Capitulo I
Confrontación y pérdida.
El camino regreso a Konoha no pudo ser mas empedrado, tanto literal como figurativamente. Kakashi, el más experto del trío de ANBU, intentaba a como de lugar mantener bajo su rango de atención los movimientos del hombre al que "custodiaban" en estos instantes.
Le era demasiado sospechoso que dicho ser aceptara las condiciones que ellos… él, había exclamado una vez recobro la compostura.
Sin decir palabra alguna, sin mediación, negación o sonido que develara las intenciones de quien en aquellos instantes pudo haberlos matado sin problema alguno.
No obstante, su apego hacia su objetivo, estaba más claro que el agua. Más aun cuando a pesar de las plegarias del miembro femenino del equipo, dicho hombre jamás dejo escapar de sus manos al pequeño niño. De hecho el único estatuto que le hizo reconsiderar el escucharla, era cuando ella enojada insistía que el joven necesitaba de una revisión médica.
Eso si le permitió, sin embargo, bajo su mirada de halcón, sumado a una de sus manos peligrosamente cerca del mango de una de sus temibles espadas.
Al terminar el procedimiento, el sujeto en cuestión volvió a tomar posesión del cuerpo inconciente de quien ellos conocen como Naruto Uzumaki, ahora apellidado Gyakuten, bueno al menos ya no mas al ver que el pequeño pueblo ahora no era más que un gran cementerio donde pronto solo los animales carroñeros residirían por un corto periodo de tiempo.
El de melena plateada le vigilaba constantemente, buscando una debilidad evidente en su caminar, que para su frustración, aparentaba ser: grácil, fluido y por sobretodo, sin fallas.
Eso implicaba que el hombre estaba a un nivel completamente superior al suyo, quizás al mismo nivel que un Kage, más eso solo eran especulaciones producidas por el estrés del momento, mas aun así, sabia que mientras mas cerca de la aldea estuviesen, mas ventaja ganarían al estar no solo en terreno amigable, sino que los refuerzos tardarían mucho menos en acudir en su ayuda.
Y sabia que alguien con su nivel y experiencia conocía de estos datos tan bien como el, por lo cual no podía estar mas nervioso. O el hombre era tan poderoso como creía, o simplemente su ego y su confianza estaban obnubilando su juicio, al creer que el solo podía con toda una aldea.
Kakashi creía… no, deseaba que fuese la segunda opción.
Sus compañeros parecían inseguros de si mismos, no que fuesen inexpertos no, sino que un guerrero sabio sabía escoger sus batallas. Lo cual le indicaba que ellos también habían llegado a las mismas conclusiones que atormentaban su cabeza.
El pequeño gruñir del niño solo sirvió como excusa para que los ANBU dieran un respingo casi imperceptible para el ojo no entrenado. Al menos por una fracción de milésima de segundo ellos estuvieron ligeramente aterrados de que eso fuese la señal que esperaba el hombre para atacarles.
No obstante, dicho sujeto solo poso sus manos sobre el cuello del chico, y con destreza solo aprendida por medio de la experiencia y practica. Noqueo al pequeño con tal habilidad que el chico nunca pudo tan siquiera abrir los ojos por un instante.
El más grueso del trío intento protestar la acción del desconocido, mas Kakashi sabía que era el método más seguro de que el chico no sufriera más estrés del que ya ha vivido.
No saben cuanto tiempo el chico había estado encerrado en ese calabozo, por lo que el sacarlo al aire libre, bajo el yugo de completos desconocidos, podría ser el tipo de sorpresa que traumase al joven por el resto de su vida y eso, no podían permitirlo.
Reluctante, les informo que debían continuar su camino, no antes de que una nueva presencia de Chakra en las cercanías enviase a todos a excepción de su "invitado" en modo de alerta, informándoles que en definitiva el hombre conocía a quien se estaba acercando, de nuevo Kakashi maldijo por lo bajo, confiados creyeron que el sujeto estaba cooperando con ellos, cuando solo estaba esperando apoyo para eliminarlos sin poner en riesgo la salud del niño que aun sostenía en sus brazos.
Estaba nervioso, debía admitirlo, pero sabía que si no recobraba la compostura estaría en muchos más problemas. Por lo que calmándose lo más rápido que pudo intento medir el nivel responsabilidad que ahora residía en sus manos.
- ¡Piensa Kakashi, si quisiera emboscarte su compañero habría enmascarado su presencia con tal de asestar un golpe limpio y rápido, por lo que dar un adelanto de que esta acercándose a nosotros no seria lo mas conveniente! – maquino el ANBU de la mascara de perro.
