¡Hola! Mucho gusto, espero y esto les esté gustando ya que es mi primera vez trabajando con estos personajes. Acepto críticas y agradezco de todo corazón si dejan Reviews, son como un motivo más para seguir subiendo esto *o*

Nota: Si quieren más realismo en la escena del piano escúchenla con esta pieza hermosísima "Chopin - Nocturno en fa menor Op 55 Nº 1"

Te rompe el kokoro, os lo aseguro TT*TT

Bueno finalizando, de nuevo os agradezco por leer y sin más…

Amour Sucré es propiedad de chinomiko-sama *o*, se aceptan todo tipo de comentarios pare llegar día a día mejorar más. Un saludo, os quiero.

CAPITULO 1: Una triste pero hermosa melodía.

Cuando desperté al tallarme los ojos sentí un ardor que me hizo correr al baño.

—Mierda.

Al mirarme en el espejo me sentí horrorizada de mi apariencia. Mis ojos están rojos e hinchados a más no poder. Joder ¿Ahora como iría a la escuela así?

Miré el reloj en la pared y solté otro "mierda" al darme cuenta que faltaban solo 15 minutos para que cerraran las puertas de la escuela. Me metí a la ducha y me bañé en un tiempo record, salí de casa vestida con las primeras prendas de ropa que estaban a mi alcance.

Cuando llegué ya no había nadie en los pasillo, saqué mi celular para poder ver bien la hora y solté otra exclamación. Había llegado 20 minutos tarde, y por supuesto la primera clase ya había iniciado. Derrotada caminé hasta mi casillero y recogí los libros de segunda hora.

— ¿Tu segundo día y ya andas saltándote las clases?—Preguntó una voz por detrás de mí, al reconocerla sentí un escalofrió recorrer mi espalda.

—Venga, si es el pelo de menstruación. —Volteo hacia atrás y nuestros rostros quedan a escasos centímetros.

El me miró en silencio para después soltar otra de sus carcajadas, haciéndolo retorcer de la risa. Cuando sentí su rostro lejos del mío un sonrojo inundó mis mejillas.

—Ya me habían dicho idiota, pero ese insulto es nuevo, tabla de planchar.

Abrí la boca intentando contestarle pero al captar mi nuevo apodo le solté un manotazo.

— ¿Qué dijiste?

— ¿Acaso también eres sorda?

Dios, dame la paciencia para tratar con un chico así….

—Mira ¿sabes qué?—El no contesto a lo que seguí hablando. —Te ignoraré.

—Oh ¿en serio? Dios, me importa tanto como las matemáticas. —dice mientras se aproxima a mí, yo retrocedo por intuición. —Te apuesto a que serás tú la que ruegue porque no te ignore.

Seguí retrocediendo mientras el daba un paso más, ya cuando acordaba estaba contra el casillero, acorralada por el demonio. El al darse cuenta de esto sonrió aún más. Asustada cerré los ojos cuando su rostro se aproximó al mío, y un escalofrió recorrió todo mi cuerpo cuando sus dientes mordieron mi oreja, haciéndome gritar en bajito.

—P…pervertido. —Lo empujo y el solo sonríe pícaramente.

En serio, estoy comenzando a odiar esa sonrisa…

La campana anuncia el fin de clases y yo salgo corriendo de ahí. ¿Qué le pasa? Lo odio. Es de lo peor.

Cuando entre al aula de español me sete junto a Nathaniel, quien me saludo con una sonrisa.

—Buenos días.

—Buenos días, Nath.

—Oye… ¿Estas bien? Tus ojos están llorosos y estas muy roja ¿No tendrás calentura? —Coloca su mano en mi frente con un semblante preocupado.

—No, estoy b…bien.

Necesito sacarme a Castiel de la cabeza, ¿Y por qué ahora le llamo por su nombre? Joder.

—Disculpen, buenos días Nathaniel. —Dijo una chica que se aproximó a pararse frente a nosotros.

Era muy bonita, o al menos sus ojos azules lo eran.

Nathaniel alejó su mano de mi frente rápidamente, como avergonzado de atraparlo en pleno acto, después miro nervioso a la chica de enfrente y sonrió.

—Hola Melody.

Esa chica se sentó al otro lado de Nathaniel, ni siquiera se dignó a mirarme y mucho menos me saludó. Venga, que modales.

En la clase alguna que otra vez la descubrí mirándome, o alguna que otra vez mirando a Nath con ojos ilusionados.

