Segundo capítulo! Espero que guste ;) Me ha costado un poquito más pero a base de improvisar...ha ido saliendo ;)
Nos vemos!
Beckett se despertó en cuanto amaneció. Miró el reloj de su padre que reposaba en la solitaria mesita de madera al lado de su cama. Marcaba las 6.30 am. Suspiró, miró la ventana y se recordó mentalmente que debía comprar por lo menos unas cortinas ya que como en todos los lugares de Norte América no existían las persianas y el sol se filtraba por la ventana para darle los buenos días en cuanto salía.
Miró a su alrededor. Las paredes desnudas. Apenas una cama, un armario, su maleta a medio hacer. Sintió el fuerte palpitar de su corazón que con ansiedad le recalcaba que esa no era su casa, que ese no era su hogar, y que sin su madre, jamás volvería a considerar algo un hogar si no quería volver a sufrir.
Se irguió y se quedó unos minutos sentada, mirando el suelo. No tenía nada que hacer y apenas eran las 6.30 am.
Debía buscar algo que la motivara… pero sabía que en ese momento lo único que le quedaba era el dolor que yacía en su interior.
Se levantó y salió al salón. Todo estaba en silencio. Sopesó las diferentes opciones que tenía: Hacer el desayuno. Salir a correr. Ver la televisión.
Sonrió. Podía salir a correr y luego preparar el desayuno en agradecimiento a esos tres días que ya llevaba allí.
Se giró para dirigirse a su habitación y vestirse cuando se chocó de frente con el pecho de Rick.
-¡Jesús! ¡Richard!-se llevó una mano al pecho y le miró. -¿Quieres matarme?
Le miró de arriba a abajo y fue entonces cuando se percató del atuendo del escritor. Calzoncillos. Sólo eso. Por suerte, algo anchos. Y algo infantiles.
-¿Llevas calzoncillos de Spiderman?-entrecerró los ojos.
Castle llevó sus manos a su entrepierna intentando tapar todo cuanto podía.
-¿Qué pasa? Son molones.
-Tienes 24 años no 10.
Rick rodó los ojos.
-¿Qué haces despierto?-preguntó molesta- ¿Acaso me vigilas?
-Que engreída. Estaba escribiendo-se rascó el cabello, desordenándolo más aún y bostezó-y venía a beber un vaso de leche antes de ir a dormir… eras tú que estabas ahí parada y no me dejabas pasar.
-Podrías haber avisado.
Castle la miró. Desde el principio sabía que tenía que tener paciencia, pero a veces no dudaba en apretarle un poco para que reaccionara.
-Claro, me pondré un cascabel en…
-Cállate-masculló la muchacha.
Ambos se quedaron en silencio y cuando fueron a hablar, Martha, en pijama y bata de seda, algo estrafalaria, interrumpió en el salón.
-Niños… ¿Qué demonios hacéis despiertos?
Beckett fue a hablar pero Rick le interrumpió.
-Beckett quería ver como es un hombre de verdad-sonrió y alzó su brazo marcando bíceps.
Kate le golpeó molesta y miró a Martha.
-Sólo me desperté por la luz…y….bueno…lo siento… yo…
-Hey, querida-Martha la tomó de la mano-esta es tu casa también, no tienes que estar siempre disculpándote por todo… ¿ok? Quiero que estés cómoda, y por eso… Richard, te va a acompañar a…
-Madre yo tengo cosas que hacer…
Martha le miró duramente.
-No… yo…
-Kate, Richard no tiene nada que hacer y te acompañará a comprar lo que necesites… ¿A que si, querido?
Finalmente, Castle asintió.
-Pues ala, id a vestiros y mientras prepararé algo de desayunar.
Sin decir nada, cada uno se dirigió a su habitación. Tras un buen rato, Kate salió vestida con unos vaqueros algo gastados, sus viejas converse negras y un jersey del mismo color de cuello alto. El cabello suelto y apenas maquillada.
Ambos salieron al mismo tiempo de la habitación, encontrándose en la puerta. Si lo hubieran querido hacer apropósito no les hubiera salido.
