"Compra"
Caminaba tranquilo por el pasillo, pasando entre los sirvientes dedicaban a sus labores. Su apariencia era tan formal como siempre. No obstante, en realidad solo era formal para ese tipo de eventos y cuando visitaba ese hogar, no es que no le agradara ese tipo de ropas pero para su particular gusto prefería prendas que le hicieran sentirse más libre.
Kuroo sonrió al encontrarse con sus compañeros, que de igual forma se encontraban pulcramente vestidos. El primero, de cabellos negros y ojos azules, de tez blanca y una cara de pocos amigos que solo ocasionaba que el pelinegro recién llegado buscase molestarlo.
Kageyama Tobio, hijo del presidente de los viñedos más cotizados dentro del territorio rojo y amarillo, único heredero y por lo tanto perteneciente a una posición social de lo más favorable desde su nacimiento. Podría darse el lujo de decir que podía regalar dinero a diestra y siniestra sin tener miedo a la bancarrota.
Saludo con una sonrisa, recibiendo un bufido del de ojos azules. No ha cambiado desde que lo conoció. A su derecha se encontraba el dueño de ese "palacio" de cabellos negros, ojos grises, piel blanca como la leche misma que era adornada con pequeñas pecas que se extendían a lo largo de su rostro y cuello, largas pestañas y delgados labios, en realidad no muy llamativo a la vista y con una gran falta de presencia. Sin embargo al observarlo de cerca de podría apreciar una belleza única. Encantadora.
Tadashi Yamaguchi, hijo del consejero del Rey del territorio amarillo, perteneciente a un linaje que tuvo gran presencia en cada una de las antiguas guerras, coronando su apellido como el candidato perfecto a ser el consejero y mano derecha del monarca de esas tierras, otorgándole de igual forma gran poder en las guerras. Familia al igual que la de Tobio rebosante en propiedades y dinero, sin embargo tal vez de toda la línea de antiguos líderes Yamaguchi era por lo mucho el más noble de todos ellos. Cosa irónica conociendo la lista de crueldades que abordaban a ese apellido.
—Has llegado tarde como siempre—objetó Kageyama al ver la sonrisa idiota que seguía en las facciones de Kuroo, aún se preguntaba cómo es que seguía siendo su "amigo". Suspiró y se cruzó de brazos, esperando su "justificación".
—Simplemente se me ha complicado, gajes del oficio— y efectivamente como era de esperarse para Kageyama había recibido la misma justificación de siempre. Kuroo pasó de largo extendiéndole una carta a cada uno—Tenia que recoger las invitaciones para esta noche, quita esa cara de amargado—Indico. Yamaguchi como Kageyama tomaron los sobres, mientras se preguntaban mentalmente por qué se encontraban metidos en ese tipo de "cosas" —. Ya saben, es muy difícil entrar, tienen privilegios por ser hijos de quienes son, deberías ser más agradecido querido Tobio.
—Nada de querido Tobio —dijo molesto. Yamaguchi solo sonrió, esos dos nunca dejarían de llevarse de esa forma tan retorcida.
—Gracias Tetsuro—agradeció el de ojos grises, terminando de acomodar su corbata, si tenía suerte tal vez esa noche encontraría lo que tanto ansiaba. Al igual que Kageyama ambos tenían una meta en común y el oficio de Kuroo les era de gran ayuda para ello. Claro…Sin dejar de lado los lazos que tanto los unían desde que tenía memoria—. Ojala esta vez Kageyama y yo tengamos suerte.
—En realidad—llevó su mano a su barbilla, pensativo—creo que esta vez la tendremos—. Las miradas de los más bajos se iluminaron con suavidad, no se mostraron efusivos ni mucho menos gritaron de felicidad como la gente normal suele hacerlo en ese tipo de ocasiones. Saben que todo puede tratarse de una ilusión, que puede ser que esos sean chismes infundados y que puede traer consigo una gran desilusión. —Además escuche que tienen varios especímenes nunca antes vistos, varios marcados y claro nuevos…Salvajes si así les quieren llamar, será una noche muy entretenida al ver a los viejos y familias ricas pelearse por ellos.
—Eres raro—fueron las simples palabras de Kageyama antes de acercarse a Yamaguchi y terminar de acomodar la corbata que el menor solo había dejado hecho un desastre —Y tú eres un bueno para nada Tadashi… No puedes ni con un simple nudo de corbata—Suspiró. Tadashi río ante esa ofensa y se dio por vencido, si seguía enredando más la corbata terminaría estrangulado.