Estuvo a punto de dar sus órdenes para cuando la presencia finalmente les había alcanzado. Vistiendo en su mayoría ropas blancas y civiles.
La enorme camisa que portaba estaba abierta de par en par, mostrando su pecho desnudo al mundo entero sin vergüenza alguna. De sus bíceps para abajo una gran cantidad de vendajes ocultaban el resto de su piel. Tenía pantalones de la misma coloración que la parte superior de su ropa. Sus tobillos también estaban cubiertos por vendajes, mientras que sus pies estaban calzando un modesto par de zapatos de envergadura china.
Su cabello, casi tan desarreglado como el Hatake, era de un castaño oscuro, casi llegando a ser negro, largo y apenas sujeto por un grueso trozo de tela de color rojo sangre, mas eso no era lo impresionante del sujeto. No, el no era del tipo de hombres que admiraba el físico de otros de su mismo sexo.
Lo que verdaderamente llamo su atención es la enorme espada que el sujeto en cuestión portaba en su espalda, siendo evidencia de que el recién llegado, a pesar de su fachada de civil. Estaba entrenado en las artes Ninja, y peor aun, que su fuerza debía ser sorprendente, si andaba con ese Zambato, como si no pesare en lo absoluto.
Sus compañeros se alistaban para defenderse, huir si era necesario, al menos hasta que el hombre, de unos aparentes treinta años decidió abrir la boca. - ¿Qué demonios estas haciendo, pensé que nos reuniríamos en el orfanato? – Dijo el sujeto como si ellos no estuviesen allí, o al menos como si no le fuesen de importancia. – ¿Tienes alguna idea del infierno que tuve que pasar ante Kasumi? Y su incesante parloteo de tu bienestar. –
Estaba enojado, confundido y a la vez muy asustado. Si este hombre no se daba la tarea de tomarnos en cuenta, es que quizás era tan hábil como lo es el sujeto que estaba a mi espalda. – No muevan un músculo. – dije con fingida serenidad, al percibir el ligero movimiento en las piernas de mis compañeros.
Tal estatuto, fue lo único que basto para llamar la atención del recién llegado. – ¿Y quienes son los enmascarados, no estamos muy grandecitos para estar usando mascaras del festival de Tanabata? –
Intente contener mi molestia, al parecer el sujeto no era mas que un gran idiota. Uno que no tiene ni la menor idea de que significado poseían las mascaras que cada uno de nosotros portaba. ¿O tal vez solo intentaba instarnos a atacar?
Eso fue lo que pensé, hasta que múltiples presencias llamaron mi atención, todas ellas conocidas por mí.
- Formación numero quince, intenten contener y perdurar el mayor tiempo probable… los refuerzos ya están en camino. – agregue con ansiedad mientras formaba varios sellos en mis manos a una velocidad vertiginosa.
Me preocupaba que los sujetos no parecieran preocupados en lo absoluto ante nuestro estatuto. El alarido de Neko y Bunta me sirvió como indicativo de que oficialmente estaban en una pésima situación.
Con mi Sharingan pude percibir como el recién llegado aplicaba una gran cantidad de Chakra a sus puños, y posteriormente, el como redirigía esta energía acumulada a través de los mismos hacia el cuerpo de sus victimas. Provocando el daño de varios impactos, aun cuando en realidad solo había sido uno solo.
Estuve a punto de poner en práctica la técnica con su propio ejecutante, cuando mi ojo capto una acción futura acercándose a mi rostro. Eludí lo mejor que pude, antes de que para mi sorpresa, el apéndice del cual intentaba escapar aun había conseguido dañarme. No me sorprendió ver que el sujeto que portaba el emblema de los Uzumaki aun tenía su pierna en el aire para cuando fije mi vista en el atacante.
Por alguna razón, simplemente supe que si el hombre lo hubiese deseado, en estos momentos no estaría en pie, lamentando mis heridas como ahora lo estaba haciendo.
…
Al menos hasta que una enorme presencia se hizo sentir entre los Shinobi restantes. Una presencia que Kakashi conocía muy bien, y de la cual estaba muy agradecido.
Sarutobi Hiruzen, el Sandaime Hokage de Konohagakure no Sato, finalmente había llegado a la escena con un pequeño escuadrón de ANBU a su disposición. No obstante, jamás espero que el venerable pero poderoso Dios de los Shinobi, palideciera ante la visión que embargaban sus ojos.