Castle iba con unos vaqueros seguramente caros, zapato informal y un fino jersey de punto, color morado y cuello en pico. Beckett no pudo evitar fijarse en su cuello, su espalda ancha, su cabello ahora bien peinado y su fragancia masculina.
Apretó los labios sin comprender como físicamente le podía atraer y como odiaba tanto su actitud… pero aquello no era algo nuevo…recordaba lo nerviosa e intratable que se ponía cada vez que su madre lo nombraba.
Al llegar a la cocina, cada uno se sentó en su taburete correspondiente y bebió de su taza. La de Beckett azul. La de Castle Negra.
Los tres se sumieron en silencio mientras degustaban las tortitas –algo insípidas- de la actriz. Beckett no pudo evitar pensar en los increíbles ojos azules del escritor al alzar su mirada y clavar sus ojos en los de él. Recordó lo mucho que le gustaban cuando era niña, cuando él era un adolescente…el mismo capullo al fin y al cabo, pero ambos unos niños.
Sonrió y supo que el escritor jugaba con ella, sabía usar sus armas. Sabía que ahora… tenía más mujeres a su alrededor por su fama, su dinero, su actitud de canalla, su sonrisa, sus ojos…esas manos.
Incomoda por esos pensamientos, Kate terminó su último trozo y dejó todo en el fregadero mientras espero a que Castle terminara.
Salieron por la puerta, lo más separados posibles, no por nada los dos estaban haciendo el esfuerzo de soportarse, sobretodo frente a su madre.
-¿A dónde quieres ir?
-¿Ikea?
-Que buen gusto-murmuró irónico.
-Mira Castle, si hago esto es por tu madre…yo no pretendo quedarme mucho aquí, puedo valer de mi misma…
Ambos se subieron al coche de él mientras hablaban, o más bien, discutían.
-Genial, yo tampoco quiero tenerte cerca…
-Pues…tu tienes un piso, lárgate.
-Es casa de mi madre, si quiero me quedo.
Beckett se cruzó de brazos.
-Pues… pues… eso-le miró-si voy a Ikea es por que no quiero gastarme dinero en muebles por que estoy de paso…
-Ya…-Castle siguió pendiente de la carretera mientras a su lado Beckett cambiaba de emisora molesta-¿Puedes parar de tocar?
Beckett apretó su mandíbula y dejó la última emisora, música de los 80 y se perdió en los rascacielos de la ciudad que se alejaba tras ellos.
Un rato después y tras las muchísimas quejas de él mientras compraban tal como si fuera un niño pequeño. Ambos regresaron al apartamento. Beckett entró cargadas de bolsas y se topó de frente con una pelirroja que no esperaba.
Pelirroja, alta, delgada, con ropa cara y pose de diva.
-Meredith-Castle prácticamente apartó a Beckett de en medio-¿Qué… Como…has entrado aquí?
-Bueno cariño, fui a tu casa… y al no estar, cogí tus llaves…las otras.
Castle asintió.
-¿Dónde estaban?
-En la nevera…-La pelirroja abrió los ojos desmesuradamente-no sé que pretendías…
Castle la miró confuso.
-Y bueno, al ver que aquí tampoco había nadie, entré…acabo de llegar…
Beckett se quedó mirándoles y se sintió incomoda al ver que ni siquiera se habían percatado en su presencia cuando empezaron a besarse con ganas. No supo el motivo o no supo quererlo cuando sintió una punzada en su pecho.
Meredith se separó de Rick y miró en dirección.
-¿Y esa niña?
-Ah…ella…es…
-Soy Kate. –soltó una bolsa para estrechar su mano, pero Meredith ni se dignó a ello. Beckett apartó la mano y su actitud cambió en cuanto escuchó a la novia de Castle.
-Ah, Katherine…la niñita huérfana…la feúcha…que te toca vigilar…
-¿Perdona?
-Bueno…eres…una niñita y…tu madre…
-Meredith-interrumpió Castle a tiempo metiéndose entre ambas.
Kate miró a Castle con una mezcla de dolor y decepción y el escritor a pesar de sentirlo pesadamente en su interior, tomó de la mano a su novia y la llevó al comedor para no empeorar las cosas.
Beckett agarró sus bolsas y con un portazo se encerró en su habitación.