—¿Nos vamos pequeño Tobio? ¿Tadashi? —Preguntó. Ambos jóvenes asintieron no sin antes una protesta de parte del de ojos azules por ser el único en ser llamado pequeño.
—Discúlpame por ser un año menor que tú, señor dinosaurio—riñó. Por tercera vez Tadashi suspiró, abrió el holograma de su muñeca y ordenó rápidamente un auto de sitio que los llevaría al lugar designado. Es decir, no podían llegar a ese tipo de eventos anunciando la posición de su familia y menos que pertenecían a la misma.
Esperando así, al fin encontrar aquello que tanto deseaban.
Territorio rojo, China.
Observaba todo con aburrimiento desde el trono de su palacio. Un suspiro, los ojos entrecerrados, detestaba esa vida, simplemente odiaba el ser un Rey. No por las comodidades, está de más decir que el disfruta las atenciones, el gastar dinero como si no hubiese mañana, gobernar a sus subordinados, el poder herir, gritar, el obligar a la gente a hacer cosas que no quieren y bufarse de sus rostros desesperados… ¿Quién dijo que un Rey debía ser compasivo con su pueblo? Nadie, y esa era una de las diversiones favoritas de Oikawa Tooru. Acorralarlos hasta que terminen hincados ante el pidiéndole perdón, jurándole lealtad. Saborear el poder y control que tiene sobre todos y cada una de las almas de ese territorio.
Entonces… ¿cuál era el problema? Bueno, a veces eso le aburría y detestaba pensar en lo que tenía que esconder, sobre todo en que debía buscar el "bien" para esa basura bajo su poder.
—Vámonos Tooru—Anunció desde la puerta su actual mano derecha, el guardián de la "Familia Real" de ese territorio. Cabello corto y negro, desordenado, con facciones marcadas y cejas poblados que le hacían lucir como un amargado de primera. Aunque tal vez eso no estaba lejos de la realidad. Si había una sola persona a la que Oikawa le tuviera respeto y miedo a la vez era a él, Iwaizumi Hajime. Suspiró derrotado y se alzó. Tenía un importante evento hoy y le era tedioso el hecho de tener que tomar un Jet, pero con suerte todo eso valdría la pena.
Oikawa dio un chasquido de dedos y observó cómo dos de sus más fieles sirvientes de hacían presentes en menos de diez segundos.
—Realmente espero que esta vez los encuentre, mi Rey— ante sus palabras Oikawa afirmó complacido. Esos dos sin lugar a dudas compartían su deseo a pesar de las grandes diferencias que los marcaban.
—Así será Yuu, pronto estarán con nosotros. Sé que tú y Asahi estarán contentos de verlos de regreso—Y esa sonrisa encantadora que pocos conocían se dibujó en los labios de Tooru. Iwaizumi ladeó el rostro, no le interesaba ver ese tipo de gestos en ese Rey egoísta y mimado.
Tras sus palabras Nishinoya se apresuró a sacar la capa de seda y la corona de cristal con incrustaciones de gemas rojas que la mayoría del tiempo Oikawa debía portar. Para el Rey era divertido pensar en ella como una señal ante sus enemigos de que él era el blanco a matar, quitársela le quitaba diversión al asunto, al menos desde la perspectiva del castaño .
—Desactiva la seguridad hasta nuestra salida Asahi—ordenó Iwaizumi. El mayor de los presentes obedeció de inmediato, expandió sus palmas dejando a la vista el tablero de hologramas que manejaba toda la seguridad del castillo. Sería una molestia salir si Oikawa no portaba la corona ya que la misma lo reconocía como Rey y no una amenaza y abrir todo con su anillo, poniendo códigos y cuidando el mismo tiempo la espalda del castaño no se le antojaba más que al son de un fastidio, era la mejor opción y sin el Rey no veía caso tenerla activada—. Regresaremos mañana. Vamos Tooru.
Territorio neutral, frontera con el territorio rojo y el territorio amarillo.
Abrió sus ojos con lentitud, su cuerpo pesaba, su cabeza dolía y era poco comparado con el dolor abrumador que aun sentía en sus ojos… Lo habían cegado. Lo más seguro es que luego de atraparlo y darse cuenta de su elemento natural y de su tipo de rango lo habían hecho, dañaban su mejor arma, para evitarse problemas. Abrió la boca y se dio cuenta de la situación, estaba sumergido en algo, en un líquido extraño que a pesar de todo lo dejaba respirar, sin embargo no por el método convencional. Tenía un pequeño respirador en su nariz y bueno, su cuerpo estaba adormecido, al menos lo suficiente para no hacer ningún movimiento brusco.
