la natación y los programas de Reality Show. Ahora Michelle sabía la verdadera razón de la partida de su amiga fuera de casa por tanto tiempo.

— Mis padres lo sabían, porque aunque mamá sea una muggle, papá es hechicero. Descubrieron que había heredado sus habilidades cuando a los tres años desenterré un gusano del jardín, y al tratar de ponerlo en mi boca se hinchó como un pez globo.

— ¡Oh!

Juntas, y en compañía de los padres de la mayor de las niñas, recorrieron de extremo a extremo la estrecha y desordenada calle del complejo comercial mágico, buscando cada artículo de la lista. Para la mitad de la tarde, tenían todo, salvo las balanzas de latón.

— Podemos ir a la Botica "Slug & Jigger" para obtenerlas, igual que los frascos de vidrio. También es bueno que tengas una reserva personal de los ingredientes para pociones más comunes, así que llevaremos algunos ¿Vale?

— ¡Vale!

¡Ese debía ser el lugar más detestado por su abuela en el Callejón Diagon!

El local olía a huevos y coles podridas, además de estar atestado con botes, calderos y frascos llenos de la variedad más extraña de ingredientes y sustancias desconocidas, algunas brillantes, otras viscosas y oscuras. Colgaban también del techo manojos de plumas, hileras de colmillos y garras ¡Un sinfín de cosas que Michelle no quería tocar, bajo el riesgo de posiblemente ponerse de color verde o tal vez hasta convertirse en sapo!

En la tienda había más personas. Dos muchachos acompañaban a una muchachita de coleta que miraba los ingredientes con mucho recelo, y arrugaba la nariz por el denso hedor de la tienda.

— ¡Gracias por su compra, vuelvan pronto! — se despidió el dependiente del local, tras entregarle una caja ordenada a uno de los jóvenes con muchos frascos y envoltorios sellados en ella.

— Vamos, Amber, solo nos falta comprar tu caldero…

— ¡Ah, hola! ¿Tsiranana, de segundo año? — preguntó el mayor de los muchachos al ver a Tantely.

— ¡Hola! Sí, soy yo. Kyle, te presento a una amiga mía: Michelle. Ella inicia este año en Hogwarts. Michelle, ellos son Kyle y Nathaniel Kirkland, de cuarto y tercer año respectivamente— los presentó la brujita, y Michelle les sonrió encantada.

— ¡Un placer!

— ¡Primer año! ¡Mira, Amber! ¡Ella será tu compañera de promoción! — señaló Nathaniel, y la pequeña niña de coleta miró a Michelle con cierto recelo, todavía con una mueca arrugada en la cara.

— ¡Qué asco!

— ¡Amber…!— reprochó — Discúlpenla, no siempre es así…— rió nerviosamente Kyle.

— No lo digo por ella— explicó seria la muchachita — ¡Nathaniel, tienes algo asqueroso pegado en el cabello!

— ¿Eh? — el muchacho de tercer año pasó una mano por su pelo, y quedó impregnada de una masa verde con grumos amarillos. De inmediato, se sacudió asqueado — ¡Agh…!

— ¡Oh, disculpen! Seguro debió gotear del techo. El cliente anterior tiró un frasco de ese moco, y no supe dónde fue a parar ¡Déjenme limpiarlo, antes que se expanda por su cabeza, señor!

— Ya veo… por esto mi abuela odiaba las pociones ¿Verdad?

— Sí, Michelle. Por esto… ¿Quieres que vayamos por unos caramelos después, para celebrar?

— ¡Me encantaría! ¿Qué clase de sabores mágicos de habrá…?

— Prueba con las "Grageas Bertie Bott de Todos los Sabores": ¡Un peligro en cada bocado! — sugirió Kyle.

— ¿Son como los "hard candys"?

— Sí, pero pueden traerte sorpresas no muy gratas. Como lo dice su nombre, vienen TODOS los sabores que te puedas imaginar— explicó Nathaniel, mientras el dependiente del local aplicaba sobre su cabello rizado una solución que poco a poco iba despegando la mucosidad de él. Tantely agregó:

— Frutales, artificiales, verduras, y también algunos muy comunes como el chocolate o las especias para condimentar… pero en un mal día podrías echarte a la boca una con sabor a callos, cera de oído, moco o vómito…

— ¡Qué asco…!— chillaron Amber y Michelle al unísono.

— Sí, eso pensé cuando tomé una de brócoli. Fue desagradable, pero tuve más suerte que otros… ¿Y si probamos un caramelo más seguro y delicioso? Tal vez un helado sería mejor.

— Sí, mucho mejor.

— ¡Listo! Su cabello está limpio, señor— avisó el propietario del local.

— Qué bien ¡Gracias! Bueno, fue un gusto encontrarte aquí Tantely, y un placer haberte conocido, Michelle.

— Iremos a comprar el caldero de Amber, y luego a casa para una cena de celebración familiar.

— ¡Nos veremos el primero de septiembre en la estación! — se despidió Tantely, y los tres hermanos salieron de la botica.

— ¿De verdad alguien inventó caramelos con sabores tan asquerosos…? ¿Por qué lo haría? ¿Qué clase de mente criminal quiere que sus clientes se coloquen algo vomitivo en la boca?

— El mundo de los magos está lleno de toda clase de sorpresas, querida amiga mía— carcajeó la mayor de las jovencitas.


Notas:

[1]Nombre humano para Kugelmugel: Lorenz Eldestein.

[2]Aunque el nombre humano de Hungría suele escribirse "Elizaveta", la versión húngara en realidad es "Erzébet".

[3]Nombre humano para Moldavia: Ion Moldovan.

[4]Nombre humano para Rumania: Vladimir Moldovan. Como característica propia de este personaje, le he puesto hablando remarcando mucho la letra "r".

[5]Squib: Término usado para designar a hijos de al menos un progenitor mágico (o también ambos), pero que no presentan cualidades mágicas: estas tienen un valor muy bajo, tanto que no pueden realizar magia, aunque esto no significa que no puedan relacionarse de forma íntima con ella.

[6]Nombre humano para Bulgaria: Stefan Nikolov.

[7]Nombre humano para Madagascar: Tantely Tsiranana.


Notas de la Autora:

¡Hola, lectores! Jeje, espero que hayan disfrutado este capítulo. Ya conocemos la identidad de los siete alumnos principales que ingresan a su primer año en Hogwarts, y la de otros que ya llevan un tiempo en el colegio ¡Y aún faltan más!

Seguro que ninguno de ellos puede esperar a que sea ya 1 de Septiembre X3 (yo tampoco podría)

¡Gracias a las personas que le dieron "follow" a este fanfic: Bunny Nya, Corona de Lacasitos, Jiyu Tsubasa, Kamichi77, Kayra Isis y Softlavender!
¡Muchísimas gracias a quienes añadieron la historia a sus favoritos: Dazaru Kanchu, Nekita42 y Softlavender!
¡Y aún más gracias a quienes comentaron el capítulo anterior: Kamichi77, Bunny Nya, Kayra Isis, Liz Joker, Corona de Lacasitos, Lilith, Softlavender y Dazaru Kanchu!

Nos estaremos leyendo pronto ;3