Miró todo y estuvo tentada a recoger y largarse de allí. Ella sabía perfectamente que no pintaba nada en esa casa, que podía salir adelante sin la ayuda de nadie y que tenía que empezar a buscar a los culpables de la muerte de su madre cuanto antes.
Sintió como su pulso estaba acelerado y trató de calmarse antes de actuar, era algo que su madre siempre le recomendaba. No sabía si sentía más pena por el comportamiento del que creía su amigo, una especie de hermano mayor que extrañamente en ciertas ocasiones le atraía, si le dolía por que no la había defendido o si ella no había sido capaz de contestar a esa actriz de tres al cuarto que se lo tenía creidísimo cuando había mencionado a su madre.
Las lagrimas estaban apunto de ganar la batalla y caer libremente pero con sus pulgares las retuvo antes de que no hubiera marcha atrás. No recogió, al contrario, sacó las cosas de las bolsas para decorar su habitación.
Estaba tan perdida en esa tarea que no escuchó cuando la puerta de la calle se cerró y cuando la suya se abrió despacio.
-Becks…
Ella le ignoró.
-Beckett….-suspiró y sin pedir permiso ni obtenerlo, entró en la habitación viendo como la muchacha colgaba con dificultad las cortinas-déjame ayudarte.
-No-tiró de la cortina cuando el la agarró-no quiero ser ninguna molestia para ti, Richard.
-Katie…
-No me llames así.
-Katherine, mírame-Castle tiró de su brazo y esta miró sus ojos. Error. Tragó fuerza para no parecer débil ante él-Lo siento. Meredith es… a veces….ella no…-suspiró- perdóname la culpa es mía no de ella.
-¿Por ir pregonando que tienes que cuidar de mi y que soy feúcha?
Castle asintió apenado.
-Yo no quería esto…no he buscado esto sabes…
-Lo sé, sé que es muy difícil para ti…yo…lo lamento…lamento su actitud y el no defenderte…
Se encogió de hombros.
-No tenías por qué-Kate se dio la vuelta y siguió moviéndose por la habitación. Castle se quedó parado mirándola.
-No voy a pedir tu perdón… pero… esta pared…está muy desnuda…-dijo señalando y viendo como la chica le ignoraba-déjame…ayudarte…
-Castle te he dicho que…-se giró y se encontró sola en la habitación.
Al momento, entró más relajado, acercándose a ella con algo en las manos.
-Toma. Para que la cuelgues en la pared que quieras…
Kate se quedó mirando en lo que le entregó. Una foto, tamaño A-4.
-La encontré el otro dia, en mi habitación…se quedaría cuando hice la mudanza que se yo…
Kate deslizó los dedos por la fotografía. Una foto de Central Park: nevaba y estaban patinando. En la foto estaba ella, con unos seis años, agarrandose de Martha mientras Rick, con 11, bastante alto y con cara de travieso se agarraba del brazo de su propia madre.
Sonrió sin poder evitarlo y fue en ese momento que se permitió que una lágrima solitaria se deslizara por su mejilla.
Castle estaba en silencio.
-Pero es tuya…
-Tu te la mereces más…
Ambos se quedaron callados.
-Castle…ella te tenía mucho aprecio… y…
-Lo sé, por eso estoy molesto por no haber hablado antes…-Kate le miró y no dijo nada al respecto. Se mantuvo unos minutos en silencio y finalmente soltó un casi inaudible "Gracias".
El "Siempre" sonó tan bajito como un susurro pero le llegó tan hondo como la primera vez que se lo dijo, siendo unos niños y ayudándola a levantarse cuando había caído por culpa de un tropiezo. Justo como ahora, por que aunque quisiera evitarlo, lo que más le agradaba de él, es que siempre estaba ahí para levantarla, aunque se volviera un egocéntrico escritor millonario, tuviera una novia estupida y llevaran años sin verse.
Castle salió de la habitación para darle intimidad y Beckett se quedó buscando el mejor sitio para colocar la foto que le había regalado sin poder ralentizar el fuerte latido de su corazón causado por todos esos pensamientos que la estaban volviendo loca.
Continuará….