A lo lejos enfocó sombras, que conforme pasaban los minutos poco a poco fueron tomando forma. Eran personas, la mayoría vestidas de traje y elegantes vestidos, charlando tan tranquilamente como si se tratara de un paseo en el parque. El líquido donde se encontraba fue cediendo, dejándolo finalmente en el fondo de lo que él pudo ver era una cúpula de cristal en forma de cascaron de huevo que lo mantendría a la vista de todos los curiosos que comenzaban a acercarse. Tembló internamente de rabia ¡él no era una exhibición! Menos una mascota para que esa lacra podrida lo mirase con esos ojos de deseo.
No, Hinata Shouyou era una persona libre que no podían mantener recluida en ese lugar.
Trató de mover sus piernas y de un tirón sacó el respirador que se encontraba en su nariz pero su forcejeo fue interrumpido por las cadenas transparentes que lo mantenían a raya de ese tipo de situaciones. Chasqueó los dientes y observó con asco a aquellos que se acercaban a tocar la cúpula, acariciándola como si él fuera un animal de circo y lo que tal vez más detesto fue el darse cuenta que todas esas personas portaban mascaras de diferentes tamaños y colores. Tratando de ocultar su identidad lo más probable. Claro, para la sociedad era indigno ese tipo de actos, sin embargo ahí estaban comerciando con ellos como simples objetos.
—Tsukishima…—susurró el de cabellos naranjas por lo bajo, observando al rubio a lo lejos y como este se mantenía quieto ante toda esa gente, sin una sola expresión en su rostro, sin molestia, sin enfado, sin felicidad… Sin ninguna sola expresión. A dos metres más o menos se encontraba Kozume, quien todavía se encontraba en ese líquido dormido. Se veía tranquilo, como si pasara de todo ese infierno que estaba seguro estaba a punto de vivir y no solo para él. Eso era un purgatorio al que todos los que se encontraban encerrados entrarían.
La vida suele ser muy cruel y el cómo y dónde naces suele darte un lugar predeterminado al crecer, el cómo vivirás, con qué suerte correrás… Todo se define por la cuna de la que provienes y eso era algo que Hinata al igual que Tadashi Yamaguchi, quien recién entraba a ese enorme lugar sabían. Es un destino del que no puedes escapar, porque está firmado no con tinta, si no con la más espesa sangre que es imposible de borrar….
—Quita ese rostro Tadashi—la voz de Kageyama lo sacó de su ensoñación, una donde no se encontraba en ese horrible lugar con gente tan podrida y sucia que no le apetecía nunca tratar.
Ante el mundo el sistema de Reyes era impecable, las guerras habían terminado y cada territorio vivía en "paz" no había monarquías, menos duques marqueses o condes. Solo un Rey que elegía un sucesor al morir o que simplemente perdía la vida ante alguien que quería derrocarlo. Es arrogante pensar que con eso extinguirían el deseo del humano por la oscuridad, por el corrompimiento y lo vulgar… No puedes suprimir los deseos más bajos del humano, por más paz o menos "delincuencia" que exista, por más reglas o seguridad que se crean… Es una ruleta donde el espíritu regresa a sus inicios, al abismo.
Yamaguchi lo sabía y lo detestaba, odiaba y repudiaba la crueldad y la forma en que trataban a los "Dragones". Sin embargo, el deseo más puro de su corazón se encontraba puesto en un solo motivo, en su amigo de infancia… En Tsukishima Kei, al cual le debía tanto…
Luego de tres años de búsqueda y cuatro de no saber nada de él y no lo culpaba por haber escapado, lo entendía: después de lo que había pasado con su familia incluso él se había roto. Lo que más temía en lo profundo de su ser era no volver a ver a Tsukishima o enterarse en el peor de los casos que había terminado en manos del mercado negro o de otra persona.
—Lo siento Tobio —suspiró vencido, acomodando la máscara plateada que portaba para no ser reconocido. El mencionado relajo el ceño y apunto a una mesa cercana, señalando la joyería del primer salón.
—Son hermosas… Forjadas del mejor oro y materiales, piedras y colores únicos—indicó con tranquilidad, tomando una copa de vino que le ofreció uno de los camareros. Sonrío con ironía y olfateó la bebida, era uno de los vinos más caros que su familia fabricaba—Escoge una, te hará sentir mejor.