Mucho menos que el sujeto de quien ahora estaba oficialmente aterrado, hablase con tanta calma ante su Hokage. - ¡Tanto tiempo sin vernos, Hiruzen-dono! –
Para el shock de muchos de los allí presentes, Sandaime no hizo mas que fruncir el seño, antes de acariciar su cien, intentando apaciguar una evidente migraña.
- ¿A que debo esta sorpresa joven Ryu? Pensé habíamos acordado que Hi no Kuni estaba fuera de los limites que debías cruzar. A cambio de nuestra protección del ultimo heredero de la familia Uzumaki. – El anciano intento como pudo ocultar su nerviosismo, al menos su exasperación por como se habían tornado las cosas.
No pudo evitar dar un respingo al escuchar la ligera carcajada que el sujeto soltó ante sus palabras. – Ahórrate las excusas Hiruzen-dono, ambos sabemos que el contrato pereció hace unos seis años. Y que en mis manos, no tenemos más que una farsa que decidiste llamar bajo el nombre de mi familia con tal de ocultar su verdadera procedencia. –
Esta vez fue Sarutobi quien desplegó un amplio margen de instinto asesino ante las palabras del joven. Sabia que estaba caminando en hielo muy delgado, mas con terceros a la escucha. – Guarda tus palabras Joven Ryu, no sabes cuantos problemas me ha costado proteger el legado de Konoha. –
Una respuesta a sus acciones no tardo en resaltar, inquietando a los ANBU presentes, debido a la enorme presión que el sujeto parecía demostrar. – Ya cedí a mi hermana, por decisión propia y unánime a uno de tus hermanos en armas Hiruzen-dono, no pienso ceder a ningún otro miembro de mi familia sin que sangre sea derramada en el proceso. – Ante sus palabras todos los ANBU se alistaron para el combate, al igual que un sonriente acompañante de apariencia civil.
Sarutobi detuvo todo con un ligero movimiento de brazos, sabían que estaban en mala posición, mas aun porque el niño aun seguía en brazos de quien ahora era el objetivo principal de sus Ninja. – Naruto no puede irse contigo joven Ryu, ya he confiado demasiado en viejas amistades y mira en lo que ha terminado. No, no repetiré el mismo error dos veces, esta vez Naruto se va conmigo… por las buenas o por las malas. –
Una escueta carcajada sorprendió a los presentes, a todos menos a Sarutobi, que conocía realmente el poder de quien estaba ante sus ojos. – ¿Realmente crees que puedes detenerme Hiruzen-dono? El poder que conociste con anterioridad no es hoy en día ni un veinticinco por ciento de mi verdadero limite. – comento el hombre que portaba en brazos al niño. Mientras lentamente se posicionaba para lo que quizás seria una batalla venidera.
Sarutobi decidió probar el campo antes de entrar de lleno a lo que podría ser un brutal encuentro entre viejos conocidos. – Ambos sabemos que estas exagerando, nadie puede ostentar tanto poder como alegas. – En un suave movimiento de sus muñecas, el anciano arremetió en contra de su objetivo, intentando ver si sus palabras portaban algo de verdad.
Su posición firme, su mirada seria, sus músculos calmos y su forma de moverse ante su arremetida le revelaron todo lo que necesitaba saber. – Lamento que esto tenga que llegar a estas alturas joven Ryu, pero realmente aprecio mucho al niño que tienes en tus maños, y no dejare de luchar hasta verlo seguro dentro de la aldea. – Dicho esto rápidamente se alejo de su contrincante, formando algunos sellos con su mano, y sacrificando un poco de sangre para llamar a su compañero de luchas.
- Emma. No vendrá, Hiruzen-dono… ninguna invocación puede ser atraída a estos terrenos, no gracias a mi compañero de travesieas. – Confeso, con serenidad el hombre de verduscos ojos. Su amigo, alzo su mano en reconocimiento, admitiendo su participación en tan especial maniobra.
- No es nada del otro mundo, un par de docenas de sellos rodeándonos y problema resuelto. Cero invocaciones en un radio de trescientos metros, hasta que cada uno de los mismos sea removido de su lugar. – Agrego el de cabello castaño. Logrando que Sarutobi se diese cuenta que estaban en una situación precaria, tanto el como sus Jounin, al no tener sus preciados aliados en la ecuación.
Siendo el mismo, decidió entrar desde otro ángulo. – Por favor, joven Ryu, debes entender que Naruto es muy importante para nosotros. – Agrego el sexagenario mientras intentaba en vano convencer a su viejo amigo sin conseguirlo.