¿O y si era novia de Nath y aquí estoy yo de mal tercio?

Cuando sonó la campana me levante del asiento y salí del salón, debería de dejarles solos, no quiero ser una entrometida. No quiero seguir los pasos de Laetti.

Fui al baño a retocar mi maquillaje, no quería que pensaran que tenía conjuntivitis después de todo mis ojos seguían hinchados de tanto llorar.

Iba a entrar en los baños pero alguien me tomó del hombro, haciéndome girar para ver a unos ojos amenazantes consumiéndome con la mirada.

— ¿Tu eres la nueva?

Detrás de esa mujer con cara de "odio mi vida" había otras dos chicas, el agarre de la rubia; Que al parecer era la líder; me estaba lastimado, a lo cual solo lo aparte con un manotazo.

—Si. ¿Algún problema?

Enserio su mirada de superioridad me estaba cabreando…

Si le suelto un puñetazo diré que fue porque su mirada me estaba asqueando.

—Si. ¿Qué tienes con Castiel? ¿Por qué te lanzas sobre él desde el primer día? ¿Sabes que tienes que respetar el lugar de las demás? ¿Serás zorra?

Si la zorra serás tú querida…

¿Y por qué demonios tiene que venir el nombre de Castiel de nuevo?

— ¿Yo con él? Nada, querida. Te lo dejo, peor persona no puede haber.

Y eso pareció hacerla enfadar más, su rostro rojo de ira me hizo sonreír de satisfacción. ¿Qué tal te quedo la cara? Yo no soy una dejada.

—Deja de reírte, estúpida. —Y me soltó una abofeteada que me hizo abrir los ojos de pura impresión.

¿Qué acababa de ocurrir?

No. Ella no acaba de hacer eso.

Iba a regresársela, pero un brazo se pasó por mi cintura, haciéndome estar quieta.

—Mi amor, no te atrevas a dejarla peor de lo que ya está.

Miré sorprendida a Castiel, quien con una sonrisa me decía que siguiera su juego.

— ¿Peor? Si ahora ya me parece la exorcista.

Observe que casi se le salía una carcajada, pero la contuvo y se dedicó a darle una seria mirada a la rubia. Ella nos miró espantada, después se marchó recogiendo su orgullo ya pisoteado, seguido de sus dos secuaces.

Después de un silencio, ambos rompimos en una carcajada.

— ¿La exorcista? En serio me sorprendes cada vez más.

— ¿Viste su cara? —me carcajee aún más fuerte y Castiel siguió mi ejemplo.

Después de dejar de reírnos me alejé rápidamente de él y su brazo en mi cintura.

—Ella es Amber, una de mis tantas fans fastidiosas y acosadoras.

— ¿Tienes fans? Con ese pelo color rojo menstruación pensé que nadie se te acercaba por rarito…

El me dio un golpecito en el brazo y negó con la cabeza.

—Es color rojo intenso, y atrae a las chicas, pronto te veré a ti en la fila.

Solté otra carcajada y le regrese su golpecito juguetón en el hombro.

—Sigue soñando, querido.

—Castiel. Me llamó Castiel.

Dudé seriamente en decirle mi nombre, sin embargo por este acto heroico se le merece.

—Kaoru.

—Kaoru, ven, te enseñaré algo…—Su mano agarró mi brazo y me iba a guiar camino a un lugar, pero una voz lo detuvo.

—Ella tiene que ir a la siguiente clase.

Me giré y vi a Nathaniel. El en cambio, miraba con enojo a Castiel. Castiel cuando lo vio, apretó mi mano más fuerte.

— ¿Según quién? —Castiel retó a Nath.

Oh… mira que no se llevan bien.

—Según el reglamento.

Y antes de que Castiel saltara encima de Nath me alejé de su agarre y me puse en medio de los dos. Los miré con seriedad.

—Cálmense los dos. No te preocupes Nath yo por supuesto iría a clases.

Castiel me miró herido mientras que Nath me sonreía. El pelirrojo se marchó y en aquel instante sentí que había hecho algo mal. ¿Por qué debía preocuparme el que él se enfadara?

El día pasó rápido, no me volví a encontrar a Castiel sin embargo en clase de literatura conocí a Rosalya, una chica bastante guapa y agradable. Me contó que ella estudiaba aquí para lograr convertirse en una diseñadora de modas a talla mundial.