—Pueden ser hermosas Kageyama, pero no su procedencia —Le recordó Kuroo, observando cada color y el precio de las mismas, un lujo que solo gente millonaria podría darse—Los matan para eso y no creo que Tadashi necesite más que ese anillo ¿me equivoco? —cuestionó con una pequeña sonrisa sincera, palmeando la espalda del de ojos grises, quien asintió de inmediato. Tobio chasqueó los dientes, mirando de reojo el anillo de oro blanco que Tadashi siempre portaba en su mano derecha con una piedra amarilla incrustada en el mismo—.Los venenos, medicinas, joyas, bolsas… Todo está hecho a base de sus membranas, alas y sangre, no usan la piel porque es como la de un ser humano, si no estos enfermos lo harían, matar a majestuosas criaturas para esto—sacó la lengua en señal de asco—aunque claro, generalmente suelen matar a los marcados o heridos durante una cacería, sacan mucho más de la venta de ellos vivos.
—Aunque tú no eres el más indicado para decirlo Kuroo—Mencionó Kageyama indignado, bebiendo el contenido de su copa de golpe—No me hagas recordarte lo que eres…
—Ya, ya pequeño Tobio~—revolvió el cabello del menor, suspirando para seguir caminando—. ¿Quieren ir al salón principal? Donde puede estar lo que tanto buscan—los menores asintieron, esa era lo hora de la verdad. Tadashi acarició su anillo, Kageyama arregló su saco y sin más se encaminaron al gran salón lleno de espejos y cristal donde las atracciones principales de esa noche eran exhibidas para la gran subasta que tendría cabida en unas horas.
Destinos que se cruzarían, puertas alguna vez cerradas se abrirían de nuevo y cosas inimaginables se desataría en la vida de varios jóvenes ahí presentes… En efecto, la vida es rara y marca caminos confusos, pero todo sucede por algo, todo sigue un destino del cual no puedes escapar…
Kuroo se separó de los menores, dando una vuelta del lugar para examinar a los especímenes de esa noche: varios con marcas, pertenecientes a familias poderosas y que de seguro en algún momento habían escapado y nuevamente eran atrapados. Muchas veces eso reducía o aumentaba el precio del Dragón, todo ello dependía de su anterior dueño. En lo personal, no estaba interesado en ninguno de ellos, aunque incluso algunos los recordaba perfectamente. Sonrió de medio lado, llegaba a la sección de sus favoritos: Los salvajes. Dragones nunca educados o sin dueños, que solo tenían la marca en frente, cubierta generalmente por su cabello, de cuerpo puro y habilidades sin pulir… Sin haber sido sometidos jamás. Dio una mirada rápida, memorizando sus rostros ya que estaba seguro en el futuro los vería. Algunos estaban despiertos, otros drogados y finalmente uno dormido, absorto de todo ese mundo. Uno de ellos, con una peculiaridad especial, que en seguida despertó su atención.
¿Raíces de cabello negro? ¿En serio? Una piedra tornasol y finalmente la marca artificialmente marcada en su frente ¿Cómo lo sabía? Bueno, él estudiaba a los mismos desde que tenía memoria y mucho más que eso, era mucho más que un simple "doctor" de Dragones. Pero no era momento de ondear en el tema, no ahora que estaba absorto en la belleza de ese ejemplar. Su blanca piel, su estrecha cintura y menudo cuerpo, sin cicatrices en su espalda, señal de que nunca había revelado sus alas. Era único… estaba seguro de que jamás vería a otro como él y por lo tanto debía ser suyo. La sonrisa volvió a sus labios, apegó su mano en la copula, dilatando sus pupilas con excitación al ver como poco a poco el espécimen dentro despertaba, mostrando unos hermosos ojos dorados como el mismo oro.
"Tienes que ser mío" Pensó para sí mismo. No dejaría que nadie más se lo arrebatara.
Kageyama suspiró por lo bajo, temía que luego de tres años ese chico siguiera sin mostrar señales de vida y no era que le importara mucho aunque en el fondo esos pensamientos eran mentiras para no hacer notar el verdadero interés que tenía por Hinata. Quien desde hace dos años no había tenido contacto con él, desapareciendo de la faz de la tierra de un momento a otro. No malinterpreten, Kageyama no tenía- a pesar de lo que muchos creen- malas intenciones con el chico, tenían su historia y una promesa que a pesar de tanto tiempo no pensaba romper, aunque sí. Le dolía aceptar que su egoísmo en aquel momento le dio la excusa válida al más bajito para no despedirse de él, mas con aquella amenaza que Tobio había soltado debido a su enfado ¿en qué pensaba en ese entonces?... Decirle que lo haría suyo por la fuerza o que lo entregaría a los cazadores si no se quedaba a su lado. Sonaba tan mal en su cabeza que no culpaba al de cabellos naranjas por haber huido.
Lo había arruinado y lo había hecho en grande. Por qué en todo ese tiempo que conoció a Hinata entendió que, lo que el chico más temía era perder su libertad.