- ¿Por qué debería escucharte Hiruzen-dono? Tienes idea de lo que me encontré en esa villa, tienes al menos un mínimo de culpa en tu conciencia sobre los horrores que esta criatura tuvo que pasar por todo el tiempo que residió en ese infierno llamado Toori no Kome. – Solo con ver la mirada de dolor y sufrimiento en el anciano le basto para saber que al menos se hacia una idea de que ocurrió.
- Sagara, quiero que vigiles de cerca de cada uno de los sujetos enmascarados, ninguno de ellos tienen permitido el interrumpir esta platica. Y si lo intentan, tienes terreno libre para disponer de ellos, según te indique tu conciencia. – Dicho esto, el hombre bajo el nombre de Ryu comenzó a retroceder algunos pasos en dirección de un pequeño claro a unos cuantos cientos de metros del lugar, seguido muy de cerca por un ahora algo inquieto Hokage, que sabia que las negociaciones le saldrían incluso mas caras que hace unos años atrás, cuando este mismo chico le acorralo junto con Yondaime, por la seguridad de su querida hermana, quien había sido desposada por el rubio apostado a ser próximo líder de Konohagakure no Sato. – ANBU, no hagan ningún movimiento precipitado, esta discusión debe ser privada, y cualquier insurrección solo traerá consecuencias lamentables. – Cada uno de ellos intento negarse a la petición de Sarutobi, antes de que Inu hiciera de intermediario entre ellos. – Hokage-Sama ha hablado… nosotros obedecemos. -
Sarutobi simplemente bajo la cabeza en reconocimiento al joven Hatake, antes de partir en dirección de la negociación mas difícil que jamás tendrá que enfrentar.
- El niño ira conmigo, no dejare que la sangre de mi hermana sea derramada aun más. – Expreso con finalidad Ryu mientras observaba a su antiguo aliado. – Me temo que no puedo permitirlo, sabes bien que no solo es el heredero de los Uzumaki, sino que también es el legado de Namikaze Minato, no puedo entregártelo aun cuando eso implique la confrontación entre ambos. – respondió decidido el anciano, mientras intentaba controlar su jaqueca con algo de nicotina.
De nuevo el sujeto de los ojos verdes guardo silencio. – Comprendo la situación, mas aun la carga que este niño porta sobre sus hombros, pero tus habilidades parecen decrecer, diez años atrás jamás habrías caído con un truco tan bajo como un campo de supresión de invocaciones… te guste o no Hiruzen-dono, no puedes proteger al niño tan bien como lo deseas, y los que te rodean solo desean su perecer… Naruto se va conmigo. –
Sarutobi guardo silencio ante este estatuto, más aun porque había golpeado duro en su orgullo, además de su corazón. Incluso el efecto empeoraba debido a que conocía que solo hablaba con la verdad. Gyakuten Soutetsu era un viejo amigo suyo, a quien creia confiable hasta el punto de seder ante sus plegarias de adoptar al niño. Obviamente, se habia equivocado y con creces, al descubrir la verdad sobre las intenciones de su viejo camarada de la infancia.
- Le prometi a Minato que protegeria del niño, que creceria en Konoha para amarla casi tanto como el y Kushina llegaron a hacerlo. – Comento cabizbajo ante la perdida que tendria, mas aun porque no sabia si estaba en las condiciones apropiadas para derrotar a alguien treinta años mas joven que el.
Nunca supo que sus palabras habían golpeado al hombre más fuerte de lo que alguno de sus Jutsu lo pudo haber hecho.
- Nunca supe que fue lo que Konoha poseía que nuestro hogar no tuviese… cierto, éramos los últimos sobrevivientes del clan y del país, pero juntos hubiésemos podido reconstruirlo de sus cenizas, fue por eso que ambos partimos en distintas direcciones con tal de aprender de las mejores aldeas conocidas en el mundo. Ella se dirigió a Konoha, mientras que yo me adentre en los rincones más recónditos del planeta buscando las respuestas que necesitaba. -
Sarutobi, siendo un jugador diestro, supo reconocer una oportunidad para atacar. – Konoha es un lugar hermoso donde puedes criar a tus hijos sin temores ni prejuicios, no somos una fuerza malevolente que subyuga a sus ciudadanos bajo amenazas de muerte o abuso de nuestro poder militar. Somos un pueblo de posibilidades… al menos tu hermana pudo ver eso. –
- Y aun así, tu bien llamado paraíso no es más que un infierno para este pequeño niño. – agrego frío Ryu. Sarutobi no tardo en aclarar. – Naruto jamás ha sufrido daño físico en la aldea, esta es la primera vez que algo de tal magnitud ocurre. -
De nuevo, la escueta carcajada del hombre de mediana edad, tomo desprevenido al sexagenario. – En serio crees que es solo el daño físico, lo que causa su sufrimiento. –
Sarutobi no respondió, sabiendo muy bien que el chico sufría enormemente bajo las miradas crueles y frías de los aldeanos, mientras que el estrujaba por una respuesta del porque merecía semejante trato.