Cuando salí de última hora Rosalya me esperaba en la puerta, me sonrió como saludo y comenzamos a caminar rumbo a casilleros mientras platicábamos sobre cualquier cosa.

— ¿y tocas algún instrumento Kaoru? —Pregunta Rosalya

—Sí… El piano.

El piano era un desahogo en mi vida, aquel instrumento fue el único que no me dejo sola aun en mis días más oscuros. El y mi voz son lo más preciado en mi vida.

— ¿El piano?—pregunta Rosalya mirándome con sorpresa. —Pensé que serias alguien con gustos punk/rock.

Solté una carcajada y su rostro se mostró aún más confundido.

—Me gusta el punk/rock, pero yo nunca sería capaz de cantar eso. Mi voz se rompería en dos, y te lo digo porque lo intenté y mira que no pude hablar bien durante 3 días.

Recuerdo bien esa vez. Mi madre me regaño como nunca antes, ni siquiera podía hablar en susurros y si lo intentaba mi garganta ardía. Ah, pero la niña quería cantar una canción que no estaba moldeada a ella… Me encanta el rock, mi padre me pasó esos gustos, pero nadie podrá quitarle el primer puesto a mi querido piano acompañado de una voz ligeramente débil.

Imprevistamente Rosalya agarró mi muñeca y comenzamos a andar con prisa, le miré desconcertada y en sus ojos pude ver una nota de emoción.

—Tenemos un piano en la escuela.

Y al escuchar aquello mi corazón dio un brinco. Pensé que no volvería a tocar uno hasta dentro de unos meses, ya que no tenía el dinero suficiente para comprar alguno y meterlo a mi departamento. Cuando acordaba era yo quien arrastraba a Rosalya.

— ¿Por dónde?—Pregunto.

—En la sala de música, en la segunda planta.

Cuando llego puedo ver la puerta frente a mí, una placa con el nombre de la sala confirma mis dudas. Así que este era el salón de música…

Giró la perilla con mi mano temblando de la emoción y al empujar la puerta observo el hermoso piano de cola color blanco reposar en medio de la inmensa habitación de paredes blancas. Este cuarto parecía el cielo mismo, todo de un color blanco rebosando la tranquilidad, era un lugar perfecto para estar en armonía con uno mismo. Un lugar del cual estaba segura que se convertiría en mi favorito.

— ¿P...Puedo tocar?—Mi voz se escucha temblorosa y no por los nervios, al contrario, temblaba de la emoción.

Rosalya asiente con la cabeza y no puedo esperar más para adentrarme en aquel salón. Acaricio la tapa del piano con mis dedos y la levanto. Me siento en el banquito y toco una tecla, sonido que resuena por todo el cuarto.

Después de eso comienzo a tocar una canción que describa mis recientes fracasos en la vida.

Mis dedos van acariciando cada tecla, formando una triste pero a la vez hermosa melodía.

Con un ritmo lento que describe perfectamente mi inmensa tristeza. Aquella que me hace recordar la mirada con la que me despidieron mis padres, decepción. También cuando vi a Viktor besando a Laeti, seguido de un "No eres tú, soy yo"

Creí haber entrado en la desesperación, sin más mi tía me brindó su apoyo, me acogió en un pequeño pero cómodo departamento, ingresó mi currículo en la prestigiada escuela Sweet Amoris y me puso a ensayar día a día para las audiciones siendo así como mi tiempo para estar pensando en aquellas grandes decepciones desapareció por completo para ser sustituido por clases de canto y horas de estudio en mis libros de texto.

Y deje de tocar cuando salí a la triste realidad, me despedí de mi propio mundo, aquel en donde podía tocar horas y horas sin parar. Miré a Rosalya, quien estaba recargada en la puerta, mirándome con los ojos acuosos.

Cuando nuestras miradas se cruzaron, ella corrió hacia mí y me envolvió en sus brazos.

— ¿Oh cuanto has sufrido pequeña Kaoru?

Y por primera vez en mi vida, comencé a llorar frente a una persona. Envolví mis brazos en la delgada espalda de Rosalya y hundí mi rostro en su pecho.

Ella inspiraba esa confianza que tanto añoraba, era una mujer que prometía darte su apoyo incondicional en cualquier situación, aquella que con el tiempo se convirtió en mi mejor amiga.

Cuando me alejé de Rosalya para limpiar mi cara dirigí mi vista hacia la puerta y me pareció ver la sombra de alguien sin embargo le ignore.