—Fíjate por dónde vas ¿quieres? —le retaron. Kageyama mostrando su educación alzó la ceja, él no era explosivo…Él se controlaba, el no gritaba, el no…
—¡Fíjate tú por dónde vas estúpido! —Sí. El comportamiento de Kageyama era impecable, siempre y cuando se tomaran esas palabras con ironía—.Tú te metiste en mi camino.
—Ah, ¿disculpa que dijiste? No te escucho pequeñín—Se burló el sujeto que había chocado con él. Kageyama apretó sus puños, molesto ¿Quién se creía? Estaba a punto de replicar, de gritar y patear a ese estúpido con sonrisa engreída. Sin embargo, detrás de ese mismo sujeto se encontraba lo que con tanto ahínco había buscado durante tanto tiempo. Justo detrás se encontraba Hinata dormido plácidamente en los cojines que se habían colocado luego de que despertara. Claro, fue nuevamente drogado luego de que intento escapar, realmente les había dado muchos problemas y se esperaba que al menos le dieran buenas ganancias.
—Shouyou…—Musitó ensimismado, empujando al idiota de mascara roja que estaba frente a él. Oikawa torció un gesto molesto ante esa falta de respeto, más que nada porque él había reconocido de inmediato a Tobio y ese idiota no. Bueno, no es como que esperara ser reconocido pero sí que un chico que alguna vez fue su mayor entretención lo reconociera, era lo mínimo que esperaba.
"He…Parece que tenemos el mismo interés pequeño Tobio…" Pensó para sus adentros, observando con diversión la escena. Nunca se imaginó que Kageyama buscara lo mismo que él y menos que mostrara ese tipo de interés por un Dragón de ese tipo. Pero era una lástima, porque Oikawa no cedería aún se tratase de uno de sus ex consentidos. Habría que decir también que bajo ningún motivo dejaría que Hinata Shouyou cayera en sus manos.
Le miró alejarse y el siguiente en acercarse fue el, contemplando esa carita de ángel que tenía Hinata al dormir, justo como lo recordaba…
—Te dije que nos volveríamos a ver Hinata…—Y es que Oikawa Tooru nunca rompía una promesa, no ahora que con Hinata Shouyou estaría más cerca de cumplir sus planes. Iwaizumi suspiró con cansancio, todo esto tendría un amargo final si su Rey conseguía las piezas faltantes del rompecabezas, por supuesto, no le quedaba más que apoyarlo incondicionalmente.
Por otro lado, Tobio corrió hacia Yamaguchi, quien observaba de lejos lo que tanto ansiaba, en la sección de los marcados se encontraba su amigo de infancia, Tsukishima Kei, con dos largas cicatrices en la espalda y una marca en su cuello que solo era el manifiesto de que recientemente había tenido que desplegar sus alas. Yamaguchi entendió que, Tsukishima había luchado hasta el último momento para no ser atrapado… Para no regresar a su lado y eso dolía, calaba como mil dagas en la piel. No se atrevía acercarse aun teniendo la máscara puesta, Kei lo conocía tan bien que la idea de ser reconocido en una fracción de segundo estaba más que presente.
—Puedes reclamarlo si quieres… Tiene la marca de tu familia —susurró Kageyama, posando su mano en el hombre de Tadashi, quien se debatía en reclamar a su amigo como una posesión de su familia y ganarse su odio o comprarla en la subasta con sus propios medios. Lo único seguro era que se le estaba acabando el tiempo.
"La informamos a nuestros queridos clientes que, la subasta esta a punto de comenzar"
+++Joyas encadenadas+++
Continuara…
Hola, les traigo la actualización, lo escribi todo de una sentada y fue algo cansado. Apuesto a que muchas pensaron que el que le había prometido a Hinata el volver a verlo había sido Tobio ¡pues no!-inserte risa maléfica- ok no. Pero no mis queridas lectoras, sí. Esos dos tienen una larga historia que se contara mas adelante, al igual que Oikawa y Kageyama y bueno en el próximo capítulo se viene lo más divertido ¡la subasta! Las preguntas de la semana dun dun dun ¿Cuál es el verdadero oficio de Kuroo? ¿Qué es en realidad Kenma? ¿El rey del territorio amarillo quien será? ¿Y suga? ¿Quién ganara a Hinata en la subasta? Todo esto y mas la próxima semana (¿?) Hagan sus apuestas, será entretenido leerlas, dedico el capítulo a mis niñas de la mafia o3o que en algún momento me odiaran por lo que se viene.
Las quiere Shinobu Rei.