- Sabes bien, que a pesar de mi edad, te será muy difícil derrotarme Ryu, no importa cuanto hallas crecido, la experiencia aun esta de mi lado. – Dijo Sarutobi mientras tomaba una bocanada de humo en su pipa, intentando de nuevo apaciguar sus ansias con el químico llamado Nicotina.
Ryu decidió no responder a esa pregunta, sabia que el anciano tenia mucha razón, y que sus palabras anteriores no habían sido más que una "advertencia" abierta a los ANBU que esperaban una oportunidad para atacarle.
Al final, el solo decidió colocar el chico en el suelo, acariciando su rostro a medida de que limpiaba su frente para prepararlo para el procedimiento venidero.
- Sabes bien que tres de las cuatro joyas que causaron la eventual destrucción de mi país se encuentran bajo mi poder. He decidido otorgarle a Naruto una de ellas, como muestra de su herencia latente. -
El Sandaime rápidamente protesto ante lo planteado. No podía permitirlo de ninguna manera. Por lo que con una rapidez endemoniada, procedió a patear con firmeza el mentón del chico, atravesando la distancia que los separaba en menos de lo que tardaba un parpadeo.
Para su sorpresa y posterior grima, la silueta ante el no hizo mas que dispersarse en agua después de tan agresivo ataque. Indicándole que de hecho, Ryu jamás estuvo tan cerca de él como para dejar una apertura tan obvia. – De hecho, en el camino hasta aquí, no tarde en colocarle una joya justo donde comienza su cuello. Disfrazándolo como una técnica de noqueo. El chico perdió la conciencia tan rápido como la piedra exigió una gran porción de su Chakra. –
Sarutobi maldijo en voz alta. – SABES LO QUE HAS HECHO, LO QUE PUDISTE HABER OCASIONADO AL INTRODUCIRLE SEMEJANTE BARBARIDAD EN SU CUERPO. –
Ryu simplemente apareció de entre las sombras exclamando la razón de sus acciones. – El sello esta diseñado para contener, purificar y posteriormente absorber el Chakra del Bijuu que se encuentra dentro de él. No obstante, las joyas de Noboru traerán al chico a un nivel completamente distinto al que habías planeado… No dudo de tu poder, mas si de tu alcance, no pudiste proteger al niño en aquel entonces, ni pudiste ahora. ¿Como esperas que confié en tus palabras? cuando tus acciones indican lo contrario. Naruto debe estar bajo mi cuidado, y si me apetece, quizás por el honor de mi hermana y su marido, le deje acudir a tu aldea una vez halla terminado con el. –
Sarutobi sabia que estaba acorralado, nadie en su aldea sabía que consecuencias traería la introducción de otro sello dentro del niño. Más aun, este tipo de noticias no haría más que poner en riesgo el bienestar de Naruto. – Prométeme que lo llevaras a la aldea de forma regular, no lo apartes de aquello que sus padres amaron con toda su alma. –
Ryu simplemente pensó en lo que el anciano había dicho, maldiciendo por lo bajo de que aun amase demasiado a su hermana como para caer en un truco tan barato y sentimental como ese.
- Dentro de dos años y medio lo veras en tu aldea, con el único motivo de pasar un par de meses entre los niños de la academia. Nada mas, nada menos, de allí en adelante dependerá de su propio juicio si desea el quedarse o no. -
Dicho esto simplemente desapareció en una nube de humo. Sarutobi, comprendiendo que no había otra solución, más que confiar en el hombre, no tuvo más opción que tener esperanza en que cumpla su palabra. Mientras tanto, si sus sentidos no le engañaban, tenía que hablar con sus ANBU que lentamente se aproximaban a el, portando en sus brazos a los dos miembros caídos con anterioridad, al menos reconfortándole el saber que tan solo se encontraban inconcientes.
Perdóname Minato… Kushina. –
Continuara…
